[Crónica] Poesía y arquitectura

Hoy le dije a mi amigo Eduardo Dockendorff como respuesta única por el Premio Pritzker de Smiljan Radić que los arquitectos nos han empatado a los escritores: dos Nobel cada uno, más, incluso, que el bicampeonato sudamericano de Chile en el fútbol.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 13.3.2026

Mi amigo el arquitecto Eduardo Dockendorff Vallejos regresó a sus tierras de Biobío, subió la montaña y en terrenos colindantes con el río y los tradicionales emplazamientos aborígenes, levantó su casa al estilo Neruda: sólo con la ayuda de un trabajador local.

Hace años vive allí y su espacio hoy colinda con el enorme embalse que se creó sobre los cementerios y espacios hogareños de comunidades locales. Hace unos noches me envió un WhatsApp para hacerme saber la gran noticia: por segunda vez un arquitecto chileno gana el Premio Pritzker, comparado con el Nobel, pero para los arquitectos.

Alejandro Aravena en 2016 y Smiljan Radić en 2026 son los dos arquitectos chilenos que han recibido este galardón. No hay premio mundial más importante en esta profesión que ése y esto pone de relieve la importancia de los arquitectos formados en nuestro país, quienes, como pasa en otras áreas, no son los más contratados para construir los grandes proyectos que dominan el paisaje de las ciudades.

Porque las razones para darle este premio no tienen que ver con edificios enormes situados en las grandes avenidas de Santiago u otras metrópolis del mundo. Su obra ha sido definida como «profundamente experimental y sensible al paisaje», dando un nuevo carácter, mediante su trabajo, a la relación entre la experiencia humana, la naturaleza y la arquitectura como disciplina esencialmente humanista.

Se destaca «una trayectoria marcada por una mirada radicalmente personal sobre el espacio construido, donde la fragilidad, la memoria del lugar y la experiencia humana ocupan un rol central», según nos dice la revista NOW-MAG.

El mismo comentario señala que «su trabajo propone lugares que dialogan con su entorno, combinando lo artesanal con lo tecnológico, lo natural con lo artificial y lo permanente con lo temporal».

Por su parte, el jurado al otorgar el premio señala la capacidad del galardonado de construir espacios con «inteligencia emocional», capaces de generar refugio y empatía en quienes los habitan.

Y luego agrega el mismo ente calificador: «A través de una obra que se sitúa en la encrucijada de la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radic prioriza la fragilidad sobre cualquier pretensión infundada de certeza. Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi a punto de desaparecer—, pero ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre, abrazando la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida».

Y basta. Porque con eso queda claro que la arquitectura no es cualquier cosa ni una mera técnica: es una variedad de arte que integra el humanismo, la naturaleza y… la poesía. Porque la poesía es belleza, síntesis, lenguaje propio, metáfora y ritmo, igual que estas obras arquitectónicas.

 

Chile tierra de arquitectos

Pablo Neruda, al terminar lo que hoy se llama enseñanza media, entró a estudiar arquitectura. Entendía que era la profesión que más lo hermanaba con la poesía, pero no se la pudo con la matemática que lo llevaba hacia la racionalidad. Neruda quería poesía y se fue.

Él, luego de la gran Gabriela Mistral, recibió el Nobel de Literatura.

Hoy, le dije a Dockendorff, como respuesta única, «los arquitectos nos han empatado». Dos Nobel cada uno. Más, incluso, que el bicampeonato sudamericano de Chile en el fútbol.

Y vuelven a hermanarse estas dos maravillas de la creatividad cuando miramos que esas cúspides sólo se explican porque bajo ellos han una pirámide de cultores de la disciplina. Miles de poetas, de los cuales más de un centenar pueden ocupar lugares destacados a nivel americano y mundial. Tras estos dos arquitectos hay miles de profesionales que han ido dando vida a la arquitectura desde hace un siglo y permitiendo que se construya esa pirámide.

Aquellos «locos» de la Universidad Católica de Valparaíso que instalaron sus construcciones en Ritoque; los jóvenes arquitectos de la Universidad de Chile, que dio origen además a artistas de verdad; los famosos y brillantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que se convirtieron en estrellas de las páginas sociales.

Saint Jean, Echenique, entre los mayores —¿será lícito nombrar a mi hermano Patricio y su generación 1973—, Iván Bravo entre las nuevas generaciones y tantos otros que con su trabajo constante, su creatividad, su audacia, su constancia, su decisión, sus esfuerzos, han ido generando un trabajo que lleva a los arquitectos chilenos a la gloria mundial.

Poetas y arquitectos. Hay pocos poetas entre los arquitectos, porque ellos hacen la poesía con su disciplina propia. Son los ingenieros y los abogados que, para contrarrestar el racionalismo exacerbado de sus estudios, deben buscar en la poesía la opción de humanidad y belleza.

Andrés Bello quería ser poeta. Casi lo logró e incluso se permitió licencias de ese tipo en el propio texto del Código Civil.

Chile tierra de poetas. Ahora diremos: y de arquitectos.

(Cuando Dockendorff se instala en Alto Biobío, desde donde baja a pueblo pocas veces en el año, hace un acto de creación poética que trasciende sin ser trascendental, sino sólo una gran gota de agua para la copa de celebraciones de Chile)

Para finalizar, anoto algunas obras destacadas de Smiljan Radić: restaurante Mestizo en el Parque Bicentenario de Santiago, la ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino, el Teatro Regional del Biobío en Concepción, la Serpentine Pavilion 2014 en Londres, el Pabellón XXII Bienal de Arquitectura de Chile.

 

Algunas señales de un nuevo gobierno

Distintas situaciones dejaron algunas señales del tono inicial del nuevo gobierno y sus partidos de apoyo. Actos y voces del Presidente y otros personeros están marcando estilos y propósitos que se dejan ver con cierta facilidad.

Un acto republicano

En un acto ceremonial intensamente republicano (de la República y no del partido de ese nombre), José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile. Por supuesto, como en todo acto oficial, no faltaron los chascarros (por ejemplo el inicial olvido de mencionar e invitar a jurar a la Ministra de Educación), pero ello no hace sino humanizar los intentos de perfección de los funcionarios encargados de protocolo y ceremonial.

Esta vez, como pasó en 1990, nadie olvidó la piocha de O’Higgins y Boric se encargó de prenderla en la nueva banda presidencial que lució su sucesor. El chiste con la piocha sucedió en la noche, cuando después del discurso nocturno a Kast se le cayó el singular elemento, lo que hizo a más de uno recordar la creencia popular que dice que es un mal presagio para un gobierno ese percance. Recordaron que a Alessandri en 1920 le pasó y todos sabemos el destino agotado y complejo de ese gobierno.

Todo el poder en sus manos

Distintas situaciones dejaron algunas señales del tono inicial del nuevo gobierno y sus partidos de apoyo. Lo primero fue la elección de los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, cargos que quedaron en manos de Renovación Nacional y de la UDI respectivamente.

En el Senado no hubo otra postulación y en la Cámara la alternativa no era mucho mejor –salvo para la candidata– pues es una figura controvertida que esta vez recibía el apoyo de su expartido –comunista– y de quienes fueron vilipendiados por ella durante los cuatro años precedentes.

Es decir, todos los cargos políticos en las cabezas de las instituciones del Estado han quedado en manos de la Derecha política, lo que es una advertencia para todos, incluso para ellos mismos: no hay excusas para no cumplir las promesas con respeto a la legalidad.

El atentado de Puerto Varas y la verdad sobre Carabineros

Al despedir a Boric, el General al mando de Carabineros agradeció con entusiasmo lo hecho en pro del fortalecimiento de la institución policial en equipamiento, recursos e infraestructura y por su preocupación constante por el personal.

Sin embargo –y tratando de desmentir al General y haciendo caso omiso de la verdad– tanto la nueva vocera como Kast tuvieron palabras de dura crítica al gobierno saliente, insinuando responsabilidad en el asesinato del policía en Puerto Varas en la mañana del 11 de marzo. El nuevo gobernante fue más allá: “Nunca más un funcionario de orden y seguridad enfrentará solo la violencia mientras algunos miran para el lado”.

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Ningún gobierno democrático jamás ha “mirado para el lado” cuando hay atentados contra la policía. La conducta de Boric fue tan contraria a eso, que incluso cuando sucedió el atentado en el sur el 27 de abril, instó la suspensión de la formalización judicial al Director de entonces –que lo obligaba a renunciar– y prorrogó su mandato luego de haber viajado con él al lugar del crimen. No mandó a su Ministro de Seguridad. Los culpables fueron detenidos y condenados sin demora.

El alevoso y premeditado atentado de Puerto Varas no podía evitarlo ninguna autoridad civil y cuando alguien intente otro, tampoco lo podrá hacer ningún funcionario del gobierno.

El lenguaje y la verdad

Junto a esto y en la misma línea, el discurso –cuyas frases escogidas destacan sus más entusiastas partidarios en todos los medios de comunicación– revela que la precisión del lenguaje no importa aunque ello afecta a su veracidad: lo que interesa es el impacto del mensaje.

