Jaime Hales, tarotista: “Yo anuncié lo que pasó en 2019, pero nadie me dio pelota”

 
 

 
Jaime Hales es tarotista, abogado e histórico militante de la DC. En diálogo con El Desconcierto explica qué significa que el 2023 sea regido por el arcano de la muerte. Además, hace un agudo examen de Boric, es optimista frente al nuevo proceso constituyente y llama a los jóvenes a usar su energía en cosas útiles. «Ir a funar al presidente de los Amarillos es una pérdida de tiempo», dispara.

Jaime Hales Dib (74) no quiere leerle el tarot al año 2023. «Lo que pasa es que yo considero que es algo completamente inútil», reclama.

Resulta que a principios de este siglo, él solía reunirse con un equipo de trabajo a leer las cartas año a año. Y el 2000, en una conferencia de prensa, adelantaron a varios medios que iban «a caer las grandes torres».

«Cuando el 2001 cayeron las torres gemelas, la periodista de El Mercurio, que era la única que se tomaba en serio todo esto, nos llamó. Me preguntó si yo sabía que esto iba a pasar. No, le dije yo, porque hablaba de un símbolo. Fue la única vez que alguien recordó algo que hubiéramos dicho«, recuerda.

En 2016 le pasó lo mismo. Escribió un libro, donde «yo anuncié lo que pasó en 2019. No hablaba de estallido social, pero sí de rebelión. De una expresión de rebelión de la ciudadanía. Pero nadie me dio pelota, porque la gente no lee atentamente muchas cosas, menos las predicciones. Entonces, me cabrié«.

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– Pero imagino que tiene alguna idea de lo que viene.

Esta época que estamos viviendo es interesantísima. No solo estamos viviendo una era de cambios, sino que un cambio de era. Se está derrumbando poco a poco un sistema de vida que ha durado 4.000 años. Nunca es un derrumbe completo, sino que un desarme, una especie de demolición programada.

Estamos entrando a parámetros completamente nuevos a nivel mundial que todavía son minoría. Peor si tú revisas la prensa de hace 60 años, nada del mundo de esa época hoy día se conserva de modo relevante. Ni lo bueno, ni lo malo.

– ¿Cuál fue la carta que rigió a este año?

El 2022 fue el año del arcano de el colgado, que significa «la otra mirada». Este año las miradas fueron distintas en todo orden de cosas. Piensa tú lo que significó la confrontación electoral entre Kast y Boric. Fue el retorno de lo más extremo de los años 70 a un discurso o una presencia completamente novedosa, distinta.

Fue un año en que a la otra mirada le costó abrirse paso. El propio Boric ha planteado cosas que no habría planteado en otro momento. Inauguró la estatua de Aylwin… ¡Ni yo hubiera participado en ese homenaje! Pero él valora más que yo el papel de Aylwin. Es un gesto maravilloso. Hay otras miradas que están circulando, pero ahora viene el arcano de la muerte.

El arcano del cambio y la transformación

– ¿Qué significa el arcano de la muerte?  

Es el arcano del cambio y la transformación. Este año, el mundo entero va a tomar un protagonismo para hacer transformaciones un poco más sólidas.

– Desde la astrología se habla que este año Plutón entra en Acuario.

Eso es más largo. Es un proceso que puede durar más o menos 20 años. Pero es una señal de que la humanidad entra en un proceso de transformación.

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– ¿Cómo se va a traducir eso en Chile?

En esta nueva Constitución. ¿Va a ser la Constitución soñada por los grandes teóricos del mundo perfecto? De ninguna manera, si eso no existe.

Mira, yo cuando me recibí abogado en marzo del año 73 hice una tesis, que era una nueva Constitución para Chile. La escribí completa. A esa Constitución soñada por mí nadie le dio pelota. Y nunca va a existir, era el sueño de un soñador. Pero yo estoy feliz que nos estemos acercando a esa transformación.

– ¿Cuál es su lectura del proceso constitucional que fue rechazado?

