VEJEZ Y JUVENTUD

Cuando este artículo vea la luz a través de estas páginas, ya habré cumplido mis 78 años de edad. Lo estoy escribiendo un par de días antes de ello. ¿Qué importancia tiene eso? Pues algo muy simple: el valor simbólico de haber cumplido la edad que mi padre no alcanzó a cumplir, pues murió unos pocos días antes. Es decir, tal como mi hermano mayor lo ha experimentado, nosotros hemos seguido más allá de lo que vivió nuestro progenitor y podríamos decir, entonces, que ya no tenemos modelo.

¿Hubo modelo? Por supuesto que sí, siempre lo hay, aunque a veces opere como “anti modelo”. Es decir, miramos al padre para aprender qué hacer y qué no hacer. El problema es que lo miramos como hijos y no pensando en que ese es el camino que deberemos seguir o evitar, sino solo reclamando o tratando de imitar. Los demás nos miran e inevitablemente nos comparan. Y la figura del muerto se engrandece, poniendo cada vez más lejana la comparación, porque lo que se confronta es una persona en plena vida —es decir con aciertos y errores constantes— con lo mejor de aquel que ya falleció y que no podrá equivocarse nunca más.

Ser padre es una tarea difícil, porque por mucho que leamos libros u observemos el comportamiento de nuestros padres y de los padres de nuestros amigos (y primos), no estamos en un proceso de aprendizaje. Entre otras razones, porque ellos no nos están enseñando a ser padres, sino que están padeciendo su paternidad y quieren que “nos portemos bien”, es decir, que sigamos sus criterios, parámetros, normas, lineamientos y nos adaptemos a la vida social. El padre se enoja cuando el hijo rompe las normas, sin entender las razones de ello y muchas veces sin importarle cuáles son. Entonces es difícil la relación porque ser hijo es una cosa y ser padre algo completamente diferente. Todos hemos sido hijos antes de ser padres e incluso aquellos que experimentaron la pérdida del padre siendo muy jóvenes, saben de lo que han carecido.

Dicen algunas doctrinas y creencias que el cuerpo empieza su proceso de muerte siete años antes del hecho mismo. De ser así, mi padre comenzó a morir cuando transitaba por el año 71 de vida, su último momento como Ministro de Estado. Cuando dejó de serlo, un mes antes de cerrar el año 71 y empezar a vivir el 72, comenzó a sentir el vacío que queda cuando se dejan las posiciones de poder y se convierte en un “ex”. El deterioro en la salud era creciente y su ánimo a ratos se veía afectado, aun cuando me preguntaba: “¿Cuándo crees que podré volver a manejar?”. Yo sabía que nunca y así se lo decía, pero él me respondía: “Exageras”. “Haga ejercicio para fortalecer sus piernas”, le decía yo y su respuesta era: “Es que ya no puedo caminar como antes”. Y era verdad, hacía poco tiempo que él subía el Cerro San Cristóbal una vez por semana. Dejó de hacerlo.

Estaba viejo. A los 77 años cumplidos, es decir, transitando por el año 78 que no alcanzó a terminar. Cansado, cierta sensación de soledad, tuvo un último acto de reconocimiento social cuando las organizaciones de descendientes de árabes de América le dieron un premio por su trayectoria en la difusión de la “Causa Árabe”, en diciembre de 2000. Estaba muy viejito. La ceremonia fue en Buenos Aires y lo acompañamos mi hermano y yo. Trató de caminar por las callecitas de Buenos Aires, pero avanzó dos o tres cuadras. “Buenos Aires ya no es el mismo”, me dijo. Yo pensé: “Usted, papá, ya no es el mismo”, pero callé y nos sentamos a tomar otro café. Pidió un dulce. Era diabético, pero yo sabía que no había que seguir peleando por eso. Tres meses después murió.

Yo tengo 78 y me siento joven. No soy joven: objetivamente hay cosas que no puedo hacer y lo más probable es que ni siquiera me interesen. Pero me levanto cada mañana, como hoy, con las ganas de hacer algo nuevo, de terminar la novela que estoy trabajando, escribir mis artículos, hacer el índice de mi próximo libro de Tarot, tratar de organizar mis artículos políticos de tantos años (en eso me ayuda Maru, mi pareja, joven y entusiasta, 24 meses menor que yo), escribir más poemas, llamar a mi hijo y mis hijas por teléfono, comentar con mis amigos la victoria de Las Diablas del hockey césped. Ganas de todo: de seguir atendiendo personas en lecturas de Tarot y Vida Pasada, conversar con esos tantos que me dicen que quieren tomarse un café conmigo.

