Censura y estupidez como parte del proyecto

Censura y estupidez como parte del proyecto

Por Jaime Hales (Escritor y abogado)

Martes 04 de agosto de 2026

En abril de este año escribí en estas páginas un artículo recordando a Goebbels, ministro de Propaganda del gobierno de Hitler en Alemania. El 1 de mayo se cumplieron 9 ciclos de 9 años desde su muerte: lo que podría ser un tiempo más que suficiente para cerrar etapas. En lugar de eso se reaviva la memoria, suceden hechos simbólicos y se repiten historias, estéticas, maneras de hacer las cosas en distintos lugares del mundo, incluido Chile. La censura, la estupidez, la banalidad son parte central de un proyecto económico, social y cultural.

Un recuerdo indeseado

No puedo evitar recordar nuevamente a Goebbels, al nazismo, a la dictadura chilena de Pinochet y sus aliados, cuando veo amagada la cultura y las artes.

Tal vez tiene que ver con los últimos sucesos de censura en la región del Maule, con los discursos del presidente de Estados Unidos, con la confusa información sobre los acontecimientos de Ceuta, con los silencios sospechosos del sudeste asiático, los misterios de lo que sucede en los estrechos caminos marítimos del petróleo, las celebraciones “democráticas” que se preparan en Cuba (100 años de Fidel) y en Santiago de Chile (encuentro de partidos de derecha del todo el mundo) y muchas otras cosas que se dicen sibilinamente o se callan de modo sospechoso.

O quizás, como decía en aquel texto de abril, con ese estilo fino, atildado, siempre sereno, con una sonrisa pronta y cierta amabilidad para referirse a todas sus intenciones, habitual en las exposiciones de los que gobiernan hoy en nuestro país, tal como lo hacía el ministro del Reich.

Los discursos: elusivos y cínicos

También hay algo en los contenidos de los discursos.

Con insistencia se habla de que todo lo malo que sucede en estos meses de gobierno de Kast deriva de los fracasos, errores, o actos directamente malintencionados del gobierno de Boric. Todo es culpa de Boric. Lo mismo que se hizo en 1932 para el triunfo electoral de Hitler, culpando a los gobernantes de los años precedentes por el “fracaso alemán”.

Pero el discurso tiene algo de cínico, cuando quien asume el Ministerio de Seguridad es una de las personas que argumentó con mayor énfasis para oponerse –en tiempos de la discusión pública y parlamentaria– a la creación de esa institución. Lo mismo cuando quien celebra la importancia del tren a Chillán como ministro de Transportes, fue quien lo criticó con acidez cuando se inauguró.

Y suma y sigue.

Podemos hablar del “crecimiento económico”, del incremento de la cesantía, de las situaciones de violencia escolar y juvenil, de las sensaciones de inseguridad en la población, de los delitos con cierta connotación pública, de las contradicciones cuando se habla de reducciones presupuestarias pero se considera aumentar el endeudamiento público en la misma cifra.

Hasta las amistades internacionales se debilitan a la luz de los nuevos aranceles que fija el gobierno de Estados Unidos para Chile (entre otros países), violentando nuevamente el Tratado de Libre Comercio que se supone vigente entre ambos países. Dos ministros de Kast, el de Defensa (Barros) y el de Agricultura (Campos, irónicamente), han denunciado la violación del Tratado, pero siguen allí pese a que el Presidente guarda silencio y su canciller dice que está estudiando soluciones.

Lo que va quedando claro

En fin, mucho paño que cortar, porque si algo va quedando claro es que este gobierno tiene rumbos confusos, salvo en su intención de profundizar en el sistema económico neoliberal y en sus parámetros culturales.

Y es en ese punto donde también tiene un tope con una parte de quienes lo apoyan. La derecha más tradicional, heredera nostálgica de las familias conservadoras y liberales de Chile, no ha conseguido hacer un trabajo consistente con sus aliados circunstanciales. Más alejados del pinochetismo que los militantes del Partido Republicano, han querido marcar ciertas diferencias y tienden a oponerse a determinadas propuestas o a exigir correcciones a algunos proyectos.

