[Crónica] Libertad, censura y Estado

Me parece que es menos grave financiar con recursos públicos un festival de cine o arte pornográfico, que mantener con dineros fiscales estructuras del tipo de lo que fueron la DINA, la DICOMCAR, la CNI, o el Comando Conjunto.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 19.2.2026

Se desató hace unas semanas una discusión áspera en relación con el proyecto de un festival de cine pornográfico que obtuvo un aporte del Estado a través de los fondos concursables de cultura.

La ministra señora Arredondo dijo categóricamente a quienes centraban su crítica en una visión ideológica del gobierno, que en la decisión de asignar fondos a determinados proyectos las autoridades políticas no tenían ninguna intervención.

Con eso hubiese bastado, pero sabemos que no es así, porque hay quienes insisten en culpar al gobierno de lo que es responsable y de lo que no es responsable.

He sido muchas veces jurado en el área de la literatura, bajo gobiernos de distinto signo. Lo fui recién, una vez más, no siendo parte de los grupos políticos que apoyan a Boric. Nunca, de parte de ninguna autoridad y de ningún funcionario, he recibido otra instrucción que las pautas y normas que están escritas y pueden ser conocidas por todos.

No hay visión ideológica ni instrucciones de censurar nada. Por el contrario, se nos pide que abramos nuestras miradas para ir más allá de nuestras propias maneras de pensar, poniendo énfasis en los factores más objetivos posibles para definir el puntaje que pondremos a cada proyecto.

Partiendo de la base que la objetividad absoluta no existe, la ley establece jurados plurales, de modo que las inevitables visiones subjetivas encuentren puntos de concordia en la definición de los puntajes.

A mí no me gusta la pornografía, pero sí el trabajo del erotismo en literatura, en el cine, en la pintura y las demás artes visuales, incluso en la música.

Hay quienes, a partir de las exageraciones habituales de las miradas más restrictivas o censuradoras, confunden el erotismo del arte con la pornografía, en un error garrafal y casi imperdonable.

Pero en este caso el festival que se propuso es propiamente de pornografía. Los que lo critican, ¿conocen el contenido del proyecto? ¿Alguien ha intentado ver de qué exactamente se trata la muestra? ¿Quiénes serán los espectadores de este festival?

¿Qué tipo de pornografía? ¿Con pedófilos, con menores de edad, con expresiones que ofendan a determinadas personas por su raza, su religión o su preferencia sexual?

Los derechos de personas que pensaban distinto

Viene la pregunta: ¿tiene derecho el Estado a establecer censuras? Si, lo tiene, cuando ella está fundada en la protección de los derechos de las personas y en el cumplimiento de las leyes. Si acaso lo que se promueve es la comisión de delitos, la libertad de creación puede ser limitada en su ejercicio.

Si acaso el festival pretendiera tener como público a menores de edad o promoviera conductas violatorias de los derechos de las personas, podría cuestionarse. La norma general es que el Estado, salvo los dos casos señalados (promoción de delitos y afectación de los derechos ciudadanos) no tiene derecho a censurar.

Esa es la esencia de la libertad.

¿Quiénes alzan la voz en contra de esto? Curiosamente son aquellos que han usado la palabra libertad en todos sus discursos, en el nombre de sus institutos de estudio, de sus partidos políticos.

Ellos, con su duro reclamo esperaban probablemente que el Estado, a través de las autoridades del gobierno, pudiera intervenir en el trabajo de los jurados para imponer un determinado sesgo ideológico.

Si somos partidarios de la libertad, ello no puede limitarse a ciertas libertades económicas o a elegir la persona con la que alguien se puede casar.

Incluso, digo «ciertas» libertades económicas, porque si el socio es un chino o un persa, el inversionista puede quedar sujeto a restricciones impuestas incluso por autoridades extranjeras. Como ha pasado en Panamá con los puertos administrados por empresas chinas o se quiere hacer en Chile con el tema del cable submarino de comunicaciones.

La libertad en su más amplio sentido sólo puede ser restringida en circunstancias muy específicas. Está claro que a muchos «libertarios» no le gustan las libertades de los que piensan distinto, pero a ninguno de ellos se le escuchó nunca protestar porque el Estado destinara recursos asignados presupuestariamente al «área de gasto social», a la formación de grupos armados que, sin obligación de rendir cuentas detenían (sin tener facultades para ello), torturaban (lo que estaba prohibido incluso en las leyes de la dictadura), dieran muerte a personas e hicieran desaparecer sus cuerpos mediante fórmulas de sepultamientos ilegales.

