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Jaime Hales

Con algunos de los alumnos del segundo grado de Formación de Tarotistas leímos ayer 28 de octubre el Tarot para Chile. Aplicamos la lectura de LOS ARCANOS EN SUS CASAS y agregamos tres preguntas al final. El resumen de esa lectura, cuyas cartas se van abriendo en una secuencia determinada por el arcano personal (que en el caso de Chile es 19, El Sol) y el arcano del año (que desde septiembre para Chile es 21, El Mundo), es el siguiente:

El país está emocionalmente conmocionado y enfrentado a la necesidad de tomar decisiones. Si embargo, un elemento central que condiciona esas decisiones es el miedo a que lo que se está gestando pueda ser un proyecto social, político y económico excesivamente audaz y riesgoso. El objetivo de los que actúan es la justicia, entendida en todos sus sentidos, lo que permite contradicciones muy profundas. Por ello, como una manera de organizar esas contradicciones y poder avanzar, la lectura sugiere establecer un orden mínimo fundamental que agrupe cuatro pilares fundamentales mínimos, ya sean estos sectores de la sociedad o ideas fuerza principales sobre las que sea posible ponerse de acuerdo.

En la base, tanto de lo que sucede como del camino a seguir, está la necesidad de asumir que todo lo que se vive es resultado de situaciones pasadas que se han ido acumulando sin resolver. Las autoridades de estos años (no sólo el actual gobierno) se han “autocensurado”, no permitiendo que fluyan las decisiones que deben ser tomadas. Es necesario, en esta hora, asumir que Chile tiene una realidad en la que nada debe quedar oculto, sino emerger con fuerza y luz, pero en un tono de acogida y entendimiento generado desde las estructuras de poder.

Del poder presidencial (tanto el presidente como sus ministros) debe esperarse autoridad real, medidas concretas, claridad e involucramiento con los procesos más significativos y y sus soluciones. El resto de mundo político

– partidos, congreso, analistas, voceros, empresarios y lideres sociales – debería ser capaz de pasar más allá de sus apreciaciones de descontento respecto de lo que existe, de cierto desánimo, para ver aquello que el mismo pueblo le propone y que llega como alternativas para las acciones esperadas.

Chile expresa su madurez en la medida que quienes dirigen, no sólo la política sino el mundo social, se disponen a mirar las cosas de otra manera, entendiendo lo que los otros proponen y mirando la realidad “desde el otro lado” por un rato. Sólo así será posible hacer los cambios fundamentales en nuestro modo de vivir.

Los cambios que se viven pudieron ser previstos, porque nacen desde lo más profundo de las acciones desarrolladas en los últimos años y nadie podrá eludir tranquilamente lo que se revela, ni sus responsabilidades ni el ritmo que escapa a la voluntad de los actores principales. Pero desde allí debe nacer también un cúmulo de medidas con madurez, con liderazgo, convicción y seguridad. Los cambios no pueden derivar sólo de las acciones externas, lo que sucederá, sino también de decisiones propias. Porque la armonía no se resuelve de una vez y para siempre, sino como parte de algo que se mueve en secuencias que no siempre se manejan. Vendrán acontecimientos inesperados que nos harán sentir inestables, pero si hay acuerdos sólidos y ejercicio de la autoridad, la armonía social no será una quimera. Porque en el tiempo se requerirá conexión entre actores, trabajo delicado y prudente que considere a los demás. Es necesario asumir los logros y desde allí mirar el futuro con decisión, con ideas de futuro, con perspectivas.

Clave para esto será buscar entendimientos de verdad que nos conduzcan a superar los dolores y los grandes conflictos, en un clima de asociación, respeto, concordia.

Lo que se consigue finalmente es alcanzar un triunfo para el país, un final de ciclo para iniciar una nueva etapa de la historia.

Preguntamos por el presidente Piñera: Está triste y confundido, debe ser prudente, usar todos sus conocimientos y recursos, ser capaz de escuchar no sólo ideas, sino sobre todo el dolor de los otros, sabiendo que hasta la peor de las derrotas se puede convertir en victoria. Un nuevo orden, con prioridades diferentes a las que ha tenido hasta hora. Del resto del mundo político acciones y propuestas claras ya mismo, decisión para buscar concordia con los rivales y los que se confrontan. Es el uso de la “espada” de la inteligencia y la claridad, de la valentía, no para combatir sino para llegar a acuerdos.

Todo esto está pasando y mientras más demore el inicio, más largo será el proceso. En el verano ya debería notarse un acuerdo fundamental y cuando llegue el invierno, el camino estará claro para seguir avanzando, aunque siempre habrá quienes duden de todos, incluidos ellos mismos.

La lectura es esperanzadora y puede ser una gran orientación.

29 de octubre de 2019