¿Por qué perdimos?

Exautoridades de la Concertación y también de los partidos autodenominados de “izquierda” o “progresistas” se han hecho la pregunta que pongo por título. Luego de la derrota de Jara en las elecciones presidenciales, como antes fueron la de Frei y la de Guillier, esa pregunta ronda entre los derrotados, que parecen no acercarse a las respuestas en sus numerosas reuniones.

Buscando causas

En el intento reiterado de muchos por descubrir las causas de las derrotas, podríamos referirnos a causas inmediatas, a los incidentes específicos, o buscar una respuesta más profunda.

Es verdad que la superficialidad es la regla general de casi todo pensamiento actual y se advierte entusiasmo cuando un periodista o un político se engolosina al discutir sobre detalles o noticias específicas, sin percatarse de que son meros incidentes en una línea de acción de mayor profundidad y nivel.

Si en la búsqueda de las causas de las derrotas –cada vez peores y más contundentes– vamos a esas cosas pequeñas, descubriremos que las campañas –al menos la de Guillier y la de Jara– fueron mal conducidas y por eso la diferencia fue mayor que la de la victoria de Piñera sobre Frei. Alguien me dijo esa vez: “Frei era un mal candidato”. No creo, Frei era lo que fue, ni más ni menos. Así logró subir casi 20 puntos porcentuales entre la primera y la segunda vuelta. Pero perdió.

Las otras dos campañas sí que fueron deficientes, aunque por razones muy diversas.

La derrota de Guillier y el triunfo de Boric

Guillier, hombre inteligente, no tenía la capacidad de convocatoria suficiente. La campaña no fue lo necesariamente clara, el programa difuso, los miembros de las “directivas políticas” no se notaban convencidos ni entusiastas. La Democracia Cristiana, debilitada después de la solitaria campaña y las rencillas internas, no pudo ser el aporte que inclinara la balanza y Enríquez-Ominami se opacó en su silencio.

El segundo gobierno de Piñera marcó el comienzo de la decadencia de la derecha tradicional y el auge de los más radicalizados. Eso, sumado a la desastrosa situación que se vivió en el cuatrienio, por errores gubernamentales y por circunstancias externas como la pandemia, auguraba una derrota para la derecha. Muchos entendieron que era el anuncio de un triunfo de la izquierda más extrema.

La derecha una vez más sacó cuentas equivocadas, como fue en la disputa entre Alvear y Bachelet en 2006, creyendo que enfrentar a un enemigo “ultra” los dejaba en mejor posición para ganar. Intervino en las primarias entre el Partido Comunista y el Frente Amplio, jugó sus fichas por Boric, pensando que a un muchacho inexperto sería más fácil vencerlo en la elección. Contra todo pronóstico, Boric aplastó a Jadue. Ya sabemos cómo terminó el asunto.

Apoyo a Jara para derrotarla

Para esta última disputa, rectificaron su conducta y en la primaria los derechistas se la jugaron por favorecer a Jara contra Carolina Tohá. Centraron sus fuegos en ella con el convencimiento, esta vez certero, de la dificultad que representaría ganar para quien lucía su militancia comunista e invocaba constantemente su condición de ministra de Boric (ella mantuvo el cargo aun cuando Carolina Tohá ya había renunciado, dejando en claro que se sentía su continuadora).

El anticomunismo y el rechazo a las propuestas comunistas (que no es lo mismo) está muy instalado en el pueblo chileno y, esto lo veo en mis amigos radicales, exsocialistas, centroizquierdistas, quienes prefirieron apoyar a Kast que votar por Jara en la segunda vuelta. Algunos se abstuvieron.

La razón inmediata

La primera razón de esta derrota a manos de la ultraderecha, está en que no supieron comprender esa campaña derechista y, entonces, no fortalecieron a Tohá, quien tenía todas las condiciones para dar una batalla electoral eficaz frente a Kast.

La dejaron sola, pensaron que “con el vuelito” podría enfrentar a la dura alianza de los ayer contendores (PC y FA). No estuvo presente la decisión de alzar con energía las capacidades latentes de socialistas, demócrata cristianos y los otros grupos, como el partido de Mulet por ejemplo. Los que aparecían como “dirigentes” de campaña se veían cansados y sin ninguna convicción.

Jara ganó la primaria, pero no tendría ninguna posibilidad frente a Kast en una segunda vuelta.

La razón más profunda

Pero la segunda razón que mencionaré es la más importante.

Los que estaban a la cabeza de los partidos políticos de la Concertación y los que asumieron tareas de gobierno perdieron, desde los primeros momentos del año 1990, la batalla cultural.

El proyecto derechista de Guzmán y Pinochet, construido con apoyo de la represión, consideraba el rediseño de la sociedad. La democracia debía ser un sistema elitista, cupular, en el cual la participación popular estuviese restringida a lo electoral. Las organizaciones intermedias, salvo quizás lo que ellos llaman “gremios” que son las de los empresarios, debían desaparecer o ahogarse.

Se incluyó en ello a los colegios profesionales y todo lo que tuviese que ver con los sindicatos. Toda estructura de incorporación del pueblo al quehacer político fue desincentivada, la educación se orientó hacia lo elitista, surgieron las AFP y las Isapre como nuevas fuentes de ingreso para los poderosos de la sociedad. Se allanó el camino a la privatización de la salud y la educación, con la pantomima de “sin fines de lucro” para las universidades, lo que todos sabemos que es una mentira escandalosa.

De ciudadanos a consumidores

Lo importante pasó a ser el tema económico. El diseño era el de que las personas dejaran de ser ciudadanos para pasar a ser consumidores.

Lo que importa hoy para los sostenedores del sistema es que todos se endeuden, que compren a crédito, que deban dinero, porque con ello se los mantiene cautivos. Todos tienen que comprar, tener más porque eso da valor a los individuos, atraídos por falsas liquidaciones, por rebajas artificiales, por el estatus de portar una marca como emblema en el pecho o en la espalda. Hasta las bolsas en que se llevan los productos se pagan: 500 o 1.000 pesos por demostrar al mundo que compré en la tienda tal o cual.

Para ellos, la cultura es un “gasto”, no una inversión. Y los libros, el arte en general, está siendo considerado como una cuestión peligrosa para el sistema. El tema medioambiental es un argumento de las izquierdas y quienes manejan los medios se suman a la campaña como si de verdad el debate fuera entre la libertad y el estatismo.

La cultura individualista

La Concertación cayó en el discurso del neoliberalismo y no se ha comprendido el verdadero valor del Estado como la estructura institucional de la sociedad destinada a proteger a las personas y a trabajar por su desarrollo y oportunidades.

La cultura de hoy es el individualismo: voy hasta donde puedo y no tengo que respetar a nadie. ¿Por qué se respetan tan poco las normas del tránsito? Simplemente porque el Estado ha renunciado a su papel vigilante en las calles, partiendo de la base que si alguien se accidenta o provoca un daño tendrá que responder. Es el individuo, no la sociedad, lo que importa a los creadores de este sistema. Se infringe la ley y las normas de conducta simplemente “porque pueden”.

Y los partidarios de lo que fue la Concertación olvidaron poco a poco su papel. Hoy algunos recuperan la memoria. Perdieron en poder porque cedieron en la batalla cultural: y para ver quien es mejor en la lucha por los consumidores individuales, la derecha tiene una ventaja evidente. Fueron los que votaron por Kast.

Por lo tanto, si es que esos políticos asumen esta causa de su derrota, podrán rearticular su mercadotecnia (marketing, le dicen), reformular sus ideas y propuestas y recuperar aquello que los inspiró en algún momento inicial: pensamiento, doctrina, organización.

Por ahí va la cosa.

Cuando estalle la guerra…

En diversos artículos he planteado que lo que sucede en los países en los que ha triunfado la ultraderecha es parte de un plan bien articulado para hacerse del poder total y, en la medida que se les permita, no volver a soltarlo manteniendo una apariencia democrática. Esto, que se quiere reproducir en muchos lugares ya se vivió durante el siglo XX en varios países. Es un plan que contempla la guerra donde gobiernan otras tendencias, con cualquier argumento. Es el predominio de la intolerancia y el irrespeto de los derechos humanos.

 
 
 

Posiciones extremas

Las posiciones más extremas se han ido abriendo paso en todo el mundo, una de cuyas manifestaciones más controvertidas y simbólicas es la del Perú actual. Una de ellas va a ganar, pero tendrá en contra a la otra mitad del país que votó en las elecciones, porque las diferencias entre los votos obtenidos por uno y otro candidato son bajísimas. Y habrá, además, casi un cuarenta por ciento del electorado que no participó en el proceso y que se sentirá con la libertad de ir inclinando la balanza política en los distintos momentos.

Es algo parecido a lo que pasará en Colombia, cuya segunda vuelta electoral es en pocos días. Desde mi punto de vista, cualquiera de los extremos representa la sutil aceptación de una ruptura democrática porque, lisa y llanamente, considera a la otra como indigna de gobernar.

