[Crónica] El tres por ciento en la cultura

En el Chile de hoy, las artes visuales, los libros y los montajes escénicos de calidad, serán cuestión de elites. Y los museos (que ya son pobres, y ahora se les limitará aún más) irán cerrando sus puertas, pues se debe reducir el gasto público en todas las reparticiones que conforman la administración del Estado.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 2.4.2026

Durante su campaña electoral, el ahora Presidente José Antonio Kast fue enfático en hablar de la reducción del gasto público y para ello el ministro de Hacienda dispuso —parecía una orden al comienzo— que cada ministerio debía reducir su gasto en un tres por ciento.

Estoy de acuerdo en que siempre las cosas deben hacerse del mejor modo posible. Sé que es posible reducir muchos gastos públicos que son producto de situaciones anómalas o injustas. No cabe duda que pagar a una enorme cantidad de asesores cuando existen funcionarios que pueden cumplir esas tareas, parece ser un exceso.

También, no cabe duda que tener miles de jubilados de las Fuerzas Armadas y la Policía Armada en plena edad productiva, tanto así que a muchos se les recontrata en las mismas instituciones, parece ser más que un exceso, un escándalo.

No se puede discutir que hay instituciones que cumplen las mismas tareas y eso debe ser racionalizado. No parece haber dineros peor gastados que la repetición de funciones en las regiones, donde se inventaron los gobernadores para satisfacer discursos, manteniendo el poder de los que antes se llamaban intendentes y ahora delegados, que mantienen sus propios gabinetes regionales con las secretarías regionales.

Hay que ordenar, es cierto, porque desde el golpe de Estado, las cosas tomaron un rumbo contrario a la democracia y se dijo que por fin el país caminaba en orden, cuando en realidad fue un desorden de nuevo estilo.

En ese mismo período dictatorial, al acercarse el final del gobierno de Pinochet, empresas productivas del Estado, que dejaban beneficios, pasaron a manos privadas. No alcanzaron a privatizar Codelco, pero es un plan al que los pinochetistas no han renunciado.

Con todo, en este cuadro se dice reducir gastos. No es mejorar el uso de los recursos, es reducir, es decir, gastar menos. ¿En salud? ¿En educación?

Ya está claro que la ministra de Seguridad, que hace las cosas «porque puede», consiguió que ella no tuviera que eliminar ese porcentaje en gastos, porque de lo contrario estaríamos frente a un contrasentido del discurso inicial en que se dio tanta importancia a ese ministerio.

Nuestros museos ya son pobres

¿Y en cultura? Nadie puede discutir que para ciertos sectores de la derecha, la cultura debe ser materia de elite. Me lo dijo con claridad un diputado de la UDI cuando se discutía la ley de fomento del libro y la lectura:

— ¿Por qué tenemos que apoyar a tanta gente con estos recursos? Los buenos siempre triunfan y consiguen los recursos.

Y me dio dos o tres ejemplos. Pero él, hombre inteligente, finalmente votó a favor porque entendió el argumento de que un pueblo sin desarrollo cultural en el más amplio sentido está condenado a la mediocridad y la pobreza.

Sin embargo, muchos de los suyos creen que sólo debe apoyarse aquello que está en los cánones ideológicos de las tradiciones y del gusto de las «clases altas», es decir, los que tienen el dinero.

Por eso, reducir el tres por ciento en cultura no será problema. Ellos quisieran que fuera más.

¿De dónde se reducirá? Ya lo ha dicho Francisco Undurraga Gazitúa, el ministro: de los museos y de las bibliotecas.

En lugar de hacer planes de desarrollo, usando mejor los recursos disponibles para que los niños, los jóvenes, los universitarios, los sindicatos (todavía existen algunos), los adultos mayores de los sectores más pobres, visiten los museos, se les reducirá el presupuesto en una cifra suficiente para que sea el tres por ciento del empobrecido presupuesto que tiene la cultura en Chile.

Nuestros museos ya son pobres, ahora se les limitará aún más.

Vengo llegando de un viaje a Salvador de Bahía, la histórica ciudad de Brasil. No es la zona más rica del país ni con mucho. La pobreza se ve en las favelas y en las calles. Recorrimos, con mi pareja, el centro histórico. Ella tomaba fotos (es fotógrafa profesional y escritora) y yo miraba las casas y la gente, escuchaba sus voces fuertes, los tambores por todos lados.

Muchas iglesias antiguas, muchos pequeños locales comerciales, plazas de distinto tipo, calles de adoquines, casas pintadas sin uniformidad en estilos y colores, pero con una armonía natural. Vivimos la cadencia del tránsito de las personas, de las sonrisas y los saludos, todo en un movimiento constante que bajo el calor implacable daba la idea de que en cualquier momento estallaría un carnaval.

