UN APORTE PARA LA CULTURA

Cuando aparecía en el horizonte el signo de Acuario y un poderoso grupo de astros se reunía con el Sol (Plutón, Marte, Venus y Mercurio en Acuario), en nuestro Santiago de Chile, en el Campus Oriente de la Universidad Católica sucedía un evento que anticipa buenas noticias.
Ediciones UC publicó –como ratificación de su compromiso con Violeta Parra, el museo, la Fundación y el arte chileno– un libro que es ni más ni menos que el facsímil de los cuadernos que la propia Violeta escribió y que ella llamó “Libro I” y Libro II”.
Violeta Parra, en algún momento decidió empezar a dejar por escrito sus décimas y lo hacía con lápiz de grafito o, excepcionalmente, con lápiz de pasta azul. Esos cuadernos no eran un diario de vida, sino el registro de sus creaciones. Pero, al revisarlos en detalle podemos descubrir que en verdad además escribía en medio de páginas y décimas algunos recordatorios para su memoria inmediata: números de teléfonos, contactos y nombres de personas, listas de cosas por hacer o por comprar para que la carpa funcionara como es debido.
Lo que más llama la atención es que “la Violeta” como la mencionaba Isabel en su participación en el acto, escribió en el cuaderno los números de las páginas y los títulos de las décimas, antes de escribir los textos propiamente tales. Cuento esto, porque hay algunas páginas que solo tienen el título y no sabemos ni sabremos jamás si esas décimas escribió alguna vez. Dos títulos en blanco fueron “la Locura” y “La razón”. ¿Notable? ¿Sorprendente? ¿Conflicto no resuelto?
El libro es una verdadera joya estética y un valioso material histórico. Introducen Isabel Parra y Soledad Falabella, presentando el cómo y el porqué de este trabajo enorme. Luego de todo el material facsimilado, vienen las transcripciones en letras corrientes, donde la editora se ocupó especialmente de mantener las formas e incluso las inclinaciones en que están escritas las palabras en el original. Porque claro, en las fotografías del libro original, el lápiz suave y la letra a veces intrincada de Violeta Parra, no se lee bien. Pero el lector llegará a todos los detalles con ese trabajo adicional.
Los discursos de presentación fueron muy bien hechos; el acto cuidado, delicado, pensado y ejecutado con esmero. Inició los discursos el rector Juan Carlos de la Llera –asumido hace poco tiempo– quien enfatizó su compromiso personal con el arte y la cultura. Eso nos hace abrigar expectativas de los rumbos que puede marcar más decididamente la actividad de ese centro de estudios superiores.
Luego habló la Directora de Ediciones UC, quien relató muchos detalles de este trabajo y de la relación permanente que están teniendo con la Fundación Violeta Parra. Agregó, al finalizar su discurso, que ella creía interpretar correctamente a la Universidad al sostener que el dinero y los esfuerzos personales destinados a la cultura y el arte no constituyen gastos, sino inversiones en un sentido profundo. Porque la idea de este proyecto universitario, ya inmerso en la historia de Chile no es lograr rendimientos pecuniarios, sino contribuir de modo potente y positivo en el desarrollo integral de la sociedad chilena.

[Crónica] Tiempo de leer

El profesor Jaime Blume, cuando yo estaba en el colegio, nos enseñaba la diferencia entre el cuento y la novela: el primero de los géneros es como un texto, breve o largo, pero con un hilo conductor, y el segundo de los formatos —sin importar su extensión—, tiene varios hilos que se entrecruzan, con distintas tramas que dan cuenta de lo que pasa en la vida, donde nada es como una sola línea.

El verano, sobre todo febrero, parece ser tiempo de leer. Porque estamos de vacaciones, porque los que siguen trabajando pueden observar que baja el movimiento. El Metro —donde hay— y la locomoción colectiva van más vacíos y gracias a eso es posible ir leyendo con cierta comodidad.

Buen momento para detenerse y entrar en esas realidades distintas que nos cuentan los libros, novelas, cuentos, poesía. Digo «realidades distintas», para lo que hoy algunos llaman «ficción» (siguiendo, una vez más, las tendencias que impone el imperio del idioma inglés) y antes se decía simplemente «narrativa», que define mejor el género.

Narrar es un arte difícil, porque se requiere dar buena cuenta de lo que el escritor quiere decir y hacerlo de modo entretenido, es decir, con capacidad de retener la atención del lector.

El profesor Jaime Blume, cuando yo estaba en el colegio, nos enseñaba la diferencia entre el cuento y la novela. El cuento es como un texto, breve o largo, pero con un hilo conductor. La novela sin importar su extensión, tiene varios hilos que se entrecruzan, con distintas tramas que dan cuenta de lo que pasa en la vida, donde nada es como una sola línea.

Los mundos que se topan, las historias de unos y otros en las cuales hay relaciones diferentes, a veces contrapuestas a veces complementarias, pero que permiten al lector darse cuenta de lo que pasa con los personajes y de cómo las relaciones humanas son mucho más cercanas y con influencias recíprocas de lo que comúnmente se supone.

Con todo, la novela tendrá muchos desenlaces, algunos intermedios en el texto y otros que nos llevan a un momento en que como en un ballet nos presentan una concurrencia de personajes que se develan en la mayor intensidad.

Los límites del misterio de la vida

En mi opinión, que no soy experto literario ni crítico, sino sólo un escritor, la diferencia ente novela o cuento y relato radica en que el relato no requiere de un desenlace, en cambio en las otras dos formas narrativas sí. Por eso en mi libro Relatos de tanto tiempo hago concurrir cuentos y simplemente relatos, donde lo que más importa es el tránsito, que, muchas veces, es completamente previsible.

Por ejemplo cuando García Márquez en Crónica de una muerte anunciada nos relata los acontecimientos sucedidos en el pueblo en torno al asesinato de Santiago Nasar por parte de los gemelos Vicario. Es decir, se conoce al muerto y al asesino desde la primera página. Lo que importa no es eso, sino el contexto en que se desarrolla la vida que culmina con la primera página.

Esa «novela» es un relato maravilloso, que ha hecho escuela y que se sitúa en las antípodas de las obras policiales, particularmente de las de Agatha Cristhie y de Conan Doyle.

Leamos cuentos y novelas de tantos excelentes autores chilenos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, con temáticas de todos los estilos posibles. No sólo busquemos a esos famosos, sino también a esa enorme pléyade de autores que no tratamos de ser candidatos a nada, pero cuyas obras están dando testimonio de una sociedad en movimiento.

No quiero herir susceptibilidades, pero sería absurdo no recomendar a algunos, y si no nombro a otros no es para zaherirlos ni desconocerlos, sino para incitar a los lectores de este medio a buscarlos en Internet, en las páginas de la SECH, del PEN Club, de las editoriales grandes y de las independientes.

Busquen a maestros y maestras de la narrativa como Walter Garib, Juan Mihovilovich, Virginia Vidal, Darío Osses, Pía Barros, Alejandra Basoalto, Teresa Calderón, Antonio Ostornol, Mónica Gómez, Reinaldo Marchant, Mario Toro Vicencio, Carmen Pérez Meyer.

También aprovecho de recomendar a algunas novelas y cuentos de autores nuevos que son publicados por esas decenas de editoras independientes, que raramente tienen cabida en las librerías formales pero que venden mucho por internet (yo mismo como editor, para no pecar de falsa modestia), que han presentado a jóvenes y mayores, hombres y mujeres, con textos que no deben ser ignorados, pues nos dan un panorama real de nuestro país. Es cosa de buscar un poco a través de la web.

Hay mucho que leer y recomiendo, de verdad, para salirnos de las series de TV y sacar la mente del trabajo, leer la narrativa chilena que es muy buena. Tal vez como lo argentina y la peruana.

