DE FALSEDADESPOÉTICAS Y BELLEZA

Hace unos años, caminando por Florida y Corrientes, vi un
vendedor de cuneta que ofrecía pergaminos con textos
poéticos. Eso ya era usado en Chile en el Paseo Ahuma-
da, lugar donde por primera vez vi un pergamino con mi rostro y
un poema de mi autoría, pero en el que no figuraba mi nombre.
Esta vez, en Buenos Aires, el poema llevaba una destacada
firma: Jorge Luis Borges y tenía por título “Instantes”. El texto sos-
tenía que el autor se arrepentía de lo hecho y lo no hecho en su
vida, porque si pudiera vivir de nuevo haría otras cosas, básica-
mente destacando más los aspectos sentimentales.
Lo compré para leerlo detenidamente en un café de calle San-
ta Fe, con masitas dulces, años antes de que se me declarara la
diabetes. Tres veces lo leí, pues algo no me parecía bien. No soy
experto en Borges, pero sí lo había leído lo suficiente para saber
que él era de aquellos que no se arrepienten de nada, menos
aun públicamente, que no ponía tanto énfasis en lo sentimental,
por lo que me pareció imposible que él lo hubiese escrito.
Lo hablé con expertos borgianos (así se dirá de sus hinchas
académicos), incluyendo a Eduardo Saffirio. minucioso lector del
argentino y ellos tuvieron una impresión parecida. Pero mien-
tras más se creían expertos, eran menos categóricos. De pronto,
en una conversación de sobremesa con Tatiana Vega, periodista
y directora de la revista UNO MISMO, supe la verdad.
En esos mismos días, probablemente al promediar la década
de los años 90, María Kodama, la viuda, dijo “Jamás Borges ha-
bría escrito eso”. Asunto cerrado.
¿Qué había sucedido? El hermosísimo texto fue escrito por
Nadine Stair, escritora canadiense poco antes de morir y la Revista
UNO MISMO de Argentina lo quiso publicar. Pero el diagramador
confundió papeles y en lugar de poner el nombre de la escritora
norteamericana, instaló el del argentino que correspondía a otro
artículo de un número anterior. Así fue publicado por primera
vez este garrafal fallo. Algunos números después, la editorial de
UNO MISMO, bajo el título “Nuestro peor error”, puso las cosas en
su lugar. Pese a eso, en el mundo entero se sigue difundiendo el
texto como si fuera del escritor bonaerense y no de la magnífica
y sencilla poeta del Canadá. Esta es la verdad, pura y simple, aun-
que al consultar en Internet la famosa IA, ésta diga otras cosas y
se inventen diversas fuentes o circunstancias para el error.
Peor fue cuando en el año 2000 comenzó a circular bajo
el título de “García Márquez se despide” un texto de tenor pa-
recido, en el que el autor –que tendría un cáncer terminal–
dice todo lo que habría podido hacer si tuviera más vida por
delante.
Una revista mexicana llamada “Universitarios”, dedicada al
arte en sus más diversas manifestaciones, investigó el origen
del texto y en el año 2002 publicó la historia real. Un titiritero
mexicano, hombre joven y gran artista, ventrílocuo, además,
realizaba a fines del siglo anterior un espectáculo con un mu-
ñeco, entretenido, sentimental, divertido, con presentaciones

en teatros de distintas ciudades de México. Siendo yo agrega-
do cultural de Chile en ese país, recibía habitualmente medios
de comunicación sobre la cultura y el arte mexicano. Así llegó
a mis manos el ejemplar en que Gabriel García Márquez qui-
so encontrarse con quien había escrito esto que parecía ser su
despedida. El escritor no tenía todavía el cáncer que lo llevaría
a la muerte 13 años después.
Se produjo el encuentro y tras una larga conversación donde
el periodista García Márquez hizo hablar al titiritero, pudo darse
cuenta de que la despedida en cuestión no era más que el últi-
mo discurso del muñeco en el espectáculo. Bello texto en el que
dialogan estos dos personajes.
Borges y García Márquez aparecen unidos por la mentira,
por el error y por quienes gustan de repetir constantemente
noticias falsas para justificar quizás qué otras situaciones o
para destacar e instalar en el mundo asuntos que nadie se ocu-
pa en desmentir.
La falsedad poética, literaria o artística nos lleva a repetir “no
verdades” como si fueran ciertas. Es cierto que hay artistas como
Picasso, por ejemplo, que gozaba confundiendo a los especialis-
tas al firmar como propios cuadros hechos por sus imitadores y
copistas no autorizados en la Riviera francesa.
Ni García Márquez ni Borges jamás hubiesen escrito lo que se
publicó como algo de ellos. Por eso algunos nos rebelamos con-
tra esos textos y fue posible ir destapando la verdad. Ahora bien,
esos escritos son valiosos por sí mismos, más allá de quien sea
su autor. ¡Vivan la poeta canadiense y el ventrílocuo mexicano!
Las cosas bellas no son patrimonio de los famosos.

Poemas para compartir

Presentación

 

Poema iniciado en 1965 y terminado de escribir en estos días sesenta años después. Se publicará en el libro en preparación “Dichas y Dudas.

 

Encerrado en mi castillo de concreto

permanecí por tiempo inenarrable,

días horas y milenios,

hasta esa mañana de ermitaño

cuando entendí que las respuestas no eran sólo para mí.

 

Ese viejo que convivía con mi niño interno

decidió entregar lo aprendido en tantas vidas,

lentamente alzó la voz, tomó la guitarra y la alegría

intentó una prosa y un poema, alzando la mirada

y desafió su propio sueño de construir un mundo diferente.

 

He corrido por planos y montañas,

dejé mis piernas en la lucha,

rompí el concreto del castillo y salía en busca de la vida.

 

Atravesé los bosques buscando la verdad

hablaron árboles y zorros,

los loboslos tigres los leones

gritaron mi nombre en plena madrugada

anunciando la llegada del amor.

 

He vagado por tierras y por aguas

once veces mis ciclos de siete

armonizando amada con los tuyos.

Viajé por laberintos prohibidos

leí todos los libros al revés

y encontré las huellas del destino

impresas en mi propio corazón.

 

Ibas, amada mía, por la misma ruta

con la edad justa para vernos.

Pero la niebla distanciaba los cuerpos.

Vimos los mismos pasadizos

transitamos por rutas conocidas

cuando tú llegabas yo partía

cuanto tú te ibas yo volvía

estaban los tuyos proclamando

mientras los míos vivían clandestinos.

 

Equivoqué caminos y promesas

acerté en el discurso

defendí perseguidos del poder

canté la canción de la alegría

y proclamé la esperanza de los muertos.

 

Aquí estoy dije en el pasado y me quedé

en tus ojos de esperanza y alegrías

mirando el futuro que trajiste con tus manos llenas

dispuesto a recitar los poemas nunca escritos

en homenaje a reyes que murieron

sin que nadie coronara sus cabezas.

 

Aquí estoy de pie en el tiempo nuevo

aquel que tú y yo soñamos

antes de encontrarnos en las luces

antes de amarnos en la tarde

antes de saber de nuestras vidas.

 

Izamos banderas y hacemos promesas:

la muerte no llegará como anticipo

la risa y el amor nos darán vida,

ésta y otras que vendrán.

 

Te esperé todos estos años

para llenar de flores los espacios

para decorar espacios añorados

para vivir el juramento de los dioses.

 

Abro las puertas del tiempo nuevo

la alegría y la esperanza de la mano

transitará el mundo por la rutas

caminos hacia la nueva sociedad

de amor, de justicia y libertad.

 

 

Santiago de Chile, otoño de 2025