El mundo en que vivimos: y en el que podemos vivir

Estamos en la época de tránsito entre dos eras. Una de ellas, la que muere, se sostiene aún por la desesperación de los que detentan los principales poderes ante el riesgo de perder su posición. La que nace, va superando lentamente los obstáculos que la resistencia le impone.

Tiempo de tránsito

El mundo de hoy se ve difícil. Pasan tantas cosas terribles que algunas personas piensan que lo mejor sería que el mundo se acabara de una vez o les dan simplemente ganas de morir. Sin embargo, en estos días de verano en los que miro el mar, pienso que todo aquello no es tan terrible, porque justamente hay personas que tienen, cualquiera sea su situación, momentos de alegría y acercamiento a una mirada más positiva.

Estamos en la época de tránsito entre dos eras. Una de ellas, la que muere, se sostiene aún por la desesperación de los que detentan los principales poderes ante el riesgo de perder su posición. En todos los sectores del planeta, donde se han consolidado poderes sustentados en la fuerza, en el cultivo del poder de las minorías, la riqueza en pocas manos, la violencia ejercida a destajo, están esos pequeños grupos dispuestos a todo con tal de evitar perder sus posiciones. La Era que nace, va superando lentamente los obstáculos que la resistencia le impone.

Señales auspiciosas

Ciertos países han conseguido ciertos avances en su organización social que hacen pensar que es posible atenuar el grado de violencia, orientar las acciones sociales de otras maneras, mirar a los seres humanos como un conjunto y no solamente como naciones que se enfrentan unas a otras.

La Unión Europea, con todos sus problemas y defectos, ha logrado ciertos avances que no podemos dejar de mirar con cierta valoración y una dosis de esperanza.

Mientras se desarmaba el imperio soviético y los países sometidos por décadas a dictaduras terribles, en el espacio europeo de costumbres democráticas se gestaba una unidad que, aunque sustentada, es cierto, en el régimen capitalista y gran parte de sus valores, ha logrado algunas realizaciones de relevancia.

Después de casi dos siglos en los que Francia mantuvo guerras con el mundo germano (primero los imperios y reinos y luego la Alemania en proceso de unificación, para coronar más tarde con las dos guerras europeas de 1914 y de 1939), hoy observamos espacios de entendimiento entre esas dos potencias. Y en torno a ellas, todos los pequeños países europeos fueron gestando una forma de vinculación democrática y una unificación económica que ha sido beneficiosa.

En Alemania existen normas y pautas de “control de la riqueza” que se basa en una férrea organización social, sindicatos fuertes y obligatorios, impuestos altos, bienestar social y otras acciones que nos revelan que aún en el desenfreno capitalista, es posible pensar en normas que apunten a la justicia (en la mayoría de las empresas nadie puede tener remuneraciones que superen en más de diez veces el menor sueldo de la organización).

El tema de la inmigración

Es verdad que en Europa se ha conseguido un desarrollo cívico importante, pero no está consolidada la paz interna en la sociedad. La inmigración ha despertado rechazo en los que creen en la superioridad de las naciones europeas por sobre otros pueblos.

Es el mismo concepto que justifica la existencia del Estado de Israel, pues un grupo, invocando religiones y creencias, se considera racialmente superior a los habitantes del mundo árabe. En ese caso, tenemos que la mayoría de los que llegaron a Israel no son semitas como quieren hacerlo creer, sino de una etnia caucásica –askenazíes– convertidos a la religión judía. Los árabes son semitas, cualquiera que sea su religión. Mal podría ser un árabe “antisemita”. El Imperio árabe de Andalucía permitía convivir a cristianos, judíos y musulmanes, siendo todos ellos considerados árabes.

Cuando los askenazíes entraron en conflicto con otros germanos por la creencia de ambos grupos de ser superiores al otro, el mundo vivió el horror del nazismo, que eliminó una importante cantidad de personas de religión judía, pero también eliminó a gente sin religión o de otras creencias, por el hecho de pertenecer a pueblos mirados en menos (polacos, rusos, bielorrusos, africanos, árabes, turcos, orientales) o de simplemente oponerse a las miradas de desprecio étnico que enarbolaban como bandera para dominar el mundo.

Con ese mismo racismo y desprecio por los habitantes locales, con el patrocinio de los ingleses y estadounidenses particularmente, el movimiento sionista logró crear el Estado de Israel en el territorio del Estado Palestino y mantener una política de exterminio y ocupación constante, pese a las advertencias de Naciones Unidas, una organización que se ha revelado incapaz de detener esos poderes.

Hoy en Europa el racismo, ya no anti askenazi sino anti razas semitas de verdad, anti grupos asiáticos como persas, afganos, pakistaníes e indios, anti africanos, está siendo alimentado desde los poderosos que no quieren perder su predominio político y económico. Por eso han triunfado en Italia y países que pertenecieron a la influencia soviética o conservan rencillas raciales ancestrales (Serbia, por ejemplo) y logran ciertos apoyos, aún no mayoritarios en otras sociedades.

El imperio en América

Lo que no ha podido hacer en Europa, Estados Unidos lo ha conseguido en América Latina. Cuando algunos países de América crecían en cultura cívica y la educación de los pueblos comenzaba a fortalecerse, Estados Unidos simplemente optó por lo fácil: dictaduras militares con el apoyo gozoso de las minorías económicas dominantes.

Los militares de este continente han recibido la formación ideológica de los militares de Estados Unidos y han sido aliados doctrinarios de los grupos dominantes. Cuando algunos países, como Perú y Bolivia, mostraron militares “izquierdistas”, no demoraron mucho en derrocarlos para, sobre la base de violencia y corrupción, imponer a otros militares.

Claro, con excepciones como Cuba y la dictadura de Ortega en Nicaragua, ambas con pocas probabilidades de sobrevivir a la presión inhumana de Estados Unidos sobre sus economías, especialmente después de lo sucedido en Venezuela.

Una nueva conciencia

Entonces la democracia en nuestros países está a la espera de tiempos mejores. Pero ya comenzamos a darnos cuenta de que van surgiendo grupos con mayor conciencia hacia el desarrollo personal, la educación, la mirada trascendente de una humanidad que está comenzando a nacer.

Para salir del pozo, dijo el sabio al muchacho que había caído en él, debes primero tocar fondo. Cuando luchábamos contra la dictadura, algunos prefirieron flotar y asegurarse cuotas de poder y simpatías por parte de los poderosos, en un pacto que permitió cautelar mejor los derechos humanos a cambio de la rendición incondicional frente al imperio para consolidar su sistema económico y cultural.

Probablemente cuando ahora ganan democráticamente los que fueron partidarios de la dictadura y aliados incondicionales de Estados Unidos, sea el momento de tocar fondo y comenzar a salir.

Las tareas pendientes

Lo primero será trabajar por reconstruir valores, fortalecer la educación cívica y la conciencia personal. Será necesario hablar y dialogar hasta el cansancio con aquellos que han caído en la trampa del consumismo, de la ansiedad de tener, en la desesperación por la riqueza; será necesario revisar las estructuras del poder en la sociedad y buscar que las personas aprendan a establecer comunidades de acción y vida en sus barrios, en las empresas en las que trabajan, en los lugares en los que estudian; será preciso reconstruir gran parte del tejido social dañado, recuperar el valor de las instituciones y terminar con el desprecio por personas y grupos de la sociedad.

¿Larga la tarea?

Larga, difícil, pero, según el proverbio chino, hasta la marcha más larga comienza con el primer paso. Y de eso se trata: de hacer el croquis de un nuevo mundo y establecer los caminos para avanzar en una nueva manera de vivir, donde la solidaridad con los que sufren no sea considerada una rendición a las izquierdas, donde la libertad no sea sólo para hacer empresas ni se considere el bienestar como una rendición a las derechas.