Todo por el poder

Desprecio, faltas de respeto, mentiras y exageraciones (en Chile se le llamó metáfora o hipérbole) que van mostrando una opción de intolerancia por los pensamientos ajenos. Con un voto más, quienes asumen y ejercen el gobierno están dispuestos a imponer esa exiguas mayorías en las decisiones acerca de lo que ellos estiman mejor para el país. Lo que importa es ganar e imponer los criterios propios.

 

Así lo vemos hoy en Chile, donde la ley miscelánea puede ganar por muy poca diferencia en el Congreso Nacional y las autoridades han dicho que basta con ganar “por un voto”. No se entiende que una ley impuesta así por una mayoría electoral circunstancial pueda sostenerse en el tiempo y ser aceptada por las grandes mayorías del país. Porque ya está claro en el caso chileno que quienes ganaron con un sesenta por ciento de apoyo, a los noventa días ese porcentaje ha caído casi a la mitad, lo que por cierto no les preocupa: ya se hicieron del poder.

Modelo repetido

En estas páginas he planteado que lo que sucede en los países en los que ha triunfado la ultraderecha es parte de un plan bien articulado para hacerse del poder total y, en la medida que se les permita, no volver a soltarlo manteniendo una apariencia democrática.

Esto, que se quiere reproducir en muchos lugares ya se vivió durante el siglo XX en varios países. Es un plan que contempla la guerra donde gobiernan otras tendencias, con cualquier argumento.

Cuando fue la época del nazismo, hubo muchos argumentos, pero el principal era que el poder económico estaba en manos de grupos de judíos y ello socavaba la nacionalidad y fortaleza de los países. Había que exterminar esas redes al precio que fuera. En los países de la órbita comunista, la persecución era contra los agentes del capitalismo y enemigos del socialismo por el solo hecho de proponer reformas democráticas en las dictaduras.

Luego vino el argumento contra las inmigraciones de personas que salían de sus países de origen, ya fuese perseguidos por las dictaduras locales o, en muchos casos, víctimas de otros conflictos bélicos o de la precariedad económica y cultural. Las transnacionales del delito (armas, drogas, tráfico de personas y de órganos, entre otras modalidades) dan argumentos a los que se oponen a las migraciones desde los países más pobres, pues muchas veces se nutren de esas personas para que actúen como ejecutores de muchos de los delitos.

El argumento, los temas y fundamentos invocados puede ir variando, pero la idea de fondo es la misma: lograr controlar el poder total.

La intolerancia

Hace unos días, en un chat de amigos en el que participo, cuya mayoría de integrantes son partidarios entusiastas del actual gobierno de Chile, muchos de ellos hinchas casi fanáticos de Trump y una buena parte que expresa simpatías por el sionismo y por los que gobiernan el Estado de Israel, publicaron las fotos de algunos gobernantes europeos, teniendo en la base la siguiente leyenda: “Cuando estalle la guerra en toda Europa contra los invasores islamitas, no nos olvidaremos de los traidores que los defendían”.

Es decir, en esas mentes la guerra está prevista como un hecho inevitable. Aunque puede que siguiendo el modelo de Pinochet, lleguen a calificar de guerra “interna” cualquier disidencia o en este caso, toda adhesión a una religión que no les gusta (Islam), a los orígenes árabes (semitas, aunque en este caso no le llamarían “antisemitismo”), a los pueblos del norte de África, por lo menos.

No es un condicional (“Si hay guerra”) sino una afirmación categórica, propia de voluntades resueltas de ir por esa vía para exterminar al enemigo. Fue lo que intentaron los serbios en Bosnia y en Kosovo, los sionistas respecto del pueblo palestino, varios países respecto de los kurdos, Turquía en algún momento frente a los armenios. Es lo que llaman “limpieza étnica”.

Los enemigos

Racismo extremo, violencia como sistema, amenazas, intolerancia intelectual, religiosa y política.

Debemos recordar que los árabes, musulmanes mayoritariamente en aquella época, dominaron zonas de Europa durante 800 años, aportando un avance cultural de enormes proporciones, en un marco de tolerancia entre las religiones importantes.

La victoria de Castilla y sus aliados, significó la expulsión de los árabes de religión musulmana y de la religión judía o su conversión forzada y la imposición en el territorio peninsular de una sola religión permitida. Tal fue el auge de la inquisición y la dura persecución que llegó a afectar hasta a algunos religiosos católicos (que llegaron a ser considerados santos después de haber sido reprimidos).

Este odio o desprecio hacia los musulmanes sigue vigente en el ideario de las ultraderechas del mundo, atentando contra los derechos humanos más elementales, en un discurso que se ha generalizado.

Hay otras respuestas

“Cuando estalle la guerra”…es una amenaza, que cada vez tiene más asidero en los pensamientos extremos y puede llevarnos a seguir gastando en armamentos, porque los que pierden podrán algún día ser partidarios de caminos que están más allá de la democracia.

 

Cada vez se hace más urgente poner atención a voces como la de los dos últimos jefes de la Iglesia Católica, quienes han escrito con entusiasmo respecto de la necesidad de la paz, el respeto por las personas, la búsqueda de la justicia, la especial consideración de los migrantes, a partir de la convicción de que la humanidad está entrando en una nueva era. Muchos de los que se declaran parte de esa religión, que veneran a su pontífice, no siguen sus lineamientos y son parte activa y entusiasta de los modelos que las altas autoridades de su fe consideran opresivos e injustos.

Eso no se entiende con facilidad, salvo que la religión sea solamente un buen argumento para otros fines y que lo que en definitiva les importe no sean los principios que el magisterio eclesiástico proclama como los más relevantes emanados de los evangelios, de la filosofía y de la patrística, sino sus intereses económicos y de poder en el seno de la sociedad. Ellos se sienten llamados a dirigir el mundo y luego a imponer una mirada sobre este mundo que los justifique y lleve al pueblo a ser obediente para quienes son tocados por esa mano de Dios, de un dios tan ajeno al mensaje que da el papado actual.

La lista de vándalos: una puerta abierta a la arbitrariedad

El actual gobierno propone generar un “listado de vándalos” con el objetivo de castigarlos mediante la eliminación de sus beneficios sociales de cualquier tipo. Eso requiere reflexiones y algo más que la mera opción de aceptar o rechazar la idea.

¿Quién son los vándalos?

Suevos, Alanos y Vándalos fueron los tres primeros pueblos germanos significativos que llegaron a la península ibérica en el año 409 de la Era Común (allí vivían los íberos, que ya se estaban mezclando con los celtas, inmigrantes pacíficos). La entrada de los vándalos significó cambios enormes en la forma de vida de los primitivos habitantes, muchos de ellos ya romanizados, e incluso de los primeros grupos de tribus indoeuropeas que estaban habitando la zona.

De inmediato el reino vándalo se extendió al norte de África. Haciendo caso omiso de las advertencias romanas sobre la paz imperial, su gran líder Genserico atacó duramente a la aristocracia local y confiscó los bienes de las autoridades cristianas. Éstas se convirtieron en sus peores enemigas y el pueblo cristiano, amagado por la autoridad real, mantuvo sin embargo enclaves de resistencia y oposición a estos invasores. Los vándalos terminaron destruyéndose a sí mismos producto de la corrupción y las luchas de sucesión.

En nuestro lenguaje corriente, la expresión “vándalos” hace referencia a quienes actúan generando destrozos o daños en bienes públicos y privados o cuyo comportamiento violenta las costumbres sociales, violando reglamentos y leyes e incluso cometiendo delitos.

La propuesta de Kast

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El actual gobierno encabezado por Kast, como parte de su estrategia, ha propuesto generar un “listado de vándalos”, es decir de personas que tienen comportamientos antisociales sean o no delitos, con el objetivo de castigarlos mediante la eliminación de sus beneficios sociales de cualquier tipo.

Los gobiernos, las instituciones, las empresas, las personas, pueden hacer los listados que quieran para su uso propio. Yo hago listas de escritores para enviarles invitaciones o difundir mis escritos entre colegas. Hago listas de políticos a quienes enviar estos comentarios. Hago listas de canciones, de compras, de películas que me interesa ver, de libros que quiero comprar o que ya tengo en mi nutrida biblioteca.

Un amigo decía que cierto político que llegó a la presidencia de la República hacía listas en una pequeña libreta de todos los que lo criticábamos con dureza, con el objeto de no olvidar que debían ser excluidos de todo nombramiento público o en su partido.

El riesgo de los listados

Pero cuando esas listas pasan a ser oficiales, es decir, respaldadas abiertamente por el poder político o incluso legalizadas, las consecuencias pueden ser muy distintas.

Por cierto, ya no estamos viviendo aquella situación que padecimos durante la dictadura.

En aquellos tiempos se hacían listados de quienes eran considerados enemigos del régimen. Una lista de cantantes, músicos, artistas plásticos, escritores a cargo de una oficina especial en la sede gubernamental significó exclusión, marginación, persecución e incluso la represión (encarcelamiento arbitrario, tortura, muerte o desaparición) de muchísimos de quienes fueron incluidos en esa nómina.

