Kast o el regreso de la oligarquía al Gobierno. Por Jaime Hales, Abogado y escritor

El destacado sociólogo e historiador chileno Felipe Portales nos recuerda aquella frase de Eduardo Matte – político derechista y uno de los padres fundadores del “clan Matte, uno de los más influyentes de la política chilena – aparecida en el Diario El Pueblo de Valparaíso en marzo de 1892, que revela la convicción de la oligarquía criolla: “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo, lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”. 

Esta frase revela convicción y al mismo tiempo es una inspiración para las siguientes generaciones de los partidos y grupos de derecha, que tienen una “conciencia de clase” superior a cualquier otra y jamás creen equivocarse al tomar sus decisiones sobre lo que debe hacerse cuando el país, mediante las elecciones, decide rumbos distintos y puede afectar – o afecta directamente –sus intereses fundamentales y sus alianzas con los poderosos del “mundo occidental”.

Cuando José Antonio Kast ganó la elección presidencial en el balotaje, con casi un 60% de los votos, hubo quienes creyeron que ese porcentaje apoyaba el programa del candidato de la ultraderecha. No captaron que lo que estaba sucediendo era el rechazo al gobierno de Boric y a su continuidad encabezada por una militante comunista.

El anticomunismo de muchos sectores, el rechazo a un gobierno que cometió errores importantes, el temor generado por la propaganda cuando se hablaba de la inseguridad, de la emergencia, de los fracasos gubernamentales, de la crisis total que tenía a un “país en el suelo”, fueron “ingredientes” que arrastraron a muchos votantes. Agrego que la candidata de la izquierda fue muy débil en su desempeño y carecía de la claridad conceptual que se requiere para ser presidente de Chile.

Los porcentajes

Recordemos que Kast obtuvo en la primera vuelta electoral sólo un 24% de los votos, quedando segundo tras Jara que obtuvo un 27%.

Para alcanzar el porcentaje final del candidato ganador, hay que considerar dos cosas:

1) Que los votos no considerados válidos superaron el millón, por lo cual la cifra real obtenida por Kast es del 54% de los votantes; hago esta salvedad, puesto que hubo gente que llamó a anular el voto o votar en blanco, simplemente porque ninguna de las opciones les satisfacía suficientemente.

2) Que los 30 puntos reales más que obtuvo Kast en el balotaje provinieron de los que votaron por los otros candidatos y que elegían “el mal menor”, es decir, un candidato cuyo programa no compartían, pero que lo votaban para evitar que la candidata Jeannette Jara pudiera triunfar.

Esto es importante de considerar, pues cuando algunos dicen que el 58% (54% real) eligió el programa que Kast proponía, se sustentan en una afirmación no verdadera. Por eso, no sorprende la baja en las encuestas, que lo ubica en un alto porcentaje de rechazo y una aprobación que, según la encuesta, está entre el 33 y 43 %. Altos y bajos que nos muestran un país bastante más polarizado de lo que se nos ha querido contar en el relato triunfalista de Kast. Técnicamente estaríamos frente a una diferencia mucho menor entre los que votaron por él y los que no votaron por él.

Supongamos que mantiene esos porcentajes de aprobación en los tiempos venideros: estará en el rango tradicional de la derecha en Chile, que, fuera de las estrechas victorias de Piñera (logradas sobre una alta abstención), ha seguido regularmente la tendencia que marcó Pinochet en 1988. Sin ir más allá, la suma de Bücchi y Errázuriz en 1989 daba casi exactamente el mismo resultado. 

Y eso es Kast: un representante de una derecha que se expresó fervientemente con el candidato oficialista en 1989 y que recibe apoyos circunstanciales de otros derechistas. Nombra entre sus ministros a dos destacadísimos pinochetistas, aún más que el propio Presidente. Entonces, sin sorprenderse, hay que asumir estas encuestas como un reflejo de la realidad de un país polarizado que tiene un sector intermedio que se va inclinando por uno y otro, básicamente por su decepción profunda de lo que ha sucedido en la política chilena. 

El proyecto político

Chile tiene una democracia a medias, fundada en una norma constitucional impuesta por la dictadura, junto a un proyecto económico y cultural que ha ido llevando al país por un camino impensado para una democracia de verdad. Es un texto inmovilizador que deja pocos espacios – pese a sus reformas – para avanzar en acciones de profundización de la   participación de los ciudadanos. 

Al producirse el golpe de Estado una de las primeras medidas que tomó el equipo gobernante fue nombrar una comisión para el “estudio de una nueva Constitución Política”, convocando a ella a varios destacados académicos y a políticos. Los había partidarios del nuevo régimen y también algunos que veían esta intervención militar como una interrupción de la institucionalidad para proceder luego a nuevas elecciones. 

Algo parecido a lo que Patricio Aylwin y la directiva de la DC que él encabezaba denominaron “independencia crítica y activa”, frase que nunca se entendió y ni siquiera se intentó explicar. En el fondo era una cierta tolerancia con la naciente dictadura, en la esperanza ingenua de que todo pronto volvería al cauce democrático. En esa línea, Aylwin autorizó a militantes a tomar cargos en el gobierno de facto, entre ellos un Ministro de Estado y algunos otros funcionarios de niveles importantes. Algunos de ellos, al saber de la violaciones de los derechos humanos, renunciaron a sus cargos y otros, sin importarle ello, siguieron sirviendo a la dictadura, sin perjuicio de que algunos pocos dejaron la militancia.

La ingenuidad era total: una intervención militar que sólo quiere poner fin a un gobierno para luego llamar a elecciones toma otro tipo de medidas y en ningún caso se plantea hacer una nueva institucionalidad política, pues para eso se requiere tiempo y una idea detrás. Además hay que recordar que cuando los integrantes de la Junta de Gobierno anunciaron que la presidiría Pinochet, comunicaron que habría rotación para esa función. Esa sola frase ya bastaba para saber que no había intenciones de irse sin cumplir con el plan que tenían los inspiradores y los gestores del golpe de Estado. Lo que nació no fue un “gobierno militar”, sino un proyecto político, social y económico destinado a reponer a los sectores más derechistas en el poder institucional. Por eso algunos hablan de la “dictadura cívico-militar”. 

El lenguaje tiende a mantenerse

Al asumir las autoridades después del golpe, se notó rápidamente que había dos orientaciones distintas, encabezadas por los lideres que en 1970 fundaron Patria y Libertad: Jaime Guzmán Errázuriz y Pablo Rodríguez Grez. 

El primero, formado al alero de Osvaldo Lira, sacerdote seguidor de Franco y Primo de Rivera, con una mirada cercana al nazismo alemán (que apoyó fervientemente a Franco en la guerra civil) y al fascismo italiano. Hombre de derecha, católico, líder de generaciones de estudiantes de la Universidad Católica ligados a la Derecha y que dieron finalmente nacimiento a la UDI como un movimiento político, que combina el pensamiento más conservador en ciertos temas (Familia, matrimonio, aborto, homosexualidad, control de natalidad) con el neoliberalismo económico, inspirado en Friedrich Hayek y Milton Friedman, que en su esencia difiere del catolicismo en cuanto releva el materialismo y considera a la persona más como un consumidor que una persona integral.

Rodríguez, por su parte, fue un nacionalista típico, militarista, partidario del férreo control del Estado, mucho más cercano al nacional socialismo alemán. Promovía la formación de jóvenes bajo una severa disciplina, sin más límites éticos que el logro de los objetivos. Cuando estaba por asumir Allende, militantes de Patria y Libertad (el nombre del movimiento es muy decidor) realizaron actos terroristas en bienes públicos y participaron activamente en la acción que culminó con el asesinato del General René Schneider, comandante en jefe del Ejército. 

El Partido Nacional – una combinación de nacionalistas, conservadores, liberales, representantes de sectores empresariales – fue disuelto al iniciarse la dictadura como todos los partidos políticos y sus militantes se convirtieron en entusiastas partidarios del gobierno. En la justificación del golpe, donde se juntaban el hibrido Partido Nacional, Patria y Libertad y el Movimiento Gremial de los estudiantes de la Universidad Católica, usaban las expresiones que la derecha política y sus sustentos económicos, han hecho suyas desde los albores de la República. 

El lenguaje de la derecha, con el objetivo de instalar gobiernos de tipo autoritario que beneficien los intereses del segmento más rico del país, es siempre considerar que los demás, a la larga o a la corta, conducen al desorden, la inseguridad, la crisis, poniendo a “la Patria en peligro”. La crisis y la falta de crecimiento económico; la inseguridad por los delitos que afectan a las personas (no incluyen los delitos económicos); el desorden del país por la agitación de grupos, sindicatos, movimientos sociales; las erradas medidas que toman los gobiernos, a quienes califican de fracasados, ocasionando perjuicios para el país; el deterioro de los valores tradicionales de la nación; la afectación de los símbolos patrios; el descuido con “nuestros carabineros “ y “nuestras fuerzas armadas”, a quienes se ataca con virulencia dejando en evidencia la falta de patriotismo; son los principales argumentos a los que acostumbra la derecha en sus discursos. 

Una mirada histórica 

En Chile, desde el fin de los primeros esfuerzos de institucionalización por la acción armada de los conservadores, encabezada por Prieto y Portales para instalar una Constitución que garantizara el poder a la minorías, con el respaldo de las armas y del poder económico, todo eso estaba apoyado por una enorme represión política a los discrepantes. 

La combinación de poder económico, poder político, militarismo, nacionalismo, se respalda en una cuestión poderosa: la convicción de esos poderosos de ser dueños de la verdad y los únicos capaces de manejar los asuntos del país. 

Esa combinación – a la que se añade el modelo estadounidense y el neoliberalismo con sus valores – ha hecho de Chile un país extremadamente nacionalista (“patriotero” se puede decir peyorativamente) con un culto particular por las instituciones armadas y las figuras militares, legalista, materialista, autoritario y en el cual más de una vez en su historia se han privilegiado los aspectos formales del orden por sobre la libertad de las personas. Se ha privilegiado el individualismo por sobre los aspectos sociales, comunitarios e incluso personales (entendiendo a la “persona” en el sentido de Mounier o Rogers, que la definen como un ser integrado en el mundo y que su desarrollo integral se da en la relación consciente con los otros). 

Para ellos, tener visiones críticas sobre las guerras que Chile ha sostenido, criticar a los militares y no estar de acuerdo con la profusión de monumentos a tanto general, es ser antipatriota.

La guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, a partir de 1836, fue una maniobra política de Portales para consolidar el poder conservador en torno a la figura presidencial, oscurecida por el propio Ministro, inventando un riesgo para Chile en la unión de Perú y Bolivia encabezada por Santa Cruz. En realidad lo que temía Portales era que Ramón Freire y Bernardo O’Higgins, exiliados en Perú, pudieran realizar maniobras para derrocar el gobierno de Prieto. 

Desde entonces Chile fue gobernado por un sector de la sociedad que se autodefinió como “aristocracia”, cuando en verdad lo que hizo fue constituir una oligarquía que manejó la sociedad por más de 100 años casi sin contrapesos. Las familias poderosas al momento de la independencia lograron asegurar el poder en sus manos casi sin contrapeso efectivo posible, permitiendo que transcurrieran 40 años en los que si bien hubo grandes avances en materia de infraestructura y consolidación de un cierto grado de desarrollo económico, eso no revirtió sobre la sociedad toda, sino que generó una “clase alta” que no quería soltar el poder. 

La guerra de 1979 se originó en la decisión de proteger a los empresarios chilenos que estaban en territorios bolivianos y con ese argumento se invadió Antofagasta y Chile terminó apoderándose de los vastos territorios que constituyen lo que hoy se llama “el norte grande”, tierras de mineros: salitre, cobre y litio (hoy). Sin embargo no se puede desconocer que esos intereses “de clase” estaban estrechamente vinculados a los de las empresas inglesas y estadounidenses en la minería. 

Sin dudar en aplicar la represión

La oligarquía gobernó con mano dura. El grupo dominante se repartía los gobiernos, los cargos públicos y los beneficios económicos entre parientes cercanos. La aparición de discursos más proclives a la integración social de los sectores postergados y la posibilidad de conseguir avances en materias de políticas económicas que beneficiaran a las mayorías, fue reprimida con violencia, alzamientos miliares y culminó con una guerra civil. 