América Latina es un continente rico, del que se han apoderado unos pocos para expoliar nuestras tierras, montañas y mares en beneficio de potencias que hacen de la violencia y la dominación su razón de existir.

En América Latina hay una raíz poderosa de pueblos milenarios, originarios y venidos de otros continentes, que nos puede mostrar que el mundo puede ser mucho mejor de lo que se nos muestra hoy.

[Crónica] Para levantar el ánimo

Un comentario y que no se ofenda nadie: en Santiago las galerías de arte más importantes están atrincheradas en la elitista comuna de Vitacura, mientras que en Valparaíso se encuentran en las calles por las cuales transita el pueblo: esta experiencia de recorrer el principal puerto de Chile en compañía de Maru, ha cambiado mi percepción negativa de esta ciudad.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 5.2.2026

No soy ni he sido hincha de la ciudad de Valparaíso y me sentí extrañado cuando fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

En una insólita sucesión de alcaldes —ahora es el turno de una mujer— entre los cuales se cuentan dos amigos y camaradas de tareas políticas, la ciudad no ha logrado superar sectores de deterioro, suciedad callejera, zonas de malos olores, irrespeto por las normas de circulación callejera.

Dejé de recorrer sus calles hace muchos años, pues pese a los intentos de Eduardo Dockendorff por tratar de conseguir que el municipio se comprometiera con la acción cultural, no se logró gran cosa.

Sin embargo, mi amor por la fotógrafa y poeta Maru Hernández-Celis ha sido suficiente para volver a subir sus cerros (ahora en auto, casi siempre) y transitar sus calles, acompañándola en su tarea de atrapar imágenes y descubrir instantes que convertirá en Haikus.

Y debo reconocer varias cosas que me han reconciliado con parte de esta ciudad puerto, por ejemplo sus habitantes, personas amables siempre dispuestas a ayudar a los miles de turistas que la visitan, con los nombres de calles que no siempre están en los muros, con el dato del ascensor cercano.

Caminamos hasta la Plaza Victoria poblada por gente de todas las edades y condiciones sociales. En la Plaza Echaurren pasa lo mismo, pero además está adornada por predicadores que vociferan en contra del demonio.

Recorremos los cerros desde la Avenida Alemania, atravesando intrincados caminos y deteniendo el auto a cada rato para tomar fotos de lugares increíbles: casas que cuelgan, pinturas de todos los colores, grafitis bellos y grafitis pésimos, escaleras que nunca se sabe hasta dónde llegan y jardines de cardenales de variados colores que los mantiene el destino o los ángeles, en medio de pasajes que están en bajadas laberínticas.

La gente de Valparaíso vive sus espacios. Todavía no hemos vuelto a La Sebastiana, que por años fue una especie de ritual indispensable. Seguimos eludiendo el Congreso, en el que estuve algunas veces visitando amigos y no tan amigos hasta conseguir la unanimidad para la Ley de Fomento del Libro y la Lectura.

Se me perdió el colegio de los Sagrados Corazones y no encuentro la vieja tienda de mi tío Taufik en calle Serrano.

La espera la hicimos en la Plaza Victoria

Llegamos al encuentro de los cerros Concepción y Alegre. Dominique, una amiga francesa nos dio el dato: «No se lo pueden perder». Allí, en calle Concepción, donde estaba el viejo colegio Alemán, se alza el «Museo del Inmigrante». Una joya levantada por el esfuerzo de privados y parte de las distintas colectividades extranjeras que anidaron en la zona, bajo la dirección de Eduardo Dib, empresario, y con el apoyo de tres mujeres que llevan el área ejecutiva.

Un lugar increíble, hecho con las técnicas más depuradas de la museografía contemporánea (nivel europeo, me dice Maru, que ha recorrido Europa casi entera tomando fotografías y que es refrendado por Theodoro Elssaca, otro viajero incansable), hermoso, cuidado, donde todo se puede ver, con tecnología moderna, audioguía con información muy completa y personal gentil.

No es barato, pero en cuanto se estabilice y recupere la inversión, lo será sin duda. Restoranes, cafetería, tienda, librería, espacio para el descanso y un mirador sorprendente para ver Valparaíso en 360º completan esta interesante propuesta porteña.

Nos vamos sorprendidos y felices de la experiencia y, mientras íbamos camino al Museo del Grabado que mantiene la Universidad de Valparaíso, nos topamos en calle Almirante Montt 372 con una pequeña galería de arte, Galería Bahía, llena hasta los techos de obras de artistas locales.

Un lugar sorprendente, delicado, en que se aprovechan los espacios de muros y dinteles. Son cinco espacios que los porteños no se pueden perder y los turistas tienen que conocer. Luego de pasar por la puerta de un hostal llamado Patrimonio, destacando el valor de la casa en que está instalado, llegamos al MUG (Museo del Grabado), una muestra de excelentes obras y de un trabajo arquitectónico moderno, bien hecho, fino.

En la tarde fuimos al cine Insomnia, proclamado cine-arte, donde exhiben películas actuales y también clásicos inolvidables. Una sala antigua, a precio módico, inserta en el ángulo interior de un pasaje que sale a dos calles, muy bien mantenida, con butacas añosas pero más cómodas que cualquier cine moderno. Y sin paquetes de cabritas ni grandes vasos de bebida (yo llevaba mi coca zero de 250 cc en el bolsillo).

A las siete de la tarde estaba programada una película recién estrenada en Chile, premiada en Cannes y había unas 60 personas de público. La espera de la función la hicimos en la Plaza Victoria, a pasos del cine, rodeada de edificios bellos, antiguos, modernos, feos, de todo, como una ciudad de verdad.

La semana se coronó en La Escala, calle Cochrane al llegar a Plaza Sotomayor, una galería de arte creada por Jaime Blaset, pintor y micro empresario, en una enorme casona que ya tiene 110 años y que en algún momento incluso fue sede de algún sindicato importante.

Sus muros de ocho metros de altura están llenos de obras de arte y hay una hermosa, luminosa y enorme sala convertida en café, atendido, esta vez, no sé si siempre, por el fotógrafo artístico Jaime Verdejo.

Buen café, debo reconocerlo. Además hay una librería, con los precios a la vista. Y los días sábado, circula entre los visitantes, porteños comunes y corrientes muchos, la perrita del dueño de la galería, que sólo da un ladrido para saludar.

Destacan obras de numerosos pintores, fotógrafos, ceramistas, incluyendo un muro espléndido con los cuadros de Errupín Ibarra, artista septuagenario de Quebrada Escobar. Es un espacio difícil de describir en pocas líneas, pero es otro imperdible de la ciudad. Y lo más hermoso, es que son artistas locales.

Un comentario y que no se ofenda nadie: en Santiago las galerías más importantes están atrincheradas en Vitacura. En Valparaíso están en las calles por las que transita el pueblo.

Esta experiencia de recorrer Valparaíso con Maru, cambió mi percepción negativa del puerto.

Ahora Maru empezará a seleccionar las fotografías de la exposición que hará en el invierno, sobre su mirada de Valparaíso, en La Escala.

Y yo pasaré por alto olores, falta de aseo, profusión de perros y, por supuesto, el edificio del Congreso.

No nos engañemos: la cruda verdad sobre izquierda y derecha

Los discursos de comentaristas y periodistas tienden a confundirnos al hablar de “izquierdas” y “derechas”, como si se tratara de muchos grupos distintos. Otros hablan de “centro izquierda” y de “centro derecha”. Ello no es más que una nomenclatura anticuada que no da cuenta de la realidad política ni abre perspectivas hacia el futuro.

