Buscando caminos distintos: ¡No más violencia!

El objetivo principal de Estados Unidos es el dominio unilateral del mundo. Para justificarlo, alienta el terrorismo cuando dice querer aplacarlo y desarrolla medidas que no le pondrán fin. Hemos visto en más de un caso los dobles juegos de los agentes estadounidenses (CIA) de los que dan cuenta numerosos documentos. Con el regreso de Trump al poder, la alianza con Israel se ha fortalecido: el camino es incendiar la región, para que el Estado de Israel se pueda expandir territorialmente y también en sus influencias económicas y políticas.

Las dictaduras

Las monarquías absolutas, aunque a veces tengan parlamentos elegidos con sistemas de democracias restringidas o acotadas a las ideologías del monarca, son, es estricto rigor, dictaduras. El Sha de Persia (Irán), Saddam Hussein en Irak, padre e hijo Assad en Siria, los militares de Egipto, los reyes de Arabia y los emires de los pequeños territorios petroleros, son todos dictadores.

Y como pasa casi siempre, a las dictaduras que caen mediante actos de revuelta, guerra civil o sublevaciones similares, les siguen nuevas dictaduras: son los casos de Rusia a la caída de los zares, de Alemania a la caída del Kaiser, de Cuba, de Nicaragua y, por supuesto de Persia (Irán).

En este último país se instaló un sistema teocrático dirigido por religiosos, lo que hace que la ideología además tenga pocas probabilidades de discusión al estar inspirada por una interpretación de la palabra divina. Si los gobernantes son, además de poderosos política, militar y económicamente, los portavoces de una divinidad, entonces el pueblo quedará sometido a una tremenda dictadura aunque pueda tener elecciones para ciertas cosas. Porque en definitiva la última palabra la tienen esos sacerdotes-líderes que se alzan por sobre toda estructura institucional.

El caso de América: intervención de Estados Unidos

Publicidad

Hubo un momento en que en América tuvimos muchísimas dictaduras y los pueblos intentamos luchar pacíficamente en contra de ellas. Fueron cayendo de a una: la mayor parte de las situaciones sin que mediaran actos de violencia extrema.

En Argentina, los militares perdieron la guerra con Gran Bretaña y cayeron por su propio peso; Uruguay, Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, vivieron procesos de acceso democrático (plebiscitos, por ejemplo), pero los modelos construidos en general han constituido sistemas de democracias semi soberanas (protegidas, les dicen unos; restringidas, otros) que no han logrado dar un curso progresivo a la organización de una sociedad en la que las necesidades urgentes y las de carácter más profundo y permanente para el desarrollo de las personas, hayan comenzado a resolverse en forma armónica.

En el proceso de instalación de las dictaduras en América Latina intervino directamente Estados Unidos, tal como lo ha hecho en distintos lugares del mundo, dando respaldo a dictadores o derrocando a unos para poner a otros. Y eso es lo que ha hecho siempre.

También lo hizo a la inversa, como cuando presionó a los políticos que se oponían a las dictaduras para que aceptaran modelos de democracias a medias (caso chileno, sin ir más lejos) como una forma de mejorar sus cartas credenciales ante un mundo que se desarticulaba después de la guerra fría.

El colonialismo se proyecta

La época colonial, que comenzó a terminar con la entrega de los países invadidos por países de Europa a las elites locales en distintos continentes –salvo en el caso de Palestina donde se dividió el país para entregar al movimiento sionista la mayor parte del territorio–, no significó grandes cambios para los pueblos, que han seguido sometidos al sistema económico y social de las potencias, bajo un cierto predominio cultural extranjero.

En la medida que existen recursos naturales que explotar, las grandes potencias intervienen todo lo posible. Cuando ya no pueden hacerlo con el descaro que significa su presencia militar en suelo ajeno, lo hacen mediante la corrupción de esas elites que ellas mismas sostienen y de la intervención cultural, valórica, tecnológica y económica sin límite ni pudor alguno.

No están dispuestas a aceptar distanciamientos efectivos de los gobiernos de países que han decidido controlar (nuevamente podemos mencionar a Estados Unidos en relación con el caso de Chile y agregar Brasil).

Ya una señal de alarma fue la oposición del gobierno chileno a la invasión a Irak en Naciones Unidas, en la presidencia de Ricardo Lagos y Soledad Alvear como Canciller. Pero como igual invadió, haciendo caso omiso a la ONU, no pasó nada. Sin embargo a Estados Unidos le ha resultado difícil tolerar que este pequeño país del sur muestre actitudes contrarias a su aliado estratégico principal (Israel) en la política expansionista.

Se fortalece la alianza

Con el regreso de Trump al poder, la alianza con Israel y las otras grandes potencias se ha fortalecido. El camino es incendiar la región, para que el Estado de Israel se pueda expandir territorialmente y también en sus influencias económicas y políticas, hasta lograr el control estratégico de la región entera, desde el Mediterráneo hasta la India.

A Estados Unidos le toca presionar a América Latina para sacar todo intervencionismo que ellos consideran ajeno a la región (fue antes la Unión Soviética, ahora es China) y, si es necesario, hacer intervenciones directas como la que está en ejecución en Venezuela y se prepara sobre Cuba y Nicaragua. Israel incendia el llamado Medio Oriente. Y se mueven los peones.

¿Por qué Pakistán, una potencia nuclear que está en conflictos permanentes con la India, resuelve ahora atacar a Afganistán? Claramente es una maniobra de distracción, digitada desde Washington (¿O Langley?) para que los ataques de la alianza USA-Israel puedan actuar impunemente.

¿Terminar con el terrorismo?

El argumento es terminar con el terrorismo. ¿Todavía no entiende Estados Unidos que mientras más violencia de ese tipo aplique, más provoca resistencias que terminan en actos de terrorismo? En lugar de buscar entendimientos y alianzas que favorezcan no sólo a sus intereses sino también a los demás pueblos, sigue aplicando la estrategia del gran garrote, imponiéndose por la fuerza y la destrucción. Ya lo dije en otro artículo: el matón de barrio.

Pueden ser derrocados los gobernantes de Irán, pero no se calmarán las iras de un pueblo que tendrá otros tiranos y seguirán viendo postergadas sus aspiraciones, la satisfacción de sus necesidades, la construcción de una forma diferente de vivir sustentada en la justicia, la armonía, la solidaridad, la libertad (no sólo económica).

El terrorismo es la reacción de grupos y de personas que terminan perdiendo el miedo y el respeto por la vida propia y de los otros. Lo que buscan es golpear a quien consideran su agresor con mucha dureza, sin comprender, tampoco, que ése no es el camino para la construcción de una sociedad justa.

Es el juego de la desesperación, de la ira que se expresa luego de haber sido contenida. ¿No era terrorismo lo que hacían los franceses en su lucha contra el invasor alemán al destruir puentes, poner bombas, atacar de noche lugares donde podía haber población civil? Porque ese pueblo vivía en la desesperación.

La violencia como estrategia política

La invasión de Irán ahora, la de Cuba mañana, la de otros territorios del mundo que Estados Unidos, sus aliados sionistas y los grandes poderes económicos del mundo quieren asegurar a su servicio, no hace más que desatar iras y aumentar la impotencia de pueblos enteros que buscan mejores expectativas.

La experiencia de Vietnam parece no haberle servido de nada. La intromisión en Afganistán no fue lección suficiente.

Invasiones y corrupción son dos formas de violencia política que los grandes usan para someter a países enteros a sus deseos e intereses. Lo que importa es que sus aliados locales, en cada territorio, puedan moverse con tranquilidad e imponer sus términos en cada situación de conflicto o tensión. El espectáculo que da Perú con la continua destitución de gobernantes deja en evidencia que el país puede moverse con estos agentes económicos sometiendo a los gobernantes que, si no acatan sus disposiciones, caerán como palitroques.

El objetivo principal de Estados Unidos es el dominio unilateral del mundo. Para justificarlo, alienta el terrorismo cuando dice querer aplacarlo y desarrolla medidas que no le pondrán fin.

Hemos visto en más de un caso los dobles juegos de los agentes estadounidenses (CIA) de los que dan cuenta numerosos documentos. Desde venderle armas al enemigo, organizar la Base (Al Qaeda) en Medio Oriente, poner agentes que hacen juegos dobles, organizar formas de violencia para justificar medidas represivas, hasta legislar de modo que baste la sospecha para detener sin juicio e indefinidamente a personas en cárceles secretas (tipo Guantánamo) en distintas ciudades del mundo.