Decir, por segundo ejemplo, “nos han entregado un país en peores condiciones de las que podríamos imaginar” podría ser una frase después de muchos meses, cuando se hayan hecho las auditorías prometidas, pero no al tiempo de asumir, cuando no se ha podido constatar nada distinto al contenido de las brutales y durísimas críticas hechas por Kast y su partido desde que asumió Boric hasta el mismo 10 de marzo de 2026.

Es decir, es como si en esas horas, mientras viajaba en auto o en helicóptero, hubiese podido el Presidente tener una nueva visión del estado del país.

Asignar responsabilidades a otros

No me voy a referir, como otros comentaristas, a la inconsistencia general del discurso, porque se supone que en el acto público el nuevo mandatario debe dejarse llevar más por su emoción que por la sustancia filosófica de sus propuestas. Eso está bien, es momento de arengas para decir “hemos venido a cumplir”.

Lo importante será que, teniendo todo el poder institucional, mayoría en el Congreso, apoyo de los empresarios de todas las ramas, de la mayoría (si no de la totalidad) de las instituciones universitarias, un apoyo enorme de los gobernantes de los países limítrofes y de Estados Unidos (lo dijo así Trump), no se culpe luego a los que no lo apoyan de los problemas que puedan surgir. Quizás es hora de que Kast entienda que no bastan el carácter y la voluntad para que la realidad cambie: debe haber ideas que se traduzcan en planes concretos que se pongan en marcha.

Los primeros decretos

Hay además otras señales: da gusto ver que desde el primer día el Presidente de la República firma decretos con decisiones tomadas. En eso supera lejos a todos sus más recientes antecesores democráticos, que pasaron un tiempo de estudio después de haber asumido, despreciando el tiempo en los meses de interregno entre la elección y la asunción.

No me meto en los contenidos de esos decretos, pero ya va quedando claro, sobre todo en el primer instructivo distribuido a los Ministros horas antes de asumir que algunas promesas (reducción del gasto en 6 mil millones, sin ir más lejos) demorará un poco más de lo pensado en cumplirse. Está bien: es parte del necesario realismo que se debe tener. Boric, más popular, dijo a los pocos días de asumir: “otra cosa es con guitarra”.

Pese a la necesidad de reducir gastos y a las promesas dichas durante años y meses –que no estoy seguro de que estén en el programa propiamente tal– no se redujo ni el número de ministerios ni de ministros, hay solo un biministro por razones evidentes, pero no explicadas.

Asimismo, fueron creados algunos cargos nuevos –pueden ser necesarios, no digo otra cosa y tal vez el gasto no sea tan alto–, pero no hay reducción, sino incremento. Ahora bien, si esos cargos nuevos, de confianza política del Presidente, serán o no llamados “operadores políticos” o “activistas”, será cuestión de uso del lenguaje. ¿Es una señal de relativización del discurso? Puede ser y no necesariamente eso está mal.

No vino Lula

Volviendo a aspectos más políticos, quiero referirme a los asuntos internacionales. El presidente electo –estaba en esa calidad– se dio un gusto personal invitando a los hermanos Bolsonaro, hijos del expresidente preso por su intento subversivo, uno de los cuales es candidato a la Presidencia de Brasil.

El actual mandatario, que tiene puntos políticos diferentes a Kast, había anunciado su visita a Chile. Eso es propio de una relación entre Estados, más allá de las diferencias. Pero claramente las autoridades que estaban por asumir privilegiaron la amistad personal y la simpatía política por sobre las relaciones con el Estado de Brasil, país con el que Chile siempre ha tenido una relación privilegiada, incluso en tiempos más disímiles políticamente.

El Presidente de Brasil lo consideró una descortesía impropia entre Jefes de Estado y no asistió. Pero, es la misma descortesía que tuvo Bolsonaro cuando no respondió el beneplácito solicitado para el embajador nombrado por el gobierno de Chile en 2022. Tal para cual.

El asesor internacional y la nueva ruta internacional

Otra señal delicada en esta materia es que en el círculo de mayor confianza del Presidente de la República (llamado “el segundo piso”) nombra a cargo de la asesoría en temas internacionales a Eitan Bloch. ¿Quién es él? Se trata de un licenciado en Derecho de la Universidad Católica, de 32 años, de nacionalidad argentina, que antes de eso se desempeñó como funcionario político de la Embajada del estado de Israel en Chile. Esto señala con claridad la opción de Kast por Israel en la acción política y militar de ese Estado contra Palestina y los palestinos.

El Estado de Chile, sin diferencias entre izquierdas y derechas, después de la dictadura dejó perfectamente en claro su oposición a las acciones de Israel en la ocupación de tierras que Naciones Unidas asignó a los palestinos en la partición de 1947.

Fiel a la política seguida por los gobiernos democráticos, el Estado chileno promueve el respeto por los acuerdos de la Organización de las Naciones Unidas y la solución pacífica de las controversias, siendo partidario de la mantención de la solución de los dos Estados –palestino e israelí– con autonomía y plenos derechos de reconocimiento internacional.

Repitiendo las preferencias de las épocas de la dictadura, Kast privilegia la alianza con Israel que, en esa época, era porque ese no otro fue el camino para la compra de armas por las Fuerzas Armadas. ¿Cambiará el Estado de Chile su opción? Y no se trata, como me decía un amigo muy hincha de Trump, que haya que elegir entre Israel y los terroristas. Es elegir entre el respeto al derecho internacional o no, condenando desde luego toda forma de terrorismo.

Siempre, en todo caso, cabrá la posibilidad de discutir sobre el uso de la violencia, recordando las tantas veces que se alega legitimidad para ello, incluso para actos que hoy se podrían calificar de terroristas que alguna vez se han considerado legítimos, como fue el atentado frustrado en contra de Hitler; la invasión de un Estado extranjero para secuestrar al gobernante local; o la voladura de puentes en la lucha de algunos europeos contra la ocupación alemana entre 1939 y 1945; o poner bombas en iglesias de cualquier religión; o disparar contra jóvenes universitarios o escolares en sus establecimientos invocando razones religiosas o de cualquier otro tipo.

Yo no soy partidario de ninguna forma de violencia y aspiro a que algún día la humanidad pueda eliminar las armas.

[Crónica] Castigo a los viejos

Con sentido de alarma, se insiste en que la pirámide de la población se está modificando, porque nacen menos niños y se muere menos gente. Esto último es producto de la vida más sana de muchos, de los avances de la medicina.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 3.3.2026

Se ha insistido, desde la estadística, que Chile es un país en el que cada vez hay más gente mayor, entendiendo por tales a las personas de más de 60 años.

Con sentido de alarma, se insiste en que la pirámide de la población se está modificando, porque nacen menos niños y se muere menos gente. Esto último es producto de la vida más sana de muchos, de los avances de la medicina.

Por eso, ya que los mayores llegan en excelentes condiciones a los 60 años, es que se propone en muchos círculos aumentar la edad para jubilar. Hoy las mujeres pueden jubilar desde los 60 años y los hombres a los 65, en un resabio de proteccionismo machista que debe terminar.

No entiendo la razón de la diferencia, si acaso todos somos iguales, pero, en fin, hoy es así. Ya se corregirá. (Las mujeres que tienen hijos «nacidos vivos» tienen un beneficio adicional para ir reduciendo el tiempo de edad laboral).

Es evidente que las personas llegamos a mayores edades en un estado mucho mejor que nuestros antecesores en la vida. Mi abuela a los 63 años, cuando enviudó, era una viejita de pelo blanco a la que había que acompañar.

Hoy, una mujer de 63 años, abuela y hasta bisabuela tal vez, es una mujer activa, capaz de trabajar con todas sus capacidades intelectuales y físicas. No se trata de que hoy se viva más simplemente, sino que se vive en un estado mental adecuado para la vida social y laboral y en un estado físico que ya se lo quisieran muchos jóvenes.

Como un oxímoron clásico, mientras esta es la primera parte de la oración, en la segunda todo se contradice. Porque al mismo tiempo se establecen una serie de límites que resultan cada vez más absurdos.

Se ponen dificultades para el otorgamiento de las licencias de conducir: renovaciones cada tres años desde los 75 y una vez al año desde los 80, «si es que…».

Con los problemas y retrasos en el otorgamiento de esas licencias, podremos imaginarnos lo que sucederá, porque si hasta ahora había atochamientos increíblemente grandes, ahora al haber mayor frecuencia de solicitudes, las cosas serán aún peores.

Pero claro, un señor de 80 años cometió una infracción grave, así es que se hace necesario castigarlos a todos. En esta materia, una lectura estadística evidente nos permite sostener que los accidentes más graves los ocasionan personas jóvenes; que los que usan los vehículos a mayores velocidades son los más jóvenes; los que respetan menos las normas del tránsito, son los de menos edad.

No obstante, se decide castigar a los mayores de 75 y de 80.

Una odiosa discriminación negativa

Me ofrecieron la posibilidad de ser Notario suplente. Acepté encantado. No se pudo: porque tengo más de 75 años. Y estoy vigente intelectualmente y sigo sabiendo Derecho.

