Paciencia con el gobierno: ¿Una petición de clemencia?

El actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos. Eso nos hacía esperar que este gobierno fuera distinto, pero no ha sido así.

Asumo las críticas

He recibido muchos comentarios sobre mis artículos en este medio. La mayor parte de ellos dicen que les gustan, pero que son muy largos. Eso tiene fácil solución y la empiezo a aplicar de inmediato. Un amigo lector me dice que tengo poca paciencia con el nuevo gobierno de Chile y que debería darle tiempo para el proceso de instalación y adaptación. Otro agrega, curiosamente, que mis críticas pretenden reivindicar, justificar y defender al gobierno de Boric.

No fui partidario del gobierno recién saliente y formulé muchas críticas a sus acciones e inacciones. Mal podría pretender ahora justificarlo, defenderlo y reivindicarlo. Por el contrario, no me desdigo de mis críticas, aunque sí celebro con alegría el cambio que experimentó el presidente Gabriel Boric en sus posturas personales, al entender, como él mismo lo dijo más de una vez, que las cosas desde el gobierno se ven distintas que desde la oposición. Él cambió sus apreciaciones y sus juicios, modificó posturas y suavizó un programa que era imposible de cumplir. Boric supo cambiar, se explicó bien, tuvo el mérito de reconocer sus falencias. Eso no hace un buen gobierno, pero sí muestra a un gobernante razonable.

Cuando se me critica de “falta de paciencia”, entiendo que el lector pide clemencia para con el gobierno en su primer tiempo, denominado “período de instalación y adaptación”.

La explicación

Lo que sucede, querido lector, es que el actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos.

Entonces, cuando sostenían ese discurso, agregaban que ellos estarían preparados para actuar desde el primer día, que no improvisarían, que llegarían con gente con conocimientos y experiencia, con sus proyectos listos, que tendrían todo preparado. Incluso más, dijeron que en los primeros noventa días estarían encaminados a todas la soluciones.

El país podría responder a la petición de clemencia que hacen algunos de sus partidarios si acaso hubiese humildad de parte de los gobernantes, pero no es así. Por el contrario, el tono es soberbio, autosuficiente, voluntarista, pues tanto el presidente como sus ministros están convencidos que pueden conseguirlo todo.

La realidad es de otro modo

Pero resulta que no es así. La señora Ministra de Seguridad pide tiempo: ahora se dio cuenta que la delincuencia actúa independientemente de la voluntad del gobierno y por muchas ganas que tenga ella de que no haya más delitos en Chile, que se terminen portonazos y asaltos, asesinatos y venganzas, no basta con ello.

Tampoco es suficiente que cada vez que se comete un delito sonado al cual los medios de comunicación le dan mucha difusión, ella tenga que ir con un general de Carabineros a mirar el lugar de los acontecimientos. Eso es más propio de un fiscal que de un Ministro.

Entonces algunos esperaríamos que ella y el Presidente o alguien en su nombre al menos, dijera que recién se está estudiando qué hacer y que la tarea asumida por el gobierno anterior de la mano de las policías estaba en la línea correcta para combatir al “crimen organizado” y al “crimen espontáneo”, pero que nada se logra ni con declaraciones ni la mera voluntad.

¿Caminos de solución?

Es verdad que ella ha conseguido que la comunicación escrita y algo la televisiva den menos espacios a los delitos, pero como éstos se siguen cometiendo es necesario tomar medidas de fondo. Una de ellas, propongo, sería separar las funciones policiales en preventivas (a cargo de Carabineros) e investigativas (responsable la PDI), para no duplicar esfuerzos o entorpecer unos lo que hacen los otros, como sucede.

“Meter mano” en Carabineros puede ser una medida interesante, especialmente para que los policías hagan sólo labores policiales preventivas y las administrativas estén en manos de civiles a su disposición. Eso entre muchas otras que van desde revisar la selección del personal hasta las normas relativas a retiro y jubilaciones.
Pero parece que el actual gobierno no estaba preparado para ello.

Jóvenes inexpertos

Muchos jóvenes inexpertos –muy inteligentes es probable– se han hecho cargo de tareas de gobierno sin entender cabalmente cuál es su responsabilidad. Por eso una subsecretaria que debe trabajar por la prevención del delito dice que la prevención del delito no es su tema.