Después de esta guerra, que terminó con el derrocamiento del Presidente Balmaceda, la combinación de acumulación de riqueza en pocas manos y el empobrecimiento de los sectores populares, marcó más de 30 años de la vida nacional, en un período opaco, donde la mediocridad de los gobernantes quedó de manifiesto en la despreocupación de todo lo que no fuera la protección de los intereses de los suyos.

Aunque en 1920 triunfa Arturo Alessandri con un discurso más social que oligárquico, a poco andar comienza a aplicar las mismas medidas de otros gobiernos, dejando en evidencia, tal como lo hará en su segundo mandato presidencial, que para él las elecciones se ganan con el discurso y los votos de izquierda, pero se gobierna con la derecha. No hubo, en ninguno de sus dos gobiernos, ninguna manifestación de políticas sociales reales y, por otro lado, la represión militar sobre los sindicatos y los sectores postergados (campesinos, obreros industriales y trabajadores de la construcción) fue feroz.

Atrincherada la oligarquía, con su brazo político que va uniendo a conservadores y liberales en una tendencia que se irá consolidando de a poco, recibe con beneplácito la cercanía con los Estados Unidos, país que ya había iniciado una ofensiva en el continente para establecer sin vacilaciones su predominio. Los triunfos radicales, el primero de los cuales tenía un discurso izquierdista (el Frente Popular), cae en el mismo juego y tanto Aguirre, como Ríos y González terminan en un cuadro político similar a todo lo anterior, con una circunstancia más grave: cediendo a las presiones de Estados Unidos, se apoya a ese país en la guerra, se cede en condiciones económicas lesivas para el país pero beneficiosa para las clases dominantes y, finalmente, se aprueba una ley para declarar ilegal el Partido Comunista y perseguir y encarcelar a sus militantes. 

Cuando gobernó Ibáñez en su primer período aplicó una política que habría contentado a Pablo Rodríguez: un gobierno nacionalista con ciertos toques sociales, fortaleciendo el poder del Estado, creando la policía uniformada como si fuese un ejército. Se enfrenta a la derecha conservadora, obliga a abandonar el país a sus cuadros directivos más destacados y termina con la agitación social provocada por esa oligarquía resentida que lo lleva a renunciar a su cargo e irse al extranjero. 

La derecha prepara el regreso

Ibáñez volverá al poder derrotando ampliamente a la derecha, unidos esta vez conservadores y liberales que siguen a su candidato Arturo Matte. Apoyado por socialistas, por agrario laboristas y otros partidos pequeños, todos los que proponían políticas de cierta avanzada social, no pueden gobernar tranquilamente por la férrea y obstaculizadora oposición de la derecha, que regresará en 1954 a hacerse cargo de la política económica y social de un gobierno que había perdido su norte. En Hacienda Jorge Prat Echaurren, nacionalista de derecha y junto a él llega de Estados Unidos la misión Klein Saks, cuyo objetivo es “estabilizar la economía chilena”. El plan será el de siempre: reducir el déficit fiscal, limitar el crédito bancario, eliminar reajustes automáticos de sueldos y liberalizar el comercio. Ibáñez, con su corazón hacia la izquierda, se rinde ante la oligarquía. 

Queriendo ser menos autoritario que en el primer período, culmina con un gobierno debilitado que será seguido por el triunfo derechista (con poco más de un tercio de los votos). 

Jorge Alessandri (1958-1964) asume en medio de peleas al interior de la derecha por los cargos. Liberales y conservadores generan tal presión que durante 3 años los intendentes y gobernadores tienen todos el carácter de interinos. El “gobierno de los gerentes” como se le llamó abre espacios al empresariado y a los políticos de la derecha que asumen abiertamente y desde el primer momento las políticas oligárquicas sin sutilezas ni retocados. 

La decadencia y el nuevo plan 

La mayor decadencia de la derecha se produce cuando, ante el eventual triunfo de la izquierda, se sienten obligados a apoyar a Eduardo Frei Montalva. Igual intentan penetrar en el PDC para reorientarlo, cosa que no consiguen, pero si influyen mucho en la campaña por la directa y evidente intervención de Estados Unidos con dinero y con el diseño de una campaña anticomunista muy potente. 

Esa caída electoral, posterior al triunfo de Eduardo Frei, había sido anticipada por ciertos dirigentes de la derecha, entre los que destacaba un hombre visionario y muy organizado: Julio Chaná Cariola. Ellos se dan cuenta que con el triunfo de la Democracia Cristiana y su proyecto de Revolución en Libertad, podrían abrirse las puertas para la izquierda. Para intentar evitar eso, hay dos opciones. La primera será levantar de nuevo a Jorge Alessandri, diciendo “que los países cuando decaen llaman a sus grandes viejos”. La segunda es prepararse para evitar que la izquierda gane y si gana derrocarla. Para ambos casos empiezan a formar sus equipos enviando a profesionales, especialmente de la economía, a estudiar a Chicago. 

Derrotada la opción uno, se comienza a ejecutar la dos. Lo primero fue tratar de impedir que asumiera Allende. Se presiona a la Democracia Cristiana para que no vote por Allende en el Congreso Pleno que debe dirimir entre las dos primeras mayorías. En forma paralela se prepara y ejecuta un intento de secuestro del Comandante en Jefe del Ejército que termina en homicidio. Fracasados estos intentos comienzan a preparar las condiciones para una intervención militar, para ser ejecutada después haber hecho algunos “ensayos generales (1969, 1970 y junio de 1973). 

La derecha no perdona a Frei la reforma agraria. Y en el caso de Allende ninguna de sus políticas económicas y sociales, por supuesto entre ésas las intervenciones de industrias, de empresas comerciales, las políticas de precios y la profundización de la reforma agraria. 

La derecha política se ha reorganizado en el Partido Nacional, reuniendo a los tres más importantes de su sector: Acción Nacional, Conservador y Liberal. Este nuevo partido es dirigido desde el primer momento por un equipo de dirigentes nacionalistas, provenientes de los sectores más extremos del espectro político e incluso cercanos a grupos que proponían la instalación de gobiernos autoritarios para llevar a cabo planes de “recuperación de los valores de chilenidad”. 

El Golpe de Estado

Producido el golpe de Estado se aplica el plan en toda su extensión: devolver el poder al empresariado, anular reformas sociales, terminar con la reforma agraria, privatizar cuanto se pueda. Todo ello en el marco de una represión criminal como nunca se había visto en Chile. 

Como decía al inicio de este texto, se aplican todas las propagandas típicas del discurso derechista,se justifica el golpe y se instala una dictadura que tiende a dar al país una nueva organización política, social y ecnómica, imponiendo los valores propios de nacionalismo y del neoliberalismo.

La dictadura dura casi 17 años, culminando con la entrega del poder a un civil elegido por el pueblo, pero que queda atado a una Constitución que no podrá cambiar sin el concurso de los votos de la derecha en el Congreso. Y esos votos de la derecha son muchos, por la trampa del sistema binominal, que permitía elegir un diputado con un tercio de los votos más uno, mientras quien obtiene un voto menos que los dos tercios también elige un diputado. Además de eso Pinochet permanece en la comandancia en Jefe del Ejército y no cesa de hacer gestos de amenaza. Es lo que dijo Jaime Guzmán cuando se preparaban los textos constitucionales y legales en aquella época (y eso está en las actas de la comisión): debemos hacer un sistema para que aunque ellos ganen, nosotros controlemos las cosas. 

El proyecto de retorno 

Y así fue, aunque poco a poco la derecha fue cediendo espacios al darse cuenta de que no podían repuntar, preparando una ofensiva mayor a partir del discurso ya repetido de que los gobiernos que no manejan ellos hacen las cosas mal, generan inseguridad, deterioro económico, crisis. Lo de siempre: todo lo que sucede es culpa del gobierno del cual son oposición, partiendo por la delincuencia y hasta el descontento social. 

Fue así que ganó Piñera, pero su primer gobierno no satisfizo las aspiraciones derechistas. Después del segundo gobierno de Bachelet, que no fue ni la sombra del primero, regresó Piñera, pero esta vez tuvo una franca oposición de Kast y sus partidarios. La derecha quebrada dejó a Piñera en un desmedro que lo llevó en algunos momentos a tener un apoyo cercano al 5% en las encuestas. 

La campaña presidencial de 2021, después del llamado “estallido social” y de la pandemia, fue muy dura. El cuadro político tenía derrotados a todos los partidos tradicionales y los resultados electorales arrojaron que la derecha se fue agrupando en torno a Kast, con un discurso de añoranza del pinochetismo, mientras que en el “otro lado” aparece un candidato completamente inesperado: Gabriel Boric, que llegará segundo. Pero en el balotaje recibe los apoyos de todos los “no derechistas” y gana. 

Desde el primer día se inicia el trabajo para frenar a Boric, incluso algunos pensaron en provocar alguna situación para que no terminara su período. Finalmente prima la prudencia y todo se concentra en una gran campaña comunicacional en que todo lo que haga Boric está mal, desde cómo se viste, a quien saluda, dónde viaja, los nombramientos que hace, las decisiones políticas, sus declaraciones, sus propuestas, la conducción de la economía, la inmigración ilegal, el apoyo a los inmigrantes legales, el combate a la delincuencia. Con el apoyo de gran parte de los medios de comunicación, donde no se dice lo bueno que se pudo haber hecho, sino que sólo se recalcan los errores o lo que es calificado de “malo”, Boric no repunta en las encuestas y está cada vez más solo. Cambia su discurso, aprende la realidad. Lo dice expresamente, pero pese a ello se le culpa de todo. Culpable de la delincuencia y del crimen organizado, del tráfico de drogas, de todas las manifestaciones de violencia. 

Se instala el lenguaje del gobierno fracasado, del país destruido, de que todo está mal, que la economía está pésimo y la inseguridad es total. 

Kast se va convirtiendo poco a poco en el polarizador de la derecha, del descontento general y de la expectativa de que él podría hacer las cosas bien. Promete grandes resultados para los primeros 90 días de gobierno y les dice a los inmigrantes ilegales que el 11 de marzo se les acaba la fiesta, que los empleados públicos (parásitos los llamó su jefe comunicacional y principal asesor) tienen sus días contados, que reducirá el gasto en 6 mil millones de dólares. Y gana.

El gobierno que se está iniciando 

Van cuarenta días de gobierno cuando escribo estas líneas. Convencido de tener tras de sí a la mayoría del país, empieza de inmediato a tomar decisiones, creyendo que basta su voluntad para que las cosas resulten. Pero no es así y deberá, sin duda, hacer un giro. 

¿Hacia dónde? 

Kast es pinochetista, estuvo con la dictadura, votó por la continuidad del dictador. Es partidario de las posturas más extremas de la derecha, convencido de que ellos, si bien no son parte de la autodenominada “aristocracia tradicional”, sino de inmigrantes recién llegados después de la derrota de Alemania en la guerra, participan de la oligarquía porque han sido capaces de hacer una gran fortuna.

Es parte de los que decía Matte cuando proclama: “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo, lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa no como opinión ni como prestigio”.

Porque puedo, dicen los gobernantes 

Se sienten con todo el poder, con la riqueza personal, con el respaldo electoral suficiente, como para llevar adelante sus planes: neoliberalismo, reducción del Estado, freno a ciertas políticas sociales, disminuir los recursos destinados a la protección del medio ambiente y al desarrollo de la cultura y el arte. Paraliza las obras del GAM al mismo tiempo que desecha los mecanismos para paliar el alza del precio del petróleo. Anuncia que el país está quebrado y hay que ser austero, mientras se sube a 9 millones el sueldo de sus asesores, que desde luego son más que en épocas anteriores. No tiene problemas en despedir a personas contratadas por la Alta Dirección Pública, aunque tenga que pagarles enormes sumas de dinero, con tal de poner personas de su confianza. 

Se calla, se miente, se acomoda la verdad. Las medidas están todas orientadas a favorecer a los “dueños de Chile”. Si sube la bencina, esto no importa a los que tienen dinero para pagarla. Los otros usarán movilización colectiva. No se intentará rebajar las contribuciones de los adultos mayores, sino de todas la primeras viviendas, con lo cual serán beneficiados todos los propietarios de La Dehesa, Vitacura, Las Condes y La Reina, donde se reúnen los más ricos que no tendrían problemas para seguir pagando. Se bajan los presupuestos de los ministerios en un 3%, mientras se quiere reducir el impuesto a las empresas sin mediar compensaciones de ninguna naturaleza. 