Pero una palabra más sobre realidad y ficción. Cuando escribimos cuentos o novelas, salvo que sean autobiografías en que todo debe ser verdad, en cada párrafo de la historia hay mucho de cruda realidad y mucho de ficción.

Todo es verdad: porque lo que no ha sucedido —y tal vez no suceda en el mundo exterior conocido por el autor— es fruto de su inconsciente que, conectado al inconsciente colectivo nos cuenta cosas de otros mundos, de otras tierras, de otras épocas, que lo más probable es que sean reales y concretas en un tiempo y un espacio desconocidos para el autor.

El escritor traspasa misteriosamente los límites del misterio de la vida y penetra en los sentimientos de personajes que van adquiriendo vida hasta que pueden tomar rebeldías propias, como le sucedió a Miguel de Unamuno con Augusto Pérez (los Augusto siempre dan que hablar) en la «nivola» Niebla.

Ahora, si usted quiere gozar de los buenos relatos de los autores chilenos, le aconsejo que se relaje y entre cuento y cuento o entre capítulo y capítulo, lea un par de poemas de Juan Esquivel, Astrid Fugellie, Paola Tirapegui, Theodoro Elssaca, Carmen Gloria Berríos o, por qué no, de Jaime Hales.

Es un gran tiempo para leer.

[Crónica] Gestos reveladores (y erráticos)

Tengo una buena opinión del diputado Francisco Undurraga, aunque un comentarista dice en las redes sociales que su gran mérito para estar a cargo del próximo Ministerio de las Culturas es sólo ser hijo de una artista visual, probablemente exagera, pero ese nombramiento revela otra cosa: en la campaña presidencial los partidarios de José Antonio Kast pusieron énfasis en que esa cartera no es importante para el país y que se debe evitar asignarle más presupuesto.

Por Jaime Hales Dib

En política el lenguaje es fundamental. Tal como las decisiones. En ambas dimensiones se dan los llamados «gestos simbólicos», es decir, que tienen un contenido que va más allá de lo evidente y revelan no sólo pensamientos, sentimientos y emociones que permanecen en secreto, sino además aspectos de una realidad de la cual los que hablan, dicen o deciden, no han asumido en plenitud.

Cuando Jaime Quintana, senador, quiso pronunciar una frase que sirviera de «cuña» para un titular de un diario y habló de la retroexcavadora para referirse a sus intenciones políticas, no sólo demostró que no sabía bien para qué era esa máquina, sino que dio a entender una voluntad de destruir la institucionalidad existente. Y se convirtió, más que en un titular transitorio, en un flanco abierto para críticas que lo persiguen hasta hoy.

 

Arturo Alessandri, demostrando desprecio por los jóvenes rebeldes que se tomaron el edificio del Seguro Obrero, le respondió al General Arriagada cuando éste le preguntó qué hacía: «Mátelos a todos». Pero no era una orden, sino una manifestación de mero desprecio.

El general en cuestión, en una estrechez de mente propia de quienes renuncian a pensar para solamente obedecer, los mató a todos.

Pero hay otros, que tienen plena claridad de lo que dicen y asumen las consecuencias: por escrito y sin desmentir, Trump le dice al gobierno noruego que como ellos no le quisieron dar el Premio Nobel, él no se va a interesar en la paz y se va a tomar Groenlandia, cueste lo que cueste. Si Dinamarca cree que tiene título de dominio por haber mandado un barco, él mandará muchos. Y lo hará.

Cuando observo los gestos del presidente electo señor Kast, me pregunto si se da cuenta todo lo que está revelando con ellos.

 

Para el ministerio del deporte elige primero a una persona que se dedica a competir con armas de fuego y cuando ella dice que no, elige a una lanzadora de bala. Parece chiste y tal vez lo es, pero revela las palabras que dan vuelta en su cabeza.

Boric eligió a un futbolista, que es de las cosas que más sabe, sólo que se equivocó al nombrar a un colocolino.

 

Una nueva era que comienza a insinuarse

Incluir como posible ministro de defensa a un periodista que hizo relaciones públicas de una empresa dedicada al negocio forestal, es como poner un ají en lugares inadecuados. O tratar de hacernos creer en su voluntad intensamente democrática cuando piensa para ese mismo ministerio en el abogado de Pinochet en Londres, es ir en el sentido contrario.

Porque la defensa de Pinochet era el intento de justificar las violaciones de los derechos humanos que ese gobernante militar impulsó, justificó, financió, durante sus años en el poder.

 

Tengo buena opinión de Francisco Undurraga, aunque un comentarista dice en las redes que su mérito para el Ministerio de las Culturas es ser hijo de una artista visual (María Teresa Gazitúa Costabal). Probablemente exagera.

Pero ese nombramiento revela otra cosa: en la campaña sus partidarios pusieron énfasis en que ese ministerio no es importante para el país y que no hay que asignarle más presupuesto. Entonces el nombre puede ser de alguien que pertenece al partido más alejado de su ideología: Evópoli.

Nombrar a un empresario a cargo de Relaciones Exteriores, pone énfasis en que ésas serán las relaciones con el resto del mundo. Lo importante será la empresa, la economía y el tema de la paz, siguiendo la línea de Trump, pasará a segundo plano. Porque me parecería adecuado nombrar como encargado de Pro Chile a un empresario, pero no a cargo de una cartera tan compleja.

No es raro que entre los nombres que se dan —se conocerán después de escrito este artículo— haya más independientes que militantes. Porque su idea de democracia no requiere de partidos, que es el instrumento más eficaz para el diálogo de las ideas, los propuestas y los puntos de vista en una sociedad pluralista y democrática.

Porque se deja la insinuación de que su gobierno que él caracteriza como de emergencia, requiere de personas que obedezcan y carezcan de visiones más integrales de la sociedad.

Los acontecimientos actuales agudizan el carácter de «gobierno de emergencia», pues los incendios de la zona sur dejarán secuelas dolorosas y costosas para dos o tres regiones importantes para la economía y la vida del país.

Y en eso surge el gesto de Boric. Reacciona de inmediato, declara estado de catástrofe, asigna equipos y llama al presidente electo para coordinar. Pues las medidas que se tomen hoy repercutirán en lo que viene y prefiere que en eso se vayan poniendo de acuerdo.

 

Es verdad que es él quien debe tomar decisiones, pero prefiere conversarlas para no tomar medidas que serán de corto plazo, sino que revelen una preocupación más profunda.

Con todo, eso revela que el Presidente de la República es presidente de todos los chilenos y que el actual ya no es el diputado de trinchera que fue, sino que ha ido asumiendo su papel. Muchos lo critican con dureza, pero él dice lo que piensa y actúa en consecuencia.

Boric sabe que puede equivocarse y necesita la opinión del que viene después, para que el plan de beneficio para todos no sea un fruto ideológico, sino que el producto de decisiones de Estado en los cuales es posible ponerse de acuerdo.

Alguien dijo: «es un gesto propio de una nueva era que comienza a insinuarse». Tan distinta de los que quieren apropiarse de otros países y creen que sacando a un dictador pero dejando a sus aliados puede pasar algo bueno.

Ese gesto simbólico, consciente o no, de Boric, es lo que nos hace tener esperanza.

¿Kast lo entenderá

El agitado mundo y sus urgencias

Cuando los valores se centran en “tener más” para aparentar “ser más”, lucir las marcas en el exterior de la ropa, cuando todo es competir “contra” el otro, se agudizan las tensiones en todos los niveles y se deteriora la convivencia, porque el objetivo es estar por sobre el otro. Valores como la justicia, el respeto, el afecto, la colaboración, la verdad, la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, aparecen como cuestiones excepcionales en ciertas situaciones límites o marcados por una tendencia ideológica o una manipulación política.