Llegaban a integrarla, tanto por sospechas, denuncias anónimas, relaciones de parentesco, vinculaciones políticas directas o indirectas. Otros listados eran de políticos o de abogados que creían en la necesidad de defender los derechos humanos y nos atrevíamos a criticar a las autoridades que los violentaban. Y así suma y sigue.

Hoy eso no existe.

Las sanciones ideadas

Se propone “sólo” quitar derechos sociales, se ha dicho.

¿Cuáles son esos derechos? ¿Gratuidad universitaria?

¿Pensión garantizada universal?

¿Derecho a acceder a las garantías explícitas de salud (GES, AUGE)?

¿Acceso a la educación?

¿Acceder a trabajos que directa o indirectamente tengan financiamientos estatales?

¿Postulación a fondos de cultura?

La preguntas que se debe responder

Las preguntas en el fondo son cruciales

¿Qué es “vandalismo” para esta proposición?

En esa lista podrán poner a los que hacen pinturas callejeras sin autorización de los propietarios de las viviendas, a los que destrozan monumentos o edificios públicos o privados. ¿Y los que transitan por la calles a exceso de velocidad poniendo en riesgo a otras personas o provocando accidentes graves? ¿Y los que infringen normas tales como andar en bicicleta por las veredas o tomarse un local universitario para luchar por alguna causa?

¿Quién fija los límites de inclusión en el listado, quién hace el listado, cuáles son sus criterios y cuáles son los parámetros para las sanciones?

Delitos, faltas o simples actos incorrectos

Si las conductas son delitos o faltas, tal vez habría que poner penas accesorias en la ley.

¿Y si no lo son?

Todo quedará a criterio de funcionarios que son controlados a posteriori, pero no hay control previo para el daño que se puede provocar. Podemos imaginar centenares de situaciones en las cuales todo esto puede derivar en arbitrariedades e injusticias, al mismo tiempo que muchas otras quedan sin control ni medida (secreto bancario de por medio).

Haga las listas que quiera, pero no las convierta en instrumentos para sancionar sin respaldo judicial. Porque decir “vandalismo” para una conducta, puede ir desde pedir dinero en el Metro hasta cometer todo tipo de delitos.

¿Serán incivilidades o vandalismo aquellas conductas groseras, prepotentes, altaneras que vemos en tantos lugares, incluso en servicios públicos, tiendas y otros lugares de acceso público?

¿Serán consideradas en ese listado quienes actúan con prepotencia por su condición social o económica en contra de otras personas?

El riesgo

Esta proposición que a las mayorías puede parecerle atractiva, lo que hace es abrir una puerta de riesgos que termine en la arbitrariedad completa por parte de la autoridad de turno. Porque las listas de personas y de conductas se van manejando según el gusto de quien las maneja.

La pregunta que me hago es si quienes las proponen y las aprueban, les parecería bien eso mismo si triunfara en Chile una corriente política similar a la que gobernó Venezuela reciente o la Alemania de hace 80 años, la que gobierna en Cuba o Nicaragua o cualquier otra que no les guste. ¿Se considerará vándalos a cualquiera que se oponga a los poderosos?

Por ahí va la reflexión en torno al tema.

En conclusión, lo más peligroso de este proyecto es que los derechos humanos claramente entran en cuestionamiento, dejando las garantías constitucionales supeditadas a los criterios y la voluntad de quienes gobiernan.

El centro está en otra parte

Lo que estamos viendo en el mundo, en América Latina particularmente, es una aguda polarización política, donde los gobiernos se los disputan la extrema derecha y la extrema izquierda, muchas veces autodefinidos como tales. Es la guerra en contra del otro por el hecho de pensar distinto. Y las decisiones que se toman por parte de los gobiernos tienen que ver con eso, descalificando de paso al que se les oponga.

Al dar una mirada lineal a las opciones en la vida tendemos a movernos entre los extremos. Ponemos una banderita en la punta izquierda y otra en la derecha. Si eso lo hacemos con las ideas, habrá dos extremos y luego esos extremos se podrán matizar hasta llegar al centro. ¿Qué será el centro en esta mirada? Pues ni más ni menos que un promedio de las ideas de uno y otro extremo, suavizadas por los matices del “degradé”.

Cuando se inició el proceso de la Revolución Francesa de 1789 y concurrían los tres grupos sociales (Clero, Nobleza y Estado Llano), se sentaban a la derecha los monárquicos y a la izquierda los que querían cambiarlo todo. Ahí está el origen. Y eso se reproduce hasta hoy en el hemiciclo de nuestro Congreso Nacional. Los que se sitúan en el centro quedan presionados por los extremos y más de una vez se moverán de acuerdo a la eficacia de las presiones que reciban.

 

No a la línea recta

Hay quienes creen que ese concepto de centro es el adecuado y entonces están buscando acomodos que los alejan de las ideas claras, las doctrinas coherentes y las posiciones consistentes. ¿Qué hubiera pasado si esos revolucionarios se hubiesen sentado en círculo en lugar de un espacio de líneas rectas?

 

Si en una reunión de trabajo nos sentamos de esta manera podremos mirarnos todos las caras, nos veremos de otra manera, no habrá extremos sino que percibiremos que el centro ya no es un espacio intermedio, sino que el que surge en el corazón del círculo, por el que se cruzan sonidos y miradas y donde las personas pueden encontrarse y reconocerse.

El esquema autoritario (Monárquico, dictatorial) ha sido adoptado por democracias que, con dificultades, se han ido abriendo paso hacia formas de relación más respetuosas. Entender al que piensa distinto como un sujeto que está en el otro polo, distante, con el que no tengo relación, es muy diferente a que se trate de personas a las cuales miramos a la cara y que están tan cerca como todos los demás.

El enemigo en la mira

De esa mirada lineal de la política, autoritaria, rígida, es muy difícil encontrar soluciones reales y consensuadas, porque el extremista de un lado mira con desprecio al del otro, casi como si fuera un enemigo que debe ser destruido.

 

Y hay momentos, incluso en nuestra historia chilena, en que eso ha sido así: “No hay mejor comunista que el comunista muerto”, dijo un diputado del Partido Nacional en 1972 y más de alguien sigue creyendo eso hoy. “Muerte al fascismo”, grita otro que entiende que ése es el apelativo que correspondería a los extremistas de derecha y que deben ser “eliminados”. Y así lo entendieron –lo entienden– muchas dictaduras que creen que el que piensa de otra manera no tiene el derecho de sostener sus ideas y el diálogo con él es un pecado.

¿Recordarán –para mencionar algo suave– los lectores cuando Nicanor Parra fue maltratado por la izquierda chilena a raíz de que él asistió a una reunión literaria convocada por la esposa de Richard Nixon?

Un ejemplo personal. Alguien me dijo un día: ¿Cómo puede ser amigo de ese sujeto que trabajó con Pinochet? Muy simple, le contesté, porque somos amigos no por razones políticas, sino por afecto y otras circunstancias; así, cuando él estaba en sus tareas políticas, yo podía decirle lo que pensaba y el me escuchaba de un modo más abierto a que esas mismas cosas se las hubiese dicho alguien que lo consideraba un enemigo.

Porque todas las personas tenemos derechos y el principal es el de ser respetados y considerados más allá de las ideas que sustentemos. Eso no se entiende en la mirada autoritaria, donde cada extremo siente que tiene la verdad absoluta y de ahí derivaría su derecho de impedir incluso la existencia política del otro.

El duopolio ideológico y político

Capitalismo –en sus versiones actualizadas, por cierto– o comunismo –en cualquiera de sus proposiciones históricas– parecen ser las opciones que mueven las decisiones. En lenguaje más intelectual diríamos liberalismo o marxismo. Los demás, que no somos ni unos ni otros, quedamos apresados en esa línea recta que sólo invita a la confrontación y no al entendimiento.

Cuando aquellos jóvenes políticos de los años 30 en adelante propusieron romper ese esquema dualista, dijeron “más allá del capitalismo y del comunismo” y dibujaron una flecha que cruzaba esas dos barreras para situarse en un terreno diferente. Jaime Castillo, Eduardo Frei, Radomiro Tomic hablaron de una sociedad que no sería ni individualista ni colectivista, sino comunitaria. Esa es la visión de quienes proponen sentarse en círculo para verse las caras y entender que entre los humanos debemos ser capaces de relacionarnos considerando al otro como un par con quien construimos el mundo en que vivimos y compartimos el aire, las calles, el paisaje, los miedos, las necesidades y las esperanzas.

La tercera posición

Es necesario, de esta línea recta que fuerza las posiciones, sacar una tercera posición equidistante que permita construir un triángulo equilátero en cuyo centro esté el círculo en el cual nos sentaremos a conversar. Los que creemos en esto sabemos que no es la hora de ser el centro entre los extremos, sino ir más allá de ese contexto y proponer una manera diferente de organizarnos, donde los ejes se sitúen en la participación armónica, en la franqueza, el pluralismo, la libertad y la justicia.

Sobre ejes de este tipo se puede romper esta política de vaivenes que mantiene la economía en deterioro, la pobreza sin soluciones reales, la educación insuficiente, la salud precaria y la violencia creciente.