Alguien ha dicho que Kast se está equivocando. No es así: ése el plan. Así como hace 50 años se inventó el magnífico negocio, para los que tenían dinero, de las AFP, no importó que eso condujera a la pobreza a sectores medios y dejara en la indefensión a la mayoría de los chilenos. Probablemente no terminará con el Auge, pero su promesa de reducir las listas de espera – de las que culpa a Boric – no se hará realidad (salvo como lo hizo Piñera incorporando a los muertos) y quedará tan disminuida como la de seguridad. 

Sus ministros faltan a la verdad y dicen en sus discursos frases que mantienen en vilo a muchos, pues parece increíble que la imprecisión, la improvisación y la ignorancia estén en tantos lugares de decisión. 

Cuando la ministra del Deporte dice que la prioridad del Ministerio es dotar de “ropa linda a los deportistas”, fuera de recordar el intento de uniformar que se aplicó durante el nazismo, pone de relieve la real preocupación de la autoridad. 

Es más importante ordenar a su gusto, uniformar, proteger a los suyos, que hacerse cargo de las grandes demandas del país. 

Si ellos pudieran ahora, limitar los derechos garantizados o reconocidos en la Constitución, probablemente lo harían. Kast, a diferencia de sus amigos en el mundo internacional, no podrá perpetuarse en el gobierno, pero su control sobre los medios de comunicación puede permitirle aplicar por la fuerza de los hechos sus políticas. 

Hora de decisiones 

Kast no se equivoca cuando toma decisionesAplica lo que él sabe hacer, lo que le interesa a la oligarquía y mantendrá las políticas sociales suficientes para que no aumente la extrema pobreza, sin importarle lo que pase con las clases medias. 

Cuando sólo interesa la macroeconomía y se olvida de las personas, entonces sólo podrá afianzarse con medidas de fuerza. La voluntad de seguir adelante. Y si no le aprueban las leyes, usará su potestad reglamentaria. Y si la Contraloría lo objeta, tal vez haga como Pinochet y nombre otro Contralor.

Porque así es la cosa. Se hace todo lo que se puede, simplemente porque puede.

¿Aprenderá como Boric a escuchar a los que piensan distinto? 

Probablemente no, porque le interesa reponer lo que hizo Pinochet, aunque por ahora, por ahora digo, no tenga el apoyo de organismos como la DINA. 

Se podrá seguir mintiendo, acomodando los relatos, pero más temprano que tarde deberá alguien ponerle freno. Por eso hay que estar claro en que esto es un plan de largo plazo para consolidar con mayor fuerza el poder oligárquico, de los que se sienten dueños de Chile, que creen que todo lo saben y que todo lo hacen bien. Si sus intereses son satisfechos, todo estará bien para ellos. 

Es la hora de tomar decisiones por parte de los que no son de ese grupo que tiene el poder casi total hoy día. No se trata de salir a la calle a crear vandalismo, se trata de organizarse para luchar por las cosas importantes. Y de ese modo, con organización, comienza a construirse una democracia verdadera, para poner fin, desde la realidad, al modelo en el que estamos viviendo. 

El pueblo de Chile merece algo más que un líder que quiere hacernos creer que por vivir en el palacio, como los reyes, es él quien puede arreglar y decidir sobre todo.

Buscando caminos distintos: ¡No más violencia!

El objetivo principal de Estados Unidos es el dominio unilateral del mundo. Para justificarlo, alienta el terrorismo cuando dice querer aplacarlo y desarrolla medidas que no le pondrán fin. Hemos visto en más de un caso los dobles juegos de los agentes estadounidenses (CIA) de los que dan cuenta numerosos documentos. Con el regreso de Trump al poder, la alianza con Israel se ha fortalecido: el camino es incendiar la región, para que el Estado de Israel se pueda expandir territorialmente y también en sus influencias económicas y políticas.

Las dictaduras

Las monarquías absolutas, aunque a veces tengan parlamentos elegidos con sistemas de democracias restringidas o acotadas a las ideologías del monarca, son, es estricto rigor, dictaduras. El Sha de Persia (Irán), Saddam Hussein en Irak, padre e hijo Assad en Siria, los militares de Egipto, los reyes de Arabia y los emires de los pequeños territorios petroleros, son todos dictadores.

Y como pasa casi siempre, a las dictaduras que caen mediante actos de revuelta, guerra civil o sublevaciones similares, les siguen nuevas dictaduras: son los casos de Rusia a la caída de los zares, de Alemania a la caída del Kaiser, de Cuba, de Nicaragua y, por supuesto de Persia (Irán).

En este último país se instaló un sistema teocrático dirigido por religiosos, lo que hace que la ideología además tenga pocas probabilidades de discusión al estar inspirada por una interpretación de la palabra divina. Si los gobernantes son, además de poderosos política, militar y económicamente, los portavoces de una divinidad, entonces el pueblo quedará sometido a una tremenda dictadura aunque pueda tener elecciones para ciertas cosas. Porque en definitiva la última palabra la tienen esos sacerdotes-líderes que se alzan por sobre toda estructura institucional.

El caso de América: intervención de Estados Unidos

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Hubo un momento en que en América tuvimos muchísimas dictaduras y los pueblos intentamos luchar pacíficamente en contra de ellas. Fueron cayendo de a una: la mayor parte de las situaciones sin que mediaran actos de violencia extrema.

En Argentina, los militares perdieron la guerra con Gran Bretaña y cayeron por su propio peso; Uruguay, Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, vivieron procesos de acceso democrático (plebiscitos, por ejemplo), pero los modelos construidos en general han constituido sistemas de democracias semi soberanas (protegidas, les dicen unos; restringidas, otros) que no han logrado dar un curso progresivo a la organización de una sociedad en la que las necesidades urgentes y las de carácter más profundo y permanente para el desarrollo de las personas, hayan comenzado a resolverse en forma armónica.

En el proceso de instalación de las dictaduras en América Latina intervino directamente Estados Unidos, tal como lo ha hecho en distintos lugares del mundo, dando respaldo a dictadores o derrocando a unos para poner a otros. Y eso es lo que ha hecho siempre.

También lo hizo a la inversa, como cuando presionó a los políticos que se oponían a las dictaduras para que aceptaran modelos de democracias a medias (caso chileno, sin ir más lejos) como una forma de mejorar sus cartas credenciales ante un mundo que se desarticulaba después de la guerra fría.

El colonialismo se proyecta

La época colonial, que comenzó a terminar con la entrega de los países invadidos por países de Europa a las elites locales en distintos continentes –salvo en el caso de Palestina donde se dividió el país para entregar al movimiento sionista la mayor parte del territorio–, no significó grandes cambios para los pueblos, que han seguido sometidos al sistema económico y social de las potencias, bajo un cierto predominio cultural extranjero.

En la medida que existen recursos naturales que explotar, las grandes potencias intervienen todo lo posible. Cuando ya no pueden hacerlo con el descaro que significa su presencia militar en suelo ajeno, lo hacen mediante la corrupción de esas elites que ellas mismas sostienen y de la intervención cultural, valórica, tecnológica y económica sin límite ni pudor alguno.

No están dispuestas a aceptar distanciamientos efectivos de los gobiernos de países que han decidido controlar (nuevamente podemos mencionar a Estados Unidos en relación con el caso de Chile y agregar Brasil).

Ya una señal de alarma fue la oposición del gobierno chileno a la invasión a Irak en Naciones Unidas, en la presidencia de Ricardo Lagos y Soledad Alvear como Canciller. Pero como igual invadió, haciendo caso omiso a la ONU, no pasó nada. Sin embargo a Estados Unidos le ha resultado difícil tolerar que este pequeño país del sur muestre actitudes contrarias a su aliado estratégico principal (Israel) en la política expansionista.

Se fortalece la alianza

Con el regreso de Trump al poder, la alianza con Israel y las otras grandes potencias se ha fortalecido. El camino es incendiar la región, para que el Estado de Israel se pueda expandir territorialmente y también en sus influencias económicas y políticas, hasta lograr el control estratégico de la región entera, desde el Mediterráneo hasta la India.

A Estados Unidos le toca presionar a América Latina para sacar todo intervencionismo que ellos consideran ajeno a la región (fue antes la Unión Soviética, ahora es China) y, si es necesario, hacer intervenciones directas como la que está en ejecución en Venezuela y se prepara sobre Cuba y Nicaragua. Israel incendia el llamado Medio Oriente. Y se mueven los peones.

¿Por qué Pakistán, una potencia nuclear que está en conflictos permanentes con la India, resuelve ahora atacar a Afganistán? Claramente es una maniobra de distracción, digitada desde Washington (¿O Langley?) para que los ataques de la alianza USA-Israel puedan actuar impunemente.

¿Terminar con el terrorismo?

El argumento es terminar con el terrorismo. ¿Todavía no entiende Estados Unidos que mientras más violencia de ese tipo aplique, más provoca resistencias que terminan en actos de terrorismo? En lugar de buscar entendimientos y alianzas que favorezcan no sólo a sus intereses sino también a los demás pueblos, sigue aplicando la estrategia del gran garrote, imponiéndose por la fuerza y la destrucción. Ya lo dije en otro artículo: el matón de barrio.

Pueden ser derrocados los gobernantes de Irán, pero no se calmarán las iras de un pueblo que tendrá otros tiranos y seguirán viendo postergadas sus aspiraciones, la satisfacción de sus necesidades, la construcción de una forma diferente de vivir sustentada en la justicia, la armonía, la solidaridad, la libertad (no sólo económica).

El terrorismo es la reacción de grupos y de personas que terminan perdiendo el miedo y el respeto por la vida propia y de los otros. Lo que buscan es golpear a quien consideran su agresor con mucha dureza, sin comprender, tampoco, que ése no es el camino para la construcción de una sociedad justa.

Es el juego de la desesperación, de la ira que se expresa luego de haber sido contenida. ¿No era terrorismo lo que hacían los franceses en su lucha contra el invasor alemán al destruir puentes, poner bombas, atacar de noche lugares donde podía haber población civil? Porque ese pueblo vivía en la desesperación.

La violencia como estrategia política

La invasión de Irán ahora, la de Cuba mañana, la de otros territorios del mundo que Estados Unidos, sus aliados sionistas y los grandes poderes económicos del mundo quieren asegurar a su servicio, no hace más que desatar iras y aumentar la impotencia de pueblos enteros que buscan mejores expectativas.

La experiencia de Vietnam parece no haberle servido de nada. La intromisión en Afganistán no fue lección suficiente.

Invasiones y corrupción son dos formas de violencia política que los grandes usan para someter a países enteros a sus deseos e intereses. Lo que importa es que sus aliados locales, en cada territorio, puedan moverse con tranquilidad e imponer sus términos en cada situación de conflicto o tensión. El espectáculo que da Perú con la continua destitución de gobernantes deja en evidencia que el país puede moverse con estos agentes económicos sometiendo a los gobernantes que, si no acatan sus disposiciones, caerán como palitroques.

El objetivo principal de Estados Unidos es el dominio unilateral del mundo. Para justificarlo, alienta el terrorismo cuando dice querer aplacarlo y desarrolla medidas que no le pondrán fin.

Hemos visto en más de un caso los dobles juegos de los agentes estadounidenses (CIA) de los que dan cuenta numerosos documentos. Desde venderle armas al enemigo, organizar la Base (Al Qaeda) en Medio Oriente, poner agentes que hacen juegos dobles, organizar formas de violencia para justificar medidas represivas, hasta legislar de modo que baste la sospecha para detener sin juicio e indefinidamente a personas en cárceles secretas (tipo Guantánamo) en distintas ciudades del mundo.

Un camino diferente

Observo sin embargo algunos aspectos que me parecen interesantes. Mientras la mayoría de los gobiernos de las potencias europeas bailan al son de la música de Trump, en los distintos grupos sociales empiezan manifestaciones cada vez más grandes en contra de toda esta ola de violencia.

Actores –famosos y no tanto–, artistas, intelectuales –incluso israelitas–, jóvenes organizados o no, van levantando voces en favor de los derechos del pueblo palestino, del término de los bloqueos económicos, en contra de la corrupción y formas de violencia directa o encubierta.

