Chile está en un momento de polarización –que tanto gusta a los que tienen planteamientos más extremos- que se nota en el hecho de que hay una candidatura de la llamada “izquierda” y el resto, salvo en algunos aspectos Enríquez, todas representan el mismo modelo. Cómo llegó Jara a ser de “centro izquierda” o Matthei y la UDI a ser “centro derecha” es un malabarismo de discurso político.
Marcelo Trivelli bajó su postulación porque no reunió las firmas. Artés y Mayne-Nicholls aún no las consiguen. La Democracia Cristiana decidió apoyar a Jara, por lo que yo tampoco seré candidato. Enríquez-Ominami y Parisi, están listos, tanto como Kaiser, Kast y Jara. Cuando escribo esta columna, Matthei enfrenta críticas internas y soterrados anuncios de que se bajará su candidatura.
Cuando decía que Chile está en un momento de polarización, algunos rebatían tratándome de “anticomunista”. El punto no está allí, sino en que la polarización –que tanto gusta a los que tienen planteamientos más extremos (radicales sería la palabra, pero la evito para no confundir)– se nota en el hecho de que hay una candidatura de la llamada “izquierda” y el resto, salvo en algunos aspectos, Enríquez-Ominami, todas representan el mismo modelo.
Es decir, cuando ciertos políticos dicen que Jara es de centro-izquierda o que Matthei y la UDI son de centro-derecha, están haciendo malabarismos de discurso político, porque el solo hecho de que algunos que no han sido siempre de derecha ahora apoyen a la candidata de la UDI no la cambia a ella, sino que devela la derechización de los primeros. La derecha pinochetista, guzmanista y hasta contrerista, se reparte en cuatro cauces claros, afluentes de una misma posición.
Lo dañino del binominal y los pactos electorales
Es la versión moderna de las visiones polares que ayer se traducían en el absurdo sistema binominal que tanto daño ha hecho en la vida de los chilenos, pues fue lo que impidió avanzar en cuestiones fundamentales y arrastró a la mediocridad a la autodenominada “clase política”, dejar de lado las cuestiones profundas en cuanto a los valores que deben imperar en la convivencia nacional y las cuestiones urgentes para hacer mejor la vida de los habitantes del territorio.
El sistema de pactos electorales lo reduce todo a la misma polarización. Nada mejor para un pueblo que contar con muchas opciones, elegir a sus dirigentes de acuerdo con lo que piensan y no en pactos que solo llaman a la confusión. ¿Puede el candidato a diputado de una coalición que encabeza el Partido Comunista poner énfasis en que su partido nació para luchar en contra del capitalismo y en contra del comunismo? No, deberá callar, “moderar”, matizar, porque de lo contrario parecería completamente desubicado.
Los que no están en los extremos
En este cuadro, hay un gran porcentaje (entre un 20% y un 25%) que responde en las encuestas diciendo que votará nulo, en blanco, que no votará o que no sabe qué hacer y prefiere no contestar.
Sabemos que las encuestas no son más que fotos circunstanciales y están llenas de errores de construcción y enfoques metodológicos. Pero nos muestran ciertas tendencias:
- 1. Que la derecha está captando mayorías (45%), que es la votación histórica de la derecha y el populismo. El SI a Pinochet en 1988 y la suma de Büchi y Fra Fra en 1990, por ejemplo.
- 2. Que la izquierda está teniendo menos apoyo que el que ha tenido históricamente, si aceptamos que la DC se ha unido a ella para integrar la coalición que apoya al actual gobierno. Alcanza porcentajes que corresponde a más o menos el apoyo que el gobierno tiene hoy (30%).
Una cuarta parte del electorado sabe que su manifestación de opinión no valdrá de nada en noviembre ni diciembre, porque en Chile los votos nulos y blancos no se cuentan para definir al ganador. En términos reales, bastará a un candidato tener el 40% de los votos y uno más que el contendor que lo siga, para obtener la mayoría absoluta de los votos “válidamente emitidos”.
Un cuarto del electorado no tiene candidato, no le gusta ninguno, no les cree a los de las alianzas polarizadoras ni a los populistas de siempre.
Una cuarta parte, más de tres millones de personas que ya saben que cualquiera que sea el próximo gobierno no los representará y que no habrá nadie que levante la voz por ellos.
Siguiendo modelos externos
Todo esto en nombre del modelo sesgado que ha llevado a muchos países a vivir apariencias democráticas con opciones reducidas que en definitiva nada cambian. Polarización en dos partidos en Estados Unidos, que no logran atraer más que al 50% del electorado, pero lo manejan todo. Polarización en los antiguos países de la órbita soviética, donde incluso en algunos había alianzas entre varios partidos. Polarización en las dictaduras.
Porque ese es el discurso de aquellos que se sienten dueños de la verdad y se dan cuenta de que en la medida que aparezcan alternativas diferentes, ellos perderán poder: entonces hay que hacerlos desaparecer. Es lo que ha pasado con los llamados “partidos de la clase media”, radicales y demócrata cristianos, los que han sido despedazados por el tironeo de los polos y las ambiciones desmedidas de sus dirigentes por “estar”, por figurar, dejando de lado sus planteamientos y llegando a decir, como lo afirmó el senador Huenchumilla, que el partido que él preside no tiene ideas.
Merecemos más
Chile y su pueblo merecen más que esta oferta.
Cualquiera que sea el que gane estas elecciones presidenciales, se verá constreñido por una dura oposición de bloques hegemonizados por los extremos de las coaliciones. Por fuerte que sea el poder presidencial, ni el de la derecha ni el de la izquierda podrá aplicar sus ideas (que las tienen, aunque no siempre claras). Y no es que eso dé pie a acuerdos —como lo intentaron Bachelet, Piñera y Boric—, sino que el país irá frenándose en su progreso. Podrá haber cifras de crecimiento, pero difícilmente se modificará la distribución del ingreso. Podrá haber más o menos represión, pero no serán capaces de atacar las causas del crecimiento del crimen organizado en una sociedad que ha perdido los valores esenciales en su temario.
¿Pesimista? No, simplemente estoy convencido de que el país merece mejores posibilidades, eso llegará. Algunos creen que nos bandeamos en un movimiento de polo a polo. Eso deberá terminar. Si los que hoy quedamos fuera de esta discusión y nuestra opinión no será considerada, fuéramos capaces de aunar esfuerzos, tal vez pueda reconstruirse un espacio político que encabece las tareas necesarias para mejorar la vida de los chilenos y de las chilenas.
Demoraremos cuatro años más y tal vez ocho. Quizás algunos ya estemos en otro plano. Pero el país continúa.
La esperanza
Esta carrera de 2025 es para otros. Los competidores están yendo a sus posiciones para iniciar la competencia. Ganará cualquiera.
En medio de este panorama, junto con mi lamento y mi crítica, expreso mi deseo de que de pronto caiga un rayo que aporte claridad a estos “dueños de la verdad” y les haga pensar que en la polarización solo es posible que los que ganan un día, terminen sepultados al otro.
Quizás todo cambie. Ojalá, como dijo Silvio Rodríguez en su canción, pase algo que lo cambie todo y permita avanzar hacia una verdadera, profunda y feliz democracia participativa, donde todos tengamos el derecho y la posibilidad del bienestar y la alegría.