Es posible, pero para eso hay que tener ideas claras, disposición al encuentro, capacidad de escuchar la voz de los demás y estar decidido a buscar la justicia, la solidaridad y la libertad por sobre todos los valores en la vida social.

NO PODRÁNIMPEDIR LA PRIMAVERA

Los artistas –entendiendo por tales a escritores, pintores, cineastas, músicos, actores y los cultores de todas las disciplinas creativas–, gestores culturales, empresarios vinculados a las actividades del arte, en fin, todo lo que gira en torno al mundo del arte y de la cultura, se han puesto en estado de alerta.

Los científicos, en general del ámbito universitario, además de los empresarios relacionados con la ciencia y la tecnología, han comenzado a levantar sus voces con cierta alarma.

¿Qué pasa?

Durante décadas, los investigadores de la ciencia en Chile y los que ejercemos los oficios relacionados con la creación artística, hemos sido considerados por el mundo del poder político y económico como el último carro del tren. En las universidades, incluso en las más tradicionales, el centro ha radicado en la docencia y sus hermanas menores han sido, en ese orden, la extensión (ahora le llaman “vinculación con el medio”) y la investigación. Hubo Facultades y Escuelas universitarias en las cuales la investigación era vista como una pérdida de tiempo durante la primera mitad del siglo XX.

Los movimientos de la década de los años 60, impulsada por una minoría de académicos y una mayoría de estudiantes, logró presionar sobre las altas esferas. Una decisión académica ideada desde la Rectoría de la Universidad de Chile llevó a la creación de la Facultad de Ciencias, logrando superar las resistencias de las escuelas profesionales que se tocaban con la ciencia, se nutrían de ella, pero eran reacios a investigar. Los gobiernos de Frei Montalva y Allende fueron determinantes en la apertura de la mirada hacia la investigación en todos los planos.

Paralelamente, tal vez incluso desde algo antes, los agentes del arte y la cultura fueron siendo dejados de lado en importancia para las decisiones. Si en algún momento, en el primer tercio del siglo XX pudo haber recursos para la cultura, eso fue desapareciendo sistemáticamente a partir del segundo gobierno de Arturo Alessandri. Tal circunstancia motivó movimientos importantes, de escritores fundamentalmente, que han ido (hemos ido) luchando en todas las esferas por lograr la validación de su trabajo y la necesidad de un compromiso de la sociedad y del Estado con actividades que si bien no producen grandes fuentes de empleos, permiten subir el nivel cultural del país. Los gobiernos nombrados en el párrafo anterior fueron importantes al acoger muchos de las demandas sobre el tema.

Pero cuando se dejó caer la dictadura todo volvió a los oscuros momentos anteriores. Es inolvidable aquella presión de ciertos economistas –particularmente debo mencionar a Álvaro Bardón– para frenar la inversión en investigación universitaria, sosteniendo que se trataba de dinero mal gastado, por cuanto podíamos aprovechar lo que se investigaba en otras partes y comprar los resultados. Y respecto del arte, salvo algunos regalones del régimen que recibieron pagos por su obsecuencia, el resto era visto como peligroso, subversivo, izquierdista (zurdos dirían algunos diputados de hoy). No solo no había dinero para planes de apoyo a la creación, sino que se sometió al vejamen de la censura previa a los escritores que para publicar requeríamos de un permiso del Ministerio del Interior. Una oficina especial del gobierno, por su parte, dirigida por Benjamín Mackenna en sus comienzos, hacía las listas de músicos y otros artistas a quienes les iban cerrando puertas.

Muchos científicos y creadores o cultores del arte se fueron al extranjero, unos forzados por la persecución política manifiesta y otros simplemente porque las puertas se cerraban para ellos. Pero en Chile muchos, los que no nos fuimos, seguimos creando en las más diversas disciplinas. Incluso, hubo algunos empresarios que se atrevieron a invertir, siendo quizás el más potente Ricardo García, creador del sello Alerce. Grupos de música, movimientos de poetas y narradores, pintores y escultores fuimos manteniendo viva la llama. En esto fue vital el Teatro con sus dramaturgos y las compañías de actores que, pese a que el público era escaso, generaban una energía poderosa que se extendía más allá de las salas.

Por eso en algún momento fueron amenazados de muerte, lo que provocó una reacción mundial de apoyo y un respaldo potente.

En el “postpinochetismo”, habiendo cesado la persecución y muchas desconfianzas del mundo oficial, las cosas han andado mejor, pese a que muchas promesas de las campañas han quedado como letra muerta. Se estaba avanzando, poco a poco, pero al menos no se retrocedía. Hasta hoy, cuando el gobierno de Kast ha comenzado la ofensiva con las primeras medidas, los discursos oficiales, las frase metafóricas del presidente sobre la escasa riqueza que producen las investigaciones, las declaraciones y actitudes de la ministra de Ciencias, los proyectos que hacen peligrar la propiedad intelectual, la reducción de presupuestos y las descalificaciones de todos los que giran en torno a estas temáticas llamándolos izquierdistas, comunistas, subversivos.

La noche empieza a caer. Hoy el mundo de la ciencia y la cultura está en estado de alerta. Hay que frenar esos intentos reduccionistas y seguir creando: ferias, Furias, congresos, encuentros, lecturas de poesía, muchos libros, artes visuales, cine, música, para recuperar terreno y no ceder ante la ofensiva del “neopinochetismo”.

Lo bueno es que la noche tiene límite y cuando se hace más oscura es el momento previo al amanecer. Recuerdo cuando en plena dictadura, alguien repitió esa hermosa frase:

Fortalecer la democracia y el Estado

Las señales que da el gobierno de Kast permiten establecer que no les interesa el fortalecimiento del aparto estatal ni el fortalecimiento de la democracia. Sus objetivos son distintos, centrados en las ventajas para el mundo empresarial privado y la consolidación de un poder que se haga cada vez menos modificable.

Necesidad de nuevas propuestas

Hace ya un tiempo formulé algunas propuestas políticas para mejorar el funcionamiento del Estado, pues estoy convencido que un proceso de democratización como el que Chile deberá iniciar cuanto antes, requiere de un Estado sólido, fuerte, eficaz, eficiente. Lo que intenté fue proponer algo que nos sacara de las contingencias inmediatas y permitiera ver la realidad con una perspectiva de futuro, convencido como estoy de que el futuro se construye desde hoy.

La democracia chilena, como lo he comentado varias veces, la percibo débil, limitada, excesivamente formalista, ajena a la realidad del pueblo y sus necesidades. Incluso ya ha dejado de hablarse de pueblo para sustituirlo por el vocablo gente.

Eso no es un tema baladí, sino una modificación profunda de lenguaje. Gente es un concepto vago, masificador de individuos desconectados entre sí, pero que transitan por la misma sociedad. Pueblo es un concepto integrador, referido a las personas conectadas por espacios, intereses, demandas, necesidades, desarrollo, donde las decisiones se toman más en conciencia de lo que es permanente y no sólo de la urgencia del día.

Por eso, aludo siempre a las necesidades que van más allá de lo básico: es la necesidad del desarrollo humano, de personas integradas en sí mismas y con los demás, en busca de consensos, armonía, soluciones permanentes, unidos por su entorno cultural real.

Consumidor versus ciudadano

Cuando, como sucede en estos tiempos, prima el carácter de consumidor por sobre el de ciudadano y los valores y lenguajes son traídos de las potencias imperiales, se percibe el intento de hegemonizar para establecer el dominio de los poderosos sobre el resto. Los poderosos del dinero, de la política, de las religiones, de las armas.

Los proyectos planteados por los actuales gobernantes apuntan con claridad a restablecer la alianza del poder económico con el político –más allá de la corrupción o los delitos en la materia– con un respaldo valórico derivado del imperio de las religiones más inquietas por los temas de la familia y la sexualidad, que los de la justicia social, el respeto por las personas y la construcción de espacios solidarios, fraternos.

Y todo esto con la presencia silente pero activa de los militares, que con la continuidad pinochetista del ministro de Defensa Nacional, bajo el rótulo de “nuestras fuerzas armadas” se les invoca como sostenedores del sistema institucional.

No se aprecia voluntad de avanzar en el fortalecimiento del Estado y de la democracia. Por el contrario, cada paso está orientado a mantener como zonas de gasto privilegiado a las fuerzas armadas y el entorno presidencial, dejando todas las otras cuestiones para la reducción de presupuestos.

Los temas de interés

Medio ambiente, cultura, arte, incluso educación y salud como asuntos de Estado, son materias que el enfoque del gobierno actual y la derecha en su conjunto califican de “temas izquierdistas”, en el entendido que la derecha está interesada en la seguridad y el poder económico, convencidos que son los únicos que privilegian esas temáticas por sobre todas las otras.

Por eso se entiende que el Ejecutivo haya cambiado rápidamente de ministro de Seguridad, atendidas las críticas que recibía la titular, desde todas las posiciones. Lo que no se entiende tan bien es que el presidente haya destituido a la ministra y junto con decirle que tenía que irse le agradeció y la felicitó por todos los logros conseguidos en su brevísima gestión, diciendo que se la extrañaría en el cargo.