Se podría esperar que los más renuentes a las políticas radicales del partido del Presidente de la República fueran los militantes de Evópoli, organización que sólo consiguió un cupo ministerial en el área menos relevante para el nuevo gobierno: Culturas, Artes y Patrimonio.

La sede principal de este ministerio está en Valparaíso. No sé si el Ministro trabaja allá. El edificio ministerial, una desabrida estructura que se ve descuidada hasta el extremo de que tiene vidrios rotos en su fachada, nos da una idea de lo que está sucediendo en el área.

Los anuncios del ministro

Con un énfasis increíble, se anunció en un momento el fin de las obras de restauración y remodelación del edificio que alberga el Centro Cultural Gabriela Mistral en Santiago.

¿La razón? Falta de presupuesto.

Lo curioso es que para poner fin al contrato por anticipado, el Estado debe pagar como indemnización a la empresa desahuciada una cifra equivalente a lo que faltaba por construir. ¿Quién entiende eso? Probablemente el Ministro. Y la empresa que recibirá el dinero sin tener que trabajar: todo será utilidad.

Luego y sin ningún lamento, el Ministro se allana a rebajar el presupuesto en curso por la “petición” del Ministro de Hacienda, sin anunciar qué parte de ese presupuesto deberá padecer el recorte (Tal vez haya sido la reposición de vidrios quebrados en el Ministerio).

No contento con eso, el ministerio anuncia la reducción del presupuesto para 2027 en un porcentaje total de nueve por ciento, pero que será más de un cincuenta en promedio para los fondos de apoyo al desarrollo de las artes y la cultura. Algunos bajan a casi un tercio.

Cuando algunos ilusos podíamos esperar un aumento y los realistas la mantención de las cifras, se nos sorprende con una reducción que significará menos proyectos aprobados o menos dinero para cada proyecto. O ambas cosas.

La censura llegó

Si bien hasta aquí las cosas no se ven bien para el rubro, todo se hace peor con un recuerdo de Goebbels que resulta patético y hasta irónico.

Durante la última semana se recibió una invitación para el primero de agosto a las 11 de la mañana. En el Museo O’Higginiano de Talca se presentaría el libro del escritor y periodista Gabriel Rodríguez, destacado intelectual de la zona, presidente de la filial de la Sociedad de Escritores de Chile por años, Gabriel Rodríguez Bustos, que lleva por título Auschwitz, Colonia Dignidad y más.

Con gran sorpresa, en el anochecer del 31 de julio el autor se enteró por intermedio de la SECH que el Museo había suspendido el acto. Los funcionarios del organismo público supieron de esto por una instrucción emanada de un funcionario de la Secretaría Regional Ministerial de Cultura. Hechas las consultas finalmente se llegó a la conclusión de que la decisión era del secretario regional ministerial, señor Pablo Amaro.

Sin explicaciones, el sábado por la mañana las puertas del Museo permanecieron cerradas y en la vereda se realizó un acto de presentación y protesta.

¡Censura! Tal fue el calificativo, porque la decisión no merece otro. Como no se puede impedir la aparición del libro, este funcionario estimó que por lo menos podía impedir su presentación pública, quizás para demostrar su afecto a lo que fue Colonia Dignidad durante la dictadura.

Gabriel Rodríguez se siente impactado, porque ni en plena dictadura sus libros fueron censurados ni perseguidos. Cuando, en 1983, se terminó la censura previa para libros y revistas, todos pudimos publicar y en Talca muchos escritores comenzaron a hacerlo, Gabriel entre ellos.

¿Qué se protege con la censura?

Colonia Dignidad representa un enclave de horror en la región del Maule, cuyos ecos no se apagarán jamás. El lugar existe, pero ahora nada de lo que allí sucedía se repite.

La Colonia tuvo muchos “amigos” y apoyos en tiempos de dictadura y la DINA utilizó sus instalaciones. Políticos pinochetistas –posteriormente senadores, diputados, ministros– fueron, tal como jueces incluso de la Corte Suprema, importantes protectores de esta organización tenebrosa, visitantes asiduos, amistades íntimas y beneficiados incluso económicamente.

¿Eso es lo que el secretario regional ministerial quiere proteger? ¿O al menos poner problemas para difusión de la verdad?