En distintas latitudes se alzan voces para decir que no queremos más guerra ni ninguna forma de violencia. La lucha contra el terrorismo y la delincuencia se hace creando redes sociales de personas en las que se pueda confiar, de gente solidaria, responsable, libre, que no tiene miedo y valora la vida. O que tiene miedo, pero como valora la vida, es capaz de superarlo y actuar.

No más guerras, no más dictaduras, no más terrorismo, no más violencia.

¿Puede ser una mirada ingenua? Puede ser. Pero es sobre todo un compromiso personal que me mueve, como me movió durante la dictadura chilena, a creer que es posible poner frenos a la violencia desde la “no violencia activa”.

EL AÑO COMIENZA EN MARZO

Desde el punto de vista astrológico, cada año comienza
el 21 de marzo, que es el primer día de otoño en nues-
tro hemisferio sur. Desde las costumbres chilenas, el
año comienza con marzo. Cuando hablamos en enero de los pla-
nes anuales, nos decimos: “en marzo conversamos”. Por si fuera
poco, la Constitución de Pinochet estableció que el 11 de marzo
asume el nuevo gobierno, como una manera de conmemorar el
día en que los otros miembros de la Junta de Gobierno renuncia-
ron a la prometida “presidencia rotativa” dándole a Augusto José
Ramón Pinochet el título de Jefe de Estado con el que ejercería
la Presidencia de la República. Hasta hace unos años existía el
“feriado judicial” de febrero, que cada vez fue menos tal, pro-
ducto no sólo del intenso trabajo de los tribunales del crimen,
sino del hecho que el país fue creciendo y ese feriado comenzó
a carecer de sentido y prudencia. Aunque muchas cosas han ido
cambiando, seguimos dejando las cosas “para marzo”, mes que
marca el límite del pago de las patentes de los vehículos, se ini-
cian las clases de colegios y universidades, el tiempo legislativo.
También están las celebraciones del 8 de marzo – día de la mujer
– y la conmemoración de los días 28 y 29 por los asesinatos en
tiempos de dictadura que no podemos olvidar.
Para mí en lo personal se me juntan celebraciones: el 1 de
marzo, cumple años mi pareja, al mismo tiempo que se vive la
ceremonia de “Inicio del año judicial”, este año y por primera vez
en la historia, presidido por una mujer. El 10 le toca a mi nieta
mayor, el 16 al gran escritor y amigo Walter Garib, el 21 me toca a
mí, el 24 a mi hijo mayor y el 28, casi terminando el mes, a mi úni-
co nieto hombre y a un ahijado. En febrero cumplieron años dos
ahijados y el mismo día en que cumplía mi madre, es la celebra-
ción de mi nieta menor: así termina el año y se da paso a marzo.
Para los chilenos, este año 2026, marzo nos trae un nuevo
gobierno, con un país que se divide entre los esperanzados en
que sus problemas se resolverán en los primeros 90 días (o con
mucha velocidad) y los que miramos con prudencia el desarro-
llo de los acontecimientos. El futuro ministro de las Culturas y el
Patrimonio nos ha dicho que debemos juzgarlo por sus conduc-
tas y no por sus antecedentes. Buen punto. Esperemos entonces
que así sea y podamos aplicar eso a todo el gobierno.
Yo soy de los que se sitúan siempre, en todos los gobiernos
que el pueblo elige, con una idea de respeto por la decisión

mocrática. No me gusta cuando se descalifica al pueblo porque
vota en un sentido contrario del que a cada uno prefiere. Si Kast
sacó cerca del 60% se está reflejando una intensidad de espe-
ranza que será para él una exigencia permanente. ¿Podrá, como
ha prometido, arreglar todos los problemas en cuatro años? Por
cierto que no, pero Chile entero estará atento a cada paso que dé.
Por supuesto que quienes no votamos por él miramos con
ciertas dudas su discurso, especialmente por su trayectoria po-
lítica, por las palabras, por el tono que usa para referirse a sus
rivales y por los nombramientos que ha hecho.
Pero, veamos que pasa en marzo, cuando el agobio econó-
mico se nos deje caer encima –como sucede anualmente – y
los nuevos proyectos se pongan en marcha. Por lo pronto este
período terminará con la estatua del General Baquedano en la
plaza que lleva su nombre, compartiendo espacios con Gabriela
Mistral (ni se nos ocurra pensar en una plaza de los poetas, como
he propuesto, donde quepan Neruda, Nicomedes Guzmán, De
Rokha, Nicanor y Violeta Parra, Gonzalo Rojas y tantos otros
hombres y mujeres).
Llegamos al final de un período que ha sido difícil, pero que,
más allá de errores de juicio o ejecución, se termina con índices
mejores. Es un respiro.
Miro el futuro en mediano plazo con expectativas. Creo que
más allá de las decisiones de un gobierno o del Congreso Nacio-
nal, el país se está adecuado a tener miradas diversas que nos
irán llevando, cada marzo, cada año, cada día quizás, a tener acti-
tudes de mayor respeto y tolerancia, donde la mera voluntad de
los gobernantes deberá encontrarse siempre con su límite que
es la decisión del pueblo.
Debemos pensar en los futuros “marzos”, cuando Chile vaya
fortaleciendo su columna vertebral y camine en una dirección
que, más allá de las diferencias circunstanciales y muchas veces
de tonos odiosos, nos lleve a ser una sociedad en la cual la solida-
ridad, la justicia social y la libertad real de las personas supere las
barreras de las censuras, los prejuicios, las ideologías excluyentes.
Comienza marzo. Hay mucho que hacer. Todos tenemos ta-
reas. La mía, por lo pronto, es seguir publicando mis poemas,
mis novelas y mis textos holísticos. Seguir amando, seguir ce-
lebrando la vida y queriendo incluso, a los que discrepan tanto
conmigo.

Presidente hasta el último día

Me pregunto si acaso los críticos duros y descalificadores del actual mandatario creen que sus críticas son correctas y está bien lo que dicen. Pareciera que les da lo mismo. Lo importante para ellos es destacar todo lo que hace o no hace Boric, con la clara intención de hacer parecer que todo está mal.

La crítica desmemoriada

Entre los nuestros hay políticos muy singulares, con una capacidad de criticar a los demás sin asumir ni las propias conductas ni la historia reciente o antigua de nuestra vida política.

Por ejemplo cuando –en aplicación de esa norma absurda del cumplimiento de metas específicas que es para todos los funcionarios públicos de la administración del Estado– al Presidente de la República se le entrega un bono o asignación que se adiciona al sueldo, como un premio por el trabajo realizado, el diario La Segunda publica un titular de primera página: “Boric llegó a 10 millones por metas cumplidas”.

Me pregunto si en los ocho años que gobernó Sebastián Piñera como Presidente de Chile algún diario de esa cadena u otra publicó como noticia de primera plana que él recibía esa asignación. Reviso y no hay nada.

Entonces digo: ¿por qué se levanta la noticia de este Presidente y no de los anteriores? No puedo sino pensar que hay algo de crítica injusta y desmedida.

La dieta presidencial

O lo mismo sucede cuando se publica de modo altisonante que una vez que el Presidente Boric deje el cargo recibirá una dieta y asignaciones (personalmente creo que los expresidentes no debieran recibir asignaciones, pero sí su dieta, para que no tengan que buscar trabajo para sobrevivir y mantengan cierta “dignidad” propia del cargo ejercido), indicando la cifra, cosa que jamás se ha hecho con sus antecesores.

Frei, Piñera, Bachelet y Lagos reciben eso que Boric recibirá. Más allá de si esté bien o no que exista ese pago, ¿Cuál es la intención de destacarlo en el caso de Boric, habiéndolo callado siempre en todos los demás? Hay un deseo de sembrar cierto grado de cizaña respecto de este señor que hoy ejerce la Presidencia.

Eso sin olvidar que Augusto Pinochet recibía esa asignación, su sueldo del Ejército y luego la jubilación con perseguidora, más todos los beneficios de sus negocios ilícitos durante los años en que fue el mandamás del país (nunca fue elegido como Presidente de la República, aunque usara ese título).

Me pregunto si los expresidentes que han sido senadores –designados o no– han tenido el cobro de la dieta más ese sueldo. También cabe preguntarse si quienes han recibido por sus trabajos ajenos a la presidencia grandes remuneraciones (internacionales) o ingresos han tenido la grandeza de devolver los dineros de la dieta y las asignaciones para beneficio fiscal, es decir, de todos los chilenos.

Crítica destemplada: el abogado de Boric

La crítica a Boric es destemplada, descalificatoria, al que se le ha querido hasta negar el derecho a defenderse cuando algunos se han querellado en su contra. Gran escándalo porque se contrató un abogado aparentemente con fondos públicos para defender al Presidente.

Recuerdo con precisión cuando un subsecretario del Interior encargó a los abogados de su dependencia que defendieran a su esposa en una demanda que presentó mi madre en su contra. Y aunque los medios lo supieron no fueron capaces de publicar una línea.

O cuando –volvamos a nombrarlo– a Pinochet lo defendieron abogados del Ejército o los ministros de su gobierno eran defendidos por abogados de sus dependencias. ¿Cómo se explicarán los honorarios recibidos por Hermosilla y el exfiscal Peña (no confundir con el Rector) que estaban en la defensa de Piñera y Chadwick por acciones judiciales presentadas en su contra?

Sigue trabajando hasta el último día

Y ahora la crítica es porque el presidente en ejercicio sigue trabajando.

Boric ejercerá la Presidencia de la República hasta el 11 de marzo a mediodía. Pregunto: ¿Debiera abstenerse de trabajar? ¿Debiera dejar de presentar proyectos de ley? ¿Debiera incumplir sus obligaciones con nombramientos pendientes? ¿Debiera dejar de firmar decretos e instrucciones presidenciales? ¿Debiera callar cuando potencias extranjeras toman medidas que afectan la soberanía nacional?

Se le critica con una dureza implacable cada vez que en su gobierno se nombra a un funcionario. “Es un amarre”, dicen, olvidando que es su obligación hacerlo.

Pienso en un momento qué hubiera sucedido si el actual presidente, hubiese dicho después de la elección presidencial: “No puedo seguir firmando leyes, ni proyectos, ni decretos ni tomar decisiones sobre ninguna materia, sino que deberé dejarle eso al futuro gobierno”. Las críticas hubiesen llovido, sosteniendo que como no trabaja no puede recibir sueldo o pidiéndole que, como ha sucedido con presidentes en otros países, renuncie para que el otro asuma de inmediato.

Se debe trabajar hasta el último día, tal como el presidente ya elegido, deberá trabajar desde que asuma.

Cuando al empresario que Kast ha dicho que designará como Ministro en Relaciones Exteriores se le pregunta por la actitud de Estados Unidos en cuanto a presionar al gobierno chileno para que no apruebe un proyecto con empresas chinas, él responde que él no puede pronunciarse porque no ha asumido. Y si los críticos quieren que el actual gobierno tampoco se pronuncie, ¿quiere decir que Chile no debería tener gobierno en estos meses?

Casos anteriores

Entonces recuerdo que Bachelet mandó en sus últimos días al Congreso un proyecto de reforma constitucional y la crítica que algunos hicimos fue por su tardanza y no porque lo haya hecho. Bien que lo haya hecho, porque al menos dejó en evidencia sus ideas y propuestas para el futuro de Chile, aunque haya sido sólo un “saludo a la bandera”.

La misma presidenta Bachelet intentó el 11 de marzo, dos horas antes de dejar el cargo, firmar el decreto de cierre de Punta Peuco, lo que no pudo hacer porque el ministro encargado (ahora es ministro de Kast) no quiso firmar. ¿Estaba mal que ella trabajara hasta el último instante? ¿O estuvo mal un Ministro que se negó a cumplir con la orden presidencial?

Los abogados integrantes de las Cortes de Apelaciones para todo el año 2022 fueron designados por Piñera en el verano, faltando menos de dos meses para terminar el mandato. ¿O no debía nombrarlos? ¿Lo hizo mal Piñera al cumplir con sus obligaciones legales y constitucionales?

Y no puedo dejar de mencionar (aunque me van a criticar por eso) nuevamente a Pinochet, que promulgó y ordenó la publicación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, conocida como LOCE, el 10 de marzo de 1990; una disposición que, de haber existido Congreso Nacional (que ya estaba elegido y aún no entraba en funciones), habría requerido de quórum especiales. Pero quienes votaban para aprobar la ley eran los Comandantes en Jefe de la Marina, de la Aviación, el Director de Carabineros y un representante del Comandante en Jefe del Ejército, es decir, de Pinochet.

