INVITACIÓN

Tengo el agrado de invitarlos a la presentación del libro EL CERROJO NEOLIBERAL, del psicólogo Eduardo Acevedo Daza, que se llevará a cabo en el salón principal de la sociedad de escritores de Chile, Almirante Simpson 7 (Metro Baquedano) el jueves 25 de junio a las 19 horas.


Ese día el libro se venderá a un precio promocional de $ 20.000.-


En este libro, el autor desnuda al liberalismo en la mirada desde la vinculación de la psicología con la política. Y como la política neoliberal se basa en la economía, dedica largos párrafos a demostrar que el modelo neoliberal afecta a la persona y a la comunidad, para imponer la mirada total de una doctrina hecha para el poder de las minorías y el sometimiento silencioso de las mayorías.


Acevedo Daza ha hecho una profunda investigación respecto del tema y cita a los principales autores que han escrito sobre el neoliberalismo, ya sea para justificarlo o para criticarlo.

 

[Crónica] «Séptima región»: Un giro chamánico, mágico y esotérico

Espiritualidad, filosofía, crítica a la religión y a la civilización, asuntos antropológicos, la vinculación con el mundo animal y vegetal, son temas de esta nueva novela del escritor chileno Nicolás Poblete Pardo, y la cual se encuentra estructurada de un modo completamente original.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 26.5.2026

Cuando empecé a leer el  libro de Nicolás Poblete Pardo (1971), Séptima región (Cuarto Propio, 2026), se me vino a la memoria el escritor Juan Mihovilovich, tal vez porque él ha transitado y anidado tanto por la región del Maule que ya no se sabe si ella es parte del patrimonio cultural del narrador o él es propiedad de una región del Chile central.

Librosy literatura

En la primera solapa del libro el redactor de la editorial describe la obra afirmando que en ella el autor profundiza en la indagación de la idiosincrasia chilena, marcada por momentos clave de la historia reciente, como el estallido social y sus repercusiones en nuestra sociedad actual.

Si el lector se guía por esa presentación, se llevará una decepción, pues en verdad, salvo una alusión genérica a una situación específica derivada del estallido popular y social de 2019 y las constantes referencias críticas a lo católico y a lo cristiano —que no son propias de Chile sino de occidente—, la novela nos sitúa en la intimidad misma de unos pocos personajes.

Justamente sacándonos, al lector y a los personajes como si fuéramos una sola realidad, de los elementos propios de la sociedad para ubicarnos en circunstancias más cercanas al chamanismo, la conexión con lo natural y el rechazo —y distanciamiento hasta donde es posible— de la sociedad y de la civilización.

Espiritualidad, filosofía, crítica a la religión y a la civilización, asuntos antropológicos, la vinculación con el mundo animal y vegetal, son temas de esta novela estructurada de un modo completamente original. El narrador neutro —la obra no es autobiográfica en sentido estricto aunque se refiere a todo lo humano— nos presenta dos personajes centrales: Renato y Eneas.

El primero aparece vinculado a un tercer personaje, Millaray, su pareja, con quien ha vivido una trágica circunstancia que, aunque el lector la descubrirá de inmediato, sólo se revela con certeza ya avanzado el texto.

Renato, nombre quizás elegido por el inconsciente del autor, significa renacido, lo que es el propósito que Eneas se formula con él: que deje la vida que lleva para renacer desde su conciencia más profunda.

El nombre elegido para este personaje es más evidente: alude al héroe de la guerra de Troya, hijo de un noble y una diosa que se convierte en un personaje temible, intenso, guerrero, de una potencia irreductible. También, la palabra alude a una planta silvestre.

Con todo, en esa combinación derivada de su nombre se mueve el sujeto que, sin dejar de ser temible, quiere llevar la vida de una planta silvestre o, mejor alternativa, de un animal ajeno a la civilización.

 

Las dimensiones más intimistas

En este punto aparece un cuarto personaje: «la puma», es decir un animal puma hembra, que no tiene más nombre que ese. Ella está ciega y vive con Eneas. Su papel será fundamental en el proceso que vivirá Renato en su estancia con este último.

Cuando en el relato emerge «la puma» surgió en mi memoria ese notable poema de Jonás (Jaime Rogers) que lleva ese nombre y hace hablar al puma, quien interpela a los humanos para que lo dejen seguir viviendo, pues mientras él mata una oveja para comer, ellos las matan por miles y les recuerda: «Soy el último salvaje que os queda».

El quinto personaje son las palmeras, obsesión de Eneas por cultivarlas, convencido de que son «el pasto de eras pasadas» y que ante el eventual cataclismo que lleve a la humanidad a la desaparición, ellas deberán sobrevivir.

