Jaime Hales
Otoño 2020

Teófilo Martínez es un ingeniero chileno quien hace casi 10 años escribió un interesante artículo confrontando lo que él llamaba “profetas del desastre” con los “profetas del amor y la sabiduría”. ¿Por qué fallan los pronósticos de los primeros? Una primera respuesta es que ellos operan desde su vanidad y su soberbia, sin comprender ni el desarrollo humano ni su inserción en un mundo que es “más que lo humano”. Él daba una segunda: que esos profetas califican como cierto lo posible, olvidando que el mundo es amado por la divinidad y en esa línea hay verdaderos protectores que nos ayudan a cambiar los rumbos cuando perseveramos en caminos errados. Yo le agregué una tercera: los profetas nos advierten, pero no quieren que la profecía se cumpla, sino que el ser humano rectifique su conducta. Entonces su esfuerzo apunta a ello y es lo que normalmente se consigue. Los “profetas del amor” anuncian un mundo nuevo, una era diferente, donde nosotros podremos vivir una sociedad mejor basada en el amor entre los seres humanos y la sabiduría que nos viene de lo alto. Eso no sucede espontáneamente ni de inmediato en un acto mágico: es un proceso largo, que se inicia con la toma de conciencia y un perseverante esfuerzo por llenar de amor los espacios humanos, la convivencia y las decisiones con vistas al futuro.
Esta dura realidad que estamos viviendo no produce en sí misma un cambio, sino que puede permitirnos comenzar a revisar nuestra creencia que el ser humano todo lo podía y no había fuerza capaz de detenerlo. Es un golpe en las rodillas de sociedades que se creían definitivamente triunfantes frente a todas las contingencias.