O que la ministra que oficia de vocera sólo sea una repetidora de los comunicados que otra persona elabora, pero que no puede de contestar preguntas ni aclarar nada sin equivocarse.

No es que yo no tenga paciencia –el rechazo al gobierno va en aumento por parte de la ciudadanía– sino que lo que se esperaba de ellos al asumir es que tuvieran ya todo claro. Pero no lo tienen y van mordiéndose la cola con sus proclamas.

La inflación es mayor que en el gobierno anterior, el crecimiento menor, la cesantía en ciertas áreas aumenta, la ciencia y la cultura les son marginales y sobre la educación, salvo la idea de reprimir actos de violencia e indisciplina, no hay otras indicaciones. Con la salud no pasa nada significativo.

Si la promesa era hacer las cosas bien, no parece que eso estuviese sucediendo.

¡Que lo hagan mejor!

Las críticas, entonces, no son para que se vayan: el pueblo los eligió y deben actuar con responsabilidad y no huir. Las críticas que algunos formulamos son para que hagan las cosas mejor, trabajen con espíritu democrático, dejen de justificar sus errores con las acciones y omisiones de Boric y su gobierno, y generen soluciones para los problemas concretos tal como lo prometieron.

Ya sabemos que no estaban preparados y que no dijeron la verdad cuando afirmaban tener los proyectos listos y las medidas claras para combatir la delincuencia, asegurar soluciones de crecimiento, empleo, bienestar.

Les seguiremos teniendo paciencia, pero sus ilusiones dejan de ser tales y lo que interesa ahora es que no olviden que Chile va más allá de las familias de mayores ingresos, que los habitantes del país esperamos una propuesta de justicia, libertad, desarrollo integral y progreso, con satisfacción de las necesidades básicas y espacio para incrementar logros en las necesidades superiores.

Clemencia para los que se equivocan y paciencia con los que no saben hacer las cosas. ¿No será mucho pedir?

La culpa es de Boric

Lo que más espacio ocupó en el discurso de Kast por cadena nacional fueron las referencias constantes al gobierno anterior, el cual sería culpable de todos los males de Chile. Descalificar a Boric, a Marcel, a Tohá, a Grau y a todos y cada uno de los ministros y colaboradores cercanos, es la tarea de la que está a cargo de Cristián Leiva, que elabora las minutas con lo que pueden decir y no pueden decir los ministros, además de inventar afirmaciones y relatos falaces.

 
 
 

El diseño político

 

Mientras el ministro de Hacienda prepara el proyecto que se presentará en el Congreso en los próximos días, ya ha comenzado el debate. Es indudable que, pese a que a mucha gente no le cae bien Quiroz, él es, junto a Leiva y a García, parte del equipo duro del gobierno, dispuesto a ejecutar el programa a como dé lugar.

Kast y su gente tienen un diseño político, económico y social que inevitablemente recuerda al pinochetismo. El dictador hizo una combinación, de la mano de Jaime Guzmán y Contreras Sepúlveda, entre la propuesta neoliberal y la brutal represión a los opositores.

El actual gobernante tiene el diseño de Guzmán y lo que aprendió de él, careciendo de la inteligencia y cultura que tenía el seguidor de Franco y Primo de Rivera. Pero lo que no tiene es el aparato represivo –tal vez lo eche de menos en algún momento– razón por la cual opera comunicacionalmente tratando de destruir la imagen de sus detractores y opositores. Es lo que algunos, sugerentemente, llaman “asesinato de imagen”.

 

Lo que más espacio ocupó en el discurso de Kast por cadena nacional fueron las referencias constantes al gobierno anterior, el cual sería culpable de todos los males de Chile.

 

Descalificar a Boric, a Marcel, a Tohá, a Grau y a todos y cada uno de los ministros y colaboradores cercanos, es la tarea de la que está a cargo de Cristián Leiva, que elabora las minutas con lo que pueden decir y no pueden decir los ministros, además de inventar afirmaciones y relatos falaces.

Así como trató a la rival de Kast de loca en las redes sociales, cuando se canse con Boric seguirá con otros. Probablemente partirá con Manouchehri y Cicardini, los parlamentarios que se han lanzado en la más dura de las oposiciones.

El proyecto de ley

Pero las cosas se le presentan complicadas al Presidente de la República.