Un tremendo olvido

Las ideas se amontonan, porque el mundo no cesa de entregarnos noticias, informaciones e incluso silencios que debemos comentar. En lo nuestro, tan criollo, y en el resto del mundo.

Y en ese mundo se nos olvida África, donde anidan la pobreza, las dictaduras, la violencia y muchas de las más atroces formas de corrupción.

Países con recursos naturales y grandes inversiones de potencias europeas, que mantienen focos de miseria, sectores sin mínimas atenciones de salud (peor que las listas de espera, porque no hay nada que esperar), zonas sin electricidad y con una infraestructura caminera deplorable, mientras se gastan millones en armamentos y los gobernantes viven “a cuerpo de rey”, con autos de lujo y las riquezas sobrantes.

La guerra de Sudán, las dictaduras de Egipto y otros países, la miseria del centro del continente, son noticias que no llegan a nuestros medios de comunicación. A riesgo de parecer exagerado, en la televisión hay más programas sobre los animales de África que sobre las personas de ese continente.

El mundial de fútbol que se hará en Marruecos en unos años más, quizás ponga la mira al menos en el sector arabizado del continente y deseo que eso abra puertas para una mayor preocupación por esos millones de personas.

¿Cómo andamos por casa?

Pero tampoco hay que olvidar lo que sucede entre nosotros en América, donde la riqueza está tan mal repartida que unas minorías tienen un nivel de vida de país desarrollado y las mayorías padecen una pobreza dramática -sin vivienda digna, sin salud, con pocos ingresos, mala educación, precaria asistencia social, escasez cultural, malos tratos y abusos– muchas veces matizada por una tecnología que hace que muchos quieran –y logren– tener teléfonos celulares, televisores “inteligentes”, viajar aunque sea endeudados, adquirir automóvil o moto, acceder a la comida chatarra.

Mientras, las clases medias de profesionales, pequeños empresarios de la producción y del comercio, se ven tironeados por la aguda “necesidad” de ascender en la escala social teniendo más cosas que lucir, al mismo tiempo que son castigadas severamente con una carga tributaria superior a lo razonable e ingresos que se ven constantemente menguados, todo eso en medio de las presiones sociales para comprar desmedidamente todo lo que la publicidad incita.

Los valores

En medio de eso está el tema de los narcotraficantes, los delitos de “cuello y corbata” para llamar elegantemente a los fraudes, estafas, usurpaciones, distintas formas de corrupción de los aparatos públicos con fondos y objetivos privados.

Sobre el tráfico de drogas debo ser muy claro: hay tráfico porque hay consumidores; y hay tráfico a gran escala, porque hay muchos consumidores y eso se da en sectores medios y altos, económicamente hablando, en la sociedad.

Cuando los valores se centran en “tener más” para aparentar “ser más”, lucir las marcas en el exterior de la ropa o hasta usar bolsas con publicidad para llevar las compras (para molestar un poco, más de una vez voy a un supermercado con una bolsa que publicita a su competencia), justamente cuando todo es competir “contra” el otro, se agudizan las tensiones en todos los niveles y se deteriora la convivencia, porque el objetivo es estar por sobre el otro.

Valores como la justicia, el respeto, el afecto, la colaboración, la verdad, la democracia, la solidaridad, los derechos humanos, sólo aparecen como cuestiones excepcionales en ciertas situaciones límites o marcados por una tendencia ideológica o una manipulación política.

Un candidato presidencial proponía eliminar el Instituto Nacional de Derechos Humanos por considerarlo “izquierdista” y como tal no puede tener apoyo estatal.

Los Derechos Humanos no son patrimonio de la izquierda, no sólo porque los promotores de la declaración de 1948 –y redactores de la mayor parte de su texto– fueron el chileno Hernán Santa Cruz, de izquierdista nada, y la estadounidense Eleanor Roosevelt, esposa del que fuera presidente de ese país, lo que bastaría para entender su dimensión amplia, sino porque quienes hemos luchado por su vigencia universal hemos criticado con igual dureza a dictadores como Stalin, Hitler, Pinochet, Idi Amín, Somoza, la dinastía de Arabia, el gobierno de Israel y todas las otras dictaduras, incluyendo las que han afectado a los países del antiguamente llamado “Tercer Mundo” (América Latina, África y parte de Asia).

A propósito de una sentencia

El caso de Gustavo Gatica –tan sonado en los últimos días– vuelve a poner de relieve el tema de la seguridad, de la justicia, de la interpretación de la ley (función eminentemente judicial).

Efectivamente en el mundo hay inseguridad, porque los delincuentes hoy tienen acceso a un armamento que antes les era muy lejano. En Chile, la cosa se torna peor cuando muchas de las armas que están en poder de los delincuentes han sido sacadas de los depósitos de las Fuerzas Armadas o de Carabineros mediante procedimientos diversos teniendo, además, la capacidad de fabricarlas, modificarlas o internarlas por distintos procedimientos.

Más grave es, cuando esos delincuentes cuentan con el apoyo de funcionarios ligados al Poder Judicial, a los encargados de las cárceles, a las policías, a políticos como pueden ser algunos alcaldes, diputados o simplemente dirigentes con cuotas de poder.

Claro, en el caso de Gatica, ahora elegido diputado, la pregunta es si él, protestando a gritos frente al que le disparó –a 30 metros de distancia– constituía o no un peligro letal para el alto oficial al mano de sus tropas.

Porque llevar las cosas al “contexto”, sitúa la legítima defensa de los policías o militares en una situación inmanejable para un juez, porque se podría aplicar a cualquier contexto en el cual el que tiene las armas por encargo del Estado puede “sentir” suficientemente en riesgo su vida cuando hay gente protestando o desarrollando alguna conducta que el agente estime de peligro.

Recuerdo el caso de aquel hombre que estaba agachado (tal vez para atar su zapato) al lado de un bus de Carabineros y que los policías supusieron que estaba ejecutando un atentado (bomba, dijeron) y lo golpearon provocando lesiones que en pocas horas lo llevaron a la muerte.

Pasaría a ser lícito entrar a sangre y fuego a una población en donde se tiene información de que vive gente con armamento capaz de combatir a los policías, situación en la cual los heridos y muertos que no sean agresores de policías serán siempre un “lamentable daño colateral”.

Hemos visto suficientes abogados serios –incluso profesores universitarios no izquierdistas– protestar por este fallo de la justicia, que aún puede ser objeto de recursos. (No es que confíe en la Corte Suprema, pero siempre ese tribunal nos puede sorprender).

La delincuencia

He sido víctima de delitos de robo, hurto, agresiones de variado tipo, tanto en Chile como en Uruguay y en México. Todo país será considerado inseguro por la víctima, pero cuando miramos la situación general, Chile y Uruguay, aún hoy, son países en los que vemos a jóvenes y ancianos paseando sus perros en la noche o al atardecer.

Por supuesto Eugenio Berríos no pudo experimentar la paz y la seguridad de Uruguay, como tampoco los carabineros asesinados en Los Álamos u otras víctimas de delincuentes en las ciudades chilenas. Alguien agregaba, a propósito de la violencia intrafamiliar, que ni siquiera se está seguro en casa. El parricidio de Julia Chuñil es una muestra de ello.

El tema de la seguridad –eje del discurso del presidente electo señor Kast– estará sometido a escrutinio. ¿Bastaría con definir que el contexto es violento y atacar con fuerza bélica, militar o policía, que no hacen diferencia, los lugares en que pueden instalarse delincuentes? ¿O decir, como dijo la candidata de la UDI, “al cementerio con ellos”, dando muerte a todo aquel del que se sospecha su carácter de delincuente? ¿Una especie de pena de muerte extrajudicial?