Un camino diferente

Observo sin embargo algunos aspectos que me parecen interesantes. Mientras la mayoría de los gobiernos de las potencias europeas bailan al son de la música de Trump, en los distintos grupos sociales empiezan manifestaciones cada vez más grandes en contra de toda esta ola de violencia.

Actores –famosos y no tanto–, artistas, intelectuales –incluso israelitas–, jóvenes organizados o no, van levantando voces en favor de los derechos del pueblo palestino, del término de los bloqueos económicos, en contra de la corrupción y formas de violencia directa o encubierta.

En distintas latitudes se alzan voces para decir que no queremos más guerra ni ninguna forma de violencia. La lucha contra el terrorismo y la delincuencia se hace creando redes sociales de personas en las que se pueda confiar, de gente solidaria, responsable, libre, que no tiene miedo y valora la vida. O que tiene miedo, pero como valora la vida, es capaz de superarlo y actuar.

No más guerras, no más dictaduras, no más terrorismo, no más violencia.

¿Puede ser una mirada ingenua? Puede ser. Pero es sobre todo un compromiso personal que me mueve, como me movió durante la dictadura chilena, a creer que es posible poner frenos a la violencia desde la “no violencia activa”.

EL AÑO COMIENZA EN MARZO

Desde el punto de vista astrológico, cada año comienza
el 21 de marzo, que es el primer día de otoño en nues-
tro hemisferio sur. Desde las costumbres chilenas, el
año comienza con marzo. Cuando hablamos en enero de los pla-
nes anuales, nos decimos: “en marzo conversamos”. Por si fuera
poco, la Constitución de Pinochet estableció que el 11 de marzo
asume el nuevo gobierno, como una manera de conmemorar el
día en que los otros miembros de la Junta de Gobierno renuncia-
ron a la prometida “presidencia rotativa” dándole a Augusto José
Ramón Pinochet el título de Jefe de Estado con el que ejercería
la Presidencia de la República. Hasta hace unos años existía el
“feriado judicial” de febrero, que cada vez fue menos tal, pro-
ducto no sólo del intenso trabajo de los tribunales del crimen,
sino del hecho que el país fue creciendo y ese feriado comenzó
a carecer de sentido y prudencia. Aunque muchas cosas han ido
cambiando, seguimos dejando las cosas “para marzo”, mes que
marca el límite del pago de las patentes de los vehículos, se ini-
cian las clases de colegios y universidades, el tiempo legislativo.
También están las celebraciones del 8 de marzo – día de la mujer
– y la conmemoración de los días 28 y 29 por los asesinatos en
tiempos de dictadura que no podemos olvidar.
Para mí en lo personal se me juntan celebraciones: el 1 de
marzo, cumple años mi pareja, al mismo tiempo que se vive la
ceremonia de “Inicio del año judicial”, este año y por primera vez
en la historia, presidido por una mujer. El 10 le toca a mi nieta
mayor, el 16 al gran escritor y amigo Walter Garib, el 21 me toca a
mí, el 24 a mi hijo mayor y el 28, casi terminando el mes, a mi úni-
co nieto hombre y a un ahijado. En febrero cumplieron años dos
ahijados y el mismo día en que cumplía mi madre, es la celebra-
ción de mi nieta menor: así termina el año y se da paso a marzo.
Para los chilenos, este año 2026, marzo nos trae un nuevo
gobierno, con un país que se divide entre los esperanzados en
que sus problemas se resolverán en los primeros 90 días (o con
mucha velocidad) y los que miramos con prudencia el desarro-
llo de los acontecimientos. El futuro ministro de las Culturas y el
Patrimonio nos ha dicho que debemos juzgarlo por sus conduc-
tas y no por sus antecedentes. Buen punto. Esperemos entonces
que así sea y podamos aplicar eso a todo el gobierno.
Yo soy de los que se sitúan siempre, en todos los gobiernos
que el pueblo elige, con una idea de respeto por la decisión

mocrática. No me gusta cuando se descalifica al pueblo porque
vota en un sentido contrario del que a cada uno prefiere. Si Kast
sacó cerca del 60% se está reflejando una intensidad de espe-
ranza que será para él una exigencia permanente. ¿Podrá, como
ha prometido, arreglar todos los problemas en cuatro años? Por
cierto que no, pero Chile entero estará atento a cada paso que dé.
Por supuesto que quienes no votamos por él miramos con
ciertas dudas su discurso, especialmente por su trayectoria po-
lítica, por las palabras, por el tono que usa para referirse a sus
rivales y por los nombramientos que ha hecho.
Pero, veamos que pasa en marzo, cuando el agobio econó-
mico se nos deje caer encima –como sucede anualmente – y
los nuevos proyectos se pongan en marcha. Por lo pronto este
período terminará con la estatua del General Baquedano en la
plaza que lleva su nombre, compartiendo espacios con Gabriela
Mistral (ni se nos ocurra pensar en una plaza de los poetas, como
he propuesto, donde quepan Neruda, Nicomedes Guzmán, De
Rokha, Nicanor y Violeta Parra, Gonzalo Rojas y tantos otros
hombres y mujeres).
Llegamos al final de un período que ha sido difícil, pero que,
más allá de errores de juicio o ejecución, se termina con índices
mejores. Es un respiro.
Miro el futuro en mediano plazo con expectativas. Creo que
más allá de las decisiones de un gobierno o del Congreso Nacio-
nal, el país se está adecuado a tener miradas diversas que nos
irán llevando, cada marzo, cada año, cada día quizás, a tener acti-
tudes de mayor respeto y tolerancia, donde la mera voluntad de
los gobernantes deberá encontrarse siempre con su límite que
es la decisión del pueblo.
Debemos pensar en los futuros “marzos”, cuando Chile vaya
fortaleciendo su columna vertebral y camine en una dirección
que, más allá de las diferencias circunstanciales y muchas veces
de tonos odiosos, nos lleve a ser una sociedad en la cual la solida-
ridad, la justicia social y la libertad real de las personas supere las
barreras de las censuras, los prejuicios, las ideologías excluyentes.
Comienza marzo. Hay mucho que hacer. Todos tenemos ta-
reas. La mía, por lo pronto, es seguir publicando mis poemas,
mis novelas y mis textos holísticos. Seguir amando, seguir ce-
lebrando la vida y queriendo incluso, a los que discrepan tanto
conmigo.

[Crónica] Libertad, censura y Estado

Me parece que es menos grave financiar con recursos públicos un festival de cine o arte pornográfico, que mantener con dineros fiscales estructuras del tipo de lo que fueron la DINA, la DICOMCAR, la CNI, o el Comando Conjunto.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 19.2.2026

Se desató hace unas semanas una discusión áspera en relación con el proyecto de un festival de cine pornográfico que obtuvo un aporte del Estado a través de los fondos concursables de cultura.

La ministra señora Arredondo dijo categóricamente a quienes centraban su crítica en una visión ideológica del gobierno, que en la decisión de asignar fondos a determinados proyectos las autoridades políticas no tenían ninguna intervención.

Con eso hubiese bastado, pero sabemos que no es así, porque hay quienes insisten en culpar al gobierno de lo que es responsable y de lo que no es responsable.

He sido muchas veces jurado en el área de la literatura, bajo gobiernos de distinto signo. Lo fui recién, una vez más, no siendo parte de los grupos políticos que apoyan a Boric. Nunca, de parte de ninguna autoridad y de ningún funcionario, he recibido otra instrucción que las pautas y normas que están escritas y pueden ser conocidas por todos.

No hay visión ideológica ni instrucciones de censurar nada. Por el contrario, se nos pide que abramos nuestras miradas para ir más allá de nuestras propias maneras de pensar, poniendo énfasis en los factores más objetivos posibles para definir el puntaje que pondremos a cada proyecto.

Partiendo de la base que la objetividad absoluta no existe, la ley establece jurados plurales, de modo que las inevitables visiones subjetivas encuentren puntos de concordia en la definición de los puntajes.

A mí no me gusta la pornografía, pero sí el trabajo del erotismo en literatura, en el cine, en la pintura y las demás artes visuales, incluso en la música.

Hay quienes, a partir de las exageraciones habituales de las miradas más restrictivas o censuradoras, confunden el erotismo del arte con la pornografía, en un error garrafal y casi imperdonable.

Pero en este caso el festival que se propuso es propiamente de pornografía. Los que lo critican, ¿conocen el contenido del proyecto? ¿Alguien ha intentado ver de qué exactamente se trata la muestra? ¿Quiénes serán los espectadores de este festival?

¿Qué tipo de pornografía? ¿Con pedófilos, con menores de edad, con expresiones que ofendan a determinadas personas por su raza, su religión o su preferencia sexual?

