Autor: jaime hales
[Crónica] El fin de una época
La muerte de Brigitte Bardot sacude mi memoria y mi nostalgia, y si bien nunca fui de los fanáticos de la actriz francesa, me impactaba ella en sus películas, más que por la belleza, por la audacia, la simpatía, la gracia para interpretar a sus personajes, esa sonrisa siempre picaresca.
Por Jaime Hales Dib
Publicado el 24.12.2025
El mundo tiene sus tiempos y los historiadores van estableciendo nombres para ciertos períodos. Pasan años y nuevos historiadores cambian la nomenclatura, pero los personajes que van marcando cada época siguen allí instalados, sobre todo en la memoria de pueblos y de generaciones.
Las noticias que llegan al terminar el año 2025 (¿por qué le dicen «veinte veinticinco» y no dos mil veinticinco?) señalan que una larga época se está apagando y vienen situaciones distintas, algunas inesperadas, otras previsibles.
Con todo, los sociólogos de Estados Unidos han inventado los nombres de las «generaciones», en un intento de sistematizar estilos de vida y maneras de aproximarse a la realidad.
Esto de las generaciones puede ser discutido y revisado múltiples veces, pues no todos los que pertenecen a una misma época de nacimiento reaccionan, actúan, se comportan o piensan de igual manera.
Lo que sí es evidente, es que los acontecimientos que preceden la vida despierta de las personas pueden marcar un estilo para aproximarse a los conflictos y tratar de resolverlos.
Así, los grandes cambios tecnológicos, por ejemplo, marcan la vida de las personas. Recuerdo haber escuchado a un niño preguntar a su abuelo: «¿Dime, abuelo, cómo es posible vivir sin celular?». El abuelo no tuvo respuesta, porque para él la pregunta es: «¿Cómo se vive tan apegado a los aparatos tecnológicos?».
Yo nací un par de años antes de la mitad del siglo XX. He sido testigo, con mis coetáneos, de los mayores cambios tecnológicos, científicos, sociales y políticos que ha experimentado la humanidad desde que hay historia escrita.
La bomba atómica como una sombra amenazante luego de lo de Hiroshima y Nagasaki, los sueños de los viajes espaciales con Flash Gordon, el mágico reloj de Dick Tracy que le permitía hablar por él como si fuera un teléfono, la irrupción de la televisión en América Latina, las revoluciones y las dictaduras militares, el cine y sus estrellas.
Nosotros pertenecemos a una generación sacudida por los cambios. Entre el nacimiento de mi padre y el mío, no hubo grandes cambios en las comunicaciones y muy pocos aparatos eléctricos modificaron la vida común.
Y desde mi nacimiento, prácticamente todos los objetos técnicos y tecnológicos han ido quedando en desuso y siendo reemplazados por otros mejores. ¡Qué decir de la computación y sus aplicaciones!
Las páginas de este libro se van cerrando
Si bien Casablanca se ha convertido en un ícono para los cinéfilos (¿por qué lo asocio con Albert Camus?), los que hemos sido simplemente espectadores tenemos ídolos que dan vuelta por nuestra memoria (Robert Taylor, Kirk Douglas, James Dean, William Holden, John Wayne, Yul Bruner, Montgomery Clift, David Niven, Charlton Heston, entre tantos otros) eran modelos a los que queríamos parecernos, que imitábamos.
Y la música cambió radicalmente con Elvis, Bill Halley, Louis Armstrong y de ahí para adelante The Beatles y los eternos Rolling Stones, que son duros como la piedra y luego todo lo que sigue a una velocidad increíble.
La muerte de Brigitte Bardot sacude mi memoria y mi nostalgia. Me confieso hincha de Sofía Loren, quien está aún trabajando en cine y otros proyectos, quizás la última sobreviviente de ese grupo de actrices que en las décadas de los años 50 y 60 fue un referente para muchos que éramos niños y adolescentes en sus momentos de mayor gloria.
Claudia Cardinale, Gina Lollobrigida, Jeanne Moreau, Elizabeth Taylor, Catherine Deneuve (las dos últimas diez años menores) y tantas otras que fueron parte de las imágenes cautivadoras de aquellos años. Si bien nunca fui de los fanáticos de Brigitte Bardot, me impactaba ella en sus películas, más que por la belleza, por la audacia, la simpatía, la gracia para actuar, esa sonrisa siempre picaresca.