El periodismo político ha desarrollado la idea de “las derechas” y “las izquierdas”, siguiendo una nomenclatura anticuada que se intenta remozar. Otros hablan de “centro izquierda” y de “centro derecha”. Todas esas expresiones tienden a generar matices circunstanciales en el devenir político de la sociedad, marcado particularmente por el tono usado por los jefes de las organizaciones políticas (me cuesta usar la palabra “dirigentes” para quienes más que dirigir son simples ecos de encuestas y de “decires varios” de sus rivales).

Se trata de dar tonalidades a una mirada dicotómica de la política, donde los extremos son los que importan, dejando en el centro a una masa informe que se puede mover hacia cualquiera de los extremos, simplemente porque no tiene nada propio que ofrecer.

Ese enfoque -nacido en la Sala de Juego de Pelotas de la Revolución Francesa, donde los conservadores (partidarios de la monarquía) se agrupaban hacia la derecha, mientras que los revolucionarios se ubicaban a la izquierda- hasta hoy es así, al menos en la “sala de juego de pelotas” del Congreso chileno, situando a los conservadores a un extremo y a los rivales a la izquierda. En el centro, una masa parlamentaria que se balancea sin formular posiciones claras ni hacer proposiciones originales. A veces con cierto ingenio, pero que no apuntan a nada sustantivo.

Miremos la realidad

 

Es una mirada lineal, que enfrenta posiciones y propone estereotipos que nada dicen de fondo. Basta mirar lo que han sido los gobiernos de los últimos 35 años y sus oposiciones. Dos discursos que no se expresan en las conductas con entera claridad, pues en el fondo los gobiernos que se suponen partidarios del cambio (es decir, de no conservar el modelo impuesto por las minorías oligárquicas mediante la fuerza de las armas) se limitaron a modificaciones cosméticas sin intentar siquiera sustituir las piezas claves del esquema establecido.

Y para coronar la afirmación, debo decir que algunas de las políticas sociales de las que tienden a vanagloriarse los que se sientan a la izquierda han sido desarrolladas, aprobadas y promovidas por los gobiernos de la derecha.

 

Incluso, la idea de cambiar la Constitución de Pinochet y Guzmán fue del gobierno de Sebastián Piñera. A la larga, la estrategia conservadora dio frutos, porque los procesos fracasaron en sus empeños (ambos con posiciones muy extremas), hubo cambios constitucionales donde no se tocó nada sustancial y los derechistas e izquierdistas siguen jurando respetar una constitución elaborada por la dictadura, para mantener una democracia restringida (o protegida, como dicen los hinchas de los autores del texto).

Los progresistas

Hoy acuñan otro término: “progresistas”, como si ellos fueran los únicos partidarios del progreso en la sociedad. ¿Y qué es el progreso? Algo tan simple como “ir hacia adelante”. Eso quiere decir “seguir profundizando lo mismo, mejorar los métodos para ir más rápido hacia los objetivos”. Por ejemplo, es progresista el empresario que elabora estrategias para mejorar los rendimientos de su negocio y ganar más dinero. Es progresista el que busca el poder y se consolida en él o se mantiene vigente, aunque deba cambiar de posiciones, porque pasa el tiempo y sigue siendo “importante”.

Grupos izquierdistas prefieren el término “progresistas”, porque su discurso ha ido variando desde la transformación radical del sistema (que ya abandonaron hace décadas en Chile) hacia asegurar su mantención en esferas de poder político, agregar esferas de poder económico, tratando de que “las cosas funcionen mejor” dentro del mismo modelo vigente.

Y grupos derechistas (no olvidemos el movimiento “Progresistas con progreso” que encabezó un grupo de ex demócrata cristianos que ha terminado apoyando a Kast) pretenden conceder ciertos beneficios sociales, en la medida que ellos aseguran sus cada vez mayores ganancias (por ejemplo, la reforma previsional de la que se enorgullece Jeannette Jara y que asegura un 60% más de utilidades a los dueños de los administradores de fondos previsionales).

El modelo imperante

Todo esto en un cuadro en que el modelo de la derecha ha sido exitoso en cuanto a asegurar a los dueños de la riqueza mayores beneficios.

La tecnología –que no es patrimonio de ninguna ideología– ha facilitado algunos aspectos de la vida a los sectores pobres (teléfonos, televisores, computadores, lavadoras automáticas, por ejemplo) a cambio de la dependencia del crédito y el endeudamiento progresivo casi irreversible, dificultando que salgan de esa condición, salvo casos excepcionales.

La izquierda –donde se instalan orondos el Partido Comunista y otros grupos como el llamado Frente Amplio– han perdido de vista su sueño de los socialismos reales camino a la sociedad perfecta (que para algunos ha sido casi como una religión) y sus posiciones apuntan a morigerar los efectos del neoliberalismo, que es la nueva modalidad del capitalismo ensayada primero en América Latina y luego extendida por países de Europa y Asia.

Los centristas y los centro izquierdistas se acomodan a una adecuada administración del neoliberalismo, proponiendo planes de apoyo y subsidios, sin entender que la sociedad necesita algo más que medidas económicas de consuelo. Para todos ellos, desde socialistas acomodados hasta el difuso PPD y las directivas de la DC y del cada vez más difuso PR, hay espacios en sus meros intentos de sobrevivencia, pero no ofrecen nada.

La oferta pendiente

¿Podrían hacerlo? Por supuesto, porque todos ellos, salvo el PPD que siempre se definió a sí mismo como un partido instrumental para alcanzar el poder en el régimen democrático y sin ideología alguna, (había desde excomunistas hasta exconservadores), en algún momento hicieron propuestas sustantivas.

El Partido Socialista (pese a sus múltiples fraccionamientos y tendencias internas) respondió en algunos momentos a una aspiración de sociedad basada en la democratización y la justicia social y en una economía en que el estado jugara un papel preponderante.

La Democracia Cristiana, desde sus orígenes falangistas en 1937 y pese a la incorporación de los conservadores a sus filas veinte años después, ha postulado una sociedad que supere las barreras ideológicas y prácticas del capitalismo y el socialismo, para construir una sociedad basada en la persona, las comunidades de base territorial y funcional, sobre un desarrollo armónico del ser humano y los valores de justicia, libertad, solidaridad y el respeto irrestricto de los derechos humanos fundamentalmente. La educación y desarrollo del arte y la cultura son para la Democracia Cristiana la piedra angular del cambio de conciencia de las personas que integran la sociedad y de la sociedad misma.

Los radicales, con un discurso algo más antiguo, siguen creyendo en la educación, la justicia y la fraternidad como valores esenciales, para que las clases medias –que deben ser cada vez más amplias– alcancen y se mantengan como las estructuras básicas de la sociedad.

Pero todos estos partidos han guardado sus doctrinas en cajas fuertes muy cerradas, han perdido las claves de acceso y hoy sólo quieren asegurar un número de parlamentarios para no desaparecer. Los grandes momentos de la DC en Chile fueron aquellos en que propuso ser la cabeza de movimientos transformadores (1964 y 1989) y de ello se olvidaron pronto, pues ya en 1990 se estableció un sistema de administración del modelo y, bajo la batuta de Boeninger, se olvidó de los pensamientos y propuestas escritos en su declaración de principios.

La derecha es una sola

Decía más arriba que nos hablan de “derechas”, como si las hubiera diferentes. La derecha es una sola desde su origen político y hasta hoy. Por supuesto que, creyendo siempre en caudillos y liderazgos, se abren fraccionamientos.

O’Higgins, un conservador patriota, busca un rey para Chile. Los señores del poder que lo rodean, lo sustituyen para dar origen a una sociedad en que el poder lo tengan ellos y no una sola persona. Años de disputa entre los partidarios de la democracia (llamados liberales) y de la oligarquía (donde se unen las familias poderosas y los comerciantes enriquecidos), terminan por la fuerza de las armas en la cruenta guerra civil que ganarán los conservadores que tienen a su lado a los militares.