Los derechos de personas que pensaban distinto

Viene la pregunta: ¿tiene derecho el Estado a establecer censuras? Si, lo tiene, cuando ella está fundada en la protección de los derechos de las personas y en el cumplimiento de las leyes. Si acaso lo que se promueve es la comisión de delitos, la libertad de creación puede ser limitada en su ejercicio.

Si acaso el festival pretendiera tener como público a menores de edad o promoviera conductas violatorias de los derechos de las personas, podría cuestionarse. La norma general es que el Estado, salvo los dos casos señalados (promoción de delitos y afectación de los derechos ciudadanos) no tiene derecho a censurar.

Esa es la esencia de la libertad.

¿Quiénes alzan la voz en contra de esto? Curiosamente son aquellos que han usado la palabra libertad en todos sus discursos, en el nombre de sus institutos de estudio, de sus partidos políticos.

Ellos, con su duro reclamo esperaban probablemente que el Estado, a través de las autoridades del gobierno, pudiera intervenir en el trabajo de los jurados para imponer un determinado sesgo ideológico.

Si somos partidarios de la libertad, ello no puede limitarse a ciertas libertades económicas o a elegir la persona con la que alguien se puede casar.

Incluso, digo «ciertas» libertades económicas, porque si el socio es un chino o un persa, el inversionista puede quedar sujeto a restricciones impuestas incluso por autoridades extranjeras. Como ha pasado en Panamá con los puertos administrados por empresas chinas o se quiere hacer en Chile con el tema del cable submarino de comunicaciones.

La libertad en su más amplio sentido sólo puede ser restringida en circunstancias muy específicas. Está claro que a muchos «libertarios» no le gustan las libertades de los que piensan distinto, pero a ninguno de ellos se le escuchó nunca protestar porque el Estado destinara recursos asignados presupuestariamente al «área de gasto social», a la formación de grupos armados que, sin obligación de rendir cuentas detenían (sin tener facultades para ello), torturaban (lo que estaba prohibido incluso en las leyes de la dictadura), dieran muerte a personas e hicieran desaparecer sus cuerpos mediante fórmulas de sepultamientos ilegales.

A mí me parece, aunque ninguna de las dos conductas me gusta, que es menos grave financiar un festival de cine o arte pornográfico, que mantener estructuras del tipo de lo que fueron la DINA, la DICOMCAR, la CNI, o el Comando Conjunto.

Soy partidario de la libertad de creación, de prensa, de pensamiento, de difusión.

En efecto, si a la cultura, al desarrollo de las artes, al apoyo editorial a los poetas, a la promoción de los artistas nacionales se destinasen fondos equivalentes —no el 10 % como fue desde la dictadura y por muchos años a las Fuerzas Armadas—, sino el 5 % de los fondos recaudados por el cobre chileno, nuestro país viviría otra realidad.

He luchado por la libertad y contra las censuras. Una vez, siendo jurado en un concurso de la Municipalidad de Santiago, quisieron imponerme a los ganadores. Por supuesto no lo acepté y nunca más me llamaron para ser jurado en esa competencia.

Arriesgué mi vida por la libertad y los derechos de personas que pensaban distinto de mí.

Quisiera ver algo parecido en los que usan a destajo la palabra libertad en sus discursos. Sólo como botón de muestra: en Hungría, país al que muchos de estos dirigentes políticos adhieren con singular entusiasmo, no hay ninguna limitación para la pornografía. Claro que allá es peligroso ser un demócrata convencido.

Presidente hasta el último día

Me pregunto si acaso los críticos duros y descalificadores del actual mandatario creen que sus críticas son correctas y está bien lo que dicen. Pareciera que les da lo mismo. Lo importante para ellos es destacar todo lo que hace o no hace Boric, con la clara intención de hacer parecer que todo está mal.

La crítica desmemoriada

Entre los nuestros hay políticos muy singulares, con una capacidad de criticar a los demás sin asumir ni las propias conductas ni la historia reciente o antigua de nuestra vida política.

Por ejemplo cuando –en aplicación de esa norma absurda del cumplimiento de metas específicas que es para todos los funcionarios públicos de la administración del Estado– al Presidente de la República se le entrega un bono o asignación que se adiciona al sueldo, como un premio por el trabajo realizado, el diario La Segunda publica un titular de primera página: “Boric llegó a 10 millones por metas cumplidas”.

Me pregunto si en los ocho años que gobernó Sebastián Piñera como Presidente de Chile algún diario de esa cadena u otra publicó como noticia de primera plana que él recibía esa asignación. Reviso y no hay nada.

Entonces digo: ¿por qué se levanta la noticia de este Presidente y no de los anteriores? No puedo sino pensar que hay algo de crítica injusta y desmedida.

La dieta presidencial

O lo mismo sucede cuando se publica de modo altisonante que una vez que el Presidente Boric deje el cargo recibirá una dieta y asignaciones (personalmente creo que los expresidentes no debieran recibir asignaciones, pero sí su dieta, para que no tengan que buscar trabajo para sobrevivir y mantengan cierta “dignidad” propia del cargo ejercido), indicando la cifra, cosa que jamás se ha hecho con sus antecesores.

Frei, Piñera, Bachelet y Lagos reciben eso que Boric recibirá. Más allá de si esté bien o no que exista ese pago, ¿Cuál es la intención de destacarlo en el caso de Boric, habiéndolo callado siempre en todos los demás? Hay un deseo de sembrar cierto grado de cizaña respecto de este señor que hoy ejerce la Presidencia.

Eso sin olvidar que Augusto Pinochet recibía esa asignación, su sueldo del Ejército y luego la jubilación con perseguidora, más todos los beneficios de sus negocios ilícitos durante los años en que fue el mandamás del país (nunca fue elegido como Presidente de la República, aunque usara ese título).

Me pregunto si los expresidentes que han sido senadores –designados o no– han tenido el cobro de la dieta más ese sueldo. También cabe preguntarse si quienes han recibido por sus trabajos ajenos a la presidencia grandes remuneraciones (internacionales) o ingresos han tenido la grandeza de devolver los dineros de la dieta y las asignaciones para beneficio fiscal, es decir, de todos los chilenos.

Crítica destemplada: el abogado de Boric

La crítica a Boric es destemplada, descalificatoria, al que se le ha querido hasta negar el derecho a defenderse cuando algunos se han querellado en su contra. Gran escándalo porque se contrató un abogado aparentemente con fondos públicos para defender al Presidente.

Recuerdo con precisión cuando un subsecretario del Interior encargó a los abogados de su dependencia que defendieran a su esposa en una demanda que presentó mi madre en su contra. Y aunque los medios lo supieron no fueron capaces de publicar una línea.

O cuando –volvamos a nombrarlo– a Pinochet lo defendieron abogados del Ejército o los ministros de su gobierno eran defendidos por abogados de sus dependencias. ¿Cómo se explicarán los honorarios recibidos por Hermosilla y el exfiscal Peña (no confundir con el Rector) que estaban en la defensa de Piñera y Chadwick por acciones judiciales presentadas en su contra?

Sigue trabajando hasta el último día

Y ahora la crítica es porque el presidente en ejercicio sigue trabajando.

Boric ejercerá la Presidencia de la República hasta el 11 de marzo a mediodía. Pregunto: ¿Debiera abstenerse de trabajar? ¿Debiera dejar de presentar proyectos de ley? ¿Debiera incumplir sus obligaciones con nombramientos pendientes? ¿Debiera dejar de firmar decretos e instrucciones presidenciales? ¿Debiera callar cuando potencias extranjeras toman medidas que afectan la soberanía nacional?

Se le critica con una dureza implacable cada vez que en su gobierno se nombra a un funcionario. “Es un amarre”, dicen, olvidando que es su obligación hacerlo.

Pienso en un momento qué hubiera sucedido si el actual presidente, hubiese dicho después de la elección presidencial: “No puedo seguir firmando leyes, ni proyectos, ni decretos ni tomar decisiones sobre ninguna materia, sino que deberé dejarle eso al futuro gobierno”. Las críticas hubiesen llovido, sosteniendo que como no trabaja no puede recibir sueldo o pidiéndole que, como ha sucedido con presidentes en otros países, renuncie para que el otro asuma de inmediato.

Se debe trabajar hasta el último día, tal como el presidente ya elegido, deberá trabajar desde que asuma.

Cuando al empresario que Kast ha dicho que designará como Ministro en Relaciones Exteriores se le pregunta por la actitud de Estados Unidos en cuanto a presionar al gobierno chileno para que no apruebe un proyecto con empresas chinas, él responde que él no puede pronunciarse porque no ha asumido. Y si los críticos quieren que el actual gobierno tampoco se pronuncie, ¿quiere decir que Chile no debería tener gobierno en estos meses?

