Retorno a la poesía y al arte

Mientras algunos apagan incendios y otros simplemente pelean, los chilenos de todos los orígenes, jóvenes y mayores, podemos ir tejiendo esa arpillera, escribiendo ese verso, componiendo esa canción que relatará el pasado y el futuro, para recuperar la seguridad en nosotros mismos, la confianza en los demás, el amor por los cercanos y la expectativa de un país cada vez mejor y más contento.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 17.11.2025

Pasadas las elecciones del 16 de noviembre, muchos miramos con cierta sorpresa o desazón lo que ha sucedido. Que la derecha obtenga algo más que el 45 % que apoyó a Pinochet en 1988 o bien que alcance la votación que logró Sebastián Piñera en la elección de 2017, no nos puede sorprender.

Tampoco puede sorprender la votación de Matthei, pues ya Sichel había dado muestras de la decadencia de Chile Vamos hace cuatro años. La sorpresa es ese 20 por ciento que sacó Parisi, lo que sumado a los tres de escasa votación deja en claro que casi una cuarta parte del electorado no quiere nada con las formaciones tradicionales.

Y a eso puede añadirse que tanto Kast como Kaiser han roto con sus partidos de origen, es decir, lo que hoy es Chile Vamos, lo que nos indica que una enorme mayoría ha dicho basta a los esquemas políticos agotados. Jara no logra siquiera alcanzar el apoyo que tiene Boric.

Chile requiere un cambio de fondo y para eso este sacudón puede dejar en claro que los próximos cuatro años, difíciles gane quien gane, serán los últimos de una época del país en que seguiremos pegados a los conflictos de siempre, para luego abrirnos a nuevas expectativas en la forma de vivir.

Vi y escuché al Presidente Boric, acompañado por Camila Vallejos y Álvaro Elizalde, en la noche del domingo 16.
Este presidente, lector de poesía, escritor aficionado, hincha del fútbol y los deportes en general, ciclista, padre reciente, joven e inquieto, ha madurado como persona y como político.

 

Su discurso fue sereno, generoso, convocador hacia el futuro, evocador de la historia. Con sencillez reconoció la manifestación del pueblo y felicitó a los dos que pasan a segunda vuelta. Él sabe que lo más probable es que el ganador no sea Jara, quien ha hecho todo lo posible por mostrar que no será su continuadora. Bien, así podrá ser y quien llegue a La Moneda querrá hacer las cosas a su modo.

Este tiempo de Boric termina y, siendo tan joven, la vida le puede deparar muchos caminos, tanto en la política como en otros quehaceres.

 

Es hora de rescatar nuestras raíces

En estos casi cinco meses por delante el Presidente Boric deberá terminar sus tareas y preparar el traspaso para un gobierno que enfrentará muchas tareas complejas, siendo la mayor el cambio del estado de ánimo de un pueblo al que se le ha convencido de que vivimos en un ambiente horroroso, con el país quebrado económicamente y la violencia generalizada por las calles de las ciudades y los campos.

Hay problemas, serios y delicados, pero el país no está destruido ni tenemos las crisis de violencia, corrupción y debacles económicas que tienen otros países de este y otros continentes.

El pueblo chileno debe recuperar la confianza en sí mismo y no esperar que el trabajo sea hecho por líderes que dicen tener toda las respuestas. No olvidemos que los delincuentes violentos son parte del mismo pueblo, como los de «cuello y corbata» o «guante blanco» que estafan, lucran indebidamente y ayudan a que se extienda la corrupción. No perdamos de vista que los narco traficantes también son de acá y ellos existen porque hay muchos consumidores de drogas, como los hay de alcohol en exceso.

Pero, este pueblo también tiene música, cine, artes visuales, literatura, deportes. Es un país de muchos creadores —más creadores que lectores o visitantes de exposiciones— donde pasan muchísimas cosas interesantes e importantes.

El pueblo chileno —sus hombres y sus mujeres, de todas las edades— ha perdido de vista lo que es la política y ha aceptado los discursos desencantados de quienes sólo podrán enfrentar emergencias o cuestiones puntuales, pero que no han demostrado tener una mirada hacia adelante.

Con todo, es hora de rescatar nuestras raíces y de prepararnos para avanzar desde ya y sin perjuicio de quienes gobiernen, hacia una sociedad cuyo tejido social esté construido por el respeto, la libertad, la creatividad, la solidaridad.

En efecto, Chile no avanzará mirando sólo los hoyos del camino ni sólo con la vista en el futuro.

De esta forma, el país puede gestar, en los próximos cuatro años, un camino poético, con un relato nuevo: aquel en que nos encontramos varios que, unos mirando el camino para no caer y otros mirando el futuro para no empantanarnos en las urgencias solamente. Será una ruta en la que compartamos los valores fundamentales de los derechos humanos, los deberes cívicos, la honestidad, la libertad y la justicia.

Mientras algunos apagan incendios y otros simplemente pelean, los chilenos de todos los orígenes, jóvenes y mayores, podemos ir tejiendo esa arpillera, escribiendo ese poema, componiendo esa canción que relatará el pasado y el futuro, para recuperar la seguridad en nosotros mismos, la confianza en los demás, el amor por los cercanos y la expectativa de un país cada vez mejor y más contento.

Aunque nos demoremos un poco.

Por quién votar

Con un entusiasmo digno de mejores causas, el partido en el que milito decidió convertirse en hincha de una persona sin saber el rumbo que tomaría su proyecto.

El sociólogo Eduardo Reyes Saldías hace un interesante estudio –que él dirige principalmente a quienes somos militantes o han sido votantes históricos de la Democracia Cristiana– sobre las razones por las que alguien que cree doctrinaria y fácticamente en la democracia como sistema político, no puede votar por quienes han sido parte, partidarios, justificadores o promotores de las dictaduras como la que vivió Chile entre 1973 y 1990.

Me hace mucho sentido y reafirma mi decisión de no votar por ninguno de los tres que se vanaglorian de ello: Kast, Kaiser y Matthei.

Tampoco me es posible apoyar a Parisi, porque carece de contenidos y sus palabras son discursos de lemas y palabras altisonantes que intentan satisfacer angustias circunstanciales de ciertos sectores sociales, pero no dan ni siquiera para sustentar ideas de emergencia.