Se establecen así 30 años de dictadura disfrazada de democracia a cargo de los conservadores, tiempo de grandes realizaciones materiales en los que consolida el poder oligárquico. Reorganizados en este tiempo a la vera de grandes intelectuales, el mundo liberal –que era una especie de fuerza democrática que los comentaristas de hoy podrían llamar izquierda– logra espacios de poder destinados a ampliar la democracia.

Entonces la derecha, que ya no tiene el monopolio de las Fuerzas Armadas, logra quebrarlas y se alza en armas en una guerra civil que termina con su victoria y la derrota de los “liberales balmacedistas”. Los que triunfan son la nueva derecha: unión de liberales oligárquicos con el mundo conservador. Eso no terminará nunca más. Pasarán los años y la derecha va fortaleciendo su riqueza y consigue mantenerse en el poder pese a perder algunas elecciones (Arturo Alessandri dijo que hay que ganar con la izquierda pero gobernar con la derecha).

Los triunfos radicales culminan con la derechización del Partido, de la mano de Estados Unidos y en una alianza con los conservadores, que los llevará, después del gobierno de Ibáñez –militar autoritario de tintes no derechistas, pero sí nacionalistas– a un nuevo gobierno derechista con otro Alessandri. La derecha controla la economía al tener el poder en el agro, la minería, la industria, el comercio y así seguirá siendo, salvo el breve período de la reforma agraria de Frei y el brevísimo del gobierno de la Unidad Popular.

La derecha, más que valores, defiende intereses a los que adjudica conceptos como el orden y la libertad, unido ello a una cierta “moral católica”. Alejada ciertamente de la Doctrina Social de la Iglesia. Se forma el Partido Nacional, que une a nacionalistas, conservadores y liberales.

La dictadura aúna a la derecha y le devuelve en cosa de horas la mayoría de las empresas requisadas o intervenidas. Luego le entrega, dejando algo más que propina en el bolsillo de los gobernantes, la mayoría de las empresas estatales a precios irrisorios pagados con préstamos del propio Estado. Cuando se avecina el tiempo en que la dictadura deberá aplicar la Constitución que redactaron Guzmán y otros, se crea Renovación Nacional. Este partido intenta unir a todos los liderazgos, pero ello es imposible y Guzmán, con su gente, son expulsados por fraude electoral al interior del Partido.

Así se arman la UDI y RN. Pero ellos son lo mismo, sólo divididos por líderes. Tanto es así que cuando hay nuevas disputas internas en RN, Matthei pasa a la UDI, Errázuriz, UDI, se pasa a RN. Lo importante es estar en el poder, seguir manejando los hilos. Los Republicanos eran UDI y se nutren de los “electrones superficiales” de ese partido que va decayendo a pasos agigantados. Los “Libertarios” de Kaiser eran Republicanos y los Evópoli, siempre derechistas, se han nutrido de nacionalismo, referentes oligárquicos conservadores y gente nueva en política, que cree que es posible ser de derecha y creer en valores democráticos y en la justicia.

La derecha vela por intereses y está dispuesta a cualquier cosa en esa defensa. Y para eso siempre tiene a su disposición a la mayoría de las Fuerzas Armadas, cuyos altos mandos están eternamente ansiosos de compartir salones y bienestar con los oligarcas. Y si hay que instalar dictaduras, así lo harán.

 

Esta derecha se ha beneficiado de algunos restos de ese centro desfigurado –básicamente ex demócrata cristianos y ex radicales–, con personas que pasaron de sostener una “Revolución de la Dignidad” a integrar gozosos el gabinete del gobierno de Kast. Ni centro derecha ni derechas múltiples: ellos no se pierden. Sus intereses económicos y políticos están primero.

Hoy, después de todo lo que se dijeron en sus cuatro candidaturas presidenciales en 2025, están todos dispuestos a alinearse a la sombra del nuevo poderoso, a la espera de que los líderes sectoriales se perfilen para los tiempos futuros. Empresarios, especuladores financieros, políticos, tecnócratas, todos unidos en la defensa de una derecha que se siente dueña de Chile, de sus tradiciones, de su historia y, ahora, de su futuro.

La cruda verdad

No existen varias derechas: son diferentes liderazgos, pero todos unidos cuando de la defensa de lo suyo se trata. La izquierda está desperdigada, porque no creen en sus doctrinas y ha perdido el sentido de las lealtades. El centro se diluye y reciben con alegría los aportes de ciertos derechistas del PDG que quieren distanciarse porque no tienen ministros.

No nos engañemos: los que tenemos propuestas para Chile debemos formularlas y mostrarlas al pueblo para que tenga opciones distintas.

No nos engañemos: si no rompemos el eje izquierdas y derechas, apoyados en un centro anodino, para crear en cambio un nuevo espacio de quehacer político, capaz de terminar con el modelo de dominación, injusto y excluyente del neoliberalismo, un camino que nos lleva a una forma de vivir en armonía, justicia, solidaridad, sobre la base de valores, tendremos años para arrepentirnos.

Releo el pensamiento de la DC de los años 40, reviso las campañas de 1958 y 1964, estudio el programa de Tomic y la vía no capitalista de desarrollo, leo aquel pequeño manual de capacitación que escribimos en 1971 –“Dimensiones del socialismo comunitario” – y concluyo que ahí hay bases para dar un salto grande hacia el futuro. No para progresar en lo mismo ni seguir en el estéril debate de suma cero. No, simplemente para sentar las bases de una sociedad de personas libres y desarrolladas.

«En las cenizas»: Renacer para vivir el tercer ciclo de Saturno

La obra del abogado y escritor chileno Luis Alberto Soto es un libro conmovedor, importante, útil, hermoso, que nos devuelve la esperanza, la fe en la trascendencia (más allá de las creencias de cada uno), la confianza en el ser humano y destaca la importancia de dar una mirada holística del hombre, que integra lo emocional, lo intelectual, lo espiritual y lo corporal.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 30.1.2026

Mirando desde mi oficio de escritor y siendo inevitablemente un ariano con ascendente virgo, no puedo dejar de pensar (y decir) que el título de este libro (En las cenizas, de Luis Alberto Soto (Santiago, 1966), editorial Hueders) debió haber sido Desde las cenizas.

Porque da cuenta de la historia de un hombre que dos veces se hunde en el camino de la muerte lenta de una «larga y penosa enfermedad» —sutileza conservadora y un poco cobarde a fin de denominar al cáncer— para salir de ambas, desde las cenizas, tal como el Fénix mítico.

Es un libro entretenido, que se lee rápido, que cuesta dejarlo y nos convoca a una segunda y tercera lectura con lápiz en mano para marcar (o escribir en un cuaderno si el libro es prestado) todos aquellos detalles que revelan el sentir de una persona que pasa por estos trances difíciles y debe, además de vivir su enfermedad, soportar a muchos de los que lo rodean y que se duelen porque no entienden, por ejemplo, «lo doloroso que es tener un hijo enfermo» o lo insoportable que puede ser el egoísta «padeciente», quien desea tomar decisiones desde su propio ser.

Con todo, se trata de un libro descarnado y veraz, donde todo es cierto, desde los sentimientos, emociones e ideas que vive el autor, hasta los nombres de las otras personas que aparecen (esposa, hijos, amigos, parientes, menos los médicos).

Una especie de «diario de vida» o más bien una autobiografía limitada a un tiempo y a un tema central: dos procesos de cáncer que se viven en un recorrido de diez años.

