[Crónica] El crimen de Ema»: La violencia en el interior de una familia

Pasado, presente y futuro, se entremezclan con velocidad e ingenio, en una narración —esta, la nueva novela de la autora nacional María Eugenia Lorenzini— que no deja espacio para poder imaginar cómo irá a terminar la obra, a través de un relato que fluye e invita.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 20.5.2026

La violencia al interior de las familias es una dramática realidad en el mundo entero. En muchos lugares —como sucedía en Chile hasta hace poco tiempo— esos hechos eran callados y mantenidos en secreto al interior del núcleo íntimo.

A lo más se traspasaba a la familia de la víctima —la mujer o el hombre de la pareja— y si la noticia llegaba a la parentela del presunto agresor, eso era negado con vehemencia. «No sería capaz de hacer eso», resultaba ser la frase con la que se negaba la posibilidad, convirtiendo al agresor en víctima de una acusación falsa y a quien sufría la agresión en un calumniador.

Cuando la violencia es sólo de la pareja —muchas veces porque no hay hijos— en forma habitual eso queda soterrado y los familiares de quien sufre las agresiones —mayoritariamente las mujeres— se preguntan qué le pasará, por qué parece triste. Entonces la víctima se siente con el deber de seguir sonriendo, pues parte de la base que nadie le creerá. «Pero si se ve tan cordial», dirán, poniendo en duda que quien agrede pudiera estar efectivamente haciéndolo.

Esa violencia toma distintas facetas: violencia sicológica como descalificaciones, agresiones verbales, humillaciones, amenazas, prohibiciones, acusaciones, hasta llegar a la violencia física, es decir, maltrato sexual, golpes de distinto calibre e intensidad, que pueden llevar a quien los recibe hasta la muerte.

Y cuando hay hijos, el problema se oculta más, como si ellos, niños y adolescentes, no se dieran cuenta de lo que sucede. Esa negación daña a los hijos y a los negadores, pues nadie asume la verdad. Los hijos que perciben la realidad se sienten a medio camino entre la locura (no crean que hay agresiones, les hacen ver) y la conciencia de que los padres mienten.

La violencia en el interior de la familia fundada es fuente de posteriores rencillas entre los hermanos o de los directamente intervinientes con el resto de las familias.

Esa cadena daña a esa estructura social y sus vinculaciones, dejando secuelas, traumas, daños inmediatos y postreros, de los cuales pocos logran sanarse. Son, de todo modos, una incubadora de nuevas acciones de ese tipo en las relaciones de quienes crecen en ese ambiente.

 

Por la inevitabilidad de la verdad

La novela El crimen de Ema de María Eugenia Lorenzini (Editorial Forja, 2026), escritora y editora, trata de este tema y de cómo todo se complica cuando la violencia llega a los peores extremos.

«Todavía con miedo, moviéndose apenas, cono si el cuerpo le pesara, Ema se levanta con el cuchillo en la mano y clava los ojos en la silueta que se dibuja entre las sábanas».

Con esta frase, Lorenzini inicia la novela y abre la puerta del pasillo por el que transita la protagonista y quienes se van encontrado con ella.

Las culpas, los terrores, las angustias, se van expresando en el conflicto con una sociedad que aún tiene resabios de una represión secular sobre las mujeres y el imperio con plenitud de derechos del macho que se cree dueño de todo.

Ema se rebela, después de un largo tiempo de humillaciones y violencias de todos los tipos, incluidos por cierto los golpes reiterados, en una autodefensa que ella teme que no sea reconocida por quienes ven a su marido con ojos benevolentes y ante una sociedad que antes de justificar la legítima defensa, pedirá pruebas que nadie puede dar.

La novela se lee con rapidez, avidez incluso, porque todo transcurre en muy poco tiempo, en relatos fluidos, ágiles y con un diálogo bien estructurado.

Porque los hechos parecen estar claros desde la primera página y la protagonista es víctima de su propia conciencia, de la mirada que la sociedad puede tener sobre ella y se va encontrando con personajes (personas, situaciones e incluso un perro) que le dan y le piden sin vacilaciones, salvo cuando la verdad aflora y entonces aparecen los reproches del modelo social, sin preguntarse lo obvio: la razón de por qué se produjo el desenlace que se relata en las primeras páginas.