Marco Enríquez-Ominami, hábil, vivaz e inteligente, construye su discurso desde la mera descalificación de los otros y aunque muchas de sus afirmaciones pueden ser razonables, en la velocidad de sus palabras olvida contestar lo que se le pregunta y descuida la explicación acerca de cómo cree que puede conseguir aquello que estima que son las soluciones para Chile. No se ve detrás de él a personas y equipos capaces de seguir el ritmo de sus dichos ni solidez en sus propuestas.

 

Por otra parte, Eduardo Artés es un nostálgico de los discursos soviéticos cuando gobernaba Stalin, no por los métodos represivos, sino por esa esperanza de que el proletariado cambiaría la historia del mundo y mediante “planes quinquenales” (expresión de aquellos tiempos en la URSS) se podría lograr el desarrollo del país y la construcción de una sociedad justa. Votar por él es, como diría Joaquín Sabina, “añorar lo que nunca existió”.

 

Me quedan sólo dos candidatos. Yo quería que la Democracia Cristiana, partido con doctrina, trayectoria democrática, equipos profesionales, presencia sindical, discurso de cambio de modelo social y con una práctica política de contacto en la base social, recuperara sus propuestas y ofreciera al país una fórmula de encuentro de ideas y de emociones, de esperanzas y programas concretos, que pudiera alterar el pulso de la decadente, limitada y mediocre acción política chilena en una democracia cautiva y aparente, donde el pueblo organizado no tiene espacios para su protagonismo.

Pero en una Junta amañada, donde se negó el derecho a la palabra a quienes proponían este camino, en un estilo arbitrario, se impuso el mero afán electoralista de obtener espacio para sus incumbentes (el propio presidente del PDC que asume al ganar su tesis, entre ellos).

 

“Queremos cupos en la lista a cambio de nuestro apoyo”, fue la esencia del discurso. Y así se apoyó a una candidatura sin programa, que no tenía propuestas serias más allá de las consignas expuestas en las primarias del sector de apoyo al actual gobierno. Con un entusiasmo digno de mejores causas, el partido en el que milito decidió convertirse en hincha de una persona sin saber el rumbo que tomaría su proyecto.

Es decir, la Democracia Cristiana apoyó incondicionalmente a una candidata, tal como lo hizo en 2013, sin siquiera conocer el programa (esa vez el presidente del partido, Ignacio Walker, reconoció haberlo suscrito sin leerlo).

 

No voté por esa candidata en la primera vuelta porque temía que hiciera un gobierno como el que hizo: mediocre, opaco, sin rumbo claro, que borraba con el codo lo que escribía o recitaba en sus discursos y que terminaría como terminó: entregando el gobierno a la derecha por segunda vez. Ni siquiera tuvo la capacidad de autocrítica como para entender que las expresiones de rebeldía que surgieron en 2019 fueron incubadas por sus propias inconsistencias.

Si esa vez fui rebelde (apoyé a Alfredo Sfeir), no puedo serlo menos ahora, cuando veo que los acontecimientos me dieron la razón.

La candidata tiene varios aspectos que la hacen incluso inferior a “Bachelet 2013”. La ignorancia que ha demostrado respecto de las propuestas que la llevaron a ganar la primaria (más allá de los errores tácticos de sus contendores); las inconsistencias de sus dichos (un ejemplo basta: promotora de una “reforma previsional” que hace más fuertes a las AFP y que ahora insiste en que intentará eliminarlas); el “cosismo” al que reduce sus propuestas; las promesas livianas como si bastara con sus decisiones para conseguir resultados (el sueldo mínimo de 750 mil pesos), olvidando la existencia de un Congreso que debería aprobarlo.

Me han acusado, por otros artículos, de anticomunista. No lo soy, pero tampoco puedo hacerme el ciego o sordo cuando sabemos que el modelo que propone, en lo táctico y lo estratégico, en lo programático y en la acción política, dista con mucho de las propuestas de cambio y perfeccionamiento de la democracia chilena que buscamos los que creemos en la participación organizada del pueblo en la base social, la institucionalización de los mecanismos democráticos, la justicia, la libertad y la solidaridad como principios fundantes de una nueva manera de vivir en sociedad.

El “cosismo” de Jara permite sostener un discurso por un rato, pero no sirve para gobernar. Ya vemos lo que ha pasado con Frente Amplio y su alianza con el Partido Comunista y otros grupos que se autodenominan “socialismo democrático” (aceptando tácitamente que el socialismo de sus socios no es democrático).

A Boric no le ha ido bien no sólo por la oposición de la derecha, sino justamente por los errores de sus propios partidarios que lo han tratado con dureza, han votado en contra sus proyectos, han organizado acciones objetando sus decisiones. Incluso la propia candidata lo ha hecho en varias materias, a pesar de que haber sido parte del gobierno es lo que la impulsó a la posición que tiene.

Que la derecha se opusiera, era previsible. Pero que lo hicieran los suyos, podría haber sorprendido a los analistas más académicos. A mí no, porque conozco los libretos y a los actores del drama. Si a eso se añade los estilos de gobernar, no del presidente que se ha mostrado abierto a las correcciones, pero sí de muchos de los importantes funcionarios y dirigentes de los partidos, que han mostrado actos de soberbia; posiciones de desprecio por los demás; autoritarismo basado en una supuesta superioridad moral; y actos de corrupción, desorden e impericia, las expectativas resultan precarias.

No votaré por Jara.

¿Y Mayne-Nicholls? No lo conozco personalmente. Alguien me decía: “Es una buena persona, caballero, mesurado, eficiente en lo que ha hecho, pero eso no basta para ser un buen presidente”. Tiene toda la razón mi interlocutor, pero parece ser un buen punto de partida, sobre todo cuando es justamente lo que está ausente en otros que se han dedicado a construir propuestas sobre la base del “cosismo” y la descalificación de los adversarios.

 

Lo valioso de su propuesta está en el estilo. Ante la pregunta periodística de cómo piensa hacer las cosas que requerirán apoyo parlamentario sino tiene listas para el Congreso, su respuesta es simple: “Con todos los que quieran”. Lo primero que haré, dijo, será reunirme con todos los partidos. Desde ahí partimos, porque a él lo inspira otro espíritu.