La presidenta de la Corte Suprema se queja de la formación actual de los abogados, sobre todo en el sentido ético, pero también en sus conocimientos: ¿a esos abogados hay que confiarles la fe pública? Nuevamente se privilegia a los jóvenes antes que a los mayores.

Pero no es sólo una preferencia, es una prohibición para los mayores.

La guinda de la torta: la Ley 21.724, en su artículo 90, dispone que las personas que tengan 75 años o más, el 1 de enero de 2027 cesarán en sus cargos públicos (probablemente hay excepciones).

Es decir, por el solo ministerio de la ley, esas personas quedarán fuera de la administración pública, sin que nadie se pregunte respecto del trabajo que desempeñan, de cómo lo hacen, de si su experiencia puede ser valiosa en la función que cumplen, si acaso necesita de esos recursos para vivir.

De un golpe (de un manotazo) pasaremos a generar una situación incomprensible: que en un país que tiene cada vez más personas mayores en edad útil, en condiciones de trabajar, se generará una cesantía por edad.

Lo más increíble es que se hace mucho hincapié en cuanto a que en Chile no hay discriminación de las personas por la edad. ¿Y esto qué es? Porque cuando alguien postula a un trabajo, no está obligado a poner su edad y, más aún, nadie puede preguntársela…

Pero en el Estado, en la Administración Pública, sí le preguntarán la edad y lo discriminarán por ella. Y esto se aplicará en las universidades también, donde los mayores pueden aportar muchísimo.

Un sector político criticó con escándalo por la juventud del Presidente de la República y de muchos de los funcionarios de su confianza.

Ese mismo sector, ahora en el poder, nombra gente muy joven en ese mismo tipo de cargos. ¿Es ésta la señal? ¿Sólo jóvenes para el Estado? ¿Los demás deben retirarse? ¿O a esos mayores los acogerá el mundo privado?

Preguntaban en un medio de comunicación si la gente se sentía discriminada por su edad. Digamos clarito: sí, una odiosa discriminación negativa y ninguna positiva, salvo el pasaje del Metro en Santiago.

Así se educa a las nuevas generaciones. Por eso entiendo que, siendo tan despreciados, los niños y jóvenes ni siquiera ofrezcan a sus mayores el asiento en la movilización colectiva y el Metro.

Tal vez lo que ahora venga, es que se nos prohíba usar esos medios porque es riesgoso para los «abuelitos», como nos nombran los locutores de la televisión.

Hay mañanas en que dan ganas de hacer un estallido de adultos mayores.

UN POCO DE LO QUE VIENE

 

Jaime Hales

Este cambio de gobierno nos mostrará un proyecto diferente a lo que se ha visto en los años precedentes. Un gobernante, que contará con buen respaldo parlamentario, cuyos valores e ideas de acercan a los que  estuvieron presentes en el gobierno que encabezó Pinochet. Mi preocupación es que se énfasis esté puesto, como lo hacen algunos de sus mentores, más en los temores a enemigos perpetuos que en la necesidad de avanzar en la democracia.

 

El peso de EL MERCURIO

Sin ninguna duda, El Mercurio es el diario impreso más importante del país y parte de una cadena periodística que cubre prácticamente todo el territorio nacional. Pero los diarios locales no logran quitar la importancia del periódico santiaguino, que se sigue vendiendo – mucho menos por cierto – a lo largo de Chile. Complementa su presencia con la versión digital del diario, con EMOL y sus otras intervenciones digitales mediante podcasts. Todo esto garantiza que es la empresa periodística más influyente en materia política y económica.

Hace 60 años en Chile toda la prensa y la radiotelefonía (comenzando ya a añadirse la televisión) seguía la pauta que fijaba una agencia de noticias de Estados Unidos llamada AP (Associated Press). Después del golpe de Estado la cosa fue rápidamente variando hacia la creciente importancia de El Mercurio (no se puede olvidar la significativa acción de Agustín Edwards con sus amigos Kissinger y Nixon para la caída de Allende), tanto así que desde entonces ese periódico ha sido quien pautea a los otros medios. Es verdad y no se puede desconocer, que la televisión a veces, con ciertas entrevistas o titulares intencionados, interviene la pauta y algunos medios digitales, como por ejemplo CIPER, logran poner temas de escándalos en la palestra pública. La Tercera intentó competir con El Mercurio en lo importante, pues antes competía con los diarios sensacionalistas y no era parte de la llamada “prensa seria”. Pero, la guerra, aunque duró más de lo pronosticado, terminó con la minimización del periódico principal de COPESA a ediciones de fin de semana y una cierta presencia de columnistas – a quienes no les paga, como sucede en la mayoría de los medios – que tienen alguna figuración política.

 

Los temas de la pauta

Pero nada de eso amaga al El Mercurio, que permanece en su relevancia, poniendo los temas y asignando importancia a los debates internos en el país.

Me llama la atención – aunque tal vez justamente por lo dicho no debiera – el hecho de que casi todos los días ocupa algún espacio en su cuerpo C, en las cartas al Director e incluso en el cuerpo A, además por cierto de los reportajes dominicales, como tema de gran importancia el Partido Comunista. Si El Mercurio no hubiese insuflado aires adicionales, Jadue quizás ni siquiera hubiese sido reelegido una vez en Recoleta, pues, como se recordará resultó elegido no por ser comunista sino por ser el candidato al que la Concertación le “regaló un cupo” en esa comuna, como también le regaló un cupo de diputado a Guillermo Teillier a coste de la Democracia Cristiana.

Otra privilegiada acción de El Mercurio ha sido el empeño por minimizar a la Democracia Cristiana, dando una importancia desmesurada a los que se han ido del partido y azuzando a los grupos que quieren inclinar a esa colectividad hacia las posiciones de derecha.

 

Guía de la derecha

En todo esto, El Mercurio ha sido exitoso. Y esto, porque con un periodismo experimentado y bien conducido, cumple sus metas de, más que ser vocero de la derecha, guiar a esa tendencia y a sus partidos a mantenerse alerta en la prosecución de sus fines. El proyecto ideológico de la derecha se mueve entre el neoconservadurismo valórico (hasta en las modas de vestuario quiere intervenir) y el neoliberalismo económico, impulsado desde los Estados Unidos.

Para el triunfo de Kast influyeron muchos factores, pero sin duda uno muy relevante fue el anticomunismo. Otro significativo aporte a ese resultado fue que muchos demócrata cristianos y una enorme cantidad de “dirigentes” concertacionistas hayan inclinado su apoyo al candidato de la derecha (ultra derecha si se quiere decir, para no mantener esa calificación hacia la UDI) e incluso el nuevo gobierno contará con un gabinete “variopinto” con presencia de figuras destacadas del gobierno de Bachelet. Eso nos muestra, entre otras cosas, que las ambiciones de poder, de querer estar en la palestra, de no perder oportunidad de conseguir visibilidad mediática, pueden llevar a algunas personas a aceptar predicamentos políticos de los cuales algunas vez discreparon radicalmente.

 

El fantasma del comunismo

Kast justificará su gobierno a partir de los argumentos que ligan a los comunistas y a otros grupos de la izquierda actualmente asociada a ellos, con todo lo que pueden ser errores del actual gobierno que termina su período, como parte de una intención orientada a establecer un modelo de inspiración marxista en Chile. Los comunistas, una minoría en el país, que elige pocos diputados y senadores, que salva apenas los mínimos estimados para su existencia legal, adquiere una dimensión enorme como un fantasma en la mente de quienes dirigen la economía, la política, la educación, aspectos relevantes de la vida cultural, las universidades en su gran mayoría, los medios de comunicación salvo algunas excepciones.

Vale la pena hacer una alusión directa – a propósito de las relaciones de José Antonio Kast y sus equipos más cercanos con quienes estuvieron trabajando en la dictadura (muchos de los cuales están procesados o condenados por violaciones a los derechos humanos) –a los informes de salud mental de los presos de Punta Peuco elaborados por el neurólogo Hugo Lara Silva, líder del Movimiento Nacional Socialista Obrero.

En el caso de Raúl Iturriaga Neumann, citado in extenso por un medio de Internet, el perito Lara concluye que no hay discapacidad mental desde el punto de vista neurológico, pero que el imputado – después fue condenado a 515 años de cárcel por numerosos delitos – es esencialmente una víctima: “Un adulto mayor de 87 años, (…) que no representa ningún peligro para la sociedad ni para la izquierda, (…) ahora no es un soldado, es un anciano exsoldado, siendo la condena actual clara venganza”. “No es un delincuente, es un ex soldado de la patria (…) que cumplió (…) dentro del contexto de su trabajo como militar especializado y en periodo de guerra irregular (propia del marxismo internacional), en base a un claro quiebre del estado de derecho por el gobierno marxista de Salvador Allende.” A eso, el médico nacional socialista agrega: “¿Es que los Militares y Carabineros que salvaron a Chile de un asalto marxista al poder a través de un flagrante atropello a la constitución y que evitaron una Guerra Civil, son objetos de Odio y Venganza y los Rojos asesinos de Militares y Carabineros son merecedores de Indultos y Beneficios por estos 8 gobiernos incluido el de ‘PIÑERA y BORIC’? (sic). Y luego alude a los crímenes sucedidos en ex URSS, China, Cuba, Camboya, Corea del Norte, Viet-Nam, Checoslovaquia, Hungría.” Lara agrega que hizo su informe “sin odiosidades de ninguna especie, sin odiosidades de venganza marxista, que pericia no a un delincuente con discapacidad médica leve a moderada sino a un Mayor General (r) que actuó en tiempos especiales de Guerra Irregular contra el Marxismo Internacional por orden del legítimo Gobierno de la República, que restableció el Estado de Derecho”.