Y ahí, en las iglesias, en los conventos, en cualquier sector del barrio histórico, frente a la plaza en que se ejecutaba a los esclavos rebeldes, en todas partes y en cualquiera, estaban los museos.

Impresionantes por la calidad de museografía, por el trabajo realizado, por la empatía con el visitante que no necesita preguntar mucho porque allí están todas las respuestas. Lo antiguo y lo nuevo, las tradiciones africanas, la historia de lo cristiano del país, el nuevo arte y lo más antiguo, todo conservado con respeto, validado no sólo por turistas sino por el entorno mismo y su pueblo.

Todos los días vimos a escolares —desde los muy pequeños, hasta los adolescentes— llevados por sus profesores a recorrer estos lugares, acompañados por guías especializados, donde recibían explicaciones y podían preguntar todo lo que quisieran.

La casa de la Fundación Jorge Amado, que alguna vez fue el alojamiento de los esclavos antes de ser subastados, es un lugar hermoso, bien cuidado, donde el homenaje al escritor y al mundo cultural se palpa en cada detalle.

También, la Catedral con sus pinturas, la Iglesia de la Misericordia con sus colecciones antiguas y las salas de arte moderno, el Museo de San Francisco, la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, la Iglesia del Nuestra Señora del Rosario de los negros (donde en lugar de un viejo órgano como en otras hay tambores) y así cada espacio.

Hay días en que es gratis el ingreso y en la mayoría de ellos los turistas deben pagar dos dólares por acceder. Hay trato especial para los adultos mayores, quienes somos tratados con respeto y consideración.

La cultura está allí, viva, porque a los municipios y al Estado les interesa que el pueblo vaya floreciendo.

Pero en el Chile de hoy, la cultura será cuestión de elites y los museos irán cerrando sus puertas. Porque se debe reducir el presupuesto de cultura.

Se me vino a la memoria Goebbels

Simpatía en el tono del discurso, la sonrisa fácil, las palabras precisas, la reiteración de ideas fuerza y una voluntad decidida de llevar adelante sus planes al costo que fuera, caracterizaron a todos los jerarcas del Partido Nazi. Eso acompañado de una manera de decir las cosas en la que se mentía sistemáticamente. Como no había los medios de hoy, era muy difícil corregir la propaganda oficial.

La memoria

No sé por qué, pero hace unos días se me vino a la memoria la figura de Paul Joseph Goebbels. Tal vez debe ser porque el próximo 1 de mayo se cumplen 81 años de su muerte: 9 ciclos de 9 años, suficiente, diría alguien, para cerrar etapas. Pero no, en lugar de eso, se reaviva la memoria, probablemente porque suceden hechos simbólicos o se repiten historias, estéticas, maneras de hacer las cosas.

Ese estilo fino, atildado, siempre sereno, con una sonrisa pronta y cierta amabilidad para referirse a todas sus intenciones. Si se revisan sus discursos –buenos discursos, bien hechos, con precisión de lenguaje y uso intencionado de todas las palabras– jamás encontraremos exabruptos, aunque si palabras duras.

Como la idea del “fracaso alemán”, de la mano de los conductores de la guerra europea (llamada “mundial”) iniciada el año 1914. Se refería no sólo a quienes fueron derrotados en la guerra, también a los que, en un intento de democratizar el país (que no conocía de democracia más que en las teorías de grandes pensadores) ocuparon el poder.

Ellos, según la mirada de los triunfadores en la elección de 1933, fueron un gobierno fracasado, con inestabilidad política, que destrozaron la hacienda pública, que gastaron dinero de más, que permitieron el crecimiento de los partidos de izquierda, no fueron capaces de detener la creciente inseguridad y facilitaron todo tipo de maniobras que iban en desmedro de la grandeza de Alemania.

La propaganda

El lema propagandístico del Partido Nazi era que se debía poner fin al gobierno fracasado y enfrentar la emergencia nacional, pues, en su discurso, Alemania había sido llevada por esos gobernantes a un estado deplorable. Con esa mirada, conducida hábilmente por el equipo de propaganda, el Partido Nacional Socialista Alemán (Partido Nazi), fue ganando las elecciones hasta conseguir, a fines de 1932, convertirse en la mayor fuerza del parlamento.

Este resultado, más las presiones discursivas y propagandísticas tan bien llevadas, a lo que se unía la división política de todos los partidos de cierta raigambre democrática, incluso algunos de la derecha, produjo que el presidente Hindenburg nombrara como Primer Ministro a Hitler.

En ese triunfo electoral fue clave Goebbels, quien estuvo a cargo por varios años de las campaña de propaganda en la línea indicada, recibiendo la “ayuda” de las circunstancias internacionales derivadas de la llamada Gran Depresión de 1930.