El neoliberalismo necesita un marco cultural

Es posible entender que para el proyecto social y económico del actual gobierno, inspirado en las mismas ideas que el pinochetismo, la cultura sea un peligro.

Es la línea que nos recuerda a Goebbels que dijo: “Cuando alguien me nombra la palabra cultura, pongo la pistola sobre la mesa”. Pensar, crear, escribir, divulgar ideas, puede ser peligroso y por eso se constituyó un modelo cultural de superficialidad, banalidad, vulgaridades, de lo cual la televisión chilena ha dado cuenta suficientemente durante décadas.

Distraer a las personas con asuntos de menor importancia y negar espacios para el arte, la cultura, la reflexión, la filosofía, el pensamiento, el diálogo, es una estrategia que, salvo contadas excepciones, no se ha conseguido cambiar.

Puras estupideces

José Antonio Neme, conductor de un programa de mañana, reclamaba hace unos días, refiriéndose a la televisión chilena y los matinales en particular, incluido el suyo: “Hasta cuando hablamos de puras estupideces. Una semana hablando de Naya Fácil y su carrera a 270 kilómetros por hora”.

La denuncia de Neme, que fue una crítica y autocritica muy dura, enciende alarmas. ¿Podremos esperar un cambio? Difícil, porque el diseño neoliberal requiere de eso: que las personas piensen poco y que haya menos espacio para la crítica centrada y sólida.

¿Qué hará el ministro Undurraga? Si la decisión fue del secretario regional, debería pedirle la renuncia. Si la decisión fue suya, debería renunciar. La censura a este lanzamiento del libro de Gabriel Rodríguez termina siendo una señal peligrosa: si todo pasa como si nada, estaremos entrando en la peor de la realidades.

Una reacción podría hacernos mantener algunas esperanzas.

UN RENACENTISTA REDIVIVO

Jaime HALES

Escritor, abogado, tarotista

Santiago, Chile

Tarde invernal de lluvia suave y mucho frío. Casi a las 5 y media de la tarde, Maru y yo llegamos al departamento 22, donde viven Nicolo Gligo y Gloria. Fuimos a conocerlo – en realidad mi intención era sólo recibir su nueva novela Crónica de un mundo que fue comentada muy favorablemente por Juan Mihovilovich– sin saber que nos encontraríamos con dos personas maravillosas. Nicolo y Gloria están juntos desde sus tiempos universitarios en la Escuela de Agronomía de la Universidad de Chile, al promediar la década de los años 50. Después de casi 70 años de unión, se nota en su actitud el amor que se tienen.

Fueron dos horas en las que Nicolo se fue revelando en su dimensión más completa. Nacido en Punta Arenas, hijo de un pacifista que se negó a luchar en la guerra de 1914 en defensa del imperio Austro-Húngaro y de una italiana que llegó de niña a Rosario, Argentina, y luego pasó a Punta Arenas donde habría de conocer a su amor.

Punta Arenas es cuna de escritores (su hermana Ágata, el nombrado Juan, los premios nacionales Díaz Eterovic y Roque Esteban Scarpa, Astrid Fugellie, Oscar Barrientos, el gran Rolando Cárdenas y muchos más). La distancia, el frío, la oscuridad de los días invernales, invita al recogimiento de la escritura y de la lectura (el presidente Gabriel Boric sin ir más lejos).

De la novela casi no hablamos. Partimos la conversación cuando nos contó que había publicado el poemario Preludio de un Viaje Insondable. Nos advierte: «Todos me dicen que es pésimo», pero igual quiero que se lo lleven y si les da el ánimo lo leen.

Además de los monumentales informes de sustentabilidad de Chile en materias de medio ambiente, publicados por CEPAL, Nicolo publica artículos sobre diversos temas. Todo lo que tenga que ver con el bienestar ecológico, con el medio ambiente, con el desarrollo de la naturaleza, con la agricultura, son temas que le interesan y respecto de los cuales ha escrito mucho en libros, revistas y diarios.

Los poemas que leí de su libro son extraordinarios por su profundidad, por la belleza de las imágenes y los sentimientos que proyecta, por la riqueza de lenguaje, por la temática íntima, vivencial, trascendente. En ellos hay interpelación fuerte, pero no directa, para quienes prefieren pasar por la vida en el tobogán de la superficialidad y que van buscando riqueza o bienestar, tal vez simple sobrevivencia, cumpliendo roles asignados por otros. Nicolo escribe teniendo claro que finalmente aparecerá la muerte como un hecho inevitable, a veces deseado, para ser parte de un universo en constante expansión.