Hay que trabajar hasta el último día.

Si se debe resolver un concurso, designar un jefe de servicio, nombrar a los abogados integrantes, firmar tratados, defender la soberanía nacional, disponer ayudas de emergencia ante desastres naturales, dar cumplimiento a las disposiciones judiciales, eso hay que hacerlo mientras se ejerce el gobierno y se debe responder por la administración del Estado. No hacerlo sería “notable abandono de sus deberes”.

Parece que todo está mal

Mi pregunta es si acaso esos críticos duros y descalificadores se han preguntado alguna vez si está bien lo que dicen. Porque pareciera que les da lo mismo. Lo importantes para ellos es destacar todo lo que hace o no hace Boric, con la clara intención de hacer parecer que todo está mal.

Otro ejemplo: cuando en algunos temas Boric conversó con el presidente electo, hubo quienes lo criticaron porque no era capaz de resolver solo. Incluso Kast declaró públicamente que él no tenía por qué opinar sobre cosas que después entrarán en su concomimiento, pero que ahora le corresponde al presidente en ejercicio. Si pregunta, crítica; si no pregunta, crítica. ¿Cuál es la salida?

¿Y si los críticos miran a los suyos gobernando, dirán lo mismo? ¿Qué opinan de la ley de último día de gobierno?

Es agotador para quienes nos interesamos en los asuntos públicos, observar la disposición de “mala fe” de algunos, que no trepidan en destacar hechos haciéndolos ver como si fueran negativos, errores o malas conductas, cuando en realidad no es más que hacer lo que se debe mientras se ejercen las funciones para las que se fue elegido.

Una vez más deberé decir: tal vez esto tenga que ver con la ética política en su sentido más profundo. O tal vez, esos críticos no sepan lo que ha sucedido en Chile antes de hoy o su memoria esté tan deteriorada que no puedan recordarlo.

El mundo en que vivimos: y en el que podemos vivir

Estamos en la época de tránsito entre dos eras. Una de ellas, la que muere, se sostiene aún por la desesperación de los que detentan los principales poderes ante el riesgo de perder su posición. La que nace, va superando lentamente los obstáculos que la resistencia le impone.

Tiempo de tránsito

El mundo de hoy se ve difícil. Pasan tantas cosas terribles que algunas personas piensan que lo mejor sería que el mundo se acabara de una vez o les dan simplemente ganas de morir. Sin embargo, en estos días de verano en los que miro el mar, pienso que todo aquello no es tan terrible, porque justamente hay personas que tienen, cualquiera sea su situación, momentos de alegría y acercamiento a una mirada más positiva.

Estamos en la época de tránsito entre dos eras. Una de ellas, la que muere, se sostiene aún por la desesperación de los que detentan los principales poderes ante el riesgo de perder su posición. En todos los sectores del planeta, donde se han consolidado poderes sustentados en la fuerza, en el cultivo del poder de las minorías, la riqueza en pocas manos, la violencia ejercida a destajo, están esos pequeños grupos dispuestos a todo con tal de evitar perder sus posiciones. La Era que nace, va superando lentamente los obstáculos que la resistencia le impone.

Señales auspiciosas

Ciertos países han conseguido ciertos avances en su organización social que hacen pensar que es posible atenuar el grado de violencia, orientar las acciones sociales de otras maneras, mirar a los seres humanos como un conjunto y no solamente como naciones que se enfrentan unas a otras.

La Unión Europea, con todos sus problemas y defectos, ha logrado ciertos avances que no podemos dejar de mirar con cierta valoración y una dosis de esperanza.

Mientras se desarmaba el imperio soviético y los países sometidos por décadas a dictaduras terribles, en el espacio europeo de costumbres democráticas se gestaba una unidad que, aunque sustentada, es cierto, en el régimen capitalista y gran parte de sus valores, ha logrado algunas realizaciones de relevancia.

Después de casi dos siglos en los que Francia mantuvo guerras con el mundo germano (primero los imperios y reinos y luego la Alemania en proceso de unificación, para coronar más tarde con las dos guerras europeas de 1914 y de 1939), hoy observamos espacios de entendimiento entre esas dos potencias. Y en torno a ellas, todos los pequeños países europeos fueron gestando una forma de vinculación democrática y una unificación económica que ha sido beneficiosa.

En Alemania existen normas y pautas de “control de la riqueza” que se basa en una férrea organización social, sindicatos fuertes y obligatorios, impuestos altos, bienestar social y otras acciones que nos revelan que aún en el desenfreno capitalista, es posible pensar en normas que apunten a la justicia (en la mayoría de las empresas nadie puede tener remuneraciones que superen en más de diez veces el menor sueldo de la organización).

El tema de la inmigración

Es verdad que en Europa se ha conseguido un desarrollo cívico importante, pero no está consolidada la paz interna en la sociedad. La inmigración ha despertado rechazo en los que creen en la superioridad de las naciones europeas por sobre otros pueblos.

Es el mismo concepto que justifica la existencia del Estado de Israel, pues un grupo, invocando religiones y creencias, se considera racialmente superior a los habitantes del mundo árabe. En ese caso, tenemos que la mayoría de los que llegaron a Israel no son semitas como quieren hacerlo creer, sino de una etnia caucásica –askenazíes– convertidos a la religión judía. Los árabes son semitas, cualquiera que sea su religión. Mal podría ser un árabe “antisemita”. El Imperio árabe de Andalucía permitía convivir a cristianos, judíos y musulmanes, siendo todos ellos considerados árabes.

Cuando los askenazíes entraron en conflicto con otros germanos por la creencia de ambos grupos de ser superiores al otro, el mundo vivió el horror del nazismo, que eliminó una importante cantidad de personas de religión judía, pero también eliminó a gente sin religión o de otras creencias, por el hecho de pertenecer a pueblos mirados en menos (polacos, rusos, bielorrusos, africanos, árabes, turcos, orientales) o de simplemente oponerse a las miradas de desprecio étnico que enarbolaban como bandera para dominar el mundo.

Con ese mismo racismo y desprecio por los habitantes locales, con el patrocinio de los ingleses y estadounidenses particularmente, el movimiento sionista logró crear el Estado de Israel en el territorio del Estado Palestino y mantener una política de exterminio y ocupación constante, pese a las advertencias de Naciones Unidas, una organización que se ha revelado incapaz de detener esos poderes.

Hoy en Europa el racismo, ya no anti askenazi sino anti razas semitas de verdad, anti grupos asiáticos como persas, afganos, pakistaníes e indios, anti africanos, está siendo alimentado desde los poderosos que no quieren perder su predominio político y económico. Por eso han triunfado en Italia y países que pertenecieron a la influencia soviética o conservan rencillas raciales ancestrales (Serbia, por ejemplo) y logran ciertos apoyos, aún no mayoritarios en otras sociedades.

El imperio en América

Lo que no ha podido hacer en Europa, Estados Unidos lo ha conseguido en América Latina. Cuando algunos países de América crecían en cultura cívica y la educación de los pueblos comenzaba a fortalecerse, Estados Unidos simplemente optó por lo fácil: dictaduras militares con el apoyo gozoso de las minorías económicas dominantes.

Los militares de este continente han recibido la formación ideológica de los militares de Estados Unidos y han sido aliados doctrinarios de los grupos dominantes. Cuando algunos países, como Perú y Bolivia, mostraron militares “izquierdistas”, no demoraron mucho en derrocarlos para, sobre la base de violencia y corrupción, imponer a otros militares.

Claro, con excepciones como Cuba y la dictadura de Ortega en Nicaragua, ambas con pocas probabilidades de sobrevivir a la presión inhumana de Estados Unidos sobre sus economías, especialmente después de lo sucedido en Venezuela.

Una nueva conciencia

Entonces la democracia en nuestros países está a la espera de tiempos mejores. Pero ya comenzamos a darnos cuenta de que van surgiendo grupos con mayor conciencia hacia el desarrollo personal, la educación, la mirada trascendente de una humanidad que está comenzando a nacer.

Para salir del pozo, dijo el sabio al muchacho que había caído en él, debes primero tocar fondo. Cuando luchábamos contra la dictadura, algunos prefirieron flotar y asegurarse cuotas de poder y simpatías por parte de los poderosos, en un pacto que permitió cautelar mejor los derechos humanos a cambio de la rendición incondicional frente al imperio para consolidar su sistema económico y cultural.

Probablemente cuando ahora ganan democráticamente los que fueron partidarios de la dictadura y aliados incondicionales de Estados Unidos, sea el momento de tocar fondo y comenzar a salir.

Las tareas pendientes

Lo primero será trabajar por reconstruir valores, fortalecer la educación cívica y la conciencia personal. Será necesario hablar y dialogar hasta el cansancio con aquellos que han caído en la trampa del consumismo, de la ansiedad de tener, en la desesperación por la riqueza; será necesario revisar las estructuras del poder en la sociedad y buscar que las personas aprendan a establecer comunidades de acción y vida en sus barrios, en las empresas en las que trabajan, en los lugares en los que estudian; será preciso reconstruir gran parte del tejido social dañado, recuperar el valor de las instituciones y terminar con el desprecio por personas y grupos de la sociedad.

¿Larga la tarea?

Larga, difícil, pero, según el proverbio chino, hasta la marcha más larga comienza con el primer paso. Y de eso se trata: de hacer el croquis de un nuevo mundo y establecer los caminos para avanzar en una nueva manera de vivir, donde la solidaridad con los que sufren no sea considerada una rendición a las izquierdas, donde la libertad no sea sólo para hacer empresas ni se considere el bienestar como una rendición a las derechas.

América Latina es un continente rico, del que se han apoderado unos pocos para expoliar nuestras tierras, montañas y mares en beneficio de potencias que hacen de la violencia y la dominación su razón de existir.

En América Latina hay una raíz poderosa de pueblos milenarios, originarios y venidos de otros continentes, que nos puede mostrar que el mundo puede ser mucho mejor de lo que se nos muestra hoy.

El agitado mundo y sus urgencias

Cuando los valores se centran en “tener más” para aparentar “ser más”, lucir las marcas en el exterior de la ropa, cuando todo es competir “contra” el otro, se agudizan las tensiones en todos los niveles y se deteriora la convivencia, porque el objetivo es estar por sobre el otro. Valores como la justicia, el respeto, el afecto, la colaboración, la verdad, la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, aparecen como cuestiones excepcionales en ciertas situaciones límites o marcados por una tendencia ideológica o una manipulación política.

Un tremendo olvido

Las ideas se amontonan, porque el mundo no cesa de entregarnos noticias, informaciones e incluso silencios que debemos comentar. En lo nuestro, tan criollo, y en el resto del mundo.

Y en ese mundo se nos olvida África, donde anidan la pobreza, las dictaduras, la violencia y muchas de las más atroces formas de corrupción.

Países con recursos naturales y grandes inversiones de potencias europeas, que mantienen focos de miseria, sectores sin mínimas atenciones de salud (peor que las listas de espera, porque no hay nada que esperar), zonas sin electricidad y con una infraestructura caminera deplorable, mientras se gastan millones en armamentos y los gobernantes viven “a cuerpo de rey”, con autos de lujo y las riquezas sobrantes.

La guerra de Sudán, las dictaduras de Egipto y otros países, la miseria del centro del continente, son noticias que no llegan a nuestros medios de comunicación. A riesgo de parecer exagerado, en la televisión hay más programas sobre los animales de África que sobre las personas de ese continente.

El mundial de fútbol que se hará en Marruecos en unos años más, quizás ponga la mira al menos en el sector arabizado del continente y deseo que eso abra puertas para una mayor preocupación por esos millones de personas.

¿Cómo andamos por casa?

Pero tampoco hay que olvidar lo que sucede entre nosotros en América, donde la riqueza está tan mal repartida que unas minorías tienen un nivel de vida de país desarrollado y las mayorías padecen una pobreza dramática -sin vivienda digna, sin salud, con pocos ingresos, mala educación, precaria asistencia social, escasez cultural, malos tratos y abusos– muchas veces matizada por una tecnología que hace que muchos quieran –y logren– tener teléfonos celulares, televisores “inteligentes”, viajar aunque sea endeudados, adquirir automóvil o moto, acceder a la comida chatarra.