Él no es un candidato hecho en maquillaje y escenografías: es un hombre directo, claro, sin pretensiones de perfección, que sabe que se equivoca, rectifica y se disculpa. Es una persona real, con ideas claras, pero que sabe conciliar. Como dice el proverbio árabe, es valiente sin ser temerario y es prudente sin ser cobarde. Sabe reír, sabe enojarse, no insulta, pero puede ser agudo en sus preguntas.

Creo que no será el gran presidente que conduzca a Chile al cambio que muchos esperamos, pero podría ser un presidente razonable, que ponga en marcha mecanismos de relación social en un país dañado por la agresividad, la violencia ambiente, la grosería, la vulgaridad.

Si es elegido presidente al menos detendrá esta caída ética que domina el ambiente de la política. Podría iniciar un proceso de concierto político que permita resolver los problemas (“cosismo”), pero también mirar con un poco de perspectiva lo que deberá venir en las próximas décadas.

Una presidencia así, en las que todos sientan que tienen espacio para contribuir, en la que el tono conciliador predomine, puede activar energías y espacios para la reorganización social, la revitalización de las instituciones y el avance en un cuadro de valores en que la justicia, la rectitud, el espíritu de colaboración, la libertad, el sentido del aporte del Estado, sean claves para las tareas por delante.

La educación requiere de miradas de mediano y largo plazo. La seguridad y la salud, de medidas urgentes. La economía de urgencias y proyección. Las relaciones internacionales de audacia, solidez y respeto. Todo hecho por personas que sepan, que tengan ideas nuevas y energías jóvenes que se combinen con la experiencia de tantas personas que pueden aportar.

Votaré por Harold Mayne-Nicholls.

¿Y en la segunda vuelta?

Eso es harina de otro costal.

Entre Tongoy y Los Vilos

Faltan dos semanas para las elecciones y los escritores, los artistas y los entusiastas de esta plataforma no podemos eludir el tema importante. Hay que votar y elegir al que nos parece mejor, aunque creamos que, a partir de encuestas y titulares de diarios, no esté entre los preferidos por las elites de siempre.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 1.11.2025

El camino terrestre, cercano al mar en muchos de sus tramos entre Tongoy y Los Vilos es muy poco poblado. Cerros secos, cactus y espinos en algunos, vientos arrasadores. No hay estaciones de servicio para comprar bencina ni restoranes. Muchos puestos vendiendo quesos, dulces de La Ligua, carne de cabrito y algunas frutas a precios muy parecidos a los que podemos encontrar en los supermercados de Santiago.

Viajando en auto, se gana sueño entre Tongoy y Los Vilos. Lo hice recién y fue tal como lo describo. Pensaba mientras conducía en el origen de ese dicho que se usa cuando alguien pregunta por el estado de cosas —cualquier tema a tratar— y la respuesta es «entre Tongoy y Los Vilos».

Pero varios internautas ofrecen explicaciones del dicho y casi todos coinciden que se generó a comienzos del siglo XX cuando comenzaron los viajes en avión entre el norte chico y Santiago.

Eran tan fuertes los vientos, que los antiguos y pequeños aviones corrían severos peligros, lo que sería para los pasajeros aún más grave si el avión capotaba en esas inmensidades de soledad, sequedad, calores extremos en el día y fríos impensables en la noche, todo ello frente a roqueríos de difícil acceso marítimo.

Con todo, estar «entre Tongoy y Los Vilos» es vivir en una suerte de incertidumbre, pues puede pasar cualquier cosa por inesperada que parezca.

Y pensé que el país está «entre Tongoy y Los Vilos» en estas elecciones de primera y segunda vuelta. Después de la primera vuelta habrá dos ganadores que disputarán la segunda.

De los ocho candidatos hay dos claramente descartados para ese paso (MEO y el Profesor Artés), que más allá de las encuestas que los dejan en el 1 % nominal, no han logrado entusiasmar suficientemente y los que votaron por ellos antes quedaron decepcionados por su actuaciones posteriores.

Observando anteriores elecciones presidenciales, las dos últimas al menos, podemos decir que las encuestas han errado gravemente, dando a unos en exceso y a otros en menos.

De lo único que no cabe duda es que la señora Jeannette Jara pasará a segunda vuelta, pues recogerá los votos de quienes siguen apoyando al gobierno, más un 3 o 4 % que le aportará la Democracia Cristiana. Podrá llegar casi al 40 %, en el mejor de los casos para su opción.

Casi cualquiera puede ganar la clasificación

¿Quién pasará también?

Muchos creen que Kast, pero la incertidumbre sobre lo que puede significar su gobierno, dadas las nuevas tácticas para suavizar el tono, han desviado votantes hacia Kaiser, lo que puede dejar al «Republicano» fuera de los dos primeros lugares.

Parisi puede ser una caja de sorpresa, porque sus precariedades empatizan muy bien con gran parte de los votantes que creen en discursos vacíos y en promesas imposibles, pensando (por decir algo) que si en Argentina pudieron, por qué no sería posible acá.

En él encarnan no sólo la incertidumbre sino el sentido de riesgo mucho mayor que con cualquier otro. Es como volar en avioneta en los lugares hoy plagados de molinos de viento.

Matthei, que fue ganando en los primeros metros, como en la hípica es un «pingo» cansado, que lo han ido superando. Lo bueno que tiene son sus jinetes que en cualquier momento reactivan las cosas, recuperan su alma de mil batallas y la dejan segunda, pues si bien ella encarna la inseguridad del triunfo, al menos propone menos incertidumbre si es que clasifica para la segunda carrera.

Con Kaiser la cosa será diferente: porque con él no hay incertidumbre, pero genera temor con las cosas que dice que hará, porque sería capaz de hacerlas y muchos de los que han ido pasando de Kast a su lado, pueden arrepentirse a última hora y terminar buscando seguridad en la «materna protección» de Matthei, por su trayectoria política.

¿Y Harold Mayne-Nicholls? En hípica sería el típico caballo desconocido, primerizo en las lides grandes y que puede dar un batatazo en la arremetida al entrar a tierra derecha, no por los palos sino abierto y clasificar a última hora por cabeza.

No encuentro a casi nadie de mi entorno que se atreva a decir que votará por él, pero cuando les digo que yo lo haré, muchos reconocen su sensatez, saben de sus logros, reafirman que es un buen hombre que corrige sus errores, honrado a pesar de ser del fútbol y que debió dejar su cargo cuando Bielsa se fue y él quiso que hubiera decencia y justicia entre los dirigentes. ¿Podrá?