Y confieso que sentí algo de envidia cuando me enteré que Eduardo Severín, mi compañero de colegio, tuvo una relación sentimental (no sé cuan larga o intensa) con la secretaria de Bardot y por lo tanto la conoció personalmente.
Muere Bardot. Cuando muera Sofía Loren caerá el telón. Otras imágenes, otros rostros, otros sueños, otros temas. Y para nosotros, los que ya estamos viejos, revivirán sueños y comparaciones. Porque la muerte de estos personajes, nos llena de emociones y de nostalgia. Marcan el fin de una época, de aquellas historias de otros pero que hicimos nuestras y están instaladas en el corazón.
Pero la noticia de otra muerte, muy distinta, acaecida en este fin de semana que pasó, también agita la memoria y despierta el dolor.
La muerte de Santiago Sinclair, Jimmy Sinclair para los que fueron sus amigos, personaje regalón de Pinochet, uno de sus hombres de mayor confianza, que participó en todas sus operaciones más delicadas (financieras y de represión a los que se consideraba enemigos políticos), integrante de la Junta de Gobierno, senador designado, marca el anuncio del final de una época.
Murieron Manuel Contreras Sepúlveda, Odlanier Mena, Moren Brito, Gordon Rubio, Arellano Stark y Torres Silva, íconos de la represión política. Murió Sergio Fernández, maestro de ceremonias desde el ministerio del Interior de la Contraloría cuando fue necesario. Sinclair es de los últimos.
También murió Roberto Garretón, el más grande de los abogados de derechos humanos. Todos vamos a morir. Y las páginas de este libro se van cerrando, porque se están escribiendo otras épocas, en las que quisiéramos ver más armonía, solidaridad, entendimiento, justicia.
El tiempo dirá si el gobierno de José Antonio Kast fue la última página de una época o la primera de la que vendrá.
La Primera Dama
Lucía Hiriart exigió a su esposo que creara oficialmente el cargo de “Primera Dama de la Nación”, el que recaería en ella, con guardias y escolta, con recursos propios, gabinete, oficina, personal e instituciones de su dependencia. Un verdadero poder, que podría ser el origen de futuros grandes pasos políticos que ella daría.
[Crónica] Navidad todos los días
Estas fiestas de Noche Buena —salvo en lo que concierne al amor, tema central de la prédica de Jesús—, lo avergonzarían al ver este consumismo desatado, esta locura de gastar, la ansiedad por demostrar el amor de acuerdo al precio (un señor Vergara en la radio Cooperativa decía hoy que el gasto por cada regalo depende del cariño)
Por Jaime Hales Dib
Publicado el 17.12.2025
En estos días se celebra una hermosa fiesta cristiana: el nacimiento de Jesús que, para las religiones cristianas, es la encarnación de la divinidad que toma forma humana.
Con todo, este es uno de los misterios más grandes del catolicismo: la Santísima Trinidad, que nos habla de un solo dios, pero tres personas distintas. Este dogma —que es tal porque no se entiende, pero se acepta— se basa en que Jesús —que en verdad se llamaba Emanuel— es fruto de un acto unilateral divino que engendra en María un hijo.
Más allá de las discusiones que eso admite y provoca en algunos, ya sabemos que es posible que una mujer sin tener relaciones sexuales de ninguna especie pueda quedar embarazada por una intervención médica.
Observo lo que sucede en las sociedades occidentales, especialmente las del área de influencia de los Estados Unidos, constatando que la fiesta de Navidad se ha transformado en la fiesta del comercio, donde tenemos como gran preocupación hacer regalos a quienes nos rodean y a quienes queremos.
Esa es una tradición que nace en Europa para recordar otra escena: dos años después, unos magos babilónicos, astrólogos evidentemente, llegaron después de un largo viaje en busca del niño anunciado por una estrella luminosa que había aparecido en los cielos: estaría naciendo un avatar, es decir, un ser que es la encarnación de un dios.
Así, ellos sabían que estaba comenzando la Era de Piscis y venía un gran cambio para el mundo, lento, pero potente. Estos magos quisieron rendir homenaje al recién nacido. Por eso en Europa se celebra «Reyes», unos días después, siendo ésa la oportunidad para los regalos.