Mientras, las clases medias de profesionales, pequeños empresarios de la producción y del comercio, se ven tironeados por la aguda “necesidad” de ascender en la escala social teniendo más cosas que lucir, al mismo tiempo que son castigadas severamente con una carga tributaria superior a lo razonable e ingresos que se ven constantemente menguados, todo eso en medio de las presiones sociales para comprar desmedidamente todo lo que la publicidad incita.

Los valores

En medio de eso está el tema de los narcotraficantes, los delitos de “cuello y corbata” para llamar elegantemente a los fraudes, estafas, usurpaciones, distintas formas de corrupción de los aparatos públicos con fondos y objetivos privados.

Sobre el tráfico de drogas debo ser muy claro: hay tráfico porque hay consumidores; y hay tráfico a gran escala, porque hay muchos consumidores y eso se da en sectores medios y altos, económicamente hablando, en la sociedad.

Cuando los valores se centran en “tener más” para aparentar “ser más”, lucir las marcas en el exterior de la ropa o hasta usar bolsas con publicidad para llevar las compras (para molestar un poco, más de una vez voy a un supermercado con una bolsa que publicita a su competencia), justamente cuando todo es competir “contra” el otro, se agudizan las tensiones en todos los niveles y se deteriora la convivencia, porque el objetivo es estar por sobre el otro.

Valores como la justicia, el respeto, el afecto, la colaboración, la verdad, la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, sólo aparecen como cuestiones excepcionales en ciertas situaciones límites o marcados por una tendencia ideológica o una manipulación política.

Un candidato presidencial proponía eliminar el Instituto Nacional de Derechos Humanos por considerarlo “izquierdista” y como tal no puede tener apoyo estatal.

Los Derechos Humanos no son patrimonio de la izquierda, no sólo porque los promotores de la declaración de 1948 –y redactores de la mayor parte de su texto– fueron el chileno Hernán Santa Cruz, de izquierdista nada, y la estadounidense Eleanor Roosevelt, esposa del que fuera presidente de ese país, lo que bastaría para entender su dimensión amplia, sino porque quienes hemos luchado por su vigencia universal hemos criticado con igual dureza a dictadores como Stalin, Hitler, Pinochet, Idi Amín, Somoza, la dinastía de Arabia, el gobierno de Israel y todas las otras dictaduras, incluyendo las que han afectado a los países del antiguamente llamado “Tercer Mundo” (América Latina, África y parte de Asia).

A propósito de una sentencia

El caso de Gustavo Gatica –tan sonado en los últimos días– vuelve a poner de relieve el tema de la seguridad, de la justicia, de la interpretación de la ley (función eminentemente judicial).

Efectivamente en el mundo hay inseguridad, porque los delincuentes hoy tienen acceso a un armamento que antes les era muy lejano. En Chile, la cosa se torna peor cuando muchas de las armas que están en poder de los delincuentes han sido sacadas de los depósitos de las Fuerzas Armadas o de Carabineros mediante procedimientos diversos teniendo, además, la capacidad de fabricarlas, modificarlas o internarlas por distintos procedimientos.

Más grave es, cuando esos delincuentes cuentan con el apoyo de funcionarios ligados al Poder Judicial, a los encargados de las cárceles, a las policías, a políticos como pueden ser algunos alcaldes, diputados o simplemente dirigentes con cuotas de poder.

Claro, en el caso de Gatica, ahora elegido diputado, la pregunta es si él, protestando a gritos frente al que le disparó –a 30 metros de distancia– constituía o no un peligro letal para el alto oficial al mano de sus tropas.

Porque llevar las cosas al “contexto”, sitúa la legítima defensa de los policías o militares en una situación inmanejable para un juez, porque se podría aplicar a cualquier contexto en el cual el que tiene las armas por encargo del Estado puede “sentir” suficientemente en riesgo su vida cuando hay gente protestando o desarrollando alguna conducta que el agente estime de peligro.

Recuerdo el caso de aquel hombre que estaba agachado (tal vez para atar su zapato) al lado de un bus de Carabineros y que los policías supusieron que estaba ejecutando un atentado (bomba, dijeron) y lo golpearon provocando lesiones que en pocas horas lo llevaron a la muerte.

Pasaría a ser lícito entrar a sangre y fuego a una población en donde se tiene información de que vive gente con armamento capaz de combatir a los policías, situación en la cual los heridos y muertos que no sean agresores de policías serán siempre un “lamentable daño colateral”.

Hemos visto suficientes abogados serios –incluso profesores universitarios no izquierdistas– protestar por este fallo de la justicia, que aún puede ser objeto de recursos. (No es que confíe en la Corte Suprema, pero siempre ese tribunal nos puede sorprender).

La delincuencia

He sido víctima de delitos de robo, hurto, agresiones de variado tipo, tanto en Chile como en Uruguay y en México. Todo país será considerado inseguro por la víctima, pero cuando miramos la situación general, Chile y Uruguay, aún hoy, son países en los que vemos a jóvenes y ancianos paseando sus perros en la noche o al atardecer.

Por supuesto Eugenio Berríos no pudo experimentar la paz y la seguridad de Uruguay, como tampoco los carabineros asesinados en Los Álamos u otras víctimas de delincuentes en las ciudades chilenas. Alguien agregaba, a propósito de la violencia intrafamiliar, que ni siquiera se está seguro en casa. El parricidio de Julia Chuñil es una muestra de ello.

El tema de la seguridad –eje del discurso del presidente electo señor Kast– estará sometido a escrutinio. ¿Bastaría con definir que el contexto es violento y atacar con fuerza bélica, militar o policía, que no hacen diferencia, los lugares en que pueden instalarse delincuentes? ¿O decir, como dijo la candidata de la UDI, “al cementerio con ellos”, dando muerte a todo aquel del que se sospecha su carácter de delincuente? ¿Una especie de pena de muerte extrajudicial?

La urgencia y la emergencia

¿Cómo se combatirá el crimen organizado, especialmente estafadores de “alta gama” y narcotraficantes, desde la nueva autoridad de gobierno? Son preguntas que van quedando sobre la mesa.

Porque el gobierno de emergencia que se ha propuesto no tendrá que bajar la inflación, como en Argentina; no deberá impedir los accesos masivos al país como en Estados Unidos, porque eso ya ha bajado; no hará reformas previsionales ni bajará los impuestos a los sectores populares; no pondrá coto a los abusos de las grandes empresas, particularmente en materia de salud (Isapres, clínicas, laboratorios farmacéuticos); no necesitará aumentar el gasto en armamento.

¿Entonces podrá ocuparse de otras “urgencias permanentes”?

Tal vez la urgencia de hoy sea cambiar el eje valórico de la sociedad y buscar aquello que nos puede llevar a ser mejores personas, desarrollarnos cultural y cívicamente, fortalecer la democracia, mejorar la colaboración, poner freno a las ganancias desmedidas y terminar con los abusos.

Símbolos que pesan

¿Por qué demora tres meses en que asuma el nuevo presidente? Simplemente por el apego de nuestros políticos, incluidos los izquierdistas, concertacionistas, centro izquierdistas, progresistas, de mantener el efecto simbólico de que el Presidente debe asumir el 11 de marzo, tal como lo hizo Pinochet el 11 de marzo de 1981 cuando asumió oficialmente con el título de Presidente de la República. Es decir, los políticos han mantenido la fecha como un tácito homenaje a Pinochet.

Símbolos en política

La política es una disciplina y una vivencia que está llena de símbolos. Sabido es que los políticos no siempre hablan las cosas con toda la claridad que sería necesaria y conveniente, a veces por sus incapacidades en el manejo del lenguaje o en la coordinación de sus ideas, y en otras ocasiones simplemente porque no quieren decir todo lo que piensan o quieren.

Kast no ha dicho lo que repiten sus partidarios hasta la saciedad: no darle apoyo a Bachelet en su campaña a la Secretaría General de las Naciones Unidas, no entendiendo que si la apoyara, el país obtendría un punto importante en su posición en el mundo, él ganaría en conocimiento y prestigio internacional (hoy ni Trump se acuerda de su nombre) y en reconocimiento interno en cuanto a que mostraría una actitud abierta, democrática, respetuosa de la tradición chilena. Pero desliza palabras (“No me corresponde a mí, ya veré el asunto después de que asuma”).

El cambio de mando

Quiere parecer respetuoso de las decisiones que le corresponden al Presidente en ejercicio, aunque en verdad ha hecho numerosos gestos que demuestran que tiene deseos de intervenir en todo desde ahora, no esperando los días que deben correr hasta el 11 de marzo, para lo cual falta (alivio) solo dos meses.

¿Por qué esta demora de tres meses en que asuma el nuevo presidente? Simplemente por el apego de nuestros políticos, incluidos los izquierdistas, concertacionistas, centro izquierdistas, progresistas, de mantener el efecto simbólico de que el Presidente debe asumir el 11 de marzo, tal como lo hizo Pinochet el 11 de marzo de 1981 cuando asumió oficialmente con el título de Presidente de la República.

Es decir, los políticos han mantenido la fecha como un tácito homenaje a Pinochet. Son símbolos.

Porque la fecha se pudo cambiar. Originalmente en este tiempo post Pinochet las elecciones eran en diciembre y la segunda vuelta en enero. Pero, la derecha estimó que eso afectaba sus intereses porque los suyos vacacionaban en enero y en febrero, por lo cual –así como se concedió el voto voluntario en algún momento con el rechazo solitario del diputado Jorge Burgos– se les concedió adelantar las elecciones un mes. Lo lógico, coherente y prudente hubiese sido que la trasmisión del mando fuese en febrero. Pero no, el símbolo pesaba más.

Imitando a Milei

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Se ha hablado mucho del evidente acercamiento de Kast con el gobierno de Milei en Argentina. Eso es simbólico: nutrirse de las propuestas, actitud, estilos y medidas de un presidente que no ha respetado nada de la tradición política argentina, que gobierna con su hermana y unos amigos personales, que si bien ha reducido la inflación, tiene al país en ascuas económicas.

¿Cómo Kast le va a pedir la receta para reducir la inflación y mejorar la economía, cuando los índices chilenos actuales son infinitamente mejores que los logros argentinos? Y se quiere traer a un subsecretario de Milei para que sea Ministro. Imágenes, símbolos.

Nombramientos simbólicos

Lo que nos ofrece Kast, hasta ahora, es un discurso y una presencia, un estilo de vestirse, de actuar, de decir cosas generales sin entrar en las medidas concretas.

Es simbólico que quiera nombrar como su Ministro de Hacienda al inspirador de algunas de las colusiones empresariales más agudas, tanto que fueron castigadas por los organismos que existen para velar por la libre competencia.

Y todo esto en el marco de un discurso que dice que la economía en Chile está en la ruina, que el país se cae a pedazos, que hay que hacerlo de nuevo. Roberto Zahler, expresidente del Banco Central, economista prestigiado, ha dicho que cuando asuma Kast será el gobierno que reciba al país con los mejores índices macroeconómicos.

Creando imágenes incompletas

El creativo que ha sido clave en las campañas de Kast, hombre poco prudente en sus dichos –me refiero a Cristián Valenzuela– seguirá teniendo peso en lo que le es propio: crear imágenes y comunicar aunque sea con noticias falsas.

En la reciente campaña electoral, en la que se habló de barrer con los funcionarios políticos, “operadores” se les llamó, para ahorrar 6.000 millones de dólares, se les olvidó que el nuevo gobierno debe contratar a sus funcionarios de confianza. Pero como la idea quedo metida, a nadie parece llamarle la atención de que se esté hablando no sólo de un “segundo piso”, sino que incluso, además de mantener los cargos con nombres nuevos, se agrega para Valenzuela un cargo que no existe.

Este creativo, despectivo e insolente, pareciera estar a cargo de muchas de las falsas noticias que se dio en el marco de la campaña. Y su discurso, repetido hasta el cansancio por Kast y los que fueron candidatos a diputados y senadores, habla de que parte de esto que se terminará es el tema de las “fundaciones”, que el Frente Amplio habría usado para lucrar indebidamente a costa del erario nacional. Y la prensa derechista habla de los juicios a los políticos que están activos, poniendo la foto sólo de personas cercanas al actual gobierno.

Olvida en eso el caso Hermosilla y sus vinculaciones con Chadwick y numerosos personeros del gobierno, del poder judicial, del Congreso y del aparato público en general. O a Calisto. O a Ojeda del Partido de Kast, que a propósito de fundaciones, él es el político de más alto rango vinculado a fraudes con esas instituciones sin fines de lucro. Cinco o seis instituciones cuestionadas de las más de 3.000 que existen.