El proyecto considerado como pieza fundamental de este gobierno recibió el nombre de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social. ¿Es que la nación está destruida que hay que reconstruirla? ¿Es que acaso con las rebajas tributarias propuestas habrá más políticas de desarrollo social? ¿O es que ese cambio ya no irá, como en gobiernos anteriores en beneficio de los pobres y parcialmente de las clases medias, sino de los más ricos?

 

El proyecto de ley toca muchos temas, pero lo central es una reforma tributaria. El texto mismo del proyecto no está listo y ha sido presentado sólo en los términos del discurso y las declaraciones de Quiroz. El estudio de abogados del Ministro de Defensa (representante y abogado de Pinochet en su momento) ha hecho un buen resumen que publica en su página web, destacando 14 medidas que son las que les interesan como abogados especialistas en derecho tributario.

Cito al estudio Barros: “Fondo de Emergencia para Reconstrucción. Se financiará con mecanismos transitorios como la rebaja al impuesto a donaciones, repatriación de capitales e impuestos sustitutivos”.

Junto a eso se propone eliminar obligaciones del donante, lo que puede prestarse para una serie de acciones que pueden perjudicar a quienes podrían tener derechos o expectativas en relación con esos bienes donados y al propio Fisco, al poder diluirse el patrimonio y los beneficios de ese patrimonio entre muchas personas.

Hoy existe la insinuación, que consiste en notificar a los herederos de una persona que quiere hacer una donación, de modo que ellos puedan oponerse. Según este proyecto de ley, se podría donar libremente. Exención de IVA para las viviendas, créditos tributarios, exención de contribuciones de bienes raíces a la primera vivienda de personas mayores de 65 años, rebaja del impuesto de primera categoría, es decir, a las empresas, entre otras propuestas.

 

Es curioso y complejo de entender, por lo menos por una enorme cantidad de ciudadanos que no somos especialistas. ¿Cómo se consigue financiar proyectos gubernamentales sobre la base de reducción de impuestos?

El plan 90

Kast presentó un plan para sus primeros 90 días y quiere que el proyecto de ley se apruebe en el mes de junio.

Lo más probable es que no sea así, pues debe ser discutido en el Congreso Nacional. Diputados y senadores querrán debatir en detalle cada una de las propuestas en fondo y forma, propondrán indicaciones y más de alguien pedirá otras medidas. Eso tomará tiempo.

¿Qué hará?

¿Pondrá urgencia para un proyecto tan complejo y extendido en la temática? ¿Se irá arrepintiendo, como lo hizo con la reducción del 3% al Ministerio de Seguridad? ¿Reculará, como lo hizo con el respaldo a Juegos Olímpicos de la Juventud? ¿O pedirá el apoyo de Trump, al estilo Milei, para que ejerza presiones?

El ministro de Hacienda explicó que el proyecto responde a que “nuestro país enfrenta un estancamiento estructural que exige una respuesta integral para cambiar nuestra trayectoria”, tras registrar un crecimiento promedio de apenas 2% en los últimos 12 años.

Desconoce el señor ministro que la actual estructura fue creada en el gobierno de Pinochet para revertir las enormes caídas de la economía que llevaron a que en esos 17 años el crecimiento promedio fuera de mucho menos que el 2%. Culpar a los gobiernos de Bachelet, Piñera y Boric de un estancamiento parece más bien absurdo. ¿O no?

Las promesas

Para el cumplimiento de la promesa de Kast de disminuir el gasto en 6 mil millones de dólares, junto con la reducción presupuestaria de los ministerios de un 3%, propone medidas de austeridad, tales como la eliminación de la franquicia SENCE (Programas de capacitación para el empleo) y la postergación por cuatro años (es decir todo el período de Kast) del ingreso de nuevas universidades al sistema de gratuidad.

En esta política de austeridad no se pueden explicar enormes gastos como aumentar asesores, subirles el sueldo, pagar indemnizaciones enormes a las personas contratadas por Alta Dirección Pública a las que está despidiendo. No se entiende que la prioridad uno, según palabras de la ministra del Deporte, sea proveer de “ropa linda” a los deportistas del país.

No se da imagen de austeridad cuando se realiza el famoso almuerzo, pues por mucho que se diga que él pago eso, hay muchos detalles en los que se incurrió en el gasto fiscal. ¿No hubiese sido mejor señal de austeridad gubernamental que ese almuerzo se realizara en su casa particular?