La ansiedad por demostrar el amor de acuerdo al precio
Jesús nació en la pobreza y en la precariedad, no porque su padre fuera pobre, sino porque al visitar Belén para el censo no tuvo más espacio para alojar que un establo compartido con varios animales.
En verdad era una de las cuevas de la montaña, donde hasta el día de hoy viven muchas familias, aunque esa cueva específicamente ha quedado en el subsuelo de una iglesia muy bella construida posteriormente.
Pero Jesús además fue un exiliado. Cuando el gobernante judío —sometido al imperio romano que ocupaba el territorio— se enteró del nacimiento de este futuro «rey de los judíos», sintió afectada su autoridad y ordenó la muerte de todos los niños nacidos en la época que señalaron los magos.
Matar niños parece ser una conducta ancestral. Pero la familia de Jesús logró escapar a Egipto. No había drones.
Pobre, perseguido, exiliado, Jesús es el símbolo de la sencillez de la vida. Cuando vemos esta manifestación de regalos, decoraciones, viejos pascueros, pinos llenos de luces, pensamos en cualquier cosa menos en ese niño que vino a revolucionar el mundo y a poner fin a la creencia en dioses guerreros, autoritarios y machistas.
Estas fiestas navideñas, salvo en lo que concierne al amor, tema central de la prédica de Jesús, lo avergonzarían al ver este consumismo desatado, esta locura de gastar, la ansiedad por demostrar el amor de acuerdo al precio (un señor Vergara en la radio Cooperativa decía hoy que el gasto por cada regalo depende del cariño).
¿Qué pasaría si cambiáramos el enfoque de la celebración del nacimiento de Jesús, el judío galileo, que clausuró la era de Yahvé, el dios cruel y guerrero, para predicar el amor a todos los seres humanos como la esencia de la humanidad, aunque para ello deba vivir el más profundo sacrificio?
Tal vez podríamos aprender a tener más gestos amables, saludarnos en ascensores, tratarnos con más respeto, atender mejor en los comercios, darnos el paso en las calles, respetar las normas de convivencia tanto en espacios públicos como en privados. En fin, se me ocurren tantas cosas al respecto y estoy seguro de que quienes leen tienen también muy buenas ideas.
Ser más sencillos, querer acumular menos riquezas, ostentar menos. Tener por propósito ser mejores personas y no «tener más», no seguir usando el dinero y los bienes como medidor del valor de la persona.
Eso ayudaría a disminuir muchas formas de violencia, sobre todo las que se dan al interior de las familias.
Si todo esto lo hiciéramos de modo más consciente y en forma permanente, la Navidad que «conmueve» a tantos unos días, podría ser una experiencia diaria, sin necesidad de regalar más que sonrisas y cariño sincero. Tal vez también regalos sencillos, como una flor cortada en el parque o una comida pensada en el otro.
Navidad todos los días, pues cada día puede nacer un nuevo sentimiento positivo, cada día podemos mejorar nuestras conductas, cada día podemos ser un poco más conscientes de quiénes somos, de cuál es nuestra tarea y de cómo podemos contribuir a que el mundo sea un espacio más feliz para todos.
Aunque siempre habrá algunos que estén dispuestos a matar niños para asegurarse sus tronos o corromper con drogas a los jóvenes para enriquecerse, sobre todo mientras el dios en que muchos creen sea el dinero.
El Huracán Kast
El huracán arrasó con todo y sobre todo con la derecha, instalando sus ideas y actitudes. No es sólo que la “izquierda” perdió, sino que la ultraderecha de Kast ganó en todas las regiones y en todos los estratos socio económicos.
Ya han pasado algunos días desde la elección presidencial –balotaje– en el que Kast, candidato de la ultraderecha ganó por una mayoría aplastante. Mientras unos se lamentan y formulan algo parecido a autocríticas –que no son tales en realidad– Kast viaja, declara, hace visitas y genera noticia a cada instante del día.
Un huracán azota los medios de comunicación y ellos nos atiborran con la imagen del presidente “presuntivamente” electo (debe terminar el proceso electoral con la calificación de la elección) e incluso algunos, Radio Cooperativa por ejemplo, se refieren a él como “Presidente Kast”, sacando la palabra “electo”, con lo que se va generando la idea de que Chile tiene dos presidentes. Uno que se va y otro que ya llegó.
