[Crónica] Con Ibarra en La Escala de Valparaíso

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 29.7.2026

Un lugar mágico

En Valparaíso, ciudad de escalas y escaleras, de cerros y elevadores eléctricos, de edificios abandonados y en proceso de demolición, grafitis que se elevan por los pisos de antigua construcciones, aparece La Escala Galería, un mágico recinto del barrio Puerto. Con entradas por las calles Cochrane y Serrano, a metros de la Plaza Sotomayor, es una casona de más de 100 años que sólo tiene segundo piso.

Al cruzar sus puertas se abre un sorprendente espacio de arte. Cada puerta es una escala. La que está en Serrano, algo rústica en la estructura, llena de obras pictóricas, nos conduce primero al café, que es en sí mismo una sala de exposiciones, donde nos recibe Jaime Verdejo, fotógrafo, con la exposición de sus obras y su preparación de café.

La puerta de Cochrane se abre señorial en una escala hermosa de maderas finas, original de la casa. Al terminar el ascenso una campana anuncia la entrada del visitante que podrá recorrer enormes salas de talleres y de exposiciones.

 

Vamos descubriendo cuadros de diversos artistas, distribuidos por los muros del enorme salón de recepción y de las salas que sirvieron algún día de habitaciones para una pudiente familia, cuyo nombre desconoce (u oculta misteriosamente) Jaime Blasset, creador y director de la galería.

Muchos artistas locales exhiben sus obras que en general son adquiridas por los turistas que saben que no pueden irse de la ciudad sin haber conocido este espacio.

 

Llegan los artistas: Errupin Ibarra

Todo artista puede arrendar un espacio de muro y mantener allí sus creaciones. Pinturas, fotografías, grabados, se entrelazan con pequeñas esculturas hechas de los modos más diversos, tal como las obras pictóricas. Pero además hay exposiciones a las que convoca el Director de La Escala.

Ese fue el motivo central de esta visita: observar los cuadros expuestos recientemente por Errupin Ibarra, abogado que abandonó las lides jurídicas para dedicarse a recorrer América y rescatar el espíritu latente de sus dioses y personajes místicos.

La obra que nos ofrece Ibarra: «no se contempla: se habita como un territorio antiguo», nos dice su presentador. Aparentemente aislado en Quebrada Escobar, mantiene desde allí su punto de partida para viajar y los talleres para culminar sus periplos.

 

Usa técnicas mixtas con pigmentos vegetales, aceites animales, otros elementos creados por él mismo, minerales, cristales de cuarzo, arcillas diversas, óleos, acuarelas, témperas, acrílicos, armado con pinceles, brochas, espátulas y sopletes, todo esto en un cuadro alquímico de fuego transformador y unificador.

Debo confesar que siendo un elemental aficionado al arte, me sentí especialmente conmovido por el auto retrato del pintor que se muestra a sí mismo trabajando sus obras.

 

Todos los espacios llenos de arte

En el resto de La Escala Galería están desplegados artistas y artesanos, en espacios donde se exhiben y venden diferentes obras de arte, artesanías finas y novedosas. Objetos hechos con conchas sacadas del mar, esculturas con bolsas de té usadas o llaves metálicas en desuso, cerámica pintada con detalles sorprendentes. También productos utilitarios de telas diversas, libros de poesía, narrativa, cuentos infantiles, objetos de vidrio o cuarzo, van completando el panorama que maravilla al visitante.

Artistas santiaguinos buscan esos muros. Maru Hernández-Celis, fotógrafa, expondrá parte de su mirada sobre Valparaíso en octubre, en una inauguración que será acompañada por música de la tradición del puerto.

Ella lleva años recorriendo sus calles y de las cientos (no exagero) de fotografías que tiene en sus archivos, elegirá las que a su juicio representan esta ciudad increíble, donde la belleza surge no del esteticismo europeo que ha dominado nuestras aulas, sino de la vida de sus habitantes y turistas en las calles, en los rincones, en las esquinas de los cerros con las planicies y las quebradas.

 

Y siempre hay alguien que aparece de sorpresa en este asombroso lugar, como Theodoro Elssaca, Armando Acuña con sus talleres, sus revistas y sus incursiones por internet, la artesana y escritora Alejandrina Zamorano y tantos otros.

La Escala Galería, como el Museo del Inmigrante, las intrincadas calles de los cerros, los inesperados espacios del Cerro Concepción, los rincones del Cerro Alegre, el cerro de los cementerios y el Cerro Cárcel, con lugares que no pueden excluirse si se quiere decir: he conocido Valparaíso.