En ese clima, el Partido fue consolidando sus avances electorales hasta conseguir alcanzar la conducción del gobierno. Una de las primeras acciones fue la Ley Habilitante de marzo 1933 que le permitió dictar numerosos decretos con carácter de ley sin que debieran pasar por el Parlamento.

Ya en el gobierno

Al asumir el gobierno, Goebbels asumió como ministro de Ilustración Pública y Propaganda, cargo que ejerció hasta su muerte el 1 de mayo de 1945, cuando se suicidó para “no vivir en una Alemania sometida al terror bolchevique”.

Simpatía en el tono del discurso, la sonrisa fácil, las palabras precisas, la reiteración de ideas fuerza y una voluntad decidida de llevar adelante sus planes al costo que fuera, caracterizaron a todos los jerarcas del Partido Nazi.

El primer esfuerzo fue sacar a los comunistas del escenario político, para luego ir eliminando a todos los que podían poner límite a su poder, manejando el discurso con mucha habilidad.

Por ejemplo, si se tomaba una medida que podía resultar impopular, rápidamente se anunciaban paliativos, suspensiones, postergaciones, pero al mismo tiempo se buscaba a culpables en el régimen anterior y en los partidos opositores, y luego se seguía adelante con la medida teniendo a otros como culpables de que se tuviesen que tomar esas decisiones.

Y todo esto acompañado de una manera de decir las cosas en la que se mentía sistemáticamente. Como no había los medios de hoy, era muy difícil corregir la propaganda oficial. Hoy, si un vocero de gobierno se equivoca, alguien lo rectificará, aunque luego igual se puede reiterar el discurso con nuevos matices y la mentira allí queda.

Las ganas de creer

Leí hace algunos días en internet –a propósito de que el líder del PNL en Chile, Kaiser, denunciara que la izquierda está organizando activistas digitales para atacar al gobierno de Kast y se pregunta quién los paga– lo siguiente: “Kaiser tiene razón. Están pagando por desinformación y fraude mediático con la plata que robaron durante Boric. Más Vale que Kast se ponga las pilas”.

Quien dice eso no es un funcionario de gobierno, sino simplemente un partidario ferviente del nuevo gobierno que cree en ese discurso de que en el gobierno de Boric sus colaboradores de confianza robaron.

Todo ello desarrollado a partir de dos o tres casos en que eso sucedió, que están siendo tramitados en la Justicia y que fueron perseguidos por el gobierno en su oportunidad con la dureza de la ley. Hubo más casos, pero que no solo no eran partidarios de Boric, sino que incluso en uno de ellos estuvo involucrado un gobernador de la Derecha y un diputado del Partido de Kast. Ha habido alcaldes y funcionarios municipales que han cometido fraudes, pero ellos son de distintos grupos y tendencias.

Sin embargo, se repite que el gobierno de Boric robó y con eso se sigue adelante. Las personas comienzan a creer, porque es mejor aceptar esa “verdad”, que enfrentar las cosas como son efectivamente. El riesgo que se corre es que esa mentira disfrazada de verdad, se imponga sobre la realidad, tal como sucedió con la propaganda nazi hace tantos años y con la propaganda de tantas dictaduras, muchas de ellas aún vigentes en el mundo. Y cuando digo “dictaduras”, me refiero tanto a las manifiestas como a las encubiertas, con discursos de izquierda y de derecha.

No hay límites externos

El fundamento de todo esto –tal vez por eso me aparece Goebbels en la memoria– es que hay algunos que asumen que ellos lo saben todo, que todo lo pueden hacer bien, que no hay más límites que su propia ética, que antes que los “enemigos” ataquen hay que combatirlos, que es necesario que desaparezcan todos los que pueden poner en peligro su poder.

Se miente en el discurso, se acomodan las cosas.

Cuando alguien rectifica, se producen ciertos movimientos, para volver a la carga con lo mismo, porque la decisión es continuar sin límites.

Cuando un comunicador dice que el país está en quiebra, se levantan voces en contra, pero a los pocos días, sin volver a usar la palabra, se insiste en el concepto de fondo: las medidas que hay que tomar por el estado en que los gobiernos fracasados nos entregaron el país. Y lo digo en plural, porque recordemos que el actual presidente de Chile fue opositor de Piñera y dijo que su gobierno había fracasado y lo culpó directamente del triunfo de Boric.

Finalmente, el tema es el estilo que Goebbels impuso y que muchos, que incluso se visten de demócratas y republicanos, han seguido usando.

¿Quién gobierna en Chile?

Hoy en Chile no gobierna la derecha.