El proyecto era una porquería, pero yo voté a favor, voté Apruebo. Estaba mal redactado, tenía errores garrafales, no solo conceptuales, sino que de redacción. ¿Por qué voté a favor de un mamarracho? Porque prefería un mamarracho antes que la Constitución de la dictadura refrendada por Lagos.

Hoy día tenemos la posibilidad de hacer una Constitución mejor, porque van a haber tipos que saben. No va a satisfacer todas mis aspiraciones de democracia participativa, de ninguna manera, pero es posible que el país pueda avanzar en estas condiciones.

– ¿Fue el hecho político más importante del 2022?

El resultado del 4 de septiembre era previsible, no por la amplitud, pero sí lo más probable era que perdiera el Apruebo. Se perdió, primero, porque el texto era malo. Segundo, porque las cosas buenas fueron mal explicadas. Y tercero, por una campaña desaforada de la derecha con mucho respaldo, mucha plata y muchos medios de comunicación detrás.

– ¿Y el proceso de negociaciones que vino después? ¿Cómo lo evalúa?

Lo que empieza después tiene que ser un proceso acorde con ese resultado. Eso significa reconocer que ese 60%, además de tener un 30% de pinochetismo, tiene otro 30% de gente que quiere que las cosas mejoren, y su discurso no cabía en ese proyecto institucional.

Hoy día esa gente tiene que poner límites, y me parecen razonables los límites que ponen. Fíjate que uno de los límites fue conquistado por la Convención: que Chile es un Estado social y democrático de derecho. Eso es un avance gigantesco, porque significa que el Estado no puede seguir achicándose. Ese es el límite más importante, pero no lo destaca nadie.

Prefiero una Constitución con límites que permita dar cinco pasos adelante, que una Constitución que por dar 100 pasos termina siendo derrotada. Creo que Chile este año va a hacer cambios importantes, y espero que el Presidente tenga protagonismo.

– ¿Qué debieran esperar los chilenos? 

Lo primero que diría es que no esperemos lo que se viene, construyamos lo que queremos construir. Esa es la diferencia central.

Lo que tenemos que hacer los chilenos es colaborar en el proceso de transformación. Participar en las discusiones democráticas, dar la mayor parte de las ideas, votar cuando haya que votar, organizarnos en los barrios, en los sindicatos, en todas partes. Esa es una tarea prioritaria, y los partidos debemos colaborar con eso.

Y hay que darle espacio a líderes morales de este país que llamen a la participación, a terminar con el consumismo y con que lo económico es lo central. Este año hay que trabajar por la transformación. No pedir ni exigir, hacer. No ir a funar al presidente de los Amarillos, eso es una pérdida de tiempo. Hay que usar esa energía en otras cosas.

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Boric y su dilema con la «solucionática»

– ¿Cómo vio al gobierno este año?

El gobierno partió con mucho simbolismo, pero pésimo. Tienen a Jackson de protagonista, como una especie de Lenin en las sombras. La ministra del Interior, Izkia Siches, me encantaba, consideraba que era un aporte para la política chilena. Pero no tenía experiencia alguna y se equivocaba mucho.

La cantidad de errores que cometieron muchos de los funcionarios de gobierno, pensaban que esta cuestión era coser y cantar. No tenían experiencia de Estado, no sabían lo que era administrarlo. Se fueron dando cuenta que esta cuestión no era fácil. Y el primero en darse cuenta fue Boric.

Había una famosa frase de Américo Zorrilla, ministro de Hacienda de Allende, cuando escuchó a unos teóricos del izquierdismo de esa época que planteaban la problemática. Él les dijo que está bien la problemática, pero cuál es la solucionática.

– ¿Es lo mismo que le pasa a Boric?

Boric está preguntando lo mismo, y se dio cuenta que mucha de esta gente que lo apoyaba no tenía peso político suficiente para entender los problemas y resolverlos.

Ser Presidente de la República da carácter, transforma a las personas, y él ha desarrollado comprensión, lo que le permite mover algunas de sus piezas, sacar a parte de su equipo más cercano para poner a otra gente. El gobierno ha ido cambiando y eso es tremendamente positivo, porque ha reducido el populismo inicial, y ha permitido que hayan miradas de otro tono.