Estamos «entre Tongoy y Los Vilos», donde casi cualquiera puede ganar la clasificación. Quién ganará la otra etapa, eso es otro asunto.

En nuestro creativo país, lleno de refranes, dichos populares y poetas de la calle, estar «entre Tongoy y Los Vilos» es una cruda realidad. Es hora, entonces, de pensar en grande y construir un texto que relate no un refrán sino una esperanza de país.

Faltan dos semanas para las elecciones y los escritores, los artistas y los entusiastas de este Diario no podemos eludir el tema importante. Hay que votar y elegir al que nos parece mejor, aunque creamos que, a partir de encuestas y titulares de diarios, no esté entre los preferidos por las elites de siempre.

Nosotros, los votantes, somos el pueblo y debemos cumplir nuestro deber en nuestra conciencia y no para apostar a ganador. Apostemos por el país que, tal como lo ha hecho en el cine nacional y no cesa de vivirlo en la literatura, se renueva constantemente.

Conciencia y esperanza.

RESISTIR:La lucha poética

En el año 2019, la poeta ecuatoriana – además de aboga-
do, profesora universitaria, embajadora ante la UNESCO
– Rocío Durán-Barba inició una hermosa campaña llama-
da “Resistir”. En torno al lema “Resistir, la luz de la poesía contra el
caos del mundo”, comenzó a convocar a poetas para que escri-
bieran sobre el tema.
Los poetas invitados son personas integradas a PEN CLUB
INTERNACIONAL, una organización que agrupa a personas vin-
culadas a las letras (“Pen” es pluma para escribir en inglés) es-
critores, periodistas, historiadores, traductores y ahora cronistas
por internet, dispuestos a luchar por la defensa de la libertad,
los derechos de quienes escriben y la promoción de la amistad y
la colaboración entre ellos. Con más de cien años de existencia,
PEN nace en una época difícil, cuando ya estaba en marcha el
nuevo gobierno de Rusia – que luego sería la Unión Soviética

  • y se gestaban los movimientos fascistas y nacional socialistas
    en Europa, como herederos de las visiones autoritarias de las
    antiguas monarquías. PEN Internacional es la más antigua or-
    ganización de defensa de los derechos humanos y organización
    literaria internacional.

Los invito a buscarlo en: https://rocioduranbarba.com/resistir-manifiesto-poetico-resister-manifeste-poetique/
En otro artículo les transcribiré parte de los poemas de los
chilenos que hemos participado en esta gran cruzada encabeza-
da por Rocío Durán-Barba.

Modo de hablar y política

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 26.10.2025

Me llama profundamente la atención el manejo que se hace del idioma por parte de los políticos. Puede tratarse sólo de los chilenos, aunque es probable que esos estilos de discurso sean más generalizados. Confieso mi ignorancia.

Los modos, estilos y formas en la cultura son en general impuestos por los sectores sociales dominantes, aunque debemos reconocer que en el país se ha extendido un estilo vulgar, con el uso de palabras y la construcción de oraciones propias de la gente con menos nivel instructivo.

Pero, como me lo decía una académica mexicana, tal situación puede ser propia de que el uso del idioma da cuenta de la vida social y por tanto van apareciendo modismos, estilos, vocablos, que dan vida a una modalidad diferente de comunicación. Y eso es así, nos guste o no.

Cuando recorro centros comerciales, en cualquier barrio de Santiago, me impresiona constatar que la mayor parte de los nombres de los establecimientos comerciales tiene nombres en inglés o con palabras en ese idioma. Las habituales tiendas comerciales del país, han cambiado sus clasificaciones, nomenclaturas, anuncios, para incorporar sustantivos extranjeros, creando una situación que dificulta de cierto modo la comunicación acostumbrada.

Entiendo que existe un idioma español de México que es distinto del castellano tradicional, tal como hay otro en Argentina, Perú o Chile. No es lo mismo el idioma que se habla en Brasil que en Portugal, Angola o Mozambique, aunque siempre se le mencione como «portugués», pues cada comunidad incorpora, desde sus raíces autóctonas y sus costumbres propias el uso de palabras con distintos sentidos o con una manera de armar las frases de modo diferente.

Lo que no me gusta es el proceso de «filipinización» que he percibido en el continente americano desde México por el norte hasta el cono sur: la sustitución progresiva del idioma castellano o español con sus derivaciones particulares por el idioma inglés.

En Filipinas significó el fin del español, idioma infinitamente más rico en matices y modos que el otro. Y eso tiene que ver con la colonización cultural, el sometimiento de los pueblos a los imperios contemporáneos, la destrucción de las fusiones de lo popular con la riqueza de los idiomas.

Con todo, es cierto que el uso del castellano por sobre las lenguas aborígenes fue una cierta imposición imperialista hace más de cinco siglos. Pero los países de habla hispana ya existen y tiene sus propias idiosincrasias. Hoy eso tiende a desaparecer para uniformar, dólar mediante, el modo de hablar y de pensar de todos los países sometidos al poder de los grandes.

 

De ese modo la corrupción anida

Ahora bien, visto esto, me referiré a la mirada ideológica que condiciona el lenguaje. Por ejemplo, antes se hablaba del «pueblo», pero hoy, en el ambiente derechizado que quiere «moderarlo» todo, se habla de «la gente».

Desde la dictadura, que la derecha llama «gobierno militar», para sacarse de encima las responsabilidades que les caben, se fue gestando el tema de esa moderación de las palabras para evitar llamar las cosas por el nombre que tienen, dejando los calificativos que pueden ser más fuertes sólo para afectar a quienes no coinciden con el modo capitalista de ver la realidad.

Así, el que no es partidario del neoliberalismo es «comunista», entendiendo que deben recibir ese calificativo no sólo los que militan en el Partido Comunista, sino todos los que hablan en contra del sistema imperante.

Lo que más me ha llamado la atención es el empeño de apropiarse de todo lo que debe pertenecer a los chilenos en general. Porque para la llamada «derecha», lo máximo es «tener más», es decir ser dueño.

Entonces ellos se hacen dueños del país («nuestro país» y si alguien dice «este país», lo critican duramente), de la policía uniformada y militarizada («nuestros carabineros», entendiendo que toda crítica a esa instituciones o a sus jefes es un acto antipatriótico), de las instituciones de la Defensa Nacional («Nuestras fuerzas armadas» y vaya lo que le pasa al que, como yo lo he hecho, las critique). Algunos llegan al extremo, como un alcalde metropolitano, de decir «mis carabineros» o «mis guardias municipales».