Vemos en este primer mes (menos) que en los grupos y partidos de las tendencias más conservadoras se han levantado ciertas voces que manifiestan su desacuerdo con actitudes, discursos, frases y decisiones del actual gobierno.

Esa derecha política y técnica, observa el riesgo del discurso en el que prima la voluntad de ejercer el poder sin más límite que su propia convicción. Como dijo tan gráficamente la Ministra de Seguridad cuando se le pidió explicaciones por su intervención que culminó con la salida de una alta funcionaria de la Policía: “Porque puedo”.

Es decir, si puedo sigo adelante. Si puedo, andaré a exceso de velocidad y pasaré las luces rojas. Si puedo, no respetaré las filas. Si puedo aplico la ley a mi amaño. Si puedo, eludo impuestos. Si puedo, acomodo los hechos a mis versiones y no me preocupo de la verdad.

Así fue en la dictadura de Pinochet. Así lo intentaron hacer autoridades de Carabineros que han terminado condenadas en un sonado juicio que se llevó adelante en Temuco, cuando inventaron pruebas en contra de personas para poder apresarlas.

Hoy en Chile hay sectores de la derecha que miran con preocupación algunas de las cosas que están sucediendo o las decisiones que se están tomando, que pueden ser anticipos de otras situaciones más graves aún.

Hoy en Chile gobierna el “pinochetismo”, aquellos que apoyaron la dictadura, que lucraron con ella, que sintieron sus beneficios. Aquellos que miran con “comprensión” a los violadores de los derechos humanos y justifican lo vivido. Aquellos que quieren desarmar todo lo que huela a defensa de los derechos humanos, su promoción y protección.

Aquellos que rechazan los temas ecológicos y afirman que los daños del cambio climático son un invento. Aquellos que creen que todos los que piensan distinto son comunistas, manifiestos o encubiertos, seres a los que se considera malvados. Aquellos que creen que solidarizar y ayudar a las víctimas del sionismo son terroristas o que justifican la violencia.

Aquellos que suponen, como lo preguntaba una encuesta que me llegó hace unos días, si hay que reponer la pena de muerte, si toda persona sospechosa de ser delincuente debe ser encarcelada preventivamente, si la policía debe disparar contra todo sujeto que le parezca delincuente en forma preventiva.

Recuerdo a Goebbels en este aniversario.

Hay que evitar que ese ejemplo cunda y ésa es tarea preventiva de todos los que creemos en la democracia. Así las tentaciones de aplicar la voluntad para imponer las conductas de un grupo que ganó las elecciones, puedan ser limitadas. Es hora de todos, derechas, izquierdas, centristas, para que nadie luego se escude diciendo “yo no sabía”.

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VEJEZ Y JUVENTUD

Cuando este artículo vea la luz a través de estas páginas, ya habré cumplido mis 78 años de edad. Lo estoy escribiendo un par de días antes de ello. ¿Qué importancia tiene eso? Pues algo muy simple: el valor simbólico de haber cumplido la edad que mi padre no alcanzó a cumplir, pues murió unos pocos días antes. Es decir, tal como mi hermano mayor lo ha experimentado, nosotros hemos seguido más allá de lo que vivió nuestro progenitor y podríamos decir, entonces, que ya no tenemos modelo.

¿Hubo modelo? Por supuesto que sí, siempre lo hay, aunque a veces opere como “anti modelo”. Es decir, miramos al padre para aprender qué hacer y qué no hacer. El problema es que lo miramos como hijos y no pensando en que ese es el camino que deberemos seguir o evitar, sino solo reclamando o tratando de imitar. Los demás nos miran e inevitablemente nos comparan. Y la figura del muerto se engrandece, poniendo cada vez más lejana la comparación, porque lo que se confronta es una persona en plena vida —es decir con aciertos y errores constantes— con lo mejor de aquel que ya falleció y que no podrá equivocarse nunca más.

Ser padre es una tarea difícil, porque por mucho que leamos libros u observemos el comportamiento de nuestros padres y de los padres de nuestros amigos (y primos), no estamos en un proceso de aprendizaje. Entre otras razones, porque ellos no nos están enseñando a ser padres, sino que están padeciendo su paternidad y quieren que “nos portemos bien”, es decir, que sigamos sus criterios, parámetros, normas, lineamientos y nos adaptemos a la vida social. El padre se enoja cuando el hijo rompe las normas, sin entender las razones de ello y muchas veces sin importarle cuáles son. Entonces es difícil la relación porque ser hijo es una cosa y ser padre algo completamente diferente. Todos hemos sido hijos antes de ser padres e incluso aquellos que experimentaron la pérdida del padre siendo muy jóvenes, saben de lo que han carecido.