Así, este encuentro con las palmeras me llevó de inmediato a mi relación con ellas, que quedó plasmado en mi libro Palmeras y otros recuerdos (1984), donde cuento de su presencia en mi vida.

Libros

Hace sólo unas semanas, cuando una palmera se secaba en mi jardín de maceteros, recibí un regalo de mi prima Carmen Gloria, dos palmeras nuevas, una de las cuales trajimos con Maru a Reñaca.

El escritor Poblete acierta: ellas son plantas espirituales, profundas y a la vez intensamente terrenales, ya que en el desierto permiten beber al peregrino, dan frutos gigantes en los trópicos y pequeños y sutiles en las montañas. Son, de cierto modo, casi humanas (según Eneas, mejor que humanas).

Todo esto transcurre en la singular región del Maule que Poblete y su personaje Eneas llaman Séptima Región, como la llamaron los militares para poner en orden las cosas.

Hoy no existe la Séptima Región, sino la Región del Maule, pero él insiste en vivir en «un lugar que no existe», que no se llama así, pero lo hace con intención y no por error.

Lo que intenta es mostrarnos lo efímero de las existencias humanas en medio de la inmensidad del universo, pues da lo mismo donde estemos, se llame como se llame el lugar, porque lo que importa es nuestra intensa relación con ese hábitat.

Pero, no contento con eso, el autor hace un giro chamánico, mágico y esotérico, al vincular el 7 con el Iridio, con el cerebro, con los méritos del 7 en la numerología, con los 7 que tiene el cuerpo (siete orificios principales, siete entradas de la cabeza, siete regiones cerebrales, etcétera).

Y entonces, se me aparece de nuevo Juan Mihovilovich Hernández, y me doy por enterado: algo de esos temas tan psicológicos, a veces filosóficos, de la obra del escritor maulino, se trasluce en la obra de Poblete.

Poblete puede no haber leído a Mihovilovich, pero puede compartir con él en una esfera espiritual, de almas cercanas, la intensa pasión por las dimensiones más intimistas, psicológicas, en las que se encuentra lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros, los humanos.

Séptima región no es una novela de entretención: es una obra completamente diferente en el género, que nos interpela profundamente y nos dejará con una inquietud tremenda: ¿es la civilización un avance de verdad en la perspectiva humana?

 

Artículo octavo: una tenebrosa coincidencia

Después de haber avanzado durante los gobiernos democráticos del pasado reciente en la protección de los derechos de autor de los creadores de arte en sus diversas manifestaciones, en el Proyecto de Ley Miscelánea del gobierno de Kast, se entra en una fase de retroceso, que parece ser parte de una manera de entender la vida, donde lo único importante es lograr beneficios para los poderosos de la sociedad.

Aquel artículo octavo

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En 1980 la dictadura consiguió, mediante un plebiscito fraudulento, aprobar un texto constitucional. Era el diseño de Jaime Guzmán, apoyado en su redacción por Jaime del Valle, Sergio Fernández y Enrique Ortúzar. Se trataba de prolongar una situación compleja: con apariencias democráticas mantener el diseño de la dictadura, donde en definitiva todo fuera manejado por los que entonces mandaban políticamente y con apoyo militar, aunque fuesen minoría.

Parte sustancial del texto era el artículo octavo, que decía: “Todo acto de persona o grupo destinado a propagar doctrinas que atenten contra la familia, propugnen la violencia o una concepción de la sociedad, del Estado o del orden jurídico, de carácter totalitario o fundada en la lucha de clases, es ilícito y contrario al ordenamiento institucional de la República”.

Y agregaba en el inciso siguiente que: “Las organizaciones y los movimientos o partidos políticos que por sus fines o por la actividad de sus adherentes tiendan a esos objetivos, son inconstitucionales”.

¿A dónde se iba?

¿Qué es “atentar contra la familia” o sostener una concepción de la sociedad, del Estado o del orden jurídico, de carácter totalitario o fundada en la lucha de clases? Claramente se refería este texto en forma directa a la ideología marxista y, como lo habían sostenido los voceros de la dictadura y muchos jueces, son responsables de lo mismo quienes apoyaban, justificaban, permitían o se aliaban con los partidos de inspiración marxista.

En esos años se hablaba sin ambages sobre que esas doctrinas y las conductas derivadas eran terrorismo por el solo hecho de sostenerlas, aunque no hubiera actos de esa naturaleza.

El texto añadía que sería el Tribunal Constitucional quien establecería si las personas estaban en esa situación, probablemente a requerimiento de cualquier ciudadano, pues no se dice en el artículo. Luego venía la marginación completa por diez años de toda actividad política, agregándose que tampoco podían dirigir establecimientos de educación, ni enseñar.