Las críticas de los demás, paralelamente, relevaban que ella carecía de plan (reconoció que no sabía que debía tenerlo), que sus éxitos operativos estuvieron basados en las acciones de Fiscalía, de las policías y del gobierno, iniciadas mucho antes de que asumiera el actual presidente y que sus declaraciones y acciones públicas fueron muy desafortunadas. Pero Kast la echará de menos. La contradicción en sí misma. Lo difícil será para el nuevo: él se opuso a la creación del Ministerio y fue un crítico constante y agudo de todo lo que hizo el ministro de Boric.

Debilitando el Estado

En esa misma línea, ahora se habla con claridad por parte de la derecha –planteamiento sobre el que no se ha pronunciado el gobierno todavía– de la conveniencia de privatizar Codelco. Es decir, si las cosas no funcionan como ellos quisieran, en lugar de mejorar procedimientos, sistemas, controles, consideran que hay desprenderse de la mayor empresa del Estado, paralelamente con bajar los impuestos a las grandes empresas.

Para ellos, el Estado debería disminuirse todo lo que se pudiera. Recuerdo una conversación con un destacado personaje del pinochetismo (fue ministro de Educación) cuando el fungía de decano de Ingeniería en la Universidad Andrés Bello. Decía: “todo debe ser privado”. Le dije: ¿Y las fuerzas armadas? Él respondió: “también”. Hasta el decano de Economía, poco después elegido diputado por la UDI, lo miró con sorpresa.

Finalmente, todo es negocio y lo que importa es que los empresarios privados, sobre todo los empresarios más grandes, puedan ganar mucho dinero, convencidos como están de que la riqueza de los poderosos “chorreará” hacia la gente. Eso ya está probado que no es así.

La urgencia del debate

Es necesario iniciar un debate serio y comenzar a proponer reformas destinadas a fortalecer el Estado. La democracia requiere de un Estado potente que garantice los derechos de las personas.

No se trata de hacer todas las reformas de una vez, sino comenzar a proponer, intercambiar ideas, buscar acuerdos e ir reformando poco a poco cada una de las áreas que permitan avanzar hacia la profundización democrática, la participación consciente en las decisiones, la responsabilidad de quienes tienen la conducción política del país y la construcción de espacios de justicia, fraternidad ciudadana, educación sólida, formación ética y satisfacción de las necesidades más urgentes para establecer la armonía social que requiere la sociedad.

Paciencia con el gobierno: ¿Una petición de clemencia?

El actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos. Eso nos hacía esperar que este gobierno fuera distinto, pero no ha sido así.

Asumo las críticas

He recibido muchos comentarios sobre mis artículos en este medio. La mayor parte de ellos dicen que les gustan, pero que son muy largos. Eso tiene fácil solución y la empiezo a aplicar de inmediato. Un amigo lector me dice que tengo poca paciencia con el nuevo gobierno de Chile y que debería darle tiempo para el proceso de instalación y adaptación. Otro agrega, curiosamente, que mis críticas pretenden reivindicar, justificar y defender al gobierno de Boric.

No fui partidario del gobierno recién saliente y formulé muchas críticas a sus acciones e inacciones. Mal podría pretender ahora justificarlo, defenderlo y reivindicarlo. Por el contrario, no me desdigo de mis críticas, aunque sí celebro con alegría el cambio que experimentó el presidente Gabriel Boric en sus posturas personales, al entender, como él mismo lo dijo más de una vez, que las cosas desde el gobierno se ven distintas que desde la oposición. Él cambió sus apreciaciones y sus juicios, modificó posturas y suavizó un programa que era imposible de cumplir. Boric supo cambiar, se explicó bien, tuvo el mérito de reconocer sus falencias. Eso no hace un buen gobierno, pero sí muestra a un gobernante razonable.

Cuando se me critica de “falta de paciencia”, entiendo que el lector pide clemencia para con el gobierno en su primer tiempo, denominado “período de instalación y adaptación”.

La explicación

Lo que sucede, querido lector, es que el actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos.

Entonces, cuando sostenían ese discurso, agregaban que ellos estarían preparados para actuar desde el primer día, que no improvisarían, que llegarían con gente con conocimientos y experiencia, con sus proyectos listos, que tendrían todo preparado. Incluso más, dijeron que en los primeros noventa días estarían encaminados a todas la soluciones.

El país podría responder a la petición de clemencia que hacen algunos de sus partidarios si acaso hubiese humildad de parte de los gobernantes, pero no es así. Por el contrario, el tono es soberbio, autosuficiente, voluntarista, pues tanto el presidente como sus ministros están convencidos que pueden conseguirlo todo.

La realidad es de otro modo

Pero resulta que no es así. La señora Ministra de Seguridad pide tiempo: ahora se dio cuenta que la delincuencia actúa independientemente de la voluntad del gobierno y por muchas ganas que tenga ella de que no haya más delitos en Chile, que se terminen portonazos y asaltos, asesinatos y venganzas, no basta con ello.

Tampoco es suficiente que cada vez que se comete un delito sonado al cual los medios de comunicación le dan mucha difusión, ella tenga que ir con un general de Carabineros a mirar el lugar de los acontecimientos. Eso es más propio de un fiscal que de un Ministro.

Entonces algunos esperaríamos que ella y el Presidente o alguien en su nombre al menos, dijera que recién se está estudiando qué hacer y que la tarea asumida por el gobierno anterior de la mano de las policías estaba en la línea correcta para combatir al “crimen organizado” y al “crimen espontáneo”, pero que nada se logra ni con declaraciones ni la mera voluntad.

¿Caminos de solución?

Es verdad que ella ha conseguido que la comunicación escrita y algo la televisiva den menos espacios a los delitos, pero como éstos se siguen cometiendo es necesario tomar medidas de fondo. Una de ellas, propongo, sería separar las funciones policiales en preventivas (a cargo de Carabineros) e investigativas (responsable la PDI), para no duplicar esfuerzos o entorpecer unos lo que hacen los otros, como sucede.

“Meter mano” en Carabineros puede ser una medida interesante, especialmente para que los policías hagan sólo labores policiales preventivas y las administrativas estén en manos de civiles a su disposición. Eso entre muchas otras que van desde revisar la selección del personal hasta las normas relativas a retiro y jubilaciones.
Pero parece que el actual gobierno no estaba preparado para ello.

Jóvenes inexpertos

Muchos jóvenes inexpertos –muy inteligentes es probable– se han hecho cargo de tareas de gobierno sin entender cabalmente cuál es su responsabilidad. Por eso una subsecretaria que debe trabajar por la prevención del delito dice que la prevención del delito no es su tema.

O que la ministra que oficia de vocera sólo sea una repetidora de los comunicados que otra persona elabora, pero que no puede de contestar preguntas ni aclarar nada sin equivocarse.

No es que yo no tenga paciencia –el rechazo al gobierno va en aumento por parte de la ciudadanía– sino que lo que se esperaba de ellos al asumir es que tuvieran ya todo claro. Pero no lo tienen y van mordiéndose la cola con sus proclamas.

La inflación es mayor que en el gobierno anterior, el crecimiento menor, la cesantía en ciertas áreas aumenta, la ciencia y la cultura les son marginales y sobre la educación, salvo la idea de reprimir actos de violencia e indisciplina, no hay otras indicaciones. Con la salud no pasa nada significativo.

Si la promesa era hacer las cosas bien, no parece que eso estuviese sucediendo.

¡Que lo hagan mejor!

Las críticas, entonces, no son para que se vayan: el pueblo los eligió y deben actuar con responsabilidad y no huir. Las críticas que algunos formulamos son para que hagan las cosas mejor, trabajen con espíritu democrático, dejen de justificar sus errores con las acciones y omisiones de Boric y su gobierno, y generen soluciones para los problemas concretos tal como lo prometieron.

Ya sabemos que no estaban preparados y que no dijeron la verdad cuando afirmaban tener los proyectos listos y las medidas claras para combatir la delincuencia, asegurar soluciones de crecimiento, empleo, bienestar.

Les seguiremos teniendo paciencia, pero sus ilusiones dejan de ser tales y lo que interesa ahora es que no olviden que Chile va más allá de las familias de mayores ingresos, que los habitantes del país esperamos una propuesta de justicia, libertad, desarrollo integral y progreso, con satisfacción de las necesidades básicas y espacio para incrementar logros en las necesidades superiores.

Clemencia para los que se equivocan y paciencia con los que no saben hacer las cosas. ¿No será mucho pedir?

La culpa es de Boric

Lo que más espacio ocupó en el discurso de Kast por cadena nacional fueron las referencias constantes al gobierno anterior, el cual sería culpable de todos los males de Chile. Descalificar a Boric, a Marcel, a Tohá, a Grau y a todos y cada uno de los ministros y colaboradores cercanos, es la tarea de la que está a cargo de Cristián Leiva, que elabora las minutas con lo que pueden decir y no pueden decir los ministros, además de inventar afirmaciones y relatos falaces.