Tengo 78 y siento que me queda mucho, aunque me preparo para las sorpresas, nunca se sabe. Alguien tratará de descifrar, el día que muera, los siete años anteriores.

Y estoy reuniendo mis escritos sobre la muerte, sabiendo que tengo una vitalidad enorme. Algún día eso terminará. Por ahora, siento que soy un viejo muy joven, lleno de planes y de entusiasmo.

Miro a mis compañeros de colegio y de universidad. Algunos de ellos están enfermos, pero todos se ven muy entusiastas, algunos siguen haciendo deportes. De pronto alguno se muere. Nos da pena, porque sentimos que murió demasiado joven.

Porque somos viejos y jóvenes al mismo tiempo, viviendo con intensidad, gozando hasta el último instante, haciéndonos cargo de nuestra vida, sin añorar, pero recordando mucho y aprendiendo a callar.


 

 

[Crónica] Poesía y arquitectura

Hoy le dije a mi amigo Eduardo Dockendorff como respuesta única por el Premio Pritzker de Smiljan Radić que los arquitectos nos han empatado a los escritores: dos Nobel cada uno, más, incluso, que el bicampeonato sudamericano de Chile en el fútbol.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 13.3.2026

Mi amigo el arquitecto Eduardo Dockendorff Vallejos regresó a sus tierras de Biobío, subió la montaña y en terrenos colindantes con el río y los tradicionales emplazamientos aborígenes, levantó su casa al estilo Neruda: sólo con la ayuda de un trabajador local.

Hace años vive allí y su espacio hoy colinda con el enorme embalse que se creó sobre los cementerios y espacios hogareños de comunidades locales. Hace unos noches me envió un WhatsApp para hacerme saber la gran noticia: por segunda vez un arquitecto chileno gana el Premio Pritzker, comparado con el Nobel, pero para los arquitectos.

Alejandro Aravena en 2016 y Smiljan Radić en 2026 son los dos arquitectos chilenos que han recibido este galardón. No hay premio mundial más importante en esta profesión que ése y esto pone de relieve la importancia de los arquitectos formados en nuestro país, quienes, como pasa en otras áreas, no son los más contratados para construir los grandes proyectos que dominan el paisaje de las ciudades.

Porque las razones para darle este premio no tienen que ver con edificios enormes situados en las grandes avenidas de Santiago u otras metrópolis del mundo. Su obra ha sido definida como «profundamente experimental y sensible al paisaje», dando un nuevo carácter, mediante su trabajo, a la relación entre la experiencia humana, la naturaleza y la arquitectura como disciplina esencialmente humanista.

Se destaca «una trayectoria marcada por una mirada radicalmente personal sobre el espacio construido, donde la fragilidad, la memoria del lugar y la experiencia humana ocupan un rol central», según nos dice la revista NOW-MAG.

El mismo comentario señala que «su trabajo propone lugares que dialogan con su entorno, combinando lo artesanal con lo tecnológico, lo natural con lo artificial y lo permanente con lo temporal».

Por su parte, el jurado al otorgar el premio señala la capacidad del galardonado de construir espacios con «inteligencia emocional», capaces de generar refugio y empatía en quienes los habitan.

Y luego agrega el mismo ente calificador: «A través de una obra que se sitúa en la encrucijada de la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radic prioriza la fragilidad sobre cualquier pretensión infundada de certeza. Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi a punto de desaparecer—, pero ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre, abrazando la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida».

Y basta. Porque con eso queda claro que la arquitectura no es cualquier cosa ni una mera técnica: es una variedad de arte que integra el humanismo, la naturaleza y… la poesía. Porque la poesía es belleza, síntesis, lenguaje propio, metáfora y ritmo, igual que estas obras arquitectónicas.

 

Chile tierra de arquitectos

Pablo Neruda, al terminar lo que hoy se llama enseñanza media, entró a estudiar arquitectura. Entendía que era la profesión que más lo hermanaba con la poesía, pero no se la pudo con la matemática que lo llevaba hacia la racionalidad. Neruda quería poesía y se fue.

Él, luego de la gran Gabriela Mistral, recibió el Nobel de Literatura.