 

La coalición militar del nuevo tiempo

Éste es el tema, que, por otra parte pone de relieve Trump desde los Estados Unidos: la guerra es contra el marxismo, pero ya no es una guerra fría, es armada. Para eso revive de cierta manera el TIAR de 1948, tratado que promueve la coalición de las fuerzas del continente contra los enemigos externos e internos que promueven la insurrección frente al sistema. Hoy Estados Unidos intenta identificar una relación entre los gobiernos izquierdistas de cualquier lugar del mundo, pero sobre todo de América Latina, con tres peligros: el terrorismo inspirado en el marxismo y en el Islam; el desarrollo de potencial nuclear; el narcotráfico.

Para eso hay que mantener vivo “el peligro comunista” y destruir a quienes ellos creen débiles frente a eso. Y en esto, los comunicadores juegan un rol relevante. En el caso chileno, hay que derechizar o destruir a la Democracia Cristiana; es necesario convertir a los izquierdistas en delincuentes; hay que revivir los predicamentos del Pinochetismo en la dictadura, sin DINA, pero con el desarrollo de otras formas de control y represión que aíslen a los opositores, vinculándolos siempre con la delincuencia.

 

Los limites éticos

Si no se está con quienes gobiernan, se apoya el terrorismo y la delincuencia”, es la frase que he leído y escuchado e incluso se me ha dicho por personas que han leído mis columnas. O Kast y sus planes, o la ruina. O se apoya que el nuevo gobierno no tenga más límites “que la moral personal de Trump”, como lo dijo el gobernante de Estados Unidos o se expondrá el ciudadano, la ciudadana, a ser tratado como colaborador del terrorismo.

Veo la foto de los jefes de Estado y de Gobierno, a los que se añadió a Kast, todos sonrientes en el resort de Trump, mientras se vierten estos discursos. Todos ellos adhieren a estos predicamentos para salvar “nuestro hemisferio” y el que no quiera se expondrá a sanciones. ¿Sánchez y España? ¿Macron y Francia? ¿Meloni e Italia? ¿Los palestinos arrasados por el gobierno sionista? ¿Los chilenos que no estamos de acuerdo con estas medidas que se insinúan?

¿Qué pasará con la política internacional de Chile? ¿Qué pasará con un país que aprendió a valorar los derechos de las personas y ahora estarán supeditados a esta nueva alianza?

Más preguntas podemos hacernos, pero la más importante es – en el entendido que Trump no ha mentido – si acaso Kast, por haber rogado apoyo para ganar, deberá someterse al gobernante que se cree con todos los derechos para dominar el mundo.

 

 

[Crónica] Tiempo para escuchar

Los líderes políticos deben hacer siempre un esfuerzo por ir más allá de las rencillas. Es lo que ha sucedido en Chile siempre. Incluso en tiempos de dictadura, los dirigentes opositores estábamos dispuestos a conversar para avanzar hacia la democracia. No dejábamos de ser duros en nuestras críticas, pero siempre llanos a oír sin renunciar a los planteamientos de fondo.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 26.2.2026

En estos tiempos, los hechos políticos tienen una dinámica que no se compadece con la prudencia. Desde el 2010 los gobernantes han sido elegidos por la oposición al gobierno en ejercicio, situación que algunos llaman «el péndulo».

Pero a partir de 2022 las cosas se extremaron, pues fue elegido Gabriel Boric militante de uno de los partidos de la entonces agrupación llamada Frente Amplio y que devino en partido político.

Quienes ganaron, dando vuelta el resultado inicial (Kast primero, Boric segundo), lo hacían con el apoyo de mucha gente que no quería que un candidato de posiciones de la derecha más extrema (a la derecha de la UDI) fuera elegido presidente.

Por eso ganó Boric, aunque muchos de los que «in extremis» votamos por él, no lo sentíamos como nuestro candidato, sino que era una especie de mal menor.

Las encuestas dejaron eso en claro desde el primer día, porque quienes figuraban como apoyo del gobierno nunca superaron la votación obtenida en primera vuelta por Boric, más Artés, más Enríquez, más los socialistas que no votaron por Provoste.

Y así fue en todo el gobierno, llegando a momentos críticos en los que sólo sus compañeros del Frente Amplio le daban el apoyo. Nunca, en todo caso, tuvo este gobierno tan poco apoyo como Piñera en sus momentos más difíciles, donde no llegaba al 10 %. Después se recuperó.

El acceso al poder del Frente Amplio, con el apoyo de los comunistas, los socialistas, el PPD, los radicales y otros grupos menores, venía premunido del discurso de esos jóvenes dirigentes universitarios que pretendían ser una renovación de la política, haciendo gala de un discurso de tipo moralista, en el sentido de poner fin a lo que calificaban gobiernos corruptos.

Con todo, esa especie de discurso de prepotencia ética terminó jugando malas pasadas a quienes cayeron en iguales o peores prácticas que sus antecesores, lo que se vio exacerbado por el tono de improvisación que se notó en muchas de las primeras medidas.

Problemas de lenguaje

Después del plebiscito constitucional de 2022, Boric tuvo una reacción positiva y su discurso se hizo más amigable con la oposición, más relativista respecto de las consignas absolutas que exhibía antes. Pero esa nueva mirada no encontró correspondencia en el resto del gobierno que, siempre con la idea de la superioridad moral, miraban de soslayo todas las posiciones contrarias.

Muchas de las eximentes invocadas por los gobiernistas por los errores y la ya dicha improvisación, decían relación con la juventud de los gobernantes. Eso, en estricta verdad, no habido así, ya que siempre ha habido jóvenes en la política chilena.

Hubo presidentes de menos de 50 años (Gabriel González) o muy poco más (Arturo Alessandri y Eduardo Frei Montalva ambos a los 52). Muchos ministros lo fueron antes de los 30 años. En varios gobiernos del siglo XX hubo jóvenes a cargo de tareas importantes y larga sería la lista como para dar nombres.

Una periodista le pregunta a Boric si considera un fracaso entregar el gobierno a quien está en las antípodas. Él responde que no lo ve así, sino que siente que es un éxito de la democracia que siga habiendo traspasos democráticos en los que el pueblo se manifiesta con mucha libertad.

Pero estrictamente mucha gente tenía claro que este gobierno no lograría entregar el mando a uno de los suyos, sobre todo cuando Kast recibió apoyos directos o indirectos de personas que estaban ligadas a mundos que ayer fueron de izquierda o concertacionistas. En el gabinete que asumirá eso queda en evidencia total.

El traspaso de mando estaba siendo relativamente amable, pese a la dureza de las críticas que Kast pronunciaba en contra de Boric y su gobierno. La amabilidad terminó el 3 de marzo, cuando Kast se retira de La Moneda dando por terminadas las reuniones programadas, acusando falta de trasparencia y de voluntad.

Si uno u otro decía la verdad, si acaso hubo —como dijo Kast— problemas de lenguaje, si acaso el gobierno no entregaba toda la información que los otros creían que debían recibir, en fin, en cualquiera de esos eventos y quizás todos ellos, lo que no parece adecuado para el país, para los ciudadanos, para la República, es que un diálogo iniciado se termine en forma abrupta.

Los líderes democráticos deben hacer siempre un esfuerzo por ir más allá de las rencillas. Es lo que ha sucedido en Chile siempre. Incluso en tiempos de dictadura, los dirigentes políticos opositores estábamos dispuestos a conversar para avanzar hacia la democracia. No dejábamos de ser duros en nuestras críticas, pero siempre llanos a escuchar sin renunciar a los planteamientos de fondo.

Hubo momentos difíciles, estuvimos privados de libertad, pero jamás renunciamos a la posibilidad de una salida pactada. Que el pacto haya ido más allá de lo razonable, podemos discutirlo y criticarlo, pero era necesario conversar. Incluso, para eliminar algunas normas de la Constitución impuesta por Pinochet que afectaban severamente la democracia, hubo que aceptar ir a un plebiscito en 1989 en el cual más del 90 % de los chilenos votó a favor.

Boric y Kast deben volver a reunirse, deben deponer discusiones menores para exhibir la voluntad de que prime en Chile la democracia. Creerse dueño de la verdad, rechazar rotundamente lo que el otro pueda hacer o no, en definitiva muestra más soberbia que solidez. Se puede ser sólido, conversando hasta el extremo. Y si al final no hay acuerdo, simplemente cada uno seguirá su camino.

