El agitado mundo y sus urgencias

Cuando los valores se centran en “tener más” para aparentar “ser más”, lucir las marcas en el exterior de la ropa, cuando todo es competir “contra” el otro, se agudizan las tensiones en todos los niveles y se deteriora la convivencia, porque el objetivo es estar por sobre el otro. Valores como la justicia, el respeto, el afecto, la colaboración, la verdad, la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, aparecen como cuestiones excepcionales en ciertas situaciones límites o marcados por una tendencia ideológica o una manipulación política.

Un tremendo olvido

Las ideas se amontonan, porque el mundo no cesa de entregarnos noticias, informaciones e incluso silencios que debemos comentar. En lo nuestro, tan criollo, y en el resto del mundo.

Y en ese mundo se nos olvida África, donde anidan la pobreza, las dictaduras, la violencia y muchas de las más atroces formas de corrupción.

Países con recursos naturales y grandes inversiones de potencias europeas, que mantienen focos de miseria, sectores sin mínimas atenciones de salud (peor que las listas de espera, porque no hay nada que esperar), zonas sin electricidad y con una infraestructura caminera deplorable, mientras se gastan millones en armamentos y los gobernantes viven “a cuerpo de rey”, con autos de lujo y las riquezas sobrantes.

La guerra de Sudán, las dictaduras de Egipto y otros países, la miseria del centro del continente, son noticias que no llegan a nuestros medios de comunicación. A riesgo de parecer exagerado, en la televisión hay más programas sobre los animales de África que sobre las personas de ese continente.

El mundial de fútbol que se hará en Marruecos en unos años más, quizás ponga la mira al menos en el sector arabizado del continente y deseo que eso abra puertas para una mayor preocupación por esos millones de personas.

¿Cómo andamos por casa?

Pero tampoco hay que olvidar lo que sucede entre nosotros en América, donde la riqueza está tan mal repartida que unas minorías tienen un nivel de vida de país desarrollado y las mayorías padecen una pobreza dramática -sin vivienda digna, sin salud, con pocos ingresos, mala educación, precaria asistencia social, escasez cultural, malos tratos y abusos– muchas veces matizada por una tecnología que hace que muchos quieran –y logren– tener teléfonos celulares, televisores “inteligentes”, viajar aunque sea endeudados, adquirir automóvil o moto, acceder a la comida chatarra.

Mientras, las clases medias de profesionales, pequeños empresarios de la producción y del comercio, se ven tironeados por la aguda “necesidad” de ascender en la escala social teniendo más cosas que lucir, al mismo tiempo que son castigadas severamente con una carga tributaria superior a lo razonable e ingresos que se ven constantemente menguados, todo eso en medio de las presiones sociales para comprar desmedidamente todo lo que la publicidad incita.

Los valores

En medio de eso está el tema de los narcotraficantes, los delitos de “cuello y corbata” para llamar elegantemente a los fraudes, estafas, usurpaciones, distintas formas de corrupción de los aparatos públicos con fondos y objetivos privados.

Sobre el tráfico de drogas debo ser muy claro: hay tráfico porque hay consumidores; y hay tráfico a gran escala, porque hay muchos consumidores y eso se da en sectores medios y altos, económicamente hablando, en la sociedad.

Cuando los valores se centran en “tener más” para aparentar “ser más”, lucir las marcas en el exterior de la ropa o hasta usar bolsas con publicidad para llevar las compras (para molestar un poco, más de una vez voy a un supermercado con una bolsa que publicita a su competencia), justamente cuando todo es competir “contra” el otro, se agudizan las tensiones en todos los niveles y se deteriora la convivencia, porque el objetivo es estar por sobre el otro.

Valores como la justicia, el respeto, el afecto, la colaboración, la verdad, la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, sólo aparecen como cuestiones excepcionales en ciertas situaciones límites o marcados por una tendencia ideológica o una manipulación política.

Un candidato presidencial proponía eliminar el Instituto Nacional de Derechos Humanos por considerarlo “izquierdista” y como tal no puede tener apoyo estatal.