Es como si mintiendo se generaran verdades. O con verdades a medias se aludiera a verdades más profundas. Se le atribuye a Guzmán Errázuriz, el mentor ideológico de la dictadura y líder espiritual de Kast, haber dicho que la peor mentira son las verdades a medias.

Y es lo que ellos mismos hacen.

Símbolos de una época

Son símbolos de una época, de estilos, de la falta de claridad típica de una política que se ha ido desdibujando en nieblas de moralidad dudosa, donde todo parece dar lo mismo, olvidando a las personas que están detrás de cada una de las realidades.

La duda que me surge en este hora es si acaso cuando Kast asuma dejará ese discurso vago, para empezar a hacer cosas que muestren que la contundencia de sus palabras es más que eso y responde a políticas de verdad.

Y en esta hora en que hay tantas confusiones, en que muchos izquierdistas apoyan la intervención de Estados Unidos en Venezuela, que quizás la aplaudan cuando suceda en México o en Irán; una hora en que los derechistas cantan una victoria que puede ser la última, cuando se pruebe que no pueden conseguir ni dar lo que han prometido; en esta hora en que todavía no se despejan los símbolos, hay gestos simbólicos dignos de validar.

Me refiero al gesto de Huenchumilla, cuya conducta para hacerse de la presidencia del Partido Demócrata Cristiano he criticado y cuyas estrategias políticas parecían más orientadas a mantener su senaduría que a otra cosa, ha decidido renunciar a la presidencia de la DC.

El mismo día en que los militantes debían votar para elegir la nueva Junta Nacional y las directivas comunales y regionales, al anochecer, decide irse, quizás entendiendo que ésta es su última aventura y más vale prepararse para el retiro.

La primera dama y el aumento de funcionarios

El tema de la “primera dama y su gabinete” será otro elemento simbólico del retorno a los momentos en que el pinochetismo campeaba.

La estructura de gabinete, creada por y para Lucía Hiriart, fue continuada con un perfil social por las esposas de los presidentes, el hijo de Bachelet y de Kenny Hirmas, amiga de la presidenta y dirigenta política del PPD: pero claramente todas esas tareas son propias de la estructura del estado y no de quien cumple funciones en el estado por ser “la esposa de”. Pero la reposición del cargo, de los equipos, de los guardias (aumentando funcionarios y gastos públicos) es una manifestación de conservadurismo que bien podría evitarse.

No ajeno al lenguaje simbólico, Boric ha iniciado una embestida comunicacional, tratando de hacer lucir no sólo los logros de su gobierno, sino el hecho de que la economía ha funcionado bajo su presidencia con mejores resultados que los que tuvo Piñera.

Además de eso, parece ser que quiere recuperar su liderazgo, confrontar a quienes no dicen la verdad y tal vez repostularse en un tiempo más, para mostrar lo que aprendió en este curso intensivo que ha vivido en cuatro años.

Claro que, pese a eso, no le ha parecido mal haber asumido el 11 de marzo teniendo en el recuerdo a Pinochet y entregar el poder ese mismo día a un Pinochetista orgulloso de serlo.

Cuestión de símbolos. Símbolos que pesan.

¡El matón del barrio!

No está en discusión si Maduro ha sido o no un dictador y si el sistema imperante en Venezuela es o no una dictadura cívico militar (como lo fue la chilena). Lo que importa es si acaso para terminar con las dictaduras hay que recurrir al “matón del barrio”, para que imponga sus términos.

 
 
 
 
 
 

Terminar con las dictaduras

 

“Este es mi barrio”, dijo Pete el Negro, avisando a todos que quien quisiera tener actitudes que él no aprobara, sería severamente castigado.

Si durante la dictadura de Pinochet alguien me hubiese sugerido la idea de una invasión extranjera para sacarlo del país, una conspiración para darle muerte, la formación de grupos armados para combatirlo, habría tenido mi rechazo de inmediato.

Ni las armas que llegaron de Cuba, ni el entrenamiento militar en el exterior, ni el atentado de 1986, ni ninguna manifestación de violencia me convocaba para terminar una dictadura oprobiosa, violatoria de los derechos humanos, corrupta en sus altos mandos y con un apoyo civil que colaboró (o al menos calló) con el ocultamiento de sus crímenes y sus latrocinios.

En todos esos años, tanto en la defensa de los derechos humanos; en la tarea política, clandestina primero y abierta después; en mis intervenciones radiales desde 1978 y mis artículos en Análisis y otros medios de comunicación, propuse siempre la oposición a la tiranía mediante una estrategia que denominamos en la época como “la no violencia activa”.

 

Organización, difusión de ideas, movilización social, manifestaciones de protesta, eran las partes centrales de una propuesta de salida de esa dictadura para construir una democracia y un cambio del modelo impuesto con la fuerza de las armas.

La violencia con fines políticos

Porque cuando se aplica la violencia para conseguir fines políticos, por altruistas que sean, lo que se hace es sembrar más violencia y construir finalmente un régimen que será una nueva tiranía o, –como en el caso chileno y de otros países de América Latina– al menos perpetuar los modelos que los que tienen la fuerza (y el dinero) impusieron para sus países, asegurándose de que los ricos serán cada vez más ricos, la extrema pobreza desaparecerá de las estadísticas pero no de la realidad, las clases medias se irán diluyendo en una pobreza encubierta que mantendrá a hombres y mujeres en ocupación permanente “por ganarse la vida”, es decir, “ganar el derecho a vivir”, mientras otros gozan de la opulencia y el enriquecimiento perpetuo.

La realidad de México, que vivió una revolución violenta, nos revela que se instaló por décadas un régimen de apariencias democráticas, pero que tenía partido único y el Presidente saliente designaba a su sucesor.

 
 

Terminado el dominio de ese partido (PRI), la violencia ha continuado siendo la tónica de la vida política, hoy con otro agregado, la presencia de delincuentes narco traficantes que intervienen en los procesos electorales locales y nacionales.

Los casos derivados de la violencia política como estrategia para poner fin a las dictaduras, están a la vista en nuestro continente. Cuba y Nicaragua muestran la evidencia del método, consiguiendo instalar dictaduras que parecen inamovibles, con una elite enriquecida y que goza de todos los beneficios mientras su población padece las peores formas de pobreza en un clima de miedo y angustia.

Los objetivos de la invasión

Cuando Estados Unidos invade Venezuela, está aplicando una política orientada por dos elementos: primero, que no haya disidentes políticos en “su barrio”; segundo, apropiarse de las riquezas naturales, en este caso el petróleo, con las mayores reservas del producto en el mundo.

Lo que hace el país del norte del continente americano, es amedrentar a todo el que quiera afectar sus intereses económicos o poner en peligro sus modelos ideológicos.

No está en discusión si Maduro ha sido o no un dictador y si el sistema imperante en Venezuela es o no una dictadura cívico militar (como lo fue la chilena). Lo que importa es si acaso para terminar con las dictaduras hay que recurrir al “matón del barrio”, para que imponga sus términos.

Lo intentó hacer con Cuba en Bahía Cochinos; lo hizo con República Dominicana, con Grenade, con Panamá, con Haití y ahora con Venezuela. Sin invasión armada pero sí con financiamiento y mediante variados sistemas de presión y corrupción, lo hizo con Chile para derrocar a Allende, con Brasil para derrocar a Joao Goulart, con las dictaduras izquierdistas de Bolivia y Perú, con los gobiernos de otros países acorralándolos mediante presiones financieras y el apoyo en dinero a grupos disidentes para que crearan problemas al gobierno y ahogaran su economía.

Yo respeto, valoro y, si pudiera, apoyaría a la disidencia cubana que lleva décadas luchando contra la dictadura. Lo mismo en el caso de Nicaragua. Pero no podría sentirme contento de que otras potencias invadieran esos países para terminar con las dictaduras. No lo habría aceptado para Chile.

¿Por qué Estados Unidos invadió Venezuela y no Cuba? Porque Cuba no tiene petróleo, ni cobre, ni litio, ni grandes riquezas naturales. Estados Unidos tiene un emplazamiento carcelario en Guantánamo y le sería muy fácil hacer desde allí la invasión. Pero no recibiría las ganancias del petróleo que le podrá dar Venezuela. Invadirá cuando la industria de casinos y corrupción que existe en el mundo quiera “recuperar” lo que fue la Cuba de Batista.

¿El fin justifica los medios?

Entiendo que en Chile dirigentes políticos, columnistas, comentaristas que hacen gala de su posición de izquierda o de derecha celebren la salida del dictador Maduro y crean que con eso basta, sin importarles el mecanismo utilizado.

Entiendo, porque para muchos de ellos da lo mismo la forma de hacer las cosas si se consigue la finalidad perseguida. La derecha lo demostró con el golpe en Chile. Parte de la izquierda, con los apoyos a experiencias antidemocráticas en otros lugares. El uso de la fuerza para imponer sus posiciones y sus puntos de vista es sólo un método más y si con ello se consigue el objetivo, luego será cosa de justificar.

La democracia un objetivo secundario

Si alguien cree que esta operación tiene por sentido establecer la democracia en Venezuela, deberá aceptar que ése es un objetivo secundario de la intervención de Estados Unidos.

El presidente Trump lo ha dicho con toda claridad en su conferencia de prensa que pudimos escuchar, pero que no se reproduce completa en los medios escritos ni en internet. Él deja en claro que su decisión es manejar el país sudamericano (“con estas personas que están detrás de mí”, dijo en la conferencia) y ayudar a una transición democrática si se encuentra un grupo de gente capaz de llevarla adelante.

No nos engañemos: en Venezuela ha sido secuestrado y derrocado el dictador, pero el régimen sigue vigente y las fuerzas que lo han sustentado no han dejado de gobernar. En todo el mundo hay exiliados que celebraban la caída de Maduro, sin darse cuenta que Diosdado (¡que ironía de nombre!) Cabello, los hermanos Rodríguez, el Fiscal General y las Fuerzas Armadas con sus casi mil generales, siguen a cargo del país.

“Dirigiremos Venezuela”

Lo que le interesa a Trump es dirigir la actividad en Venezuela, particularmente, como lo dijo en varias oportunidades, para que las empresas de su país puedan volver a tomar el control de la actividad petrolera y generar beneficios para, primero, recuperar los gastos que hace Estados Unidos en este proceso (¿Cuánto cuesta movilizar la flota, infiltrar agentes de la CIA, poner en acción a las fuerzas de elite, invadir el territorio, bombardear y secuestrar al presidente del país, trasladándolo junto a su esposa en barcos y helicópteros hasta Nueva York?) y las inversiones para renovar las instalaciones de las plantas petroleras. Segundo, asegurar la protección de su país y manejar la economía y la política venezolanas; tercero, generar una advertencia a todos los otros países respecto de la voluntad inequívoca de Estados Unidos de aplicar estas metodologías para defender lo que ellos estiman que son sus intereses, su seguridad y su influencia en lo que él llama el “hemisferio occidental”.

Repone la doctrina de “América para los americanos”, que en realidad, tal como incluso lo denunció el propio Diego Portales en el siglo XIX, debe entenderse que el continente americano es para los habitantes de Estados Unidos…y sus gobernantes especialmente.

Por si acaso a alguien no le queda suficientemente claro que la política del continente la debe dirigir Estados Unidos, el recién llegado embajador de ese país a Chile hoy aparece en la prensa dando instrucciones acerca de cómo debe comportarse el Presidente de Chile. Y probablemente en los demás países harán lo mismo.

Nadie se engañe

Estamos todos advertidos: debemos ajustar nuestros comportamientos, decisiones, estilos de vida, provisión de las Fuerzas Armadas y la política exterior (y pronto serán el idioma y la moneda) a lo que ellos quieren, pues de lo contrario se sentirán obligados a actuar del mismo modo que lo han hecho antes y ahora hacen con descaro en Venezuela.

La amenaza a nuestro vecino de América del Sur es total: la presidenta que sume en reemplazo de Maduro debe comportarse de acuerdo a lo que Estados Unidos le ordene o de lo contrario habrá nuevas operaciones. Lo dijo claramente Trump. Él quiere que la señora Rodríguez se someta a sus órdenes y acepte todas las decisiones ya proclamadas. Y si no… que se atenga a las consecuencias.