Pero la negativa a conversar deja en deuda a los líderes. Ellos deben mostrar ante el país una disposición a respetar al adversario y a hacer todo lo posible porque le traspaso de mando se haga con tranquilidad.

Más que seguir acusando, al pueblo de Chile le conviene que las cosas se vayan haciendo con calma, que haya prudencia y respeto. Los líderes no pueden reaccionar tan livianamente o funcionar a la velocidad de internet. Hay que darse tiempo. Tiempo para escuchar. Tiempo para decir. Tiempo para reaccionar. Tiempo para mostrarse respetuosos de todos, sobre todo de sí mismos.

Chile merece más.

Confío en que antes que este comentario se difunda, alguno de ellos reaccione y llame al otro a sentarse a la mesa.
Los líderes nos deben eso.

Buscando caminos distintos: ¡No más violencia!

El objetivo principal de Estados Unidos es el dominio unilateral del mundo. Para justificarlo, alienta el terrorismo cuando dice querer aplacarlo y desarrolla medidas que no le pondrán fin. Hemos visto en más de un caso los dobles juegos de los agentes estadounidenses (CIA) de los que dan cuenta numerosos documentos. Con el regreso de Trump al poder, la alianza con Israel se ha fortalecido: el camino es incendiar la región, para que el Estado de Israel se pueda expandir territorialmente y también en sus influencias económicas y políticas.

Las dictaduras

Las monarquías absolutas, aunque a veces tengan parlamentos elegidos con sistemas de democracias restringidas o acotadas a las ideologías del monarca, son, es estricto rigor, dictaduras. El Sha de Persia (Irán), Saddam Hussein en Irak, padre e hijo Assad en Siria, los militares de Egipto, los reyes de Arabia y los emires de los pequeños territorios petroleros, son todos dictadores.

Y como pasa casi siempre, a las dictaduras que caen mediante actos de revuelta, guerra civil o sublevaciones similares, les siguen nuevas dictaduras: son los casos de Rusia a la caída de los zares, de Alemania a la caída del Kaiser, de Cuba, de Nicaragua y, por supuesto de Persia (Irán).

En este último país se instaló un sistema teocrático dirigido por religiosos, lo que hace que la ideología además tenga pocas probabilidades de discusión al estar inspirada por una interpretación de la palabra divina. Si los gobernantes son, además de poderosos política, militar y económicamente, los portavoces de una divinidad, entonces el pueblo quedará sometido a una tremenda dictadura aunque pueda tener elecciones para ciertas cosas. Porque en definitiva la última palabra la tienen esos sacerdotes-líderes que se alzan por sobre toda estructura institucional.

El caso de América: intervención de Estados Unidos

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Hubo un momento en que en América tuvimos muchísimas dictaduras y los pueblos intentamos luchar pacíficamente en contra de ellas. Fueron cayendo de a una: la mayor parte de las situaciones sin que mediaran actos de violencia extrema.

En Argentina, los militares perdieron la guerra con Gran Bretaña y cayeron por su propio peso; Uruguay, Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, vivieron procesos de acceso democrático (plebiscitos, por ejemplo), pero los modelos construidos en general han constituido sistemas de democracias semi soberanas (protegidas, les dicen unos; restringidas, otros) que no han logrado dar un curso progresivo a la organización de una sociedad en la que las necesidades urgentes y las de carácter más profundo y permanente para el desarrollo de las personas, hayan comenzado a resolverse en forma armónica.

En el proceso de instalación de las dictaduras en América Latina intervino directamente Estados Unidos, tal como lo ha hecho en distintos lugares del mundo, dando respaldo a dictadores o derrocando a unos para poner a otros. Y eso es lo que ha hecho siempre.

También lo hizo a la inversa, como cuando presionó a los políticos que se oponían a las dictaduras para que aceptaran modelos de democracias a medias (caso chileno, sin ir más lejos) como una forma de mejorar sus cartas credenciales ante un mundo que se desarticulaba después de la guerra fría.

El colonialismo se proyecta

La época colonial, que comenzó a terminar con la entrega de los países invadidos por países de Europa a las elites locales en distintos continentes –salvo en el caso de Palestina donde se dividió el país para entregar al movimiento sionista la mayor parte del territorio–, no significó grandes cambios para los pueblos, que han seguido sometidos al sistema económico y social de las potencias, bajo un cierto predominio cultural extranjero.

En la medida que existen recursos naturales que explotar, las grandes potencias intervienen todo lo posible. Cuando ya no pueden hacerlo con el descaro que significa su presencia militar en suelo ajeno, lo hacen mediante la corrupción de esas elites que ellas mismas sostienen y de la intervención cultural, valórica, tecnológica y económica sin límite ni pudor alguno.

No están dispuestas a aceptar distanciamientos efectivos de los gobiernos de países que han decidido controlar (nuevamente podemos mencionar a Estados Unidos en relación con el caso de Chile y agregar Brasil).

Ya una señal de alarma fue la oposición del gobierno chileno a la invasión a Irak en Naciones Unidas, en la presidencia de Ricardo Lagos y Soledad Alvear como Canciller. Pero como igual invadió, haciendo caso omiso a la ONU, no pasó nada. Sin embargo a Estados Unidos le ha resultado difícil tolerar que este pequeño país del sur muestre actitudes contrarias a su aliado estratégico principal (Israel) en la política expansionista.

Se fortalece la alianza

Con el regreso de Trump al poder, la alianza con Israel y las otras grandes potencias se ha fortalecido. El camino es incendiar la región, para que el Estado de Israel se pueda expandir territorialmente y también en sus influencias económicas y políticas, hasta lograr el control estratégico de la región entera, desde el Mediterráneo hasta la India.

A Estados Unidos le toca presionar a América Latina para sacar todo intervencionismo que ellos consideran ajeno a la región (fue antes la Unión Soviética, ahora es China) y, si es necesario, hacer intervenciones directas como la que está en ejecución en Venezuela y se prepara sobre Cuba y Nicaragua. Israel incendia el llamado Medio Oriente. Y se mueven los peones.

¿Por qué Pakistán, una potencia nuclear que está en conflictos permanentes con la India, resuelve ahora atacar a Afganistán? Claramente es una maniobra de distracción, digitada desde Washington (¿O Langley?) para que los ataques de la alianza USA-Israel puedan actuar impunemente.

¿Terminar con el terrorismo?

El argumento es terminar con el terrorismo. ¿Todavía no entiende Estados Unidos que mientras más violencia de ese tipo aplique, más provoca resistencias que terminan en actos de terrorismo? En lugar de buscar entendimientos y alianzas que favorezcan no sólo a sus intereses sino también a los demás pueblos, sigue aplicando la estrategia del gran garrote, imponiéndose por la fuerza y la destrucción. Ya lo dije en otro artículo: el matón de barrio.

Pueden ser derrocados los gobernantes de Irán, pero no se calmarán las iras de un pueblo que tendrá otros tiranos y seguirán viendo postergadas sus aspiraciones, la satisfacción de sus necesidades, la construcción de una forma diferente de vivir sustentada en la justicia, la armonía, la solidaridad, la libertad (no sólo económica).

El terrorismo es la reacción de grupos y de personas que terminan perdiendo el miedo y el respeto por la vida propia y de los otros. Lo que buscan es golpear a quien consideran su agresor con mucha dureza, sin comprender, tampoco, que ése no es el camino para la construcción de una sociedad justa.

Es el juego de la desesperación, de la ira que se expresa luego de haber sido contenida. ¿No era terrorismo lo que hacían los franceses en su lucha contra el invasor alemán al destruir puentes, poner bombas, atacar de noche lugares donde podía haber población civil? Porque ese pueblo vivía en la desesperación.

La violencia como estrategia política

La invasión de Irán ahora, la de Cuba mañana, la de otros territorios del mundo que Estados Unidos, sus aliados sionistas y los grandes poderes económicos del mundo quieren asegurar a su servicio, no hace más que desatar iras y aumentar la impotencia de pueblos enteros que buscan mejores expectativas.

La experiencia de Vietnam parece no haberle servido de nada. La intromisión en Afganistán no fue lección suficiente.

Invasiones y corrupción son dos formas de violencia política que los grandes usan para someter a países enteros a sus deseos e intereses. Lo que importa es que sus aliados locales, en cada territorio, puedan moverse con tranquilidad e imponer sus términos en cada situación de conflicto o tensión. El espectáculo que da Perú con la continua destitución de gobernantes deja en evidencia que el país puede moverse con estos agentes económicos sometiendo a los gobernantes que, si no acatan sus disposiciones, caerán como palitroques.

El objetivo principal de Estados Unidos es el dominio unilateral del mundo. Para justificarlo, alienta el terrorismo cuando dice querer aplacarlo y desarrolla medidas que no le pondrán fin.