En la misma línea se les prohibía desempeñarse en funciones relacionadas con medios de comunicación ni ser dirigentes de organizaciones “relacionadas con la educación o de carácter vecinal, profesional, empresarial, sindical, estudiantil o gremial en general, durante dicho plazo”. La reincidencia sería castigada con una pena correspondiente al doble: 20 años más.

Siguiendo la línea

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Como una tenebrosa coincidencia, el actual gobierno sigue con entusiasmo las aguas del pinochetismo, al que desde el propio presidente José Antonio Kast hasta muchos de los dirigentes y autoridades recién asumidas adhirieron sin límite. Estas personas no han dudado en justificar las más atroces violaciones de los derechos humanos.

Claramente temen –como Pinochet y Guzmán– todo aquello que guarde relación con el desarrollo de las artes, especialmente la música y la literatura, pues suponen que sus textos contienen elementos peligrosos para “la familia”, para la “moralidad” y, en definitiva, para la seguridad de la sociedad.

Pues los escritores y autores de letras de canciones –y por cierto también los pintores y dramaturgos– tienden a expresar contenidos en los que se expresa la libertad de pensamiento y una emocionalidad que cuestiona muchos aspectos de como vivimos, en la sociedad actual.

Lo mismo sucede con los que quieren estudiar en el extranjero para perfeccionarse, ya que se corre el riesgo de que reciban influencias o adoctrinamientos que tiendan a sostener ideas contrarias a la mirada oficial de hoy.

Esa mirada o enfoque de la vida social es el que sostienen los sectores más poderosos económicamente y que con sus recursos manejan muchísimas instituciones de educación (colegios y universidades) y casi todos los medios de comunicación.

Por eso, se han sugerido, orientado y decretado suspensiones de becas. Todo intelectual es sospechoso, no sólo los de las disciplinas sociales, pues no olvidan a personajes como Humberto Maturana que, siendo un gran científico, levantó su voz contra la dictadura.

Coincidencia, no casualidad

Estamos ante un nuevo artículo octavo, sobre el que quiero llamar la atención.

Para el caso de los escritores, músicos, cineastas, medios de comunicación escritos o no, se propone ahora en aquel proyecto misceláneo una norma que, coincidentemente, está en el artículo octavo.

No está de más decir que este tipo de proyectos que contienen materias diversas fue calificado por los dirigentes de la derecha como “cajón de sastre” y prácticamente fueron limitados. Sin embargo, en medio de medidas económicas y tributarias, se encaja una norma que agrega un artículo a la Ley de Propiedad Intelectual.

Allí se dice: “Es lícito, sin remunerar ni obtener autorización del titular, todo acto de reproducción, adaptación, distribución o comunicación al público, de una obra lícitamente publicada, cuando dicho acto se realice exclusivamente para la extracción, comparación, clasificación o cualquier otro análisis estadístico de datos de lenguaje, sonido o imagen, o de otros elementos de los que se componen un gran número de obras o un gran volumen de datos, siempre que dicha utilización no constituya una explotación encubierta de la obra o de las obras protegidas”.

El retroceso y el miedo

Es decir, después de haber avanzado durante los gobiernos democráticos del pasado reciente en la protección de los derechos de autor de los creadores de arte en sus diversas manifestaciones, como una manera de asegurar su libertad, la justa retribución por sus obras y, por lo tanto, la posibilidad de seguir creando, se entra en una fase de retroceso.

Porque piensan que los creadores pueden resultar peligrosos y que todos los escritores somos comunistas, izquierdistas o cualquier calificativo cercano. Eso a ellos, los que hoy gobiernan, les parece peligroso, de alto riesgo para sus intereses y sus propósitos no siempre reconocidos de resucitar el pinochetismo y las propuestas de Jaime Guzmán. Tienen miedo. Es cierto que, por ahora al menos, les faltará un “Contreras Sepúlveda” como lo tuvo Pinochet.

Alzando la voz

A este proyecto se han opuesto o al menos expresado dudas, incluso dirigentes de la derecha con convicciones democráticas, como el senador Cruz-Coke y muchos empresarios de medios de comunicación.

Otros prefieren callar y aún los hay que justifican y promueven este tipo de materias. Pues así van marginando a los creadores y comunicadores que no estamos de acuerdo con ese enfoque y sus obras pasarán quizás a una lista sospechosa, como sucede ahora en Estados Unidos en una especie de repetición sutil de lo que fue el descarado macartismo de la década iniciada en 1950. Se trataba de una persecución política a comunistas (ahora serían terroristas u otros enemigos), caracterizada por acusaciones sin pruebas, listas negras y audiencias televisadas, difamando a funcionarios, artistas e intelectuales, durante una etapa oscura liderada por el senador Joseph McCarthy.