 
 
 

El diseño político

 

Mientras el ministro de Hacienda prepara el proyecto que se presentará en el Congreso en los próximos días, ya ha comenzado el debate. Es indudable que, pese a que a mucha gente no le cae bien Quiroz, él es, junto a Leiva y a García, parte del equipo duro del gobierno, dispuesto a ejecutar el programa a como dé lugar.

Kast y su gente tienen un diseño político, económico y social que inevitablemente recuerda al pinochetismo. El dictador hizo una combinación, de la mano de Jaime Guzmán y Contreras Sepúlveda, entre la propuesta neoliberal y la brutal represión a los opositores.

El actual gobernante tiene el diseño de Guzmán y lo que aprendió de él, careciendo de la inteligencia y cultura que tenía el seguidor de Franco y Primo de Rivera. Pero lo que no tiene es el aparato represivo –tal vez lo eche de menos en algún momento– razón por la cual opera comunicacionalmente tratando de destruir la imagen de sus detractores y opositores. Es lo que algunos, sugerentemente, llaman “asesinato de imagen”.

 

Lo que más espacio ocupó en el discurso de Kast por cadena nacional fueron las referencias constantes al gobierno anterior, el cual sería culpable de todos los males de Chile.

 

Descalificar a Boric, a Marcel, a Tohá, a Grau y a todos y cada uno de los ministros y colaboradores cercanos, es la tarea de la que está a cargo de Cristián Leiva, que elabora las minutas con lo que pueden decir y no pueden decir los ministros, además de inventar afirmaciones y relatos falaces.

Así como trató a la rival de Kast de loca en las redes sociales, cuando se canse con Boric seguirá con otros. Probablemente partirá con Manouchehri y Cicardini, los parlamentarios que se han lanzado en la más dura de las oposiciones.

El proyecto de ley

Pero las cosas se le presentan complicadas al Presidente de la República.

El proyecto considerado como pieza fundamental de este gobierno recibió el nombre de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico y Social. ¿Es que la nación está destruida que hay que reconstruirla? ¿Es que acaso con las rebajas tributarias propuestas habrá más políticas de desarrollo social? ¿O es que ese cambio ya no irá, como en gobiernos anteriores en beneficio de los pobres y parcialmente de las clases medias, sino de los más ricos?

 

El proyecto de ley toca muchos temas, pero lo central es una reforma tributaria. El texto mismo del proyecto no está listo y ha sido presentado sólo en los términos del discurso y las declaraciones de Quiroz. El estudio de abogados del Ministro de Defensa (representante y abogado de Pinochet en su momento) ha hecho un buen resumen que publica en su página web, destacando 14 medidas que son las que les interesan como abogados especialistas en derecho tributario.

Cito al estudio Barros: “Fondo de Emergencia para Reconstrucción. Se financiará con mecanismos transitorios como la rebaja al impuesto a donaciones, repatriación de capitales e impuestos sustitutivos”.

Junto a eso se propone eliminar obligaciones del donante, lo que puede prestarse para una serie de acciones que pueden perjudicar a quienes podrían tener derechos o expectativas en relación con esos bienes donados y al propio Fisco, al poder diluirse el patrimonio y los beneficios de ese patrimonio entre muchas personas.

Hoy existe la insinuación, que consiste en notificar a los herederos de una persona que quiere hacer una donación, de modo que ellos puedan oponerse. Según este proyecto de ley, se podría donar libremente. Exención de IVA para las viviendas, créditos tributarios, exención de contribuciones de bienes raíces a la primera vivienda de personas mayores de 65 años, rebaja del impuesto de primera categoría, es decir, a las empresas, entre otras propuestas.

 

Es curioso y complejo de entender, por lo menos por una enorme cantidad de ciudadanos que no somos especialistas. ¿Cómo se consigue financiar proyectos gubernamentales sobre la base de reducción de impuestos?

El plan 90

Kast presentó un plan para sus primeros 90 días y quiere que el proyecto de ley se apruebe en el mes de junio.

Lo más probable es que no sea así, pues debe ser discutido en el Congreso Nacional. Diputados y senadores querrán debatir en detalle cada una de las propuestas en fondo y forma, propondrán indicaciones y más de alguien pedirá otras medidas. Eso tomará tiempo.

¿Qué hará?

¿Pondrá urgencia para un proyecto tan complejo y extendido en la temática? ¿Se irá arrepintiendo, como lo hizo con la reducción del 3% al Ministerio de Seguridad? ¿Reculará, como lo hizo con el respaldo a Juegos Olímpicos de la Juventud? ¿O pedirá el apoyo de Trump, al estilo Milei, para que ejerza presiones?

El ministro de Hacienda explicó que el proyecto responde a que “nuestro país enfrenta un estancamiento estructural que exige una respuesta integral para cambiar nuestra trayectoria”, tras registrar un crecimiento promedio de apenas 2% en los últimos 12 años.

Desconoce el señor ministro que la actual estructura fue creada en el gobierno de Pinochet para revertir las enormes caídas de la economía que llevaron a que en esos 17 años el crecimiento promedio fuera de mucho menos que el 2%. Culpar a los gobiernos de Bachelet, Piñera y Boric de un estancamiento parece más bien absurdo. ¿O no?

Las promesas

Para el cumplimiento de la promesa de Kast de disminuir el gasto en 6 mil millones de dólares, junto con la reducción presupuestaria de los ministerios de un 3%, propone medidas de austeridad, tales como la eliminación de la franquicia SENCE (Programas de capacitación para el empleo) y la postergación por cuatro años (es decir todo el período de Kast) del ingreso de nuevas universidades al sistema de gratuidad.

En esta política de austeridad no se pueden explicar enormes gastos como aumentar asesores, subirles el sueldo, pagar indemnizaciones enormes a las personas contratadas por Alta Dirección Pública a las que está despidiendo. No se entiende que la prioridad uno, según palabras de la ministra del Deporte, sea proveer de “ropa linda” a los deportistas del país.

No se da imagen de austeridad cuando se realiza el famoso almuerzo, pues por mucho que se diga que él pago eso, hay muchos detalles en los que se incurrió en el gasto fiscal. ¿No hubiese sido mejor señal de austeridad gubernamental que ese almuerzo se realizara en su casa particular?

Pero, tal vez como “señal de austeridad” decidió vivir ahí, convertir oficinas de trabajo en dormitorio y otras dependencias hogareñas obligando al fisco a proveer de oficinas para los desalojados. Más barato y austero habría sido arrendar un buen departamento en barrios cercanos a La Moneda.

Es verdad, se ordenó reducir el presupuesto de cada ministerio en un 3%. Se exceptuó el de Seguridad, porque eso no tendría presentación en vista de sus promesas de acabar con el crimen organizado y la delincuencia. Entonces el ministro de Cultura suspende la ejecución de la reconstrucción del proyecto GAM, aunque va a tener que pagar una cuantiosa indemnización por término anticipado y unilateral del contrato con la constructora que ganó la licitación.

Y las comunicaciones

Será difícil el trabajo de Leiva con sus minutas. Pues deberán explicarse demasiadas cosas. Y hay ministros que parecen no hacer mucho caso. Partiendo por Mara Sedini que comete errores en cada paso y da explicaciones que no aclaran nada o hace declaraciones confusas sobre las que luego debe desdecirse.

Algo parecido sucede con la ministra de Ciencia y la de asuntos de la Mujer, que hacen planteamientos que difícilmente se comprenden. Y con la de Seguridad que dijo, preguntada por qué había enviado un oficio a la PDI, “lo hago porque puedo”.

 

Tal vez la culpa de todo esto la tenga Gabriel Boric. Porque algunos de sus ministros serán comparados con los actuales. Como Vallejo con Sedini. Eso debe ser.

Y si en los 90 días prometidos no se cumplen las medidas de expulsión del país de los inmigrantes (hasta ahora sólo han salido del país 40 personas expulsadas por orden judicial que el gobierno quiere atribuirse), de disminuir la cantidad e intensidad de los delitos violentos y homicidios (que o se mantienen las cifras o han aumentado), de reducir los gastos del Estado, de terminar con el enclave mapuche de Temucuicui y pacificar la zona, ¿qué explicación nos dará?

Tal vez ya no sea sólo culpa de Boric (y algo de Piñera y de Bachelet), sino también de los parlamentarios opositores, de los comunistas o quizás de alguien escondido que quiere que le vaya mal. ¿Será brujería, quizás?

Nuremberg, la película y la realidad

Pocas veces una película histórica cobra tanto realismo contemporáneo. Han pasado 80 años y los que dominan el escenario mundial no han cambiado sus prácticas de modo sustancial. En lo interno de sus países y en las relaciones con los demás. Salvo que ahora tratan de hacer las cosas de tal manera que no puedan ser sometidos a juicios posteriores, revistiendo sus conductas de salvar a la humanidad de otros criminales, de combatir a los terroristas, ubicando como terroristas a todos los enemigos políticos.

Una obra reveladora

Sobre la base del libro escrito por uno de los psiquiatras que Estados Unidos envió a Alemania para presionar y espiar a los altos dirigentes del gobierno germano, prisioneros después de la guerra, se hace una película que resulta ser muy reveladora.