Hemos visto en más de un caso los dobles juegos de los agentes estadounidenses (CIA) de los que dan cuenta numerosos documentos. Desde venderle armas al enemigo, organizar la Base (Al Qaeda) en Medio Oriente, poner agentes que hacen juegos dobles, organizar formas de violencia para justificar medidas represivas, hasta legislar de modo que baste la sospecha para detener sin juicio e indefinidamente a personas en cárceles secretas (tipo Guantánamo) en distintas ciudades del mundo.

Un camino diferente

Observo sin embargo algunos aspectos que me parecen interesantes. Mientras la mayoría de los gobiernos de las potencias europeas bailan al son de la música de Trump, en los distintos grupos sociales empiezan manifestaciones cada vez más grandes en contra de toda esta ola de violencia.

Actores –famosos y no tanto–, artistas, intelectuales –incluso israelitas–, jóvenes organizados o no, van levantando voces en favor de los derechos del pueblo palestino, del término de los bloqueos económicos, en contra de la corrupción y formas de violencia directa o encubierta.

En distintas latitudes se alzan voces para decir que no queremos más guerra ni ninguna forma de violencia. La lucha contra el terrorismo y la delincuencia se hace creando redes sociales de personas en las que se pueda confiar, de gente solidaria, responsable, libre, que no tiene miedo y valora la vida. O que tiene miedo, pero como valora la vida, es capaz de superarlo y actuar.

No más guerras, no más dictaduras, no más terrorismo, no más violencia.

¿Puede ser una mirada ingenua? Puede ser. Pero es sobre todo un compromiso personal que me mueve, como me movió durante la dictadura chilena, a creer que es posible poner frenos a la violencia desde la “no violencia activa”.

EL AÑO COMIENZA EN MARZO

Desde el punto de vista astrológico, cada año comienza
el 21 de marzo, que es el primer día de otoño en nues-
tro hemisferio sur. Desde las costumbres chilenas, el
año comienza con marzo. Cuando hablamos en enero de los pla-
nes anuales, nos decimos: “en marzo conversamos”. Por si fuera
poco, la Constitución de Pinochet estableció que el 11 de marzo
asume el nuevo gobierno, como una manera de conmemorar el
día en que los otros miembros de la Junta de Gobierno renuncia-
ron a la prometida “presidencia rotativa” dándole a Augusto José
Ramón Pinochet el título de Jefe de Estado con el que ejercería
la Presidencia de la República. Hasta hace unos años existía el
“feriado judicial” de febrero, que cada vez fue menos tal, pro-
ducto no sólo del intenso trabajo de los tribunales del crimen,
sino del hecho que el país fue creciendo y ese feriado comenzó
a carecer de sentido y prudencia. Aunque muchas cosas han ido
cambiando, seguimos dejando las cosas “para marzo”, mes que
marca el límite del pago de las patentes de los vehículos, se ini-
cian las clases de colegios y universidades, el tiempo legislativo.
También están las celebraciones del 8 de marzo – día de la mujer
– y la conmemoración de los días 28 y 29 por los asesinatos en
tiempos de dictadura que no podemos olvidar.
Para mí en lo personal se me juntan celebraciones: el 1 de
marzo, cumple años mi pareja, al mismo tiempo que se vive la
ceremonia de “Inicio del año judicial”, este año y por primera vez
en la historia, presidido por una mujer. El 10 le toca a mi nieta
mayor, el 16 al gran escritor y amigo Walter Garib, el 21 me toca a
mí, el 24 a mi hijo mayor y el 28, casi terminando el mes, a mi úni-
co nieto hombre y a un ahijado. En febrero cumplieron años dos
ahijados y el mismo día en que cumplía mi madre, es la celebra-
ción de mi nieta menor: así termina el año y se da paso a marzo.
Para los chilenos, este año 2026, marzo nos trae un nuevo
gobierno, con un país que se divide entre los esperanzados en
que sus problemas se resolverán en los primeros 90 días (o con
mucha velocidad) y los que miramos con prudencia el desarro-
llo de los acontecimientos. El futuro ministro de las Culturas y el
Patrimonio nos ha dicho que debemos juzgarlo por sus conduc-
tas y no por sus antecedentes. Buen punto. Esperemos entonces
que así sea y podamos aplicar eso a todo el gobierno.
Yo soy de los que se sitúan siempre, en todos los gobiernos
que el pueblo elige, con una idea de respeto por la decisión

mocrática. No me gusta cuando se descalifica al pueblo porque
vota en un sentido contrario del que a cada uno prefiere. Si Kast
sacó cerca del 60% se está reflejando una intensidad de espe-
ranza que será para él una exigencia permanente. ¿Podrá, como
ha prometido, arreglar todos los problemas en cuatro años? Por
cierto que no, pero Chile entero estará atento a cada paso que dé.
Por supuesto que quienes no votamos por él miramos con
ciertas dudas su discurso, especialmente por su trayectoria po-
lítica, por las palabras, por el tono que usa para referirse a sus
rivales y por los nombramientos que ha hecho.
Pero, veamos que pasa en marzo, cuando el agobio econó-
mico se nos deje caer encima –como sucede anualmente – y
los nuevos proyectos se pongan en marcha. Por lo pronto este
período terminará con la estatua del General Baquedano en la
plaza que lleva su nombre, compartiendo espacios con Gabriela
Mistral (ni se nos ocurra pensar en una plaza de los poetas, como
he propuesto, donde quepan Neruda, Nicomedes Guzmán, De
Rokha, Nicanor y Violeta Parra, Gonzalo Rojas y tantos otros
hombres y mujeres).
Llegamos al final de un período que ha sido difícil, pero que,
más allá de errores de juicio o ejecución, se termina con índices
mejores. Es un respiro.
Miro el futuro en mediano plazo con expectativas. Creo que
más allá de las decisiones de un gobierno o del Congreso Nacio-
nal, el país se está adecuado a tener miradas diversas que nos
irán llevando, cada marzo, cada año, cada día quizás, a tener acti-
tudes de mayor respeto y tolerancia, donde la mera voluntad de
los gobernantes deberá encontrarse siempre con su límite que
es la decisión del pueblo.
Debemos pensar en los futuros “marzos”, cuando Chile vaya
fortaleciendo su columna vertebral y camine en una dirección
que, más allá de las diferencias circunstanciales y muchas veces
de tonos odiosos, nos lleve a ser una sociedad en la cual la solida-
ridad, la justicia social y la libertad real de las personas supere las
barreras de las censuras, los prejuicios, las ideologías excluyentes.
Comienza marzo. Hay mucho que hacer. Todos tenemos ta-
reas. La mía, por lo pronto, es seguir publicando mis poemas,
mis novelas y mis textos holísticos. Seguir amando, seguir ce-
lebrando la vida y queriendo incluso, a los que discrepan tanto
conmigo.

[Crónica] Libertad, censura y Estado

Me parece que es menos grave financiar con recursos públicos un festival de cine o arte pornográfico, que mantener con dineros fiscales estructuras del tipo de lo que fueron la DINA, la DICOMCAR, la CNI, o el Comando Conjunto.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 19.2.2026

Se desató hace unas semanas una discusión áspera en relación con el proyecto de un festival de cine pornográfico que obtuvo un aporte del Estado a través de los fondos concursables de cultura.

La ministra señora Arredondo dijo categóricamente a quienes centraban su crítica en una visión ideológica del gobierno, que en la decisión de asignar fondos a determinados proyectos las autoridades políticas no tenían ninguna intervención.

Con eso hubiese bastado, pero sabemos que no es así, porque hay quienes insisten en culpar al gobierno de lo que es responsable y de lo que no es responsable.

He sido muchas veces jurado en el área de la literatura, bajo gobiernos de distinto signo. Lo fui recién, una vez más, no siendo parte de los grupos políticos que apoyan a Boric. Nunca, de parte de ninguna autoridad y de ningún funcionario, he recibido otra instrucción que las pautas y normas que están escritas y pueden ser conocidas por todos.

No hay visión ideológica ni instrucciones de censurar nada. Por el contrario, se nos pide que abramos nuestras miradas para ir más allá de nuestras propias maneras de pensar, poniendo énfasis en los factores más objetivos posibles para definir el puntaje que pondremos a cada proyecto.

Partiendo de la base que la objetividad absoluta no existe, la ley establece jurados plurales, de modo que las inevitables visiones subjetivas encuentren puntos de concordia en la definición de los puntajes.

A mí no me gusta la pornografía, pero sí el trabajo del erotismo en literatura, en el cine, en la pintura y las demás artes visuales, incluso en la música.

Hay quienes, a partir de las exageraciones habituales de las miradas más restrictivas o censuradoras, confunden el erotismo del arte con la pornografía, en un error garrafal y casi imperdonable.

Pero en este caso el festival que se propuso es propiamente de pornografía. Los que lo critican, ¿conocen el contenido del proyecto? ¿Alguien ha intentado ver de qué exactamente se trata la muestra? ¿Quiénes serán los espectadores de este festival?

¿Qué tipo de pornografía? ¿Con pedófilos, con menores de edad, con expresiones que ofendan a determinadas personas por su raza, su religión o su preferencia sexual?