Cuando digo que Kast es de ultraderecha no lo estoy motejando indebidamente. Cuando Kast se retiró de la UDI dijo que lo hacía porque percibió que el Partido UDI, en el cual militó y le sirvió para hacer su carrera política, estaba abandonando sus posiciones de derecha al pactar con los partidos y gobiernos de la “izquierda”.
Es posible agregar que sintió que en su partido no le daban cabida a su carrera política, pues no pudo ser candidato a senador como él quería. Tampoco logró ganar la presidencia del partido, derrotado por los “viejos coroneles” que dirigía Coloma, pese a que él contó con el apoyo de Novoa, un gran pinochetista, más que Coloma.
Se fue más hacia la derecha, con la intención de organizar un nuevo partido que rescatara las ideas de Guzmán y la figura de Pinochet, teniendo como propuestas centrales la eficacia, el orden, la autoridad, la seguridad y la mantención y profundización del sistema económico que impulsaron la derecha empresarial y financiera a la sombra de la dictadura y sus equipos neoliberales.
Partió en su primera aventura presidencial con un 8%, que sorprendió a todos.
Luego, en la siguiente postulación, ganó en la primera vuelta, dejando atrás al candidato que había triunfado en las primarias, derrotando incluso a Joaquín Lavín. Claramente Sichel era un intento de acercarse desde el piñerismo al centro, por su pasado demócrata cristiano. Pero no logró conservar ese primer lugar, pues Boric lo derrotó, manteniendo Kast el porcentaje que Pinochet alcanzó en 1988.
Durante los tres primeros años de su verdugo electoral, concentró su participación política en crear y fortalecer los nexos internacionales, tanto en Europa como en América: y en atacar sin piedad a Boric. En su discurso, todos los problemas del país eran culpa del joven presidente y se solazó con sus errores y la derrota del plebiscito constitucional. Se opuso a que hubiera un nuevo proceso, pero como Boric logró el acuerdo suficiente para imponerlo, movió sus huestes y arrasó en la elección de los convencionales, hasta el punto que logró la mayoría suficiente para aprobarlo casi todo.
Con eso, en la violencia del temporal desatado, cometió el error de imponer su mirada integrista al generar un texto constitucional que la mayoría electoral rechazó al igual que el primero. Supo, entonces, guardar silencio, con lo que sus resultados municipales del año siguiente fueron exitosos, pero no logrando superar la alianza de UDI y RN. Matthei era candidata y ya creía que estaba lista para su triunfo. Se probaba bandas, sonrisas y tenidas, sin darse cuenta que se estaba gestando un huracán de dos focos que terminaría aplastándola a un cuarto logar.
Silenciosamente la campaña de Parisi, que parecía destruido porque todos los diputados del PDG abandonaron la tienda, comenzó a preparar la embestida que lo llevó a recoger descontento y obtener el 20% que lo ubicó en el tercer lugar. Pero, cuando se capitaliza con el descontento, el resultado es feble y sus votantes se traspasaron al otro descontento, que era el huracán mayor: Kast, que, llegando segundo detrás de Jara, pasó al balotaje.
Cuando Kaiser acechaba por la ultra-ultra, Kast comenzó su campaña. Aprovechando que alguien extremaba el discurso de un modo más radical incluso que lo que había sido el suyo en las dos campañas anteriores, mostró ciertas moderaciones temáticas, no respondiendo nunca las preguntas directas sobre lo que haría o no haría. Se mantuvo en el plano de las ideas generales y la crítica destemplada.
Según sus palabras, el país estaba en la ruina, la seguridad no existía, no había inversiones, la educación por el suelo, la salud era un fracaso, la vivienda, la corrupción, hasta el poder judicial, todo según él culpa de Boric y sus ministros que, además eran responsables de haber tenido un violador en ciernes en la Subsecretaría del Interior sin haberse percatado de ello. Todo culpa de Boric…pero al avanzar la campaña era también culpa de los últimos cuatro gobiernos, dos de Bachelet y dos de Piñera.
Con eso golpeaba a la candidata que quería vestirse con la ropa de Bachelet y a la que quería parecer sucesora de Sebastián Piñera, de quien Kast fue un duro opositor.