Si a esto agregamos la disminución de presupuestos de proyectos, basada en simples prejuicios o en opiniones contrarias a su ideología que se ha ordenado y aplicado en el Ministerio de las Culturas, el Arte y el Patrimonio, podemos refrendar que estamos frente a una operación más global y dirigida a los peores objetivos.

Una mirada parcial

Artículos octavos que se orientan hacia la imposición de una sola mirada de la realidad.

Es una coincidencia el número –que en la tradición holística habla de la creación de nuevos órdenes– pero los textos reflejan claramente la intención.

Son quizás formas de expropiación encubierta de los derechos intelectuales, pero a diferencia de las expropiaciones de bienes raíces, esto se hace sin siquiera informar al expropiado.

Esta es una grave amenaza para el patrimonio cultural y la sostenibilidad económica de los creadores nacionales y constituye una falta de respeto a las personas que verán perjudicado su patrimonio cultural y, por qué no decirlo, económico.

Protesto enérgicamente y miro con inquietud todas las medidas que el gobierno está tomando o insinuando tomar: finalmente se favorece a los poderosos –a los que pertenecen a la elite– y se deteriora la vida en todos los planos a los sectores medios.

Es hora de que pongamos atención, pues el plan que se lleva adelante puede ser muy peligroso y nefasto.

La culpa es de Boric

Lo que más espacio ocupó en el discurso de Kast por cadena nacional fueron las referencias constantes al gobierno anterior, el cual sería culpable de todos los males de Chile. Descalificar a Boric, a Marcel, a Tohá, a Grau y a todos y cada uno de los ministros y colaboradores cercanos, es la tarea de la que está a cargo Cristián Valenzuela, que elabora las minutas con lo que pueden decir y no pueden decir los ministros, además de inventar afirmaciones y relatos falaces.

El diseño político

Mientras el ministro de Hacienda prepara el proyecto que se presentará en el Congreso en los próximos días, ya ha comenzado el debate. Es indudable que, pese a que a mucha gente no le cae bien Quiroz, él es, junto a Valenzuela y a García, parte del equipo duro del gobierno, dispuesto a ejecutar el programa a como dé lugar.

Kast y su gente tienen un diseño político, económico y social que inevitablemente recuerda al pinochetismo. El dictador hizo una combinación, de la mano de Jaime Guzmán y Contreras Sepúlveda, entre la propuesta neoliberal y la brutal represión a los opositores.

El actual gobernante tiene el diseño de Guzmán y lo que aprendió de él, careciendo de la inteligencia y cultura que tenía el seguidor de Franco y Primo de Rivera. Pero lo que no tiene es el aparato represivo –tal vez lo eche de menos en algún momento– razón por la cual opera comunicacionalmente tratando de destruir la imagen de sus detractores y opositores. Es lo que algunos, sugerentemente, llaman “asesinato de imagen”.

Lo que más espacio ocupó en el discurso de Kast por cadena nacional fueron las referencias constantes al gobierno anterior, el cual sería culpable de todos los males de Chile.

Descalificar a Boric, a Marcel, a Tohá, a Grau y a todos y cada uno de los ministros y colaboradores cercanos, es la tarea de la que está a cargo Cristián Valenzuela, que elabora las minutas con lo que pueden decir y no pueden decir los ministros, además de inventar afirmaciones y relatos falaces.

Así como trató a la rival de Kast de loca en las redes sociales, cuando se canse con Boric seguirá con otros. Probablemente partirá con Manouchehri y Cicardini, los parlamentarios que se han lanzado en la más dura de las oposiciones.

El proyecto de ley

Pero las cosas se le presentan complicadas al Presidente de la República.

El proyecto considerado como pieza fundamental de este gobierno recibió el nombre de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social. ¿Es que la nación está destruida que hay que reconstruirla? ¿Es que acaso con las rebajas tributarias propuestas habrá más políticas de desarrollo social? ¿O es que ese cambio ya no irá, como en gobiernos anteriores en beneficio de los pobres y parcialmente de las clases medias, sino de los más ricos?

El proyecto de ley toca muchos temas, pero lo central es una reforma tributaria. El texto mismo del proyecto no está listo y ha sido presentado sólo en los términos del discurso y las declaraciones de Quiroz. El estudio de abogados del Ministro de Defensa (representante y abogado de Pinochet en su momento) ha hecho un buen resumen que publica en su página web, destacando 14 medidas que son las que les interesan como abogados especialistas en derecho tributario.

Cito al estudio Barros: “Fondo de Emergencia para Reconstrucción. Se financiará con mecanismos transitorios como la rebaja al impuesto a donaciones, repatriación de capitales e impuestos sustitutivos”.

