Autor: jaime hales
Paciencia con el gobierno: ¿Una petición de clemencia?
El actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos. Eso nos hacía esperar que este gobierno fuera distinto, pero no ha sido así.
Asumo las críticas
He recibido muchos comentarios sobre mis artículos en este medio. La mayor parte de ellos dicen que les gustan, pero que son muy largos. Eso tiene fácil solución y la empiezo a aplicar de inmediato. Un amigo lector me dice que tengo poca paciencia con el nuevo gobierno de Chile y que debería darle tiempo para el proceso de instalación y adaptación. Otro agrega, curiosamente, que mis críticas pretenden reivindicar, justificar y defender al gobierno de Boric.
No fui partidario del gobierno recién saliente y formulé muchas críticas a sus acciones e inacciones. Mal podría pretender ahora justificarlo, defenderlo y reivindicarlo. Por el contrario, no me desdigo de mis críticas, aunque sí celebro con alegría el cambio que experimentó el presidente Gabriel Boric en sus posturas personales, al entender, como él mismo lo dijo más de una vez, que las cosas desde el gobierno se ven distintas que desde la oposición. Él cambió sus apreciaciones y sus juicios, modificó posturas y suavizó un programa que era imposible de cumplir. Boric supo cambiar, se explicó bien, tuvo el mérito de reconocer sus falencias. Eso no hace un buen gobierno, pero sí muestra a un gobernante razonable.
Cuando se me critica de “falta de paciencia”, entiendo que el lector pide clemencia para con el gobierno en su primer tiempo, denominado “período de instalación y adaptación”.
La explicación
Lo que sucede, querido lector, es que el actual gobierno, en sus cuatro años de oposición a Boric, formuló duras críticas centradas en la ineficacia y el fracaso, en la improvisación y en la inexperiencia, en el hecho de que llegaron al gobierno para recién aprender, con discursos y sin proyectos.
Entonces, cuando sostenían ese discurso, agregaban que ellos estarían preparados para actuar desde el primer día, que no improvisarían, que llegarían con gente con conocimientos y experiencia, con sus proyectos listos, que tendrían todo preparado. Incluso más, dijeron que en los primeros noventa días estarían encaminados a todas la soluciones.
El país podría responder a la petición de clemencia que hacen algunos de sus partidarios si acaso hubiese humildad de parte de los gobernantes, pero no es así. Por el contrario, el tono es soberbio, autosuficiente, voluntarista, pues tanto el presidente como sus ministros están convencidos que pueden conseguirlo todo.
La realidad es de otro modo
Pero resulta que no es así. La señora Ministra de Seguridad pide tiempo: ahora se dio cuenta que la delincuencia actúa independientemente de la voluntad del gobierno y por muchas ganas que tenga ella de que no haya más delitos en Chile, que se terminen portonazos y asaltos, asesinatos y venganzas, no basta con ello.
Tampoco es suficiente que cada vez que se comete un delito sonado al cual los medios de comunicación le dan mucha difusión, ella tenga que ir con un general de Carabineros a mirar el lugar de los acontecimientos. Eso es más propio de un fiscal que de un Ministro.
Entonces algunos esperaríamos que ella y el Presidente o alguien en su nombre al menos, dijera que recién se está estudiando qué hacer y que la tarea asumida por el gobierno anterior de la mano de las policías estaba en la línea correcta para combatir al “crimen organizado” y al “crimen espontáneo”, pero que nada se logra ni con declaraciones ni la mera voluntad.
¿Caminos de solución?
Es verdad que ella ha conseguido que la comunicación escrita y algo la televisiva den menos espacios a los delitos, pero como éstos se siguen cometiendo es necesario tomar medidas de fondo. Una de ellas, propongo, sería separar las funciones policiales en preventivas (a cargo de Carabineros) e investigativas (responsable la PDI), para no duplicar esfuerzos o entorpecer unos lo que hacen los otros, como sucede.
“Meter mano” en Carabineros puede ser una medida interesante, especialmente para que los policías hagan sólo labores policiales preventivas y las administrativas estén en manos de civiles a su disposición. Eso entre muchas otras que van desde revisar la selección del personal hasta las normas relativas a retiro y jubilaciones.
Pero parece que el actual gobierno no estaba preparado para ello.
Jóvenes inexpertos
Muchos jóvenes inexpertos –muy inteligentes es probable– se han hecho cargo de tareas de gobierno sin entender cabalmente cuál es su responsabilidad. Por eso una subsecretaria que debe trabajar por la prevención del delito dice que la prevención del delito no es su tema.