Los Derechos Humanos no son patrimonio de la izquierda, no sólo porque los promotores de la declaración de 1948 –y redactores de la mayor parte de su texto– fueron el chileno Hernán Santa Cruz, de izquierdista nada, y la estadounidense Eleanor Roosevelt, esposa del que fuera presidente de ese país, lo que bastaría para entender su dimensión amplia, sino porque quienes hemos luchado por su vigencia universal hemos criticado con igual dureza a dictadores como Stalin, Hitler, Pinochet, Idi Amín, Somoza, la dinastía de Arabia, el gobierno de Israel y todas las otras dictaduras, incluyendo las que han afectado a los países del antiguamente llamado “Tercer Mundo” (América Latina, África y parte de Asia).

A propósito de una sentencia

El caso de Gustavo Gatica –tan sonado en los últimos días– vuelve a poner de relieve el tema de la seguridad, de la justicia, de la interpretación de la ley (función eminentemente judicial).

Efectivamente en el mundo hay inseguridad, porque los delincuentes hoy tienen acceso a un armamento que antes les era muy lejano. En Chile, la cosa se torna peor cuando muchas de las armas que están en poder de los delincuentes han sido sacadas de los depósitos de las Fuerzas Armadas o de Carabineros mediante procedimientos diversos teniendo, además, la capacidad de fabricarlas, modificarlas o internarlas por distintos procedimientos.

Más grave es, cuando esos delincuentes cuentan con el apoyo de funcionarios ligados al Poder Judicial, a los encargados de las cárceles, a las policías, a políticos como pueden ser algunos alcaldes, diputados o simplemente dirigentes con cuotas de poder.

Claro, en el caso de Gatica, ahora elegido diputado, la pregunta es si él, protestando a gritos frente al que le disparó –a 30 metros de distancia– constituía o no un peligro letal para el alto oficial al mano de sus tropas.

Porque llevar las cosas al “contexto”, sitúa la legítima defensa de los policías o militares en una situación inmanejable para un juez, porque se podría aplicar a cualquier contexto en el cual el que tiene las armas por encargo del Estado puede “sentir” suficientemente en riesgo su vida cuando hay gente protestando o desarrollando alguna conducta que el agente estime de peligro.

Recuerdo el caso de aquel hombre que estaba agachado (tal vez para atar su zapato) al lado de un bus de Carabineros y que los policías supusieron que estaba ejecutando un atentado (bomba, dijeron) y lo golpearon provocando lesiones que en pocas horas lo llevaron a la muerte.

Pasaría a ser lícito entrar a sangre y fuego a una población en donde se tiene información de que vive gente con armamento capaz de combatir a los policías, situación en la cual los heridos y muertos que no sean agresores de policías serán siempre un “lamentable daño colateral”.

Hemos visto suficientes abogados serios –incluso profesores universitarios no izquierdistas– protestar por este fallo de la justicia, que aún puede ser objeto de recursos. (No es que confíe en la Corte Suprema, pero siempre ese tribunal nos puede sorprender).

La delincuencia

He sido víctima de delitos de robo, hurto, agresiones de variado tipo, tanto en Chile como en Uruguay y en México. Todo país será considerado inseguro por la víctima, pero cuando miramos la situación general, Chile y Uruguay, aún hoy, son países en los que vemos a jóvenes y ancianos paseando sus perros en la noche o al atardecer.

Por supuesto Eugenio Berríos no pudo experimentar la paz y la seguridad de Uruguay, como tampoco los carabineros asesinados en Los Álamos u otras víctimas de delincuentes en las ciudades chilenas. Alguien agregaba, a propósito de la violencia intrafamiliar, que ni siquiera se está seguro en casa. El parricidio de Julia Chuñil es una muestra de ello.