Los derechos de personas que pensaban distinto

Viene la pregunta: ¿tiene derecho el Estado a establecer censuras? Si, lo tiene, cuando ella está fundada en la protección de los derechos de las personas y en el cumplimiento de las leyes. Si acaso lo que se promueve es la comisión de delitos, la libertad de creación puede ser limitada en su ejercicio.

Si acaso el festival pretendiera tener como público a menores de edad o promoviera conductas violatorias de los derechos de las personas, podría cuestionarse. La norma general es que el Estado, salvo los dos casos señalados (promoción de delitos y afectación de los derechos ciudadanos) no tiene derecho a censurar.

Esa es la esencia de la libertad.

¿Quiénes alzan la voz en contra de esto? Curiosamente son aquellos que han usado la palabra libertad en todos sus discursos, en el nombre de sus institutos de estudio, de sus partidos políticos.

Ellos, con su duro reclamo esperaban probablemente que el Estado, a través de las autoridades del gobierno, pudiera intervenir en el trabajo de los jurados para imponer un determinado sesgo ideológico.

Si somos partidarios de la libertad, ello no puede limitarse a ciertas libertades económicas o a elegir la persona con la que alguien se puede casar.

Incluso, digo «ciertas» libertades económicas, porque si el socio es un chino o un persa, el inversionista puede quedar sujeto a restricciones impuestas incluso por autoridades extranjeras. Como ha pasado en Panamá con los puertos administrados por empresas chinas o se quiere hacer en Chile con el tema del cable submarino de comunicaciones.

La libertad en su más amplio sentido sólo puede ser restringida en circunstancias muy específicas. Está claro que a muchos «libertarios» no le gustan las libertades de los que piensan distinto, pero a ninguno de ellos se le escuchó nunca protestar porque el Estado destinara recursos asignados presupuestariamente al «área de gasto social», a la formación de grupos armados que, sin obligación de rendir cuentas detenían (sin tener facultades para ello), torturaban (lo que estaba prohibido incluso en las leyes de la dictadura), dieran muerte a personas e hicieran desaparecer sus cuerpos mediante fórmulas de sepultamientos ilegales.

A mí me parece, aunque ninguna de las dos conductas me gusta, que es menos grave financiar un festival de cine o arte pornográfico, que mantener estructuras del tipo de lo que fueron la DINA, la DICOMCAR, la CNI, o el Comando Conjunto.

Soy partidario de la libertad de creación, de prensa, de pensamiento, de difusión.

En efecto, si a la cultura, al desarrollo de las artes, al apoyo editorial a los poetas, a la promoción de los artistas nacionales se destinasen fondos equivalentes —no el 10 % como fue desde la dictadura y por muchos años a las Fuerzas Armadas—, sino el 5 % de los fondos recaudados por el cobre chileno, nuestro país viviría otra realidad.

He luchado por la libertad y contra las censuras. Una vez, siendo jurado en un concurso de la Municipalidad de Santiago, quisieron imponerme a los ganadores. Por supuesto no lo acepté y nunca más me llamaron para ser jurado en esa competencia.

Arriesgué mi vida por la libertad y los derechos de personas que pensaban distinto de mí.

Quisiera ver algo parecido en los que usan a destajo la palabra libertad en sus discursos. Sólo como botón de muestra: en Hungría, país al que muchos de estos dirigentes políticos adhieren con singular entusiasmo, no hay ninguna limitación para la pornografía. Claro que allá es peligroso ser un demócrata convencido.

Presidente hasta el último día

Me pregunto si acaso los críticos duros y descalificadores del actual mandatario creen que sus críticas son correctas y está bien lo que dicen. Pareciera que les da lo mismo. Lo importante para ellos es destacar todo lo que hace o no hace Boric, con la clara intención de hacer parecer que todo está mal.

La crítica desmemoriada

Entre los nuestros hay políticos muy singulares, con una capacidad de criticar a los demás sin asumir ni las propias conductas ni la historia reciente o antigua de nuestra vida política.

Por ejemplo cuando –en aplicación de esa norma absurda del cumplimiento de metas específicas que es para todos los funcionarios públicos de la administración del Estado– al Presidente de la República se le entrega un bono o asignación que se adiciona al sueldo, como un premio por el trabajo realizado, el diario La Segunda publica un titular de primera página: “Boric llegó a 10 millones por metas cumplidas”.

Me pregunto si en los ocho años que gobernó Sebastián Piñera como Presidente de Chile algún diario de esa cadena u otra publicó como noticia de primera plana que él recibía esa asignación. Reviso y no hay nada.

Entonces digo: ¿por qué se levanta la noticia de este Presidente y no de los anteriores? No puedo sino pensar que hay algo de crítica injusta y desmedida.

La dieta presidencial

O lo mismo sucede cuando se publica de modo altisonante que una vez que el Presidente Boric deje el cargo recibirá una dieta y asignaciones (personalmente creo que los expresidentes no debieran recibir asignaciones, pero sí su dieta, para que no tengan que buscar trabajo para sobrevivir y mantengan cierta “dignidad” propia del cargo ejercido), indicando la cifra, cosa que jamás se ha hecho con sus antecesores.

Frei, Piñera, Bachelet y Lagos reciben eso que Boric recibirá. Más allá de si esté bien o no que exista ese pago, ¿Cuál es la intención de destacarlo en el caso de Boric, habiéndolo callado siempre en todos los demás? Hay un deseo de sembrar cierto grado de cizaña respecto de este señor que hoy ejerce la Presidencia.

Eso sin olvidar que Augusto Pinochet recibía esa asignación, su sueldo del Ejército y luego la jubilación con perseguidora, más todos los beneficios de sus negocios ilícitos durante los años en que fue el mandamás del país (nunca fue elegido como Presidente de la República, aunque usara ese título).

Me pregunto si los expresidentes que han sido senadores –designados o no– han tenido el cobro de la dieta más ese sueldo. También cabe preguntarse si quienes han recibido por sus trabajos ajenos a la presidencia grandes remuneraciones (internacionales) o ingresos han tenido la grandeza de devolver los dineros de la dieta y las asignaciones para beneficio fiscal, es decir, de todos los chilenos.

Crítica destemplada: el abogado de Boric

La crítica a Boric es destemplada, descalificatoria, al que se le ha querido hasta negar el derecho a defenderse cuando algunos se han querellado en su contra. Gran escándalo porque se contrató un abogado aparentemente con fondos públicos para defender al Presidente.

Recuerdo con precisión cuando un subsecretario del Interior encargó a los abogados de su dependencia que defendieran a su esposa en una demanda que presentó mi madre en su contra. Y aunque los medios lo supieron no fueron capaces de publicar una línea.

O cuando –volvamos a nombrarlo– a Pinochet lo defendieron abogados del Ejército o los ministros de su gobierno eran defendidos por abogados de sus dependencias. ¿Cómo se explicarán los honorarios recibidos por Hermosilla y el exfiscal Peña (no confundir con el Rector) que estaban en la defensa de Piñera y Chadwick por acciones judiciales presentadas en su contra?

Sigue trabajando hasta el último día

Y ahora la crítica es porque el presidente en ejercicio sigue trabajando.

Boric ejercerá la Presidencia de la República hasta el 11 de marzo a mediodía. Pregunto: ¿Debiera abstenerse de trabajar? ¿Debiera dejar de presentar proyectos de ley? ¿Debiera incumplir sus obligaciones con nombramientos pendientes? ¿Debiera dejar de firmar decretos e instrucciones presidenciales? ¿Debiera callar cuando potencias extranjeras toman medidas que afectan la soberanía nacional?

Se le critica con una dureza implacable cada vez que en su gobierno se nombra a un funcionario. “Es un amarre”, dicen, olvidando que es su obligación hacerlo.

Pienso en un momento qué hubiera sucedido si el actual presidente, hubiese dicho después de la elección presidencial: “No puedo seguir firmando leyes, ni proyectos, ni decretos ni tomar decisiones sobre ninguna materia, sino que deberé dejarle eso al futuro gobierno”. Las críticas hubiesen llovido, sosteniendo que como no trabaja no puede recibir sueldo o pidiéndole que, como ha sucedido con presidentes en otros países, renuncie para que el otro asuma de inmediato.

Se debe trabajar hasta el último día, tal como el presidente ya elegido, deberá trabajar desde que asuma.

Cuando al empresario que Kast ha dicho que designará como Ministro en Relaciones Exteriores se le pregunta por la actitud de Estados Unidos en cuanto a presionar al gobierno chileno para que no apruebe un proyecto con empresas chinas, él responde que él no puede pronunciarse porque no ha asumido. Y si los críticos quieren que el actual gobierno tampoco se pronuncie, ¿quiere decir que Chile no debería tener gobierno en estos meses?

Casos anteriores

Entonces recuerdo que Bachelet mandó en sus últimos días al Congreso un proyecto de reforma constitucional y la crítica que algunos hicimos fue por su tardanza y no porque lo haya hecho. Bien que lo haya hecho, porque al menos dejó en evidencia sus ideas y propuestas para el futuro de Chile, aunque haya sido sólo un “saludo a la bandera”.