O que la ministra que oficia de vocera sólo sea una repetidora de los comunicados que otra persona elabora, pero que no puede de contestar preguntas ni aclarar nada sin equivocarse.
No es que yo no tenga paciencia –el rechazo al gobierno va en aumento por parte de la ciudadanía– sino que lo que se esperaba de ellos al asumir es que tuvieran ya todo claro. Pero no lo tienen y van mordiéndose la cola con sus proclamas.
La inflación es mayor que en el gobierno anterior, el crecimiento menor, la cesantía en ciertas áreas aumenta, la ciencia y la cultura les son marginales y sobre la educación, salvo la idea de reprimir actos de violencia e indisciplina, no hay otras indicaciones. Con la salud no pasa nada significativo.
Si la promesa era hacer las cosas bien, no parece que eso estuviese sucediendo.
¡Que lo hagan mejor!
Las críticas, entonces, no son para que se vayan: el pueblo los eligió y deben actuar con responsabilidad y no huir. Las críticas que algunos formulamos son para que hagan las cosas mejor, trabajen con espíritu democrático, dejen de justificar sus errores con las acciones y omisiones de Boric y su gobierno, y generen soluciones para los problemas concretos tal como lo prometieron.
Ya sabemos que no estaban preparados y que no dijeron la verdad cuando afirmaban tener los proyectos listos y las medidas claras para combatir la delincuencia, asegurar soluciones de crecimiento, empleo, bienestar.
Les seguiremos teniendo paciencia, pero sus ilusiones dejan de ser tales y lo que interesa ahora es que no olviden que Chile va más allá de las familias de mayores ingresos, que los habitantes del país esperamos una propuesta de justicia, libertad, desarrollo integral y progreso, con satisfacción de las necesidades básicas y espacio para incrementar logros en las necesidades superiores.
Clemencia para los que se equivocan y paciencia con los que no saben hacer las cosas. ¿No será mucho pedir?
Poetas por la vida
No son errores, es el diseño
Bajando en las encuestas y con un deterioro de su capital político, quienes llegaron a encabezar el Estado y el gobierno portando sus críticas como banderas y plenos de ideas generales, con sus actos han dejado en evidencia que muchos de ellos llegaron a aprender, a improvisar, sin saber que manejar los asuntos desde adentro es mucho más difícil que hacerlo con la mera prensa y la propaganda desaforada.
El gobierno de José Antonio Kast, a menos de dos meses de haber asumido experimenta disensos, descoordinaciones y fisuras que en otros gobiernos se han presentado más tarde. La prensa, a veces de modo jocoso, agrega los llamados “errores no forzados”, que han sido declaraciones muy desafortunadas de personeros del nuevo Gobierno.
Alguien sostuvo, como explicación y para llamar a la calma y la paciencia, que si bien es cierto que debían afinarse los procesos, también es preciso que se tenga paciencia porque los nuevos funcionarios, desde ministros para abajo, deben tener un tiempo de “aprendizaje”.
Durante la campaña presidencial, José Antonio Kast sostuvo que ellos no llegarían al gobierno a improvisar, sino con todo previsto, debidamente estudiado, con los proyectos preparados y un plan que cambiaría la cara del país en los primeros 90 días.
En el mismo período de campaña electoral, se insistió en la idea del gobierno fracasado para referirse a Boric y se criticó con dureza a los “gobiernos anteriores”. Del gobierno saliente se agregó que era un gobierno ineficiente pues quienes estaban gobernando no tenían ninguna experiencia que los avalara para dirigir el país.
La verdad es que después de la campaña presidencial y estos discursos, sobre todo con la expectativa de los 90 días, se podría haber esperado algo mejor que lo que estamos viviendo.
Del discurso fácil a la ejecución real
Quienes llegaron a encabezar el Estado y el gobierno, portando sus críticas como banderas y plenos de ideas generales que los inspiran en todos los temas, con propuestas de lo que debería ejecutarse en cada una de las áreas del quehacer nacional, han dejado en evidencia que muchos de ellos llegaron a aprender, a improvisar, sin saber que manejar los asuntos desde adentro es mucho más difícil que hacerlo con la mera prensa y la propaganda desaforada.