La urgencia y la emergencia

¿Cómo se combatirá el crimen organizado, especialmente estafadores de “alta gama” y narcotraficantes, desde la nueva autoridad de gobierno? Son preguntas que van quedando sobre la mesa.

Porque el gobierno de emergencia que se ha propuesto no tendrá que bajar la inflación, como en Argentina; no deberá impedir los accesos masivos al país como en Estados Unidos, porque eso ya ha bajado; no hará reformas previsionales ni bajará los impuestos a los sectores populares; no pondrá coto a los abusos de las grandes empresas, particularmente en materia de salud (Isapres, clínicas, laboratorios farmacéuticos); no necesitará aumentar el gasto en armamento.

¿Entonces podrá ocuparse de otras “urgencias permanentes”?

Tal vez la urgencia de hoy sea cambiar el eje valórico de la sociedad y buscar aquello que nos puede llevar a ser mejores personas, desarrollarnos cultural y cívicamente, fortalecer la democracia, mejorar la colaboración, poner freno a las ganancias desmedidas y terminar con los abusos.

[Crónica] «Mundos ingrávidos y gentiles»: Una especie de caricaturas vivas

Este segundo crédito en el género novelístico debido al escritor y abogado chileno Pablo Errázuriz Montes, es un excelente material para que un director de cine o de televisión lo convierta en una serie audiovisual que tenga de historia, de pasión, de romanticismo, de drama, y de humor, en muchos de sus posibles episodios.

La frase pertenece al poema de Antonio Machado que se hizo popular en todos los niveles con ese primer éxito de Joan Manuel Serrat el cantante catalán. «Mundos ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón», es decir, que se deshacen con facilidad y perecen.

Pablo Errázuriz Montes (1958) la eligió para titular así su tercera obra literaria, una novela muy entretenida en la cual combina perfectamente ficción y realidad, hasta tal punto que el lector —que desea distinguir una de otra— no podrá.

Confieso que, no siendo experto en internet, intenté investigar sobre nombres y lugares, para irme dando cuenta de que hay temas y nombres que aparecen tal cual y otros no figuran, no porque sean ficción necesariamente, sino porque probablemente no han sido relevantes para los que hacen esas páginas.

Es decir, concluyo que no todo está en internet ni menos aún en la famosa Inteligencia Artificial que, finalmente, se nutre de fuentes muy humanas y, por lo tanto, falibles.

La novela tiene como personaje principal a don Matías Errázuriz (¿será pariente del autor?), un conspicuo integrante de la clase dominante chilena (que algunos llaman pomposamente aristocrática, apelativo que durará mientras no aparezca el verdadero árbol genealógico en las raíces de España), que mira, desde alturas auto levantadas, con cierto desprecio a quienes con un arribismo notorio y sustentados sólo en la riqueza recién adquirida, pretenden considerarse parte de la misma clase social.

En cambio, muestra respeto y afecto, cariño sería más propio, por el personal que trabaja en la casa o en el campo y que sin pretender ser ni mejor ni peor que los otros, demuestra tener una calidad humana de excepción que don Matías y algunos de los suyos, reconocen y agradecen.

Con 60 páginas más

La novela se inicia en los finales del siglo XIX, cuando don Matías, siendo un hombre joven y soltero, da sus primeros pasos en la carrera diplomática en la legación más importante de Chile en el exterior: la República Argentina.

Por las páginas transcurren los nombres y apellidos de importantes personajes de la historia de ambos países, en una época que no es fácil para ambos países que discuten en lo externo cuestiones de límites y en lo interno viven las tensiones de un cambio social producto de nuevas clases sociales que intentan emerger y obtener derechos que los ricos no siempre quieren conceder.

Aparecen en el relato los asuntos más íntimos de los personajes, entremezclados con los asuntos políticos, sociales y diplomáticos. Abarca un tiempo que llega hasta 1949 cuando don Matías cuenta a su sobrino recién casado lo que fue su vida desde que empezó a trabajar hasta el momento en que está retirado.

Con pinceladas precisas y agudas va delineando los personajes que, aunque a ratos el autor tiende a caricaturizarlos, en verdad queda en claro que los seres humanos que los inspiran eran efectivamente una especie de caricaturas vivas, con muy poca conciencia de sí mismos, de sus derechos, de sus obligaciones y de sus límites.

Pero el verdadero hilo conductor de la obra, que se va trenzando con todos los acontecimientos del mundo, tiene que ver con las cuestiones más profundas, donde una estela de dolor va quedando establecida y cuya naturaleza, pese a que se insinúa, no se revela hasta las últimas páginas en que, como sucede siempre, todo se acelera.

Esta obra es un excelente material para que un director de cine o televisión la convierta en una serie que tenga de historia, de pasión, de romanticismo, de drama. Y de humor en ciertos episodios.

Con 60 páginas más, la novela nos hubiese dado en el gusto de extenderse más en algunos personajes, sobre todo femeninos, que sólo quedan insinuados, pero dejando en evidencia que eran personas con mucho más peso que el que parecen tener.

No me voy a detener en criticar cuestiones formales, sino que sólo dejo mi protesta para decir que a la industria editorial de nuestro país le falta mucho para estar a la altura de los escritores chilenos.

¿Y la distribución?

Novelas como ésta merecen una amplia cobertura de vitrinas.

Símbolos que pesan

¿Por qué demora tres meses en que asuma el nuevo presidente? Simplemente por el apego de nuestros políticos, incluidos los izquierdistas, concertacionistas, centro izquierdistas, progresistas, de mantener el efecto simbólico de que el Presidente debe asumir el 11 de marzo, tal como lo hizo Pinochet el 11 de marzo de 1981 cuando asumió oficialmente con el título de Presidente de la República. Es decir, los políticos han mantenido la fecha como un tácito homenaje a Pinochet.

Símbolos en política

La política es una disciplina y una vivencia que está llena de símbolos. Sabido es que los políticos no siempre hablan las cosas con toda la claridad que sería necesaria y conveniente, a veces por sus incapacidades en el manejo del lenguaje o en la coordinación de sus ideas, y en otras ocasiones simplemente porque no quieren decir todo lo que piensan o quieren.

Kast no ha dicho lo que repiten sus partidarios hasta la saciedad: no darle apoyo a Bachelet en su campaña a la Secretaría General de las Naciones Unidas, no entendiendo que si la apoyara, el país obtendría un punto importante en su posición en el mundo, él ganaría en conocimiento y prestigio internacional (hoy ni Trump se acuerda de su nombre) y en reconocimiento interno en cuanto a que mostraría una actitud abierta, democrática, respetuosa de la tradición chilena. Pero desliza palabras (“No me corresponde a mí, ya veré el asunto después de que asuma”).

El cambio de mando

Quiere parecer respetuoso de las decisiones que le corresponden al Presidente en ejercicio, aunque en verdad ha hecho numerosos gestos que demuestran que tiene deseos de intervenir en todo desde ahora, no esperando los días que deben correr hasta el 11 de marzo, para lo cual falta (alivio) solo dos meses.

¿Por qué esta demora de tres meses en que asuma el nuevo presidente? Simplemente por el apego de nuestros políticos, incluidos los izquierdistas, concertacionistas, centro izquierdistas, progresistas, de mantener el efecto simbólico de que el Presidente debe asumir el 11 de marzo, tal como lo hizo Pinochet el 11 de marzo de 1981 cuando asumió oficialmente con el título de Presidente de la República.

Es decir, los políticos han mantenido la fecha como un tácito homenaje a Pinochet. Son símbolos.