Con todo, pasado, presente y futuro, se entremezclan con velocidad e ingenio, en una narración que no deja espacio para poder imaginar cómo irá a terminar esta obra. Faltan diez o menos páginas y el lector, aún con el ojo avezado de tanta lectura por décadas, no puede dar con lo que sucederá.

En ese sentido, podría decir que El crimen de Ema tiene la estructura de las novelas policiales, que preparan sorpresas y mantienen la atención y la tensión durante todas su páginas. Es una obra literaria que nada tiene que envidiar a esas que se venden con profusión por el mundo y merece un espacio importante en el reconocimiento público de libreros, comentaristas y lectores.

Así, el dolor de la protagonista la lleva al borde de la insania mental, derivando en sus decisiones de un lado al otro y llevando al lector a pasearse en esos vericuetos incomprensibles de una mente atormentada, no por la locura, sino por la verdad.

Por la inevitabilidad de la verdad.

El relato fluye e invita, sabiendo que cada tramo se engarza con el siguiente, siempre con el juego ambivalente de lo que es una verdad imposible de aceptar.

 

 

 

 

[Crónica] El proceso de colonización cultural

El predominio del idioma inglés en el mundo empresarial (quienes dirigen las empresas ahora se llaman CEO) y el uso de palabras en ese idioma en el comercio, en la publicidad y hasta en las expresiones de los jóvenes, da cuenta de esta compleja evolución.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 11.5.2026

Es inevitable en estos tiempos que vivimos no referirnos a lo que pasa en la política contingente, especialmente cuando se inicia un nuevo gobierno dirigido por personas como el Presidente José Antonio Kast y la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao.

De mundos completamente distintos en lo cultural, de grupos sociales y étnicos diferentes en su origen, de profesiones tan diversas, de experiencias de vida que no se encuentran en sus trayectorias, sin embargo los unen la soberbia en sus dichos, cierta autosuficiencia, la convicción de que sus ideas son siempre las correctas y la irrefrenable tendencia a culpar a otros de sus problemas.

Por ejemplo, el Presidente culpa de sus propios fallos y de los de sus ministros a la oposición y, ahora, al Partido Comunista.

Junto a eso, el proceso de colonización cultural proveniente de Estados Unidos en los últimos 50 años, tiene un eco formidable en los estilos de un proyecto político que, paradójicamente, se presenta como «nacionalista» y «patriota».

Con todo, el predominio del idioma inglés en el mundo empresarial (quienes dirigen las empresas ahora se llaman CEO) y el uso de palabras en ese idioma en el comercio, en la publicidad y hasta en las expresiones de los jóvenes, da cuenta de esto.

Ejemplo de esto es que ahora ya no decimos «dos mil veintiséis» como decíamos en castellano sino veinte veintiséis, como se dice en Estados Unidos. Todo está dominado por el idioma extranjero, tan distinto del rico castellano (el idioma oficial de España es el castellano) e incluso los valores y estilos de esa sociedad del norte están penetrando con fuerza en nuestro modo de vivir. La imitación ha llegado hasta a las agresiones escolares, tan frecuentes en el territorio imperial de occidente.

Junto estas dos vertientes porque ambas unen al Presidente y a la ministra en estos días. Después de haber anunciado que se presentará un proyecto para establecer el día de la Familia imitando («al estilo», se dijo) al Día de Acción de Gracias de Estados Unidos.

Luego, la ministra justifica la renuncia del subsecretario de su cartera (ciencias) a que él no logra tomar el ritmo que a ella le gusta: «De dónde provengo las cosas se hacen más rápido», haciendo alusión a su estadía en Estados Unidos.

Es decir, la tónica viene del norte.

Para eso no sirven ni la ciencia ni la cultura ni el arte

O sea, ella quiere imponer la velocidad sobre la reflexión, lo que puede estar bien en algunos casos, pero no necesariamente en el tema de las ciencias y la tecnología.