Los otros, los que están en los cargos claves del poder y constituyen el núcleo duro de los partidarios del Presidente, tienen un plan que no se ha revelado por completo, pero se va dejando sentir. Teniendo como eje a Kast y su segundo piso, acompañado del ministro del Interior y del ministro de Hacienda, se sigue un riguroso proyecto que nos acerca al pinochetismo.
Tratan de ser sutiles, pero los traiciona su propia voluntad, el deseo de no tener cortapisas, en lo que el ministro García está siendo muy útil pues dialoga con todo el mundo, aunque se enojen los diputados de la UDI. La estrategia es sencilla: entretener a los diputados y senadores, lanzar sondas para ver la receptividad general de las medidas y aplicar a “raja tabla” las políticas diseñadas para establecer el control total.
Una mirada desde el fanatismo
El diputado Agustín Romero, que no tiene empacho en expresarse de la manera más directa y de paso vulgar, a propósito del nombramiento de Jeanette Vega en un cargo de subdirección de un hospital, sostuvo que en las elecciones el país votó para que “los zurdos” se fueran y no terminaran trabajando en cargos del Estado. Propone que no quede nadie de los que él califica de esa manera, en cargos públicos, aunque ellos sean de competencia profesional o técnica.
Es decir, se trata de arrasar sin respeto alguno por quienes tienen ideas distintas en materia política. El diputado, sosteniendo que lo hace con mucho respeto al referirse así a estas personas, expresa sin restricciones el pensamiento de quienes hoy gobiernan: todos deben irse y no volver más. Ellos repondrían el artículo octavo dela Constitución de 1980 donde las personas de pensamientos diferentes no podrían tener cargos en la administración pública.
¿Qué dirán los fanáticos como el diputado frente a las críticas de los personeros que apoyan al gobierno, pero discrepan de muchos aspectos?
¿Cómo calificarán las críticas de Squella, presidente de los Republicanos, al segundo piso de la Moneda?
¿Qué pensarán del hecho de que dos ministros de Bachelet hoy sean ministros de Kast?
No estaba todo preparado
Se prometió soluciones en los primeros 90 días de mandato, porque venían con todo preparado, según las palabras del propio líder. Ha quedado en evidencia – al haber transcurrido la mitad de ese período – que en verdad llegaron para aprender a conducirse en estas esferas y a desempeñarse como funcionarios del Estado.
No basta con haber trabajado algunas vez para el Estado, como la Ministra de Seguridad que era Fiscal Regional, sino que es necesario tener sentido político y conocer bien la realidad del área en que deberá actuar y resolver.
La desprolijidad se nota desde los nombramientos.
Llama la atención que hubo personas que no alcanzaron a asumir el cargo para el cual estaban nominadas. Un caso fue el de un ministro que celebró públicamente –sus amigos le dieron un almuerzo, ¡vaya con los almuerzos!– antes del anuncio y eso le significó que su cargo fuera para otro ministro que, haciendo honor a su apellido (Mas), tomó dos ministerios.
Se ha destacado que casi 20 secretarios regionales de diversos ministerios antes de cumplirse dos meses han renunciado a sus cargos. Hubo el caso de dos de ellos, que fueron nombrados para el mismo cargo y renunciaron ambos antes de 24 horas de haber asumido; en otro caso el nombrado nunca llegó a su oficina.
¿Qué pasó? ¿Improvisación, como se acusaba a Boric? Eso de escupir para el cielo es poco aconsejable, sobre todo en gente tan religiosa, pues Dios no es de fácil perdón con los soberbios.
Hay personeros de anteriores gobiernos derechistas (Bayer, Cruz-Coke y Mañalich por ejemplo) que miran con recelo y formulan agudas críticas a muchos aspectos de la viga maestra del proyecto Kast. No son opositores, incluso votaron por él. Pero no están contentos con lo que se dice, con lo que se propone, con lo que se hace y cómo se hace.
Los errores no forzados
La señora ministra de Seguridad, cargo al que el nuevo presidente señor Kast atribuyó la máxima importancia, partió con errores del tipo “no forzados” al decir “yo puedo”, cuando se le preguntó por qué había enviado determinado oficio. En los días siguientes se fue enredando con otras declaraciones, dando explicaciones y vacilando ante las cámaras de televisión para reclamar por el daño que se le hace como madre de familia al formularle críticas por los medios de comunicación.
Junto a eso, tal vez porque su propio exmarido y socio en una empresa (no declarada en su patrimonio) alguna vez defendió como abogado a personas por tráfico de drogas, eligió como su subsecretaria de Prevención del Delito a una abogada con más de un cliente en ese mismo ámbito delictual.