Valparaíso es un puerto, pero es mucho más que eso. Es… ¡Valparaíso!

Expectativas exageradas y debilitamiento de la democracia

La generación de expectativas exageradas y promesas que son imposibles de cumplir, son parte del debilitamiento de la democracia, en un sistema que sólo quiere validar el exitismo, la competencia, el enriquecimiento, postergando la colaboración, la organización democrática y la fortaleza institucional.

Política y economía, caras de una moneda

El abogado, cientista político y doctor en filosofía Eduardo Saffirio Suárez, habitúa a reflexionar en distintos medios sobre lo que sucede en nuestro país. Sus escritos son muy iluminadores y facilitan tanto la comprensión de lo que vivimos como las orientaciones que debiéramos seguir para fortalecer la democracia en su integridad.

No es posible, nos ha dicho, entender lo que sucede en el mundo sin saber algo de economía; y tampoco es posible construir una economía sólida sin una mirada integral de la sociedad.

He aquí una clave poderosa de lo que estamos viviendo. Chile intentó congeniar el modelo social y económico impuesto por la dictadura con la pretensión de una democracia sólida.

Se progresó en una serie de índices, pero finalmente las expectativas en ambos aspectos quedaron cortas, especialmente en cuanto al desarrollo democrático.

Luego se avanzó en ese plano hasta conseguir que una importante mayoría del país se pronunciara sobre la necesidad de terminar con el modelo social y político y generar una nueva Constitución Política.

La polarización

Sin embargo, eso se hizo en un clima de tensiones y odiosidades, de posiciones extremas, que exacerbaron las aspiraciones de imponer modelos que fueron ampliamente rechazados por el electorado.

En este plano, buena parte de la responsabilidad no radica sólo en los que polarizaron los planteamientos y la discusión, sino sobre todo en aquellos sectores llamados de “centro”, que pudieron tener planteamientos pero fueron arrasados por la marea del descontento, la precariedad de sus propios directivos políticos, la mediocridad de sus parlamentarios, la ausencia de voces claras y de espacios para que quienes hablaban de modo más razonable y prudente pudieran dar a conocer propuestas diferentes.

Quienes tienen visiones polares de la política, tal vez de la vida incluso, generan expectativas en la ciudadanía en forma irresponsable, pues saben que así no lograrán avanzar hacia una sociedad armónica en que las personas tengamos derecho a ser felices, alcanzar un bienestar razonable, justicia social, desarrollo integral, en un marco de libertad y solidaridad.

Imponer posiciones extremas de minorías que logran mayorías circunstanciales, moverá los resultados electorales como un péndulo impulsado por la inercia de una energía que no tiene conducción humana. No hay ideas claras, ni voluntad, ni dirección, ni entendimiento, ni consideración por las personas que somos parte viva de la sociedad. Sólo satisfacer ansias de poder y los intereses de quienes ganan.

La generación de expectativas

En cada victoria política de los extremos hay una exageración de su capacidad de dar solución a todos los problemas con una mirada sesgada que conduce a callejones en que ellos son la única salida. Así logran mayorías importantes, como ha sucedido en los dos últimos procesos presidenciales.

Saffirio nos recuerda que hay una elevación de las “expectativas legítimas de los ciudadanos”, pero ello trae tensiones, pues todo cambio en el Estado de Derecho es “siempre parcial, gradual, conflictivo y defectuoso”.

Cuando se promete, por ejemplo, terminar de inmediato con las injusticias, garantizar derechos que han sido postergados o erradicar la delincuencia, se espera que ello se logre, sin entender que en una democracia el papel de las organizaciones sociales y de las personas es fundamental. El gobernante deberá hacer todo y conseguirlo de inmediato.

Estas promesas son irresponsables y arrastran descontento, desánimo, decepción. Entonces surgen quienes, en un discurso irresponsable y populista, culpan de todo al Estado (confundiendo Estado y gobierno) y desarrollan discursos sosteniendo la ilegitimidad del orden político, la insuficiencia de la democracia para resolver problemas.

Debilitando la democracia: ¿error o proyecto?

Kast ganó así. Y pocos meses después de su 58% de apoyo, tiene ahora esa misma cifra de rechazo, reduciendo su aprobación al voto duro de la derecha más radical.

Todo ello puede llevar a tensiones que además de debilitar al gobierno, debilitan el sistema democrático, pues se le culpa de los déficit cuando en realidad la responsabilidad es de quienes prometieron lo que nunca iban a cumplir.