El tema de la seguridad –eje del discurso del presidente electo señor Kast– estará sometido a escrutinio. ¿Bastaría con definir que el contexto es violento y atacar con fuerza bélica, militar o policía, que no hacen diferencia, los lugares en que pueden instalarse delincuentes? ¿O decir, como dijo la candidata de la UDI, “al cementerio con ellos”, dando muerte a todo aquel del que se sospecha su carácter de delincuente? ¿Una especie de pena de muerte extrajudicial?

La urgencia y la emergencia

¿Cómo se combatirá el crimen organizado, especialmente estafadores de “alta gama” y narcotraficantes, desde la nueva autoridad de gobierno? Son preguntas que van quedando sobre la mesa.

Porque el gobierno de emergencia que se ha propuesto no tendrá que bajar la inflación, como en Argentina; no deberá impedir los accesos masivos al país como en Estados Unidos, porque eso ya ha bajado; no hará reformas previsionales ni bajará los impuestos a los sectores populares; no pondrá coto a los abusos de las grandes empresas, particularmente en materia de salud (Isapres, clínicas, laboratorios farmacéuticos); no necesitará aumentar el gasto en armamento.

¿Entonces podrá ocuparse de otras “urgencias permanentes”?

Tal vez la urgencia de hoy sea cambiar el eje valórico de la sociedad y buscar aquello que nos puede llevar a ser mejores personas, desarrollarnos cultural y cívicamente, fortalecer la democracia, mejorar la colaboración, poner freno a las ganancias desmedidas y terminar con los abusos.

[Crónica] «Mundos ingrávidos y gentiles»: Una especie de caricaturas vivas

Este segundo crédito en el género novelístico debido al escritor y abogado chileno Pablo Errázuriz Montes, es un excelente material para que un director de cine o de televisión lo convierta en una serie audiovisual que tenga de historia, de pasión, de romanticismo, de drama, y de humor, en muchos de sus posibles episodios.

La frase pertenece al poema de Antonio Machado que se hizo popular en todos los niveles con ese primer éxito de Joan Manuel Serrat el cantante catalán. «Mundos ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón», es decir, que se deshacen con facilidad y perecen.

Pablo Errázuriz Montes (1958) la eligió para titular así su tercera obra literaria, una novela muy entretenida en la cual combina perfectamente ficción y realidad, hasta tal punto que el lector —que desea distinguir una de otra— no podrá.

Confieso que, no siendo experto en internet, intenté investigar sobre nombres y lugares, para irme dando cuenta de que hay temas y nombres que aparecen tal cual y otros no figuran, no porque sean ficción necesariamente, sino porque probablemente no han sido relevantes para los que hacen esas páginas.

Es decir, concluyo que no todo está en internet ni menos aún en la famosa Inteligencia Artificial que, finalmente, se nutre de fuentes muy humanas y, por lo tanto, falibles.

La novela tiene como personaje principal a don Matías Errázuriz (¿será pariente del autor?), un conspicuo integrante de la clase dominante chilena (que algunos llaman pomposamente aristocrática, apelativo que durará mientras no aparezca el verdadero árbol genealógico en las raíces de España), que mira, desde alturas auto levantadas, con cierto desprecio a quienes con un arribismo notorio y sustentados sólo en la riqueza recién adquirida, pretenden considerarse parte de la misma clase social.

En cambio, muestra respeto y afecto, cariño sería más propio, por el personal que trabaja en la casa o en el campo y que sin pretender ser ni mejor ni peor que los otros, demuestra tener una calidad humana de excepción que don Matías y algunos de los suyos, reconocen y agradecen.

Con 60 páginas más

La novela se inicia en los finales del siglo XIX, cuando don Matías, siendo un hombre joven y soltero, da sus primeros pasos en la carrera diplomática en la legación más importante de Chile en el exterior: la República Argentina.

Por las páginas transcurren los nombres y apellidos de importantes personajes de la historia de ambos países, en una época que no es fácil para ambos países que discuten en lo externo cuestiones de límites y en lo interno viven las tensiones de un cambio social producto de nuevas clases sociales que intentan emerger y obtener derechos que los ricos no siempre quieren conceder.