Así, en el último debate televisado de los candidatos presidenciales se habló de «nuestros niños». Otras veces se habla de «nuestros adultos mayores». Es el deseo inconsciente de hacerse dueño de los demás de acuerdo con la lógica capitalista de valer más en la medida que se tiene más.

Lo propio se convierte en intocable. El capitalismo sitúa a la riqueza como la principal meta de las personas. En la propiedad radica el grado de poder e importancia de las personas, sin importar a la larga como haya sido eso obtenido.

De esta forma, la competencia desatada, el aprovechamiento de informaciones privilegiadas, las trampas para quedarse con las ideas de otros, las mentiras disfrazadas de verdades, son procedimientos aceptados si son exitosos y si acaso se salvan de ser sancionados por los tribunales.

No importa lo que se haya hecho, lo que vale es que no lo sorprendan, que no les puedan probar lo que hicieron, que hayan prescrito las conductas. Y si los sancionan —muy pocos casos— tendrán que ir a clases de ética o pagar ridículos montos que son bajísimos porcentajes de los ingresos ilegítimos percibidos.

Se valoran las «habilidades» para deslizarse por las laderas de lo incorrecto o ilegal sin ser castigados. Lo importante es que esos especuladores, empresarios, políticos, obtengan el éxito deseado. E incluso cuando son sorprendidos en manejos turbios, pueden tener la capacidad de eludir a la justicia con diferentes artes. Ya lo hemos visto y no es del caso entrar en detalles.

Y quienes hablan así y viven así, traspasan sus valores a un pueblo que buscará imitar a los poderosos para tener éxito y conseguir valoración.

De ese modo la corrupción anida porque, a la larga, los que pasan las barreras para acceder al poder en sus diferentes formas, siempre serán pocos en un sistema así.

 

 

 

 

 

Consejos prácticos para ingresar y cobrar bonos en TikiTaka Casino

Como analista online de casinos con un enfoque en datos y hechos, he examinado cuidadosamente la plataforma de tiki taka 3 casino, y en este artículo te ofrezco una guía clara y estructurada para que puedas aprovechar al máximo sus bonos. No se trata solo de encontrar las promociones, sino de entender cómo ingresar, activar y retirar los beneficios de forma segura y eficiente.

¿Cómo funciona el proceso de ingreso para recibir bonos?

El primer paso para acceder a los bonos en TikiTaka Casino es realizar un depósito. Este trámite es sencillo, pero es importante conocer los métodos disponibles y las condiciones específicas para cada oferta. La plataforma acepta diversas formas de pago, desde tarjetas bancarias hasta monederos electrónicos y criptomonedas, lo que facilita la entrada a una amplia variedad de usuarios.

Una vez registrado, el jugador debe atender a los bonos de bienvenida o promociones vigentes, ya que algunos requieren un código promocional o cumplir ciertos requisitos mínimos de ingreso para activarse. Además, la plataforma suele establecer límites máximos y tiempos concretos para aprovechar estas ofertas, por lo que la lectura detallada de los términos es fundamental.

Tipos de bonos y condiciones para su cobro

TikiTaka Casino dispone de una diversa gama de bonos que van desde el clásico bono de bienvenida hasta promociones recurrentes para jugadores habituales. Sin embargo, lo que realmente marca la diferencia es la estructura de los requisitos de apuesta (o «rollover»), que determinan cuándo y cómo un bono puede convertirse en saldo real para retirar.

Tipo de bono Requisito de apuesta típico Límite de conversión Tiempo para completar
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Bono sin depósito 40x bono 3 veces el bono 3 días
Bonos por recarga 25x depósito + bono 4 veces el bono 5 días
Giros gratis 35x ganancias de giros No aplicable 3 días

Para cobrar el bono, es crucial cumplir estos criterios sin excepción. Un error común es intentar retirar el dinero antes de completar el rollover, lo cual resulta en la pérdida automática del bono y ganancias asociadas.

Estrategias para maximizar la ganancia de los bonos

Muchos jugadores no aprovechan al máximo los bonos porque desconocen ciertos detalles que garantizan su éxito. Aquí algunos consejos prácticos para sacar provecho a los bonos en TikiTaka:

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  • Administra tu bankroll para no sobrepasar los límites de apuesta máxima permitidos durante el período de apuesta.
  • Consulta siempre los términos legales del bono antes de activarlo para evitar sorpresas.
  • Si tienes dudas, contacta con el servicio de soporte antes de empezar a utilizar la promoción.

¿Qué hacer para cobrar las ganancias sin problemas?

Una vez cumplidos los requisitos de apuesta, es vital seguir ciertos pasos para poder retirar las ganancias sin demoras ni inconvenientes:

  1. Verifica que tu cuenta esté completamente validada. Esto incluye la entrega de documentos de identidad, prueba de domicilio y, en algunos casos, verificación del método de pago.
  2. Solicita un retiro dentro del panel de usuario y asegúrate de seleccionar el mismo método que usaste para depositar, cuando sea posible.
  3. Ten en cuenta los límites mínimos y máximos para retiros y los tiempos de procesamiento, que pueden variar según el método elegido.
  4. En caso de promociones con límites de ganancia, recuerda que cualquier excedente puede ser eliminado en la revisión de tu solicitud.
  5. Guarda todas las comunicaciones y comprobantes por si el soporte técnico necesita realizar alguna aclaración.

Mini-comparación: TikiTaka vs casinos promedio

TikiTaka destaca por su variedad de opciones de pago y rapidez en la validación, mientras que en muchos casinos similares los procesos suelen ser más lentos y restrictivos. En cuanto a bonos, TikiTaka ofrece condiciones competitivas, aunque no siempre las más generosas, lo que puede ser determinante para jugadores que valoran la transparencia sobre grandes promociones con términos complejos.

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FAQ – Preguntas frecuentes sobre bonos en TikiTaka Casino

¿Puedo reclamar más de un bono a la vez?
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¿Qué pasa si no completo el rollover a tiempo?
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¿Puedo usar bonos en todas las tragamonedas?
La mayoría de las tragamonedas son elegibles, pero algunos juegos pueden estar excluidos del requisito de apuesta.