Profesor universitario en Chile y en el extranjero, funcionario internacional recorriendo el continente americano, interesado vivamente en la política (razón por la cual debió dejar Chile en un par de oportunidades durante la dictadura) nos habló de muchos temas, nos dimos cuenta de tener conocidos en común y en una conversación muy entretenida, Nicolo fue desenvolviendo su mágica y larga vida, su intensa trayectoria.

Pero además de libros técnicos, historia de grandes acontecimientos (como la reforma agraria), novelas, cuentos magallánicos, poemas de honda trascendencia, Nicolo ha publicado un increíble libro con fotografías tomadas por él de los amaneceres y atardeceres de su ciudad natal. Decir que es un bello libro es una expresión insuficiente para dar cuenta de la calidad de la obra. Podría llenarme de adjetivos, pero ninguno sería suficiente manifestación de las sensaciones que en nosotros fue provocando el tránsito por sus páginas.

Entonces, cuando nos invitó a pasar al comedor y para cambiar de tema, pregunté por el nombre del autor de un cuadro que me llamó la atención. “Soy yo”, dijo Nicolo, mientras iba a buscar la leche y la tetera de porcelana con agua caliente. Y claro, los muros están llenos de sus acuarelas y de sus óleos “acuarelados”.

En su escritorio, lleno de objetos hermosos traídos de muchos lugares, con varias medallas y reconocimientos por su trayectoria, fotos de sus compañeros de curso en distintas etapas de la vida, algo nos llama la atención. “Es que esos son los reconocimientos y las medallas de bronce por mi trayectoria como basquetbolista”. ¿Cuándo eras joven?, pregunto. Él sonríe. “Sí, jugué hasta los 87 años en el mundial de mayores de 75. No sé si jugaré este año”.

Está inquieto por la destrucción que provocan los castores en el sur, por el abandono de la parte chilena de Tierra del Fuego, donde la población es casi 100 veces menor que la de la parte argentina.

Alegre, bromista, saborea dulces con entusiasmo, toma el té con un poco de leche a la usanza europea (tal vez lo aprendió durante su estadía en Florencia), nos muestra unos paneles de madera adosados al muro, hechos por él, que contienen fotos y que se abren en capas sucesivas donde conserva la historia de su familia fundada y destaca los éxitos de sus hijos.

Es un renacentista aparecido en nuestra tierra: pinta acuarelas y óleos, hace deporte, escribe sobre todo tipo de temas, hace fotografías, está lleno de anécdotas, su escritorio es un arcano en que la vida se desenvuelve sin detenerse jamás. No me atreví a preguntarle si además canta, pero estuve a punto de hacerlo cuando nos contó que Gloria fue integrante del ballet Antumapu de la Universidad de Chile.

Un renacentista, para quien nada humano es ajeno, que asume todas las tareas creativas como parte de su estructura vital, que ama, que cuida su cuerpo y su alma, que hace amistades, que se motiva con lo que sucede en el mundo, en el país, en el barrio y en su casa.

Salimos de allí cargados de libros, después de disfrutar unas onces espléndidas que preparó Nicolo.

[Crónica] Con Ibarra en La Escala de Valparaíso

Por Jaime Hales Dib

Publicado el 29.7.2026

Un lugar mágico

En Valparaíso, ciudad de escalas y escaleras, de cerros y elevadores eléctricos, de edificios abandonados y en proceso de demolición, grafitis que se elevan por los pisos de antigua construcciones, aparece La Escala Galería, un mágico recinto del barrio Puerto. Con entradas por las calles Cochrane y Serrano, a metros de la Plaza Sotomayor, es una casona de más de 100 años que sólo tiene segundo piso.

Al cruzar sus puertas se abre un sorprendente espacio de arte. Cada puerta es una escala. La que está en Serrano, algo rústica en la estructura, llena de obras pictóricas, nos conduce primero al café, que es en sí mismo una sala de exposiciones, donde nos recibe Jaime Verdejo, fotógrafo, con la exposición de sus obras y su preparación de café.