Casos anteriores

Entonces recuerdo que Bachelet mandó en sus últimos días al Congreso un proyecto de reforma constitucional y la crítica que algunos hicimos fue por su tardanza y no porque lo haya hecho. Bien que lo haya hecho, porque al menos dejó en evidencia sus ideas y propuestas para el futuro de Chile, aunque haya sido sólo un “saludo a la bandera”.

La misma presidenta Bachelet intentó el 11 de marzo, dos horas antes de dejar el cargo, firmar el decreto de cierre de Punta Peuco, lo que no pudo hacer porque el ministro encargado (ahora es ministro de Kast) no quiso firmar. ¿Estaba mal que ella trabajara hasta el último instante? ¿O estuvo mal un Ministro que se negó a cumplir con la orden presidencial?

Los abogados integrantes de las Cortes de Apelaciones para todo el año 2022 fueron designados por Piñera en el verano, faltando menos de dos meses para terminar el mandato. ¿O no debía nombrarlos? ¿Lo hizo mal Piñera al cumplir con sus obligaciones legales y constitucionales?

Y no puedo dejar de mencionar (aunque me van a criticar por eso) nuevamente a Pinochet, que promulgó y ordenó la publicación de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, conocida como LOCE, el 10 de marzo de 1990; una disposición que, de haber existido Congreso Nacional (que ya estaba elegido y aún no entraba en funciones), habría requerido de quórum especiales. Pero quienes votaban para aprobar la ley eran los Comandantes en Jefe de la Marina, de la Aviación, el Director de Carabineros y un representante del Comandante en Jefe del Ejército, es decir, de Pinochet.

Hay que trabajar hasta el último día.

Si se debe resolver un concurso, designar un jefe de servicio, nombrar a los abogados integrantes, firmar tratados, defender la soberanía nacional, disponer ayudas de emergencia ante desastres naturales, dar cumplimiento a las disposiciones judiciales, eso hay que hacerlo mientras se ejerce el gobierno y se debe responder por la administración del Estado. No hacerlo sería “notable abandono de sus deberes”.

Parece que todo está mal

Mi pregunta es si acaso esos críticos duros y descalificadores se han preguntado alguna vez si está bien lo que dicen. Porque pareciera que les da lo mismo. Lo importantes para ellos es destacar todo lo que hace o no hace Boric, con la clara intención de hacer parecer que todo está mal.

Otro ejemplo: cuando en algunos temas Boric conversó con el presidente electo, hubo quienes lo criticaron porque no era capaz de resolver solo. Incluso Kast declaró públicamente que él no tenía por qué opinar sobre cosas que después entrarán en su concomimiento, pero que ahora le corresponde al presidente en ejercicio. Si pregunta, crítica; si no pregunta, crítica. ¿Cuál es la salida?

¿Y si los críticos miran a los suyos gobernando, dirán lo mismo? ¿Qué opinan de la ley de último día de gobierno?

Es agotador para quienes nos interesamos en los asuntos públicos, observar la disposición de “mala fe” de algunos, que no trepidan en destacar hechos haciéndolos ver como si fueran negativos, errores o malas conductas, cuando en realidad no es más que hacer lo que se debe mientras se ejercen las funciones para las que se fue elegido.

Una vez más deberé decir: tal vez esto tenga que ver con la ética política en su sentido más profundo. O tal vez, esos críticos no sepan lo que ha sucedido en Chile antes de hoy o su memoria esté tan deteriorada que no puedan recordarlo.

Sobre la vida y la muerte

Ha muerto en un cementerio de París, Francia, Marcel Young —exembajador de Chile en Haití entre 2004 y 2010— un hombre bueno, algo más joven que yo, inteligente, prudente en general, al que casi todos sus contemporáneos, le teníamos un enorme afecto y respeto.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 14.2.2026

Nada más grandioso e importante que la vida, esta energía espectacular que nos permite ser quienes somos como seres humanos. Y siendo tales, gozamos de todas las formas de vida: animal, vegetal, mineral, todo lo que es la química y la física con sus movimientos cada vez más novedosos e inquietantes.

En algún momento se descubrió el átomo: el que no tendría división, la parte más pequeña de la materia. Tiempo después se descubren protones, neutrones y electrones. Y luego, en esa dinámica que hace de las «ciencias exactas» las más impredecibles y cambiantes de las realidades, se han seguido descubriendo partículas cada vez más pequeñas.

Inclusive muchos experimentos nos sitúan en incertidumbres, pues hacen pensar y sostener con seriedad la tesis de que la realidad cambia según el observador. Es decir ciertas formas de partículas se presentan de manera distinta según quien sea el que esté observando.

La física moderna nos habla de la «nanotecnología», aquello que se expresa en espacios increíblemente pequeños. Escribo estas notas en un ordenador personal, pero podría hacerlo en un teléfono celular.

Ese teléfono que cabe en la palma de mi mano y que niños de dos años manipulan con increíble precisión, es más poderoso que el enorme computador que en 1967 tenía la Universidad de Chile en un galpón enorme enfriado por muchos ventiladores de gran tamaño.

Y cuando se estudia el cuerpo humano, se llega a las cosas más increíbles sobre su estructura y funcionamiento. La vida nos sorprende cada día.

Seguramente como consecuencia de mi ignorancia en materias de biología —tema que me apasionaba en mi adolescencia, cuando leía en la primera semana de clases todo el libro de Natalio Glavic para 4º de humanidades— me sigo haciendo la pregunta: ¿Cómo sabe una célula —que se va dividiendo desde aquella que se forma en la unión del espermio con el óvulo— que su función será ser parte de un riñón o de un hígado? Misterio de la vida. Al menos para los seres comunes y corrientes como yo.

Y en el caso de los humanos, más allá del nivel básico de lo físico y de ciertas emociones primarias, está toda la complejidad de su mente, de su psiquis tan especial, de la espiritualidad.

El ser humano es un ejemplar de vida compleja que reúne al mes esas cuatro dimensiones (mente, espíritu, emoción y cuerpo) y en cuya combinación podemos decir que cada uno es único y, aparentemente, irrepetible.

Incluso en el caso de los gemelos llamados «idénticos» es posible descubrir diferencias que, por los factores no corporales, van marcando crecientes señales de individuación. Mi explicación es porque tras eso está el alma, con toda su historia particular.

A seguir bregando

Porque las almas tienen origen divino (el espíritu de la divinidad) y un plan de desarrollo para alcanzar la plenitud en el progreso de esa potencia inicial. Para eso se requieren, al menos en los casos conocidos, de más de una encarnación. En cada una hay tareas que cumplir y eso se hace naciendo cerca de otros con los que se trazan conexiones para ayudarnos en alcanzar las metas propuestas desde antes de nacer.

Con todo, sabemos por experiencia que los seres humanos, como casi todas las formas de vida, tienen un límite físico: es la muerte que sobreviene cuando suceden determinadas circunstancias. Salvo situaciones de violencia —accidental o intencional— se supone que avanzamos hasta la vejez y luego el cuerpo, agotado, termina su ciclo y muere.

Pero esos ciclos son más breves cuando irrumpen enfermedades en las personas, riesgo que existe desde el día en que nacemos. Pareciera ser, como en casi todas las formas de vida, que la muerte es más natural en los mayores que en los menores.

Es natural y esperable que mueran los padres, pero no es esperable de igual modo que mueran los hijos. Es el misterio de una «muerte anticipada» que altera los ciclos a los que nuestra cultura nos tiene acostumbrados.

Cuando mueren mis amigos —de mi edad o mayores— lo entiendo con cierta facilidad y lo acepto. Pero cuando mueren personas más jóvenes y activas sin que haya mediado violencia, siento algo incómodo en mis emociones y me pregunto por qué es así.

Ha muerto Marcel Young, no mucho, pero algo más joven que yo. Un hombre bueno, inteligente, prudente en general, al que todos —casi todos sería más exacto— le teníamos enorme afecto y respeto.

Me escribe diciendo: «Temo que mi madre morirá pronto». Le respondo: «Es normal que pasados los 90 años las personas puedan morir. Lo importante es que nosotros sigamos viviendo. Prepárate para ser huérfano». No me responde, salvo: «Me voy a Francia, donde ella vive».

Días después me dice que su madre ha muerto y que el funeral es el 12 de febrero. Me llega, la noche de ese día, una foto de Marcel en silla de ruedas en el funeral. «¿Qué te pasó?», escribo. Y no hay respuesta.