Dicen algunas doctrinas y creencias que el cuerpo empieza su proceso de muerte siete años antes del hecho mismo. De ser así, mi padre comenzó a morir cuando transitaba por el año 71 de vida, su último momento como Ministro de Estado. Cuando dejó de serlo, un mes antes de cerrar el año 71 y empezar a vivir el 72, comenzó a sentir el vacío que queda cuando se dejan las posiciones de poder y se convierte en un “ex”. El deterioro en la salud era creciente y su ánimo a ratos se veía afectado, aun cuando me preguntaba: “¿Cuándo crees que podré volver a manejar?”. Yo sabía que nunca y así se lo decía, pero él me respondía: “Exageras”. “Haga ejercicio para fortalecer sus piernas”, le decía yo y su respuesta era: “Es que ya no puedo caminar como antes”. Y era verdad, hacía poco tiempo que él subía el Cerro San Cristóbal una vez por semana. Dejó de hacerlo.

Estaba viejo. A los 77 años cumplidos, es decir, transitando por el año 78 que no alcanzó a terminar. Cansado, cierta sensación de soledad, tuvo un último acto de reconocimiento social cuando las organizaciones de descendientes de árabes de América le dieron un premio por su trayectoria en la difusión de la “Causa Árabe”, en diciembre de 2000. Estaba muy viejito. La ceremonia fue en Buenos Aires y lo acompañamos mi hermano y yo. Trató de caminar por las callecitas de Buenos Aires, pero avanzó dos o tres cuadras. “Buenos Aires ya no es el mismo”, me dijo. Yo pensé: “Usted, papá, ya no es el mismo”, pero callé y nos sentamos a tomar otro café. Pidió un dulce. Era diabético, pero yo sabía que no había que seguir peleando por eso. Tres meses después murió.

Yo tengo 78 y me siento joven. No soy joven: objetivamente hay cosas que no puedo hacer y lo más probable es que ni siquiera me interesen. Pero me levanto cada mañana, como hoy, con las ganas de hacer algo nuevo, de terminar la novela que estoy trabajando, escribir mis artículos, hacer el índice de mi próximo libro de Tarot, tratar de organizar mis artículos políticos de tantos años (en eso me ayuda Maru, mi pareja, joven y entusiasta, 24 meses menor que yo), escribir más poemas, llamar a mi hijo y mis hijas por teléfono, comentar con mis amigos la victoria de Las Diablas del hockey césped. Ganas de todo: de seguir atendiendo personas en lecturas de Tarot y Vida Pasada, conversar con esos tantos que me dicen que quieren tomarse un café conmigo.

Tengo 78 y siento que me queda mucho, aunque me preparo para las sorpresas, nunca se sabe. Alguien tratará de descifrar, el día que muera, los siete años anteriores.

Y estoy reuniendo mis escritos sobre la muerte, sabiendo que tengo una vitalidad enorme. Algún día eso terminará. Por ahora, siento que soy un viejo muy joven, lleno de planes y de entusiasmo.

Miro a mis compañeros de colegio y de universidad. Algunos de ellos están enfermos, pero todos se ven muy entusiastas, algunos siguen haciendo deportes. De pronto alguno se muere. Nos da pena, porque sentimos que murió demasiado joven.

Porque somos viejos y jóvenes al mismo tiempo, viviendo con intensidad, gozando hasta el último instante, haciéndonos cargo de nuestra vida, sin añorar, pero recordando mucho y aprendiendo a callar.


 

 

[Crónica] Poesía y arquitectura

Hoy le dije a mi amigo Eduardo Dockendorff como respuesta única por el Premio Pritzker de Smiljan Radić que los arquitectos nos han empatado a los escritores: dos Nobel cada uno, más, incluso, que el bicampeonato sudamericano de Chile en el fútbol.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 13.3.2026

Mi amigo el arquitecto Eduardo Dockendorff Vallejos regresó a sus tierras de Biobío, subió la montaña y en terrenos colindantes con el río y los tradicionales emplazamientos aborígenes, levantó su casa al estilo Neruda: sólo con la ayuda de un trabajador local.

Hace años vive allí y su espacio hoy colinda con el enorme embalse que se creó sobre los cementerios y espacios hogareños de comunidades locales. Hace unos noches me envió un WhatsApp para hacerme saber la gran noticia: por segunda vez un arquitecto chileno gana el Premio Pritzker, comparado con el Nobel, pero para los arquitectos.

Alejandro Aravena en 2016 y Smiljan Radić en 2026 son los dos arquitectos chilenos que han recibido este galardón. No hay premio mundial más importante en esta profesión que ése y esto pone de relieve la importancia de los arquitectos formados en nuestro país, quienes, como pasa en otras áreas, no son los más contratados para construir los grandes proyectos que dominan el paisaje de las ciudades.