¿Cómo saber si un método de pago permite acceder a un bono?
Generalmente, los métodos clásicos como tarjeta y monederos electrónicos son válidos, pero algunas promociones excluyen ciertos canales.

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Sí, aunque son limitados y suelen tener requisitos de apuesta más estrictos y plazos cortos.


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El mal uso del idioma y el lenguaje

El castellano es la expresión verbal y escrita de nuestra cultura y ciertamente el cuidado en el uso de las palabras fortalece el acervo de un determinado pueblo, por eso es que cuando se admiten deformaciones de palabras extranjeras o se usan mal los conceptos, todo tiende a confundirse y la expresión «da lo mismo» adquiere una profunda relevancia.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 16.10.2025

En noviembre de 2014 escribí un artículo, que nunca publiqué, sobre este tema. Ahora lo completo y decido publicarlo.

Con todo, el periodista Jorge Abasolo dice que la Real Academia lo tiene decepcionado, pues en lugar de velar por la corrección del idioma, se ha dedicado a incorporar prestamente palabras del léxico vulgar: «Basta que el vulgo popularice un término para que la RAE le dé su consentimiento».

Además, bellas palabras antiguas son eliminadas del diccionario por estar en desuso, descartando que se puedan usar nuevamente, tales como alidona o bajotraer.

En una mirada cortoplacista (palabra recién aceptada) se responde a las urgencias de lo inmediato en lugar de atender a lo importante que es mejorar el uso del idioma para mantener y mejorar las comunicaciones. Mirada corta, para ganar popularidad tal vez.

Para los escritores es «chipe libre», es decir, escribe como quieras pues si te haces famoso, tus torpezas pasarán a ser parte del diccionario. Tal como Abasolo, siempre he intentado ser cuidadoso en el uso del idioma y del lenguaje, pues creo que de ese modo resulta más fácil que los seres humanos podamos entendernos.

El idioma es expresión de la cultura y ciertamente el cuidado en el uso de las palabras fortalece la cultura propia de un determinado pueblo. Cuando se admiten deformaciones de palabras extranjeras o se usan mal los conceptos, todo tiende a confundirse y la expresión «da lo mismo» adquiere una profunda relevancia.

El deterioro de las comunicaciones

La vulgaridad se adueña del idioma y las palabras finas y precisas desaparecen, muchas veces sustituidas por otras salidas del inglés. Por ejemplo en vez de zafio se usa nerd y en lugar de liquidación se usa sale; en lugar de borrar, deletear; en vez de silenciar, mutear.

Estamos viviendo el deterioro de las comunicaciones cuando usamos tantas palabras extranjeras que no cualquiera entiende.

Y entre los chilenos usamos muchas palabras o expresiones de pésima manera. Al respecto hay un excelente libro de Héctor Velis-Meza y Hernán Morales Silva, editado en 2013 que ya requeriría una actualización. Pensemos, por ejemplo, en expresiones que encontramos en autoridades del país y en los periodistas.

«Cancelar», que significa «anular». En vez de decir «pagar», «consuma y después cancela», dice la moza o mesera y yo digo: «Señora, no voy a cancelar. Voy a pagar».

«Asertivo» en lugar de certero o acertado.

«Antecedentes previos», como si los hubiera posteriores…

«Gobierno central» expresión propia de los estados federales (como Estados Unidos de América, Estados Unidos del Brasil, los Estados Unidos Mexicanos, Argentina), para referirse al gobierno del país o gobierno «nacional».

«Parlamento», en lugar de «Congreso Nacional». La primera expresión es propia de regímenes parlamentarios, en cambio la segunda es propia de los regímenes presidenciales.

«Gobierno militar» a la dictadura que encabezó la derecha usando a los militares. Debiera decirse: «Dictadura militar de derecha» o «Gobierno cívico militar».

No existen los «cómplices pasivos» como dijo el presidente Piñera en 2013, porque el cómplice tiene una participación activa, tanto como los encubridores que ayudan a que el delincuente se beneficie de sus actos. En materia de derechos humanos los que silenciaron y escondieron tienen responsabilidad.

«Democracia”, para referirse al sistema político instalado por la dictadura y que tiene apariencia democrática por la existencia de elecciones periódicas y punto.

A eso podemos agregar las graves incorreciones de locutores de radio (el señor Rodrigo Vergara Muñoz de Cooperativa es un buen ejemplo de esto), cuando al presentar al ministro de Hacienda se le dice «el encargado de las lucas» o utiliza formas vulgares del lenguaje como «podís» en vez de «puedes». Peor me parece cuando se cosifica a las mujeres: «Ahora escucharemos el informe de ‘la’ Camila…», cosa que no se aplica a los hombres: a nadie le dicen «el Rodrigo».

Y así suma y sigue.

El proceso inconcluso

La falta de interés popular en las actuales elecciones presidenciales y parlamentarias son la mejor manifestación del agotamiento de la opción que se impuso en la “disputa” interna: la de los ocupantes de La Moneda en 1990, seguida al pie de la letra durante muchos años, en el sentido de no hacer modificaciones significativas al modelo instalado desde la dictadura.

¿Transición?

El desatacado intelectual chileno Carlos Huneeus escribió un libro titulado “La Democracia semi Soberana”, título que resume la realidad de la llamada transición chilena. Este proceso político, que pareció empezar con bríos en 1990, ha quedado inconcluso.

Por eso hay analistas –Juan Pablo Cárdenas entre ellos– que prefiere hablar de “post dictadura” en lugar de “período democrático”. Y estoy de acuerdo, aunque prefiero la fórmula de Huneeus, ya que efectivamente las cosas han cambiado desde los tiempos de la dictadura en el sentido de que las autoridades son elegidas por votación, las leyes se aprueban en el Congreso, las autoridades tienden a ajustarse a las normas constitucionales (cuando las conocen o hay algún abogado que se los sople al oído), las brutalidad policial ha amainado, no hay violaciones sistemáticas de los derechos humanos y han existido avances en materias sociales.

Ya en 1986, en un artículo que me publicó revista ANÁLISIS, yo anticipaba que el pacto –en ese momento en construcción– que llevaba a los políticos chilenos a aceptar el camino diseñado por la dictadura en su Constitución, iba a conducir a mediano plazo a una revuelta social que alteraría profundamente las relaciones políticas.