Un libro de autoayuda excelente

El autor lo dijo en la presentación: que este libro lo escribió para él y no había pensado en publicarlo. Distintas situaciones lo llevaron a decir: «si escribí, tal vez el texto deba ser conocido». No lo dice, pero podría haber pensado que quizás su lectura le sirva alguien: a una persona que tiene un hijo o un padre enfermo, a otro enfermo, a un médico o profesional de salud que puede repensar su forma de relacionarse con el enfermo.

Me recuerda a El padeciente, escrito por el médico Miguel Kottow y que fue base para una película chilena del mismo nombre, en el cual relata los padecimientos sufridos por él a manos de sus colegas (y clínicas, con su personal) cuando estuvo enfermo.

Bien escrito, sin abundar en detalles innecesarios, pero sin ocultar nada. Los sentimientos del lector —que tenderá a identificarse con el escritor— van cambiando en el ritmo del relato y, aunque al escribir no lo piensa así, Luis Alberto Soto nos conduce por un camino de aprendizaje hermoso y útil.

Riendo, Luis Alberto nos dijo en el lanzamiento: «No es un libro de autoayuda, pero me gustaría que se vendiera como si lo fuera». Discrepo: es exactamente un libro de autoayuda, excelente. Mucho mejor que muchos de esos textos que están escritos con esa calificación y que tienen un 80 por ciento de páginas de relleno que se podrían obviar.

A la imaginación del lector

En este libro, que ayudará a cualquier lector (a mí mismo, en particular), no sobra ni una línea y sólo faltan algunos desenlaces que el autor deja abiertos a la imaginación del lector.

Así, el autor, avalado por la editorial, nos dice que es una novela. Nada de este libro lo hace ser una novela. ¿Le teme a la expresión «libro de autoayuda»? Bien, entonces diga que es una biografía, pues el gran mérito del texto, además de la fluidez de la escritura, está en que es verdadero.

Espero que en un próximo libro Luis Alberto Soto nos cuente cómo siguió su vida, cómo fue este renacer para vivir el tercer ciclo de Saturno (el Cronos griego, maestro duro y exigente), que cada veintiocho años nos pide cuentas de lo que hemos hecho. Porque en el inicio de la nueva vida se siembra lo que luego se habrá de cosechar.

Concluyo: es un libro conmovedor, importante, útil, hermoso, que nos devuelve la esperanza, la fe en la trascendencia (más allá de las creencias de cada uno), la confianza en el ser humano y destaca la importancia de dar una mirada holística del ser humano, que integra lo emocional, lo intelectual, lo espiritual y lo corporal.

UN APORTE PARA LA CULTURA

Cuando aparecía en el horizonte el signo de Acuario y un poderoso grupo de astros se reunía con el Sol (Plutón, Marte, Venus y Mercurio en Acuario), en nuestro Santiago de Chile, en el Campus Oriente de la Universidad Católica sucedía un evento que anticipa buenas noticias.
Ediciones UC publicó –como ratificación de su compromiso con Violeta Parra, el museo, la Fundación y el arte chileno– un libro que es ni más ni menos que el facsímil de los cuadernos que la propia Violeta escribió y que ella llamó “Libro I” y Libro II”.
Violeta Parra, en algún momento decidió empezar a dejar por escrito sus décimas y lo hacía con lápiz de grafito o, excepcionalmente, con lápiz de pasta azul. Esos cuadernos no eran un diario de vida, sino el registro de sus creaciones. Pero, al revisarlos en detalle podemos descubrir que en verdad además escribía en medio de páginas y décimas algunos recordatorios para su memoria inmediata: números de teléfonos, contactos y nombres de personas, listas de cosas por hacer o por comprar para que la carpa funcionara como es debido.
Lo que más llama la atención es que “la Violeta” como la mencionaba Isabel en su participación en el acto, escribió en el cuaderno los números de las páginas y los títulos de las décimas, antes de escribir los textos propiamente tales. Cuento esto, porque hay algunas páginas que solo tienen el título y no sabemos ni sabremos jamás si esas décimas escribió alguna vez. Dos títulos en blanco fueron “la Locura” y “La razón”. ¿Notable? ¿Sorprendente? ¿Conflicto no resuelto?
El libro es una verdadera joya estética y un valioso material histórico. Introducen Isabel Parra y Soledad Falabella, presentando el cómo y el porqué de este trabajo enorme. Luego de todo el material facsimilado, vienen las transcripciones en letras corrientes, donde la editora se ocupó especialmente de mantener las formas e incluso las inclinaciones en que están escritas las palabras en el original. Porque claro, en las fotografías del libro original, el lápiz suave y la letra a veces intrincada de Violeta Parra, no se lee bien. Pero el lector llegará a todos los detalles con ese trabajo adicional.
Los discursos de presentación fueron muy bien hechos; el acto cuidado, delicado, pensado y ejecutado con esmero. Inició los discursos el rector Juan Carlos de la Llera –asumido hace poco tiempo– quien enfatizó su compromiso personal con el arte y la cultura. Eso nos hace abrigar expectativas de los rumbos que puede marcar más decididamente la actividad de ese centro de estudios superiores.
Luego habló la Directora de Ediciones UC, quien relató muchos detalles de este trabajo y de la relación permanente que están teniendo con la Fundación Violeta Parra. Agregó, al finalizar su discurso, que ella creía interpretar correctamente a la Universidad al sostener que el dinero y los esfuerzos personales destinados a la cultura y el arte no constituyen gastos, sino inversiones en un sentido profundo. Porque la idea de este proyecto universitario, ya inmerso en la historia de Chile no es lograr rendimientos pecuniarios, sino contribuir de modo potente y positivo en el desarrollo integral de la sociedad chilena.

[Crónica] Tiempo de leer

El profesor Jaime Blume, cuando yo estaba en el colegio, nos enseñaba la diferencia entre el cuento y la novela: el primero de los géneros es como un texto, breve o largo, pero con un hilo conductor, y el segundo de los formatos —sin importar su extensión—, tiene varios hilos que se entrecruzan, con distintas tramas que dan cuenta de lo que pasa en la vida, donde nada es como una sola línea.

El verano, sobre todo febrero, parece ser tiempo de leer. Porque estamos de vacaciones, porque los que siguen trabajando pueden observar que baja el movimiento. El Metro —donde hay— y la locomoción colectiva van más vacíos y gracias a eso es posible ir leyendo con cierta comodidad.

Buen momento para detenerse y entrar en esas realidades distintas que nos cuentan los libros, novelas, cuentos, poesía. Digo «realidades distintas», para lo que hoy algunos llaman «ficción» (siguiendo, una vez más, las tendencias que impone el imperio del idioma inglés) y antes se decía simplemente «narrativa», que define mejor el género.

Narrar es un arte difícil, porque se requiere dar buena cuenta de lo que el escritor quiere decir y hacerlo de modo entretenido, es decir, con capacidad de retener la atención del lector.

El profesor Jaime Blume, cuando yo estaba en el colegio, nos enseñaba la diferencia entre el cuento y la novela. El cuento es como un texto, breve o largo, pero con un hilo conductor. La novela sin importar su extensión, tiene varios hilos que se entrecruzan, con distintas tramas que dan cuenta de lo que pasa en la vida, donde nada es como una sola línea.

Los mundos que se topan, las historias de unos y otros en las cuales hay relaciones diferentes, a veces contrapuestas a veces complementarias, pero que permiten al lector darse cuenta de lo que pasa con los personajes y de cómo las relaciones humanas son mucho más cercanas y con influencias recíprocas de lo que comúnmente se supone.

Con todo, la novela tendrá muchos desenlaces, algunos intermedios en el texto y otros que nos llevan a un momento en que como en un ballet nos presentan una concurrencia de personajes que se develan en la mayor intensidad.