Porque las razones para darle este premio no tienen que ver con edificios enormes situados en las grandes avenidas de Santiago u otras metrópolis del mundo. Su obra ha sido definida como «profundamente experimental y sensible al paisaje», dando un nuevo carácter, mediante su trabajo, a la relación entre la experiencia humana, la naturaleza y la arquitectura como disciplina esencialmente humanista.

Se destaca «una trayectoria marcada por una mirada radicalmente personal sobre el espacio construido, donde la fragilidad, la memoria del lugar y la experiencia humana ocupan un rol central», según nos dice la revista NOW-MAG.

El mismo comentario señala que «su trabajo propone lugares que dialogan con su entorno, combinando lo artesanal con lo tecnológico, lo natural con lo artificial y lo permanente con lo temporal».

Por su parte, el jurado al otorgar el premio señala la capacidad del galardonado de construir espacios con «inteligencia emocional», capaces de generar refugio y empatía en quienes los habitan.

Y luego agrega el mismo ente calificador: «A través de una obra que se sitúa en la encrucijada de la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radic prioriza la fragilidad sobre cualquier pretensión infundada de certeza. Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi a punto de desaparecer—, pero ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre, abrazando la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida».

Y basta. Porque con eso queda claro que la arquitectura no es cualquier cosa ni una mera técnica: es una variedad de arte que integra el humanismo, la naturaleza y… la poesía. Porque la poesía es belleza, síntesis, lenguaje propio, metáfora y ritmo, igual que estas obras arquitectónicas.

 

Chile tierra de arquitectos

Pablo Neruda, al terminar lo que hoy se llama enseñanza media, entró a estudiar arquitectura. Entendía que era la profesión que más lo hermanaba con la poesía, pero no se la pudo con la matemática que lo llevaba hacia la racionalidad. Neruda quería poesía y se fue.

Él, luego de la gran Gabriela Mistral, recibió el Nobel de Literatura.

Hoy, le dije a Dockendorff, como respuesta única, «los arquitectos nos han empatado». Dos Nobel cada uno. Más, incluso, que el bicampeonato sudamericano de Chile en el fútbol.

Y vuelven a hermanarse estas dos maravillas de la creatividad cuando miramos que esas cúspides sólo se explican porque bajo ellos han una pirámide de cultores de la disciplina. Miles de poetas, de los cuales más de un centenar pueden ocupar lugares destacados a nivel americano y mundial. Tras estos dos arquitectos hay miles de profesionales que han ido dando vida a la arquitectura desde hace un siglo y permitiendo que se construya esa pirámide.

Aquellos «locos» de la Universidad Católica de Valparaíso que instalaron sus construcciones en Ritoque; los jóvenes arquitectos de la Universidad de Chile, que dio origen además a artistas de verdad; los famosos y brillantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que se convirtieron en estrellas de las páginas sociales.

Saint Jean, Echenique, entre los mayores —¿será lícito nombrar a mi hermano Patricio y su generación 1973—, Iván Bravo entre las nuevas generaciones y tantos otros que con su trabajo constante, su creatividad, su audacia, su constancia, su decisión, sus esfuerzos, han ido generando un trabajo que lleva a los arquitectos chilenos a la gloria mundial.

Poetas y arquitectos. Hay pocos poetas entre los arquitectos, porque ellos hacen la poesía con su disciplina propia. Son los ingenieros y los abogados que, para contrarrestar el racionalismo exacerbado de sus estudios, deben buscar en la poesía la opción de humanidad y belleza.

Andrés Bello quería ser poeta. Casi lo logró e incluso se permitió licencias de ese tipo en el propio texto del Código Civil.

Chile tierra de poetas. Ahora diremos: y de arquitectos.

(Cuando Dockendorff se instala en Alto Biobío, desde donde baja a pueblo pocas veces en el año, hace un acto de creación poética que trasciende sin ser trascendental, sino sólo una gran gota de agua para la copa de celebraciones de Chile)

Para finalizar, anoto algunas obras destacadas de Smiljan Radić: restaurante Mestizo en el Parque Bicentenario de Santiago, la ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino, el Teatro Regional del Biobío en Concepción, la Serpentine Pavilion 2014 en Londres, el Pabellón XXII Bienal de Arquitectura de Chile.

 

Algunas señales de un nuevo gobierno

Distintas situaciones dejaron algunas señales del tono inicial del nuevo gobierno y sus partidos de apoyo. Actos y voces del Presidente y otros personeros están marcando estilos y propósitos que se dejan ver con cierta facilidad.