Al día siguiente me cuentan que Marcel ha muerto de un infarto, allá mismo, en el cementerio.

Entonces, le escribo: «¿De verdad estás muerto amigo querido?». No me responde. Y me da una pena enorme. Entonces me pregunto por este misterio de morir y de vivir.

La muerte para él debe ser parte de los procesos de su alma, para iniciar nuevos recorridos tal vez con el alma de su madre. Necesitaban morir juntos. Como fue el caso de Bélgica Castro y Alejandro Sieveking. Ellos lo entienden. Yo no.

Queda el vacío para los que estamos transitando por la vida. Ellos están en otra realidad. Pero nosotros lamentamos su pérdida. Y debemos decirlo así, vivirlo así, porque ésa es nuestra historia. No la de ellos. La nuestra, los que ahora debemos seguir caminando por la vida sin esos más jóvenes, mejores quizás, con un espacio vacío.

Recuerdo la frase de un poema que publiqué en Encuentros, en 1982: «se mueren los que importan». Y nosotros, a seguir bregando. Hasta el último día.

El mundo en que vivimos: y en el que podemos vivir

Estamos en la época de tránsito entre dos eras. Una de ellas, la que muere, se sostiene aún por la desesperación de los que detentan los principales poderes ante el riesgo de perder su posición. La que nace, va superando lentamente los obstáculos que la resistencia le impone.

Tiempo de tránsito

El mundo de hoy se ve difícil. Pasan tantas cosas terribles que algunas personas piensan que lo mejor sería que el mundo se acabara de una vez o les dan simplemente ganas de morir. Sin embargo, en estos días de verano en los que miro el mar, pienso que todo aquello no es tan terrible, porque justamente hay personas que tienen, cualquiera sea su situación, momentos de alegría y acercamiento a una mirada más positiva.

Estamos en la época de tránsito entre dos eras. Una de ellas, la que muere, se sostiene aún por la desesperación de los que detentan los principales poderes ante el riesgo de perder su posición. En todos los sectores del planeta, donde se han consolidado poderes sustentados en la fuerza, en el cultivo del poder de las minorías, la riqueza en pocas manos, la violencia ejercida a destajo, están esos pequeños grupos dispuestos a todo con tal de evitar perder sus posiciones. La Era que nace, va superando lentamente los obstáculos que la resistencia le impone.

Señales auspiciosas

Ciertos países han conseguido ciertos avances en su organización social que hacen pensar que es posible atenuar el grado de violencia, orientar las acciones sociales de otras maneras, mirar a los seres humanos como un conjunto y no solamente como naciones que se enfrentan unas a otras.

La Unión Europea, con todos sus problemas y defectos, ha logrado ciertos avances que no podemos dejar de mirar con cierta valoración y una dosis de esperanza.

Mientras se desarmaba el imperio soviético y los países sometidos por décadas a dictaduras terribles, en el espacio europeo de costumbres democráticas se gestaba una unidad que, aunque sustentada, es cierto, en el régimen capitalista y gran parte de sus valores, ha logrado algunas realizaciones de relevancia.

Después de casi dos siglos en los que Francia mantuvo guerras con el mundo germano (primero los imperios y reinos y luego la Alemania en proceso de unificación, para coronar más tarde con las dos guerras europeas de 1914 y de 1939), hoy observamos espacios de entendimiento entre esas dos potencias. Y en torno a ellas, todos los pequeños países europeos fueron gestando una forma de vinculación democrática y una unificación económica que ha sido beneficiosa.

En Alemania existen normas y pautas de “control de la riqueza” que se basa en una férrea organización social, sindicatos fuertes y obligatorios, impuestos altos, bienestar social y otras acciones que nos revelan que aún en el desenfreno capitalista, es posible pensar en normas que apunten a la justicia (en la mayoría de las empresas nadie puede tener remuneraciones que superen en más de diez veces el menor sueldo de la organización).

El tema de la inmigración

Es verdad que en Europa se ha conseguido un desarrollo cívico importante, pero no está consolidada la paz interna en la sociedad. La inmigración ha despertado rechazo en los que creen en la superioridad de las naciones europeas por sobre otros pueblos.

Es el mismo concepto que justifica la existencia del Estado de Israel, pues un grupo, invocando religiones y creencias, se considera racialmente superior a los habitantes del mundo árabe. En ese caso, tenemos que la mayoría de los que llegaron a Israel no son semitas como quieren hacerlo creer, sino de una etnia caucásica –askenazíes– convertidos a la religión judía. Los árabes son semitas, cualquiera que sea su religión. Mal podría ser un árabe “antisemita”. El Imperio árabe de Andalucía permitía convivir a cristianos, judíos y musulmanes, siendo todos ellos considerados árabes.

Cuando los askenazíes entraron en conflicto con otros germanos por la creencia de ambos grupos de ser superiores al otro, el mundo vivió el horror del nazismo, que eliminó una importante cantidad de personas de religión judía, pero también eliminó a gente sin religión o de otras creencias, por el hecho de pertenecer a pueblos mirados en menos (polacos, rusos, bielorrusos, africanos, árabes, turcos, orientales) o de simplemente oponerse a las miradas de desprecio étnico que enarbolaban como bandera para dominar el mundo.

Con ese mismo racismo y desprecio por los habitantes locales, con el patrocinio de los ingleses y estadounidenses particularmente, el movimiento sionista logró crear el Estado de Israel en el territorio del Estado Palestino y mantener una política de exterminio y ocupación constante, pese a las advertencias de Naciones Unidas, una organización que se ha revelado incapaz de detener esos poderes.

Hoy en Europa el racismo, ya no anti askenazi sino anti razas semitas de verdad, anti grupos asiáticos como persas, afganos, pakistaníes e indios, anti africanos, está siendo alimentado desde los poderosos que no quieren perder su predominio político y económico. Por eso han triunfado en Italia y países que pertenecieron a la influencia soviética o conservan rencillas raciales ancestrales (Serbia, por ejemplo) y logran ciertos apoyos, aún no mayoritarios en otras sociedades.

El imperio en América

Lo que no ha podido hacer en Europa, Estados Unidos lo ha conseguido en América Latina. Cuando algunos países de América crecían en cultura cívica y la educación de los pueblos comenzaba a fortalecerse, Estados Unidos simplemente optó por lo fácil: dictaduras militares con el apoyo gozoso de las minorías económicas dominantes.

Los militares de este continente han recibido la formación ideológica de los militares de Estados Unidos y han sido aliados doctrinarios de los grupos dominantes. Cuando algunos países, como Perú y Bolivia, mostraron militares “izquierdistas”, no demoraron mucho en derrocarlos para, sobre la base de violencia y corrupción, imponer a otros militares.

Claro, con excepciones como Cuba y la dictadura de Ortega en Nicaragua, ambas con pocas probabilidades de sobrevivir a la presión inhumana de Estados Unidos sobre sus economías, especialmente después de lo sucedido en Venezuela.

Una nueva conciencia

Entonces la democracia en nuestros países está a la espera de tiempos mejores. Pero ya comenzamos a darnos cuenta de que van surgiendo grupos con mayor conciencia hacia el desarrollo personal, la educación, la mirada trascendente de una humanidad que está comenzando a nacer.

Para salir del pozo, dijo el sabio al muchacho que había caído en él, debes primero tocar fondo. Cuando luchábamos contra la dictadura, algunos prefirieron flotar y asegurarse cuotas de poder y simpatías por parte de los poderosos, en un pacto que permitió cautelar mejor los derechos humanos a cambio de la rendición incondicional frente al imperio para consolidar su sistema económico y cultural.

Probablemente cuando ahora ganan democráticamente los que fueron partidarios de la dictadura y aliados incondicionales de Estados Unidos, sea el momento de tocar fondo y comenzar a salir.

Las tareas pendientes

Lo primero será trabajar por reconstruir valores, fortalecer la educación cívica y la conciencia personal. Será necesario hablar y dialogar hasta el cansancio con aquellos que han caído en la trampa del consumismo, de la ansiedad de tener, en la desesperación por la riqueza; será necesario revisar las estructuras del poder en la sociedad y buscar que las personas aprendan a establecer comunidades de acción y vida en sus barrios, en las empresas en las que trabajan, en los lugares en los que estudian; será preciso reconstruir gran parte del tejido social dañado, recuperar el valor de las instituciones y terminar con el desprecio por personas y grupos de la sociedad.

¿Larga la tarea?