A mí me parece, aunque ninguna de las dos conductas me gusta, que es menos grave financiar un festival de cine o arte pornográfico, que mantener estructuras del tipo de lo que fueron la DINA, la DICOMCAR, la CNI, o el Comando Conjunto.

Soy partidario de la libertad de creación, de prensa, de pensamiento, de difusión.

En efecto, si a la cultura, al desarrollo de las artes, al apoyo editorial a los poetas, a la promoción de los artistas nacionales se destinasen fondos equivalentes —no el 10 % como fue desde la dictadura y por muchos años a las Fuerzas Armadas—, sino el 5 % de los fondos recaudados por el cobre chileno, nuestro país viviría otra realidad.

He luchado por la libertad y contra las censuras. Una vez, siendo jurado en un concurso de la Municipalidad de Santiago, quisieron imponerme a los ganadores. Por supuesto no lo acepté y nunca más me llamaron para ser jurado en esa competencia.

Arriesgué mi vida por la libertad y los derechos de personas que pensaban distinto de mí.

Quisiera ver algo parecido en los que usan a destajo la palabra libertad en sus discursos. Sólo como botón de muestra: en Hungría, país al que muchos de estos dirigentes políticos adhieren con singular entusiasmo, no hay ninguna limitación para la pornografía. Claro que allá es peligroso ser un demócrata convencido.

Presidente hasta el último día

Me pregunto si acaso los críticos duros y descalificadores del actual mandatario creen que sus críticas son correctas y está bien lo que dicen. Pareciera que les da lo mismo. Lo importante para ellos es destacar todo lo que hace o no hace Boric, con la clara intención de hacer parecer que todo está mal.

La crítica desmemoriada

Entre los nuestros hay políticos muy singulares, con una capacidad de criticar a los demás sin asumir ni las propias conductas ni la historia reciente o antigua de nuestra vida política.

Por ejemplo cuando –en aplicación de esa norma absurda del cumplimiento de metas específicas que es para todos los funcionarios públicos de la administración del Estado– al Presidente de la República se le entrega un bono o asignación que se adiciona al sueldo, como un premio por el trabajo realizado, el diario La Segunda publica un titular de primera página: “Boric llegó a 10 millones por metas cumplidas”.

Me pregunto si en los ocho años que gobernó Sebastián Piñera como Presidente de Chile algún diario de esa cadena u otra publicó como noticia de primera plana que él recibía esa asignación. Reviso y no hay nada.

Entonces digo: ¿por qué se levanta la noticia de este Presidente y no de los anteriores? No puedo sino pensar que hay algo de crítica injusta y desmedida.

La dieta presidencial

O lo mismo sucede cuando se publica de modo altisonante que una vez que el Presidente Boric deje el cargo recibirá una dieta y asignaciones (personalmente creo que los expresidentes no debieran recibir asignaciones, pero sí su dieta, para que no tengan que buscar trabajo para sobrevivir y mantengan cierta “dignidad” propia del cargo ejercido), indicando la cifra, cosa que jamás se ha hecho con sus antecesores.

Frei, Piñera, Bachelet y Lagos reciben eso que Boric recibirá. Más allá de si esté bien o no que exista ese pago, ¿Cuál es la intención de destacarlo en el caso de Boric, habiéndolo callado siempre en todos los demás? Hay un deseo de sembrar cierto grado de cizaña respecto de este señor que hoy ejerce la Presidencia.

Eso sin olvidar que Augusto Pinochet recibía esa asignación, su sueldo del Ejército y luego la jubilación con perseguidora, más todos los beneficios de sus negocios ilícitos durante los años en que fue el mandamás del país (nunca fue elegido como Presidente de la República, aunque usara ese título).

Me pregunto si los expresidentes que han sido senadores –designados o no– han tenido el cobro de la dieta más ese sueldo. También cabe preguntarse si quienes han recibido por sus trabajos ajenos a la presidencia grandes remuneraciones (internacionales) o ingresos han tenido la grandeza de devolver los dineros de la dieta y las asignaciones para beneficio fiscal, es decir, de todos los chilenos.

Crítica destemplada: el abogado de Boric

La crítica a Boric es destemplada, descalificatoria, al que se le ha querido hasta negar el derecho a defenderse cuando algunos se han querellado en su contra. Gran escándalo porque se contrató un abogado aparentemente con fondos públicos para defender al Presidente.