Un acto republicano

En un acto ceremonial intensamente republicano (de la República y no del partido de ese nombre), José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile. Por supuesto, como en todo acto oficial, no faltaron los chascarros (por ejemplo el inicial olvido de mencionar e invitar a jurar a la Ministra de Educación), pero ello no hace sino humanizar los intentos de perfección de los funcionarios encargados de protocolo y ceremonial.

Esta vez, como pasó en 1990, nadie olvidó la piocha de O’Higgins y Boric se encargó de prenderla en la nueva banda presidencial que lució su sucesor. El chiste con la piocha sucedió en la noche, cuando después del discurso nocturno a Kast se le cayó el singular elemento, lo que hizo a más de uno recordar la creencia popular que dice que es un mal presagio para un gobierno ese percance. Recordaron que a Alessandri en 1920 le pasó y todos sabemos el destino agotado y complejo de ese gobierno.

Todo el poder en sus manos

Distintas situaciones dejaron algunas señales del tono inicial del nuevo gobierno y sus partidos de apoyo. Lo primero fue la elección de los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, cargos que quedaron en manos de Renovación Nacional y de la UDI respectivamente.

En el Senado no hubo otra postulación y en la Cámara la alternativa no era mucho mejor –salvo para la candidata– pues es una figura controvertida que esta vez recibía el apoyo de su expartido –comunista– y de quienes fueron vilipendiados por ella durante los cuatro años precedentes.

Es decir, todos los cargos políticos en las cabezas de las instituciones del Estado han quedado en manos de la Derecha política, lo que es una advertencia para todos, incluso para ellos mismos: no hay excusas para no cumplir las promesas con respeto a la legalidad.

El atentado de Puerto Varas y la verdad sobre Carabineros

Al despedir a Boric, el General al mando de Carabineros agradeció con entusiasmo lo hecho en pro del fortalecimiento de la institución policial en equipamiento, recursos e infraestructura y por su preocupación constante por el personal.

Sin embargo –y tratando de desmentir al General y haciendo caso omiso de la verdad– tanto la nueva vocera como Kast tuvieron palabras de dura crítica al gobierno saliente, insinuando responsabilidad en el asesinato del policía en Puerto Varas en la mañana del 11 de marzo. El nuevo gobernante fue más allá: “Nunca más un funcionario de orden y seguridad enfrentará solo la violencia mientras algunos miran para el lado”.

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Ningún gobierno democrático jamás ha “mirado para el lado” cuando hay atentados contra la policía. La conducta de Boric fue tan contraria a eso, que incluso cuando sucedió el atentado en el sur el 27 de abril, instó la suspensión de la formalización judicial al Director de entonces –que lo obligaba a renunciar– y prorrogó su mandato luego de haber viajado con él al lugar del crimen. No mandó a su Ministro de Seguridad. Los culpables fueron detenidos y condenados sin demora.

El alevoso y premeditado atentado de Puerto Varas no podía evitarlo ninguna autoridad civil y cuando alguien intente otro, tampoco lo podrá hacer ningún funcionario del gobierno.

El lenguaje y la verdad

Junto a esto y en la misma línea, el discurso –cuyas frases escogidas destacan sus más entusiastas partidarios en todos los medios de comunicación– revela que la precisión del lenguaje no importa aunque ello afecta a su veracidad: lo que interesa es el impacto del mensaje.

Decir, por segundo ejemplo, “nos han entregado un país en peores condiciones de las que podríamos imaginar” podría ser una frase después de muchos meses, cuando se hayan hecho las auditorías prometidas, pero no al tiempo de asumir, cuando no se ha podido constatar nada distinto al contenido de las brutales y durísimas críticas hechas por Kast y su partido desde que asumió Boric hasta el mismo 10 de marzo de 2026.

Es decir, es como si en esas horas, mientras viajaba en auto o en helicóptero, hubiese podido el Presidente tener una nueva visión del estado del país.

Asignar responsabilidades a otros

No me voy a referir, como otros comentaristas, a la inconsistencia general del discurso, porque se supone que en el acto público el nuevo mandatario debe dejarse llevar más por su emoción que por la sustancia filosófica de sus propuestas. Eso está bien, es momento de arengas para decir “hemos venido a cumplir”.

Lo importante será que, teniendo todo el poder institucional, mayoría en el Congreso, apoyo de los empresarios de todas las ramas, de la mayoría (si no de la totalidad) de las instituciones universitarias, un apoyo enorme de los gobernantes de los países limítrofes y de Estados Unidos (lo dijo así Trump), no se culpe luego a los que no lo apoyan de los problemas que puedan surgir. Quizás es hora de que Kast entienda que no bastan el carácter y la voluntad para que la realidad cambie: debe haber ideas que se traduzcan en planes concretos que se pongan en marcha.