La persona de Boric es fundamental en lo que estamos viviendo.

– Pero no le ha sido fácil, las encuestas muestran que le cuesta lidiar con la desaprobación. 

Bueno, hay una crisis mundial. Mira la inflación que hay en Alemania o Inglaterra, para qué decir Argentina. No es una cuestión sencilla. Todo lo que pasa en Estados Unidos, en Perú. El mundo entero está agitado y aquí la crisis nos pega fuerte.

Además, hay una conspiración para derrocarlo, que hoy día está amainada porque hay gente de la derecha que entendió que ese no puede ser el camino. Pero cuando escucho a Marcela Cubillos, cuando leo a Orlando Sáenz, ellos no quieren que haya democracia en Chile.

Entonces, por supuesto que lo está pasando mal Boric. El gobierno anda a los tumbos. Además, con los amigos que tiene, por favor. De Urresti votó en contra de la Marta Herrera para Fiscal Nacional. El único pecado de ella fue haberle metido cuchillo a la corrupción y eso la derecha no lo perdona. Pero parte de los hinchas del gobierno también votaron en su contra. ¿Qué sentido tiene eso? Con esos amigos no necesita enemigos.

– ¿Y cómo evalúa el gabinete del Presidente?

Me dan buena impresión varios. El de Obras Públicas y el de Transportes son tipos que saben. Montes es buena persona, pero no lo he seguido. Rescato a Carolina Tohá, indudablemente. Marcel me parece un tipo muy centrado y muy preciso, sabe cuándo decir que sí y cuándo no. No se pierde, es consistente, es sólido.

A Camila Vallejo la he visto bien, es una mujer muy inteligente, muy capaz, pero vive la contradicción de que todo lo que dice, el Partido Comunista se lo desmiente.

En Educación me encantaría que hubiera un ministro, porque no hay. Eso es una montonera. En Cultura no se nota la mano nueva. No hay mano nueva.

– ¿Cómo proyecta el 2023 del gobierno?

Mi impresión es que Boric va a tener un recambio en sus equipos, no digo que en marzo, pero tal vez en mayo, donde va a incorporar a más gente distinta.

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La DC en la UTI, según Jaime Hales

– Usted me hablaba de un cambio. ¿Quiénes van a ejecutar ese cambio?

Nosotros vamos a ejecutar el cambio este año en Chile. Digo nosotros, aunque yo ya no participo en la política hoy día.

– ¿Ya no está militando en la DC?

No, milito, pero ya no tengo vida partidaria. Mira, la Democracia Cristiana fue dirigida durante 16 años por gente de un nivel ético precario. Que está a la altura de la cota que Pinochet, Aylwin y otros presidentes le pusieron a Chile. Una cota baja en lo intelectual y en lo moral. La decadencia, después de Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva, ha sido brutal. Esa es la realidad.

Los últimos 16 años de la DC fueron manejados por gente que no entendía la doctrina del partido. Piensa tú que el encargado del congreso era el diputado Andrés Jouannet, que terminó con los Amarillos. Hoy día la DC está en la UTI. Cuando alguien está en la UTI no está en la morgue, es decir, se puede recuperar o morir.

– ¿No ha pensado en renunciar?

Yo me iba a ir del partido, en protesta por la directiva de Chahin, contra la candidatura de Yasna Provoste. Voté por ella, porque soy disciplinado, pero me iba a ir del partido.

Sin embargo, cuando me di cuenta que los que estaban yendo, se estaban yendo a la derecha, no me podía ir, porque iban a pensar que soy del mismo lote. Además, soy amigo de estos nuevos derechistas: la Ximena Rincón, que era mi candidata presidencial porque tenía un discurso de avanzada y progresista; la Soledad Alvear, mi compañera de curso y amiga.

Pero al final no me fui. Me quedé militando tranquilamente, aunque no me han convocado para nada.

– ¿Qué necesita la DC para sobrevivir?