Recuerdo con precisión cuando un subsecretario del Interior encargó a los abogados de su dependencia que defendieran a su esposa en una demanda que presentó mi madre en su contra. Y aunque los medios lo supieron no fueron capaces de publicar una línea.

O cuando –volvamos a nombrarlo– a Pinochet lo defendieron abogados del Ejército o los ministros de su gobierno eran defendidos por abogados de sus dependencias. ¿Cómo se explicarán los honorarios recibidos por Hermosilla y el exfiscal Peña (no confundir con el Rector) que estaban en la defensa de Piñera y Chadwick por acciones judiciales presentadas en su contra?

Sigue trabajando hasta el último día

Y ahora la crítica es porque el presidente en ejercicio sigue trabajando.

Boric ejercerá la Presidencia de la República hasta el 11 de marzo a mediodía. Pregunto: ¿Debiera abstenerse de trabajar? ¿Debiera dejar de presentar proyectos de ley? ¿Debiera incumplir sus obligaciones con nombramientos pendientes? ¿Debiera dejar de firmar decretos e instrucciones presidenciales? ¿Debiera callar cuando potencias extranjeras toman medidas que afectan la soberanía nacional?

Se le critica con una dureza implacable cada vez que en su gobierno se nombra a un funcionario. “Es un amarre”, dicen, olvidando que es su obligación hacerlo.

Pienso en un momento qué hubiera sucedido si el actual presidente, hubiese dicho después de la elección presidencial: “No puedo seguir firmando leyes, ni proyectos, ni decretos ni tomar decisiones sobre ninguna materia, sino que deberé dejarle eso al futuro gobierno”. Las críticas hubiesen llovido, sosteniendo que como no trabaja no puede recibir sueldo o pidiéndole que, como ha sucedido con presidentes en otros países, renuncie para que el otro asuma de inmediato.

Se debe trabajar hasta el último día, tal como el presidente ya elegido, deberá trabajar desde que asuma.

Cuando al empresario que Kast ha dicho que designará como Ministro en Relaciones Exteriores se le pregunta por la actitud de Estados Unidos en cuanto a presionar al gobierno chileno para que no apruebe un proyecto con empresas chinas, él responde que él no puede pronunciarse porque no ha asumido. Y si los críticos quieren que el actual gobierno tampoco se pronuncie, ¿quiere decir que Chile no debería tener gobierno en estos meses?

Casos anteriores

Entonces recuerdo que Bachelet mandó en sus últimos días al Congreso un proyecto de reforma constitucional y la crítica que algunos hicimos fue por su tardanza y no porque lo haya hecho. Bien que lo haya hecho, porque al menos dejó en evidencia sus ideas y propuestas para el futuro de Chile, aunque haya sido sólo un “saludo a la bandera”.

La misma presidenta Bachelet intentó el 11 de marzo, dos horas antes de dejar el cargo, firmar el decreto de cierre de Punta Peuco, lo que no pudo hacer porque el ministro encargado (ahora es ministro de Kast) no quiso firmar. ¿Estaba mal que ella trabajara hasta el último instante? ¿O estuvo mal un Ministro que se negó a cumplir con la orden presidencial?

Los abogados integrantes de las Cortes de Apelaciones para todo el año 2022 fueron designados por Piñera en el verano, faltando menos de dos meses para terminar el mandato. ¿O no debía nombrarlos? ¿Lo hizo mal Piñera al cumplir con sus obligaciones legales y constitucionales?

Y no puedo dejar de mencionar (aunque me van a criticar por eso) nuevamente a Pinochet, que promulgó y ordenó la publicación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, conocida como LOCE, el 10 de marzo de 1990; una disposición que, de haber existido Congreso Nacional (que ya estaba elegido y aún no entraba en funciones), habría requerido de quórum especiales. Pero quienes votaban para aprobar la ley eran los Comandantes en Jefe de la Marina, de la Aviación, el Director de Carabineros y un representante del Comandante en Jefe del Ejército, es decir, de Pinochet.

Hay que trabajar hasta el último día.

Si se debe resolver un concurso, designar un jefe de servicio, nombrar a los abogados integrantes, firmar tratados, defender la soberanía nacional, disponer ayudas de emergencia ante desastres naturales, dar cumplimiento a las disposiciones judiciales, eso hay que hacerlo mientras se ejerce el gobierno y se debe responder por la administración del Estado. No hacerlo sería “notable abandono de sus deberes”.

Parece que todo está mal

Mi pregunta es si acaso esos críticos duros y descalificadores se han preguntado alguna vez si está bien lo que dicen. Porque pareciera que les da lo mismo. Lo importantes para ellos es destacar todo lo que hace o no hace Boric, con la clara intención de hacer parecer que todo está mal.