Junto a eso se propone eliminar obligaciones del donante, lo que puede prestarse para una serie de acciones que pueden perjudicar a quienes podrían tener derechos o expectativas en relación con esos bienes donados y al propio Fisco, al poder diluirse el patrimonio y los beneficios de ese patrimonio entre muchas personas.

Hoy existe la insinuación, que consiste en notificar a los herederos de una persona que quiere hacer una donación, de modo que ellos puedan oponerse. Según este proyecto de ley, se podría donar libremente. Exención de IVA para las viviendas, créditos tributarios, exención de contribuciones de bienes raíces a la primera vivienda de personas mayores de 65 años, rebaja del impuesto de primera categoría, es decir, a las empresas, entre otras propuestas.

Es curioso y complejo de entender, por lo menos por una enorme cantidad de ciudadanos que no somos especialistas. ¿Cómo se consigue financiar proyectos gubernamentales sobre la base de reducción de impuestos?

El plan 90

Kast presentó un plan para sus primeros 90 días y quiere que el proyecto de ley se apruebe en el mes de junio.

Lo más probable es que no sea así, pues debe ser discutido en el Congreso Nacional. Diputados y senadores querrán debatir en detalle cada una de las propuestas en fondo y forma, propondrán indicaciones y más de alguien pedirá otras medidas. Eso tomará tiempo.

¿Qué hará?

¿Pondrá urgencia para un proyecto tan complejo y extendido en la temática? ¿Se irá arrepintiendo, como lo hizo con la reducción del 3% al Ministerio de Seguridad? ¿Reculará, como lo hizo con el respaldo a Juegos Olímpicos de la Juventud? ¿O pedirá el apoyo de Trump, al estilo Milei, para que ejerza presiones?

El ministro de Hacienda explicó que el proyecto responde a que “nuestro país enfrenta un estancamiento estructural que exige una respuesta integral para cambiar nuestra trayectoria”, tras registrar un crecimiento promedio de apenas 2% en los últimos 12 años.

Desconoce el señor ministro que la actual estructura fue creada en el gobierno de Pinochet para revertir las enormes caídas de la economía que llevaron a que en esos 17 años el crecimiento promedio fuera de mucho menos que el 2%. Culpar a los gobiernos de Bachelet, Piñera y Boric de un estancamiento parece más bien absurdo. ¿O no?

Las promesas

Para el cumplimiento de la promesa de Kast de disminuir el gasto en 6 mil millones de dólares, junto con la reducción presupuestaria de los ministerios de un 3%, propone medidas de austeridad, tales como la eliminación de la franquicia SENCE (Programas de capacitación para el empleo) y la postergación por cuatro años (es decir todo el período de Kast) del ingreso de nuevas universidades al sistema de gratuidad.

En esta política de austeridad no se pueden explicar enormes gastos como aumentar asesores, subirles el sueldo, pagar indemnizaciones enormes a las personas contratadas por Alta Dirección Pública a las que está despidiendo. No se entiende que la prioridad uno, según palabras de la ministra del Deporte, sea proveer de “ropa linda” a los deportistas del país.

No se da imagen de austeridad cuando se realiza el famoso almuerzo, pues por mucho que se diga que él pago eso, hay muchos detalles en los que se incurrió en el gasto fiscal. ¿No hubiese sido mejor señal de austeridad gubernamental que ese almuerzo se realizara en su casa particular?

Pero, tal vez como “señal de austeridad” decidió vivir ahí, convertir oficinas de trabajo en dormitorio y otras dependencias hogareñas obligando al fisco a proveer de oficinas para los desalojados. Más barato y austero habría sido arrendar un buen departamento en barrios cercanos a La Moneda.

Es verdad, se ordenó reducir el presupuesto de cada ministerio en un 3%. Se exceptuó el de Seguridad, porque eso no tendría presentación en vista de sus promesas de acabar con el crimen organizado y la delincuencia. Entonces el ministro de Cultura suspende la ejecución de la reconstrucción del proyecto GAM, aunque va a tener que pagar una cuantiosa indemnización por término anticipado y unilateral del contrato con la constructora que ganó la licitación.

Y las comunicaciones

Será difícil el trabajo de Valenzuela con sus minutas. Pues deberán explicarse demasiadas cosas. Y hay ministros que parecen no hacer mucho caso. Partiendo por Mara Sedini que comete errores en cada paso y da explicaciones que no aclaran nada o hace declaraciones confusas sobre las que luego debe desdecirse.

Algo parecido sucede con la ministra de Ciencia y la de asuntos de la Mujer, que hacen planteamientos que difícilmente se comprenden. Y con la de Seguridad que dijo, preguntada por qué había enviado un oficio a la PDI, “lo hago porque puedo”.