Los límites del misterio de la vida

En mi opinión, que no soy experto literario ni crítico, sino sólo un escritor, la diferencia ente novela o cuento y relato radica en que el relato no requiere de un desenlace, en cambio en las otras dos formas narrativas sí. Por eso en mi libro Relatos de tanto tiempo hago concurrir cuentos y simplemente relatos, donde lo que más importa es el tránsito, que, muchas veces, es completamente previsible.

Por ejemplo cuando García Márquez en Crónica de una muerte anunciada nos relata los acontecimientos sucedidos en el pueblo en torno al asesinato de Santiago Nasar por parte de los gemelos Vicario. Es decir, se conoce al muerto y al asesino desde la primera página. Lo que importa no es eso, sino el contexto en que se desarrolla la vida que culmina con la primera página.

Esa «novela» es un relato maravilloso, que ha hecho escuela y que se sitúa en las antípodas de las obras policiales, particularmente de las de Agatha Cristhie y de Conan Doyle.

Leamos cuentos y novelas de tantos excelentes autores chilenos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, con temáticas de todos los estilos posibles. No sólo busquemos a esos famosos, sino también a esa enorme pléyade de autores que no tratamos de ser candidatos a nada, pero cuyas obras están dando testimonio de una sociedad en movimiento.

No quiero herir susceptibilidades, pero sería absurdo no recomendar a algunos, y si no nombro a otros no es para zaherirlos ni desconocerlos, sino para incitar a los lectores de este medio a buscarlos en Internet, en las páginas de la SECH, del PEN Club, de las editoriales grandes y de las independientes.

Busquen a maestros y maestras de la narrativa como Walter Garib, Juan Mihovilovich, Virginia Vidal, Darío Osses, Pía Barros, Alejandra Basoalto, Teresa Calderón, Antonio Ostornol, Mónica Gómez, Reinaldo Marchant, Mario Toro Vicencio, Carmen Pérez Meyer.

También aprovecho de recomendar a algunas novelas y cuentos de autores nuevos que son publicados por esas decenas de editoras independientes, que raramente tienen cabida en las librerías formales pero que venden mucho por internet (yo mismo como editor, para no pecar de falsa modestia), que han presentado a jóvenes y mayores, hombres y mujeres, con textos que no deben ser ignorados, pues nos dan un panorama real de nuestro país. Es cosa de buscar un poco a través de la web.

Hay mucho que leer y recomiendo, de verdad, para salirnos de las series de TV y sacar la mente del trabajo, leer la narrativa chilena que es muy buena. Tal vez como lo argentina y la peruana.

Pero una palabra más sobre realidad y ficción. Cuando escribimos cuentos o novelas, salvo que sean autobiografías en que todo debe ser verdad, en cada párrafo de la historia hay mucho de cruda realidad y mucho de ficción.

Todo es verdad: porque lo que no ha sucedido —y tal vez no suceda en el mundo exterior conocido por el autor— es fruto de su inconsciente que, conectado al inconsciente colectivo nos cuenta cosas de otros mundos, de otras tierras, de otras épocas, que lo más probable es que sean reales y concretas en un tiempo y un espacio desconocidos para el autor.

El escritor traspasa misteriosamente los límites del misterio de la vida y penetra en los sentimientos de personajes que van adquiriendo vida hasta que pueden tomar rebeldías propias, como le sucedió a Miguel de Unamuno con Augusto Pérez (los Augusto siempre dan que hablar) en la «nivola» Niebla.

Ahora, si usted quiere gozar de los buenos relatos de los autores chilenos, le aconsejo que se relaje y entre cuento y cuento o entre capítulo y capítulo, lea un par de poemas de Juan Esquivel, Astrid Fugellie, Paola Tirapegui, Theodoro Elssaca, Carmen Gloria Berríos o, por qué no, de Jaime Hales.

Es un gran tiempo para leer.

[Crónica] Gestos reveladores (y erráticos)

Tengo una buena opinión del diputado Francisco Undurraga, aunque un comentarista dice en las redes sociales que su gran mérito para estar a cargo del próximo Ministerio de las Culturas es sólo ser hijo de una artista visual, probablemente exagera, pero ese nombramiento revela otra cosa: en la campaña presidencial los partidarios de José Antonio Kast pusieron énfasis en que esa cartera no es importante para el país y que se debe evitar asignarle más presupuesto.

Por Jaime Hales Dib

En política el lenguaje es fundamental. Tal como las decisiones. En ambas dimensiones se dan los llamados «gestos simbólicos», es decir, que tienen un contenido que va más allá de lo evidente y revelan no sólo pensamientos, sentimientos y emociones que permanecen en secreto, sino además aspectos de una realidad de la cual los que hablan, dicen o deciden, no han asumido en plenitud.

Cuando Jaime Quintana, senador, quiso pronunciar una frase que sirviera de «cuña» para un titular de un diario y habló de la retroexcavadora para referirse a sus intenciones políticas, no sólo demostró que no sabía bien para qué era esa máquina, sino que dio a entender una voluntad de destruir la institucionalidad existente. Y se convirtió, más que en un titular transitorio, en un flanco abierto para críticas que lo persiguen hasta hoy.

 

Arturo Alessandri, demostrando desprecio por los jóvenes rebeldes que se tomaron el edificio del Seguro Obrero, le respondió al General Arriagada cuando éste le preguntó qué hacía: «Mátelos a todos». Pero no era una orden, sino una manifestación de mero desprecio.

El general en cuestión, en una estrechez de mente propia de quienes renuncian a pensar para solamente obedecer, los mató a todos.

Pero hay otros, que tienen plena claridad de lo que dicen y asumen las consecuencias: por escrito y sin desmentir, Trump le dice al gobierno noruego que como ellos no le quisieron dar el Premio Nobel, él no se va a interesar en la paz y se va a tomar Groenlandia, cueste lo que cueste. Si Dinamarca cree que tiene título de dominio por haber mandado un barco, él mandará muchos. Y lo hará.

Cuando observo los gestos del presidente electo señor Kast, me pregunto si se da cuenta todo lo que está revelando con ellos.

 

Para el ministerio del deporte elige primero a una persona que se dedica a competir con armas de fuego y cuando ella dice que no, elige a una lanzadora de bala. Parece chiste y tal vez lo es, pero revela las palabras que dan vuelta en su cabeza.

Boric eligió a un futbolista, que es de las cosas que más sabe, sólo que se equivocó al nombrar a un colocolino.

 

Una nueva era que comienza a insinuarse

Incluir como posible ministro de defensa a un periodista que hizo relaciones públicas de una empresa dedicada al negocio forestal, es como poner un ají en lugares inadecuados. O tratar de hacernos creer en su voluntad intensamente democrática cuando piensa para ese mismo ministerio en el abogado de Pinochet en Londres, es ir en el sentido contrario.

Porque la defensa de Pinochet era el intento de justificar las violaciones de los derechos humanos que ese gobernante militar impulsó, justificó, financió, durante sus años en el poder.

 

Tengo buena opinión de Francisco Undurraga, aunque un comentarista dice en las redes que su mérito para el Ministerio de las Culturas es ser hijo de una artista visual (María Teresa Gazitúa Costabal). Probablemente exagera.

Pero ese nombramiento revela otra cosa: en la campaña sus partidarios pusieron énfasis en que ese ministerio no es importante para el país y que no hay que asignarle más presupuesto. Entonces el nombre puede ser de alguien que pertenece al partido más alejado de su ideología: Evópoli.

Nombrar a un empresario a cargo de Relaciones Exteriores, pone énfasis en que ésas serán las relaciones con el resto del mundo. Lo importante será la empresa, la economía y el tema de la paz, siguiendo la línea de Trump, pasará a segundo plano. Porque me parecería adecuado nombrar como encargado de Pro Chile a un empresario, pero no a cargo de una cartera tan compleja.