Larga, difícil, pero, según el proverbio chino, hasta la marcha más larga comienza con el primer paso. Y de eso se trata: de hacer el croquis de un nuevo mundo y establecer los caminos para avanzar en una nueva manera de vivir, donde la solidaridad con los que sufren no sea considerada una rendición a las izquierdas, donde la libertad no sea sólo para hacer empresas ni se considere el bienestar como una rendición a las derechas.

América Latina es un continente rico, del que se han apoderado unos pocos para expoliar nuestras tierras, montañas y mares en beneficio de potencias que hacen de la violencia y la dominación su razón de existir.

En América Latina hay una raíz poderosa de pueblos milenarios, originarios y venidos de otros continentes, que nos puede mostrar que el mundo puede ser mucho mejor de lo que se nos muestra hoy.

[Crónica] Para levantar el ánimo

Un comentario y que no se ofenda nadie: en Santiago las galerías de arte más importantes están atrincheradas en la elitista comuna de Vitacura, mientras que en Valparaíso se encuentran en las calles por las cuales transita el pueblo: esta experiencia de recorrer el principal puerto de Chile en compañía de Maru, ha cambiado mi percepción negativa de esta ciudad.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 5.2.2026

No soy ni he sido hincha de la ciudad de Valparaíso y me sentí extrañado cuando fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

En una insólita sucesión de alcaldes —ahora es el turno de una mujer— entre los cuales se cuentan dos amigos y camaradas de tareas políticas, la ciudad no ha logrado superar sectores de deterioro, suciedad callejera, zonas de malos olores, irrespeto por las normas de circulación callejera.

Dejé de recorrer sus calles hace muchos años, pues pese a los intentos de Eduardo Dockendorff por tratar de conseguir que el municipio se comprometiera con la acción cultural, no se logró gran cosa.

Sin embargo, mi amor por la fotógrafa y poeta Maru Hernández-Celis ha sido suficiente para volver a subir sus cerros (ahora en auto, casi siempre) y transitar sus calles, acompañándola en su tarea de atrapar imágenes y descubrir instantes que convertirá en Haikus.

Y debo reconocer varias cosas que me han reconciliado con parte de esta ciudad puerto, por ejemplo sus habitantes, personas amables siempre dispuestas a ayudar a los miles de turistas que la visitan, con los nombres de calles que no siempre están en los muros, con el dato del ascensor cercano.

Caminamos hasta la Plaza Victoria poblada por gente de todas las edades y condiciones sociales. En la Plaza Echaurren pasa lo mismo, pero además está adornada por predicadores que vociferan en contra del demonio.

Recorremos los cerros desde la Avenida Alemania, atravesando intrincados caminos y deteniendo el auto a cada rato para tomar fotos de lugares increíbles: casas que cuelgan, pinturas de todos los colores, grafitis bellos y grafitis pésimos, escaleras que nunca se sabe hasta dónde llegan y jardines de cardenales de variados colores que los mantiene el destino o los ángeles, en medio de pasajes que están en bajadas laberínticas.

La gente de Valparaíso vive sus espacios. Todavía no hemos vuelto a La Sebastiana, que por años fue una especie de ritual indispensable. Seguimos eludiendo el Congreso, en el que estuve algunas veces visitando amigos y no tan amigos hasta conseguir la unanimidad para la Ley de Fomento del Libro y la Lectura.

Se me perdió el colegio de los Sagrados Corazones y no encuentro la vieja tienda de mi tío Taufik en calle Serrano.

La espera la hicimos en la Plaza Victoria

Llegamos al encuentro de los cerros Concepción y Alegre. Dominique, una amiga francesa nos dio el dato: «No se lo pueden perder». Allí, en calle Concepción, donde estaba el viejo colegio Alemán, se alza el «Museo del Inmigrante». Una joya levantada por el esfuerzo de privados y parte de las distintas colectividades extranjeras que anidaron en la zona, bajo la dirección de Eduardo Dib, empresario, y con el apoyo de tres mujeres que llevan el área ejecutiva.

Un lugar increíble, hecho con las técnicas más depuradas de la museografía contemporánea (nivel europeo, me dice Maru, que ha recorrido Europa casi entera tomando fotografías y que es refrendado por Theodoro Elssaca, otro viajero incansable), hermoso, cuidado, donde todo se puede ver, con tecnología moderna, audioguía con información muy completa y personal gentil.

No es barato, pero en cuanto se estabilice y recupere la inversión, lo será sin duda. Restoranes, cafetería, tienda, librería, espacio para el descanso y un mirador sorprendente para ver Valparaíso en 360º completan esta interesante propuesta porteña.

Nos vamos sorprendidos y felices de la experiencia y, mientras íbamos camino al Museo del Grabado que mantiene la Universidad de Valparaíso, nos topamos en calle Almirante Montt 372 con una pequeña galería de arte, Galería Bahía, llena hasta los techos de obras de artistas locales.

Un lugar sorprendente, delicado, en que se aprovechan los espacios de muros y dinteles. Son cinco espacios que los porteños no se pueden perder y los turistas tienen que conocer. Luego de pasar por la puerta de un hostal llamado Patrimonio, destacando el valor de la casa en que está instalado, llegamos al MUG (Museo del Grabado), una muestra de excelentes obras y de un trabajo arquitectónico moderno, bien hecho, fino.

En la tarde fuimos al cine Insomnia, proclamado cine-arte, donde exhiben películas actuales y también clásicos inolvidables. Una sala antigua, a precio módico, inserta en el ángulo interior de un pasaje que sale a dos calles, muy bien mantenida, con butacas añosas pero más cómodas que cualquier cine moderno. Y sin paquetes de cabritas ni grandes vasos de bebida (yo llevaba mi coca zero de 250 cc en el bolsillo).

A las siete de la tarde estaba programada una película recién estrenada en Chile, premiada en Cannes y había unas 60 personas de público. La espera de la función la hicimos en la Plaza Victoria, a pasos del cine, rodeada de edificios bellos, antiguos, modernos, feos, de todo, como una ciudad de verdad.

La semana se coronó en La Escala, calle Cochrane al llegar a Plaza Sotomayor, una galería de arte creada por Jaime Blaset, pintor y micro empresario, en una enorme casona que ya tiene 110 años y que en algún momento incluso fue sede de algún sindicato importante.

Sus muros de ocho metros de altura están llenos de obras de arte y hay una hermosa, luminosa y enorme sala convertida en café, atendido, esta vez, no sé si siempre, por el fotógrafo artístico Jaime Verdejo.

Buen café, debo reconocerlo. Además hay una librería, con los precios a la vista. Y los días sábado, circula entre los visitantes, porteños comunes y corrientes muchos, la perrita del dueño de la galería, que sólo da un ladrido para saludar.

Destacan obras de numerosos pintores, fotógrafos, ceramistas, incluyendo un muro espléndido con los cuadros de Errupín Ibarra, artista septuagenario de Quebrada Escobar. Es un espacio difícil de describir en pocas líneas, pero es otro imperdible de la ciudad. Y lo más hermoso, es que son artistas locales.

Un comentario y que no se ofenda nadie: en Santiago las galerías más importantes están atrincheradas en Vitacura. En Valparaíso están en las calles por las que transita el pueblo.

Esta experiencia de recorrer Valparaíso con Maru, cambió mi percepción negativa del puerto.

Ahora Maru empezará a seleccionar las fotografías de la exposición que hará en el invierno, sobre su mirada de Valparaíso, en La Escala.

Y yo pasaré por alto olores, falta de aseo, profusión de perros y, por supuesto, el edificio del Congreso.

No nos engañemos: la cruda verdad sobre izquierda y derecha

Los discursos de comentaristas y periodistas tienden a confundirnos al hablar de “izquierdas” y “derechas”, como si se tratara de muchos grupos distintos. Otros hablan de “centro izquierda” y de “centro derecha”. Ello no es más que una nomenclatura anticuada que no da cuenta de la realidad política ni abre perspectivas hacia el futuro.

El periodismo político ha desarrollado la idea de “las derechas” y “las izquierdas”, siguiendo una nomenclatura anticuada que se intenta remozar. Otros hablan de “centro izquierda” y de “centro derecha”. Todas esas expresiones tienden a generar matices circunstanciales en el devenir político de la sociedad, marcado particularmente por el tono usado por los jefes de las organizaciones políticas (me cuesta usar la palabra “dirigentes” para quienes más que dirigir son simples ecos de encuestas y de “decires varios” de sus rivales).

Se trata de dar tonalidades a una mirada dicotómica de la política, donde los extremos son los que importan, dejando en el centro a una masa informe que se puede mover hacia cualquiera de los extremos, simplemente porque no tiene nada propio que ofrecer.