Tal vez la culpa de todo esto la tenga Gabriel Boric. Porque algunos de sus ministros serán comparados con los actuales. Como Vallejo con Sedini. Eso debe ser.

Y si en los 90 días prometidos no se cumplen las medidas de expulsión del país de los inmigrantes (hasta ahora sólo han salido del país 40 personas expulsadas por orden judicial que el gobierno quiere atribuirse), de disminuir la cantidad e intensidad de los delitos violentos y homicidios (que o se mantienen las cifras o han aumentado), de reducir los gastos del Estado, de terminar con el enclave mapuche de Temucuicui y pacificar la zona, ¿qué explicación nos dará?

Tal vez ya no sea sólo culpa de Boric (y algo de Piñera y de Bachelet), sino también de los parlamentarios opositores, de los comunistas o quizás de alguien escondido que quiere que le vaya mal. ¿Será brujería, quizás?

[Crónica] Porque puedo hacerlo

La voluntad sin límites es la tónica del tiempo presente, la decisión del más fuerte se hace del poder, derrota a los débiles, a quienes además desprecia, vence al propio dios que se dejó asesinar por los romanos a instancias de los judíos y con eso puede llegar a la victoria.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 12.4.2026

La fuerza de la decisión

Así, la ministra de Seguridad respondió la pregunta del periodista:

— Ministra, ¿por qué usted envió ese oficio a la PDI?

— Porque puedo hacerlo.

Y ése es el estilo, la tónica del tiempo presente. De lo que se trata es de avanzar hacia las propias metas con voluntad. Por cierto, se me viene a la memoria Nietzsche, el gran filósofo alemán. Él decía que era psicólogo y no filósofo, porque lo que hacía era desnudar el ser íntimo de las personas («el hombre», en sus palabras). Mostrando que con su voluntad podía conseguirlo todo.

En definitiva, la voluntad más fuerte se hace del poder, derrota a los débiles, a quienes además desprecia, derrota al propio dios que se dejó asesinar por los romanos a instancias de los judíos y con eso puede llegar a la victoria.

Lo que acabo de decir es una simplificación de un pensamiento más complejo, pero es la forma precaria en que lo han entendido sus entusiastas seguidores que miraron a los líderes del nazismo y del fascismo, con la misma fascinación que hoy siguen a Putin y a Trump.

«Vamos hacia adelante», dicen Milei, Bukele y ahora Kast, haciendo todo lo que se pueda, con la sonrisa presta, la frialdad total ante los pesares de los pobres.

Son pobres porque son débiles, nos dirá la doctrina de la voluntad, incapaces de cambiar la historia y de modificar sus propias condiciones. El que no es capaz de salir de la pobreza con sus propias energías, tendrá que aceptar la realidad y someterse a la voluntad de los poderosos.

La autosuficiencia

Los que pueden, los que tienen voluntad y le «dan con todo», serán quienes manden. El discurso es: «sabemos lo que hay que hacer y somos los únicos que lo hacemos bien». Para ellos no hay límites y serán capaces de llevar la potestad reglamentaria del Ejecutivo hasta el límite, sin importar los intentos de los otros que quieren poner frenos o suavizar los procesos.

Estamos aquí, dirán, para llevar adelante nuestros planes y no para escuchar lamentos. Es la mirada de esa especie curiosa del cristianismo clasista: ser bien cristiano es seguir la voluntad del señor, que si te hizo nacer en esa realidad, sería pecado querer cambiarla.

Debes ser el mejor entre los tuyos, pero no tratar de salir de allí. Y si alguien lo logra se le admitirá arriscando un poco la nariz, al menos en las primeras generaciones, pero luego se le permitirá asociarse a los clubes de golf o comprar acciones de ciertos bancos o del Colo-Colo.

Con el poder todo se puede

Están acostumbrados a tener el poder, porque tienen el control de la economía. Cuando pierden el gobierno, harán lo posible porque los advenedizos fracasen. Su palabra será: «que es un gobierno fracasado, que nos ha llevado a la ruina».

Alguna vez fue la Reforma Agraria y el desabastecimiento provocado, ahora simplemente es la palabra, la creación de imagen y el desprecio por provinciano joven que llega a las alturas sin haber pasado por los colegios de élite.

Entonces se hacen elegir por un pueblo cansado de que gobiernen los que no pueden conseguirlo todo, llegando a consolidar sus poderes con el control de gobierno.

Porque pueden.

Porque es, en definitiva, una cuestión de poder.

«Si yo tengo un auto potente, que corre a altas velocidades, ¿por qué debo ajustarme a límites que están hechos para los débiles y los mediocres?», parecen decir cuando andan por calles y carreteras. Voy a Viña del Mar y regreso por un asunto de trabajo.