No es raro que entre los nombres que se dan —se conocerán después de escrito este artículo— haya más independientes que militantes. Porque su idea de democracia no requiere de partidos, que es el instrumento más eficaz para el diálogo de las ideas, los propuestas y los puntos de vista en una sociedad pluralista y democrática.

Porque se deja la insinuación de que su gobierno que él caracteriza como de emergencia, requiere de personas que obedezcan y carezcan de visiones más integrales de la sociedad.

Los acontecimientos actuales agudizan el carácter de «gobierno de emergencia», pues los incendios de la zona sur dejarán secuelas dolorosas y costosas para dos o tres regiones importantes para la economía y la vida del país.

Y en eso surge el gesto de Boric. Reacciona de inmediato, declara estado de catástrofe, asigna equipos y llama al presidente electo para coordinar. Pues las medidas que se tomen hoy repercutirán en lo que viene y prefiere que en eso se vayan poniendo de acuerdo.

 

Es verdad que es él quien debe tomar decisiones, pero prefiere conversarlas para no tomar medidas que serán de corto plazo, sino que revelen una preocupación más profunda.

Con todo, eso revela que el Presidente de la República es presidente de todos los chilenos y que el actual ya no es el diputado de trinchera que fue, sino que ha ido asumiendo su papel. Muchos lo critican con dureza, pero él dice lo que piensa y actúa en consecuencia.

Boric sabe que puede equivocarse y necesita la opinión del que viene después, para que el plan de beneficio para todos no sea un fruto ideológico, sino que el producto de decisiones de Estado en los cuales es posible ponerse de acuerdo.

Alguien dijo: «es un gesto propio de una nueva era que comienza a insinuarse». Tan distinta de los que quieren apropiarse de otros países y creen que sacando a un dictador pero dejando a sus aliados puede pasar algo bueno.

Ese gesto simbólico, consciente o no, de Boric, es lo que nos hace tener esperanza.

¿Kast lo entenderá

El agitado mundo y sus urgencias

Cuando los valores se centran en “tener más” para aparentar “ser más”, lucir las marcas en el exterior de la ropa, cuando todo es competir “contra” el otro, se agudizan las tensiones en todos los niveles y se deteriora la convivencia, porque el objetivo es estar por sobre el otro. Valores como la justicia, el respeto, el afecto, la colaboración, la verdad, la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, aparecen como cuestiones excepcionales en ciertas situaciones límites o marcados por una tendencia ideológica o una manipulación política.

Un tremendo olvido

Las ideas se amontonan, porque el mundo no cesa de entregarnos noticias, informaciones e incluso silencios que debemos comentar. En lo nuestro, tan criollo, y en el resto del mundo.

Y en ese mundo se nos olvida África, donde anidan la pobreza, las dictaduras, la violencia y muchas de las más atroces formas de corrupción.

Países con recursos naturales y grandes inversiones de potencias europeas, que mantienen focos de miseria, sectores sin mínimas atenciones de salud (peor que las listas de espera, porque no hay nada que esperar), zonas sin electricidad y con una infraestructura caminera deplorable, mientras se gastan millones en armamentos y los gobernantes viven “a cuerpo de rey”, con autos de lujo y las riquezas sobrantes.

La guerra de Sudán, las dictaduras de Egipto y otros países, la miseria del centro del continente, son noticias que no llegan a nuestros medios de comunicación. A riesgo de parecer exagerado, en la televisión hay más programas sobre los animales de África que sobre las personas de ese continente.

El mundial de fútbol que se hará en Marruecos en unos años más, quizás ponga la mira al menos en el sector arabizado del continente y deseo que eso abra puertas para una mayor preocupación por esos millones de personas.

¿Cómo andamos por casa?

Pero tampoco hay que olvidar lo que sucede entre nosotros en América, donde la riqueza está tan mal repartida que unas minorías tienen un nivel de vida de país desarrollado y las mayorías padecen una pobreza dramática -sin vivienda digna, sin salud, con pocos ingresos, mala educación, precaria asistencia social, escasez cultural, malos tratos y abusos– muchas veces matizada por una tecnología que hace que muchos quieran –y logren– tener teléfonos celulares, televisores “inteligentes”, viajar aunque sea endeudados, adquirir automóvil o moto, acceder a la comida chatarra.

Mientras, las clases medias de profesionales, pequeños empresarios de la producción y del comercio, se ven tironeados por la aguda “necesidad” de ascender en la escala social teniendo más cosas que lucir, al mismo tiempo que son castigadas severamente con una carga tributaria superior a lo razonable e ingresos que se ven constantemente menguados, todo eso en medio de las presiones sociales para comprar desmedidamente todo lo que la publicidad incita.

Los valores

En medio de eso está el tema de los narcotraficantes, los delitos de “cuello y corbata” para llamar elegantemente a los fraudes, estafas, usurpaciones, distintas formas de corrupción de los aparatos públicos con fondos y objetivos privados.

Sobre el tráfico de drogas debo ser muy claro: hay tráfico porque hay consumidores; y hay tráfico a gran escala, porque hay muchos consumidores y eso se da en sectores medios y altos, económicamente hablando, en la sociedad.

Cuando los valores se centran en “tener más” para aparentar “ser más”, lucir las marcas en el exterior de la ropa o hasta usar bolsas con publicidad para llevar las compras (para molestar un poco, más de una vez voy a un supermercado con una bolsa que publicita a su competencia), justamente cuando todo es competir “contra” el otro, se agudizan las tensiones en todos los niveles y se deteriora la convivencia, porque el objetivo es estar por sobre el otro.

Valores como la justicia, el respeto, el afecto, la colaboración, la verdad, la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, sólo aparecen como cuestiones excepcionales en ciertas situaciones límites o marcados por una tendencia ideológica o una manipulación política.

Un candidato presidencial proponía eliminar el Instituto Nacional de Derechos Humanos por considerarlo “izquierdista” y como tal no puede tener apoyo estatal.

Los Derechos Humanos no son patrimonio de la izquierda, no sólo porque los promotores de la declaración de 1948 –y redactores de la mayor parte de su texto– fueron el chileno Hernán Santa Cruz, de izquierdista nada, y la estadounidense Eleanor Roosevelt, esposa del que fuera presidente de ese país, lo que bastaría para entender su dimensión amplia, sino porque quienes hemos luchado por su vigencia universal hemos criticado con igual dureza a dictadores como Stalin, Hitler, Pinochet, Idi Amín, Somoza, la dinastía de Arabia, el gobierno de Israel y todas las otras dictaduras, incluyendo las que han afectado a los países del antiguamente llamado “Tercer Mundo” (América Latina, África y parte de Asia).

A propósito de una sentencia

El caso de Gustavo Gatica –tan sonado en los últimos días– vuelve a poner de relieve el tema de la seguridad, de la justicia, de la interpretación de la ley (función eminentemente judicial).

Efectivamente en el mundo hay inseguridad, porque los delincuentes hoy tienen acceso a un armamento que antes les era muy lejano. En Chile, la cosa se torna peor cuando muchas de las armas que están en poder de los delincuentes han sido sacadas de los depósitos de las Fuerzas Armadas o de Carabineros mediante procedimientos diversos teniendo, además, la capacidad de fabricarlas, modificarlas o internarlas por distintos procedimientos.

Más grave es, cuando esos delincuentes cuentan con el apoyo de funcionarios ligados al Poder Judicial, a los encargados de las cárceles, a las policías, a políticos como pueden ser algunos alcaldes, diputados o simplemente dirigentes con cuotas de poder.