Pero, tal vez como “señal de austeridad” decidió vivir ahí, convertir oficinas de trabajo en dormitorio y otras dependencias hogareñas obligando al fisco a proveer de oficinas para los desalojados. Más barato y austero habría sido arrendar un buen departamento en barrios cercanos a La Moneda.

Es verdad, se ordenó reducir el presupuesto de cada ministerio en un 3%. Se exceptuó el de Seguridad, porque eso no tendría presentación en vista de sus promesas de acabar con el crimen organizado y la delincuencia. Entonces el ministro de Cultura suspende la ejecución de la reconstrucción del proyecto GAM, aunque va a tener que pagar una cuantiosa indemnización por término anticipado y unilateral del contrato con la constructora que ganó la licitación.

Y las comunicaciones

Será difícil el trabajo de Leiva con sus minutas. Pues deberán explicarse demasiadas cosas. Y hay ministros que parecen no hacer mucho caso. Partiendo por Mara Sedini que comete errores en cada paso y da explicaciones que no aclaran nada o hace declaraciones confusas sobre las que luego debe desdecirse.

Algo parecido sucede con la ministra de Ciencia y la de asuntos de la Mujer, que hacen planteamientos que difícilmente se comprenden. Y con la de Seguridad que dijo, preguntada por qué había enviado un oficio a la PDI, “lo hago porque puedo”.

 

Tal vez la culpa de todo esto la tenga Gabriel Boric. Porque algunos de sus ministros serán comparados con los actuales. Como Vallejo con Sedini. Eso debe ser.

Y si en los 90 días prometidos no se cumplen las medidas de expulsión del país de los inmigrantes (hasta ahora sólo han salido del país 40 personas expulsadas por orden judicial que el gobierno quiere atribuirse), de disminuir la cantidad e intensidad de los delitos violentos y homicidios (que o se mantienen las cifras o han aumentado), de reducir los gastos del Estado, de terminar con el enclave mapuche de Temucuicui y pacificar la zona, ¿qué explicación nos dará?

Tal vez ya no sea sólo culpa de Boric (y algo de Piñera y de Bachelet), sino también de los parlamentarios opositores, de los comunistas o quizás de alguien escondido que quiere que le vaya mal. ¿Será brujería, quizás?

Nuremberg, la película y la realidad

Pocas veces una película histórica cobra tanto realismo contemporáneo. Han pasado 80 años y los que dominan el escenario mundial no han cambiado sus prácticas de modo sustancial. En lo interno de sus países y en las relaciones con los demás. Salvo que ahora tratan de hacer las cosas de tal manera que no puedan ser sometidos a juicios posteriores, revistiendo sus conductas de salvar a la humanidad de otros criminales, de combatir a los terroristas, ubicando como terroristas a todos los enemigos políticos.

Una obra reveladora

Sobre la base del libro escrito por uno de los psiquiatras que Estados Unidos envió a Alemania para presionar y espiar a los altos dirigentes del gobierno germano, prisioneros después de la guerra, se hace una película que resulta ser muy reveladora.

Aunque un poco tediosa al comienzo, la película Nuremberg es una buena obra cinematográfica para mostrar aspectos importantes de un hecho histórico. Los textos están muy elaborados, plagados de frases llenas de mensajes (“hay que actuar a tiempo antes de que sea demasiado tarde”; “lo que vendrá será parecido a lo que hicieron los nazis, pero con gobernantes civiles”).

Las imágenes son decidoras, especialmente enfocadas en Göring, el segundo hombre del nazismo que se había rendido a los enemigos. Siempre tranquilo, bien peinado, con la presencia atildada dentro de lo posible, sin dejar su vestimenta habitual jamás, ni siquiera hasta el último momento, con una sonrisa en los peores momentos de los diálogos, es la imagen de quien se siente por sobre los demás, aunque los otros tengan el poder físico de causarle una condena e incluso la muerte (que es la condena prevista y que para eso se hizo el juicio).

La condena es política

Göring es condenado finalmente –según la película y estoy convencido de que así fue– no por haber cometido crímenes, sino por haber sido parte de un equipo político que respaldó a los que tomaron las decisiones de los crímenes horribles en los campos de concentración y manifestar su adhesión a ese jefe de todos los jefes que fue Hitler. Es, finalmente una condena política.