A eso se unen las palabras del Presidente Kast, cuando reclama que está muy bien la ciencia, pero el gasto en investigación científica parece no tener la retribución que él reclama: ¿Cuántos empleos crea una investigación que termina adornando una biblioteca? Dijo en una actividad ciudadana en Puerto Montt el 5 de mayo de este año.

Es decir, nos retrotraemos en el tiempo a aquellas expresiones de Álvaro Bardón en la década de los 70 cuando manifestó que habiendo tanto desarrollo en otros países, no tenía sentido de que en Chile se gastara dinero en investigación cuando todo eso se podía adquirir de lo ya existente y aprovechar lo que en otras partes se investiga. Es un enfoque que no prosperó suficientemente, porque al menos no se redujo el presupuesto, aunque nunca logró pasar del 0,40 %.

La ministra que busca velocidad y el presidente, parecen estar de acuerdo con dejar de hacer investigación en Chile porque ello no produce efectos inmediatos en la economía. No es rápido investigar, no es rápido formar un doctor en ciencias, no es rápido instalar laboratorios de experimentación.

Entonces, la ciencia, el arte y la cultura, no sirven para la velocidad en la creación de empleos, para aumentar la productividad en el corto plazo ni para bajar costos.

Puede servir para mejorar el nivel de los pueblos, para tener personas más felices, para incentivar la creatividad, para fomentar el desarrollo humano, pero no para incrementar en el corto plazo los índices económicos.

¿Por eso renunció el subsecretario de ciencias?

Tal vez porque pensaba que la inversión en ciencias podría ser una prioridad en un esquema de gobierno nacionalista, sin comprender que en verdad ese nacionalismo es una pose necesaria para que no se note tanto la sumisión a los grandes, de los cuales queremos traer todo: la economía, el idioma, los valores, los estilos, los símbolos… y el arte y la cultura.

Error grave: querer hacer cosas que no produzcan frutos inmediatos en lo económico.

Para eso no sirven ni la ciencia ni la cultura ni el arte.

Paciencia con el gobierno: ¿Una petición de clemencia?

El actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos. Eso nos hacía esperar que este gobierno fuera distinto, pero no ha sido así.

Asumo las críticas

He recibido muchos comentarios sobre mis artículos en este medio. La mayor parte de ellos dicen que les gustan, pero que son muy largos. Eso tiene fácil solución y la empiezo a aplicar de inmediato. Un amigo lector me dice que tengo poca paciencia con el nuevo gobierno de Chile y que debería darle tiempo para el proceso de instalación y adaptación. Otro agrega, curiosamente, que mis críticas pretenden reivindicar, justificar y defender al gobierno de Boric.

No fui partidario del gobierno recién saliente y formulé muchas críticas a sus acciones e inacciones. Mal podría pretender ahora justificarlo, defenderlo y reivindicarlo. Por el contrario, no me desdigo de mis críticas, aunque sí celebro con alegría el cambio que experimentó el presidente Gabriel Boric en sus posturas personales, al entender, como él mismo lo dijo más de una vez, que las cosas desde el gobierno se ven distintas que desde la oposición. Él cambió sus apreciaciones y sus juicios, modificó posturas y suavizó un programa que era imposible de cumplir. Boric supo cambiar, se explicó bien, tuvo el mérito de reconocer sus falencias. Eso no hace un buen gobierno, pero sí muestra a un gobernante razonable.

Cuando se me critica de “falta de paciencia”, entiendo que el lector pide clemencia para con el gobierno en su primer tiempo, denominado “período de instalación y adaptación”.

La explicación

Lo que sucede, querido lector, es que el actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos.

Entonces, cuando sostenían ese discurso, agregaban que ellos estarían preparados para actuar desde el primer día, que no improvisarían, que llegarían con gente con conocimientos y experiencia, con sus proyectos listos, que tendrían todo preparado. Incluso más, dijeron que en los primeros noventa días estarían encaminados a todas la soluciones.

El país podría responder a la petición de clemencia que hacen algunos de sus partidarios si acaso hubiese humildad de parte de los gobernantes, pero no es así. Por el contrario, el tono es soberbio, autosuficiente, voluntarista, pues tanto el presidente como sus ministros están convencidos que pueden conseguirlo todo.