Aunque un poco tediosa al comienzo, la película Nuremberg es una buena obra cinematográfica para mostrar aspectos importantes de un hecho histórico. Los textos están muy elaborados, plagados de frases llenas de mensajes (“hay que actuar a tiempo antes de que sea demasiado tarde”; “lo que vendrá será parecido a lo que hicieron los nazis, pero con gobernantes civiles”).

Las imágenes son decidoras, especialmente enfocadas en Göring, el segundo hombre del nazismo que se había rendido a los enemigos. Siempre tranquilo, bien peinado, con la presencia atildada dentro de lo posible, sin dejar su vestimenta habitual jamás, ni siquiera hasta el último momento, con una sonrisa en los peores momentos de los diálogos, es la imagen de quien se siente por sobre los demás, aunque los otros tengan el poder físico de causarle una condena e incluso la muerte (que es la condena prevista y que para eso se hizo el juicio).

La condena es política

Göring es condenado finalmente –según la película y estoy convencido de que así fue– no por haber cometido crímenes, sino por haber sido parte de un equipo político que respaldó a los que tomaron las decisiones de los crímenes horribles en los campos de concentración y manifestar su adhesión a ese jefe de todos los jefes que fue Hitler. Es, finalmente una condena política.

Eso me hace pensar en quienes respaldaron activamente la dictadura en Chile y sirvieron de respaldo político, cobertura jurídica, solvencia ideológica, apoyo técnico, financiamiento, a las violaciones sistemáticas de los derechos de las personas, los atentados a la libertad, los juicios falsos, los asesinatos a sangre fría en Chile y en el extranjero, el desaparecimiento de personas y los delitos económicos cometidos al amparo del poder total y que ya nadie discute.

Todos esos civiles o uniformados que dieron esos respaldos y sirvieron de voceros o justificadores de lo peor, incluso los jueces que amenazaban a los abogados que defendíamos a las víctimas de la persecución política o que, a sabiendas, sirvieron para ocultar esos delitos graves, tal vez debieron responder, en lugar de ser senadores o mantenerse en las esferas políticas de mayor poder.

Confieso que mi memoria hace brotar decenas de nombres, desde quienes organizaron la cacería de universitarios -estudiantes, académicos, funcionarios– hasta los equipos de la DINA y otros organismos que se nutrieron con el aporte de civiles, los que elaboraron los textos legales aberrantes que podrían justificar todo lo que se hizo.

No sobra nada

En la película no sobra nada. Incluso queda en claro que la función del psiquiatra no es ayudar al enfermo, al paciente, sino servir de interrogador subrepticio, haciéndose pasar por profesional serio y empático con el prisionero, simplemente para sacar la información que finamente permite llegar a las ya definidas condenas a muerte.

Todo deja en evidencia una trama cruel para que quede clara la voluntad de dominación que se habrá de cernir sobre el mundo a partir de esta puesta en escena llamada “Juicio de Nuremberg”.

Los personajes, más reales de lo que yo pensaba (incluso el psiquiatra), van dejando una huella que anticipa lo que hoy vemos en el mundo. Han pasado 80 años y los que dominan el escenario mundial no han cambiado sus prácticas de modo sustancial. En lo interno de sus países y en las relaciones con los demás. Salvo que ahora tratan de hacer las cosas de tal manera que no puedan ser sometidos a juicios posteriores, revistiendo sus conductas de salvar a la humanidad de otros criminales, de combatir a los terroristas, ubicando como terroristas a todos los enemigos políticos y hasta a sus abogados.

Recuerdo que en un fallo judicial, el tristemente célebre ministro de la Corte de Apelaciones Arnoldo Dreyse se lamentaba de no poder procesar (y condenar) a los abogados que defendían (entre los cuales estábamos Roberto Garretón y yo) a quienes él estaba condenando, pues para él todo era parte de una misma confabulación terrorista. Y les resulta. Porque para muchos que les creen y los siguen, estos líderes (ahora civiles) como Trump y Putin, son sus verdaderos héroes.

Un juicio vergonzoso

Basada en un libro que nunca tuvo éxito, la película nos cuenta detalles sobre la génesis y desarrollo de uno de los juicios más vergonzosos de la humanidad, situación que va quedando en claro en todos los pormenores. El juicio no se hace para establecer hechos, responsabilidades y sentencias justas: su objetivo es simplemente condenar a muerte a los jerarcas nazis.

El objetivo de Estados Unidos –el país que menos arriesgó en la guerra– fue de imponer sus términos para el tiempo siguiente. Lo hizo en dos formas: primero, con las bombas sobre Japón y, segundo, con este proceso a los jefes alemanes, obligando a los que luego asumieron el poder en Alemania a someterse a sus términos a partir de ese momento.

El Plan Marshall, por ejemplo, inverso a las humillaciones que se impuso a Alemania en el tratado después de la guerra del 14, pretendía impulsar la recuperación y el desarrollo del país, bajo los términos definidos por Estados Unidos, respaldado por la ocupación territorial del Ejército yanki. Una especie de humillación y sometimiento encubierto.

Este juicio no permitió defensas adecuadas y no distinguió responsabilidades. Es una operación de venganza, impuesta por un tribunal militar creado ad-hoc y con posterioridad a los hechos. Las conductas atroces cometidas por el nazismo estaban respaldadas en sus propias leyes y en ese entonces no había normas internacionales que velaran por los derechos humanos.

Se guían, tal como lo hace ahora Trump, por su propia moral: despreciando las normas penales mundiales vigentes desde hace tiempo, en busca de conseguir poder propio y sometimiento de los otros, quien castiga es un tribunal especial, sin tipificación de delitos, sin procedimientos legales.

Simplemente se trata de castigar a los que perdieron la guerra condenándolos a muerte, de tal modo que no hubiera tiempo después para versiones diferentes.

En la película queda en evidencia que, finalmente, el único argumento para condenar fue la existencia de campos de concentración y los horrores cometidos sobre más de 6.000.000 de personas, la mayor parte de las cuales murieron en condiciones horrorosas. ¿Suficiente?

Efectos del juicio

Pero, debo reconocer, que este juicio tuvo un mérito: Hizo reflexionar a mucha gente en el mundo sobre la necesidad de establecer organizaciones internacionales con poder; sirvió para dictar una declaración sobre los derechos humanos, condenar las torturas y advertir en contra de las dictaduras y las guerras.

Dentro de los efectos negativos, estuvo el hecho de hacer creer que los millones de muertos en campos de concentración eran todos judíos y que la guerra fue de una potencia occidental contra ellos, justificando, en su moral, el plan sionista de apoderarse de Palestina (plan que se había iniciado antes de la persecución del nazismo).

Occidente no se atrevió con ellos, no se atreve hasta hoy, y no sólo les regaló la mitad de un país para hacer su Estado, sino que además les permite en pleno siglo XXI, en un silencio vergonzoso, ocupar impunemente el resto de las tierras que le fueron asignadas a los árabes palestinos que vivían allí hace miles de años.

El cuadro mundial actual parece deplorable, cuando la ONU y demás organismos internacionales han perdido autoridad, el derecho internacional es una entelequia desconocida por los poderosos y las dictaduras y las guerras proliferan.

Nada cambia

Uno de los protagonistas de la película anticipa que las cosas seguirán igual en el mundo después de este juicio, advirtiendo que las “neo dictaduras” serán encabezadas por civiles imbuidos de ambiciones de poder desmesuradas, codicia, imposición por la fuerza de las armas en casos específicos y por las presiones económicas en la generalidad.

Y esas nuevas formas de dictadura, revestidas de democracias aparentes, ya las vemos manifestarse en la represión –a veces silenciosa– de los que discrepan.

Basta ver, por ejemplo, lo que sucede en la sociedad de Estados Unidos, donde se censura a escritores, se descalifica y amenaza a políticos opositores, se persigue a los inmigrantes latinos y árabes, se mantienen cárceles similares a Guantánamo en distintos lugares del mundo, no cesan el espionaje y las intervenciones indebidas en la política de otros países. El “Estilo Trump” confirma que es posible hacerlo todo mientras no sea derrotado como lo fueron los jerarcas del nazismo.

La película nos puede hacer reflexionar. Tal vez por eso el único horario razonable en que se ofrece es en una sala que vale el doble que las otras, para que así vaya poca gente a verla. Como sucede con muchas otras (Palestina 36, sin ir más lejos). La censura sutil y encubierta.

UN POCO DE LO QUE VIENE

 

Jaime Hales

Este cambio de gobierno nos mostrará un proyecto diferente a lo que se ha visto en los años precedentes. Un gobernante, que contará con buen respaldo parlamentario, cuyos valores e ideas de acercan a los que  estuvieron presentes en el gobierno que encabezó Pinochet. Mi preocupación es que se énfasis esté puesto, como lo hacen algunos de sus mentores, más en los temores a enemigos perpetuos que en la necesidad de avanzar en la democracia.