Lo importante hoy día en la política chilena es recuperar la ética y el pensamiento. Dejar atrás el pragmatismo y el electoralismo.

Eduardo Frei Montalva le dijo a la derecha, cuando le pidió que cambiara su programa de gobierno para apoyarlo el 64, que ni por un millón de votos cambiaría una coma de su programa. La Falange Nacional tuvo entre un 3% y un 4% durante 20 años, pero mantuvo su coherencia y su consistencia. El año 54 ganó todas las federaciones estudiantiles de Chile, el año 63 se convirtió en la primera mayoría nacional.

Solo la coherencia y la coherencia le puede permitir a un partido crecer.

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Amarillos, Demócratas y Republicanos

– En ese escenario, ¿cómo analiza el surgimiento de Demócratas y Amarillos?

Yo no entiendo cómo es posible que haya un partido en el que se agrupen los radicales con los democratacristianos.

Una alianza puede ser, pero un partido necesita una idea. Prefiero la claridad de muchos partidos con ideas distintas que se juntan en coaliciones, a estos partidos menjunje que inventan los teóricos que dicen que el fraccionamiento es malo.

– ¿No los ve como parte del cambio?

No, son un retroceso, una resistencia. Se llenan de contradicciones, no solo los Amarillos, a quienes no les creo nada.

Por ejemplo, en Demócratas, Walker es un hombre de derecha. Todo su discurso, desde que apareció en política hace unos pocos años, es de derecha. Sus hermanos son todos derechistas. Aunque haya sido el presidente de la DC, él era partidario del capitalismo, lo fue siempre. Doctrinariamente, nunca han sido democratacristianos ninguno de los hermanos Walker. Más allá del afecto que les puedo tener, es gente de derecha. Yo no sé qué hace la Ximena Rincón con ellos.

Ellos están poniendo un dique de contención a las transformaciones. Ahora, yo digo, aprovechemos el dique. Usemos el dique para controlar las aguas turbias que vienen de la derecha, porque en algún momento, cuando empiece a haber democracia en Chile, cuando la participación realmente empiece a existir, vamos a avanzar hacia la construcción de un sistema mejor.

Ahí el océano les va a pasar por encima y eso va a ser hermoso.

– ¿Y cómo ve a la derecha?

Basta leer a Orlando Sáenz en sus columnas. Yo las leo todas las semanas. Él dijo en enero que esperaba que no cometieran el error que cometieron en los 70, que le dieron tiempo a Allende. O sea, él llama al derrocamiento inmediato de Boric, antes que asumiera.

No le ha resultado, claro, porque en la propia derecha se ha producido un desmembramiento. Cuando uno escucha a Guillermo Ramírez, y lo comparo con su discurso de antes, hoy es un tipo razonable, está dispuesto a abrirse al cambio. Cuando yo escucho a Boric hoy día es distinto al de hace cinco años.

Así ocurre con muchos que, gracias a dios, están dispuestos a conversar.

– ¿Cuál es su lectura del Partido Republicano, que va tomando cada vez más fuerza?

El fenómeno de los republicanos pasa porque la UDI comenzó a ser penetrada por gente que tiene una concepción democrática, y no antidemocrática como la de Jaime Guzmán. Gente que empieza a repensar las ideas de la derecha y dice que no podemos estar completamente alineados con lo que fue la dictadura.

Entonces, ese grupo de gente de ultraderecha se retira del partido y endurecen todas las posiciones, porque es muy fácil hacerlo ahí. Pueden plantear todas las aberraciones que quieran.

Chile es un país que tiene un electorado habitual de derecha que mínimo alcanza el 36%. Que no te quepa duda que al menos la mitad de ellos no cree en la democracia. Eso me lo dijo un dirigente de RN, cuando estaba terminando la época de Pinochet. Me dijo que por cada metro que le toquen, un muerto. Por cada metro que le quiten, está dispuesto a tener una dictadura.

Los republicanos representan ese espíritu y creo que pueden llegar a tener un 25%. Es una buena parte de Chile que piensa así.

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