Eso me hace pensar en quienes respaldaron activamente la dictadura en Chile y sirvieron de respaldo político, cobertura jurídica, solvencia ideológica, apoyo técnico, financiamiento, a las violaciones sistemáticas de los derechos de las personas, los atentados a la libertad, los juicios falsos, los asesinatos a sangre fría en Chile y en el extranjero, el desaparecimiento de personas y los delitos económicos cometidos al amparo del poder total y que ya nadie discute.

Todos esos civiles o uniformados que dieron esos respaldos y sirvieron de voceros o justificadores de lo peor, incluso los jueces que amenazaban a los abogados que defendíamos a las víctimas de la persecución política o que, a sabiendas, sirvieron para ocultar esos delitos graves, tal vez debieron responder, en lugar de ser senadores o mantenerse en las esferas políticas de mayor poder.

Confieso que mi memoria hace brotar decenas de nombres, desde quienes organizaron la cacería de universitarios -estudiantes, académicos, funcionarios– hasta los equipos de la DINA y otros organismos que se nutrieron con el aporte de civiles, los que elaboraron los textos legales aberrantes que podrían justificar todo lo que se hizo.

No sobra nada

En la película no sobra nada. Incluso queda en claro que la función del psiquiatra no es ayudar al enfermo, al paciente, sino servir de interrogador subrepticio, haciéndose pasar por profesional serio y empático con el prisionero, simplemente para sacar la información que finamente permite llegar a las ya definidas condenas a muerte.

Todo deja en evidencia una trama cruel para que quede clara la voluntad de dominación que se habrá de cernir sobre el mundo a partir de esta puesta en escena llamada “Juicio de Nuremberg”.

Los personajes, más reales de lo que yo pensaba (incluso el psiquiatra), van dejando una huella que anticipa lo que hoy vemos en el mundo. Han pasado 80 años y los que dominan el escenario mundial no han cambiado sus prácticas de modo sustancial. En lo interno de sus países y en las relaciones con los demás. Salvo que ahora tratan de hacer las cosas de tal manera que no puedan ser sometidos a juicios posteriores, revistiendo sus conductas de salvar a la humanidad de otros criminales, de combatir a los terroristas, ubicando como terroristas a todos los enemigos políticos y hasta a sus abogados.

Recuerdo que en un fallo judicial, el tristemente célebre ministro de la Corte de Apelaciones Arnoldo Dreyse se lamentaba de no poder procesar (y condenar) a los abogados que defendían (entre los cuales estábamos Roberto Garretón y yo) a quienes él estaba condenando, pues para él todo era parte de una misma confabulación terrorista. Y les resulta. Porque para muchos que les creen y los siguen, estos líderes (ahora civiles) como Trump y Putin, son sus verdaderos héroes.

Un juicio vergonzoso

Basada en un libro que nunca tuvo éxito, la película nos cuenta detalles sobre la génesis y desarrollo de uno de los juicios más vergonzosos de la humanidad, situación que va quedando en claro en todos los pormenores. El juicio no se hace para establecer hechos, responsabilidades y sentencias justas: su objetivo es simplemente condenar a muerte a los jerarcas nazis.

El objetivo de Estados Unidos –el país que menos arriesgó en la guerra– fue de imponer sus términos para el tiempo siguiente. Lo hizo en dos formas: primero, con las bombas sobre Japón y, segundo, con este proceso a los jefes alemanes, obligando a los que luego asumieron el poder en Alemania a someterse a sus términos a partir de ese momento.

El Plan Marshall, por ejemplo, inverso a las humillaciones que se impuso a Alemania en el tratado después de la guerra del 14, pretendía impulsar la recuperación y el desarrollo del país, bajo los términos definidos por Estados Unidos, respaldado por la ocupación territorial del Ejército yanki. Una especie de humillación y sometimiento encubierto.

Este juicio no permitió defensas adecuadas y no distinguió responsabilidades. Es una operación de venganza, impuesta por un tribunal militar creado ad-hoc y con posterioridad a los hechos. Las conductas atroces cometidas por el nazismo estaban respaldadas en sus propias leyes y en ese entonces no había normas internacionales que velaran por los derechos humanos.

