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JAIME HALES

El profesor Hermosilla escribe en la pizarra: Premisa 1: Todos los hombres son

mortales//Premisa 2: Sócrates es hombre// Ergo: Sócrates es mortal.

El profesor Hermosilla mira a los alumnos y dice que esto es un silogismo y revela una verdad. El

alumno del banco de la primera fila a la izquierda levanta la mano. El profesor Hermosilla indica,

haciendo el gesto de levantar la barbilla, que hable el alumno.

– Profesor, eso no es un silogismo, sino un sofisma, porque parte de una premisa falsa o al

menos no probada. De hecho, los que estamos aquí no hemos muerto, por lo que cabe

la posibilidad de que haya personas inmortales.

El profesor Hermosilla no resiste la impertinencia de ser corregido por el alumno, se toma la

cabeza y le exige que se retire de la sala, luego de anotarlo en el libro de clases.

Pero el alumno sabe que está en lo cierto, porque éste no fue su primer contacto con la muerte.

9 años antes vivió un trágico accidente en el que terminó aplastado por un bus de transporte

escolar. Un hombre se acercó preguntando si acaso el niño estaba muerto. Herido, abrió los

ojos y supo entonces que no estaba muerto. En su corazón vibraba una idea que no habría de

comprender a cabalidad sino muchos años después: esta vez no moriría antes de tiempo.

Y pasará la vida entre las ideas de muerte, resurrección, reencarnación. Porque sabe, desde

aquella vez a los 4 años cuando le dijeron que tía Lala había muerto, que cuando las personas

mueren su energía se va a otra realidad, una realidad que él aun recordaba, vagamente, pues

permanecía en él como una sombra.

Sé que hay un final, le dijo a su amigo Gerardo que quería suicidarse a los 16 años, pero si lo

haces cuando no es el momento, tendrás que volver a recorrer un camino y cumplir tareas que

podrías hacer en esta vida. Gerardo se suicidó.

El alumno del profesor Hermosilla entendió que la muerte es terrible para los que quedan, no

para el que se va. Porque algunos se apegan demasiado y quieren que la vida sea como a ellos

les acomoda, olvidando que cada uno de los humanos debe experimentar su propia realidad.

Lo importante de la muerte es que llegue mientras vives con toda la intensidad posible, sin

renunciar a nada de ti y amando hasta el extremo de la felicidad, le dijo a su amada mirando la

inmensidad del mar.

El alumno del profesor Hermosilla ha seguido viviendo, sabe llorar el vacío de la muerte de sus

amigos y alegrarse del nuevo camino que toman. Los vacíos de la partida se llenan con la alegría

de seguir gozando de cada instante como si fuera el primero de muchos más. Y cuando llegue el

último ya no quedarán tareas pendientes.

 

 

 

 

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