Hoy, le dije a Dockendorff, como respuesta única, «los arquitectos nos han empatado». Dos Nobel cada uno. Más, incluso, que el bicampeonato sudamericano de Chile en el fútbol.

Y vuelven a hermanarse estas dos maravillas de la creatividad cuando miramos que esas cúspides sólo se explican porque bajo ellos han una pirámide de cultores de la disciplina. Miles de poetas, de los cuales más de un centenar pueden ocupar lugares destacados a nivel americano y mundial. Tras estos dos arquitectos hay miles de profesionales que han ido dando vida a la arquitectura desde hace un siglo y permitiendo que se construya esa pirámide.

Aquellos «locos» de la Universidad Católica de Valparaíso que instalaron sus construcciones en Ritoque; los jóvenes arquitectos de la Universidad de Chile, que dio origen además a artistas de verdad; los famosos y brillantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que se convirtieron en estrellas de las páginas sociales.

Saint Jean, Echenique, entre los mayores —¿será lícito nombrar a mi hermano Patricio y su generación 1973—, Iván Bravo entre las nuevas generaciones y tantos otros que con su trabajo constante, su creatividad, su audacia, su constancia, su decisión, sus esfuerzos, han ido generando un trabajo que lleva a los arquitectos chilenos a la gloria mundial.

Poetas y arquitectos. Hay pocos poetas entre los arquitectos, porque ellos hacen la poesía con su disciplina propia. Son los ingenieros y los abogados que, para contrarrestar el racionalismo exacerbado de sus estudios, deben buscar en la poesía la opción de humanidad y belleza.

Andrés Bello quería ser poeta. Casi lo logró e incluso se permitió licencias de ese tipo en el propio texto del Código Civil.

Chile tierra de poetas. Ahora diremos: y de arquitectos.

(Cuando Dockendorff se instala en Alto Biobío, desde donde baja a pueblo pocas veces en el año, hace un acto de creación poética que trasciende sin ser trascendental, sino sólo una gran gota de agua para la copa de celebraciones de Chile)

Para finalizar, anoto algunas obras destacadas de Smiljan Radić: restaurante Mestizo en el Parque Bicentenario de Santiago, la ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino, el Teatro Regional del Biobío en Concepción, la Serpentine Pavilion 2014 en Londres, el Pabellón XXII Bienal de Arquitectura de Chile.

 

Algunas señales de un nuevo gobierno

Distintas situaciones dejaron algunas señales del tono inicial del nuevo gobierno y sus partidos de apoyo. Actos y voces del Presidente y otros personeros están marcando estilos y propósitos que se dejan ver con cierta facilidad.

Un acto republicano

En un acto ceremonial intensamente republicano (de la República y no del partido de ese nombre), José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile. Por supuesto, como en todo acto oficial, no faltaron los chascarros (por ejemplo el inicial olvido de mencionar e invitar a jurar a la Ministra de Educación), pero ello no hace sino humanizar los intentos de perfección de los funcionarios encargados de protocolo y ceremonial.

Esta vez, como pasó en 1990, nadie olvidó la piocha de O’Higgins y Boric se encargó de prenderla en la nueva banda presidencial que lució su sucesor. El chiste con la piocha sucedió en la noche, cuando después del discurso nocturno a Kast se le cayó el singular elemento, lo que hizo a más de uno recordar la creencia popular que dice que es un mal presagio para un gobierno ese percance. Recordaron que a Alessandri en 1920 le pasó y todos sabemos el destino agotado y complejo de ese gobierno.

Todo el poder en sus manos

Distintas situaciones dejaron algunas señales del tono inicial del nuevo gobierno y sus partidos de apoyo. Lo primero fue la elección de los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, cargos que quedaron en manos de Renovación Nacional y de la UDI respectivamente.

En el Senado no hubo otra postulación y en la Cámara la alternativa no era mucho mejor –salvo para la candidata– pues es una figura controvertida que esta vez recibía el apoyo de su expartido –comunista– y de quienes fueron vilipendiados por ella durante los cuatro años precedentes.

Es decir, todos los cargos políticos en las cabezas de las instituciones del Estado han quedado en manos de la Derecha política, lo que es una advertencia para todos, incluso para ellos mismos: no hay excusas para no cumplir las promesas con respeto a la legalidad.

El atentado de Puerto Varas y la verdad sobre Carabineros

Al despedir a Boric, el General al mando de Carabineros agradeció con entusiasmo lo hecho en pro del fortalecimiento de la institución policial en equipamiento, recursos e infraestructura y por su preocupación constante por el personal.