Se guían, tal como lo hace ahora Trump, por su propia moral: despreciando las normas penales mundiales vigentes desde hace tiempo, en busca de conseguir poder propio y sometimiento de los otros, quien castiga es un tribunal especial, sin tipificación de delitos, sin procedimientos legales.

Simplemente se trata de castigar a los que perdieron la guerra condenándolos a muerte, de tal modo que no hubiera tiempo después para versiones diferentes.

En la película queda en evidencia que, finalmente, el único argumento para condenar fue la existencia de campos de concentración y los horrores cometidos sobre más de 6.000.000 de personas, la mayor parte de las cuales murieron en condiciones horrorosas. ¿Suficiente?

Efectos del juicio

Pero, debo reconocer, que este juicio tuvo un mérito: Hizo reflexionar a mucha gente en el mundo sobre la necesidad de establecer organizaciones internacionales con poder; sirvió para dictar una declaración sobre los derechos humanos, condenar las torturas y advertir en contra de las dictaduras y las guerras.

Dentro de los efectos negativos, estuvo el hecho de hacer creer que los millones de muertos en campos de concentración eran todos judíos y que la guerra fue de una potencia occidental contra ellos, justificando, en su moral, el plan sionista de apoderarse de Palestina (plan que se había iniciado antes de la persecución del nazismo).

Occidente no se atrevió con ellos, no se atreve hasta hoy, y no sólo les regaló la mitad de un país para hacer su Estado, sino que además les permite en pleno siglo XXI, en un silencio vergonzoso, ocupar impunemente el resto de las tierras que le fueron asignadas a los árabes palestinos que vivían allí hace miles de años.

El cuadro mundial actual parece deplorable, cuando la ONU y demás organismos internacionales han perdido autoridad, el derecho internacional es una entelequia desconocida por los poderosos y las dictaduras y las guerras proliferan.

Nada cambia

Uno de los protagonistas de la película anticipa que las cosas seguirán igual en el mundo después de este juicio, advirtiendo que las “neo dictaduras” serán encabezadas por civiles imbuidos de ambiciones de poder desmesuradas, codicia, imposición por la fuerza de las armas en casos específicos y por las presiones económicas en la generalidad.

Y esas nuevas formas de dictadura, revestidas de democracias aparentes, ya las vemos manifestarse en la represión –a veces silenciosa– de los que discrepan.

Basta ver, por ejemplo, lo que sucede en la sociedad de Estados Unidos, donde se censura a escritores, se descalifica y amenaza a políticos opositores, se persigue a los inmigrantes latinos y árabes, se mantienen cárceles similares a Guantánamo en distintos lugares del mundo, no cesan el espionaje y las intervenciones indebidas en la política de otros países. El “Estilo Trump” confirma que es posible hacerlo todo mientras no sea derrotado como lo fueron los jerarcas del nazismo.

La película nos puede hacer reflexionar. Tal vez por eso el único horario razonable en que se ofrece es en una sala que vale el doble que las otras, para que así vaya poca gente a verla. Como sucede con muchas otras (Palestina 36, sin ir más lejos). La censura sutil y encubierta.

UN POCO DE LO QUE VIENE

 

Jaime Hales

Este cambio de gobierno nos mostrará un proyecto diferente a lo que se ha visto en los años precedentes. Un gobernante, que contará con buen respaldo parlamentario, cuyos valores e ideas de acercan a los que  estuvieron presentes en el gobierno que encabezó Pinochet. Mi preocupación es que se énfasis esté puesto, como lo hacen algunos de sus mentores, más en los temores a enemigos perpetuos que en la necesidad de avanzar en la democracia.

 

El peso de EL MERCURIO

Sin ninguna duda, El Mercurio es el diario impreso más importante del país y parte de una cadena periodística que cubre prácticamente todo el territorio nacional. Pero los diarios locales no logran quitar la importancia del periódico santiaguino, que se sigue vendiendo – mucho menos por cierto – a lo largo de Chile. Complementa su presencia con la versión digital del diario, con EMOL y sus otras intervenciones digitales mediante podcasts. Todo esto garantiza que es la empresa periodística más influyente en materia política y económica.