Aparecen en el relato los asuntos más íntimos de los personajes, entremezclados con los asuntos políticos, sociales y diplomáticos. Abarca un tiempo que llega hasta 1949 cuando don Matías cuenta a su sobrino recién casado lo que fue su vida desde que empezó a trabajar hasta el momento en que está retirado.

Con pinceladas precisas y agudas va delineando los personajes que, aunque a ratos el autor tiende a caricaturizarlos, en verdad queda en claro que los seres humanos que los inspiran eran efectivamente una especie de caricaturas vivas, con muy poca conciencia de sí mismos, de sus derechos, de sus obligaciones y de sus límites.

Pero el verdadero hilo conductor de la obra, que se va trenzando con todos los acontecimientos del mundo, tiene que ver con las cuestiones más profundas, donde una estela de dolor va quedando establecida y cuya naturaleza, pese a que se insinúa, no se revela hasta las últimas páginas en que, como sucede siempre, todo se acelera.

Esta obra es un excelente material para que un director de cine o televisión la convierta en una serie que tenga de historia, de pasión, de romanticismo, de drama. Y de humor en ciertos episodios.

Con 60 páginas más, la novela nos hubiese dado en el gusto de extenderse más en algunos personajes, sobre todo femeninos, que sólo quedan insinuados, pero dejando en evidencia que eran personas con mucho más peso que el que parecen tener.

No me voy a detener en criticar cuestiones formales, sino que sólo dejo mi protesta para decir que a la industria editorial de nuestro país le falta mucho para estar a la altura de los escritores chilenos.

¿Y la distribución?

Novelas como ésta merecen una amplia cobertura de vitrinas.

Símbolos que pesan

¿Por qué demora tres meses en que asuma el nuevo presidente? Simplemente por el apego de nuestros políticos, incluidos los izquierdistas, concertacionistas, centro izquierdistas, progresistas, de mantener el efecto simbólico de que el Presidente debe asumir el 11 de marzo, tal como lo hizo Pinochet el 11 de marzo de 1981 cuando asumió oficialmente con el título de Presidente de la República. Es decir, los políticos han mantenido la fecha como un tácito homenaje a Pinochet.

Símbolos en política

La política es una disciplina y una vivencia que está llena de símbolos. Sabido es que los políticos no siempre hablan las cosas con toda la claridad que sería necesaria y conveniente, a veces por sus incapacidades en el manejo del lenguaje o en la coordinación de sus ideas, y en otras ocasiones simplemente porque no quieren decir todo lo que piensan o quieren.

Kast no ha dicho lo que repiten sus partidarios hasta la saciedad: no darle apoyo a Bachelet en su campaña a la Secretaría General de las Naciones Unidas, no entendiendo que si la apoyara, el país obtendría un punto importante en su posición en el mundo, él ganaría en conocimiento y prestigio internacional (hoy ni Trump se acuerda de su nombre) y en reconocimiento interno en cuanto a que mostraría una actitud abierta, democrática, respetuosa de la tradición chilena. Pero desliza palabras (“No me corresponde a mí, ya veré el asunto después de que asuma”).

El cambio de mando

Quiere parecer respetuoso de las decisiones que le corresponden al Presidente en ejercicio, aunque en verdad ha hecho numerosos gestos que demuestran que tiene deseos de intervenir en todo desde ahora, no esperando los días que deben correr hasta el 11 de marzo, para lo cual falta (alivio) solo dos meses.

¿Por qué esta demora de tres meses en que asuma el nuevo presidente? Simplemente por el apego de nuestros políticos, incluidos los izquierdistas, concertacionistas, centro izquierdistas, progresistas, de mantener el efecto simbólico de que el Presidente debe asumir el 11 de marzo, tal como lo hizo Pinochet el 11 de marzo de 1981 cuando asumió oficialmente con el título de Presidente de la República.

Es decir, los políticos han mantenido la fecha como un tácito homenaje a Pinochet. Son símbolos.