En el túnel de la Costanera Norte voy a 80 kilómetros por hora, velocidad máxima permitida; salgo del túnel y puedo andar a 100 y en gran parte de la carretera puedo viajar a 120. Entonces, se me instalan detrás de cada tramo uno o más vehículos que quieren que corra, que sobrepase la velocidad que anuncian los letreros: se acercan a límites prohibidos para los demás, no para ellos, prenden luces y hasta tocan bocina.

Y cuando me sobre pasan lanzan todo tipo de groserías —que no escucho— pero las entiendo porque se acompañan de gestos. Es que ellos pueden: saben que es difícil que les cursen la infracción. Y si acaso eso se produce pueden eludirla. Y si no la eluden, pagarla no es problema.

Las noticias nos muestran a decenas de funcionarios de Carabineros juzgados por sus delitos que van desde apropiaciones de dineros institucionales hasta violaciones; funcionarios de PDI formando parte de bandas criminales; gendarmes involucrados en delitos con presos en las cárceles; funcionarios de las Fuerzas Armadas como participantes y ejecutores de diversos delitos.

Porque pueden. Pero, claro, a esos los han detenido. ¿Hay otros que pueden y no han sido sorprendidos aún? Es posible, porque pueden e incluso podrían quedar impunes para siempre, en una especie de «crimen perfecto». Tienen el poder y los recursos para violar una ley que los ciudadanos debemos respetar.

Como aquellos que usan información privilegiada violentando las normas que regulan la llamada «libre competencia» (no es necesario pensar en quien haya ejercido la Presidencia de la República, son muchos más), obteniendo enormes ganancias y están dispuestos a pagar una multa que no alcanza el 1 % de lo que están ganando.

Y no sólo ganan dinero: se ufanan, porque lo hicieron simplemente porque tenían voluntad para ello y las leyes existen para los demás. Y ganan prestigio entre los suyos, se muestran poderosos ante el pueblo, se sienten triunfadores.

El egocentrismo como instrumento de acción

YO puedo, YO, con mayúsculas, con la sonrisa, la mano al volante, la seguridad de que soy de los que están llamados a mandar.

Puedo promover leyes que beneficien a los amigos y los aliados. Lo hago porque puedo. Puedo hacer cualquier cosa, aunque luego condenen a mis amigos a clases de ética o les digan que no se les puede condenar porque el proceso legal ha durado mucho.

Esto nos recuerda a ese general que se apropió de mucho dinero público y lucró en el poder sin contrapeso por casi 17 años.

Mientras ejercía el mando, la Corte dijo que no había norma que permitiera procesarlo. Cuando dejó de existir esa protección, consiguió, siempre sonriendo y con la misma frialdad en sus ojos azules, que se le declarara demente y así eludiría hasta el día de su muerte aquella ley que se hizo para los débiles, pero no para ellos.

La voluntad sin límites es la tónica del tiempo presente, la decisión del más fuerte se hace del poder, derrota a los débiles, a quienes además desprecia, vence al propio dios que se dejó asesinar por los romanos a instancias de los judíos y con eso puede llegar a la victoria.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 12.4.2026

La fuerza de la decisión

Así, la ministra de Seguridad respondió la pregunta del periodista:

— Ministra, ¿por qué usted envió ese oficio a la PDI?

— Porque puedo hacerlo.

Y ése es el estilo, la tónica del tiempo presente. De lo que se trata es de avanzar hacia las propias metas con voluntad. Por cierto, se me viene a la memoria Nietzsche, el gran filósofo alemán. Él decía que era psicólogo y no filósofo, porque lo que hacía era desnudar el ser íntimo de las personas («el hombre», en sus palabras). Mostrando que con su voluntad podía conseguirlo todo.

En definitiva, la voluntad más fuerte se hace del poder, derrota a los débiles, a quienes además desprecia, derrota al propio dios que se dejó asesinar por los romanos a instancias de los judíos y con eso puede llegar a la victoria.

Lo que acabo de decir es una simplificación de un pensamiento más complejo, pero es la forma precaria en que lo han entendido sus entusiastas seguidores que miraron a los líderes del nazismo y del fascismo, con la misma fascinación que hoy siguen a Putin y a Trump.

«Vamos hacia adelante», dicen Milei, Bukele y ahora Kast, haciendo todo lo que se pueda, con la sonrisa presta, la frialdad total ante los pesares de los pobres.

Son pobres porque son débiles, nos dirá la doctrina de la voluntad, incapaces de cambiar la historia y de modificar sus propias condiciones. El que no es capaz de salir de la pobreza con sus propias energías, tendrá que aceptar la realidad y someterse a la voluntad de los poderosos.