Hace 60 años en Chile toda la prensa y la radiotelefonía (comenzando ya a añadirse la televisión) seguía la pauta que fijaba una agencia de noticias de Estados Unidos llamada AP (Associated Press). Después del golpe de Estado la cosa fue rápidamente variando hacia la creciente importancia de El Mercurio (no se puede olvidar la significativa acción de Agustín Edwards con sus amigos Kissinger y Nixon para la caída de Allende), tanto así que desde entonces ese periódico ha sido quien pautea a los otros medios. Es verdad y no se puede desconocer, que la televisión a veces, con ciertas entrevistas o titulares intencionados, interviene la pauta y algunos medios digitales, como por ejemplo CIPER, logran poner temas de escándalos en la palestra pública. La Tercera intentó competir con El Mercurio en lo importante, pues antes competía con los diarios sensacionalistas y no era parte de la llamada “prensa seria”. Pero, la guerra, aunque duró más de lo pronosticado, terminó con la minimización del periódico principal de COPESA a ediciones de fin de semana y una cierta presencia de columnistas – a quienes no les paga, como sucede en la mayoría de los medios – que tienen alguna figuración política.

 

Los temas de la pauta

Pero nada de eso amaga al El Mercurio, que permanece en su relevancia, poniendo los temas y asignando importancia a los debates internos en el país.

Me llama la atención – aunque tal vez justamente por lo dicho no debiera – el hecho de que casi todos los días ocupa algún espacio en su cuerpo C, en las cartas al Director e incluso en el cuerpo A, además por cierto de los reportajes dominicales, como tema de gran importancia el Partido Comunista. Si El Mercurio no hubiese insuflado aires adicionales, Jadue quizás ni siquiera hubiese sido reelegido una vez en Recoleta, pues, como se recordará resultó elegido no por ser comunista sino por ser el candidato al que la Concertación le “regaló un cupo” en esa comuna, como también le regaló un cupo de diputado a Guillermo Teillier a coste de la Democracia Cristiana.

Otra privilegiada acción de El Mercurio ha sido el empeño por minimizar a la Democracia Cristiana, dando una importancia desmesurada a los que se han ido del partido y azuzando a los grupos que quieren inclinar a esa colectividad hacia las posiciones de derecha.

 

Guía de la derecha

En todo esto, El Mercurio ha sido exitoso. Y esto, porque con un periodismo experimentado y bien conducido, cumple sus metas de, más que ser vocero de la derecha, guiar a esa tendencia y a sus partidos a mantenerse alerta en la prosecución de sus fines. El proyecto ideológico de la derecha se mueve entre el neoconservadurismo valórico (hasta en las modas de vestuario quiere intervenir) y el neoliberalismo económico, impulsado desde los Estados Unidos.

Para el triunfo de Kast influyeron muchos factores, pero sin duda uno muy relevante fue el anticomunismo. Otro significativo aporte a ese resultado fue que muchos demócrata cristianos y una enorme cantidad de “dirigentes” concertacionistas hayan inclinado su apoyo al candidato de la derecha (ultra derecha si se quiere decir, para no mantener esa calificación hacia la UDI) e incluso el nuevo gobierno contará con un gabinete “variopinto” con presencia de figuras destacadas del gobierno de Bachelet. Eso nos muestra, entre otras cosas, que las ambiciones de poder, de querer estar en la palestra, de no perder oportunidad de conseguir visibilidad mediática, pueden llevar a algunas personas a aceptar predicamentos políticos de los cuales algunas vez discreparon radicalmente.

 

El fantasma del comunismo

Kast justificará su gobierno a partir de los argumentos que ligan a los comunistas y a otros grupos de la izquierda actualmente asociada a ellos, con todo lo que pueden ser errores del actual gobierno que termina su período, como parte de una intención orientada a establecer un modelo de inspiración marxista en Chile. Los comunistas, una minoría en el país, que elige pocos diputados y senadores, que salva apenas los mínimos estimados para su existencia legal, adquiere una dimensión enorme como un fantasma en la mente de quienes dirigen la economía, la política, la educación, aspectos relevantes de la vida cultural, las universidades en su gran mayoría, los medios de comunicación salvo algunas excepciones.

Vale la pena hacer una alusión directa – a propósito de las relaciones de José Antonio Kast y sus equipos más cercanos con quienes estuvieron trabajando en la dictadura (muchos de los cuales están procesados o condenados por violaciones a los derechos humanos) –a los informes de salud mental de los presos de Punta Peuco elaborados por el neurólogo Hugo Lara Silva, líder del Movimiento Nacional Socialista Obrero.