Otro ejemplo: cuando en algunos temas Boric conversó con el presidente electo, hubo quienes lo criticaron porque no era capaz de resolver solo. Incluso Kast declaró públicamente que él no tenía por qué opinar sobre cosas que después entrarán en su concomimiento, pero que ahora le corresponde al presidente en ejercicio. Si pregunta, crítica; si no pregunta, crítica. ¿Cuál es la salida?

¿Y si los críticos miran a los suyos gobernando, dirán lo mismo? ¿Qué opinan de la ley de último día de gobierno?

Es agotador para quienes nos interesamos en los asuntos públicos, observar la disposición de “mala fe” de algunos, que no trepidan en destacar hechos haciéndolos ver como si fueran negativos, errores o malas conductas, cuando en realidad no es más que hacer lo que se debe mientras se ejercen las funciones para las que se fue elegido.

Una vez más deberé decir: tal vez esto tenga que ver con la ética política en su sentido más profundo. O tal vez, esos críticos no sepan lo que ha sucedido en Chile antes de hoy o su memoria esté tan deteriorada que no puedan recordarlo.

Sobre la vida y la muerte

Ha muerto en un cementerio de París, Francia, Marcel Young —exembajador de Chile en Haití entre 2004 y 2010— un hombre bueno, algo más joven que yo, inteligente, prudente en general, al que casi todos sus contemporáneos, le teníamos un enorme afecto y respeto.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 14.2.2026

Nada más grandioso e importante que la vida, esta energía espectacular que nos permite ser quienes somos como seres humanos. Y siendo tales, gozamos de todas las formas de vida: animal, vegetal, mineral, todo lo que es la química y la física con sus movimientos cada vez más novedosos e inquietantes.

En algún momento se descubrió el átomo: el que no tendría división, la parte más pequeña de la materia. Tiempo después se descubren protones, neutrones y electrones. Y luego, en esa dinámica que hace de las «ciencias exactas» las más impredecibles y cambiantes de las realidades, se han seguido descubriendo partículas cada vez más pequeñas.

Inclusive muchos experimentos nos sitúan en incertidumbres, pues hacen pensar y sostener con seriedad la tesis de que la realidad cambia según el observador. Es decir ciertas formas de partículas se presentan de manera distinta según quien sea el que esté observando.

La física moderna nos habla de la «nanotecnología», aquello que se expresa en espacios increíblemente pequeños. Escribo estas notas en un ordenador personal, pero podría hacerlo en un teléfono celular.

Ese teléfono que cabe en la palma de mi mano y que niños de dos años manipulan con increíble precisión, es más poderoso que el enorme computador que en 1967 tenía la Universidad de Chile en un galpón enorme enfriado por muchos ventiladores de gran tamaño.

Y cuando se estudia el cuerpo humano, se llega a las cosas más increíbles sobre su estructura y funcionamiento. La vida nos sorprende cada día.

Seguramente como consecuencia de mi ignorancia en materias de biología —tema que me apasionaba en mi adolescencia, cuando leía en la primera semana de clases todo el libro de Natalio Glavic para 4º de humanidades— me sigo haciendo la pregunta: ¿Cómo sabe una célula —que se va dividiendo desde aquella que se forma en la unión del espermio con el óvulo— que su función será ser parte de un riñón o de un hígado? Misterio de la vida. Al menos para los seres comunes y corrientes como yo.

Y en el caso de los humanos, más allá del nivel básico de lo físico y de ciertas emociones primarias, está toda la complejidad de su mente, de su psiquis tan especial, de la espiritualidad.

El ser humano es un ejemplar de vida compleja que reúne al mes esas cuatro dimensiones (mente, espíritu, emoción y cuerpo) y en cuya combinación podemos decir que cada uno es único y, aparentemente, irrepetible.

Incluso en el caso de los gemelos llamados «idénticos» es posible descubrir diferencias que, por los factores no corporales, van marcando crecientes señales de individuación. Mi explicación es porque tras eso está el alma, con toda su historia particular.

A seguir bregando

Porque las almas tienen origen divino (el espíritu de la divinidad) y un plan de desarrollo para alcanzar la plenitud en el progreso de esa potencia inicial. Para eso se requieren, al menos en los casos conocidos, de más de una encarnación. En cada una hay tareas que cumplir y eso se hace naciendo cerca de otros con los que se trazan conexiones para ayudarnos en alcanzar las metas propuestas desde antes de nacer.