Lo definía como un estado de ánimo parecido a la rendición, concediendo al plebiscito de 1988 y a las eventuales elecciones de 1989 el poder de cambiarlo todo. No se daban cuenta (¿o se daban cuenta?) que eso, respaldado por el gobierno de Estados Unidos, apuntaba a consolidar un modelo económico, social y político que se perpetuara en el tiempo, como efectivamente ha sido.

Dos miradas para Chile

No fuimos pocos quienes alzamos la voz, especialmente al interior de la Democracia Cristiana y algunos otros partidos más tímidamente, pidiendo actitudes más drásticas que apuntaran al cambio de régimen político y a la sustitución, paulatina por cierto, del modelo económico.

Se nos acusó de “autoflagelantes” y hubo voces que respondieron sosteniendo que los otros serían “autocomplacientes”. Ni lo uno ni lo otro, sino simplemente dos miradas. Algunos se bastaban con que hubiese elecciones libres y otros queríamos una democracia sólida, sustentada en la participación, con un cambio que nos alejara del modelo impuesto por la derecha desde la dictadura.

Las actuales elecciones presidenciales son la más clara y evidente manifestación del agotamiento de la opción que se impuso en la “disputa” interna: la de los ocupantes de La Moneda en 1990, seguida al pie de la letra durante muchos años, en el sentido de no hacer modificaciones significativas al modelo instalado desde la dictadura.

El proceso de transición hacia un nuevo sistema político, social y económico quedó inconcluso. La transición se detuvo e incluso hemos tenido retrocesos (como el voto voluntario, por ejemplo y la permanencia de resabios de binominalismo) que han llevado al desencanto mayoritario con la tarea política.

Desapego democrático

No se trata de añorar las grandes gestas presidenciales que hubo hasta 1970, pero el bajo entusiasmo que despiertan las actuales elecciones de congresistas y presidente de la República evidencia el desapego hacia la política y la democracia.

Al parecer, según revelan ciertas encuestas, hay ya demasiada gente que considera que no necesariamente la democracia es el mejor sistema político, sobre todo entendiendo lo actual como tal.

Se ha perdido la confianza en que quienes se han autodenominado como una “clase política” sean capaces de representar verdaderamente un cambio en la forma de vivir de los habitantes del Chile de hoy.

Programas pobres, consignas superficiales, ideas repetidas como letanías de religiones sin adeptos, son la tónica de una contienda presidencial que se mueve entre dos extremos, posiciones polares que buscan el poder por el poder más que un camino de realización democrática. Y reina el desencanto en los que han sostenido posiciones proclives a la profundización democrática y a un cambio más radical, profundo, sustancial y rápido, que pueda mejorar la situación de las mayorías y la calidad de las decisiones que se toma en aras del bien común.

Preguntas inevitables

Hay candidatos a parlamentarios cuyos méritos son solamente haber escalado en posiciones de camarillas internas en los partidos, algunos cuyos actuales escaños los ocupan por designación y no por elección popular. Los diputados y senadores han pasado a ser sólo la expresión de poder de grupos internos de partidos que han olvidado sus proyectos y se acomodan a pactos sin sabor a nada.

¿Cómo entiende la ciudadanía que, por ejemplo, la candidata oficialista lleve el apoyo de quienes han sido oposición al actual gobierno y que otros que han sido parte de su sustento (integrando incluso el gabinete) hoy vayan en listas separadas?

¿Cómo percibe la ciudadanía que haya candidatos que han cambiado de partido solamente porque aquel en el que militaron por años no los quiso llevar a senadores y los proponían para prolongar su ya extendida diputación?
¿Cómo se puede entender que en una lista que apoya a la candidata Jara esté postulando a senador un acérrimo anticomunista, que salió de la Democracia Cristiana para instalarse en la derecha y al no ser aceptado en ese pacto, integra el del grupo que ha criticado duramente por tantos años?

Y así como esas preguntas, muchas otras surgen, algunas porque se olvidan de las disposiciones legales o los acuerdos, otras porque se toman decisiones sobre el carácter obligatorio del voto no pensando en lo mejor para el país sino en intereses electorales particulares.

¿Cómo votar?

Hay muchas cosas que cambiar, pero los dos modelos constitucionales que fueron propuestos a la ciudadanía experimentaron el mayoritario rechazo porque en lugar de contener disposiciones que de verdad fueran en beneficio de las mayorías, se convirtieron en expresiones de intereses de minorías sectoriales.

Esta elección no entusiasma más que a los candidatos y el pueblo chileno votará entre incumbentes que no le ofrecen sino disputas radicales y amenazas, sabiendo que las promesas no serán cumplidas y poniendo en riesgo la posibilidad de completar la transición postergada e inconclusa e incluso la continuidad del sistema democrático vigente.

Algunos piensan votar en blanco o nulo. El problema que ello reviste es que finalmente esos votos no se consideran para producir una presión sobre políticos que se solazan en la mirada al espejo, viendo una imagen deseada que no es la real.

Hemos llegado a un extremo.

El cambio en movimiento

Confío en que luego de esta elección comenzará un despertar de aquellos que verdaderamente creen en una democracia en la que el pueblo sea soberano, que existan partidos con ideas y propuestas.

¿Serán nuevos partidos?

¿Serán nuevos liderazgos?

¿Recuperarán los partidos que han demostrado tener ideas su capacidad de creer en ellas y compartirlas con la ciudadanía?

¿Tendremos propuestas de reformas serias que vayan en la línea de avanzar hacia una sociedad justa, democrática, participativa, libre, solidaria?

Todo esto pensando en que los esfuerzos de tantos en el siglo XX, cuando luchamos contra la dictadura, cuando propusimos caminos para Chile, hayan valido la pena en el devenir histórico y no tengamos que lamentar la repetición de ciclos negativos para el pueblo chileno.

«Entre la voz y el miedo»: La hermosa costura de un relato

Este es un libro necesario, beneficioso, que puede ser extraordinariamente útil para que los muchachos de hoy vayan conociendo una historia de nuestro país que se desdibuja en la maraña de consumo, competencia, liviandad, frivolidad que caracteriza a muchos de los espacios comunicacionales de este tiempo.

Saber lo que sucedió, conocer de referencia aquella sucesión de acontecimientos tremendos que soportamos los chilenos, puede ayudar a apreciar valores tan queridos como la democracia, la verdad, la tolerancia, el respeto, la sobriedad, el rigor en el trabajo y en diferentes esferas de la vida.