Claro, en el caso de Gatica, ahora elegido diputado, la pregunta es si él, protestando a gritos frente al que le disparó –a 30 metros de distancia– constituía o no un peligro letal para el alto oficial al mano de sus tropas.

Porque llevar las cosas al “contexto”, sitúa la legítima defensa de los policías o militares en una situación inmanejable para un juez, porque se podría aplicar a cualquier contexto en el cual el que tiene las armas por encargo del Estado puede “sentir” suficientemente en riesgo su vida cuando hay gente protestando o desarrollando alguna conducta que el agente estime de peligro.

Recuerdo el caso de aquel hombre que estaba agachado (tal vez para atar su zapato) al lado de un bus de Carabineros y que los policías supusieron que estaba ejecutando un atentado (bomba, dijeron) y lo golpearon provocando lesiones que en pocas horas lo llevaron a la muerte.

Pasaría a ser lícito entrar a sangre y fuego a una población en donde se tiene información de que vive gente con armamento capaz de combatir a los policías, situación en la cual los heridos y muertos que no sean agresores de policías serán siempre un “lamentable daño colateral”.

Hemos visto suficientes abogados serios –incluso profesores universitarios no izquierdistas– protestar por este fallo de la justicia, que aún puede ser objeto de recursos. (No es que confíe en la Corte Suprema, pero siempre ese tribunal nos puede sorprender).

La delincuencia

He sido víctima de delitos de robo, hurto, agresiones de variado tipo, tanto en Chile como en Uruguay y en México. Todo país será considerado inseguro por la víctima, pero cuando miramos la situación general, Chile y Uruguay, aún hoy, son países en los que vemos a jóvenes y ancianos paseando sus perros en la noche o al atardecer.

Por supuesto Eugenio Berríos no pudo experimentar la paz y la seguridad de Uruguay, como tampoco los carabineros asesinados en Los Álamos u otras víctimas de delincuentes en las ciudades chilenas. Alguien agregaba, a propósito de la violencia intrafamiliar, que ni siquiera se está seguro en casa. El parricidio de Julia Chuñil es una muestra de ello.

El tema de la seguridad –eje del discurso del presidente electo señor Kast– estará sometido a escrutinio. ¿Bastaría con definir que el contexto es violento y atacar con fuerza bélica, militar o policía, que no hacen diferencia, los lugares en que pueden instalarse delincuentes? ¿O decir, como dijo la candidata de la UDI, “al cementerio con ellos”, dando muerte a todo aquel del que se sospecha su carácter de delincuente? ¿Una especie de pena de muerte extrajudicial?

La urgencia y la emergencia

¿Cómo se combatirá el crimen organizado, especialmente estafadores de “alta gama” y narcotraficantes, desde la nueva autoridad de gobierno? Son preguntas que van quedando sobre la mesa.

Porque el gobierno de emergencia que se ha propuesto no tendrá que bajar la inflación, como en Argentina; no deberá impedir los accesos masivos al país como en Estados Unidos, porque eso ya ha bajado; no hará reformas previsionales ni bajará los impuestos a los sectores populares; no pondrá coto a los abusos de las grandes empresas, particularmente en materia de salud (Isapres, clínicas, laboratorios farmacéuticos); no necesitará aumentar el gasto en armamento.

¿Entonces podrá ocuparse de otras “urgencias permanentes”?

Tal vez la urgencia de hoy sea cambiar el eje valórico de la sociedad y buscar aquello que nos puede llevar a ser mejores personas, desarrollarnos cultural y cívicamente, fortalecer la democracia, mejorar la colaboración, poner freno a las ganancias desmedidas y terminar con los abusos.

[Crónica] «Mundos ingrávidos y gentiles»: Una especie de caricaturas vivas

Este segundo crédito en el género novelístico debido al escritor y abogado chileno Pablo Errázuriz Montes, es un excelente material para que un director de cine o de televisión lo convierta en una serie audiovisual que tenga de historia, de pasión, de romanticismo, de drama, y de humor, en muchos de sus posibles episodios.

La frase pertenece al poema de Antonio Machado que se hizo popular en todos los niveles con ese primer éxito de Joan Manuel Serrat el cantante catalán. «Mundos ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón», es decir, que se deshacen con facilidad y perecen.

Pablo Errázuriz Montes (1958) la eligió para titular así su tercera obra literaria, una novela muy entretenida en la cual combina perfectamente ficción y realidad, hasta tal punto que el lector —que desea distinguir una de otra— no podrá.

Confieso que, no siendo experto en internet, intenté investigar sobre nombres y lugares, para irme dando cuenta de que hay temas y nombres que aparecen tal cual y otros no figuran, no porque sean ficción necesariamente, sino porque probablemente no han sido relevantes para los que hacen esas páginas.

Es decir, concluyo que no todo está en internet ni menos aún en la famosa Inteligencia Artificial que, finalmente, se nutre de fuentes muy humanas y, por lo tanto, falibles.

La novela tiene como personaje principal a don Matías Errázuriz (¿será pariente del autor?), un conspicuo integrante de la clase dominante chilena (que algunos llaman pomposamente aristocrática, apelativo que durará mientras no aparezca el verdadero árbol genealógico en las raíces de España), que mira, desde alturas auto levantadas, con cierto desprecio a quienes con un arribismo notorio y sustentados sólo en la riqueza recién adquirida, pretenden considerarse parte de la misma clase social.

En cambio, muestra respeto y afecto, cariño sería más propio, por el personal que trabaja en la casa o en el campo y que sin pretender ser ni mejor ni peor que los otros, demuestra tener una calidad humana de excepción que don Matías y algunos de los suyos, reconocen y agradecen.

Con 60 páginas más

La novela se inicia en los finales del siglo XIX, cuando don Matías, siendo un hombre joven y soltero, da sus primeros pasos en la carrera diplomática en la legación más importante de Chile en el exterior: la República Argentina.

Por las páginas transcurren los nombres y apellidos de importantes personajes de la historia de ambos países, en una época que no es fácil para ambos países que discuten en lo externo cuestiones de límites y en lo interno viven las tensiones de un cambio social producto de nuevas clases sociales que intentan emerger y obtener derechos que los ricos no siempre quieren conceder.

Aparecen en el relato los asuntos más íntimos de los personajes, entremezclados con los asuntos políticos, sociales y diplomáticos. Abarca un tiempo que llega hasta 1949 cuando don Matías cuenta a su sobrino recién casado lo que fue su vida desde que empezó a trabajar hasta el momento en que está retirado.

Con pinceladas precisas y agudas va delineando los personajes que, aunque a ratos el autor tiende a caricaturizarlos, en verdad queda en claro que los seres humanos que los inspiran eran efectivamente una especie de caricaturas vivas, con muy poca conciencia de sí mismos, de sus derechos, de sus obligaciones y de sus límites.

Pero el verdadero hilo conductor de la obra, que se va trenzando con todos los acontecimientos del mundo, tiene que ver con las cuestiones más profundas, donde una estela de dolor va quedando establecida y cuya naturaleza, pese a que se insinúa, no se revela hasta las últimas páginas en que, como sucede siempre, todo se acelera.

Esta obra es un excelente material para que un director de cine o televisión la convierta en una serie que tenga de historia, de pasión, de romanticismo, de drama. Y de humor en ciertos episodios.

Con 60 páginas más, la novela nos hubiese dado en el gusto de extenderse más en algunos personajes, sobre todo femeninos, que sólo quedan insinuados, pero dejando en evidencia que eran personas con mucho más peso que el que parecen tener.

No me voy a detener en criticar cuestiones formales, sino que sólo dejo mi protesta para decir que a la industria editorial de nuestro país le falta mucho para estar a la altura de los escritores chilenos.

¿Y la distribución?

Novelas como ésta merecen una amplia cobertura de vitrinas.