Sin embargo –y tratando de desmentir al General y haciendo caso omiso de la verdad– tanto la nueva vocera como Kast tuvieron palabras de dura crítica al gobierno saliente, insinuando responsabilidad en el asesinato del policía en Puerto Varas en la mañana del 11 de marzo. El nuevo gobernante fue más allá: “Nunca más un funcionario de orden y seguridad enfrentará solo la violencia mientras algunos miran para el lado”.

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Ningún gobierno democrático jamás ha “mirado para el lado” cuando hay atentados contra la policía. La conducta de Boric fue tan contraria a eso, que incluso cuando sucedió el atentado en el sur el 27 de abril, instó la suspensión de la formalización judicial al Director de entonces –que lo obligaba a renunciar– y prorrogó su mandato luego de haber viajado con él al lugar del crimen. No mandó a su Ministro de Seguridad. Los culpables fueron detenidos y condenados sin demora.

El alevoso y premeditado atentado de Puerto Varas no podía evitarlo ninguna autoridad civil y cuando alguien intente otro, tampoco lo podrá hacer ningún funcionario del gobierno.

El lenguaje y la verdad

Junto a esto y en la misma línea, el discurso –cuyas frases escogidas destacan sus más entusiastas partidarios en todos los medios de comunicación– revela que la precisión del lenguaje no importa aunque ello afecta a su veracidad: lo que interesa es el impacto del mensaje.

Decir, por segundo ejemplo, “nos han entregado un país en peores condiciones de las que podríamos imaginar” podría ser una frase después de muchos meses, cuando se hayan hecho las auditorías prometidas, pero no al tiempo de asumir, cuando no se ha podido constatar nada distinto al contenido de las brutales y durísimas críticas hechas por Kast y su partido desde que asumió Boric hasta el mismo 10 de marzo de 2026.

Es decir, es como si en esas horas, mientras viajaba en auto o en helicóptero, hubiese podido el Presidente tener una nueva visión del estado del país.

Asignar responsabilidades a otros

No me voy a referir, como otros comentaristas, a la inconsistencia general del discurso, porque se supone que en el acto público el nuevo mandatario debe dejarse llevar más por su emoción que por la sustancia filosófica de sus propuestas. Eso está bien, es momento de arengas para decir “hemos venido a cumplir”.

Lo importante será que, teniendo todo el poder institucional, mayoría en el Congreso, apoyo de los empresarios de todas las ramas, de la mayoría (si no de la totalidad) de las instituciones universitarias, un apoyo enorme de los gobernantes de los países limítrofes y de Estados Unidos (lo dijo así Trump), no se culpe luego a los que no lo apoyan de los problemas que puedan surgir. Quizás es hora de que Kast entienda que no bastan el carácter y la voluntad para que la realidad cambie: debe haber ideas que se traduzcan en planes concretos que se pongan en marcha.

Los primeros decretos

Hay además otras señales: da gusto ver que desde el primer día el Presidente de la República firma decretos con decisiones tomadas. En eso supera lejos a todos sus más recientes antecesores democráticos, que pasaron un tiempo de estudio después de haber asumido, despreciando el tiempo en los meses de interregno entre la elección y la asunción.

No me meto en los contenidos de esos decretos, pero ya va quedando claro, sobre todo en el primer instructivo distribuido a los Ministros horas antes de asumir que algunas promesas (reducción del gasto en 6 mil millones, sin ir más lejos) demorará un poco más de lo pensado en cumplirse. Está bien: es parte del necesario realismo que se debe tener. Boric, más popular, dijo a los pocos días de asumir: “otra cosa es con guitarra”.

Pese a la necesidad de reducir gastos y a las promesas dichas durante años y meses –que no estoy seguro de que estén en el programa propiamente tal– no se redujo ni el número de ministerios ni de ministros, hay solo un biministro por razones evidentes, pero no explicadas.

Asimismo, fueron creados algunos cargos nuevos –pueden ser necesarios, no digo otra cosa y tal vez el gasto no sea tan alto–, pero no hay reducción, sino incremento. Ahora bien, si esos cargos nuevos, de confianza política del Presidente, serán o no llamados “operadores políticos” o “activistas”, será cuestión de uso del lenguaje. ¿Es una señal de relativización del discurso? Puede ser y no necesariamente eso está mal.