Porque la fecha se pudo cambiar. Originalmente en este tiempo post Pinochet las elecciones eran en diciembre y la segunda vuelta en enero. Pero, la derecha estimó que eso afectaba sus intereses porque los suyos vacacionaban en enero y en febrero, por lo cual –así como se concedió el voto voluntario en algún momento con el rechazo solitario del diputado Jorge Burgos– se les concedió adelantar las elecciones un mes. Lo lógico, coherente y prudente hubiese sido que la trasmisión del mando fuese en febrero. Pero no, el símbolo pesaba más.

Imitando a Milei

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Se ha hablado mucho del evidente acercamiento de Kast con el gobierno de Milei en Argentina. Eso es simbólico: nutrirse de las propuestas, actitud, estilos y medidas de un presidente que no ha respetado nada de la tradición política argentina, que gobierna con su hermana y unos amigos personales, que si bien ha reducido la inflación, tiene al país en ascuas económicas.

¿Cómo Kast le va a pedir la receta para reducir la inflación y mejorar la economía, cuando los índices chilenos actuales son infinitamente mejores que los logros argentinos? Y se quiere traer a un subsecretario de Milei para que sea Ministro. Imágenes, símbolos.

Nombramientos simbólicos

Lo que nos ofrece Kast, hasta ahora, es un discurso y una presencia, un estilo de vestirse, de actuar, de decir cosas generales sin entrar en las medidas concretas.

Es simbólico que quiera nombrar como su Ministro de Hacienda al inspirador de algunas de las colusiones empresariales más agudas, tanto que fueron castigadas por los organismos que existen para velar por la libre competencia.

Y todo esto en el marco de un discurso que dice que la economía en Chile está en la ruina, que el país se cae a pedazos, que hay que hacerlo de nuevo. Roberto Zahler, expresidente del Banco Central, economista prestigiado, ha dicho que cuando asuma Kast será el gobierno que reciba al país con los mejores índices macroeconómicos.

Creando imágenes incompletas

El creativo que ha sido clave en las campañas de Kast, hombre poco prudente en sus dichos –me refiero a Cristián Valenzuela– seguirá teniendo peso en lo que le es propio: crear imágenes y comunicar aunque sea con noticias falsas.

En la reciente campaña electoral, en la que se habló de barrer con los funcionarios políticos, “operadores” se les llamó, para ahorrar 6.000 millones de dólares, se les olvidó que el nuevo gobierno debe contratar a sus funcionarios de confianza. Pero como la idea quedo metida, a nadie parece llamarle la atención de que se esté hablando no sólo de un “segundo piso”, sino que incluso, además de mantener los cargos con nombres nuevos, se agrega para Valenzuela un cargo que no existe.

Este creativo, despectivo e insolente, pareciera estar a cargo de muchas de las falsas noticias que se dio en el marco de la campaña. Y su discurso, repetido hasta el cansancio por Kast y los que fueron candidatos a diputados y senadores, habla de que parte de esto que se terminará es el tema de las “fundaciones”, que el Frente Amplio habría usado para lucrar indebidamente a costa del erario nacional. Y la prensa derechista habla de los juicios a los políticos que están activos, poniendo la foto sólo de personas cercanas al actual gobierno.

Olvida en eso el caso Hermosilla y sus vinculaciones con Chadwick y numerosos personeros del gobierno, del poder judicial, del Congreso y del aparato público en general. O a Calisto. O a Ojeda del Partido de Kast, que a propósito de fundaciones, él es el político de más alto rango vinculado a fraudes con esas instituciones sin fines de lucro. Cinco o seis instituciones cuestionadas de las más de 3.000 que existen.

Es como si mintiendo se generaran verdades. O con verdades a medias se aludiera a verdades más profundas. Se le atribuye a Guzmán Errázuriz, el mentor ideológico de la dictadura y líder espiritual de Kast, haber dicho que la peor mentira son las verdades a medias.

Y es lo que ellos mismos hacen.