Con todo, sabemos por experiencia que los seres humanos, como casi todas las formas de vida, tienen un límite físico: es la muerte que sobreviene cuando suceden determinadas circunstancias. Salvo situaciones de violencia —accidental o intencional— se supone que avanzamos hasta la vejez y luego el cuerpo, agotado, termina su ciclo y muere.

Pero esos ciclos son más breves cuando irrumpen enfermedades en las personas, riesgo que existe desde el día en que nacemos. Pareciera ser, como en casi todas las formas de vida, que la muerte es más natural en los mayores que en los menores.

Es natural y esperable que mueran los padres, pero no es esperable de igual modo que mueran los hijos. Es el misterio de una «muerte anticipada» que altera los ciclos a los que nuestra cultura nos tiene acostumbrados.

Cuando mueren mis amigos —de mi edad o mayores— lo entiendo con cierta facilidad y lo acepto. Pero cuando mueren personas más jóvenes y activas sin que haya mediado violencia, siento algo incómodo en mis emociones y me pregunto por qué es así.

Ha muerto Marcel Young, no mucho, pero algo más joven que yo. Un hombre bueno, inteligente, prudente en general, al que todos —casi todos sería más exacto— le teníamos enorme afecto y respeto.

Me escribe diciendo: «Temo que mi madre morirá pronto». Le respondo: «Es normal que pasados los 90 años las personas puedan morir. Lo importante es que nosotros sigamos viviendo. Prepárate para ser huérfano». No me responde, salvo: «Me voy a Francia, donde ella vive».

Días después me dice que su madre ha muerto y que el funeral es el 12 de febrero. Me llega, la noche de ese día, una foto de Marcel en silla de ruedas en el funeral. «¿Qué te pasó?», escribo. Y no hay respuesta.

Al día siguiente me cuentan que Marcel ha muerto de un infarto, allá mismo, en el cementerio.

Entonces, le escribo: «¿De verdad estás muerto amigo querido?». No me responde. Y me da una pena enorme. Entonces me pregunto por este misterio de morir y de vivir.

La muerte para él debe ser parte de los procesos de su alma, para iniciar nuevos recorridos tal vez con el alma de su madre. Necesitaban morir juntos. Como fue el caso de Bélgica Castro y Alejandro Sieveking. Ellos lo entienden. Yo no.

Queda el vacío para los que estamos transitando por la vida. Ellos están en otra realidad. Pero nosotros lamentamos su pérdida. Y debemos decirlo así, vivirlo así, porque ésa es nuestra historia. No la de ellos. La nuestra, los que ahora debemos seguir caminando por la vida sin esos más jóvenes, mejores quizás, con un espacio vacío.

Recuerdo la frase de un poema que publiqué en Encuentros, en 1982: «se mueren los que importan». Y nosotros, a seguir bregando. Hasta el último día.

El mundo en que vivimos: y en el que podemos vivir

Estamos en la época de tránsito entre dos eras. Una de ellas, la que muere, se sostiene aún por la desesperación de los que detentan los principales poderes ante el riesgo de perder su posición. La que nace, va superando lentamente los obstáculos que la resistencia le impone.

Tiempo de tránsito

El mundo de hoy se ve difícil. Pasan tantas cosas terribles que algunas personas piensan que lo mejor sería que el mundo se acabara de una vez o les dan simplemente ganas de morir. Sin embargo, en estos días de verano en los que miro el mar, pienso que todo aquello no es tan terrible, porque justamente hay personas que tienen, cualquiera sea su situación, momentos de alegría y acercamiento a una mirada más positiva.

Estamos en la época de tránsito entre dos eras. Una de ellas, la que muere, se sostiene aún por la desesperación de los que detentan los principales poderes ante el riesgo de perder su posición. En todos los sectores del planeta, donde se han consolidado poderes sustentados en la fuerza, en el cultivo del poder de las minorías, la riqueza en pocas manos, la violencia ejercida a destajo, están esos pequeños grupos dispuestos a todo con tal de evitar perder sus posiciones. La Era que nace, va superando lentamente los obstáculos que la resistencia le impone.

Señales auspiciosas

Ciertos países han conseguido ciertos avances en su organización social que hacen pensar que es posible atenuar el grado de violencia, orientar las acciones sociales de otras maneras, mirar a los seres humanos como un conjunto y no solamente como naciones que se enfrentan unas a otras.

La Unión Europea, con todos sus problemas y defectos, ha logrado ciertos avances que no podemos dejar de mirar con cierta valoración y una dosis de esperanza.