 

Un último comentario: parece que Trump, con este argumento de defender el “hemisferio occidental”, que sería su área de influencias, no se da cuenta que está dando su visto bueno a lo que Rusia haga con Ucrania y las demás naciones que alguna vez pertenecieron a su dominio político y militar; que está justificando que si China quiere pueda aplicar las mismas medidas para recuperar Taiwán.

Incluso, se podría decir, que ellos tienen más argumentos porque ya antes han dominado abiertamente esos territorios en todos los planos y anexado tierras y población. Ellos nunca gobernaron Venezuela, pero se sienten llamados a hacerlo.

Cuidar la democracia

Me duele lo que ha vivido Venezuela. El presidente Eduardo Frei Montalva se lo dijo a Rafael Caldera cuando comenzaba el gobierno de Luis Herrera Campins: “Cuiden su democracia, no la arriesguen por ambiciones personales, eviten la escalada de corrupción que se está dejando ver”. No la cuidaron.

Un presidente que era un destacado abogado, terminó su segundo mandato como una de las mayores fortunas del mundo. Así se explicó el triunfo de Chávez, que ganó cuanta elección tuvo por delante, por cierto con la ayuda de una oposición que se restaba de comicios parlamentarios, regalando la totalidad de los cargos a los gobiernistas.

Cayó un dictador porque una potencia extranjera así lo quiso. No cayó la dictadura. Del pueblo venezolano, nada se sabe.

No soy partidario de las dictaduras ni de la violencia. He trabajado y lo seguiré haciendo por la paz en el planeta. Estoy convencido de que esta ofensiva violenta en el mundo, repito, de izquierdas y derechas, es la última embestida de un animal herido y que durará un tiempo que, en la medida histórica, no será muy largo, para luego abrir paso a una nueva forma de vivir en que la paz, la solidaridad, la justicia, la libertad, la democracia participativa, sean las claves centrales.

La Primera Dama

Lucía Hiriart exigió a su esposo que creara oficialmente el cargo de “Primera Dama de la Nación”, el que recaería en ella, con guardias y escolta, con recursos propios, gabinete, oficina, personal e instituciones de su dependencia. Un verdadero poder, que podría ser el origen de futuros grandes pasos políticos que ella daría.

 
 
 
 
 
 

Primeras damas

El Gabinete de la Primera Dama fue un invento de la dictadura, a instancias –rabietas podría decir– de la esposa del dictador.

Antes de eso, se hablaba de “Primera Dama”, simplemente para referirse a la esposa del “Primer Mandatario”, sin que eso significara ni un cargo ni tareas específicas.

A partir de los gobiernos radicales, se notó un cambio en el enfoque de los asuntos gubernamentales, cuando las señoras Juanita Aguirre, Marta Ide y Rosa Markmann, esposas de Aguirre Cerda, Ríos Morales y González Videla, desde su voluntad de apoyar las tareas de sus maridos, se involucraron en labores de carácter social.

Ellas lo hacían sin tener ni cargos ni sueldos, tampoco oficinas o secretarias, menos aún guardias u otro tipo de funcionarios a sus órdenes. Simplemente se trataba de asumir algunas preocupaciones del orden social y contribuir al mejoramiento de la vida de los sectores pobres del país, además de cumplir las labores protocolares.

La señora Graciela Letelier, casada con el Presidente Ibáñez, vivió con él en La Moneda, al menos en los inviernos, y apoyaba tareas sociales, pero sin el entusiasmo y la dedicación de las anteriores, tal vez porque fueron mucho más jóvenes que ella al asumir sus maridos la presidencia de la República.

Jorge Alessandri no tuvo esposa, pero cuando se trataba de comidas o actos especiales, la esposa de su ministro del Interior doctor Sótero del Río hacía las veces de acompañante.

 

Nadie extrañó en esos seis años a una “Primera Dama”, lo que facilitó las cosas a María Ruiz Tagle, esposa de Eduardo Frei Montalva, que apoyó a su marido en muchas iniciativas, pero no se dedicó frontalmente a realizar tareas específicas. Algo parecido sucedió con la señora Hortensia Bussi de Allende, que orientó su quehacer al apoyo de países en situación desmedrada o víctimas de desastres naturales, entendiendo que su labor no era institucional.

Las esposas de los Presidentes eran “esposas y madres” también militantes políticas o profesionales, cada una haciendo lo suyo, pero no tenían papeles específicos ni significaban carga alguna para el erario nacional.

Creación del cargo y el Gabinete

 

Cuando Pinochet decidió iniciar su ofensiva internacional viajando a Filipinas para verse con el dictador de ese país Ferdinando Marcos, su esposa, que sólo viajaba de incógnito a Miami ocasionalmente, no estaba dispuesta a perderse tan grata oportunidad de refrescar aires en una visita oficial de su marido a un país asiático.

Como esto se preparó con mucho tiempo, la señora Lucía Hiriart, hija de un destacado político radical, averiguó todo lo que pudo sobre su contraparte en Filipinas. Pues bien, la señora Imelda Marcos, además de hacerse famosa por su enorme guardarropía y tres mil pares de zapatos, se estaba convirtiendo en una dirigente de gran peso político en el país, partiendo de la base que, como era 12 años más joven que su marido, podría sucederlo en caso de que éste falleciera.

La señora Imelda Marcos, cuando su marido ya estuvo consolidado en su autocracia, fue nombrada ministra de Asentamientos Humanos y Embajadora Extraordinaria y Plenipotenciaria de Filipinas con autoridad para concurrir a cualquier país. Especialmente usó ese cargo para acercar relaciones con Estados Unidos, país que apoyó permanentemente la dictadura filipina.

Entonces, la señora Lucía no podía llegar a encontrarse con tal liderazgo siendo una simple dueña de casa, encargada de los asuntos domésticos del gobernante dictatorial de su país, que ni siquiera tenía el título de Presidente de la República y que tampoco hasta entonces había alcanzado a amasar una fortuna como la que tenía Ferdinando Marcos, segundo gobernante asiático que más se enriqueció en el ejercicio del poder.

Siendo así las cosas, exigió a Pinochet que se creara oficialmente el cargo de “Primera Dama de la Nación”, el que recaería en ella, con guardias y escolta, con recursos propios, gabinete, oficina, personal e instituciones de su dependencia. Un verdadero poder, que podría ser el origen de futuros grandes pasos políticos que daría.

Entonces, en marzo de 1980 ya estaba en condiciones de viajar al extranjero revestida de un título oficial y encontrarse con la mujer del dictador de igual a igual, aunque doña Lucía tuviera menos zapatos. Lo malo para ella fue que no pudo estrenar el cargo en el mundo internacional, porque el avión no pudo aterrizar en Filipinas sin ni siquiera tener una explicación del dictador local ni cortesía alguna con su colega.

Pero el cargo quedó. Hay que decirlo: el cargo mismo nunca hasta ahora ha tenido remuneración, aunque sí importantes recursos para financiar todo el aparato del gabinete.

Y así doña Lucía fue acrecentando un poder y una riqueza impensada, especialmente cuando CEMA Chile pasó a ser de su propiedad, quedándose con casas, terrenos y otros que habían pertenecido a un organismo público.

Lo que vino después

Al terminar el período de 17 años por el que gobernó Pinochet, todo lo que se había creado en torno al gabinete de la Primera Dama siguió funcionando como dependencia de esa unidad vinculada a la Presidencia de la República.

La señora Leonor Oyarzún, esposa de Aylwin, ejerció el cargo con cierta distancia, pero sin descuidar las funciones. Ella, una mujer de su casa y su familia, dedicó sus esfuerzos públicos a promover la familia en Chile y destacar el papel de las mujeres en su aporte a la sociedad.

Pero, estrictamente hablando, para ella era mucho más atractivo estar en contacto con su numerosa familia de hijos y nietos, dedicar horas a su jardín y acompañar a su marido en los muchos actos oficiales que debía cumplir protocolarmente.

 

Martita (no se llama Marta, sino Martita) Larraechea es una mujer de la política. Sin duda con más criterio político, entusiasmo y pasión por la causa pública que su marido Eduardo Frei. Pero él fue el presidente y entonces ella lo apoyó de modo entusiasta y con alto grado de lealtad y compromiso.

Se hizo cargo de todas las tareas de ese gabinete, no perdiendo oportunidad de destacar y figurar por los aportes que las instituciones de su dependencia entregaron, que fueron muchos. Esa figuración la tuvo en la mente pública y pudo haber seguido en la política, camino que finalmente no prosperó.

Luisa Durán y Cecilia Morel, esposas de Lagos y Piñera, siguieron las mismas aguas de la esposa de Frei: crearon entidades, llevaron adelante muchos planes y destacaron de modo importante. Durán fue la más creativa, pero ambas tuvieron un entusiasmo notable y su presencia ha sido muy reconocida en los planes sociales.

Bachelet no tuvo “primera dama” ni “primer caballero”, por razones evidentes, pero en ambos gobiernos tuvo a alguien a cargo de las instituciones, siempre sin remuneración y sólo por amor a la patria. Estuvo a cargo primero la socióloga María Eugenia Hirmas, esposa de Sergio Bitar. Y, en el segundo gobierno, su único hijo hombre Sebastián Dávalos y la trabajadora social Paula Fortes.

Se acaba el cargo

Cuando fue elegido Gabriel Boric, su pareja se comprometió a terminar con el cargo de Primera Dama y la oficina sociocultural de la presidencia adquirió autonomía de esa relación sentimental entre un Presidente de la República y su pareja.

Irina Karamanos asumió, por cierto, el papel protocolar que podría corresponder a la esposa del Presidente de la República. La relación terminó y su legado fue haber conseguido la autonomía de las fundaciones que dependían de la persona a cargo de la coordinación de actividades socioculturales de la presidencia. De hecho, la nueva pareja del Presidente Boric no ha asumido rol alguno y mantiene su trabajo.

La señora Pía y el Estado moderno

Ahora viene Kast y los medios de comunicación han puesto de relieve que su esposa quiere ser Primera Dama al estilo de las anteriores que he mencionado y que ocuparon el cargo desde 1980.

Es decir, algo tan íntimo como es una relación sentimental, en un mundo moderno y distinto, donde lo público y lo privado tienen esferas reconocidas y donde las mujeres y los hombres ejercen sus tareas independientemente de los vínculos afectivos que los unen, parece no ser fundamento suficiente como para que una persona asuma una tarea oficial, aunque no sea remunerada. Como esposa, debería estar dispuesta a acompañar a su marido en las tareas protocolares oficiales y podrá colaborar con él en sus ideas y planes.

Pero, en un Estado moderno como el que se ha anunciado en todos los tonos por el vencedor de la contienda electoral, no es posible pretender que por el solo hecho de ser la esposa o pareja del Presidente, pueda tener rango de autoridad política o administrativa en el país.

 

Un columnista decía que eso es un toque de conservadurismo, respaldado por citas de intelectuales. Es evidentemente un paso que más que conservador es de retroceso en los procesos culturales de un país que avanza hacia el futuro.

Bien que la esposa esté apoyando a su esposo y que pueda dar sus opiniones públicamente, pero no es apropiado que asuma tareas y cargos que pueden (y deben) ser realizados por profesionales adecuados para cada función, contratados por las normas más exigentes y por mera adhesión política o amistad con la esposa del Presidente de la República.

La señora Pía debe tener mucho trabajo con sus nueve hijos y la enorme casa donde se alberga a estos vástagos. Probablemente, además de esas tareas, puede asumir otra

s en el mundo privado, pues alguien deberá hacerse cargo de contribuir al financiamiento de la familia, especialmente si se cumple la promesa de reducir los ingresos del Presidente y sus asignaciones para dar ejemplo de austeridad.

Volver a crear el gabinete es, además, volver a recargar al Estado de gastos en circunstancias de que se ha prometido reducir los gastos públicos en cifras enormes. Y si ninguno de los que trabajen allí recibe remuneración, ¿cómo podrá exigirse a ellos o ellas responsabilidad administrativa y probidad pública?

Kast pidió a Dios que le dé prudencia, templanza y fortaleza. Tal vez, como aconseja Gonzalo Rojas Sánchez, su mentor, debiera pedir más luces intelectuales para darse cuenta de las decisiones que está dispuesto a tomar, entre ellas, reavivar un gabinete fenecido y que en sí mismo nada aporta al país.