Conocer lo que sufrió Chile en esos años, historia descrita por un protagonista, nos puede ayudar a tomar decisiones en la construcción del futuro y no seguir arriesgando, con discursos que confrontan y polarizan más de lo necesario sin ofrecer caminos, una vida democrática que aún no termina de reconstruirse.

Así, Entre la voz y el miedo es una obra escrita con la mano ágil de un periodista, la mente despierta y la capacidad literaria de alguien con «buen oficio» y «buena pluma», de poeta, de narrador, de cronista.

Entretenido, es un libro que permite al lector dejarse llevar a través de las páginas, transitando suavemente por las intensas emociones de la vida, con un panorama del Chile de hace tantas décadas. Los estudios escolares, la universidad, la política, las ideas, la fe, el amor, van dejando huellas sensibles que, sin grandes aspavientos, conmueven al lector.

Con todo, el libro cuenta la historia de este muchacho, huérfano siendo muy niño, que recorre hogares en los que va construyendo relaciones de cuya duración no puede anticiparse nada. Inquietudes, dolores, miedos, amores, cariños de quienes lo acogieron, son pinceladas de una vida que se va nutriendo de esperanzas.

Sin dejarse arrastrar por tentaciones que se ofrecen a jóvenes que han vivido situaciones de intenso dolor, se levanta una estructura de vida sana, entre alegre y melancólica, con valores sólidos.

 

Un relato que vale la pena conocer

A poco de haberse recibido, casi dos años de instalada la dictadura encabezada por Pinochet y los civiles que le dieron contenido político, comienza a ejercer el periodismo. Hormazábal fue uno de los símbolos de la Radio Chilena, figura señera en la lucha contra la dictadura.

Guillermo alzó la voz en el silencio de los años más duros, aunque su nombre no es de los más famosos ni populares, pero ciertamente sería más merecedor del Premio Nacional de Periodismo que algunos que han sido muy celebrados.

Radio Chilena, como Balmaceda y Cooperativa, luego Santiago y Carrera, fueron las radios más activas en la larguísima dictadura que afectó a Chile para dar voz a los que no teníamos otros espacios habituales en los medios de comunicación.

La Chilena, como le decíamos, era una radio que se caracterizaba por su serenidad, seriedad y oportunidad de la información, en momentos en que la represión golpeaba duro.

Guillermo lo hizo todo: desde reportero, pasando por jefe de informaciones, director de prensa, marcó con su estilo y sus valores el tono de un espacio libre y liberador, que se aventuró en una lucha de altos costos personales. El tiempo, la intensidad del trabajo y sobre todo los riesgos para sí mismo y la familia, era algo que vivíamos los que estábamos en la defensa de los derechos de las personas.

Amenazas, persecuciones, agresiones a golpes, detenciones de todo tipo, las sufríamos los que estábamos en los medios de comunicación y los abogados que representábamos a los perseguidos por la dura mano de la DINA, la CNI y todos los otros organismos que le dictadura usó para someter al país.

El autor nos cuenta de su secuestro —en realidad «detención arbitraria» por agentes gubernamentales— en el marco de una represión desatada por el asesinato de Roger Vergara, recién nombrado en un alto cargo de Inteligencia del Ejército. Entre la brigada de Homicidios y la de Asaltos, se formó un equipo para «ganarle a la CNI» y encontrar a los autores del homicidio.

Usando los peores métodos represivos los policías detuvieron a mucha gente, los torturaron, amenazaron y llegaron hasta el extremo de dar muerte al estudiante de periodismo Eduardo Jara. Entre ellos, fueron detenidos periodistas y Hormazábal gritó su nombre en la calle mientras lo llevaban los detectives, gracias a lo cual se pudo saber de su detención.

Finalmente fueron liberados y se demostró que quienes cometieron el delito en contra del oficial, no tenían nada que ver con ninguno de esa treintena de personas (dueñas de casa, artistas, empleadas de oficina, contadores, estudiantes, comerciantes) que fueron tan maltratadas.

Algunos de los policías secuestradores, cuya identidad se supo, fueron tardía y suavemente castigados, aunque otros se mantuvieron en sus cargos y los gobiernos que siguieron los distinguieron con mejores nombramientos.

La familia, los amigos, su trabajo en distintas tareas como comunicador, van haciendo la hermosa costura de un relato que vale la pena conocer. Es una obra para los que vivimos esa época, ciertamente, pero sobre todo para aquellos que no la vivieron y se pueden formar así una idea clara de muchas cosas que pasaron.

En efecto, las menciones que hace Guillermo en su libro, permitirán a los inquietos seguir investigando para que algún día se escriba sin tapujos y con detalles la historia de una época dolorosa que no deberá repetirse.

 

Este es un libro necesario, beneficioso, que puede ser extraordinariamente útil para que los muchachos de hoy vayan conociendo una historia de nuestro país que se desdibuja en la maraña de consumo, competencia, liviandad, frivolidad que caracteriza a muchos de los espacios comunicacionales de este tiempo.

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Usando los peores métodos represivos los policías detuvieron a mucha gente, los torturaron, amenazaron y llegaron hasta el extremo de dar muerte al estudiante de periodismo Eduardo Jara. Entre ellos, fueron detenidos periodistas y Hormazábal gritó su nombre en la calle mientras lo llevaban los detectives, gracias a lo cual se pudo saber de su detención.

Finalmente fueron liberados y se demostró que quienes cometieron el delito en contra del oficial, no tenían nada que ver con ninguno de esa treintena de personas (dueñas de casa, artistas, empleadas de oficina, contadores, estudiantes, comerciantes) que fueron tan maltratadas.

Algunos de los policías secuestradores, cuya identidad se supo, fueron tardía y suavemente castigados, aunque otros se mantuvieron en sus cargos y los gobiernos que siguieron los distinguieron con mejores nombramientos.

La familia, los amigos, su trabajo en distintas tareas como comunicador, van haciendo la hermosa costura de un relato que vale la pena conocer. Es una obra para los que vivimos esa época, ciertamente, pero sobre todo para aquellos que no la vivieron y se pueden formar así una idea clara de muchas cosas que pasaron.

En efecto, las menciones que hace Guillermo en su libro, permitirán a los inquietos seguir investigando para que algún día se escriba sin tapujos y con detalles la historia de una época dolorosa que no deberá repetirse.