Porque la fecha se pudo cambiar. Originalmente en este tiempo post Pinochet las elecciones eran en diciembre y la segunda vuelta en enero. Pero, la derecha estimó que eso afectaba sus intereses porque los suyos vacacionaban en enero y en febrero, por lo cual –así como se concedió el voto voluntario en algún momento con el rechazo solitario del diputado Jorge Burgos– se les concedió adelantar las elecciones un mes. Lo lógico, coherente y prudente hubiese sido que la trasmisión del mando fuese en febrero. Pero no, el símbolo pesaba más.

Imitando a Milei

Publicidad

Se ha hablado mucho del evidente acercamiento de Kast con el gobierno de Milei en Argentina. Eso es simbólico: nutrirse de las propuestas, actitud, estilos y medidas de un presidente que no ha respetado nada de la tradición política argentina, que gobierna con su hermana y unos amigos personales, que si bien ha reducido la inflación, tiene al país en ascuas económicas.

¿Cómo Kast le va a pedir la receta para reducir la inflación y mejorar la economía, cuando los índices chilenos actuales son infinitamente mejores que los logros argentinos? Y se quiere traer a un subsecretario de Milei para que sea Ministro. Imágenes, símbolos.

Nombramientos simbólicos

Lo que nos ofrece Kast, hasta ahora, es un discurso y una presencia, un estilo de vestirse, de actuar, de decir cosas generales sin entrar en las medidas concretas.

Es simbólico que quiera nombrar como su Ministro de Hacienda al inspirador de algunas de las colusiones empresariales más agudas, tanto que fueron castigadas por los organismos que existen para velar por la libre competencia.

Y todo esto en el marco de un discurso que dice que la economía en Chile está en la ruina, que el país se cae a pedazos, que hay que hacerlo de nuevo. Roberto Zahler, expresidente del Banco Central, economista prestigiado, ha dicho que cuando asuma Kast será el gobierno que reciba al país con los mejores índices macroeconómicos.

Creando imágenes incompletas

El creativo que ha sido clave en las campañas de Kast, hombre poco prudente en sus dichos –me refiero a Cristián Valenzuela– seguirá teniendo peso en lo que le es propio: crear imágenes y comunicar aunque sea con noticias falsas.

En la reciente campaña electoral, en la que se habló de barrer con los funcionarios políticos, “operadores” se les llamó, para ahorrar 6.000 millones de dólares, se les olvidó que el nuevo gobierno debe contratar a sus funcionarios de confianza. Pero como la idea quedo metida, a nadie parece llamarle la atención de que se esté hablando no sólo de un “segundo piso”, sino que incluso, además de mantener los cargos con nombres nuevos, se agrega para Valenzuela un cargo que no existe.

Este creativo, despectivo e insolente, pareciera estar a cargo de muchas de las falsas noticias que se dio en el marco de la campaña. Y su discurso, repetido hasta el cansancio por Kast y los que fueron candidatos a diputados y senadores, habla de que parte de esto que se terminará es el tema de las “fundaciones”, que el Frente Amplio habría usado para lucrar indebidamente a costa del erario nacional. Y la prensa derechista habla de los juicios a los políticos que están activos, poniendo la foto sólo de personas cercanas al actual gobierno.

Olvida en eso el caso Hermosilla y sus vinculaciones con Chadwick y numerosos personeros del gobierno, del poder judicial, del Congreso y del aparato público en general. O a Calisto. O a Ojeda del Partido de Kast, que a propósito de fundaciones, él es el político de más alto rango vinculado a fraudes con esas instituciones sin fines de lucro. Cinco o seis instituciones cuestionadas de las más de 3.000 que existen.

Es como si mintiendo se generaran verdades. O con verdades a medias se aludiera a verdades más profundas. Se le atribuye a Guzmán Errázuriz, el mentor ideológico de la dictadura y líder espiritual de Kast, haber dicho que la peor mentira son las verdades a medias.

Y es lo que ellos mismos hacen.

Símbolos de una época

Son símbolos de una época, de estilos, de la falta de claridad típica de una política que se ha ido desdibujando en nieblas de moralidad dudosa, donde todo parece dar lo mismo, olvidando a las personas que están detrás de cada una de las realidades.

La duda que me surge en este hora es si acaso cuando Kast asuma dejará ese discurso vago, para empezar a hacer cosas que muestren que la contundencia de sus palabras es más que eso y responde a políticas de verdad.

Y en esta hora en que hay tantas confusiones, en que muchos izquierdistas apoyan la intervención de Estados Unidos en Venezuela, que quizás la aplaudan cuando suceda en México o en Irán; una hora en que los derechistas cantan una victoria que puede ser la última, cuando se pruebe que no pueden conseguir ni dar lo que han prometido; en esta hora en que todavía no se despejan los símbolos, hay gestos simbólicos dignos de validar.

Me refiero al gesto de Huenchumilla, cuya conducta para hacerse de la presidencia del Partido Demócrata Cristiano he criticado y cuyas estrategias políticas parecían más orientadas a mantener su senaduría que a otra cosa, ha decidido renunciar a la presidencia de la DC.

El mismo día en que los militantes debían votar para elegir la nueva Junta Nacional y las directivas comunales y regionales, al anochecer, decide irse, quizás entendiendo que ésta es su última aventura y más vale prepararse para el retiro.

La primera dama y el aumento de funcionarios

El tema de la “primera dama y su gabinete” será otro elemento simbólico del retorno a los momentos en que el pinochetismo campeaba.

La estructura de gabinete, creada por y para Lucía Hiriart, fue continuada con un perfil social por las esposas de los presidentes, el hijo de Bachelet y de Kenny Hirmas, amiga de la presidenta y dirigenta política del PPD: pero claramente todas esas tareas son propias de la estructura del estado y no de quien cumple funciones en el estado por ser “la esposa de”. Pero la reposición del cargo, de los equipos, de los guardias (aumentando funcionarios y gastos públicos) es una manifestación de conservadurismo que bien podría evitarse.

No ajeno al lenguaje simbólico, Boric ha iniciado una embestida comunicacional, tratando de hacer lucir no sólo los logros de su gobierno, sino el hecho de que la economía ha funcionado bajo su presidencia con mejores resultados que los que tuvo Piñera.

Además de eso, parece ser que quiere recuperar su liderazgo, confrontar a quienes no dicen la verdad y tal vez repostularse en un tiempo más, para mostrar lo que aprendió en este curso intensivo que ha vivido en cuatro años.

Claro que, pese a eso, no le ha parecido mal haber asumido el 11 de marzo teniendo en el recuerdo a Pinochet y entregar el poder ese mismo día a un Pinochetista orgulloso de serlo.

Cuestión de símbolos. Símbolos que pesan.

[Crónica] Los muertos que no importan

 

Con todo, y luego de la detención de Nicolás Maduro lo que estamos presenciando es un escándalo de proporciones, un discurso lleno de mentiras, porque al gobierno agresor no le interesa, como creen algunos venezolanos, restablecer la democracia en ese país.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 1.1.2026

Estados Unidos interviene en Venezuela, acusando al gobierno de ese país de ser culpable del mayor tráfico de drogas hacia su territorio. El inicio de la intervención fue cuando Trump ordeno la instalación de parte de la flota en el mar Caribe.

Portaviones dispuesto a combatir contra lanchas presuntamente cargadas de droga. Digo con claridad: si una agrupación con enorme poderío bélico quiere detener a «delincuentes» que tienen evidentemente una menor fuerza, basta con rodearlos, apresar a los tripulantes de la lancha e incautar la droga.

 

Entonces se procede, desde la enorme flota norteamericana, haciendo explotar literalmente las lanchas a las que le atribuyen ser transportes de droga. Mueren todos los ocupantes y el cargamento de droga o lo que fuera desaparece con la explosión. Y esto se repite varias veces.