En el caso de Raúl Iturriaga Neumann, citado in extenso por un medio de Internet, el perito Lara concluye que no hay discapacidad mental desde el punto de vista neurológico, pero que el imputado – después fue condenado a 515 años de cárcel por numerosos delitos – es esencialmente una víctima: “Un adulto mayor de 87 años, (…) que no representa ningún peligro para la sociedad ni para la izquierda, (…) ahora no es un soldado, es un anciano exsoldado, siendo la condena actual clara venganza”. “No es un delincuente, es un ex soldado de la patria (…) que cumplió (…) dentro del contexto de su trabajo como militar especializado y en periodo de guerra irregular (propia del marxismo internacional), en base a un claro quiebre del estado de derecho por el gobierno marxista de Salvador Allende.” A eso, el médico nacional socialista agrega: “¿Es que los Militares y Carabineros que salvaron a Chile de un asalto marxista al poder a través de un flagrante atropello a la constitución y que evitaron una Guerra Civil, son objetos de Odio y Venganza y los Rojos asesinos de Militares y Carabineros son merecedores de Indultos y Beneficios por estos 8 gobiernos incluido el de ‘PIÑERA y BORIC’? (sic). Y luego alude a los crímenes sucedidos en ex URSS, China, Cuba, Camboya, Corea del Norte, Viet-Nam, Checoslovaquia, Hungría.” Lara agrega que hizo su informe “sin odiosidades de ninguna especie, sin odiosidades de venganza marxista, que pericia no a un delincuente con discapacidad médica leve a moderada sino a un Mayor General (r) que actuó en tiempos especiales de Guerra Irregular contra el Marxismo Internacional por orden del legítimo Gobierno de la República, que restableció el Estado de Derecho”.

 

La coalición militar del nuevo tiempo

Éste es el tema, que, por otra parte pone de relieve Trump desde los Estados Unidos: la guerra es contra el marxismo, pero ya no es una guerra fría, es armada. Para eso revive de cierta manera el TIAR de 1948, tratado que promueve la coalición de las fuerzas del continente contra los enemigos externos e internos que promueven la insurrección frente al sistema. Hoy Estados Unidos intenta identificar una relación entre los gobiernos izquierdistas de cualquier lugar del mundo, pero sobre todo de América Latina, con tres peligros: el terrorismo inspirado en el marxismo y en el Islam; el desarrollo de potencial nuclear; el narcotráfico.

Para eso hay que mantener vivo “el peligro comunista” y destruir a quienes ellos creen débiles frente a eso. Y en esto, los comunicadores juegan un rol relevante. En el caso chileno, hay que derechizar o destruir a la Democracia Cristiana; es necesario convertir a los izquierdistas en delincuentes; hay que revivir los predicamentos del Pinochetismo en la dictadura, sin DINA, pero con el desarrollo de otras formas de control y represión que aíslen a los opositores, vinculándolos siempre con la delincuencia.

 

Los limites éticos

Si no se está con quienes gobiernan, se apoya el terrorismo y la delincuencia”, es la frase que he leído y escuchado e incluso se me ha dicho por personas que han leído mis columnas. O Kast y sus planes, o la ruina. O se apoya que el nuevo gobierno no tenga más límites “que la moral personal de Trump”, como lo dijo el gobernante de Estados Unidos o se expondrá el ciudadano, la ciudadana, a ser tratado como colaborador del terrorismo.

Veo la foto de los jefes de Estado y de Gobierno, a los que se añadió a Kast, todos sonrientes en el resort de Trump, mientras se vierten estos discursos. Todos ellos adhieren a estos predicamentos para salvar “nuestro hemisferio” y el que no quiera se expondrá a sanciones. ¿Sánchez y España? ¿Macron y Francia? ¿Meloni e Italia? ¿Los palestinos arrasados por el gobierno sionista? ¿Los chilenos que no estamos de acuerdo con estas medidas que se insinúan?

¿Qué pasará con la política internacional de Chile? ¿Qué pasará con un país que aprendió a valorar los derechos de las personas y ahora estarán supeditados a esta nueva alianza?

Más preguntas podemos hacernos, pero la más importante es – en el entendido que Trump no ha mentido – si acaso Kast, por haber rogado apoyo para ganar, deberá someterse al gobernante que se cree con todos los derechos para dominar el mundo.