El amor es el gran tema de la poesía del último milenio.
Como decía una joven poeta antes de leer sus textos hace
unos días, muchas veces tratan del desamor, del dolor del
amor, de la pérdida, del vacío. Y también los hay de alegría, de la
vivencia exitosa. O del recuerdo que se acaricia con esa nostalgia
hermosa que nace de los profundos sentimientos que han ido
anidando en el interior de cada uno.
En una época en que la violencia y el miedo se alzan como
argumentos de los que no quieren el cambio, la poesía ha ido
quedando postergada de los titulares. Por eso ha sido interesante
la iniciativa de la comunidad palestina de Chile de llamar a un
concurso de poesía en que el tema es la paz y la justicia en torno
a Palestina. Donde se enseñorean la guerra, el dolor, el hambre y
la injusticia, lo que se requiere es palabra de luz, de amor, de año-
ranza, de buenos deseos. Y la poesía puede aportar eso.
En medio de las convulsiones del mundo actual, nos pregun-
tamos con los poetas del amor: ¿Qué es el amor? ¿Cómo es el
amor? ¿Cuáles son las exigencias que nos plantea? Porque la
primera constatación acuariana es descubrir que ya no es obli-
gación amar a dios. Él no necesita que lo amemos, sino que lo
mágico es que él nos amó primero, poniendo en nuestra esen-
cia una semilla de su propia divinidad. Entonces nuestra tarea es
amar a nuestro entorno como él nos ha amado: poniendo ternu-
ra, creatividad, protección, nutrición, impulso, pasión.
El majestuoso poeta de la vida, Gonzalo Rojas, se pregunta:
“¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la
luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor?”
Silvio Rodríguez nos traduce la tarea del creador: “Debes amar la
arcilla que va en tus manos./ Debes amar su arena hasta la locura./
Y si no, no la emprendas que será en vano:/ sólo el amor alumbra lo
que perdura,/ sólo el amor convierte en milagro el barro.”
Busco en mi biblioteca y leo a Gioconda Belli, a la mexicana
Lina Zerón, entre mis apuntes reviso mis propios poemas, tantas
veces leídos en voz alta, y publicados en una quincena de libros
y muchas antologías.
El amor es una dimensión que acompaña al ser humano en su
proceso de desarrollo integral que cada vez adquiere más fuerza
e importancia. Pues ese amor que se da entre seres concretos y
no abstractos, en el entorno directo como son la pareja, los hijos,
los amigos, los parientes, los compañeros de jornada, aquellos
con quienes nos unen las emociones, el cuerpo, el pensamiento
y el espíritu, no es ni más ni menos que el más poderoso motor,
que se provee a sí mismo del combustible necesario, para mover
los deseos, las expectativas, las ideas, la transformación de las
personas y los cambios en la sociedad.
El amor es ni más ni menos que el mayor impulso al progreso
humano, en la medida que decimos “no al miedo y si al amor”. La
tarea que nos nace es sembrar amor para combatir el miedo y
de ese modo frenar el odio y la violencia de quienes quieren ser
dominadores. La valoración de mí y mi expresión hacia el exte-
rior se expresará como la forma suprema del amor y del enten-
dimiento, visto no desde la perspectiva individual sino personal,
es decir, de mi presencia en el mundo en relación activa y cons-
tante con los otros como yo. Sólo amo de verdad, cuando me
amo; sólo amo lo que ya he conocido.
Conozco al otro y me reconozco en el él y a él en mí.
En el mundo que estamos construyendo, en el Acuario que
nace, el amor se expresará en diversas dimensiones: como rea-
lidad social, y lo llamaremos solidaridad. Actos de amor por los
que no conozco, aunque conozca la realidad global de esas per-
sonas. Como realidad grupal, y lo llamaremos amistad o herman-
dad o amor filial. Como realidad de pareja. Y todo en un solo acto.
Repito entonces: en este proceso hermoso, la poesía juega
un rol fundamental. Parece que sutilmente se abre el tiempo
para que los poetas seamos leídos y escuchados.