Los primeros decretos

Hay además otras señales: da gusto ver que desde el primer día el Presidente de la República firma decretos con decisiones tomadas. En eso supera lejos a todos sus más recientes antecesores democráticos, que pasaron un tiempo de estudio después de haber asumido, despreciando el tiempo en los meses de interregno entre la elección y la asunción.

No me meto en los contenidos de esos decretos, pero ya va quedando claro, sobre todo en el primer instructivo distribuido a los Ministros horas antes de asumir que algunas promesas (reducción del gasto en 6 mil millones, sin ir más lejos) demorará un poco más de lo pensado en cumplirse. Está bien: es parte del necesario realismo que se debe tener. Boric, más popular, dijo a los pocos días de asumir: “otra cosa es con guitarra”.

Pese a la necesidad de reducir gastos y a las promesas dichas durante años y meses –que no estoy seguro de que estén en el programa propiamente tal– no se redujo ni el número de ministerios ni de ministros, hay solo un biministro por razones evidentes, pero no explicadas.

Asimismo, fueron creados algunos cargos nuevos –pueden ser necesarios, no digo otra cosa y tal vez el gasto no sea tan alto–, pero no hay reducción, sino incremento. Ahora bien, si esos cargos nuevos, de confianza política del Presidente, serán o no llamados “operadores políticos” o “activistas”, será cuestión de uso del lenguaje. ¿Es una señal de relativización del discurso? Puede ser y no necesariamente eso está mal.

No vino Lula

Volviendo a aspectos más políticos, quiero referirme a los asuntos internacionales. El presidente electo –estaba en esa calidad– se dio un gusto personal invitando a los hermanos Bolsonaro, hijos del expresidente preso por su intento subversivo, uno de los cuales es candidato a la Presidencia de Brasil.

El actual mandatario, que tiene puntos políticos diferentes a Kast, había anunciado su visita a Chile. Eso es propio de una relación entre Estados, más allá de las diferencias. Pero claramente las autoridades que estaban por asumir privilegiaron la amistad personal y la simpatía política por sobre las relaciones con el Estado de Brasil, país con el que Chile siempre ha tenido una relación privilegiada, incluso en tiempos más disímiles políticamente.

El Presidente de Brasil lo consideró una descortesía impropia entre Jefes de Estado y no asistió. Pero, es la misma descortesía que tuvo Bolsonaro cuando no respondió el beneplácito solicitado para el embajador nombrado por el gobierno de Chile en 2022. Tal para cual.

El asesor internacional y la nueva ruta internacional

Otra señal delicada en esta materia es que en el círculo de mayor confianza del Presidente de la República (llamado “el segundo piso”) nombra a cargo de la asesoría en temas internacionales a Eitan Bloch. ¿Quién es él? Se trata de un licenciado en Derecho de la Universidad Católica, de 32 años, de nacionalidad argentina, que antes de eso se desempeñó como funcionario político de la Embajada del estado de Israel en Chile. Esto señala con claridad la opción de Kast por Israel en la acción política y militar de ese Estado contra Palestina y los palestinos.

El Estado de Chile, sin diferencias entre izquierdas y derechas, después de la dictadura dejó perfectamente en claro su oposición a las acciones de Israel en la ocupación de tierras que Naciones Unidas asignó a los palestinos en la partición de 1947.

Fiel a la política seguida por los gobiernos democráticos, el Estado chileno promueve el respeto por los acuerdos de la Organización de las Naciones Unidas y la solución pacífica de las controversias, siendo partidario de la mantención de la solución de los dos Estados –palestino e israelí– con autonomía y plenos derechos de reconocimiento internacional.

Repitiendo las preferencias de las épocas de la dictadura, Kast privilegia la alianza con Israel que, en esa época, era porque ese no otro fue el camino para la compra de armas por las Fuerzas Armadas. ¿Cambiará el Estado de Chile su opción? Y no se trata, como me decía un amigo muy hincha de Trump, que haya que elegir entre Israel y los terroristas. Es elegir entre el respeto al derecho internacional o no, condenando desde luego toda forma de terrorismo.

Siempre, en todo caso, cabrá la posibilidad de discutir sobre el uso de la violencia, recordando las tantas veces que se alega legitimidad para ello, incluso para actos que hoy se podrían calificar de terroristas que alguna vez se han considerado legítimos, como fue el atentado frustrado en contra de Hitler; la invasión de un Estado extranjero para secuestrar al gobernante local; o la voladura de puentes en la lucha de algunos europeos contra la ocupación alemana entre 1939 y 1945; o poner bombas en iglesias de cualquier religión; o disparar contra jóvenes universitarios o escolares en sus establecimientos invocando razones religiosas o de cualquier otro tipo.

Yo no soy partidario de ninguna forma de violencia y aspiro a que algún día la humanidad pueda eliminar las armas.