La misma presidenta Bachelet intentó el 11 de marzo, dos horas antes de dejar el cargo, firmar el decreto de cierre de Punta Peuco, lo que no pudo hacer porque el ministro encargado (ahora es ministro de Kast) no quiso firmar. ¿Estaba mal que ella trabajara hasta el último instante? ¿O estuvo mal un Ministro que se negó a cumplir con la orden presidencial?

Los abogados integrantes de las Cortes de Apelaciones para todo el año 2022 fueron designados por Piñera en el verano, faltando menos de dos meses para terminar el mandato. ¿O no debía nombrarlos? ¿Lo hizo mal Piñera al cumplir con sus obligaciones legales y constitucionales?

Y no puedo dejar de mencionar (aunque me van a criticar por eso) nuevamente a Pinochet, que promulgó y ordenó la publicación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, conocida como LOCE, el 10 de marzo de 1990; una disposición que, de haber existido Congreso Nacional (que ya estaba elegido y aún no entraba en funciones), habría requerido de quórum especiales. Pero quienes votaban para aprobar la ley eran los Comandantes en Jefe de la Marina, de la Aviación, el Director de Carabineros y un representante del Comandante en Jefe del Ejército, es decir, de Pinochet.

Hay que trabajar hasta el último día.

Si se debe resolver un concurso, designar un jefe de servicio, nombrar a los abogados integrantes, firmar tratados, defender la soberanía nacional, disponer ayudas de emergencia ante desastres naturales, dar cumplimiento a las disposiciones judiciales, eso hay que hacerlo mientras se ejerce el gobierno y se debe responder por la administración del Estado. No hacerlo sería “notable abandono de sus deberes”.

Parece que todo está mal

Mi pregunta es si acaso esos críticos duros y descalificadores se han preguntado alguna vez si está bien lo que dicen. Porque pareciera que les da lo mismo. Lo importantes para ellos es destacar todo lo que hace o no hace Boric, con la clara intención de hacer parecer que todo está mal.

Otro ejemplo: cuando en algunos temas Boric conversó con el presidente electo, hubo quienes lo criticaron porque no era capaz de resolver solo. Incluso Kast declaró públicamente que él no tenía por qué opinar sobre cosas que después entrarán en su concomimiento, pero que ahora le corresponde al presidente en ejercicio. Si pregunta, crítica; si no pregunta, crítica. ¿Cuál es la salida?

¿Y si los críticos miran a los suyos gobernando, dirán lo mismo? ¿Qué opinan de la ley de último día de gobierno?

Es agotador para quienes nos interesamos en los asuntos públicos, observar la disposición de “mala fe” de algunos, que no trepidan en destacar hechos haciéndolos ver como si fueran negativos, errores o malas conductas, cuando en realidad no es más que hacer lo que se debe mientras se ejercen las funciones para las que se fue elegido.

Una vez más deberé decir: tal vez esto tenga que ver con la ética política en su sentido más profundo. O tal vez, esos críticos no sepan lo que ha sucedido en Chile antes de hoy o su memoria esté tan deteriorada que no puedan recordarlo.

Sobre la vida y la muerte

Ha muerto en un cementerio de París, Francia, Marcel Young —exembajador de Chile en Haití entre 2004 y 2010— un hombre bueno, algo más joven que yo, inteligente, prudente en general, al que casi todos sus contemporáneos, le teníamos un enorme afecto y respeto.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 14.2.2026

Nada más grandioso e importante que la vida, esta energía espectacular que nos permite ser quienes somos como seres humanos. Y siendo tales, gozamos de todas las formas de vida: animal, vegetal, mineral, todo lo que es la química y la física con sus movimientos cada vez más novedosos e inquietantes.

En algún momento se descubrió el átomo: el que no tendría división, la parte más pequeña de la materia. Tiempo después se descubren protones, neutrones y electrones. Y luego, en esa dinámica que hace de las «ciencias exactas» las más impredecibles y cambiantes de las realidades, se han seguido descubriendo partículas cada vez más pequeñas.

Inclusive muchos experimentos nos sitúan en incertidumbres, pues hacen pensar y sostener con seriedad la tesis de que la realidad cambia según el observador. Es decir ciertas formas de partículas se presentan de manera distinta según quien sea el que esté observando.

La física moderna nos habla de la «nanotecnología», aquello que se expresa en espacios increíblemente pequeños. Escribo estas notas en un ordenador personal, pero podría hacerlo en un teléfono celular.

Ese teléfono que cabe en la palma de mi mano y que niños de dos años manipulan con increíble precisión, es más poderoso que el enorme computador que en 1967 tenía la Universidad de Chile en un galpón enorme enfriado por muchos ventiladores de gran tamaño.

Y cuando se estudia el cuerpo humano, se llega a las cosas más increíbles sobre su estructura y funcionamiento. La vida nos sorprende cada día.

Seguramente como consecuencia de mi ignorancia en materias de biología —tema que me apasionaba en mi adolescencia, cuando leía en la primera semana de clases todo el libro de Natalio Glavic para 4º de humanidades— me sigo haciendo la pregunta: ¿Cómo sabe una célula —que se va dividiendo desde aquella que se forma en la unión del espermio con el óvulo— que su función será ser parte de un riñón o de un hígado? Misterio de la vida. Al menos para los seres comunes y corrientes como yo.

Y en el caso de los humanos, más allá del nivel básico de lo físico y de ciertas emociones primarias, está toda la complejidad de su mente, de su psiquis tan especial, de la espiritualidad.

El ser humano es un ejemplar de vida compleja que reúne al mes esas cuatro dimensiones (mente, espíritu, emoción y cuerpo) y en cuya combinación podemos decir que cada uno es único y, aparentemente, irrepetible.

Incluso en el caso de los gemelos llamados «idénticos» es posible descubrir diferencias que, por los factores no corporales, van marcando crecientes señales de individuación. Mi explicación es porque tras eso está el alma, con toda su historia particular.

A seguir bregando

Porque las almas tienen origen divino (el espíritu de la divinidad) y un plan de desarrollo para alcanzar la plenitud en el progreso de esa potencia inicial. Para eso se requieren, al menos en los casos conocidos, de más de una encarnación. En cada una hay tareas que cumplir y eso se hace naciendo cerca de otros con los que se trazan conexiones para ayudarnos en alcanzar las metas propuestas desde antes de nacer.

Con todo, sabemos por experiencia que los seres humanos, como casi todas las formas de vida, tienen un límite físico: es la muerte que sobreviene cuando suceden determinadas circunstancias. Salvo situaciones de violencia —accidental o intencional— se supone que avanzamos hasta la vejez y luego el cuerpo, agotado, termina su ciclo y muere.

Pero esos ciclos son más breves cuando irrumpen enfermedades en las personas, riesgo que existe desde el día en que nacemos. Pareciera ser, como en casi todas las formas de vida, que la muerte es más natural en los mayores que en los menores.

Es natural y esperable que mueran los padres, pero no es esperable de igual modo que mueran los hijos. Es el misterio de una «muerte anticipada» que altera los ciclos a los que nuestra cultura nos tiene acostumbrados.

Cuando mueren mis amigos —de mi edad o mayores— lo entiendo con cierta facilidad y lo acepto. Pero cuando mueren personas más jóvenes y activas sin que haya mediado violencia, siento algo incómodo en mis emociones y me pregunto por qué es así.

Ha muerto Marcel Young, no mucho, pero algo más joven que yo. Un hombre bueno, inteligente, prudente en general, al que todos —casi todos sería más exacto— le teníamos enorme afecto y respeto.

Me escribe diciendo: «Temo que mi madre morirá pronto». Le respondo: «Es normal que pasados los 90 años las personas puedan morir. Lo importante es que nosotros sigamos viviendo. Prepárate para ser huérfano». No me responde, salvo: «Me voy a Francia, donde ella vive».

Días después me dice que su madre ha muerto y que el funeral es el 12 de febrero. Me llega, la noche de ese día, una foto de Marcel en silla de ruedas en el funeral. «¿Qué te pasó?», escribo. Y no hay respuesta.

Al día siguiente me cuentan que Marcel ha muerto de un infarto, allá mismo, en el cementerio.

Entonces, le escribo: «¿De verdad estás muerto amigo querido?». No me responde. Y me da una pena enorme. Entonces me pregunto por este misterio de morir y de vivir.

La muerte para él debe ser parte de los procesos de su alma, para iniciar nuevos recorridos tal vez con el alma de su madre. Necesitaban morir juntos. Como fue el caso de Bélgica Castro y Alejandro Sieveking. Ellos lo entienden. Yo no.

Queda el vacío para los que estamos transitando por la vida. Ellos están en otra realidad. Pero nosotros lamentamos su pérdida. Y debemos decirlo así, vivirlo así, porque ésa es nuestra historia. No la de ellos. La nuestra, los que ahora debemos seguir caminando por la vida sin esos más jóvenes, mejores quizás, con un espacio vacío.

Recuerdo la frase de un poema que publiqué en Encuentros, en 1982: «se mueren los que importan». Y nosotros, a seguir bregando. Hasta el último día.