Ese enfoque -nacido en la Sala de Juego de Pelotas de la Revolución Francesa, donde los conservadores (partidarios de la monarquía) se agrupaban hacia la derecha, mientras que los revolucionarios se ubicaban a la izquierda- hasta hoy es así, al menos en la “sala de juego de pelotas” del Congreso chileno, situando a los conservadores a un extremo y a los rivales a la izquierda. En el centro, una masa parlamentaria que se balancea sin formular posiciones claras ni hacer proposiciones originales. A veces con cierto ingenio, pero que no apuntan a nada sustantivo.

Miremos la realidad

 

Es una mirada lineal, que enfrenta posiciones y propone estereotipos que nada dicen de fondo. Basta mirar lo que han sido los gobiernos de los últimos 35 años y sus oposiciones. Dos discursos que no se expresan en las conductas con entera claridad, pues en el fondo los gobiernos que se suponen partidarios del cambio (es decir, de no conservar el modelo impuesto por las minorías oligárquicas mediante la fuerza de las armas) se limitaron a modificaciones cosméticas sin intentar siquiera sustituir las piezas claves del esquema establecido.

Y para coronar la afirmación, debo decir que algunas de las políticas sociales de las que tienden a vanagloriarse los que se sientan a la izquierda han sido desarrolladas, aprobadas y promovidas por los gobiernos de la derecha.

 

Incluso, la idea de cambiar la Constitución de Pinochet y Guzmán fue del gobierno de Sebastián Piñera. A la larga, la estrategia conservadora dio frutos, porque los procesos fracasaron en sus empeños (ambos con posiciones muy extremas), hubo cambios constitucionales donde no se tocó nada sustancial y los derechistas e izquierdistas siguen jurando respetar una constitución elaborada por la dictadura, para mantener una democracia restringida (o protegida, como dicen los hinchas de los autores del texto).

Los progresistas

Hoy acuñan otro término: “progresistas”, como si ellos fueran los únicos partidarios del progreso en la sociedad. ¿Y qué es el progreso? Algo tan simple como “ir hacia adelante”. Eso quiere decir “seguir profundizando lo mismo, mejorar los métodos para ir más rápido hacia los objetivos”. Por ejemplo, es progresista el empresario que elabora estrategias para mejorar los rendimientos de su negocio y ganar más dinero. Es progresista el que busca el poder y se consolida en él o se mantiene vigente, aunque deba cambiar de posiciones, porque pasa el tiempo y sigue siendo “importante”.

Grupos izquierdistas prefieren el término “progresistas”, porque su discurso ha ido variando desde la transformación radical del sistema (que ya abandonaron hace décadas en Chile) hacia asegurar su mantención en esferas de poder político, agregar esferas de poder económico, tratando de que “las cosas funcionen mejor” dentro del mismo modelo vigente.

Y grupos derechistas (no olvidemos el movimiento “Progresistas con progreso” que encabezó un grupo de ex demócrata cristianos que ha terminado apoyando a Kast) pretenden conceder ciertos beneficios sociales, en la medida que ellos aseguran sus cada vez mayores ganancias (por ejemplo, la reforma previsional de la que se enorgullece Jeannette Jara y que asegura un 60% más de utilidades a los dueños de los administradores de fondos previsionales).

El modelo imperante

Todo esto en un cuadro en que el modelo de la derecha ha sido exitoso en cuanto a asegurar a los dueños de la riqueza mayores beneficios.

La tecnología –que no es patrimonio de ninguna ideología– ha facilitado algunos aspectos de la vida a los sectores pobres (teléfonos, televisores, computadores, lavadoras automáticas, por ejemplo) a cambio de la dependencia del crédito y el endeudamiento progresivo casi irreversible, dificultando que salgan de esa condición, salvo casos excepcionales.

La izquierda –donde se instalan orondos el Partido Comunista y otros grupos como el llamado Frente Amplio– han perdido de vista su sueño de los socialismos reales camino a la sociedad perfecta (que para algunos ha sido casi como una religión) y sus posiciones apuntan a morigerar los efectos del neoliberalismo, que es la nueva modalidad del capitalismo ensayada primero en América Latina y luego extendida por países de Europa y Asia.

Los centristas y los centro izquierdistas se acomodan a una adecuada administración del neoliberalismo, proponiendo planes de apoyo y subsidios, sin entender que la sociedad necesita algo más que medidas económicas de consuelo. Para todos ellos, desde socialistas acomodados hasta el difuso PPD y las directivas de la DC y del cada vez más difuso PR, hay espacios en sus meros intentos de sobrevivencia, pero no ofrecen nada.

La oferta pendiente

¿Podrían hacerlo? Por supuesto, porque todos ellos, salvo el PPD que siempre se definió a sí mismo como un partido instrumental para alcanzar el poder en el régimen democrático y sin ideología alguna, (había desde excomunistas hasta exconservadores), en algún momento hicieron propuestas sustantivas.

El Partido Socialista (pese a sus múltiples fraccionamientos y tendencias internas) respondió en algunos momentos a una aspiración de sociedad basada en la democratización y la justicia social y en una economía en que el estado jugara un papel preponderante.

La Democracia Cristiana, desde sus orígenes falangistas en 1937 y pese a la incorporación de los conservadores a sus filas veinte años después, ha postulado una sociedad que supere las barreras ideológicas y prácticas del capitalismo y el socialismo, para construir una sociedad basada en la persona, las comunidades de base territorial y funcional, sobre un desarrollo armónico del ser humano y los valores de justicia, libertad, solidaridad y el respeto irrestricto de los derechos humanos fundamentalmente. La educación y desarrollo del arte y la cultura son para la Democracia Cristiana la piedra angular del cambio de conciencia de las personas que integran la sociedad y de la sociedad misma.

Los radicales, con un discurso algo más antiguo, siguen creyendo en la educación, la justicia y la fraternidad como valores esenciales, para que las clases medias –que deben ser cada vez más amplias– alcancen y se mantengan como las estructuras básicas de la sociedad.

Pero todos estos partidos han guardado sus doctrinas en cajas fuertes muy cerradas, han perdido las claves de acceso y hoy sólo quieren asegurar un número de parlamentarios para no desaparecer. Los grandes momentos de la DC en Chile fueron aquellos en que propuso ser la cabeza de movimientos transformadores (1964 y 1989) y de ello se olvidaron pronto, pues ya en 1990 se estableció un sistema de administración del modelo y, bajo la batuta de Boeninger, se olvidó de los pensamientos y propuestas escritos en su declaración de principios.

La derecha es una sola

Decía más arriba que nos hablan de “derechas”, como si las hubiera diferentes. La derecha es una sola desde su origen político y hasta hoy. Por supuesto que, creyendo siempre en caudillos y liderazgos, se abren fraccionamientos.

O’Higgins, un conservador patriota, busca un rey para Chile. Los señores del poder que lo rodean, lo sustituyen para dar origen a una sociedad en que el poder lo tengan ellos y no una sola persona. Años de disputa entre los partidarios de la democracia (llamados liberales) y de la oligarquía (donde se unen las familias poderosas y los comerciantes enriquecidos), terminan por la fuerza de las armas en la cruenta guerra civil que ganarán los conservadores que tienen a su lado a los militares.

Se establecen así 30 años de dictadura disfrazada de democracia a cargo de los conservadores, tiempo de grandes realizaciones materiales en los que consolida el poder oligárquico. Reorganizados en este tiempo a la vera de grandes intelectuales, el mundo liberal –que era una especie de fuerza democrática que los comentaristas de hoy podrían llamar izquierda– logra espacios de poder destinados a ampliar la democracia.

Entonces la derecha, que ya no tiene el monopolio de las Fuerzas Armadas, logra quebrarlas y se alza en armas en una guerra civil que termina con su victoria y la derrota de los “liberales balmacedistas”. Los que triunfan son la nueva derecha: unión de liberales oligárquicos con el mundo conservador. Eso no terminará nunca más. Pasarán los años y la derecha va fortaleciendo su riqueza y consigue mantenerse en el poder pese a perder algunas elecciones (Arturo Alessandri dijo que hay que ganar con la izquierda pero gobernar con la derecha).

Los triunfos radicales culminan con la derechización del Partido, de la mano de Estados Unidos y en una alianza con los conservadores, que los llevará, después del gobierno de Ibáñez –militar autoritario de tintes no derechistas, pero sí nacionalistas– a un nuevo gobierno derechista con otro Alessandri. La derecha controla la economía al tener el poder en el agro, la minería, la industria, el comercio y así seguirá siendo, salvo el breve período de la reforma agraria de Frei y el brevísimo del gobierno de la Unidad Popular.