Ningún detenido. Ningún gramo incautado.

Todos muertos, sin identidad, sin reconocimiento de su carácter de traficantes.

Sólo una imputación.

Cuando Trump ordena la invasión a suelo venezolano, se destruyen emplazamientos humanos que los invasores dicen que eran reductos de narcotraficantes. ¿Había gente allí? Probablemente sí, pero no se da ni número ni nombre de muertos.

Porque esos muertos, como los de las lanchas, no importan nada, sólo sirven para cumplir con los objetivos de amedrentamiento.

 

Cuando se produce el ataque para secuestrar al dictador, se bombardean cuarteles, aeropuertos y edificios civiles; se asalta el domicilio del sujeto buscado y se le detiene junto con su esposa.

Las informaciones preliminares, parcialmente oficiales, del gobierno venezolano y del gobierno cubano, hablan de más de 40 muertos, muchos de ellos militares cubanos que colaboraban con Nicolás Maduro.

Entonces Trump declara que fue una intervención quirúrgica, limpia, sin bajas.

Cuarenta muertos, más los de las lanchas y de los lugares bombardeados. Más de 100 heridos. Edificios destruidos.
Los muertos y los heridos venezolanos, cubanos o de cualquier nacionalidad que no sea la de ellos, no importan. Son bajas circunstanciales, obstáculos a remover, problemas transitorios.

 

E impone el lenguaje: al secuestro se le llama «extracción», como quien saca un molusco del mar. La gran preocupación deja de ser la droga, porque Trump sabe, como sabemos todos, que la mayor internación llega por el Pacífico y en ningún caso proviene de Venezuela.

 

Los efectos colaterales inevitables

¿Y el terrorismo de Maduro? ¿Qué algún venezolano puso bombas en Estados Unidos?

Puede ser.

Como la bomba que ordenó el gobierno chileno de Pinochet poner en el auto de Letelier en la capital de los Estados Unidos.

Lo que debió haber hecho Estados Unidos siguiendo esta modalidad era «extraer» a Pinochet y no pedir judicialmente la extradición de sus subordinados Contreras, Espinoza y Fernández.

Con todo, lo que estamos presenciando es un escándalo de proporciones, un discurso lleno de mentiras. Porque al gobierno agresor no le interesa, como creen algunos venezolanos, restablecer la democracia en ese país. No, se va a seguir entendiendo con el régimen inspirado por Chávez, con sus ministros, con su vicepresidenta, ahora presidenta, con sus generales.

Lo que quiere Trump es el manejo del petróleo, apropiarse de sus beneficios, con el pretexto de que tienen que recuperar el dinero gastado en el secuestro de Maduro y de su esposa.

Se dice que ha fracasado el multilateralismo.

No hay multilateralismo cuando se desconocen los acuerdos de los organismo de ese carácter. Y esto lo hizo Estados Unidos cuando intentó invadir Cuba, cuando invadió Irak, cuando mandó tropas a Afganistán, cuando financió y contribuyó a organizar el golpe de Estado en Chile.

En efecto, no hay multilateralismo cuando permite que su socio Israel viole más de 800 acuerdos de Naciones Unidas, partiendo por la resolución que lo creó y le asignó un territorio.

 

Los muertos de Gaza o de otros lugares en Palestina, no tienen importancia. Lo han dicho las autoridades de Israel: por un muerto nuestro dejaremos caer misiles. Por cada muerto de Israel, miles de la población civil palestina, sobre todo si son niños y mujeres, para impedir que en ellos anide la fuerza de la venganza.

Todo esto duele.

Pero hoy impera la ley del más fuerte. ¿Cómo le irá a Taiwán con China o a Ucrania y las otras repúblicas con Rusia?

Sólo importan los muertos de un lado. Los demás son «efectos colaterales inevitables», como se ha dicho por parte de la derecha con las violaciones de los derechos humanos en Chile. Desconcierta ver las expresiones de satisfacción de muchos políticos chilenos por la salida de Maduro, sin que nada de lo demás importe.

¡Hasta cuándo!

 

 

 

 

 

¡El matón del barrio!

No está en discusión si Maduro ha sido o no un dictador y si el sistema imperante en Venezuela es o no una dictadura cívico militar (como lo fue la chilena). Lo que importa es si acaso para terminar con las dictaduras hay que recurrir al “matón del barrio”, para que imponga sus términos.

 
 
 
 
 
 

Terminar con las dictaduras

 

“Este es mi barrio”, dijo Pete el Negro, avisando a todos que quien quisiera tener actitudes que él no aprobara, sería severamente castigado.

Si durante la dictadura de Pinochet alguien me hubiese sugerido la idea de una invasión extranjera para sacarlo del país, una conspiración para darle muerte, la formación de grupos armados para combatirlo, habría tenido mi rechazo de inmediato.

Ni las armas que llegaron de Cuba, ni el entrenamiento militar en el exterior, ni el atentado de 1986, ni ninguna manifestación de violencia me convocaba para terminar una dictadura oprobiosa, violatoria de los derechos humanos, corrupta en sus altos mandos y con un apoyo civil que colaboró (o al menos calló) con el ocultamiento de sus crímenes y sus latrocinios.

En todos esos años, tanto en la defensa de los derechos humanos; en la tarea política, clandestina primero y abierta después; en mis intervenciones radiales desde 1978 y mis artículos en Análisis y otros medios de comunicación, propuse siempre la oposición a la tiranía mediante una estrategia que denominamos en la época como “la no violencia activa”.

 

Organización, difusión de ideas, movilización social, manifestaciones de protesta, eran las partes centrales de una propuesta de salida de esa dictadura para construir una democracia y un cambio del modelo impuesto con la fuerza de las armas.

La violencia con fines políticos

Porque cuando se aplica la violencia para conseguir fines políticos, por altruistas que sean, lo que se hace es sembrar más violencia y construir finalmente un régimen que será una nueva tiranía o, –como en el caso chileno y de otros países de América Latina– al menos perpetuar los modelos que los que tienen la fuerza (y el dinero) impusieron para sus países, asegurándose de que los ricos serán cada vez más ricos, la extrema pobreza desaparecerá de las estadísticas pero no de la realidad, las clases medias se irán diluyendo en una pobreza encubierta que mantendrá a hombres y mujeres en ocupación permanente “por ganarse la vida”, es decir, “ganar el derecho a vivir”, mientras otros gozan de la opulencia y el enriquecimiento perpetuo.

La realidad de México, que vivió una revolución violenta, nos revela que se instaló por décadas un régimen de apariencias democráticas, pero que tenía partido único y el Presidente saliente designaba a su sucesor.

 
 

Terminado el dominio de ese partido (PRI), la violencia ha continuado siendo la tónica de la vida política, hoy con otro agregado, la presencia de delincuentes narco traficantes que intervienen en los procesos electorales locales y nacionales.

Los casos derivados de la violencia política como estrategia para poner fin a las dictaduras, están a la vista en nuestro continente. Cuba y Nicaragua muestran la evidencia del método, consiguiendo instalar dictaduras que parecen inamovibles, con una elite enriquecida y que goza de todos los beneficios mientras su población padece las peores formas de pobreza en un clima de miedo y angustia.

Los objetivos de la invasión

Cuando Estados Unidos invade Venezuela, está aplicando una política orientada por dos elementos: primero, que no haya disidentes políticos en “su barrio”; segundo, apropiarse de las riquezas naturales, en este caso el petróleo, con las mayores reservas del producto en el mundo.

Lo que hace el país del norte del continente americano, es amedrentar a todo el que quiera afectar sus intereses económicos o poner en peligro sus modelos ideológicos.