 

El peso de EL MERCURIO

Sin ninguna duda, El Mercurio es el diario impreso más importante del país y parte de una cadena periodística que cubre prácticamente todo el territorio nacional. Pero los diarios locales no logran quitar la importancia del periódico santiaguino, que se sigue vendiendo – mucho menos por cierto – a lo largo de Chile. Complementa su presencia con la versión digital del diario, con EMOL y sus otras intervenciones digitales mediante podcasts. Todo esto garantiza que es la empresa periodística más influyente en materia política y económica.

Hace 60 años en Chile toda la prensa y la radiotelefonía (comenzando ya a añadirse la televisión) seguía la pauta que fijaba una agencia de noticias de Estados Unidos llamada AP (Associated Press). Después del golpe de Estado la cosa fue rápidamente variando hacia la creciente importancia de El Mercurio (no se puede olvidar la significativa acción de Agustín Edwards con sus amigos Kissinger y Nixon para la caída de Allende), tanto así que desde entonces ese periódico ha sido quien pautea a los otros medios. Es verdad y no se puede desconocer, que la televisión a veces, con ciertas entrevistas o titulares intencionados, interviene la pauta y algunos medios digitales, como por ejemplo CIPER, logran poner temas de escándalos en la palestra pública. La Tercera intentó competir con El Mercurio en lo importante, pues antes competía con los diarios sensacionalistas y no era parte de la llamada “prensa seria”. Pero, la guerra, aunque duró más de lo pronosticado, terminó con la minimización del periódico principal de COPESA a ediciones de fin de semana y una cierta presencia de columnistas – a quienes no les paga, como sucede en la mayoría de los medios – que tienen alguna figuración política.

 

Los temas de la pauta

Pero nada de eso amaga al El Mercurio, que permanece en su relevancia, poniendo los temas y asignando importancia a los debates internos en el país.

Me llama la atención – aunque tal vez justamente por lo dicho no debiera – el hecho de que casi todos los días ocupa algún espacio en su cuerpo C, en las cartas al Director e incluso en el cuerpo A, además por cierto de los reportajes dominicales, como tema de gran importancia el Partido Comunista. Si El Mercurio no hubiese insuflado aires adicionales, Jadue quizás ni siquiera hubiese sido reelegido una vez en Recoleta, pues, como se recordará resultó elegido no por ser comunista sino por ser el candidato al que la Concertación le “regaló un cupo” en esa comuna, como también le regaló un cupo de diputado a Guillermo Teillier a coste de la Democracia Cristiana.

Otra privilegiada acción de El Mercurio ha sido el empeño por minimizar a la Democracia Cristiana, dando una importancia desmesurada a los que se han ido del partido y azuzando a los grupos que quieren inclinar a esa colectividad hacia las posiciones de derecha.

 

Guía de la derecha

En todo esto, El Mercurio ha sido exitoso. Y esto, porque con un periodismo experimentado y bien conducido, cumple sus metas de, más que ser vocero de la derecha, guiar a esa tendencia y a sus partidos a mantenerse alerta en la prosecución de sus fines. El proyecto ideológico de la derecha se mueve entre el neoconservadurismo valórico (hasta en las modas de vestuario quiere intervenir) y el neoliberalismo económico, impulsado desde los Estados Unidos.

Para el triunfo de Kast influyeron muchos factores, pero sin duda uno muy relevante fue el anticomunismo. Otro significativo aporte a ese resultado fue que muchos demócrata cristianos y una enorme cantidad de “dirigentes” concertacionistas hayan inclinado su apoyo al candidato de la derecha (ultra derecha si se quiere decir, para no mantener esa calificación hacia la UDI) e incluso el nuevo gobierno contará con un gabinete “variopinto” con presencia de figuras destacadas del gobierno de Bachelet. Eso nos muestra, entre otras cosas, que las ambiciones de poder, de querer estar en la palestra, de no perder oportunidad de conseguir visibilidad mediática, pueden llevar a algunas personas a aceptar predicamentos políticos de los cuales algunas vez discreparon radicalmente.

 

El fantasma del comunismo

Kast justificará su gobierno a partir de los argumentos que ligan a los comunistas y a otros grupos de la izquierda actualmente asociada a ellos, con todo lo que pueden ser errores del actual gobierno que termina su período, como parte de una intención orientada a establecer un modelo de inspiración marxista en Chile. Los comunistas, una minoría en el país, que elige pocos diputados y senadores, que salva apenas los mínimos estimados para su existencia legal, adquiere una dimensión enorme como un fantasma en la mente de quienes dirigen la economía, la política, la educación, aspectos relevantes de la vida cultural, las universidades en su gran mayoría, los medios de comunicación salvo algunas excepciones.

Vale la pena hacer una alusión directa – a propósito de las relaciones de José Antonio Kast y sus equipos más cercanos con quienes estuvieron trabajando en la dictadura (muchos de los cuales están procesados o condenados por violaciones a los derechos humanos) –a los informes de salud mental de los presos de Punta Peuco elaborados por el neurólogo Hugo Lara Silva, líder del Movimiento Nacional Socialista Obrero.

En el caso de Raúl Iturriaga Neumann, citado in extenso por un medio de Internet, el perito Lara concluye que no hay discapacidad mental desde el punto de vista neurológico, pero que el imputado – después fue condenado a 515 años de cárcel por numerosos delitos – es esencialmente una víctima: “Un adulto mayor de 87 años, (…) que no representa ningún peligro para la sociedad ni para la izquierda, (…) ahora no es un soldado, es un anciano exsoldado, siendo la condena actual clara venganza”. “No es un delincuente, es un ex soldado de la patria (…) que cumplió (…) dentro del contexto de su trabajo como militar especializado y en periodo de guerra irregular (propia del marxismo internacional), en base a un claro quiebre del estado de derecho por el gobierno marxista de Salvador Allende.” A eso, el médico nacional socialista agrega: “¿Es que los Militares y Carabineros que salvaron a Chile de un asalto marxista al poder a través de un flagrante atropello a la constitución y que evitaron una Guerra Civil, son objetos de Odio y Venganza y los Rojos asesinos de Militares y Carabineros son merecedores de Indultos y Beneficios por estos 8 gobiernos incluido el de ‘PIÑERA y BORIC’? (sic). Y luego alude a los crímenes sucedidos en ex URSS, China, Cuba, Camboya, Corea del Norte, Viet-Nam, Checoslovaquia, Hungría.” Lara agrega que hizo su informe “sin odiosidades de ninguna especie, sin odiosidades de venganza marxista, que pericia no a un delincuente con discapacidad médica leve a moderada sino a un Mayor General (r) que actuó en tiempos especiales de Guerra Irregular contra el Marxismo Internacional por orden del legítimo Gobierno de la República, que restableció el Estado de Derecho”.

 

La coalición militar del nuevo tiempo

Éste es el tema, que, por otra parte pone de relieve Trump desde los Estados Unidos: la guerra es contra el marxismo, pero ya no es una guerra fría, es armada. Para eso revive de cierta manera el TIAR de 1948, tratado que promueve la coalición de las fuerzas del continente contra los enemigos externos e internos que promueven la insurrección frente al sistema. Hoy Estados Unidos intenta identificar una relación entre los gobiernos izquierdistas de cualquier lugar del mundo, pero sobre todo de América Latina, con tres peligros: el terrorismo inspirado en el marxismo y en el Islam; el desarrollo de potencial nuclear; el narcotráfico.

Para eso hay que mantener vivo “el peligro comunista” y destruir a quienes ellos creen débiles frente a eso. Y en esto, los comunicadores juegan un rol relevante. En el caso chileno, hay que derechizar o destruir a la Democracia Cristiana; es necesario convertir a los izquierdistas en delincuentes; hay que revivir los predicamentos del Pinochetismo en la dictadura, sin DINA, pero con el desarrollo de otras formas de control y represión que aíslen a los opositores, vinculándolos siempre con la delincuencia.

 

Los limites éticos

Si no se está con quienes gobiernan, se apoya el terrorismo y la delincuencia”, es la frase que he leído y escuchado e incluso se me ha dicho por personas que han leído mis columnas. O Kast y sus planes, o la ruina. O se apoya que el nuevo gobierno no tenga más límites “que la moral personal de Trump”, como lo dijo el gobernante de Estados Unidos o se expondrá el ciudadano, la ciudadana, a ser tratado como colaborador del terrorismo.

Veo la foto de los jefes de Estado y de Gobierno, a los que se añadió a Kast, todos sonrientes en el resort de Trump, mientras se vierten estos discursos. Todos ellos adhieren a estos predicamentos para salvar “nuestro hemisferio” y el que no quiera se expondrá a sanciones. ¿Sánchez y España? ¿Macron y Francia? ¿Meloni e Italia? ¿Los palestinos arrasados por el gobierno sionista? ¿Los chilenos que no estamos de acuerdo con estas medidas que se insinúan?

¿Qué pasará con la política internacional de Chile? ¿Qué pasará con un país que aprendió a valorar los derechos de las personas y ahora estarán supeditados a esta nueva alianza?

Más preguntas podemos hacernos, pero la más importante es – en el entendido que Trump no ha mentido – si acaso Kast, por haber rogado apoyo para ganar, deberá someterse al gobernante que se cree con todos los derechos para dominar el mundo.