ABRIENDO LA ELECCION
O limitar el poder de los partidos
Jaime Hales

Leo y escucho a los expertos y analistas: todos están de acuerdo en que el plebiscito reciente – con sus opciones tan categóricas y sus celebraciones alegres y espontáneas – estableció un claro rechazo al mundo político tradicional, que ya venía arrastrando pésima imagen y un alto grado de repudio en todas las encuestas.
La imagen de los políticos está profundamente deteriorada. Por cierto no son todos, pero si la gran mayoría. Por que ellos, auto constituidos en “clase política”, han renunciado a ser dirigentes para ser meros replicadores de intereses, de encuestas, de redes sociales, buscando aprobaciones y sonrisas que les faciliten una reelección a veces tan amañada por las leyes que aprueban.
La desvergüenza tiene un botón de muestra clarísimo cuando un auto proclamado candidato presidencial habla de una primaria “desde Jadue a Velasco”, dejando en claro que lo que importa no son los proyectos ni el programa, sino acceder a un poder que tantos años tuvieron y que no quieren abandonar, aunque para eso deban trucarlo por espacios en matinales.
La lección importante que podemos sacar es que el pueblo (la gente, las comunidades, los grupos espontáneos, los ciudadanos, las organizaciones de base) quiere cambios pero que el proceso que viene NO sea manejado por los partidos. Estoy convencido de que la democracia requiere de organizaciones y de ideas y los partidos son fundamentales. Pero los actuales partidos no representan más que a unos pocos, han olvidado sus propias ideas y lo que les interesa es no perder posiciones relativas en un electorado reducido. Quizás la votación de La Pintana, comuna que es un emblema de la pobreza y del esfuerzo por superarse, sea una cabal demostración: ara las anteriores elecciones votó un 37% y ahora lo hizo un 64%.
Entonces, mientras estos partidos se limpian, se reorganizan, se reestructuran, se reagrupan o cualquier otra variación de las tantas necesarias, los invito a dejar de lado sus ambiciones y a ponerse en la perspectiva de un proceso en el que los ciudadanos puedan participar en la génesis de la constitución.
Mientras más democrática sea la fórmula, más sólido será el tiempo que viene. Para mejorar la redacción y ajustar los detalles, están (estamos) los que sabemos de derecho constitucional y no tenemos más ambición que poner el conocimiento al servicio del país.
Entonces digamos las cosas con claridad: ¿Abrimos espacio para los ciudadanos o dejamos todo en manos de las pequeñas facciones que manejan el poder interno de los partidos? ¿Vamos a permitir que los independientes puedan acceder en igualdad de condiciones que los militantes de partidos sin tener que integrar listas hechas por las actuales directivas? ¿O seguirá el control de los partidos porque nadie denuncia esta maniobra de componendas carentes de ideas y plenas de intereses?
“Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”, dijo Gandhi

Para consolidar su predominio han ideado un sistema complejo, lleno de cálculos y listas y politizando todo en la línea más partidista, donde serán “ellos” los que llevarán independientes en sus listas. Es decir, “independientes de los nuestros” como decía jocosamente un viejo tribuno.
Les pido a los que mandan en los partidos y a los que integran el congreso: hagan (hagamos) un sistema simple y claro: que todo ciudadano, militante o no, pueda inscribirse como candidato por su distrito, sin firmas, sin partidos, solo con su disposición de participar.
En el voto se les ordena por orden alfabético del apellido y las primeras mayorías resultan elegidas: paritariamente, con regulación final para compensar los distritos de elegidos impares y asegurar la cuota de pueblos originarios.
Esa opción es simple y llana, clara y directa y demostraría la disposición de espacios al mundo independiente, también a los militantes, a los ciudadanos, al pueblo. Los que sean elegidos, hombres y mujeres, trabajarán, se asesorarán, llevarán sus ideas y promoverán un debate verdaderamente abierto y sin la manipulación que vemos hoy.
Si hay que meterse en listas de partidos, la independencia es una falacia.
¿Por qué no hacemos las cosas fáciles de una vez por todas y terminamos con estas cúpulas cerradas?
Se acabarían las componendas y nadie podría “asegurar” dos tercios de antemano o decir que las divisiones o las alianzas tienen la espuria intención de desbancar a unos y controlar las decisiones.
Chile tiene una esperanza: es hora de honrarla y no traicionarla, como ya sucedió cada vez que – al decir de Serrat – pusieron la utopía a servir a sus deseos.

Santiago de Chile, Octubre de 2020
“Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”, dijo Gandhi