La derecha, más que valores, defiende intereses a los que adjudica conceptos como el orden y la libertad, unido ello a una cierta “moral católica”. Alejada ciertamente de la Doctrina Social de la Iglesia. Se forma el Partido Nacional, que une a nacionalistas, conservadores y liberales.

La dictadura aúna a la derecha y le devuelve en cosa de horas la mayoría de las empresas requisadas o intervenidas. Luego le entrega, dejando algo más que propina en el bolsillo de los gobernantes, la mayoría de las empresas estatales a precios irrisorios pagados con préstamos del propio Estado. Cuando se avecina el tiempo en que la dictadura deberá aplicar la Constitución que redactaron Guzmán y otros, se crea Renovación Nacional. Este partido intenta unir a todos los liderazgos, pero ello es imposible y Guzmán, con su gente, son expulsados por fraude electoral al interior del Partido.

Así se arman la UDI y RN. Pero ellos son lo mismo, sólo divididos por líderes. Tanto es así que cuando hay nuevas disputas internas en RN, Matthei pasa a la UDI, Errázuriz, UDI, se pasa a RN. Lo importante es estar en el poder, seguir manejando los hilos. Los Republicanos eran UDI y se nutren de los “electrones superficiales” de ese partido que va decayendo a pasos agigantados. Los “Libertarios” de Kaiser eran Republicanos y los Evópoli, siempre derechistas, se han nutrido de nacionalismo, referentes oligárquicos conservadores y gente nueva en política, que cree que es posible ser de derecha y creer en valores democráticos y en la justicia.

La derecha vela por intereses y está dispuesta a cualquier cosa en esa defensa. Y para eso siempre tiene a su disposición a la mayoría de las Fuerzas Armadas, cuyos altos mandos están eternamente ansiosos de compartir salones y bienestar con los oligarcas. Y si hay que instalar dictaduras, así lo harán.

 

Esta derecha se ha beneficiado de algunos restos de ese centro desfigurado –básicamente ex demócrata cristianos y ex radicales–, con personas que pasaron de sostener una “Revolución de la Dignidad” a integrar gozosos el gabinete del gobierno de Kast. Ni centro derecha ni derechas múltiples: ellos no se pierden. Sus intereses económicos y políticos están primero.

Hoy, después de todo lo que se dijeron en sus cuatro candidaturas presidenciales en 2025, están todos dispuestos a alinearse a la sombra del nuevo poderoso, a la espera de que los líderes sectoriales se perfilen para los tiempos futuros. Empresarios, especuladores financieros, políticos, tecnócratas, todos unidos en la defensa de una derecha que se siente dueña de Chile, de sus tradiciones, de su historia y, ahora, de su futuro.

La cruda verdad

No existen varias derechas: son diferentes liderazgos, pero todos unidos cuando de la defensa de lo suyo se trata. La izquierda está desperdigada, porque no creen en sus doctrinas y ha perdido el sentido de las lealtades. El centro se diluye y reciben con alegría los aportes de ciertos derechistas del PDG que quieren distanciarse porque no tienen ministros.

No nos engañemos: los que tenemos propuestas para Chile debemos formularlas y mostrarlas al pueblo para que tenga opciones distintas.

No nos engañemos: si no rompemos el eje izquierdas y derechas, apoyados en un centro anodino, para crear en cambio un nuevo espacio de quehacer político, capaz de terminar con el modelo de dominación, injusto y excluyente del neoliberalismo, un camino que nos lleva a una forma de vivir en armonía, justicia, solidaridad, sobre la base de valores, tendremos años para arrepentirnos.

Releo el pensamiento de la DC de los años 40, reviso las campañas de 1958 y 1964, estudio el programa de Tomic y la vía no capitalista de desarrollo, leo aquel pequeño manual de capacitación que escribimos en 1971 –“Dimensiones del socialismo comunitario” – y concluyo que ahí hay bases para dar un salto grande hacia el futuro. No para progresar en lo mismo ni seguir en el estéril debate de suma cero. No, simplemente para sentar las bases de una sociedad de personas libres y desarrolladas.

«En las cenizas»: Renacer para vivir el tercer ciclo de Saturno

La obra del abogado y escritor chileno Luis Alberto Soto es un libro conmovedor, importante, útil, hermoso, que nos devuelve la esperanza, la fe en la trascendencia (más allá de las creencias de cada uno), la confianza en el ser humano y destaca la importancia de dar una mirada holística del hombre, que integra lo emocional, lo intelectual, lo espiritual y lo corporal.

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 30.1.2026

Mirando desde mi oficio de escritor y siendo inevitablemente un ariano con ascendente virgo, no puedo dejar de pensar (y decir) que el título de este libro (En las cenizas, de Luis Alberto Soto (Santiago, 1966), editorial Hueders) debió haber sido Desde las cenizas.

Porque da cuenta de la historia de un hombre que dos veces se hunde en el camino de la muerte lenta de una «larga y penosa enfermedad» —sutileza conservadora y un poco cobarde a fin de denominar al cáncer— para salir de ambas, desde las cenizas, tal como el Fénix mítico.

Es un libro entretenido, que se lee rápido, que cuesta dejarlo y nos convoca a una segunda y tercera lectura con lápiz en mano para marcar (o escribir en un cuaderno si el libro es prestado) todos aquellos detalles que revelan el sentir de una persona que pasa por estos trances difíciles y debe, además de vivir su enfermedad, soportar a muchos de los que lo rodean y que se duelen porque no entienden, por ejemplo, «lo doloroso que es tener un hijo enfermo» o lo insoportable que puede ser el egoísta «padeciente», quien desea tomar decisiones desde su propio ser.

Con todo, se trata de un libro descarnado y veraz, donde todo es cierto, desde los sentimientos, emociones e ideas que vive el autor, hasta los nombres de las otras personas que aparecen (esposa, hijos, amigos, parientes, menos los médicos).

Una especie de «diario de vida» o más bien una autobiografía limitada a un tiempo y a un tema central: dos procesos de cáncer que se viven en un recorrido de diez años.

Un libro de autoayuda excelente

El autor lo dijo en la presentación: que este libro lo escribió para él y no había pensado en publicarlo. Distintas situaciones lo llevaron a decir: «si escribí, tal vez el texto deba ser conocido». No lo dice, pero podría haber pensado que quizás su lectura le sirva alguien: a una persona que tiene un hijo o un padre enfermo, a otro enfermo, a un médico o profesional de salud que puede repensar su forma de relacionarse con el enfermo.

Me recuerda a El padeciente, escrito por el médico Miguel Kottow y que fue base para una película chilena del mismo nombre, en el cual relata los padecimientos sufridos por él a manos de sus colegas (y clínicas, con su personal) cuando estuvo enfermo.

Bien escrito, sin abundar en detalles innecesarios, pero sin ocultar nada. Los sentimientos del lector —que tenderá a identificarse con el escritor— van cambiando en el ritmo del relato y, aunque al escribir no lo piensa así, Luis Alberto Soto nos conduce por un camino de aprendizaje hermoso y útil.

Riendo, Luis Alberto nos dijo en el lanzamiento: «No es un libro de autoayuda, pero me gustaría que se vendiera como si lo fuera». Discrepo: es exactamente un libro de autoayuda, excelente. Mucho mejor que muchos de esos textos que están escritos con esa calificación y que tienen un 80 por ciento de páginas de relleno que se podrían obviar.

A la imaginación del lector

En este libro, que ayudará a cualquier lector (a mí mismo, en particular), no sobra ni una línea y sólo faltan algunos desenlaces que el autor deja abiertos a la imaginación del lector.

Así, el autor, avalado por la editorial, nos dice que es una novela. Nada de este libro lo hace ser una novela. ¿Le teme a la expresión «libro de autoayuda»? Bien, entonces diga que es una biografía, pues el gran mérito del texto, además de la fluidez de la escritura, está en que es verdadero.

Espero que en un próximo libro Luis Alberto Soto nos cuente cómo siguió su vida, cómo fue este renacer para vivir el tercer ciclo de Saturno (el Cronos griego, maestro duro y exigente), que cada veintiocho años nos pide cuentas de lo que hemos hecho. Porque en el inicio de la nueva vida se siembra lo que luego se habrá de cosechar.

Concluyo: es un libro conmovedor, importante, útil, hermoso, que nos devuelve la esperanza, la fe en la trascendencia (más allá de las creencias de cada uno), la confianza en el ser humano y destaca la importancia de dar una mirada holística del ser humano, que integra lo emocional, lo intelectual, lo espiritual y lo corporal.