La puerta de Cochrane se abre señorial en una escala hermosa de maderas finas, original de la casa. Al terminar el ascenso una campana anuncia la entrada del visitante que podrá recorrer enormes salas de talleres y de exposiciones.

 

Vamos descubriendo cuadros de diversos artistas, distribuidos por los muros del enorme salón de recepción y de las salas que sirvieron algún día de habitaciones para una pudiente familia, cuyo nombre desconoce (u oculta misteriosamente) Jaime Blasset, creador y director de la galería.

Muchos artistas locales exhiben sus obras que en general son adquiridas por los turistas que saben que no pueden irse de la ciudad sin haber conocido este espacio.

 

Llegan los artistas: Errupin Ibarra

Todo artista puede arrendar un espacio de muro y mantener allí sus creaciones. Pinturas, fotografías, grabados, se entrelazan con pequeñas esculturas hechas de los modos más diversos, tal como las obras pictóricas. Pero además hay exposiciones a las que convoca el Director de La Escala.

Ese fue el motivo central de esta visita: observar los cuadros expuestos recientemente por Errupin Ibarra, abogado que abandonó las lides jurídicas para dedicarse a recorrer América y rescatar el espíritu latente de sus dioses y personajes místicos.

La obra que nos ofrece Ibarra: «no se contempla: se habita como un territorio antiguo», nos dice su presentador. Aparentemente aislado en Quebrada Escobar, mantiene desde allí su punto de partida para viajar y los talleres para culminar sus periplos.

 

Usa técnicas mixtas con pigmentos vegetales, aceites animales, otros elementos creados por él mismo, minerales, cristales de cuarzo, arcillas diversas, óleos, acuarelas, témperas, acrílicos, armado con pinceles, brochas, espátulas y sopletes, todo esto en un cuadro alquímico de fuego transformador y unificador.

Debo confesar que siendo un elemental aficionado al arte, me sentí especialmente conmovido por el auto retrato del pintor que se muestra a sí mismo trabajando sus obras.

 

Todos los espacios llenos de arte

En el resto de La Escala Galería están desplegados artistas y artesanos, en espacios donde se exhiben y venden diferentes obras de arte, artesanías finas y novedosas. Objetos hechos con conchas sacadas del mar, esculturas con bolsas de té usadas o llaves metálicas en desuso, cerámica pintada con detalles sorprendentes. También productos utilitarios de telas diversas, libros de poesía, narrativa, cuentos infantiles, objetos de vidrio o cuarzo, van completando el panorama que maravilla al visitante.

Artistas santiaguinos buscan esos muros. Maru Hernández-Celis, fotógrafa, expondrá parte de su mirada sobre Valparaíso en octubre, en una inauguración que será acompañada por música de la tradición del puerto.

Ella lleva años recorriendo sus calles y de las cientos (no exagero) de fotografías que tiene en sus archivos, elegirá las que a su juicio representan esta ciudad increíble, donde la belleza surge no del esteticismo europeo que ha dominado nuestras aulas, sino de la vida de sus habitantes y turistas en las calles, en los rincones, en las esquinas de los cerros con las planicies y las quebradas.

 

Y siempre hay alguien que aparece de sorpresa en este asombroso lugar, como Theodoro Elssaca, Armando Acuña con sus talleres, sus revistas y sus incursiones por internet, la artesana y escritora Alejandrina Zamorano y tantos otros.

La Escala Galería, como el Museo del Inmigrante, las intrincadas calles de los cerros, los inesperados espacios del Cerro Concepción, los rincones del Cerro Alegre, el cerro de los cementerios y el Cerro Cárcel, con lugares que no pueden excluirse si se quiere decir: he conocido Valparaíso.

Valparaíso es un puerto, pero es mucho más que eso. Es… ¡Valparaíso!

Expectativas exageradas y debilitamiento de la democracia

La generación de expectativas exageradas y promesas que son imposibles de cumplir, son parte del debilitamiento de la democracia, en un sistema que sólo quiere validar el exitismo, la competencia, el enriquecimiento, postergando la colaboración, la organización democrática y la fortaleza institucional.