Me hago la pregunta constantemente: ¿Es esto un error de los que ganaron la última elección presidencial? No, no es un error. Ellos lo sabían con claridad. Generar expectativas a partir de promesas que no se cumplirían, menos en el corto plazo, para culpar al Estado, la democracia, los parlamentarios, los opositores, el gobierno anterior y a quien fuere necesario, con la sola intención de aplicar un plan que satisfaga sus intereses, les otorgue a los que tienen el poder económico y político, beneficios de largo plazo con la esperanza de que eso, en el mediano o largo plazo, podrá satisfacer las necesidades de las personas.

Hay un diseño: no importa ser impopular un tiempo, pero afianzarse en el poder. Lo que hacen Bukele y Ortega en América Central, lo que muchos quieren hacer en otros países, manteniéndose con mecanismos de baja legitimidad pero de alta eficacia.

La sociedad del reclamo

El proyecto derechista en el poder coincide con lo que nos dice Saffirio citando a Daniel Bell: “La sociedad moderna ya no se ordena únicamente alrededor de carencias materiales básicas. Se organiza crecientemente alrededor de aspiraciones comparativas, consumo diferenciado, reconocimiento, identidad, estatus, bienestar subjetivo y promesas de plenitud personal”.

Es decir, es una sociedad de deseos individuales que al no ser satisfechos “multiplica los reclamos y vuelve más inestable la satisfacción”. Se explicará entonces que la culpa es del Estado y de un sistema político que se debate en discusiones y en esfuerzos garantistas de derechos.

Los ciudadanos, en este plan, se van convirtiendo cada vez más en consumidores y deudores, que con las expectativas cada vez más altas y la competencia creciente entre los “individuos”, las tensiones aumentan. El otro es mi enemigo y yo llevo mis expectativas adelante mientras pueda. Tengo derecho y avanzo, alguien me prometió y estoy dispuesto a todo para conseguirlo. Los fuertes sobreviven.

En este marco se explican la violencia, la agresividad creciente, las faltas de respeto, la crisis de valores. Todo se relativiza: hasta las normas del tránsito se convierten en meras recomendaciones que nadie fiscaliza. Y ello afecta a la convivencia y agudiza la tensión social.

Se debilita la democracia

Las frustraciones y decepciones en la sociedad se van expresando a través de mecanismos que “desordenan” la democracia y la debilitan. Lo dice Saffirio con mucha claridad: “La política democrática ya no procesa la frustración ciudadana principalmente a través de partidos fuertes, prensa jerarquizada, deliberación parlamentaria o liderazgos con capacidad pedagógica. La procesa crecientemente a través de redes sociales, fragmentación informativa, indignación instantánea y competencia por atención. Ese cambio estructural acelera la decepción, la moraliza y la convierte en combustible disponible para la demagogia”.

Se renuncia así a actuar en política democrática, sustituyendo la reflexión por la emoción inmediata; el argumento por el insulto; la denuncia irresponsable ocupa el lugar de las investigaciones serias; la historia y la cultura se ven desplazadas por la inmediatez y la grosería. Más que responsabilidad política, se reacciona frente a frases altisonantes, acusaciones no siempre fundadas, consignas y denuestos.

En el país hay carencias, problemas importantes sin duda, deficiencias en muchos campos, pero sobre todo desesperanza y crisis de expectativas. Es necesario entender que las realidades son más complejas de lo que parece en el discurso populista o simplificador que llevó a Kast al poder.

La democracia es poder la sociedad organizada

La organización de la sociedad, no en pandillas ni alianzas sólo ocasionales para la defensa de intereses locales o focalizados, es un requisito indispensable para fortalecer la democracia. Los partidos políticos tienen en eso una tremenda responsabilidad en sus propias organizaciones que son cada vez más cupulares y alejadas del ejercicio democrático. Los partidos deben hacer propuestas que nazcan de sus ideas y de la realidad, una combinación indispensable para la seriedad de lo que se ofrece al electorado.

Va siendo hora de poner atención a lo que pasa en el país y en el mundo.

Proyectos que creen en la democracia sólo parcialmente –de derechas e izquierdas– deberán ser confrontados con proposiciones serias y consensuadas entre los agentes sociales y políticos que buscan, más allá de la satisfacción de sus intereses, una salida para los conflictos de hoy.

La responsabilidad recae sobre todos. Antes de que sea demasiado tarde.

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