Ya está disponible esta edición de la revista Arte en Marcha»Encuentros»

Ya está disponible esta edición de www.arteenmarcha.es con el tema «Encuentros»

JAIME HALES

ENCUENTRO DE AMOR

Salí de la cueva en la que me recluyo cada cierto tiempo. Caminé en busca de tantas respuestas a preguntas que, como dice el poeta, nunca pude formular en voz alta. Miraba hacia el Este por si aparecía el sol una vez más, una segunda vez en una jornada, a la inversa de aquella vez que anocheció dos veces en la misma luna llena. Miré con ansiedad ese vacío desesperanzado, después de tantas aventuras inconclusas y quimeras levantadas a fuerza de voluntad ariana. He recorrido el camino, me dije y tal vez sería hora ya de mirar hacia el poniente, por donde el sol se retira cada tarde, correr con toda la energía que es posible a un joven anciano e irle ganando la carrera. No, ganando no, solo quiero alcanzarlo para ver exactamente lo que él ve cuando se va hundiendo en el mar o perdiendo entre las montañas.

¿Hacia donde va el sol? Esa fue la pregunta que me hizo un niño hace siglos y yo no fui capaz de contestar. Sólo pude decir: «Parece que huye de nosotros, niño», mientras él ponía cara de más y más preguntas. Recordé a Neruda y su libro sobre las preguntas y reapareció ante mis ojos aquel libro que escribí en el que me convertía en un preguntador persistente, irreverente, impertinente, tenaz, impenitente. ¿De dónde viene el sol? Es la pregunta que le hice al niño para distraer su atención y no verme obligado a responder todo lo que él quería saber.

Corrí por las calles y los prados, subí montañas y escaleras inconducentes, busqué tantas rutas y a la larga estaba siempre solo. No había más que compañías transitorias, amores sin respuesta o sin perspectiva.

Al acercarse la vejez, pensé que sería el destino definitivo. Una vez más, como en tantas otras vidas, habría de morir solo y con el amor pendiente enredado en mis sueños.

Y entonces, como en el tango de Piazzola, detrás de un árbol, apareció ella: caminante de las mismas rutas, lectora de los mismos libros, buscadora de las mismas vetas, amante de las mismas artes, llena de vida y esperanzas.

Dos caminos que empezaban a juntarse, aquellos que habían parecido paralelos, en realidad tenían esa inclinación suficiente para que nos encontráramos cuando fuera preciso, en aquel instante en que ella creía cerrar capítulos y yo proyectaba mi nuevo fracaso.

La vi, me vio y no me atreví a tocarla por miedo a que no fuera más que una ilusión. «Soy real», me dijo y tocó la punta de mis dedos para despertarme del sueño trágico en el que me había sumergido.

Bastó eso para que una nueva energía se apoderara de mí y mirando los cerros, corrí y salté como un loco feliz, para luego regresar hasta la punta de sus dedos y decirle: «¿Te puedo dar un beso»?

Ver en https://www.arteenmarcha.es/