EL AÑO COMIENZA EN MARZO

Desde el punto de vista astrológico, cada año comienza
el 21 de marzo, que es el primer día de otoño en nues-
tro hemisferio sur. Desde las costumbres chilenas, el
año comienza con marzo. Cuando hablamos en enero de los pla-
nes anuales, nos decimos: “en marzo conversamos”. Por si fuera
poco, la Constitución de Pinochet estableció que el 11 de marzo
asume el nuevo gobierno, como una manera de conmemorar el
día en que los otros miembros de la Junta de Gobierno renuncia-
ron a la prometida “presidencia rotativa” dándole a Augusto José
Ramón Pinochet el título de Jefe de Estado con el que ejercería
la Presidencia de la República. Hasta hace unos años existía el
“feriado judicial” de febrero, que cada vez fue menos tal, pro-
ducto no sólo del intenso trabajo de los tribunales del crimen,
sino del hecho que el país fue creciendo y ese feriado comenzó
a carecer de sentido y prudencia. Aunque muchas cosas han ido
cambiando, seguimos dejando las cosas “para marzo”, mes que
marca el límite del pago de las patentes de los vehículos, se ini-
cian las clases de colegios y universidades, el tiempo legislativo.
También están las celebraciones del 8 de marzo – día de la mujer
– y la conmemoración de los días 28 y 29 por los asesinatos en
tiempos de dictadura que no podemos olvidar.
Para mí en lo personal se me juntan celebraciones: el 1 de
marzo, cumple años mi pareja, al mismo tiempo que se vive la
ceremonia de “Inicio del año judicial”, este año y por primera vez
en la historia, presidido por una mujer. El 10 le toca a mi nieta
mayor, el 16 al gran escritor y amigo Walter Garib, el 21 me toca a
mí, el 24 a mi hijo mayor y el 28, casi terminando el mes, a mi úni-
co nieto hombre y a un ahijado. En febrero cumplieron años dos
ahijados y el mismo día en que cumplía mi madre, es la celebra-
ción de mi nieta menor: así termina el año y se da paso a marzo.
Para los chilenos, este año 2026, marzo nos trae un nuevo
gobierno, con un país que se divide entre los esperanzados en
que sus problemas se resolverán en los primeros 90 días (o con
mucha velocidad) y los que miramos con prudencia el desarro-
llo de los acontecimientos. El futuro ministro de las Culturas y el
Patrimonio nos ha dicho que debemos juzgarlo por sus conduc-
tas y no por sus antecedentes. Buen punto. Esperemos entonces
que así sea y podamos aplicar eso a todo el gobierno.
Yo soy de los que se sitúan siempre, en todos los gobiernos
que el pueblo elige, con una idea de respeto por la decisión

mocrática. No me gusta cuando se descalifica al pueblo porque
vota en un sentido contrario del que a cada uno prefiere. Si Kast
sacó cerca del 60% se está reflejando una intensidad de espe-
ranza que será para él una exigencia permanente. ¿Podrá, como
ha prometido, arreglar todos los problemas en cuatro años? Por
cierto que no, pero Chile entero estará atento a cada paso que dé.
Por supuesto que quienes no votamos por él miramos con
ciertas dudas su discurso, especialmente por su trayectoria po-
lítica, por las palabras, por el tono que usa para referirse a sus
rivales y por los nombramientos que ha hecho.
Pero, veamos que pasa en marzo, cuando el agobio econó-
mico se nos deje caer encima –como sucede anualmente – y
los nuevos proyectos se pongan en marcha. Por lo pronto este
período terminará con la estatua del General Baquedano en la
plaza que lleva su nombre, compartiendo espacios con Gabriela
Mistral (ni se nos ocurra pensar en una plaza de los poetas, como
he propuesto, donde quepan Neruda, Nicomedes Guzmán, De
Rokha, Nicanor y Violeta Parra, Gonzalo Rojas y tantos otros
hombres y mujeres).
Llegamos al final de un período que ha sido difícil, pero que,
más allá de errores de juicio o ejecución, se termina con índices
mejores. Es un respiro.
Miro el futuro en mediano plazo con expectativas. Creo que
más allá de las decisiones de un gobierno o del Congreso Nacio-
nal, el país se está adecuado a tener miradas diversas que nos
irán llevando, cada marzo, cada año, cada día quizás, a tener acti-
tudes de mayor respeto y tolerancia, donde la mera voluntad de
los gobernantes deberá encontrarse siempre con su límite que
es la decisión del pueblo.
Debemos pensar en los futuros “marzos”, cuando Chile vaya
fortaleciendo su columna vertebral y camine en una dirección
que, más allá de las diferencias circunstanciales y muchas veces
de tonos odiosos, nos lleve a ser una sociedad en la cual la solida-
ridad, la justicia social y la libertad real de las personas supere las
barreras de las censuras, los prejuicios, las ideologías excluyentes.
Comienza marzo. Hay mucho que hacer. Todos tenemos ta-
reas. La mía, por lo pronto, es seguir publicando mis poemas,
mis novelas y mis textos holísticos. Seguir amando, seguir ce-
lebrando la vida y queriendo incluso, a los que discrepan tanto
conmigo.

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