Esta subsecretaria fue la que dijo en uno de sus viajes al norte, cuando se le preguntó por lo que ella podría decirle a las personas para prevenir delitos en su contra, que ella no se metía en esas cosas (prevención del delito) y que cada uno tenía que ser capaz de organizar su propia defensa y protección. ¿Recomendaba autotutela? ¿Qué parte de lo que es su cargo no logró entender?
Lo concreto es que en materia de “seguridad”, salvo de informar ordenadamente las estadísticas semanales de delitos, no hay mayores novedades. ¿Poco tiempo de gobierno? Sí, claro, pero se prometió que en ese poco tiempo las cosas cambiarían.
Tiempo de callar
Hace ya casi 20 años Sergio Melnick y yo escribimos un libro llamado “¿Por qué no te callas?”, haciendo alusión a los decires de los políticos chilenos. Hoy ese libro podría tener ya varios tomos más y en este gobierno uno especial para los primeros 40 días.
La ministra Secretaria General de Gobierno, que entre sus funciones tiene la de ser vocera oficial del gobierno, nos sorprende semana a semana con declaraciones evasivas, equivocadas, confusas, claramente erróneas, todo lo que revela de su parte poca experiencia y pocas aptitudes para el cargo.
Esto último queda en total evidencia, no sólo cuando huye subiendo las escaleras de a dos escalones para evitar responder, sino cuando se aclara que algunas de sus afirmaciones fueron pauteadas en esos términos por el asesor de comunicaciones del Presidente. A lo que se agrega como notoria guinda (más parece sandía) de la torta la orden de Contraloría de hacer un sumario por las declaraciones suyas y de otros funcionarios en el sentido de que Chile sería un país en quiebra.
Ellos parecen suponer que sólo es cosa de hablar, lanzar acusaciones diarias contra el gobierno anterior, que sería culpable de todos los males de Chile y luego seguir tan campantes.
Hay un plan
Pero sucede que no todos son errores: hay un plan. Se trata de ir desacreditando el funcionamiento de las instituciones democráticas para fortalecer la idea de que, si hay satisfacciones económicas para el pueblo, se pueden conculcar los derechos sociales y quizás otros sin vacilar, porque lo que importa es la economía. Ése es el punto de encuentro valórico entre los marxistas y los liberales y neoliberales: la materia.
Es la misma lógica del pinochetismo, aquella de Quiroz expresa con claridad cuando dice: “La mejor política social, y ojalá algún día sea la única, es el pleno empleo”. En ningún país del mundo (tal vez en Andorra o Islandia) existe pleno empleo y sin embargo en muchas partes hay mayores niveles de protección de derechos y de justicia social, mejor distribución del ingreso y bienestar. Porque finalmente el problema no es la economía de largo plazo (Dijo Keynes: en el largo plazo estaremos todos muertos), sino una sociedad en la que se combine participación, satisfacción de necesidades básicas y espacio para el desarrollo integral de las personas.
Quiroz, el segundo piso y los políticos
El ministro de Hacienda ha debido lidiar con algo más que su pasado como organizador de colusiones: sus propios compañeros de gabinete le están poniendo problemas. Y cuando no son ellos, son los dirigentes de los partidos de gobierno, incluido el presidente del partido del Presidente de la República, su delfín.
Ya la ministra de Seguridad se confrontó con Hacienda y ahora lo hace el ministro de la Vivienda. En Salud y en Educación hay un toque más de obediencia a Quiroz, el hombre fuerte de Kast, pero las ministras se van dando cuenta que por mucho que ordenen no será posible alcanzar las metas de reducción presupuestaria sin afectar los programas y derechos sociales.
La disputa es directa, pública, lo que vuelve a dejar al desnudo la falta de claridad sobre lo que es la orientación de un gobierno, develando las verdaderas intenciones de esta administración que ha llegado simplemente para asegurar que otros no tengan el poder. No son errores, es el diseño de Guzmán y Pinochet que hoy Kast quiere reeditar.
Sacar a “los zurdos” y quedarse con el poder político. Porque los grupos gobernantes ya tienen todos los otros poderes en su mano. Incluso el militar.
[Crónica] La excusa peor que la ofensa
Cuando se filtra la información sobre aquellos documentos (memorándum le llaman) en los cuales se instruía de la necesidad de «descontinuar» ciertos programas sociales, todos entendimos que eso significaba paralizarlos, suspenderlos o terminarlos.