Política y economía, caras de una moneda

El abogado, cientista político y doctor en filosofía Eduardo Saffirio Suárez, habitúa a reflexionar en distintos medios sobre lo que sucede en nuestro país. Sus escritos son muy iluminadores y facilitan tanto la comprensión de lo que vivimos como las orientaciones que debiéramos seguir para fortalecer la democracia en su integridad.

No es posible, nos ha dicho, entender lo que sucede en el mundo sin saber algo de economía; y tampoco es posible construir una economía sólida sin una mirada integral de la sociedad.

He aquí una clave poderosa de lo que estamos viviendo. Chile intentó congeniar el modelo social y económico impuesto por la dictadura con la pretensión de una democracia sólida.

Se progresó en una serie de índices, pero finalmente las expectativas en ambos aspectos quedaron cortas, especialmente en cuanto al desarrollo democrático.

Luego se avanzó en ese plano hasta conseguir que una importante mayoría del país se pronunciara sobre la necesidad de terminar con el modelo social y político y generar una nueva Constitución Política.

La polarización

Sin embargo, eso se hizo en un clima de tensiones y odiosidades, de posiciones extremas, que exacerbaron las aspiraciones de imponer modelos que fueron ampliamente rechazados por el electorado.

En este plano, buena parte de la responsabilidad no radica sólo en los que polarizaron los planteamientos y la discusión, sino sobre todo en aquellos sectores llamados de “centro”, que pudieron tener planteamientos pero fueron arrasados por la marea del descontento, la precariedad de sus propios directivos políticos, la mediocridad de sus parlamentarios, la ausencia de voces claras y de espacios para que quienes hablaban de modo más razonable y prudente pudieran dar a conocer propuestas diferentes.

Quienes tienen visiones polares de la política, tal vez de la vida incluso, generan expectativas en la ciudadanía en forma irresponsable, pues saben que así no lograrán avanzar hacia una sociedad armónica en que las personas tengamos derecho a ser felices, alcanzar un bienestar razonable, justicia social, desarrollo integral, en un marco de libertad y solidaridad.

Imponer posiciones extremas de minorías que logran mayorías circunstanciales, moverá los resultados electorales como un péndulo impulsado por la inercia de una energía que no tiene conducción humana. No hay ideas claras, ni voluntad, ni dirección, ni entendimiento, ni consideración por las personas que somos parte viva de la sociedad. Sólo satisfacer ansias de poder y los intereses de quienes ganan.

La generación de expectativas

En cada victoria política de los extremos hay una exageración de su capacidad de dar solución a todos los problemas con una mirada sesgada que conduce a callejones en que ellos son la única salida. Así logran mayorías importantes, como ha sucedido en los dos últimos procesos presidenciales.

Saffirio nos recuerda que hay una elevación de las “expectativas legítimas de los ciudadanos”, pero ello trae tensiones, pues todo cambio en el Estado de Derecho es “siempre parcial, gradual, conflictivo y defectuoso”.

Cuando se promete, por ejemplo, terminar de inmediato con las injusticias, garantizar derechos que han sido postergados o erradicar la delincuencia, se espera que ello se logre, sin entender que en una democracia el papel de las organizaciones sociales y de las personas es fundamental. El gobernante deberá hacer todo y conseguirlo de inmediato.

Estas promesas son irresponsables y arrastran descontento, desánimo, decepción. Entonces surgen quienes, en un discurso irresponsable y populista, culpan de todo al Estado (confundiendo Estado y gobierno) y desarrollan discursos sosteniendo la ilegitimidad del orden político, la insuficiencia de la democracia para resolver problemas.

Debilitando la democracia: ¿error o proyecto?

Kast ganó así. Y pocos meses después de su 58% de apoyo, tiene ahora esa misma cifra de rechazo, reduciendo su aprobación al voto duro de la derecha más radical.

Todo ello puede llevar a tensiones que además de debilitar al gobierno, debilitan el sistema democrático, pues se le culpa de los déficit cuando en realidad la responsabilidad es de quienes prometieron lo que nunca iban a cumplir.