La realidad es de otro modo

Pero resulta que no es así. La señora Ministra de Seguridad pide tiempo: ahora se dio cuenta que la delincuencia actúa independientemente de la voluntad del gobierno y por muchas ganas que tenga ella de que no haya más delitos en Chile, que se terminen portonazos y asaltos, asesinatos y venganzas, no basta con ello.

Tampoco es suficiente que cada vez que se comete un delito sonado al cual los medios de comunicación le dan mucha difusión, ella tenga que ir con un general de Carabineros a mirar el lugar de los acontecimientos. Eso es más propio de un fiscal que de un Ministro.

Entonces algunos esperaríamos que ella y el Presidente o alguien en su nombre al menos, dijera que recién se está estudiando qué hacer y que la tarea asumida por el gobierno anterior de la mano de las policías estaba en la línea correcta para combatir al “crimen organizado” y al “crimen espontáneo”, pero que nada se logra ni con declaraciones ni la mera voluntad.

¿Caminos de solución?

Es verdad que ella ha conseguido que la comunicación escrita y algo la televisiva den menos espacios a los delitos, pero como éstos se siguen cometiendo es necesario tomar medidas de fondo. Una de ellas, propongo, sería separar las funciones policiales en preventivas (a cargo de Carabineros) e investigativas (responsable la PDI), para no duplicar esfuerzos o entorpecer unos lo que hacen los otros, como sucede.

“Meter mano” en Carabineros puede ser una medida interesante, especialmente para que los policías hagan sólo labores policiales preventivas y las administrativas estén en manos de civiles a su disposición. Eso entre muchas otras que van desde revisar la selección del personal hasta las normas relativas a retiro y jubilaciones.
Pero parece que el actual gobierno no estaba preparado para ello.

Jóvenes inexpertos

Muchos jóvenes inexpertos –muy inteligentes es probable– se han hecho cargo de tareas de gobierno sin entender cabalmente cuál es su responsabilidad. Por eso una subsecretaria que debe trabajar por la prevención del delito dice que la prevención del delito no es su tema.

O que la ministra que oficia de vocera sólo sea una repetidora de los comunicados que otra persona elabora, pero que no puede de contestar preguntas ni aclarar nada sin equivocarse.

No es que yo no tenga paciencia –el rechazo al gobierno va en aumento por parte de la ciudadanía– sino que lo que se esperaba de ellos al asumir es que tuvieran ya todo claro. Pero no lo tienen y van mordiéndose la cola con sus proclamas.

La inflación es mayor que en el gobierno anterior, el crecimiento menor, la cesantía en ciertas áreas aumenta, la ciencia y la cultura les son marginales y sobre la educación, salvo la idea de reprimir actos de violencia e indisciplina, no hay otras indicaciones. Con la salud no pasa nada significativo.

Si la promesa era hacer las cosas bien, no parece que eso estuviese sucediendo.

¡Que lo hagan mejor!

Las críticas, entonces, no son para que se vayan: el pueblo los eligió y deben actuar con responsabilidad y no huir. Las críticas que algunos formulamos son para que hagan las cosas mejor, trabajen con espíritu democrático, dejen de justificar sus errores con las acciones y omisiones de Boric y su gobierno, y generen soluciones para los problemas concretos tal como lo prometieron.

Ya sabemos que no estaban preparados y que no dijeron la verdad cuando afirmaban tener los proyectos listos y las medidas claras para combatir la delincuencia, asegurar soluciones de crecimiento, empleo, bienestar.

Les seguiremos teniendo paciencia, pero sus ilusiones dejan de ser tales y lo que interesa ahora es que no olviden que Chile va más allá de las familias de mayores ingresos, que los habitantes del país esperamos una propuesta de justicia, libertad, desarrollo integral y progreso, con satisfacción de las necesidades básicas y espacio para incrementar logros en las necesidades superiores.

Clemencia para los que se equivocan y paciencia con los que no saben hacer las cosas. ¿No será mucho pedir?