Símbolos de una época

Son símbolos de una época, de estilos, de la falta de claridad típica de una política que se ha ido desdibujando en nieblas de moralidad dudosa, donde todo parece dar lo mismo, olvidando a las personas que están detrás de cada una de las realidades.

La duda que me surge en este hora es si acaso cuando Kast asuma dejará ese discurso vago, para empezar a hacer cosas que muestren que la contundencia de sus palabras es más que eso y responde a políticas de verdad.

Y en esta hora en que hay tantas confusiones, en que muchos izquierdistas apoyan la intervención de Estados Unidos en Venezuela, que quizás la aplaudan cuando suceda en México o en Irán; una hora en que los derechistas cantan una victoria que puede ser la última, cuando se pruebe que no pueden conseguir ni dar lo que han prometido; en esta hora en que todavía no se despejan los símbolos, hay gestos simbólicos dignos de validar.

Me refiero al gesto de Huenchumilla, cuya conducta para hacerse de la presidencia del Partido Demócrata Cristiano he criticado y cuyas estrategias políticas parecían más orientadas a mantener su senaduría que a otra cosa, ha decidido renunciar a la presidencia de la DC.

El mismo día en que los militantes debían votar para elegir la nueva Junta Nacional y las directivas comunales y regionales, al anochecer, decide irse, quizás entendiendo que ésta es su última aventura y más vale prepararse para el retiro.

La primera dama y el aumento de funcionarios

El tema de la “primera dama y su gabinete” será otro elemento simbólico del retorno a los momentos en que el pinochetismo campeaba.

La estructura de gabinete, creada por y para Lucía Hiriart, fue continuada con un perfil social por las esposas de los presidentes, el hijo de Bachelet y de Kenny Hirmas, amiga de la presidenta y dirigenta política del PPD: pero claramente todas esas tareas son propias de la estructura del estado y no de quien cumple funciones en el estado por ser “la esposa de”. Pero la reposición del cargo, de los equipos, de los guardias (aumentando funcionarios y gastos públicos) es una manifestación de conservadurismo que bien podría evitarse.

No ajeno al lenguaje simbólico, Boric ha iniciado una embestida comunicacional, tratando de hacer lucir no sólo los logros de su gobierno, sino el hecho de que la economía ha funcionado bajo su presidencia con mejores resultados que los que tuvo Piñera.

Además de eso, parece ser que quiere recuperar su liderazgo, confrontar a quienes no dicen la verdad y tal vez repostularse en un tiempo más, para mostrar lo que aprendió en este curso intensivo que ha vivido en cuatro años.

Claro que, pese a eso, no le ha parecido mal haber asumido el 11 de marzo teniendo en el recuerdo a Pinochet y entregar el poder ese mismo día a un Pinochetista orgulloso de serlo.

Cuestión de símbolos. Símbolos que pesan.

[Crónica] Los muertos que no importan

 

Con todo, y luego de la detención de Nicolás Maduro lo que estamos presenciando es un escándalo de proporciones, un discurso lleno de mentiras, porque al gobierno agresor no le interesa, como creen algunos venezolanos, restablecer la democracia en ese país.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 1.1.2026

Estados Unidos interviene en Venezuela, acusando al gobierno de ese país de ser culpable del mayor tráfico de drogas hacia su territorio. El inicio de la intervención fue cuando Trump ordeno la instalación de parte de la flota en el mar Caribe.

Portaviones dispuesto a combatir contra lanchas presuntamente cargadas de droga. Digo con claridad: si una agrupación con enorme poderío bélico quiere detener a «delincuentes» que tienen evidentemente una menor fuerza, basta con rodearlos, apresar a los tripulantes de la lancha e incautar la droga.

 

Entonces se procede, desde la enorme flota norteamericana, haciendo explotar literalmente las lanchas a las que le atribuyen ser transportes de droga. Mueren todos los ocupantes y el cargamento de droga o lo que fuera desaparece con la explosión. Y esto se repite varias veces.

Ningún detenido. Ningún gramo incautado.