Mientras se desarmaba el imperio soviético y los países sometidos por décadas a dictaduras terribles, en el espacio europeo de costumbres democráticas se gestaba una unidad que, aunque sustentada, es cierto, en el régimen capitalista y gran parte de sus valores, ha logrado algunas realizaciones de relevancia.

Después de casi dos siglos en los que Francia mantuvo guerras con el mundo germano (primero los imperios y reinos y luego la Alemania en proceso de unificación, para coronar más tarde con las dos guerras europeas de 1914 y de 1939), hoy observamos espacios de entendimiento entre esas dos potencias. Y en torno a ellas, todos los pequeños países europeos fueron gestando una forma de vinculación democrática y una unificación económica que ha sido beneficiosa.

En Alemania existen normas y pautas de “control de la riqueza” que se basa en una férrea organización social, sindicatos fuertes y obligatorios, impuestos altos, bienestar social y otras acciones que nos revelan que aún en el desenfreno capitalista, es posible pensar en normas que apunten a la justicia (en la mayoría de las empresas nadie puede tener remuneraciones que superen en más de diez veces el menor sueldo de la organización).

El tema de la inmigración

Es verdad que en Europa se ha conseguido un desarrollo cívico importante, pero no está consolidada la paz interna en la sociedad. La inmigración ha despertado rechazo en los que creen en la superioridad de las naciones europeas por sobre otros pueblos.

Es el mismo concepto que justifica la existencia del Estado de Israel, pues un grupo, invocando religiones y creencias, se considera racialmente superior a los habitantes del mundo árabe. En ese caso, tenemos que la mayoría de los que llegaron a Israel no son semitas como quieren hacerlo creer, sino de una etnia caucásica –askenazíes– convertidos a la religión judía. Los árabes son semitas, cualquiera que sea su religión. Mal podría ser un árabe “antisemita”. El Imperio árabe de Andalucía permitía convivir a cristianos, judíos y musulmanes, siendo todos ellos considerados árabes.

Cuando los askenazíes entraron en conflicto con otros germanos por la creencia de ambos grupos de ser superiores al otro, el mundo vivió el horror del nazismo, que eliminó una importante cantidad de personas de religión judía, pero también eliminó a gente sin religión o de otras creencias, por el hecho de pertenecer a pueblos mirados en menos (polacos, rusos, bielorrusos, africanos, árabes, turcos, orientales) o de simplemente oponerse a las miradas de desprecio étnico que enarbolaban como bandera para dominar el mundo.

Con ese mismo racismo y desprecio por los habitantes locales, con el patrocinio de los ingleses y estadounidenses particularmente, el movimiento sionista logró crear el Estado de Israel en el territorio del Estado Palestino y mantener una política de exterminio y ocupación constante, pese a las advertencias de Naciones Unidas, una organización que se ha revelado incapaz de detener esos poderes.

Hoy en Europa el racismo, ya no anti askenazi sino anti razas semitas de verdad, anti grupos asiáticos como persas, afganos, pakistaníes e indios, anti africanos, está siendo alimentado desde los poderosos que no quieren perder su predominio político y económico. Por eso han triunfado en Italia y países que pertenecieron a la influencia soviética o conservan rencillas raciales ancestrales (Serbia, por ejemplo) y logran ciertos apoyos, aún no mayoritarios en otras sociedades.

El imperio en América

Lo que no ha podido hacer en Europa, Estados Unidos lo ha conseguido en América Latina. Cuando algunos países de América crecían en cultura cívica y la educación de los pueblos comenzaba a fortalecerse, Estados Unidos simplemente optó por lo fácil: dictaduras militares con el apoyo gozoso de las minorías económicas dominantes.

Los militares de este continente han recibido la formación ideológica de los militares de Estados Unidos y han sido aliados doctrinarios de los grupos dominantes. Cuando algunos países, como Perú y Bolivia, mostraron militares “izquierdistas”, no demoraron mucho en derrocarlos para, sobre la base de violencia y corrupción, imponer a otros militares.

Claro, con excepciones como Cuba y la dictadura de Ortega en Nicaragua, ambas con pocas probabilidades de sobrevivir a la presión inhumana de Estados Unidos sobre sus economías, especialmente después de lo sucedido en Venezuela.

Una nueva conciencia

Entonces la democracia en nuestros países está a la espera de tiempos mejores. Pero ya comenzamos a darnos cuenta de que van surgiendo grupos con mayor conciencia hacia el desarrollo personal, la educación, la mirada trascendente de una humanidad que está comenzando a nacer.