Por Jaime Hales Dib
Publicado el 29.4.2026
Heredé de mi padre algunos libros sobre la sabiduría árabe, que él acostumbraba a citar. Cuando fue ministro del gobierno de Eduardo Frei Montalva, él le preguntaba siempre, muchas veces en pleno consejo de gabinete:
—Alejandro, ¿qué diría de esto el califa de Basora?
Y el ministro respondía con un caso específico y una reflexión final.
Ante un fallo de un juez que condenaba como terroristas a personas contra las que no había ninguna prueba, usé una anécdota cuando alegué en la Corte. El juez había dictado una sentencia, pero la Ilustrísima, antes de los alegatos, la encontró tan precaria que decidió devolverla de plano para que la rehiciera.
Con todo, ante la segunda sentencia llegamos a alegar los contendientes. En esa ocasión cité ante los ministros de la Corte (Cánovas, Zurita y Gálvez) la siguiente anécdota de la sabiduría árabe, pues la segunda sentencia era peor que la primera.
Estaba el califa Harúm al Raschid en uno de sus malos días y ante cierta intervención de Abu Nowas, el poeta de la Corte, lo conminó:
—Abu Nowas, tienes 24 horas para ofenderme y luego dar una excusa que sea peor que la ofensa. Si no cumples perderás la cabeza.
El poeta se fue muy afligido y pasó un duro día. Al día siguiente se levantó sin tener respuesta al requerimiento. Se preparó para morir. Fue al palacio y entró a la cámara real, en el momento en que el califa subía los escalones para llegar al trono.
De un salto llegó hasta el monarca y le dio un fuerte pellizco en la nalga izquierda. El califa giró y gritó:
— ¿Pero qué haces Abu Nowas?
—Perdón, majestad, creí que era su esposa.
Así, Abu Nowas salvó la vida.
Con premeditación y alevosía
Cuando se filtra la información sobre aquellos documentos (memorándum le llaman) en los cuales se instruía de la necesidad de «descontinuar» ciertos programas sociales, todos entendimos que eso significaba paralizarlos, suspenderlos o terminarlos.
Un humorista le preguntó al ministro Quiroz, cuando él dijo que descontinuar significa revisar, cómo entendería esa frase si la novia (de tenerla) le dijera que va a «descontinuar» la relación. El gobierno se ha dado muchas vueltas al respecto, despertando protestas incluso de sus propios seguidores, entre las que destaca el reclamo del presidente del partido del propio José Antonio Kast.
Entonces vino la joya. La «ofensa» que significó para todos un oficio que disponía descontinuar programas sociales (harto más grave que pellizcar la nalga del califa, salvo para el propio califa por cierto), provocó una excusa final que se ha expresado a todos los que han querido poner atención. Fue dicha por el ministro y repetida por muchos funcionarios y políticos con un tono de alivio, como si esa excusa disminuyera la gravedad del hecho.
¿Cuál fue la excusa?
Que el oficio o memorándum en cuestión no se había hecho para ser difundido y conocido por el país.
La excusa es más grave que la ofensa, porque al intento de afectar los programas sociales, se añade el deseo de que eso hubiese sido un secreto. Ellos querían hacerlo, pero no querían que se supiera, sino solamente que se aplicara.
Era un oficio que no debía darse a conocer, por lo que la explicación es muy grave: se quería hacer en secreto, probablemente negándolo ante terceros.
—No queríamos que se filtrara –fue la explicación.
No sólo afectar programas, no sólo actuar con desprecio por los derechos de las personas, no solamente dejar a muchos necesitados (como los escolares) privados de los beneficios que se conquistaron con esfuerzos de los grupos sociales, sino además hacerlo sin que se enteraran previamente, sin que se diera a conocer más que cuando las «discontinuidades», las supresiones, estuviesen en marcha.
La excusa peor que la ofensa: no les basta con perjudicar a los más pobres o débiles en el contexto económico y social, sino además quieren hacerlo secretamente.
Si estuviéramos hablando de delitos, tendríamos que decir «con premeditación y alevosía», que quiere decir, actuar habiéndolo preparado con antelación y cuidado, además de actuar sobre seguro.
En esas manos estamos: la verdad se hace funcional a los intereses de los que tienen el poder, el secreto es el método para engañar a los que deben saber, como fue con las leyes secretas en la época de la dictadura.
Tal como lo hizo el ahora ministro Quiroz, con el caso de las colusiones.