No está en discusión si Maduro ha sido o no un dictador y si el sistema imperante en Venezuela es o no una dictadura cívico militar (como lo fue la chilena). Lo que importa es si acaso para terminar con las dictaduras hay que recurrir al “matón del barrio”, para que imponga sus términos.

Lo intentó hacer con Cuba en Bahía Cochinos; lo hizo con República Dominicana, con Grenade, con Panamá, con Haití y ahora con Venezuela. Sin invasión armada pero sí con financiamiento y mediante variados sistemas de presión y corrupción, lo hizo con Chile para derrocar a Allende, con Brasil para derrocar a Joao Goulart, con las dictaduras izquierdistas de Bolivia y Perú, con los gobiernos de otros países acorralándolos mediante presiones financieras y el apoyo en dinero a grupos disidentes para que crearan problemas al gobierno y ahogaran su economía.

Yo respeto, valoro y, si pudiera, apoyaría a la disidencia cubana que lleva décadas luchando contra la dictadura. Lo mismo en el caso de Nicaragua. Pero no podría sentirme contento de que otras potencias invadieran esos países para terminar con las dictaduras. No lo habría aceptado para Chile.

¿Por qué Estados Unidos invadió Venezuela y no Cuba? Porque Cuba no tiene petróleo, ni cobre, ni litio, ni grandes riquezas naturales. Estados Unidos tiene un emplazamiento carcelario en Guantánamo y le sería muy fácil hacer desde allí la invasión. Pero no recibiría las ganancias del petróleo que le podrá dar Venezuela. Invadirá cuando la industria de casinos y corrupción que existe en el mundo quiera “recuperar” lo que fue la Cuba de Batista.

¿El fin justifica los medios?

Entiendo que en Chile dirigentes políticos, columnistas, comentaristas que hacen gala de su posición de izquierda o de derecha celebren la salida del dictador Maduro y crean que con eso basta, sin importarles el mecanismo utilizado.

Entiendo, porque para muchos de ellos da lo mismo la forma de hacer las cosas si se consigue la finalidad perseguida. La derecha lo demostró con el golpe en Chile. Parte de la izquierda, con los apoyos a experiencias antidemocráticas en otros lugares. El uso de la fuerza para imponer sus posiciones y sus puntos de vista es sólo un método más y si con ello se consigue el objetivo, luego será cosa de justificar.

La democracia un objetivo secundario

Si alguien cree que esta operación tiene por sentido establecer la democracia en Venezuela, deberá aceptar que ése es un objetivo secundario de la intervención de Estados Unidos.

El presidente Trump lo ha dicho con toda claridad en su conferencia de prensa que pudimos escuchar, pero que no se reproduce completa en los medios escritos ni en internet. Él deja en claro que su decisión es manejar el país sudamericano (“con estas personas que están detrás de mí”, dijo en la conferencia) y ayudar a una transición democrática si se encuentra un grupo de gente capaz de llevarla adelante.

No nos engañemos: en Venezuela ha sido secuestrado y derrocado el dictador, pero el régimen sigue vigente y las fuerzas que lo han sustentado no han dejado de gobernar. En todo el mundo hay exiliados que celebraban la caída de Maduro, sin darse cuenta que Diosdado (¡que ironía de nombre!) Cabello, los hermanos Rodríguez, el Fiscal General y las Fuerzas Armadas con sus casi mil generales, siguen a cargo del país.

“Dirigiremos Venezuela”

Lo que le interesa a Trump es dirigir la actividad en Venezuela, particularmente, como lo dijo en varias oportunidades, para que las empresas de su país puedan volver a tomar el control de la actividad petrolera y generar beneficios para, primero, recuperar los gastos que hace Estados Unidos en este proceso (¿Cuánto cuesta movilizar la flota, infiltrar agentes de la CIA, poner en acción a las fuerzas de elite, invadir el territorio, bombardear y secuestrar al presidente del país, trasladándolo junto a su esposa en barcos y helicópteros hasta Nueva York?) y las inversiones para renovar las instalaciones de las plantas petroleras. Segundo, asegurar la protección de su país y manejar la economía y la política venezolanas; tercero, generar una advertencia a todos los otros países respecto de la voluntad inequívoca de Estados Unidos de aplicar estas metodologías para defender lo que ellos estiman que son sus intereses, su seguridad y su influencia en lo que él llama el “hemisferio occidental”.

Repone la doctrina de “América para los americanos”, que en realidad, tal como incluso lo denunció el propio Diego Portales en el siglo XIX, debe entenderse que el continente americano es para los habitantes de Estados Unidos…y sus gobernantes especialmente.

Por si acaso a alguien no le queda suficientemente claro que la política del continente la debe dirigir Estados Unidos, el recién llegado embajador de ese país a Chile hoy aparece en la prensa dando instrucciones acerca de cómo debe comportarse el Presidente de Chile. Y probablemente en los demás países harán lo mismo.

Nadie se engañe

Estamos todos advertidos: debemos ajustar nuestros comportamientos, decisiones, estilos de vida, provisión de las Fuerzas Armadas y la política exterior (y pronto serán el idioma y la moneda) a lo que ellos quieren, pues de lo contrario se sentirán obligados a actuar del mismo modo que lo han hecho antes y ahora hacen con descaro en Venezuela.

La amenaza a nuestro vecino de América del Sur es total: la presidenta que sume en reemplazo de Maduro debe comportarse de acuerdo a lo que Estados Unidos le ordene o de lo contrario habrá nuevas operaciones. Lo dijo claramente Trump. Él quiere que la señora Rodríguez se someta a sus órdenes y acepte todas las decisiones ya proclamadas. Y si no… que se atenga a las consecuencias.

 

Un último comentario: parece que Trump, con este argumento de defender el “hemisferio occidental”, que sería su área de influencias, no se da cuenta que está dando su visto bueno a lo que Rusia haga con Ucrania y las demás naciones que alguna vez pertenecieron a su dominio político y militar; que está justificando que si China quiere pueda aplicar las mismas medidas para recuperar Taiwán.

Incluso, se podría decir, que ellos tienen más argumentos porque ya antes han dominado abiertamente esos territorios en todos los planos y anexado tierras y población. Ellos nunca gobernaron Venezuela, pero se sienten llamados a hacerlo.

Cuidar la democracia

Me duele lo que ha vivido Venezuela. El presidente Eduardo Frei Montalva se lo dijo a Rafael Caldera cuando comenzaba el gobierno de Luis Herrera Campins: “Cuiden su democracia, no la arriesguen por ambiciones personales, eviten la escalada de corrupción que se está dejando ver”. No la cuidaron.

Un presidente que era un destacado abogado, terminó su segundo mandato como una de las mayores fortunas del mundo. Así se explicó el triunfo de Chávez, que ganó cuanta elección tuvo por delante, por cierto con la ayuda de una oposición que se restaba de comicios parlamentarios, regalando la totalidad de los cargos a los gobiernistas.

Cayó un dictador porque una potencia extranjera así lo quiso. No cayó la dictadura. Del pueblo venezolano, nada se sabe.

No soy partidario de las dictaduras ni de la violencia. He trabajado y lo seguiré haciendo por la paz en el planeta. Estoy convencido de que esta ofensiva violenta en el mundo, repito, de izquierdas y derechas, es la última embestida de un animal herido y que durará un tiempo que, en la medida histórica, no será muy largo, para luego abrir paso a una nueva forma de vivir en que la paz, la solidaridad, la justicia, la libertad, la democracia participativa, sean las claves centrales.

Jaime Hales, escritor: “El país necesita crecer no solo económicamente, sino espiritualmente”

Hales se refirió a su libro Relatos de Tanto Tiempo (HB Editores, 2022), una antología de cuentos breves donde aparecen temas recurrentes como citas cada 29 de febrero, un accidente de infancia que le dejó una secuela permanente y relatos de tono sobrenatural.