Para salir del pozo, dijo el sabio al muchacho que había caído en él, debes primero tocar fondo. Cuando luchábamos contra la dictadura, algunos prefirieron flotar y asegurarse cuotas de poder y simpatías por parte de los poderosos, en un pacto que permitió cautelar mejor los derechos humanos a cambio de la rendición incondicional frente al imperio para consolidar su sistema económico y cultural.

Probablemente cuando ahora ganan democráticamente los que fueron partidarios de la dictadura y aliados incondicionales de Estados Unidos, sea el momento de tocar fondo y comenzar a salir.

Las tareas pendientes

Lo primero será trabajar por reconstruir valores, fortalecer la educación cívica y la conciencia personal. Será necesario hablar y dialogar hasta el cansancio con aquellos que han caído en la trampa del consumismo, de la ansiedad de tener, en la desesperación por la riqueza; será necesario revisar las estructuras del poder en la sociedad y buscar que las personas aprendan a establecer comunidades de acción y vida en sus barrios, en las empresas en las que trabajan, en los lugares en los que estudian; será preciso reconstruir gran parte del tejido social dañado, recuperar el valor de las instituciones y terminar con el desprecio por personas y grupos de la sociedad.

¿Larga la tarea?

Larga, difícil, pero, según el proverbio chino, hasta la marcha más larga comienza con el primer paso. Y de eso se trata: de hacer el croquis de un nuevo mundo y establecer los caminos para avanzar en una nueva manera de vivir, donde la solidaridad con los que sufren no sea considerada una rendición a las izquierdas, donde la libertad no sea sólo para hacer empresas ni se considere el bienestar como una rendición a las derechas.

América Latina es un continente rico, del que se han apoderado unos pocos para expoliar nuestras tierras, montañas y mares en beneficio de potencias que hacen de la violencia y la dominación su razón de existir.

En América Latina hay una raíz poderosa de pueblos milenarios, originarios y venidos de otros continentes, que nos puede mostrar que el mundo puede ser mucho mejor de lo que se nos muestra hoy.

[Crónica] Para levantar el ánimo

Un comentario y que no se ofenda nadie: en Santiago las galerías de arte más importantes están atrincheradas en la elitista comuna de Vitacura, mientras que en Valparaíso se encuentran en las calles por las cuales transita el pueblo: esta experiencia de recorrer el principal puerto de Chile en compañía de Maru, ha cambiado mi percepción negativa de esta ciudad.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 5.2.2026

No soy ni he sido hincha de la ciudad de Valparaíso y me sentí extrañado cuando fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

En una insólita sucesión de alcaldes —ahora es el turno de una mujer— entre los cuales se cuentan dos amigos y camaradas de tareas políticas, la ciudad no ha logrado superar sectores de deterioro, suciedad callejera, zonas de malos olores, irrespeto por las normas de circulación callejera.

Dejé de recorrer sus calles hace muchos años, pues pese a los intentos de Eduardo Dockendorff por tratar de conseguir que el municipio se comprometiera con la acción cultural, no se logró gran cosa.

Sin embargo, mi amor por la fotógrafa y poeta Maru Hernández-Celis ha sido suficiente para volver a subir sus cerros (ahora en auto, casi siempre) y transitar sus calles, acompañándola en su tarea de atrapar imágenes y descubrir instantes que convertirá en Haikus.

Y debo reconocer varias cosas que me han reconciliado con parte de esta ciudad puerto, por ejemplo sus habitantes, personas amables siempre dispuestas a ayudar a los miles de turistas que la visitan, con los nombres de calles que no siempre están en los muros, con el dato del ascensor cercano.

Caminamos hasta la Plaza Victoria poblada por gente de todas las edades y condiciones sociales. En la Plaza Echaurren pasa lo mismo, pero además está adornada por predicadores que vociferan en contra del demonio.

Recorremos los cerros desde la Avenida Alemania, atravesando intrincados caminos y deteniendo el auto a cada rato para tomar fotos de lugares increíbles: casas que cuelgan, pinturas de todos los colores, grafitis bellos y grafitis pésimos, escaleras que nunca se sabe hasta dónde llegan y jardines de cardenales de variados colores que los mantiene el destino o los ángeles, en medio de pasajes que están en bajadas laberínticas.