No vino Lula

Volviendo a aspectos más políticos, quiero referirme a los asuntos internacionales. El presidente electo –estaba en esa calidad– se dio un gusto personal invitando a los hermanos Bolsonaro, hijos del expresidente preso por su intento subversivo, uno de los cuales es candidato a la Presidencia de Brasil.

El actual mandatario, que tiene puntos políticos diferentes a Kast, había anunciado su visita a Chile. Eso es propio de una relación entre Estados, más allá de las diferencias. Pero claramente las autoridades que estaban por asumir privilegiaron la amistad personal y la simpatía política por sobre las relaciones con el Estado de Brasil, país con el que Chile siempre ha tenido una relación privilegiada, incluso en tiempos más disímiles políticamente.

El Presidente de Brasil lo consideró una descortesía impropia entre Jefes de Estado y no asistió. Pero, es la misma descortesía que tuvo Bolsonaro cuando no respondió el beneplácito solicitado para el embajador nombrado por el gobierno de Chile en 2022. Tal para cual.

El asesor internacional y la nueva ruta internacional

Otra señal delicada en esta materia es que en el círculo de mayor confianza del Presidente de la República (llamado “el segundo piso”) nombra a cargo de la asesoría en temas internacionales a Eitan Bloch. ¿Quién es él? Se trata de un licenciado en Derecho de la Universidad Católica, de 32 años, de nacionalidad argentina, que antes de eso se desempeñó como funcionario político de la Embajada del estado de Israel en Chile. Esto señala con claridad la opción de Kast por Israel en la acción política y militar de ese Estado contra Palestina y los palestinos.

El Estado de Chile, sin diferencias entre izquierdas y derechas, después de la dictadura dejó perfectamente en claro su oposición a las acciones de Israel en la ocupación de tierras que Naciones Unidas asignó a los palestinos en la partición de 1947.

Fiel a la política seguida por los gobiernos democráticos, el Estado chileno promueve el respeto por los acuerdos de la Organización de las Naciones Unidas y la solución pacífica de las controversias, siendo partidario de la mantención de la solución de los dos Estados –palestino e israelí– con autonomía y plenos derechos de reconocimiento internacional.

Repitiendo las preferencias de las épocas de la dictadura, Kast privilegia la alianza con Israel que, en esa época, era porque ese no otro fue el camino para la compra de armas por las Fuerzas Armadas. ¿Cambiará el Estado de Chile su opción? Y no se trata, como me decía un amigo muy hincha de Trump, que haya que elegir entre Israel y los terroristas. Es elegir entre el respeto al derecho internacional o no, condenando desde luego toda forma de terrorismo.

Siempre, en todo caso, cabrá la posibilidad de discutir sobre el uso de la violencia, recordando las tantas veces que se alega legitimidad para ello, incluso para actos que hoy se podrían calificar de terroristas que alguna vez se han considerado legítimos, como fue el atentado frustrado en contra de Hitler; la invasión de un Estado extranjero para secuestrar al gobernante local; o la voladura de puentes en la lucha de algunos europeos contra la ocupación alemana entre 1939 y 1945; o poner bombas en iglesias de cualquier religión; o disparar contra jóvenes universitarios o escolares en sus establecimientos invocando razones religiosas o de cualquier otro tipo.

Yo no soy partidario de ninguna forma de violencia y aspiro a que algún día la humanidad pueda eliminar las armas.

[Crónica] Castigo a los viejos

Con sentido de alarma, se insiste en que la pirámide de la población se está modificando, porque nacen menos niños y se muere menos gente. Esto último es producto de la vida más sana de muchos, de los avances de la medicina.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 3.3.2026

Se ha insistido, desde la estadística, que Chile es un país en el que cada vez hay más gente mayor, entendiendo por tales a las personas de más de 60 años.

Con sentido de alarma, se insiste en que la pirámide de la población se está modificando, porque nacen menos niños y se muere menos gente. Esto último es producto de la vida más sana de muchos, de los avances de la medicina.

Por eso, ya que los mayores llegan en excelentes condiciones a los 60 años, es que se propone en muchos círculos aumentar la edad para jubilar. Hoy las mujeres pueden jubilar desde los 60 años y los hombres a los 65, en un resabio de proteccionismo machista que debe terminar.

No entiendo la razón de la diferencia, si acaso todos somos iguales, pero, en fin, hoy es así. Ya se corregirá. (Las mujeres que tienen hijos «nacidos vivos» tienen un beneficio adicional para ir reduciendo el tiempo de edad laboral).