En conversación con El Mostrador, el abogado, escritor, tarotista y excandidato presidencial Jaime Hales repasó una vida marcada por la escritura, la reflexión espiritual y la política, intereses que —asegura— lo acompañan desde la infancia.

Sobre su fallida candidatura presidencial por la DC, impulsada por militantes de base, afirma que no contó con el respaldo de la directiva del partido, que incluso le impidió intervenir en una Junta Nacional. “Para eso están las máquinas políticas”, comenta.

Hales se refirió también a su libro Relatos de Tanto Tiempo (HB Editores, 2022), una antología de cuentos breves donde aparecen temas recurrentes como citas cada 29 de febrero, un accidente de infancia que le dejó una secuela permanente y relatos de tono sobrenatural, varios de ellos basados en hechos reales. Para el autor, escribir es “contar la vida”, idea que vincula con la tradición del realismo latinoamericano.

Con más de 80 libros publicados y una larga trayectoria como formador en Tarot y disciplinas holísticas, sostiene que el Tarot no es adivinatorio, sino una guía: “La felicidad es una decisión”, afirma. En lo político y social, plantea que el mundo vive un proceso de cambio profundo asociado a la Era de Acuario, donde los conflictos actuales son solo episodios pasajeros.

Finalmente, Hales llamó a enfrentar el momento que vive Chile con optimismo y a fortalecer el crecimiento espiritual a través de la lectura, el diálogo y la comunicación: “Conectarnos para abrirnos, no para encerrarnos”.

Revisa la entrevista completa a continuación:

[Crónica] El fin de una época

La muerte de Brigitte Bardot sacude mi memoria y mi nostalgia, y si bien nunca fui de los fanáticos de la actriz francesa, me impactaba ella en sus películas, más que por la belleza, por la audacia, la simpatía, la gracia para interpretar a sus personajes, esa sonrisa siempre picaresca.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 24.12.2025

El mundo tiene sus tiempos y los historiadores van estableciendo nombres para ciertos períodos. Pasan años y nuevos historiadores cambian la nomenclatura, pero los personajes que van marcando cada época siguen allí instalados, sobre todo en la memoria de pueblos y de generaciones.

Las noticias que llegan al terminar el año 2025 (¿por qué le dicen «veinte veinticinco» y no dos mil veinticinco?) señalan que una larga época se está apagando y vienen situaciones distintas, algunas inesperadas, otras previsibles.

Con todo, los sociólogos de Estados Unidos han inventado los nombres de las «generaciones», en un intento de sistematizar estilos de vida y maneras de aproximarse a la realidad.

Esto de las generaciones puede ser discutido y revisado múltiples veces, pues no todos los que pertenecen a una misma época de nacimiento reaccionan, actúan, se comportan o piensan de igual manera.

Lo que sí es evidente, es que los acontecimientos que preceden la vida despierta de las personas pueden marcar un estilo para aproximarse a los conflictos y tratar de resolverlos.

Así, los grandes cambios tecnológicos, por ejemplo, marcan la vida de las personas. Recuerdo haber escuchado a un niño preguntar a su abuelo: «¿Dime, abuelo, cómo es posible vivir sin celular?». El abuelo no tuvo respuesta, porque para él la pregunta es: «¿Cómo se vive tan apegado a los aparatos tecnológicos?».

Yo nací un par de años antes de la mitad del siglo XX. He sido testigo, con mis coetáneos, de los mayores cambios tecnológicos, científicos, sociales y políticos que ha experimentado la humanidad desde que hay historia escrita.

La bomba atómica como una sombra amenazante luego de lo de Hiroshima y Nagasaki, los sueños de los viajes espaciales con Flash Gordon, el mágico reloj de Dick Tracy que le permitía hablar por él como si fuera un teléfono, la irrupción de la televisión en América Latina, las revoluciones y las dictaduras militares, el cine y sus estrellas.

Nosotros pertenecemos a una generación sacudida por los cambios. Entre el nacimiento de mi padre y el mío, no hubo grandes cambios en las comunicaciones y muy pocos aparatos eléctricos modificaron la vida común.

Y desde mi nacimiento, prácticamente todos los objetos técnicos y tecnológicos han ido quedando en desuso y siendo reemplazados por otros mejores. ¡Qué decir de la computación y sus aplicaciones!

Las páginas de este libro se van cerrando

Si bien Casablanca se ha convertido en un ícono para los cinéfilos (¿por qué lo asocio con Albert Camus?), los que hemos sido simplemente espectadores tenemos ídolos que dan vuelta por nuestra memoria (Robert Taylor, Kirk Douglas, James Dean, William Holden, John Wayne, Yul Bruner, Montgomery Clift, David Niven, Charlton Heston, entre tantos otros) eran modelos a los que queríamos parecernos, que imitábamos.

Y la música cambió radicalmente con Elvis, Bill Halley, Louis Armstrong y de ahí para adelante The Beatles y los eternos Rolling Stones, que son duros como la piedra y luego todo lo que sigue a una velocidad increíble.

La muerte de Brigitte Bardot sacude mi memoria y mi nostalgia. Me confieso hincha de Sofía Loren, quien está aún trabajando en cine y otros proyectos, quizás la última sobreviviente de ese grupo de actrices que en las décadas de los años 50 y 60 fue un referente para muchos que éramos niños y adolescentes en sus momentos de mayor gloria.

Claudia Cardinale, Gina Lollobrigida, Jeanne Moreau, Elizabeth Taylor, Catherine Deneuve (las dos últimas diez años menores) y tantas otras que fueron parte de las imágenes cautivadoras de aquellos años. Si bien nunca fui de los fanáticos de Brigitte Bardot, me impactaba ella en sus películas, más que por la belleza, por la audacia, la simpatía, la gracia para actuar, esa sonrisa siempre picaresca.

Y confieso que sentí algo de envidia cuando me enteré que Eduardo Severín, mi compañero de colegio, tuvo una relación sentimental (no sé cuan larga o intensa) con la secretaria de Bardot y por lo tanto la conoció personalmente.

Muere Bardot. Cuando muera Sofía Loren caerá el telón. Otras imágenes, otros rostros, otros sueños, otros temas. Y para nosotros, los que ya estamos viejos, revivirán sueños y comparaciones. Porque la muerte de estos personajes, nos llena de emociones y de nostalgia. Marcan el fin de una época, de aquellas historias de otros pero que hicimos nuestras y están instaladas en el corazón.

Pero la noticia de otra muerte, muy distinta, acaecida en este fin de semana que pasó, también agita la memoria y despierta el dolor.

La muerte de Santiago Sinclair, Jimmy Sinclair para los que fueron sus amigos, personaje regalón de Pinochet, uno de sus hombres de mayor confianza, que participó en todas sus operaciones más delicadas (financieras y de represión a los que se consideraba enemigos políticos), integrante de la Junta de Gobierno, senador designado, marca el anuncio del final de una época.

Murieron Manuel Contreras Sepúlveda, Odlanier Mena, Moren Brito, Gordon Rubio, Arellano Stark y Torres Silva, íconos de la represión política. Murió Sergio Fernández, maestro de ceremonias desde el ministerio del Interior de la Contraloría cuando fue necesario. Sinclair es de los últimos.

También murió Roberto Garretón, el más grande de los abogados de derechos humanos. Todos vamos a morir. Y las páginas de este libro se van cerrando, porque se están escribiendo otras épocas, en las que quisiéramos ver más armonía, solidaridad, entendimiento, justicia.

El tiempo dirá si el gobierno de José Antonio Kast fue la última página de una época o la primera de la que vendrá.