La gente de Valparaíso vive sus espacios. Todavía no hemos vuelto a La Sebastiana, que por años fue una especie de ritual indispensable. Seguimos eludiendo el Congreso, en el que estuve algunas veces visitando amigos y no tan amigos hasta conseguir la unanimidad para la Ley de Fomento del Libro y la Lectura.

Se me perdió el colegio de los Sagrados Corazones y no encuentro la vieja tienda de mi tío Taufik en calle Serrano.

La espera la hicimos en la Plaza Victoria

Llegamos al encuentro de los cerros Concepción y Alegre. Dominique, una amiga francesa nos dio el dato: «No se lo pueden perder». Allí, en calle Concepción, donde estaba el viejo colegio Alemán, se alza el «Museo del Inmigrante». Una joya levantada por el esfuerzo de privados y parte de las distintas colectividades extranjeras que anidaron en la zona, bajo la dirección de Eduardo Dib, empresario, y con el apoyo de tres mujeres que llevan el área ejecutiva.

Un lugar increíble, hecho con las técnicas más depuradas de la museografía contemporánea (nivel europeo, me dice Maru, que ha recorrido Europa casi entera tomando fotografías y que es refrendado por Theodoro Elssaca, otro viajero incansable), hermoso, cuidado, donde todo se puede ver, con tecnología moderna, audioguía con información muy completa y personal gentil.

No es barato, pero en cuanto se estabilice y recupere la inversión, lo será sin duda. Restoranes, cafetería, tienda, librería, espacio para el descanso y un mirador sorprendente para ver Valparaíso en 360º completan esta interesante propuesta porteña.

Nos vamos sorprendidos y felices de la experiencia y, mientras íbamos camino al Museo del Grabado que mantiene la Universidad de Valparaíso, nos topamos en calle Almirante Montt 372 con una pequeña galería de arte, Galería Bahía, llena hasta los techos de obras de artistas locales.

Un lugar sorprendente, delicado, en que se aprovechan los espacios de muros y dinteles. Son cinco espacios que los porteños no se pueden perder y los turistas tienen que conocer. Luego de pasar por la puerta de un hostal llamado Patrimonio, destacando el valor de la casa en que está instalado, llegamos al MUG (Museo del Grabado), una muestra de excelentes obras y de un trabajo arquitectónico moderno, bien hecho, fino.

En la tarde fuimos al cine Insomnia, proclamado cine-arte, donde exhiben películas actuales y también clásicos inolvidables. Una sala antigua, a precio módico, inserta en el ángulo interior de un pasaje que sale a dos calles, muy bien mantenida, con butacas añosas pero más cómodas que cualquier cine moderno. Y sin paquetes de cabritas ni grandes vasos de bebida (yo llevaba mi coca zero de 250 cc en el bolsillo).

A las siete de la tarde estaba programada una película recién estrenada en Chile, premiada en Cannes y había unas 60 personas de público. La espera de la función la hicimos en la Plaza Victoria, a pasos del cine, rodeada de edificios bellos, antiguos, modernos, feos, de todo, como una ciudad de verdad.

La semana se coronó en La Escala, calle Cochrane al llegar a Plaza Sotomayor, una galería de arte creada por Jaime Blaset, pintor y micro empresario, en una enorme casona que ya tiene 110 años y que en algún momento incluso fue sede de algún sindicato importante.

Sus muros de ocho metros de altura están llenos de obras de arte y hay una hermosa, luminosa y enorme sala convertida en café, atendido, esta vez, no sé si siempre, por el fotógrafo artístico Jaime Verdejo.

Buen café, debo reconocerlo. Además hay una librería, con los precios a la vista. Y los días sábado, circula entre los visitantes, porteños comunes y corrientes muchos, la perrita del dueño de la galería, que sólo da un ladrido para saludar.

Destacan obras de numerosos pintores, fotógrafos, ceramistas, incluyendo un muro espléndido con los cuadros de Errupín Ibarra, artista septuagenario de Quebrada Escobar. Es un espacio difícil de describir en pocas líneas, pero es otro imperdible de la ciudad. Y lo más hermoso, es que son artistas locales.

Un comentario y que no se ofenda nadie: en Santiago las galerías más importantes están atrincheradas en Vitacura. En Valparaíso están en las calles por las que transita el pueblo.

Esta experiencia de recorrer Valparaíso con Maru, cambió mi percepción negativa del puerto.

Ahora Maru empezará a seleccionar las fotografías de la exposición que hará en el invierno, sobre su mirada de Valparaíso, en La Escala.

Y yo pasaré por alto olores, falta de aseo, profusión de perros y, por supuesto, el edificio del Congreso.