Es evidente que las personas llegamos a mayores edades en un estado mucho mejor que nuestros antecesores en la vida. Mi abuela a los 63 años, cuando enviudó, era una viejita de pelo blanco a la que había que acompañar.

Hoy, una mujer de 63 años, abuela y hasta bisabuela tal vez, es una mujer activa, capaz de trabajar con todas sus capacidades intelectuales y físicas. No se trata de que hoy se viva más simplemente, sino que se vive en un estado mental adecuado para la vida social y laboral y en un estado físico que ya se lo quisieran muchos jóvenes.

Como un oxímoron clásico, mientras esta es la primera parte de la oración, en la segunda todo se contradice. Porque al mismo tiempo se establecen una serie de límites que resultan cada vez más absurdos.

Se ponen dificultades para el otorgamiento de las licencias de conducir: renovaciones cada tres años desde los 75 y una vez al año desde los 80, «si es que…».

Con los problemas y retrasos en el otorgamiento de esas licencias, podremos imaginarnos lo que sucederá, porque si hasta ahora había atochamientos increíblemente grandes, ahora al haber mayor frecuencia de solicitudes, las cosas serán aún peores.

Pero claro, un señor de 80 años cometió una infracción grave, así es que se hace necesario castigarlos a todos. En esta materia, una lectura estadística evidente nos permite sostener que los accidentes más graves los ocasionan personas jóvenes; que los que usan los vehículos a mayores velocidades son los más jóvenes; los que respetan menos las normas del tránsito, son los de menos edad.

No obstante, se decide castigar a los mayores de 75 y de 80.

Una odiosa discriminación negativa

Me ofrecieron la posibilidad de ser Notario suplente. Acepté encantado. No se pudo: porque tengo más de 75 años. Y estoy vigente intelectualmente y sigo sabiendo Derecho.

La presidenta de la Corte Suprema se queja de la formación actual de los abogados, sobre todo en el sentido ético, pero también en sus conocimientos: ¿a esos abogados hay que confiarles la fe pública? Nuevamente se privilegia a los jóvenes antes que a los mayores.

Pero no es sólo una preferencia, es una prohibición para los mayores.

La guinda de la torta: la Ley 21.724, en su artículo 90, dispone que las personas que tengan 75 años o más, el 1 de enero de 2027 cesarán en sus cargos públicos (probablemente hay excepciones).

Es decir, por el solo ministerio de la ley, esas personas quedarán fuera de la administración pública, sin que nadie se pregunte respecto del trabajo que desempeñan, de cómo lo hacen, de si su experiencia puede ser valiosa en la función que cumplen, si acaso necesita de esos recursos para vivir.

De un golpe (de un manotazo) pasaremos a generar una situación incomprensible: que en un país que tiene cada vez más personas mayores en edad útil, en condiciones de trabajar, se generará una cesantía por edad.

Lo más increíble es que se hace mucho hincapié en cuanto a que en Chile no hay discriminación de las personas por la edad. ¿Y esto qué es? Porque cuando alguien postula a un trabajo, no está obligado a poner su edad y, más aún, nadie puede preguntársela…

Pero en el Estado, en la Administración Pública, sí le preguntarán la edad y lo discriminarán por ella. Y esto se aplicará en las universidades también, donde los mayores pueden aportar muchísimo.

Un sector político criticó con escándalo por la juventud del Presidente de la República y de muchos de los funcionarios de su confianza.

Ese mismo sector, ahora en el poder, nombra gente muy joven en ese mismo tipo de cargos. ¿Es ésta la señal? ¿Sólo jóvenes para el Estado? ¿Los demás deben retirarse? ¿O a esos mayores los acogerá el mundo privado?

Preguntaban en un medio de comunicación si la gente se sentía discriminada por su edad. Digamos clarito: sí, una odiosa discriminación negativa y ninguna positiva, salvo el pasaje del Metro en Santiago.

Así se educa a las nuevas generaciones. Por eso entiendo que, siendo tan despreciados, los niños y jóvenes ni siquiera ofrezcan a sus mayores el asiento en la movilización colectiva y el Metro.

Tal vez lo que ahora venga, es que se nos prohíba usar esos medios porque es riesgoso para los «abuelitos», como nos nombran los locutores de la televisión.

Hay mañanas en que dan ganas de hacer un estallido de adultos mayores.