Y en la elección de noviembre empezó el huracán: enorme triunfo en la elección de diputados y senadores y segundo lugar.
Kast derrotó a esa derecha que quería ser llamada “centro derecha”, la destrozó electoralmente apropiándose (si es posible usar el término) de la mayoría de sus votantes, de sus consignas de siempre, de sus figuras emblemáticas, de sus estilos y del poder.
Hoy, UDI y Renovación Nacional trotan detrás de él, le ruegan espacios en el gobierno para no perder toda su relevancia, mientras Evópoli, con su discurso amplio y renovador que intentaba abrir estilos nuevos, ve cómo carece de espacios en el ámbito de quienes defienden a ultranza un sistema económico y social del cual Kast y Pinochet son las figuras señeras.
No es que Kast vaya a hacer lo mismo que Pinochet, en el sentido de que le sería muy difícil –si es que lo quisiera– aplicar medidas como las que llevaron adelante la DINA, CNI y los demás organismos. No será así, el país ha cambiado.
Ahora se trata de acercarse a esos principios fundamentales de orden seguridad, eficacia, eficiencia, disciplina, todo en el marco de una emergencia, usando como discurso la necesidad de reconstruir una patria dañada, un país que se cae a pedazos, una “realidad” en la que la corrupción se anida en el Estado y en la ineficiencia e ineficacia de quienes lo administran.
Se parece a los fundamentos invocados por los militares cuando se apoderaron del gobierno en 1973, con la diferencia que ahora él ha ganado una elección con casi el 60% de los votos.
El huracán arrasó
El huracán arrasó con todo y sobre todo con la derecha, instalando sus ideas y actitudes. No es sólo que la “izquierda” perdió, sino que la ultraderecha de Kast ganó en todas las regiones y en todos los estratos socio económicos.
Porque lo primero que hizo fue recalcar el discurso de la polaridad, donde no es posible buscar –menos aún hallar– caminos diferentes que se salgan de esa visión unilineal de la política, donde o se está en un extremo o en el otro y donde hay un centro que –como en el chiste– “no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”. Y ese discurso ganó, porque la llamada izquierda no encontró nada mejor que llevar un candidato del Partido Comunista, cuya sola mención sigue sirviendo para asustar a mucha gente que prefiere los males conocidos que otros caminos.
“Necesitamos orden” es la consigna y para eso qué mejor que un hombre como Kast que, desde su ropa, su sonrisa, su peinado, sus esquemas repetitivos, su discurso tal vez elemental y sin muchas ideas, revela la disciplina de tipo militar que algunos creen que puede ser una solución para las necesidades del país (y del mundo).
Y la primera semana fue un nuevo huracán, pues quiere estar en todas partes y todos los días. Desde la Gloria, donde instaló sincrónicamente sus oficinas para este período, pareciera que necesita sentirse como una divinidad que no tiene límites de ningún tipo.
Seguirá viajando, seguirá haciendo discursos y dando opiniones, amenazando a Maduro y pidiendo consejos donde no corresponde. Tal vez se dé cuenta antes de asumir o después, que el país no se cae pedazos, que tiene inflación controlada, inversión extranjera y que, pese a los errores y vacilaciones de quienes un día se creyeron con superioridad moral, Chile no se ha paralizado.
Para eso se requiere calma. Mientras siga desatando vientos y temporales con sus palabras y sus acciones, no podrá percibir la realidad. Debe entender que la campaña terminó y que ahora otra cosa es con guitarra, como decimos en el campo, donde las ilusiones, las imágenes, la liviandad para opinar no bastan.
Si me permiten, lectores y lectoras, tal vez sea bueno recordarle que antes de asumir las pesadas tareas, todos quienes las han tenido, deben tomar un período de retiro. Jesús, a quien Kast dice considerar divino, necesitó 40 días en el desierto. Tal vez el presidente presuntivamente electo crea que él necesita menos, aunque difícilmente sea más que el iniciador del cristianismo.
Como diría don Fernando Riera, ponga la pelota al piso y mire lo que hay antes de pegarle a la pelota a “tontas y a locas”.
Se dará cuenta que debe bajar la velocidad y buscar entenderse con quienes participan de la conducción del país en distintos espacios y niveles. De lo contrario, un huracán, aunque lleve su nombre podrá ser siempre recordado como un desastre.