La autosuficiencia

Los que pueden, los que tienen voluntad y le «dan con todo», serán quienes manden. El discurso es: «sabemos lo que hay que hacer y somos los únicos que lo hacemos bien». Para ellos no hay límites y serán capaces de llevar la potestad reglamentaria del Ejecutivo hasta el límite, sin importar los intentos de los otros que quieren poner frenos o suavizar los procesos.

Estamos aquí, dirán, para llevar adelante nuestros planes y no para escuchar lamentos. Es la mirada de esa especie curiosa del cristianismo clasista: ser bien cristiano es seguir la voluntad del señor, que si te hizo nacer en esa realidad, sería pecado querer cambiarla.

Debes ser el mejor entre los tuyos, pero no tratar de salir de allí. Y si alguien lo logra se le admitirá arriscando un poco la nariz, al menos en las primeras generaciones, pero luego se le permitirá asociarse a los clubes de golf o comprar acciones de ciertos bancos o del Colo-Colo.

Con el poder todo se puede

Están acostumbrados a tener el poder, porque tienen el control de la economía. Cuando pierden el gobierno, harán lo posible porque los advenedizos fracasen. Su palabra será: «que es un gobierno fracasado, que nos ha llevado a la ruina».

Alguna vez fue la Reforma Agraria y el desabastecimiento provocado, ahora simplemente es la palabra, la creación de imagen y el desprecio por provinciano joven que llega a las alturas sin haber pasado por los colegios de élite.

Entonces se hacen elegir por un pueblo cansado de que gobiernen los que no pueden conseguirlo todo, llegando a consolidar sus poderes con el control de gobierno.

Porque pueden.

Porque es, en definitiva, una cuestión de poder.

«Si yo tengo un auto potente, que corre a altas velocidades, ¿por qué debo ajustarme a límites que están hechos para los débiles y los mediocres?», parecen decir cuando andan por calles y carreteras. Voy a Viña del Mar y regreso por un asunto de trabajo.

En el túnel de la Costanera Norte voy a 80 kilómetros por hora, velocidad máxima permitida; salgo del túnel y puedo andar a 100 y en gran parte de la carretera puedo viajar a 120. Entonces, se me instalan detrás de cada tramo uno o más vehículos que quieren que corra, que sobrepase la velocidad que anuncian los letreros: se acercan a límites prohibidos para los demás, no para ellos, prenden luces y hasta tocan bocina.

Y cuando me sobre pasan lanzan todo tipo de groserías —que no escucho— pero las entiendo porque se acompañan de gestos. Es que ellos pueden: saben que es difícil que les cursen la infracción. Y si acaso eso se produce pueden eludirla. Y si no la eluden, pagarla no es problema.

Las noticias nos muestran a decenas de funcionarios de Carabineros juzgados por sus delitos que van desde apropiaciones de dineros institucionales hasta violaciones; funcionarios de PDI formando parte de bandas criminales; gendarmes involucrados en delitos con presos en las cárceles; funcionarios de las Fuerzas Armadas como participantes y ejecutores de diversos delitos.

Porque pueden. Pero, claro, a esos los han detenido. ¿Hay otros que pueden y no han sido sorprendidos aún? Es posible, porque pueden e incluso podrían quedar impunes para siempre, en una especie de «crimen perfecto». Tienen el poder y los recursos para violar una ley que los ciudadanos debemos respetar.

Como aquellos que usan información privilegiada violentando las normas que regulan la llamada «libre competencia» (no es necesario pensar en quien haya ejercido la Presidencia de la República, son muchos más), obteniendo enormes ganancias y están dispuestos a pagar una multa que no alcanza el 1 % de lo que están ganando.

Y no sólo ganan dinero: se ufanan, porque lo hicieron simplemente porque tenían voluntad para ello y las leyes existen para los demás. Y ganan prestigio entre los suyos, se muestran poderosos ante el pueblo, se sienten triunfadores.

El egocentrismo como instrumento de acción

YO puedo, YO, con mayúsculas, con la sonrisa, la mano al volante, la seguridad de que soy de los que están llamados a mandar.

Puedo promover leyes que beneficien a los amigos y los aliados. Lo hago porque puedo. Puedo hacer cualquier cosa, aunque luego condenen a mis amigos a clases de ética o les digan que no se les puede condenar porque el proceso legal ha durado mucho.

Esto nos recuerda a ese general que se apropió de mucho dinero público y lucró en el poder sin contrapeso por casi 17 años.

Mientras ejercía el mando, la Corte dijo que no había norma que permitiera procesarlo. Cuando dejó de existir esa protección, consiguió, siempre sonriendo y con la misma frialdad en sus ojos azules, que se le declarara demente y así eludiría hasta el día de su muerte aquella ley que se hizo para los débiles, pero no para ellos.