Me hago la pregunta constantemente: ¿Es esto un error de los que ganaron la última elección presidencial? No, no es un error. Ellos lo sabían con claridad. Generar expectativas a partir de promesas que no se cumplirían, menos en el corto plazo, para culpar al Estado, la democracia, los parlamentarios, los opositores, el gobierno anterior y a quien fuere necesario, con la sola intención de aplicar un plan que satisfaga sus intereses, les otorgue a los que tienen el poder económico y político, beneficios de largo plazo con la esperanza de que eso, en el mediano o largo plazo, podrá satisfacer las necesidades de las personas.

Hay un diseño: no importa ser impopular un tiempo, pero afianzarse en el poder. Lo que hacen Bukele y Ortega en América Central, lo que muchos quieren hacer en otros países, manteniéndose con mecanismos de baja legitimidad pero de alta eficacia.

La sociedad del reclamo

El proyecto derechista en el poder coincide con lo que nos dice Saffirio citando a Daniel Bell: “La sociedad moderna ya no se ordena únicamente alrededor de carencias materiales básicas. Se organiza crecientemente alrededor de aspiraciones comparativas, consumo diferenciado, reconocimiento, identidad, estatus, bienestar subjetivo y promesas de plenitud personal”.

Es decir, es una sociedad de deseos individuales que al no ser satisfechos “multiplica los reclamos y vuelve más inestable la satisfacción”. Se explicará entonces que la culpa es del Estado y de un sistema político que se debate en discusiones y en esfuerzos garantistas de derechos.

Los ciudadanos, en este plan, se van convirtiendo cada vez más en consumidores y deudores, que con las expectativas cada vez más altas y la competencia creciente entre los “individuos”, las tensiones aumentan. El otro es mi enemigo y yo llevo mis expectativas adelante mientras pueda. Tengo derecho y avanzo, alguien me prometió y estoy dispuesto a todo para conseguirlo. Los fuertes sobreviven.

En este marco se explican la violencia, la agresividad creciente, las faltas de respeto, la crisis de valores. Todo se relativiza: hasta las normas del tránsito se convierten en meras recomendaciones que nadie fiscaliza. Y ello afecta a la convivencia y agudiza la tensión social.

Se debilita la democracia

Las frustraciones y decepciones en la sociedad se van expresando a través de mecanismos que “desordenan” la democracia y la debilitan. Lo dice Saffirio con mucha claridad: “La política democrática ya no procesa la frustración ciudadana principalmente a través de partidos fuertes, prensa jerarquizada, deliberación parlamentaria o liderazgos con capacidad pedagógica. La procesa crecientemente a través de redes sociales, fragmentación informativa, indignación instantánea y competencia por atención. Ese cambio estructural acelera la decepción, la moraliza y la convierte en combustible disponible para la demagogia”.

Se renuncia así a actuar en política democrática, sustituyendo la reflexión por la emoción inmediata; el argumento por el insulto; la denuncia irresponsable ocupa el lugar de las investigaciones serias; la historia y la cultura se ven desplazadas por la inmediatez y la grosería. Más que responsabilidad política, se reacciona frente a frases altisonantes, acusaciones no siempre fundadas, consignas y denuestos.

En el país hay carencias, problemas importantes sin duda, deficiencias en muchos campos, pero sobre todo desesperanza y crisis de expectativas. Es necesario entender que las realidades son más complejas de lo que parece en el discurso populista o simplificador que llevó a Kast al poder.

La democracia es poder la sociedad organizada

La organización de la sociedad, no en pandillas ni alianzas sólo ocasionales para la defensa de intereses locales o focalizados, es un requisito indispensable para fortalecer la democracia. Los partidos políticos tienen en eso una tremenda responsabilidad en sus propias organizaciones que son cada vez más cupulares y alejadas del ejercicio democrático. Los partidos deben hacer propuestas que nazcan de sus ideas y de la realidad, una combinación indispensable para la seriedad de lo que se ofrece al electorado.

Va siendo hora de poner atención a lo que pasa en el país y en el mundo.

Proyectos que creen en la democracia sólo parcialmente –de derechas e izquierdas– deberán ser confrontados con proposiciones serias y consensuadas entre los agentes sociales y políticos que buscan, más allá de la satisfacción de sus intereses, una salida para los conflictos de hoy.

La responsabilidad recae sobre todos. Antes de que sea demasiado tarde.