Todos muertos, sin identidad, sin reconocimiento de su carácter de traficantes.

Sólo una imputación.

Cuando Trump ordena la invasión a suelo venezolano, se destruyen emplazamientos humanos que los invasores dicen que eran reductos de narcotraficantes. ¿Había gente allí? Probablemente sí, pero no se da ni número ni nombre de muertos.

Porque esos muertos, como los de las lanchas, no importan nada, sólo sirven para cumplir con los objetivos de amedrentamiento.

 

Cuando se produce el ataque para secuestrar al dictador, se bombardean cuarteles, aeropuertos y edificios civiles; se asalta el domicilio del sujeto buscado y se le detiene junto con su esposa.

Las informaciones preliminares, parcialmente oficiales, del gobierno venezolano y del gobierno cubano, hablan de más de 40 muertos, muchos de ellos militares cubanos que colaboraban con Nicolás Maduro.

Entonces Trump declara que fue una intervención quirúrgica, limpia, sin bajas.

Cuarenta muertos, más los de las lanchas y de los lugares bombardeados. Más de 100 heridos. Edificios destruidos.
Los muertos y los heridos venezolanos, cubanos o de cualquier nacionalidad que no sea la de ellos, no importan. Son bajas circunstanciales, obstáculos a remover, problemas transitorios.

 

E impone el lenguaje: al secuestro se le llama «extracción», como quien saca un molusco del mar. La gran preocupación deja de ser la droga, porque Trump sabe, como sabemos todos, que la mayor internación llega por el Pacífico y en ningún caso proviene de Venezuela.

 

Los efectos colaterales inevitables

¿Y el terrorismo de Maduro? ¿Qué algún venezolano puso bombas en Estados Unidos?

Puede ser.

Como la bomba que ordenó el gobierno chileno de Pinochet poner en el auto de Letelier en la capital de los Estados Unidos.

Lo que debió haber hecho Estados Unidos siguiendo esta modalidad era «extraer» a Pinochet y no pedir judicialmente la extradición de sus subordinados Contreras, Espinoza y Fernández.

Con todo, lo que estamos presenciando es un escándalo de proporciones, un discurso lleno de mentiras. Porque al gobierno agresor no le interesa, como creen algunos venezolanos, restablecer la democracia en ese país. No, se va a seguir entendiendo con el régimen inspirado por Chávez, con sus ministros, con su vicepresidenta, ahora presidenta, con sus generales.

Lo que quiere Trump es el manejo del petróleo, apropiarse de sus beneficios, con el pretexto de que tienen que recuperar el dinero gastado en el secuestro de Maduro y de su esposa.

Se dice que ha fracasado el multilateralismo.

No hay multilateralismo cuando se desconocen los acuerdos de los organismo de ese carácter. Y esto lo hizo Estados Unidos cuando intentó invadir Cuba, cuando invadió Irak, cuando mandó tropas a Afganistán, cuando financió y contribuyó a organizar el golpe de Estado en Chile.

En efecto, no hay multilateralismo cuando permite que su socio Israel viole más de 800 acuerdos de Naciones Unidas, partiendo por la resolución que lo creó y le asignó un territorio.

 

Los muertos de Gaza o de otros lugares en Palestina, no tienen importancia. Lo han dicho las autoridades de Israel: por un muerto nuestro dejaremos caer misiles. Por cada muerto de Israel, miles de la población civil palestina, sobre todo si son niños y mujeres, para impedir que en ellos anide la fuerza de la venganza.

Todo esto duele.

Pero hoy impera la ley del más fuerte. ¿Cómo le irá a Taiwán con China o a Ucrania y las otras repúblicas con Rusia?

Sólo importan los muertos de un lado. Los demás son «efectos colaterales inevitables», como se ha dicho por parte de la derecha con las violaciones de los derechos humanos en Chile. Desconcierta ver las expresiones de satisfacción de muchos políticos chilenos por la salida de Maduro, sin que nada de lo demás importe.

¡Hasta cuándo!